El miedo a que otra vez me golpee me hace sentir terror, oigo su voz, como grita mi nombre una y otra vez. No puedo abrir, no quiero abrir esa puerta. Lágrimas adornan mis mejillas, me encuentro en la sala del departamento en un rincón escondida y cubriéndome los oídos, pero eso no hace nada porque sus gritos no cesan, de un momento a otro la puerta se abre y él entra.
Veo su mirada y entro en pánico. Porque esa mirada llena de furia es dedicada a mí. Todo el enojo que en sus ojos habita terminará descargándolo en mi cuerpo. Yo lo sé.
-Así que aquí estas zorrita-afirma mientras se acerca a mí con una sonrisa macabra. No tengo a donde retroceder, por lo que mi cabeza se mueve negando.
-Por favor Benjamín, no me golpees otra vez-suplico llorando en un vano intento de que no lo haga. Él sonríe mirándome con esa malicia que tanto detesto.
Antes de que pueda parpadear su mano impacta en mi mejilla haciéndome voltear un poco la cabeza por la gran fuerza que utilizó, arde, duele y solo hace que más lágrimas bajen por mis mejillas.
-Te lo dije muy claro idiota-se acerca agarrando un puñado de mi cabello, haciéndome gemir de dolor-a mí me respetas por la buenas o por las malas... zorra. Si quiero que hagas algo tú simplemente lo haces-su aliento está mezclado entre menta y alcohol haciéndome sentir mareada-ahora te voy a enseñar a respetar-lo miro atónita.
-No, no, no, no, te lo suplico por lo que más quieras, te prometo que no haré nada para que te enfades de nuevo, pero no lo hagas-me arrastra hasta la habitación del departamento y me lanza a la cama, se quita la correa del pantalón y luego lo demás hasta quedar desnudo delante de mí, yo por inercia retrocedo en la cama, pero él es más hábil y me toma del tobillo halándome hacia él.
-Lo vas a disfrutar, zorrita-susurra en mi oído y siento unas horribles nauseas.
-¡Déjame!-grito llorando, pero él me vuelve a golpear con un puño en el estómago haciéndome quedar un poco inconsciente, pero yo ruego quedar inconsciente para no presenciar lo que me hará. Lo que tantas veces me ha hecho.
-Te va a gustar he dicho-me besa a la fuerza bajando por mi cuello hasta el valle de mis senos, yo solo cierro los ojos y espero a que todo acabe.
***
Estoy apretando mis rodillas a mi pecho mientras lloro en silencio. La sala del departamento se ve fatal, pero sé que yo mucho más. Benjamín me golpeó en lugares ocultos donde mi ropa puede cubrir y que nadie se entere de que me golpea y abusa de mí. Seco mis lágrimas y me levanto, camino hacia el baño, me despojo de mi ropa y entro. El agua hace contacto con piel y confundiéndose con mis lágrimas saladas Solo deseo un día no despertar jamás. Él cambió tanto, no es el chico sencillo que me conquistó.
La típica historia del chico guapo, atento que te conquista y luego se convierte en una auténtica bestia. Esa es mi historia. Conocí a Benjamín cuando tenía 20 años, aún recuerdo ese día.
Caminaba con mucha prisa, era mi segundo año en la universidad y estaba llegando tarde a la clase que tenía, corrí por los pasillos y choqué con algo o más bien con Benjamín, cuando lo miré me sonrojé, Benjamín era o más bien es muy guapo. Con esa sonrisa dulce en sus labios, una picardía juguetona en sus ojos, me tuvo desde el primer momento.
Benjamín Peterson, un guapo hombre de veintitrés años. Cabello negro que hace un juego hermoso con su tono claro de piel. Sus labios bonitos, sus ojos marrones. Benjamín era el sueño de muchas chicas de la universidad.
-¿Estás bien?-me preguntó y mi peor error fue contestar.
-Sí, estoy bien-le sonreí para que me crea, aunque su fuerte torso hizo que me duela la nariz.
-Bueno, creo que deberías irte a tu clase, al parecer vas tarde-vuelve a sonreír como esperando algo y es ahí cuando recuerdo que iba tarde a mi clase.
-Dios, adiós-grito y me marcho corriendo.
Como lamento haber respondido ese día, era mejor quedarme callada e ignorarlo, después de ese suceso Benjamín y yo nos encontrábamos más seguido. Meses después me propuso ser su novia y yo encantada hacia el chico que me regalaba flores y chocolates. Aquel que veía siempre películas conmigo, dije que si muy feliz. Nuestra relación fue bonita, era la relación que muchas veces leí en las novelas románticas que alguna vez leí. Eso me encantó.
