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Prohibido enamorarme de mi secuestrador

Prohibido enamorarme de mi secuestrador

Autor: : Daly3210
Género: Romance
Arlet Neumann era una joven que había crecido en medio de lujos y riquezas, acostumbrada a un estilo de vida diferente, no puede soportar la idea de vivir en medio de un cuarto oscuro y a merced de un hombre que no conoce. ¿Pero como había llegado a esa situación? Aquello era algo que ella aún no podía creer. Su padre, Amaro Neumann, no era el hombre quien decía ser, era un mafioso, uno que se había metido con la familia equivocada, porque al matar y robar los bienes de los Newton, se había olvidado de un detalle muy importante, el hijo mayor de la familia había sobrevivido y lo único que deseaba ahora era VENGANZA.

Capítulo 1 Prefacio

El sonido de la puerta al abrir la sobresaltó, pero no se giró, no hacía falta hacerlo, bastaba con sentir como sus vellos se erizaban ante la inminente presencia. Era ese hombre, estaba segura.

-¿Qué quiere?-lo encaró firme, alzando la barbilla.

Evidentemente, esto él no podía notarlo, estaba de espaldas después de todo. Pero sin importar si la veía o no, no pensaba demostrarle temor. Ya no.

-¿Qué quiero yo o que quieres tú?

La pregunta sonó tan extraña, que no pudo evitar girarse y mirarlo a la cara.

-¡¿Querer yo?!-le grito sin poder evitarlo-. ¡Pues creo que es bastante obvio! ¡Libéreme!-ordeno, como si realmente estuviese en condiciones de hacerlo.

Él no contestó, solo la miró con esos azules tan intensos y penetrantes. Era, sin duda, una visión impropia, parecía existir algo más en ese mar de indiferencia que siempre demostraba.

-¿Estás segura de eso?-preguntó, su voz sonó extrañamente suave.

-Por supuesto, ¿por qué no lo estaría?

-La otra noche, cuando me acerque, sentí que había algo más que simple repulsión de tu parte-le recordó, y aquello le hizo sentir incómoda. Desde luego que lo recordaba bien. Sus manos sobre su piel, el calor que su cercanía le transmitía, no era muy diferente a lo que experimentaba en ese momento: anticipación, deseo.

-No sé dé qué está hablando-fingió demencia.

Arlet sabía que era más fácil hacerse la desentendida, a confesar que, efectivamente, había sentido algo más. ¿Algo más por su secuestrador? Por supuesto que no. Ni hablar.

-¿Por qué te mientes?

-No siento más que asco por usted-le dijo.

La cara del hombre se transformó, si de por sí siempre mantenía una expresión fría, ahora parecía un témpano de hielo.

-¡Mientes!-le dijo, su voz sonó fuerte, a la vez que daba varios pasos acortando la distancia entre ellos. Ella retrocedió por inercia, ni loca lo dejaría acercarse de nuevo.

-¡No se me acerque!

-¡Lo haré! ¡Lo haré cuántas veces quiera!-le contradijo firmemente.

Arlet torpemente intentó huir, por supuesto que huiría, sabía cuál era su intención, hacerla flaquear con sus tontos trucos y no lo permitiría.

¿Pero podía huir? ¿Siquiera tenía caso intentarlo?

Parecía simplemente una labor imposible, estaba en una habitación, a solas con ese hombre, sin nadie a su alrededor que pudiera ayudarla. Estaba perdida, y lo confirmo cuando, de un empujón, chocó contra la pared y lo sintió cernirse sobre ella. Era grande, pesado, intimidante.

-¡No!-grito, pero al segundo siguiente no pudo decir nada más. Sus labios estaban lo suficientemente ocupados como para poder hacerlo.

Ese hombre la beso, él, Luke, su secuestrador. El mismo que había jurado venganza contra su padre, el mismo que decía detestarla con toda su alma, el mismo que le había gritado mil veces que la odiaba.

Pero entonces, ¿por qué la besaba si la aborrecía tanto? ¿Y por qué ella se sentía así al sentir el contacto de sus labios, de esos labios que juraban odiarla?

Era una locura y no lo permitiría. No permitiría que ganará, no permitiría que la hiciera flaquear con sus trucos, ni que su corazón se permitiera sentir algo más. Era su secuestrador y jamás sentiría otra cosa que desprecio por él.

