-No podemos seguir así, chicos, tenéis que poner de vuestra parte –nos exige el oficial.
-¿Y si no queremos? –espeto, y me cruzo de brazos sobre la mesa de metal.
A mi lado los otros seis chicos largan una carcajada, haciendo que el oficial golpee con fuerza la mesa de la sala de los castigados.
-Mirad, niñatos –calma su respiración y suelta un bufido parecido a un toro –, estáis en un jodido reformatorio, y si no queréis ir directos a la cárcel cuando salgáis dentro de un año, os tenéis que reformar ¡¿Queda claro?!
-Por desgracia, sí –mascullo.
-Azael, no me jodas y cállate.
Elevo las manos con una sonrisa orgullosa, he conseguido hacer enfadar al gordo.
-¿Y qué propones para que nos reformemos? –pregunta mi único amigo: Elías.
El oficial Marcos murmura algo que no logro comprender y toca su enorme barriga suspirando, ‹‹Ni que estuviera embarazado –pienso››
Los siete chicos que nos encontramos sentados a lo largo de la mesa de metal bufamos al ver su poca capacidad de pensar rápido.
Los siete somos unos criminales, estamos aquí metidos por hacer cosas verdaderamente malas ante la ley, pero nos la suda completamente eso. Todas las reglas de este puto reformatorio me las paso por los cojones.
-Os vamos a meter en un proyecto –suspira.
Frunzo el ceño y me inclino sobre la mesa intentando saber si esa mierda que ha dicho es verdad.
-¿Un proyecto? ¿Qué tenemos que hacer? ¿Casitas con macarrones?
Mis frases sacan una carcajada al resto de chicos, a pesar de tenerme miedo e inventar rumores falsos del porqué de mi estadía aquí, tienen los cojones de calificarse de amigos.
-Joder, ¿Podrías callarte? –ruge el oficial, despeinándose su pelo rubio.
-No, quiero saber que puto proyecto es ese.
Mueve una silla de plástico hasta estar sentado al otro lado de la mesa y nos mira uno por uno con una mueca en los labios. Suspiro cansado por tanto suspense y golpeo la mesa con fuerza levantándome de golpe y tirando la cutre silla de plástico al suelo.
-Siéntate –ordena –. Azael, siéntate –vuelve a ordenar.
Con toda pesadez cojo la silla y me siento de brazos cruzados.
Las asquerosas paredes azules llenas de mierda es lo más colorido que puede haber en todo el jodido reformatorio, es una puta mierda estar aquí, pero no me queda otra, cumplo por mis pecados.
-Joder dínoslo –exige el chico que hay sentado a mi lado.
No me sé ninguno de sus nombres, tampoco me interesa, prefiero no saber nada de nadie de aquí, ni siquiera de las chicas, todas ellas parecen tios con tetas y coño.
-En un mes que empiezan las clases iréis los siete a un instituto a hacer vuestro último año, necesitáis relacionaros con otro tipo de gente, por lo que iréis por las mañanas al instituto y nada más salir de las clases quiero vuestros culos aquí ¿Sí?
Descruzo mis brazos sobre el pecho y apoyo las manos sobre la mesa intentando descifrar si esto es una broma. Quiero salir de aquí echando hostias, y poder salir aunque sea unas horas me vale, aunque sea para un puto instituto. Llevo tres años encerrado aquí, no puedo salir bajo ninguna circunstancia a no ser que vengan mis padres, pero me pregunto ¿Qué padres?
Todos aceptamos pertenecer al proyecto, así que Marcos no tiene problema con ello y nos deja salir de la sala de castigados para ir a nuestras habitaciones.
-Hermano habrá tías sin pelos en las piernas –bromea Elías mordiéndose el labio –, estoy harto de pajearme con las revistas porno que le robo al segurata.
Uno de los chicos que había con nosotros en la mesa pasa por mi lado casi corriendo, y me río al ver lo cagado que son todos conmigo. Todos me temen, y eso me gusta.
Pasamos por los pasillos blancos escuchando los murmullos de la gente y sus críticas principalmente hacía mí, pero ya estoy acostumbrado a ello, y me la suda lo que digan, ellos no saben nada de mí, y yo de ellos mucho menos. Comparto la habitación con mi amigo, y si no fuera por las paredes llenas de tías desnudas y la ventana que da al exterior, me moriría de asco en este sitio. Varias veces he intentado escaparme, pero los hijos de puta tienen a un vigilante debajo de cada ventana, y en cada pasillo de la planta de las habitaciones hay por lo menos tres policías que nos controlan. La puerta de metal chirría cuando la cerramos detrás de nosotros, y lo primero que hago es sacarme el paquete de tabaco de debajo de la almohada, sin importarme la norma de que no se puede fumar en el centro.