Un año más tarde se comportaba más extraño, siempre me celaba con cualquier persona, hasta con mis amigas. Llegó a un punto donde comenzó a prohibirme cosas, como salidas. Comenzó a cuestionar mi manera de vestir, todo. Estaba loco, en ese momento supe que debía terminar la relación con él, pero no contaba con su amenaza. Fui una tonta que no vio señales hasta que llegó ese día.
Estaba sentada en los muebles de mi casa esperando que Benjamín llegue, estaba nerviosa y no había nadie en casa, en eso tocan el timbre de la casa, me levanto y abro la puerta.
-Hola, Benjamín -dije con una sonrisa que más bien pareció una mueca. Ya no me sentía tan cómoda con él, en mi interior, sabía que le temía un poco.
-Vamos-me hala del brazo haciéndome caminar hacia su auto, me sube y luego sube él, enciende el auto y lo pone en marcha, más tarde llegamos a su departamento.
-¿Que tenías que decirme, Allen?-habla con una sonrisa que me da escalofríos, pero no del bueno.
-Verás Benjamín, lo he pensado mucho y lo mejor para ambos es que esto acabe-él solo se limita a mirarme-tú estas actuando mal y yo ya no quiero estar contigo- Benjamín avanza hacia mí y yo retrocedo-no creo que lo mas conveniente sea seguir de esta manera, es momento de cortar esto porque no es sano para ninguno de los dos-termino por decir tragando en seco ante su cercanía.
-Vas a estar conmigo cuándo y dónde yo quiera-me coge el cabello haciendo que me duela y proteste-eres mía, si terminas conmigo tu hermosa familia pagará las consecuencias-se acerca y me besa a la fuerza, trato de levantarme, pero él rompe mi vestido-ahora vamos a disfrutar.
Salgo del baño recordarlo siempre me causa nauseas Esa fue la primera vez que él me atacó de esa manera, desde entonces lo hace siempre que quiere. Le tengo miedo, tratar de oponerme a él casi causa la muerte de mi pequeño hermano porque Benjamín está totalmente loco.
Me obligó a mudarme con él en su departamento. Desde entonces soy esta mujer que prefiere la muerte que seguir viviendo los días de una manera tan oscura y gris.
Ya no recuerdo la mujer alegre que un día fui, todo lo que tengo es dolor en mi interior y cicatrices que no se si algún día llegarán a sanar.
Me duermo y me levanto temprano. Esa es mi triste rutina. Me duele el cuerpo, me baño y me coloco una falda ancha larga color rosa y una blusa blanca, también ancha. Uso cosas así tratando de que Benjamín sienta mucho asco por mí y ya no me toque. Me hago un moño como el que usaba mi abuela y me maquillo, me miro en el espejo y odio ver en que me he convertido, esto no es ni la sombra de la chica llena de vida y alegre que era.
Miro a Benjamín y sigue dormido, maldito. Salgo y subo en mi coche con destino hacia mi trabajo, cuando llego las mujeres y los hombres de la empresa me miran con asco y fijo que no me da igual, aunque hay un pequeño dolor en mi interior. Subo al elevador y cuando este abre sus puertas voy a mi oficina la cual comparto con mi única amiga.
-Hola, Diana-ella me mira y sonríe, pero luego su sonrisa desaparece.
-¿Lo hizo de nuevo?-asiento con la cabeza y lágrimas amenazan con salir, ella me abraza y comienza a maldecir a Benjamín hasta en idiomas que se inventa.
-Por favor no llores, ese maldito tiene que pagar lo que te hace-yo asiento y me siento mejor, Diana es la única persona que sabe lo que me hace Benjamín.
-Davis-me llama una compañera de trabajo la cual me mira con asco y me odia sin razón.
-¿Que sucede, Frida?-pregunto con los brazos cruzados.
-Das asco-se ríe y siento a Diana a mi lado que se le lanzará como fiera-Dios, verte hace que mis ojos duelan-se ríe y se va dejando el sabor amargo de sus palabras en mí.
-No le hagas caso, Allen-intenta Diana hacerme entrar en razón, pero todo es imposible, el dolor está dentro.
-Ella solo dice la verdad-la miro con ojos cansados.
-Eso no es cierto-vuelve a tratar de hacerme razonar.
-¡Si lo es!-alzo la voz sorprendiéndola-estoy sucia, ya no valgo, odio mirarme en el espejo, me decepciona lo que veo. Él se ha encargado de destruirme, solo... No quiero esto más. Era una chica muy alegre, muy vivaz, él me marcó de por vida, nunca seré aquella joven que sonreía, aquella que soñaba, solo soy la sombra negativa de ella-termino de hablar.