Capítulo 2 Día inesperado

Cinco meses antes...

-Solo queda ella-informó una voz masculina a su acompañante.

-¿Solo esta niña?

Luke miró a la curiosa jovencita, quien se quejaba del dolor que se concentraba en su cuerpo tras ser lanzada al suelo.

-Sí-confirmó el moreno-. Al parecer ese desgraciado de Amaro abandonó a su propia hija.

-Su hija-murmuró Luke aquella palabra, mirando con renovada atención a la castaña.

Arlet se estremeció al ser el foco de aquellos ojos azules tan deseosos de venganza.

-¿Qué piensas hacer con ella?

Aquella pregunta envió una oleada de temor al cuerpo de la joven, quien pudo detallar en primera plana como aquel sujeto parecía cavilar varias opciones. Lo cierto era que sin importar cuál eligiera ninguna de las alternativas, parecía buena.

-Obviamente, no puedes dejarla viva-siguió Rodrigo ante la falta de respuesta-. ¿Pero me refiero a si te apetece divertirte un poco antes?

Ante aquella cuestión, el hombre miró a su compañero con profundo odio. Rodrigo alzó las manos y se apresuró a agregar:

-¡De acuerdo, de acuerdo!-exclamó con cierto tinte dramático-. Está bien, entiendo, la hija de Amaro no te apetece. ¿Pero me dejarías que...?

-¡Cierra la boca!-lo cortó Luke, finalmente-. La hija de ese bastardo no me interesa. Estoy seguro de que la dejo aquí únicamente para retrasarnos. Pégale un tiro y vámonos.

Dicho eso, hizo el ademán de salir de la habitación, sin embargo, la voz de la mujer detuvo su actuar:

-¡No, por favor!-chilló Arlet, al escucharlo.

-Ten un poco de corazón, Luke-abogó Rodrigo con jocosidad, aunque en el fondo tampoco tenía muy buenas intenciones-. Mírala bien, es toda una dulzura.

-Es la hija de Amaro-la respuesta fue tan fría, que el moreno entendió que para Luke no era una mujer, era simplemente su enemigo.

-De acuerdo-se resignó entonces sacando el arma y apuntando en su dirección.

Arlet miró como aquel hombre la apuntaba y su corazón latió a una velocidad sorprendente. Moriría, eso era un hecho.

Los recuerdos de su infancia pasaron por su mente como un rayo. Lo único que recordaba eran días felices, días al lado de su padre, días rodeada de amor y tranquilidad.

Pero, ¿cómo se iba a imaginar que su vida todos estos años no había sido más que una mentira? ¿Qué su padre en realidad no era el hombre dulce que aparentaba? ¿Qué su padre había destruido la vida de su actual verdugo y que lo había convertido en un ser frío y deseoso de venganza?

Luke quería vengar la muerte de su familia, el robo de su patrimonio y el hecho de haberlo convertido en un asesino.

Amaro merecía morir por sus propias manos, él y toda su familia. Aunque, lastimosamente, la descendencia de aquel tipo no fuese más que esa niña.

¿Es que acaso no había podido tener un hijo varón? De ser así, lo hubiese aniquilado con sus propias manos con el mayor de los gustos. Pero no, en su lugar, había dejado a esa criatura endeble y debilucha. ¿Qué podría hacerle? De por sí pegarle un tiro era bajo, carente de disfrute.

Un disparo se escuchó, pero no fue Arlet quien cayó al suelo tras el impacto. En su lugar, el moreno que la apuntaba pasó a manchar con su sangre gran parte del piso.

Todo había sucedido muy rápido...

Luke apuntaba en la dirección de dónde el fuego había venido. ¿No se suponía que no quedaba nadie más en la casa? ¿O es que Rodrigo no la había revisado bien?

Una figura se mostró ante ellos, se trataba de un hombre feroz, de cabellos cobrizos.

Los ojos de la joven se iluminaron e inmediatamente proclamó una expresión de alivio:

-¡Nicolás!

Sin embargo, aquella tranquilidad no le duró mucho a Arlet, cuando su acompañante la tomó fuertemente del brazo y colocó el cañón en su sien. El frío metal del arma le heló los huesos y sintió que estaba a punto de desfallecer.