-Compraré una botella de vodka en cuanto salgamos de aquí.
Se lanza en su cama y empieza a sacar botellas vacías de vodka, cerveza, sidra y whisky.
Pongo los ojos en blanco y me quedo mirando las cuatro paredes mugrientas de esta cárcel para menores. Expulso el humo del cigarro y escucho a mi amigo roncar en la cama de enfrente. Aquí todo es una puta mierda, incluso las camas, se te clavan los muelles en la espalda y te dejan jodido, por no hablar que por las noches apagan las luces a las diez, y da gracias que hay ventanas para que entre la luz de las farolas de la calle, si no, no ves nada. Apago el cigarrillo en el suelo y me tumbo con la ropa y zapatos sobre la cama para descansar. De verdad que esto es una puta mierda.
- - -
-¡Levantaos! –Exclaman golpeando con fuerza la puerta de metal – ¡Vamos!
Me levanto de la cama con pesadez y saludo a mi amigo en mitad de un bostezo.
-¡Ya vamos joder! –exclama Elías lanzando un zapato contra la puerta.
Esta se abre repentinamente y el vigilante al que saco dos cabezas me mira apuntándome con la porra, la que supongo que ha usado para golpear la puerta. Todos los días se hacen turnos para llamar a nuestra habitación, porque los vigilantes de aquí son unos gilipollas que me temen, y suelen dejar al más pringado para que nos levante.
Le arrebato la porra de las manos y le apunto con ella, deleitándome al ver como traga saliva y se intenta hacer el gallito. Es un retaco al que con un puñetazo dejaría en el suelo, pero quiero salir de aquí, y hace por lo menos dos meses que no doy una paliza a un superior.
-A la siguiente, te la meto por el culo de una sentada –amenazo.
-Salir a desayunar –ordena con su pésima voz autoritaria.
Largamos una carcajada mi amigo y yo y le rodeamos para salir de la habitación y seguir el mismo camino que guían el resto de chicos. Se forma barullo cuando toca bajar unas escaleras metálicas para bajar a la segunda planta, dónde se encuentran las habitaciones de las chicas, el comedor, y la salida al patio. Ando con las manos en los bolsillos y aparto de mi lado a la misma chica que siempre pide follar, es fea de cojones. Elías y yo conseguimos entrar en el comedor, y nos sentamos en una mesa alejada del resto, sufriendo las miradas del resto de personas desde catorce años a diecisiete.
-¡No nos miréis! –rujo.
Todos vuelven a centrar su atención en los de su mesa, y yo obligo al primero que pasa por mi lado a darme su comida, sin rechistar deja la bandeja con un café y un trozo de bizcocho delante de mí, y mi amigo me aplaude por ello.
-Eres el puto amo –ríe, y observa alrededor –. Tú, friki, dame tu comida –coge a un chico de la camiseta y este rápido deja su comida en la mesa –. Así me gusta.
Nada más soltarle, el chico corre hacia otro lado y mi amigo empieza a devorar su comida junto a mí.
-Quiero dejar ya de ver las mismas putas caras de los mismos gilipollas –gruño, viendo cómo una mesa de chicos no para de mirarnos.
Mi amigo asiente con la boca llena y enseña su dedo del medio a todos los gilipollas que nos miran con prejuicios. Todos saben que el crimen cometidos por mí es el peor, pero ellos tampoco se salvan, sino ¿Por qué están aquí encerrados?
-¡¡Al patio trasero!! –gritan los oficiales, dando por terminado el fin del desayuno.
Dejo la bandeja sobre la mesa y espero que todo se vaya vaciando para salir al patio.
Todos los días son iguales, desayuno, estar en el patio, comida, estar en el patio, irse a duchar y a cambiarnos, cena, y a la cama. Salvo cuando empiezan las clases, que pasamos la mitad del día encerrados en la tercera planta para aprender. Una puta mierda.
-Echo de menos a Carlota –confiesa mi amigo.