-Odio que ese maldito mal nacido te haga esto y yo no poder hacer nada, denúncialo-me alejo de ella como si hubiera dicho la estupidez más grande del mundo.
-Eso no pasará, mejor vamos a trabajar-propongo cambiando de tema.
-Está bien-suspira.
-Diana-llamo su atención, sus ojos marrones esperan que hable.
-¿Si?-me mira dulcemente.
-Te quiero mucho hermana de otra madre, no sabes cuándo te adoro, eres una de las personas más importantes de mi vida, quiero que lo tengas en claro, eres y serás siempre mi mejor amiga. Aquella que está conmigo en la buenas y en las malas, la que me aconsejó, la que me apoyó, te adoro Diana, ¿entiendes eso?-sus brazos rodeaban mi cuerpo dándome un apretado abrazo.
-Tú también, Allen-susurra y se separa.
-Vamos a trabajar para que no nos despidan-ambas reímos y nos disponemos a trabajar.
****
Después de un largo día de trabajo mi jornada termina, salgo y busco mi coche, subo en él y lo enciendo, mi reloj marca la hora, las 18:00. Él sol está empezando a ocultarse. Cambio el rumbo de mi destino y lo llevo hasta un parque con un hermoso lago, estaciono mi coche y camino entre las personas hasta el alto y hermoso puente del parque.
Desde aquí puedo ver el hermoso paisaje que tiene este lugar, miro hacia abajo y veo a las personas ser felices, ¿por qué yo no puedo? Puedo ver parejas sacándose fotos con sonrisas que solo en mis sueños lejanos puedo ver, parejas besándose, niños corriendo, señoras conversando animadamente, siento celos de que ellos puedan ser felices y yo solo sufro. Camino hasta dar con el lugar más apartado del puente donde miro hacia abajo y solo hay un hermoso lago, no hay personas cercas, sin pensarlo más salgo y me coloco de frente agarrándome de los bordes del puente.
Llega un momento en la vida donde no te importa nada, donde el dolor ajeno no afecta tu corazón, donde simplemente dejas de querer vivir, donde buscas desaparecer de este mundo sin dejar huellas, saltar y dejar el dolor atrás. Las lágrimas no tardan en bajar por mis mejillas, inconscientemente sonrío ante el pensamiento de que todo acabará. De que ya no recibiré el castigo por algo que no he hecho, no quiero pensar en mi madre o en mi hermano. No quiero imaginarlos llorando por mí, no quiero que me recuerden como la cobarde que no supo luchar contra su infierno, pero lamentablemente no soy tan fuerte.
Hasta el más fuerte se cansa de luchar contra la corriente, de sentir frio mientras otros reciben calor. Entonces y es entonces donde me doy cuenta que voy a saltar, tal vez en otra vida mi cuerpo no será mi calvario, tantos años de dolor me hacen perder, soy una guerrera y pronto un soldado caído. Quisiera ver a mi familia una última vez y decirles que todo estará bien, aunque sé que jamás será así.
Es entonces donde salto, la brisa fresca del atardecer me recibe mientras caigo, disfruto de ese sentimiento de libertad que durante muchos años me fue robada, aquella que ansiaba sentir. El agua del lago arropa toda mi piel y el oxígeno se va, el agua esta fría, un lugar frio y solitario para morir. No peleo para tratar de subir hacia la superficie, aunque el agua empieza a entrar en mis pulmones, me mantengo allí, quieta, tranquila, pronto siento que ya no me queda nada de oxígeno, que ya no respiro, que muy rápido estoy muriendo, sola, en silencio, y muy misteriosamente... En paz. Adiós vida dolorosa, ese es mi último pensamiento antes de profundizarme en la oscuridad divina.
El dolor siempre ha estado allí. Instalado en ese lugar, ¿en qué demonios me convirtió ese infeliz?, de una chica llena de vida a una solitaria qué desconfía de todos.
¿Así se siente la paz?, solo sé que lo único que hago es reflexionar sobre mis actos, si tan solo no hubiera conocido a ese hijo de puta mi historia sería otra totalmente diferente a lo que es ahora.
Arruinó mi vida como pensé que nadie jamás lo haría. ¿Cómo alguien puede causar tanto dolor, infringir tanta amargura y hacer odiar la vida? Benjamín está tan podrido que lo único que hace es eso... Llevar a otros a su agujero.
Mi mente trabaja, busca algo que me ate a este mundo, ni se lo que digo porque... ¿Esto se siente estar muerta?, pensé que mi mente trabajaría en olvidar todo, no que se quedaría intacta para recordarme toda la amargura con la que vivo día y noche.
-Por favor responde-una suave y asustada voz se escucha a lo lejos, ¿veré ya la tan anhelada luz blanca que me llevará al mundo de los muertos?