-¡Suelta el arma!-ordenó Luke al invasor.

La indecisión en los ojos del cobrizo se hizo presente, soltar el arma solo podría significar una cosa: morir. Pero, a su vez, si no lo hacía, la vida de su protegida sería la afectada. No lo podía permitir.

Arlet miró como su amigo, su fiel amigo, colocaba el arma en el suelo y levantaba los brazos en señal de rendición. Inmediatamente, cerró los ojos, no quería presenciar como aquel hombre que la sujetaba acababa con la vida de su más querido compañero.

Sin embargo, eso no fue lo que sucedió...

La joven fue lanzada al suelo nuevamente y este segundo impacto fue más fuerte que el anterior. Quejándose del dolor, evidenció como aquel hombre de ojos azules como el cielo, se abalanzaba sobre su amigo y lo derribaba con una fuerza atroz.

Los dos hombres luchaban en el suelo y aunque su fiel guardaespaldas era un hombre fuerte y entrenado para este tipo de situaciones, le estaba resultando difícil responder los golpes de su contrincante.

Aquel sujeto parecía un demonio, notó Arlet con horror.

La escena con cada segundo se tornaba peor, haciendo que la joven empezara a gritar y a rogar para que se detuviera. Iba a matarlo.

Luke, cegado por la ira de ver caer a uno más de sus aliados, asestaba golpe tras golpe en el rostro de aquel malnacido que se había atrevido a enfrentarlo. Su ira y fuerza en ese momento parecían sobrehumana, y no podía detenerse, sus puños deseaban venganza.

De pronto, el eco de un nuevo impacto llenó el ambiente. Esta vez, el disparo vino de un lugar justo a su espalda.

El hombre se giró y miró cómo la endeble niña lo apuntaba. En cuestión de segundos, el ratón había dejado de ser la presa para convertirse en el depredador.

-¡Suéltelo!-demandó con una firmeza de la cual no se había percatado antes.

Y en ese momento de incertidumbre, no pudo evitar preguntarse:

¿Sería acaso este su final? ¿Moriría bajo la mano de la hija de Amaro?

Capítulo 3 Rehén

Las manos de la joven temblaban, mientras empuñaba con fuerza aquella arma. Su dedo índice se encontraba posicionado en el gatillo, solo debía apretarlo y ese hombre dejaría de ser una amenaza.

Sin embargo, no era tan fácil, Arlet no era una asesina. De hecho, era la primera vez que tenía entre sus manos una pistola. Jamás había tocado una antes. Jamás había tenido que vivir una situación similar en el pasado.

-Señorita, no lo haga.

La voz de Nicolás se hizo presente, el hombre, quien tenía su rostro todo ensangrentado tras todos los golpes de los que había sido víctima, mostró su deseo de no permitir que sus manos se mancharan con la culpa de llevar sobre las mismas un asesinato.

Su fiel guardaespaldas la conocía muy bien, sabía que no era más que una jovencita dulce y mimada, la cual no podría vivir luego con la culpa.

Pero Arlet no estaba dispuesta a permitir que aquel sujeto se saliera con la suya, no estaba dispuesta a permitir que los aniquilará.

-¡Aléjese de él y arrodíllese!-demandó con fiereza, dispuesta a proteger a su amigo.

Luke arrugó la nariz al escuchar que la hija de su enemigo se atrevía a ordenarle semejante cosa.

¿Él arrodillarse? ¿Delante de ella?

«Maldita», fue lo que pensó. Calculando lo rápido que podría sacar su arma y matarla.

Ella tenía el dedo en el gatillo, pero estaba convencido de que le tomaría un segundo o dos en decidirse a apretarlo; sin embargo, él solo necesitaba tres para desenfundar su pistola y acabarla.

-¿Acaso no me escucho? ¡Muévase!-le apremió la joven, haciendo un vano intento de mostrarse intimidante.

En respuesta a su demanda, el hombre mostró una media sonrisa que hizo a Arlet estremecerse en su posición.

-¡No estoy jugando!-siguió diciendo, presa de la adrenalina y el pánico al ver que aquel sujeto se ponía de pie y parecía querer caminar en su dirección.