-Iremos a verla, no te preocupes –aseguro, y esquivo a unos cuantos gilipollas que se interponen en mi camino.
Nuestro patio es, prácticamente, un descampado con rejas para que no nos escapemos y unas cuantas mierdas para hacer deporte. Cogemos asiento en unas gradas que hay a los pies de la pista de fútbol y baloncesto y a pesar de estar prohibido, me saco un cigarro de los pantalones.
Desde que estoy aquí no he visto a ninguna puta persona de mi familia, si es que así se le puede llamar a lo que tenía.
-¡Levantaos! –Exclaman, pero esta vez, ya no golpean la puerta, saben que estamos despiertos desde hace una hora para salir de aquí e ir al instituto para empezar el proyecto – ¡Vamos salir ya!
- ¡Ya vamos joder! –Grito, y me ajusto la mochila negra al hombro con todos los libros y cuadernos dentro – ¿Listo?
-Bastante –sonríe, sabiendo que hoy follará seguro.
Asiento y abro la puerta de golpe, asustando así al policía que nos llevará al instituto en el coche patrulla. Sonrío cínicamente y se limita a andar hacia la salida escoltándonos como si no supiéramos dónde está. Todos siguen dormidos, para su suerte aquí las clases empiezan a las nueve y no tienen que moverse mucho, pero nosotros tenemos un viaje de media hora en coche hasta el instituto que empieza a las ocho y media.
Los otros cinco chicos ya nos están esperando, y sé por sus caras de pocos amigos que no les ha gustado que les hagamos esperar, pero no abren la boca, solo se reparten en dos coches patrulla y nos dejan a Elías y a mí en otro.
-Cuidado con la cabeza –nos avisa el policía abriéndonos la puerta como si fuéramos chicas.
-Uy, muchas gracias miss Daisy, es todo un honor que nos abras la puerta –se burla mi amigo con voz aguda.
Me junto a la puerta contraria y el policía cierra la puerta de un gran portazo. Me trae muchos recuerdos estar aquí metido, he pasado más tiempo dentro de uno de estos que en mi casa.
-No os metáis en líos, y cómo ya tenéis vuestros horarios iréis directamente a vuestras clases.
Pongo los ojos en blanco y bufo ante su tono paternal. Me centro en mirar los coches que pasan a nuestro lado y el camino del reformatorio al instituto.
-Conduce más rápido joder –espeta Elías cruzándose de brazos.
-Ya llegáis tarde, solo cinco minutos más.
Pasamos por una residencia de niños pijos, y reconozco la zona al momento. Por aquí viven la madre y la hermana de Elías, recuerdo la casa, la calle, y el nombre de las dos, pero es gracioso que me sepa eso cuando ni siquiera recuerdo el nombre de mi propio padre.
El coche se aparca delante de un instituto típico de películas americanas, a excepción de que no hay nadie fuera de este, ni siquiera los otros chicos del proyecto.
-¿Esto es? ¡Faltan las nenas! –Exclama mi amigo cerrando la puerta al salir.
Imito su acción, y me extraño al ver que el agente se queda en el coche.
-Yo me voy, si no entráis en clase nos vamos a enterar desde la comisaría, luego vengo por vosotros.
Me parece raro lo que dice, y creo que es una broma, pero al ver el coche dar marcha atrás y recorrer la misma calle en dirección contraria me sorprendo y sonrío de lado.
-Este es gilipollas –suelto.
Elías se encoge de hombros y golpea mi costado señalando alguna parte con la cabeza. Dirijo mi vista hacia esa parte y doy con una morena recogiendo algunos de sus libros del suelo. Miro a mi amigo, que no tiene pinta de querer moverse, y me muevo hacia ella. No suelo ayudar a las personas, pero joder, es una tía, y está demasiado buena. Me planto delante de ella y me agacho para ayudarla a recoger. Eleva la mirada y sin evitarlo me quedo mirando sus ojazos azules, es guapa la chica. Mira sus libros y maldice en voz baja antes de cogerlos de mis manos y metérselos en la mochila. Estiro mis manos en su dirección y las acepta para levantarse con mi ayuda.
-Gracias –sonríe cálidamente –, soy Isis.
-Toda una Diosa –admito al reconociendo su nombre –. Mira qué casualidad.
Agacha la cabeza sonrojada y me admiro por eso.