-Sé que puedes-siento que algo me ahoga, necesito expulsar todo, el sentimiento es agonizante.
Toso incontrolablemente mientras que mantengo los ojos cerrados, trato de buscar aire, necesito oxígeno. Agua sale de mi boca mientras trato de respirar, no puedo. Esto me pone en alerta y entro en desesperación.
-Tranquila-alguien toca mi espalda dando leves toquecitos que me ayudan.
Cuando me atrevo a abrir los ojos maldigo interiormente, alguien me ha salvado de la muerte. Una lágrima se escapa de mis ojos. Ni para eso sirvo. Quiero morir, ¿tan difícil es entender eso? Luego de esa lágrima, varías salen de manera incontrolable, la noche ya ha caído, pero solo hago llorar.
La persona de antes abraza mi cuerpo y me deja llorar, no me importa nada, solo quería morir, dejar por fin de sufrir tanto.
Me aparto de manera lenta cuando un aroma masculino filtra mis fosas nasales. Unos increíbles ojos me miran curiosos. Dios, son los ojos más hermosos que he visto jamás. Ese color gris me deja atrapada en ellos sin siquiera poder escapar.
El sujeto que me salvó de la muerte me mira... Esperen, ¡él fue quien me salvo!
-¿Quién demonios te crees para no dejarme morir?-mi pregunta lo toma por sorpresa.
A cualquier persona normal también. No es todos los días que salvas a alguien de morir y esta te reclama por eso.
-Una persona que no dejaría que otra acabe con su vida-responde con su voz molesta.
-No tenías derecho-me levanto y un frío me invade el cuerpo por lo cual me abrazo a mí misma para buscar algo de calor.
-No te iba a dejar morir-es su gran respuesta.
-Ni para morir sirvo-pronuncio bajo, pero él alcanza a escuchar. Mis sollozos bajos se vuelven fuertes, él trata de abrazarme, pero esta vez huyo. No soporto a ningún hombre cerca de mi cuerpo.
-¿Por qué querías morir?-pregunta confuso.
-Porque cuando el dolor ya no lo puedes aguantar, cuando ya no puedes seguir luchando contra la corriente, lo único que quieres es dejarte ir-respondo muerta de frío.
-Toma mi chaqueta, estas temblando-la acepto con miedo, no quiero me haga daño.
-¿No quieres nada a cambio?-pregunto temerosa.
-¿Por qué lo iba a querer?-la acepto mientras me la coloco.
-Me tengo que ir-me muerdo el labio.
-Espera-el miedo se instala, no quiero que me haga daño.
-¿Qué?-mi voz sale como un susurro.
-Promete que no tratarás de hacerlo de nuevo. No sé qué pasa en tu vida, pero esta no es la solución. Encuentra algo que te haga aferrarte a la vida-no prometo nada y me marcho. El dolor de cuerpo que traigo es insoportable.
Cuando llego a mi auto me rompo en llanto, no quiero vivir, ¿es difícil de entender? Conduzco en dirección a mi infierno. El infierno que tengo en la tierra.
Gracias a Benjamín ya no creo en mí, solo creo que merezco todo el dolor por ilusa que fui. ¿Por qué sigo aquí sí solo hago sufrir? Solo sufro, ¿esto es lo que merezco?, ¿sufrir toda mi vida? Años de dolor, años de tortura. Solo le brindé mi amor, ¿por qué pagarme se está manera tan vil?
¿Cómo fue que me dejé engañar de este modo?, siempre me creí mejor cuando estaba con él, me hizo creer que yo podía ser lo que soñé. La verdad golpeó fuerte, pero tarde. Nadie es lo que parece. No, Benjamín no es ni la mínima parte de lo que creí. Mi verdugo. Ese maldito destructor.
Cuando llego a casa todo está apagado y ruego en silencio porque él no se encuentre. Abro la puerta con temor y suspiro aliviada, no está. Si supiera que llegué a esta hora no quiero imaginar lo que me iba a esperar.
Entro a la habitación y me miro en el espejo. Una sonrisa pasa por mis labios y luego desaparece. La chaqueta de cuero del chico que me salvó sigue en mi cuerpo. Paso un dedo sobre la tela de esta, pero luego lo dejo caer. Tengo que ocultarla, si Benjamín la descubre me mataría. Pensaría que le soy infiel y no quiero saber lo que pasaría conmigo.
Entro al baño y la dejo caer al igual que toda mi ropa. Me baño mientras busco una solución, ¿abandonarlo?, ni en juegos, me mataría y luego a mi familia. Suspiro pesadamente, no quiero seguir con esta miserable vida, pero el miedo me controla.