-Adelante. Dispara-la desafío.

Arlet tragó saliva al contemplar la posibilidad de cometer semejante acto. Un segundo de indecisión fue suficiente, para que aquel hombre acortará la distancia y le arrebatará el arma.

Su espalda chocó contra el piso de su habitación y al instante siguiente aquel sujeto estaba sobre ella, apresando sus manos a la altura de su cabeza.

-¡Repítelo!-demandó Luke con furia, apretando fuertemente su barbilla con su mano libre.

La joven se quedó sin palabras, impactada, viéndolo con profundo temor. El odio que destilaba de sus orbes azules le permitía ver qué no tenía salida, su final estaba escrito en esa mirada.

De pronto, el sonido de muchos pasos interrumpió aquel duelo de miradas, haciendo que su posición cambiara de forma drástica. Ya no estaba bajo el peso de aquel enorme cuerpo, sino que estaba de pie, siendo sujetada por un brazo y apuntada en su cabeza con un arma. Al mismo tiempo, la habitación se empezó a llenar de personas y pudo reconocer algunos rostros conocidos. Se trataba de los hombres de su padre.

-Un paso más y la mató-rugió Luke, y sin duda si pensaba cumplir con su amenaza.

Y mientras decía esas palabras, Luke se daba cuenta de que había sido un error el subestimar su importancia. No, Amaro no había abandonado a su hija, porque de hacerlo, qué caso tendría enviar una docena de hombres para buscarla.

Y esto, a su vez, le hizo preguntarse por su propia gente. ¿Dónde estaba Horacio y el resto de sus hombres?

Había sido muy confiado al suponer que finalmente su enemigo estaba en sus manos. Años de planeación se habían venido abajo en cuestión de horas, llegar a la propiedad, allanar la casa, todo había requerido de un plan y esfuerzo que no habían dado los resultados deseados. Había fracasado.

Pero no estaba dispuesto a salir de ahí con los pies por delante. No estaba dispuesto a morir a mano de Amaro y sus hombres.

Y su boleto de salida estaba justo entre sus manos. Se trataba de la hija de Amaro.

-Díganle a su jefe que si quiere volver a ver a su hijita con vida deberá venir a mí personalmente-dicho esto, hizo un gesto pidiendo que le liberarán el espacio, pues pensaba salir usando a la joven de rehén.

Nicolás, al notar que algunos de los hombres se mostraban reacios, tosió un poco antes de decir:

-¡¿No lo oyeron? ¡Quítense!-ordenó, no dispuesto a permitir que la vida de Arlet corriera ningún riesgo.

Arlet miró a su fiel amigo y le sonrió en medio de aquel caos en el que se había visto envuelta. En realidad no sabía si lo volvería a ver, pero valoraba hasta el último minuto su protección y quería que lo supiera.

Después de todo, Nicolás no era únicamente su guardaespaldas, había sido su amigo en todos estos años. Desde que su padre lo asignó para ella a la edad de quince años, supo que el hombre se volvería cercano. Y así fue.

Ahora, a tan solo meses de cumplir su mayoría de edad, el sentimiento de amistad había crecido demasiado. Eran inseparables, casi uno solo.

El camino fue despejado para Luke, quien sin bajar la guardia se llevó a la jovencita de rehén.

Al salir de la propiedad se encontró con un vehículo Maserati negro que lo esperaba. En el interior, pudo divisar a su asistente, al idiota que no había sabido seguir sus órdenes.

-¿Por qué demonios mis hombres no llegaron?-ladró al abrir la puerta del auto y lanzar a la rehén en el asiento de atrás.

-Señor, sufrimos una emboscada-explicó el hombrecito completamente acalorado-. Uno de nuestros auto explotó, la mayoría de los hombres murieron.

-¡Maldito, Amaro! Sabía que vendría, sabía que...

De pronto miró nuevamente a la castaña, quien temblaba y lo miraba con cautela.

«¿Si Amaro sabía que vendría, por qué había dejado desprotegida a su preciada hija? ¿Acaso el muy imbécil pensaba que no sería capaz de llegar a su destino? ¿O era que suponía que su auto sería el que explotara?», se preguntó entrecerrando los ojos sin dejar de observarla.

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