-Emm... voy a clase –se disculpa, y pasa por mi lado sin levantar la cabeza – ¿Qué clase tienes? –logro escuchar que susurra.
Busco el horario en mis pantalones y lo desdoblo, haciendo una mueca al ver que tengo que ir a matemáticas, clase a la que no voy a prestar atención.
-102.
Sube la cabeza y sé que quiere decir, algo por la forma que tiene de morderse el labio. Busco a Elías por detrás de ella, pero no le veo, ya debe de estar en su clase.
-Es mi clase, ¿Vienes?
Asiento y la sigo unos pasos por detrás admirando su redondo culo. Joder, qué buena está con las mallas de hacer ejercicio.
-¿Eres nuevo? Nunca te había visto –frena el paso y me espera hasta estar a su lado.
-Digamos que soy nuevo –la miro desde arriba y ella me sonríe asintiendo.
-Ya estamos –señala una puerta de madera verde y asiento estirando mi mano para llamar.
Un hombre delgado, con el pelo blanco y vestido como un hippie nos abre, y deduzco que el profesor cuando manda callar a todos.
-¿Otra vez tarde señorita? –la pregunta.
-Lo siento profesor, pero hay gente a la que le gusta dormir en lugar de ir a manifestaciones en contra de la tala de árboles –sonríe inocente y pasa por un lado del profesor dejándole con la palabra en la boca, y a mí sorprendido.
- ¿Y usted es?
-Azael. Vengo del proyecto de criminales.
Da un paso atrás y sin que me diga nada me adentro en la clase, e inmediatamente todos empiezan a cuchichear como marujas. Busco un sitio con la mirada y lo encuentro cerca de la morena de ojos azules. Está sentada al lado de un friki con gafas. Paso de largo y me siento en una mesa individual para evitar molestias.
‹‹Joder que coñazo››
Apunto unas cuantas cosas más y guardo el único bolígrafo que traía en el bolsillo de mi chaqueta de cuero. No quiero seguir escribiendo.
-Señorita Blair ¿Puede decirme la solución al problema? –pregunta con una sonrisa el profesor, como si la tal Blair no pudiera hacerlo.
Busco a la chica por la clase, y doy con que es Isis, que mira la pizarra bajo la atenta mirada de todos. Coloca una sonrisa ladeada en sus gruesos labios y mira al profesor.
-Profesor, se ha equivocado haciendo la división, compruébelo.
El hippie observa su operación y hasta yo me he dado cuenta de lo mal hecha que está. Con un mal disimulo borra algunos números y rehace la división de su problema, poniéndola bien esta vez. Aparte de estar buena y ser guapa, es inteligente.
-¿Ahora cuánto da? –vuelve a preguntar.
-Veinticinco coma sesenta y dos kilos la unidad, claro, si no le sumamos el IVA que nos clavan porque les da la gana –añade, y recibe algunas risas de parte de la clase.
-Muy bien, recuérdeme que a la siguiente la eche la de clase.
Murmura algo con el chico que tiene al lado y este se ríe negando con la cabeza.
La clase da por finalizada, y nadie se mueve de su sitio esperando a que el profesor salga para así poder levantarse del sitio y hablar con sus amigos. La puerta se cierra detrás del hippie y al momento todos los estudiantes están de pie, algunos me miran, principalmente las chicas, y me jode decirlo, pero no son como esperaba. Seguro que en las clases de Elías están las más buenas.
-¿Cómo te llamas? –me pregunta una pelinegra, a la que las tetas se la van a salir por fuera de la camiseta si sigue inclinándose hacia adelante. Al no recibir respuesta de mi parte mueve la silla que tengo delante y que ha permanecido vacía toda la clase, y se sienta cruzando sus brazos debajo de su pecho y elevando sus tetas –Soy Lexa.
Asiento.
No es lo suficientemente guapa, tiene algo que la hace ver fea, aparte de que lleva más oro en pulseras y pendientes que una mina. Se nota que es una niña de papá, a pesar de vestir con pantalones largos negros y llevar una camiseta de los Rolling Stones muy escotada.
-Y a mí no me importa –espeto.
Abre la boca y la vuelve a cerrar al saber que no tiene mucho más que hacer, cómo no se saque una teta o algo no va a recibir mi atención. Ahora siento más miradas en mí, y me cruzo de brazos enarcando una ceja, a lo que todos vuelven a sus charlas, incluso la pelinegra se levanta de su asiento y retoma alguna conversación con sus amigas.