Cuando salgo me envuelvo en una toalla, llevo la ropa mojada a secar y la chaqueta la oculto en lo último de mi clóset dentro de una caja de recuerdos que tengo. Benjamín nunca ha molestado esa caja, la doblo bien y la entro allí. Me pongo mi pijama, una que cubre todo mí cuerpo y me acuesto. Tantos planes tronchados. Suspiro y me arropo apagando todas las luces y dejándome caer en los brazos de Morfeo. Aunque el día de hoy solo quería caer en los brazos de la muerte, aquella que quería que me abrace y que jamás me suelte.
Jasper
Estoy furioso. Otra vez mi padre me compara con mi hermano. No es mi culpa que no haya encontrado una mujer para casarme, para tener hijos con ella, no luego de lo que pasó. No es mi culpa que la mayoría de mis amigos tengan sus familias hechas, no quiero eso. Estoy muy joven aún, pero al parecer mi padre no lo entiende. Sé que sería un increíble padre, digo, amo a mi sobrina con toda mi alma, la trato como a una hija, a la que no soporto es a mi cuñada, es una maldita víbora que solo el estúpido de mi hermano es capaz de controlar.
Lo que más me jode es que me compare con mis amigos. Y lo que me molesta es que ellos se burlen luego y que me recuerden las hermosas mujeres que lo esperan en cada. Me enoja.
Gracias a mi enojo decido salir a caminar, el parque que hay cerca siempre me ayuda en mis pensamientos. Camino por el puente distraído. Hay miles de mujeres que quieren ser algo más que mis compañeras nocturnas, pero que lamentablemente solo eso pueden ser.
Tamara es la única que podía ser algo más que mi compañera nocturna, pero es tan especial que se tira a mis amigos. Aquellos con los que mi padre me compara, aquellos que dicen tener una esposa que aman, sin embargo, le montan los cuernos a cada momento.
La actitud de mi padre me enoja. Desde pequeño comparándome con todos, eso me enoja y mucho. Trabajar con mi padre es lo único que me sale al 100% bien. Aunque regresar a mi país natal enojó a mi odioso padre, no quería estar más tiempo alejado. Cuatro años ya fue suficiente, quiero trabajar en la empresa de mamá que hay aquí. Si él no puede entender eso que se joda y a mí que me deje en paz. Lo amo y sé que él a mí, pero a veces se le olvida que mi vida es eso: mía.
Mis pensamientos desaparecen al ver a una chica lanzarse desde el puente, joder está loca. Corro hacia abajo, pero me lleva numerosos minutos en los cuales no quiero que vaya a morir. Cuando llego quito mi chaqueta y mis zapatos y entro en el agua. Nado, pero no la veo, ¡joder!, todo este oscuro aquí. Tiento bajo de agua y logro sentir algo frío, por lo que la tomo y al salir a la superficie me doy cuenta que es la chica que buscaba. Salgo con ella en brazos y la dejo en el suelo. Le doy respiración boca a boca mientras oprimo se pecho. Nada pasa.
-Por favor responde-ruego con voz suave, pero la preocupación es más que evidente, muero se miedo de que haya muerto-sé que puedes-murmuro, sin embargo, ella no hace nada, ningún movimiento-de un momento a otro ella tose, pero me aparto para que deje salir el agua, la veo entrar en pánico por no conseguir aire por lo que doy toques en su espalda-tranquila-ella me abraza y rompe a llorar.
Su cabello mojado se pega a su cuerpo. Las pocas luces que hay aquí le dan un toque divino a su piel. Yo solo dejo que se desahogue.
Pero todo se vuelve confuso cuando sus preguntas me toman por sorpresa. ¿Qué demonios le pasa?, me atrevo a observarla, joder, su sujetador queda a mi vista lo que causa que por poco deje de prestarle atención. Le ofrezco mi chaqueta ya que tiembla del frío.
Sus ojos son verdes, pero es la primera vez que veo tanto dolor en una sola mirada. ¿Cómo puede haber tanto dolor en una sola mirada? Ella llora y una necesidad de protegerla se instala. Esta podría ser mi sobrina cuando crezca, una chica que sufre. De solo pensarlo mi mente se nubla y la urgencia de protegerla se hacen fuertes. No quisiera ver a mi sobrina de esta manera jamás. Tan dolida, tan rota.
Ella se marcha, pero yo me quedo en el mismo lugar pensando en esa chica. Era definitivamente hermosa, pero tan triste. Camino hasta buscar mis zapatos los cuales tomo en mano para no mojarlos.
Camino de regreso de regreso a casa, pero la triste chica no sale de mi mente. Suspiro tratando de borrar los pensamientos, no la volveré a ver. Llego a casa y con lo que menos me quería encontrar era con mi cuñada.
-Hola cuñadito, ¿Qué te pasó?-pregunta mirando mi ropa mojada.
-Nada que deba importarte-contesto tosco y le doy una mala mirada.
-¿Cuándo dejarás de hablarme de esa manera?-pregunta en tono inocente.
-Cuando dejes de joderme, ni se cómo demonios te aguanta Daniel-decido salir de ese lugar. Subo hasta mi habitación y me doy una ducha, me pongo un pijama y camino hasta la habitación de mi sobrina.
-¿Dónde está la niña de mis ojos?-pregunto entrando.
-¡Tío!-grita y se lanza a mis brazos.
-¿Cómo estas pequeña?-beso sus mejillas y la coloco en su cama.
-Estaba esperando que vengas para que me leas un cuento-responde.
-Hoy no te leeré un cuento, lo crearé para ti-beso su frente y la abrazo.
-Comienza tío-me acomodo y luego a ella.
-Había una vez en un reino lejano, una linda princesa que estaba triste. Era la princesa más hermosa que jamás en la vida se haya visto, pero que todos se preguntaban el motivo de su tristeza. Un día un príncipe lejano invadido por la curiosidad, fue a visitar a la princesa, cautivado por su belleza pidió en matrimonio, pero ella se negó-hago pausa.
-¿Y qué paso?-pregunta Daniela curiosa.
-La princesa sufría porque un amor que tuvo murió, el hombre que amó había muerto hace tiempo, pero el príncipe nunca se detuvo hasta lograr que ella volviera a sonreír, pero esta vez de amor hacia él. Lucho mucho por la bella princesa, quería sanarla, quería que ella viviera y hasta que ella no sonrió, él nunca se detuvo porque de verdad la amaba. Fin-mi sobrina sonríe.
-Amo los finales felices-murmura pegada a mí.
-A dormir-me levanto y beso su frente.
-Te quiero, tío-sonrío.
-Yo también-me alejo y apago las luces para luego salir, regreso a mi habitación y me acuesto en la cama.
Quisiera volver a ver a esa chica, saber el porqué de su dolor, pero... ¿La volveré a ver?
Despierto por el constante ruido del timbre siendo tocado. Me levanto con pesadez, ¿quién será? Cuando llego y abro me encuentro con Benjamín. Su sonrisa molesta es lo que me recibe. Mi cuerpo reacciona palideciendo.
Siempre es así cuando él está cerca, el sentimiento de miedo, de terror aparecen. Eso es lo que hace este maniático de mierda, atormentar mi vida con su sola presencia en ella.
-Hola, amor-murmura, el olor a alcohol me inunda y unas ganas de vomitar me invaden.
-Pasa-lo mejor para no ganar más golpes es ser sumisa.
-¿Qué hacías?-pregunta besando mi cuello. Cierro los ojos y el miedo me invade.
-Dormía-susurro temerosa. Él me mira analizándome, sus ojos me observan deteniéndose en cada parte de mi cuerpo.
-No sabes cómo me encantas-murmura sin despegar su vista de mí.
-¿Ne-necesitas algo?-ruego en silencio que hoy no tenga ganas de tener mi cuerpo. No quiero que me toque.
-Si... Tráeme una cerveza, te quiero en la habitación, unos amigos vendrán y unas chicas con ellos, no salgas-asiento queriendo sonreír de felicidad, hoy no me tocará.
-Claro-salgo disparada hacía el refrigerador y le consigo su cerveza, me marcho a la habitación y paso el seguro.
Unos minutos más tarde el ruido es casi insoportable, pero es mejor que tener a Benjamín cerca de mí. Cierro los ojos mientras que la mirada de aquel chico se proyecta de manera inesperada. Sonrío sin razón. No sabe lo que acaba de hacer, debía dejarme morir, pero por algún motivo desconocido, agradezco en mi interior de que no me haya dejado culminar mi propósito.
***
Al salir de la habitación ya cambiada y lista para ir a trabajar veo como el cuerpo de Benjamín se encuentra desnudo y una chica desnuda sobre él. Una mueca de asco se forma en mi rostro y me apresuro a salir de aquel lugar, lo último que quiero es que despierte y me golpee. Suspiro mirando el cielo de esta mañana. Camino a la espera del bus ya que Benjamín está utilizando el coche.
Mientras miro la ciudad pasar ante mis ojos me pregunto en cómo sería mi vida sin Benjamín. Todo sería mejor. Lo sé, pero tengo miedo. Siempre lo tendré.
-Señorita-levanto la vista y un joven me observa intrigado y con una mirada que me incómoda.
-¿Necesita algo?-pregunto mientras él solo mira mi cuerpo.