¡Ni siquiera tengo teléfono para comunicarme con alguien!
Unos toques en mi hombro me hacen desconectar, y miro a la morena que me sonríe con hoyuelos a los lados de los labios.
-Creo que esto es tuyo –susurra, y consigo divisar mi cartera en sus manos –se te ha caído al entrar en clase.
La cojo de sus manos y me la guardo de nuevo en los pantalones volviendo a mirar al frente.
-Gracias –murmuro.
-No es nada –canturrea con voz angelical.
Vuelve con el friki y me deja una espectacular vista de su culo cuando se acuclilla para buscar algo en su mochila. Esto no es bueno después de tres años a base de pajas. Se sienta en su sitio al igual que todos cuando llega el profesor y deja su mirada en mí unos momentos, hasta que creo que se da cuenta de que vengo por el proyecto, y abre los ojos antes de empezar con su clase.
-Buenos días a todos, en esta clase hablaremos de la reproducción sexual –mira mal a algunos que se ríen, incluyéndome a mí, porque aun siendo profesor de esto se ha sonrojado –el primer punto es...
Apoyo la espalda en la pared y deja de importarme todo, solo miro por la ventana la calle, hace tantos años que no la veía con tanta claridad y estando tan cerca... quiero poder salir y divertirme como un chico que está a punto de cumplir los dieciocho.
-¿Alguien puede explicarme en que se resume este tema? –pregunta al aire el profesor.
Bastantes manos se alzan al aire, pero especialmente recae otra vez en Isis, que pone los ojos en blanco y asiente.
-En... –mira a su compañero y ríe levemente negando con un gesto de cabeza –es el proceso de crear un nuevo organismo, a partir del material genético de dos organismos de la misma especie, y para que eso pase tiene que haber una actividad física denominada foll...
-Ni se le pase por la cabeza decirlo señorita –advierte.
Isis eleva las dos manos y recuesta la cabeza sobre una de sus manos.
Garabateo en mi cuaderno el suficiente tiempo hasta que suena la campana y nos dejan salir al patio, aunque me extraña que nos dejen a los del reformatorio salir, pero yo sigo a la masa de gente en busca de la cabellera decolorada de mi amigo, y cuando me parece verlo lo pierdo de nuevo de vista entre los estudiantes. Algunos tropiezan conmigo, pero otros ya me reconocen del proyecto porque ni siquiera me miran, bajan la cabeza y ni me rozan.
El patio de aquí es la hostia comparado con el del reformatorio, tiene una buena pista de fútbol separada de la de baloncesto, una cafetería con mesas y sillas al aire libre y dentro también, y es de hierba, no de hojarasca seca. Por fin logro ver a Elías, pero me retracto de acercarme a él cuando veo cómo se morrea con una rubia que no tiene culo, pero con lo salido que está le da igual. Camino unos minutos buscando un buen sitio para fumar sin ser visto y acabo apoyándome en la corteza de un árbol de espaldas a todos.
-Me he enterado de que hay siete chicos de un proyecto para criminales –escucho decir a una chica –, son chicos peligrosos, y esos chicos suelen estar muy buenos.
-No me importa de qué proyecto sean –esa voz sí la reconozco, es Isis –, solo te he pedido que me acompañaras a por una manzana.
Saco una sonrisa al oír su tono cansado.
Las veo pasar a tan solo unos metros de mí, y coger asiento en una de las mesas azules de la cafetería. La chica que acompaña a Isis se parece a ella, en el pelo y los ojos, pero el cuerpo no tiene ni punto de comparación. Isis hace referencia a su nombre el ser una Diosa, pero la otra apenas roza el ser del montón, por no hablar de sus melenas de león. Isis desaparece dentro de la cafetería mientras que la otra chica juega con el teléfono hasta que su amiga vuelve a salir con una manzana roja en la mano. Intercambian unas palabras y se callan de golpe al ver aparecer un chico moreno. Desvío mi vista hacia la calle que hay tras la gran verja roja que impide que salga al exterior y apago mi cigarro tirándolo y pisandolo. Seguro que ya está en boca de todos que venimos por el proyecto.
Joder tengo hambre, y ni siquiera nos dan dinero para comprarnos algo.
Rebusco en mis pantalones a ver si tengo algunas monedas, pero también llevo tres años sin usar dinero, allí en el reformatorio nos tenemos porqué pagar nada.
Escucho a alguien tararear una canción cerca de mí, por lo que busco a esa persona, y acabo con la cara muy cerca de la de Isis, que escucha música con los ojos cerrados y recostando la cabeza contra el árbol.
-¡Joder! –Exclama al verme, y se retira los cascos –Qué susto.
-No soy tan feo –bromeo.
-No, no lo eres –susurra, y se lleva las manos a la boca abriendo mucho los ojos –perdón, quiero decir que... –carraspea sonrojada –no sé lo que quiero decir.
-Tranquila.
Se retira el pelo de la cara haciéndoselo hacia atrás, y dejándome ver mejor sus ojos azules y sus mejillas rojas.
-¿Cómo te llamas? –pregunta. Ya estaba tardando.
Fijo mis labios en una fina línea.
-Azael.
Sonríe enormemente y asiente.
-Como el demonio –asegura soltando una risilla.
-Es raro ver a un demonio y a una Diosa hablando –opino.
-Lo es. ¿Estás aquí por el proyecto criminales?
-Mmmm... –Afirmo recostándome contra el árbol.
-Oh. Bien.
Nada, no pregunta nada acerca de porqué estoy en el proyecto, o si soy peligroso, o cualquiera de esas cosas que suelen preguntarme. Ella es diferente.
-¿Cuántos años tienes? –me pregunta.
Abro los ojos y me la encuentro de piernas cruzadas a mi lado con su mochila sobre las piernas.
-Diecisiete.
Asiente como si le interesara, y desvía la vista hasta más allá de mi cuerpo, fijándose en un grupo de chicas y chicos que nos miran seriamente. El mismo chico moreno que había con ella con en la mesa se nos acerca, y a medida que está más pegado a nosotros reduce la velocidad de sus pasos, y sé que es por mí. Se agacha hasta quedar en el oído de Isis y empiezan a hablar por lo bajo.
-¿Sabes interpretar signos, Daniel? –le pregunta al chico con una sonrisa.
-Supongo ¿Por?
-Interpreta este –le enseña el dedo y sonríe sarcásticamente al chico que frunce el ceño y coge aire con fuerza –, y cómo creo que lo has pillado a la perfección te pido que te vayas muy a la mierda.
Esta chica es la hostia.
El rubio me mira y se levanta retomando sus pasos hasta darse la vuelta y volver a dejarnos solos.
-¿Quién es él? –la pregunto, y creo que hasta la sorprende que abra la boca para formular una pregunta, pues se toma su tiempo hasta que sacude la cabeza y vuelve a mirarme a los ojos.
-El hermano de mi amiga –responde con simpleza.
Sé que quiere hablar más, pero se ve interrumpida por el timbre que nos anuncia que volvemos a retomar las clases. Me levanto y extiendo mis manos hacia ella para ayudarla. Sus manos sobre las mías se ven enanas, y tiro de ellas para que pueda ponerse en pie, sus mejillas adoptan color al quedar muy pegada a mi pecho, así que se separa de mí y recoge su mochila del suelo. Podrá ser todo lo gruñona que quiera con la gente, pero es demasiado vergonzosa.
Espero a que el grupo de gente que pasa por las puertas para volver a las clases sea de pocos estudiantes, y sin darme cuenta estoy agarrando la mano de Isis para que me espere. Sigue sonrojada, y no oculto la sonrisa de mi cara por ello.
-Vamos –suelto su mano y la sigo hasta traspasar las puertas dobles que dan al pasillo lleno de clases.
-Ahora tenemos música, pero ese profesor no suele venir la primera semana de clases –me explica.
Asiento a pesar de que no me puede ver y me cruzo de brazos.
-Todavía no me has preguntado si soy un criminal o si soy peligroso.
- ¿Lo eres?
-Sí.
-No me importa –se encoge de hombros y recoloca su mochila sobre su espalda –. No debe de ser bonito eso de que te llamen criminal, o que todos te tengan miedo, todos necesitamos a alguien para no sentirnos solos, y con qué una sola persona esté a tu lado dice lo suficiente como para saber que no eres ni un criminal ni eres peligroso. Además que lo que tú digas de ti mismo no es válido.
-¿Por qué no?
-Porque tú piensas en ti de una manera diferente a cómo el resto del mundo te ve.
-Todos me ven como a un criminal peligroso.