-¿Me puedo sentar a su lado?-frunzo el ceño queriendo decirle que no, que se aleje, pero es un transporte público y solo me queda asentir.
-Claro-murmuro, por lo menos tuvo la decencia de pedir permiso. Suspiro y sigo con mi vista lejos de aquí, lejos de este odioso y asqueroso mundo.
A la distancia puedo visualizar la empresa y suspiro, debo de dar gracias de que Benjamín no me molestó hoy. El recuerdo vago de aquel chico viene a mi mente. Él parecía buena persona, aunque Benjamín también. Quisiera no sentir a cada instante este miedo incontrolable que me azota porque de verdad es frustrante.
Bajo del autobús y arreglo el vestido que me queda grande, no me gusta usar nada que sea apretado. No quiero que los hombres fijen su vista en mi cuerpo. Acomodo mi cabello y avanzo hasta la entrada de la empresa. La fina línea que se forma en mis labios siempre que entro y veo varios de mis compañeros mirarme con asco reflejado. Avanzo con rapidez. Quiero irme lejos, de todo y de todos.
El cuerpo me duele horrible, pero es lo poco que tengo luego de lanzarme de esa altura. Entro al ascensor y agradezco ver que no hay nadie más en él. Subo con tranquilidad.
Al llegar a mi piso veo a todos correr de un lado a otro como si la empresa se estuviese derrumbando. Con una mirada confunda camino hasta mi despacho. Veo a mi mejor amiga hacer unos chequeos.
-¿Qué pasa aquí, Diana?-pregunto entrando. Ella para de hacer lo que hacía para levantar la mirada y sonreírme de manera tensa. Su rostro muestra cansancio por lo que supongo no tuvo una buena noche-¿te sucede algo?-pregunto depositando mis pertenencias sobre mi escritorio.
-Solo una mala noche con un idiota-rueda los ojos restándole importancia-nada grave-asegura dándome una pequeña sonrisa-Eva me dijo que en cuanto llegarás te avisara que debes ir a verla. Al parecer es una reunión importante porque la vi un poco agitada-me cuenta dándose golpecitos en el cuello-la empresa esta patas para arriba con su actitud. Ve o creo que le dará un infarto-asiento. Eva es la dueña de la casa de moda en la que trabajamos. Una empresa que no deja de crecer.
-Te veo al rato-murmuro y salgo del despacho. Espero no tener más problemas.
Jasper
-No tengo ganas de hablar-corto rápidamente el rollo que me trae mi hermano. Su esposa sonríe con suficiencia al ver mi cara hastiada. No soporto lo hipócrita que es y lo peor de todo es que ella lo sabe, y lo usa a su favor.
-Jasper ya dejes sentar cabeza, tienes veintisiete años, ¿qué piensas hacer con tu vida?-pregunta cruzando los brazos a la altura de su pecho-¿piensas quedarte toda la vida sin formar una familia?-ruedo los ojos lo cual lo hace enojar. Puedo verlo claramente en la manera que sus brazos se tensan y me mira fulminante-debes de ser sensato-me flexiono un poco y pongo mis codos en mis rodillas para mirarlo mejor.
-¿Crees que me importa formar una familia?-pregunto pareciendo interesado.
-Sé que no, pero es lo correcto-dice abrazando a su esposa quien solo se mantiene en silencio escuchado la conversación.
-Daniel, tú deberías saber lo que se siente estar atado. Esa vida no es para mí, sabes que no aceptaré, pierdes el tiempo igual que mi padre-me acomodo haciendo que mi espalda quede contra el suave respaldo.
-Tus amigos están casados, ¿por qué tú no?-suspiro agotado. Le tengo un gran respeto a Daniel, pero cuando quiere molestar lo hace de verdad. Es tan insistente que llega un punto de ser insoportable.
-¿Quieres que haga como ellos?-pregunto. Hago una pausa y como una uva que trajo la chica de servicio-¿qué me case para luego engañe a mi esposa?-suelto una seca risa-prefiero quedarme soltero a que una mujer este recriminándome no ser lo suficiente para ella-me levanto-ahora tengo asuntos más interesantes a tratar que verlos a ustedes y hablar de mi vida amorosa-camino dejando a mi hermano con las palabras atoradas.
Subo en voladas a mi habitación, busco los documentos que papá me pidió llevar al restaurante. Gracias al cielo hoy tengo el día libre, mi padre puede ser muy estricto cuando se lo propone. Miro el corte en mi brazo. Un pequeño y casi invisible rasguño marca mi piel. Me pregunto en cómo estará esa chica, ojalá que no vuelva a intentar hacerlo nuevamente. Ella se ve tan destruida y machada que me dio nostalgia tan solo verla.
Tengo que aceptar que es hermosa. La noche solo pudo hacer ver sus rasgos más delicados y sofisticados. Su melena rojiza es hermosa, como pude ver al ella pasar por la luz. Me encantaría ver el color de sus ojos, pero sé que tiene una mirada encantadora. Me pregunto si su sufrimiento se debe a alguien. Hay tantas personas en este mundo que solo buscan hacerles daño a los demás que no me extrañaría.
Tomo los documentos que buscaba y camino a la puerta. Mamá estará como loca al saber que no podré ir a ayudarla. Tengo que evitar encontrarme con esa mujer que tuvo mucho que ver en mi pasado.
Raisa fue la única mujer con la cual soñé una familia. La conozco desde niño, su familia y la mía eran amigas. Crecimos unidos y siempre estuve embobado por ella. Me armé de valor un día y le propuse ser mi novia. Puedo decir que fueron los años más felices de mi vida. Ella es encantadora y bella. Siempre con esa mirada y ese aura peligroso que encuentras llamativo. La clase de mujer que te envuelve sin darte cuenta porque es encantadora. A Raisa la creía un ángel, una santa. Pensé que en esa dulce persona no podría albergar sentimientos de maldad o malas intenciones porque ella era una buena persona.
Ese pensamiento fue precisamente mi primer gran error.
A los veinte años le propuse matrimonio y ella aceptó. Su aceptación me hizo el hombre más feliz del mundo. Vamos, era la chica que creía mi mundo. La mujer que amaba, estaba en una nube de éxtasis de felicidad.
Resulta que el día de la boda quedé plantado. Ella se burló de mí, jugó con mis sentimientos y supe que ya no creería. Las mujeres son una especie peligrosa, un paso en falso y te destruyen. Ellas con todo lo que les fue regalado, como es poseer belleza y un cuerpo que nos enloquece pueden hacer de nosotros sus esclavos. Pueden idiotizarnos a su manera.
Me cerré a la idea de conocer a otra mujer, Raisa me marcó. Las mujeres no son inocentes, he conocido a tantas que ya me encuentro extraño cuando una chica se sonroja o simplemente no se comporta como una necesitada. Es triste que de pensar que eran la creación más hermosa le guarde tanto rencor a la gran mayoría.
Sé que hay excepciones porque mi madre es una gran mujer que solo con una sonrisa te muestra la mejor cara de la vida, pero no soy idiota para no darme cuenta de que las otras solo son mujeres que quieren algo en específico de mí.
Cientos de mujeres han pasado por mi cama. Muchas de ellas lograron despertar un poco mi interés, pero ninguna envolverme. Ya no creo que las palabras que salen de sus labios. Ya no creo que en la sinceridad que puedan ofrecerme. Suspiro y alejo todos los pensamientos. No puedo dejar que algo me atormente ahora.
Salgo de mi habitación y bajo en busca de mi coche. Entro en él y arranco en dirección al restaurante. Veo tantas personas al pasar. Todas con tormentos ocultos. Las personas no tenemos la capacidad de ocultar nuestro dolor, solo algunas lo logran y esas personas son las que más sufren.
Mi teléfono suena y sé que es Benjamín, no tengo ganas de hablar con él ahora. Tengo años siendo su amigo y aún no me nace el ir a ver su mujer, de la que tanto presume tener. Me imagino que debe de ser muy ilusa como para no saber que él la traiciona. Y si lo es yo no tendría el valor de verla a la cara y portarme amable con ella. No soy tan hipócrita.
Puedo ser un idiota, pero se lo que es que jueguen contigo, por esa parte es que Benjamín y yo chocamos muchas veces, nunca he engañado a una chica. Me molesta que él no sea sincero con su mujer y la engañe, es por eso que en muchas ocasiones nuestras diferentes maneras de pensar nos hacen gritarlos algunas cosas de las cuales luego nos arrepentimos. Así que simplemente ignoro que él la engaña y en cambio no la conozco porque sabría que la engañan y me sentiría mal.
No niego que tengo curiosidad de conocerla, él siempre habla cosas magníficas de su esposa. Dice que es la mujer más magnifica de este mundo y un sin número de tonterías. Benjamín puede ser un bastardo infiel, pero la ama. Solamente hay que ver como sonríe al recordarla. Yo alguna vez lo hice, amé sin condiciones, pero los resultados fueron totalmente distintos.
Solo espero que está vez él sea feliz, que no corra con la suerte tan desdichada que tuve al enamorarme de una mujer que no sabe que son los sentimientos. Aunque creo que lo que sucede con él es diferente. Al parecer su mujer lo ama.
Veo a la distancia el restaurante y suspiro. Espero que de verdad él sea feliz.