-¿Te piensas que estaría sola, contigo, y en un pasillo solitario si pensara que fueras eso? –pregunta, y consigue dejarme mudo. Se gira ante mi silencio y me mira con una sonrisa.
Sigue su camino y por fin nos adentramos en una clase con mesas individuales. Todos nos miran nada más entrar, y por lo que veo el profesor no llega, asique me siento en una silla de las del final y recuesto mi cabeza sobre mis brazos dispuesto a dormir.
Me veo interrumpido por la voz del director del centro llamándome, y no me extraña ver a los otros seis detrás cruzados de brazos. Alguno ya se ha metido en algún lío.
Me cuelgo la mochila y salgo de la clase sin importarme los susurros de las personas, el director, bajo y calvo nos mira de brazos cruzados.
-Debéis saber que en este centro están prohibidas las relaciones sexuales –su vista recae en un pelirrojo que viene con nosotros, y en mi amigo –. Entiendo vuestras necesidades, pero estáis aquí para reformaros, y hemos aceptado este proyecto por vuestro bien, no porque queráis reproduciros...
-Hey, siempre con condón –interviene Elías.
Nos carcajeamos todos y el director grita llamándonos la atención.
-Sé que algunos de vosotros salís del reformatorio en semanas –esta vez me mira a mí –, pero aun así seguirás en el proyecto.
-Vale –me limito a decir, y me giro para entrar de nuevo a clase. Me enfurece que se callen al verme, así que solo camino con la cabeza alta hasta la mesa del fondo y me siento – ¿Qué miráis? –Gruño.
Agitan la cabeza y siguen hablando con sus amigos. ‹‹Gilipollas››
-Azael...
Miro a la morena que me sonríe tímidamente y se muerde el labio.
-¿Qué?
-Necesito colgar el póster –señala un poster que lleva en sus manos anunciando que el comité escolar necesita ideas para hacer actividades extraescolares para niños pequeños –, y estás sentado justo debajo del corcho...
Asiento y me empujo con los pies en el suelo para arrastrar la silla hacia atrás. Murmura un audible ‹‹gracias››, y se coloca de puntillas para poder colgarlo. Sonrío al ver que no puede y me acabo levantando para ayudarla. Se tensa cuando nota mis manos en su cintura, y joder que cintura, cojo el poster de sus manos y lo clavo con una chincheta al corcho, soltando su cadera y fijándome en sus mejillas rojas a causa tanto mía como de las miradas curiosas de los demás.
Vuelve a su sitio y se coloca los cascos de nuevo moviendo el pie rítmicamente.
- - -
Recojo mis cosas nada más escuchar la sirena que da tiempo a la siguiente clase, y espero sentado a que el salón se vaya vaciando para salir. Acabo quedándome solo con Isis, que parece en su mundo con los cascos y apoyada en la pared. Me acerco a ella y la quito un auricular haciendo que me fulmine con la mirada.
-Ha sonado la campana hace minutos –informo.
Abre su boca y pienso en lo que será besarla, o sentirla alrededor de mi polla.
-Vamos –exclama, y coge mi mano para salir de la clase vacía.
Me suelta al salir al pasillo y se sonroja por su acción, creo que no se había dado cuenta de lo que ha hecho. Sonrío y cómo me encanta joder, agarro su mano y la sigo entre los estudiantes hasta estar metidos en una clase donde ya se encuentra el profesor.
-Buenos días señorita Blair, y usted es...
-Azael.
Isis suelta mi mano y se mueve rápido entre las mesas de las personas con las mejillas rojas.
El profesor con pinta de padre amargado me envía a sentarme sin preguntarme nada, solo mira un papel y traga saliva al mirarme. Me revuelvo mi pelo castaño con la mano y observo la clase tomando asiento detrás de Isis y el friki que va con ella y se ha saltado la otra clase.
-Ese chico es peligroso Isis –la dice el chico.
-¿Cómo también lo era el perro del vecino que acabó lamiéndome la cara? Por favor Matt, no digas estupideces.
-Te quiero mucho, eres mi mejor amiga, asique si ese tío bueno te descuartiza y te encuentro hecha trocitos en la nevera iré a tu tumba solo a reclamarte el no haberme hecho caso.
-No es un asesino –ríe ella, y ¡Oh, joder! Que risa.
-Haré que lo pongan en tu lápida: ‹‹No es un asesino, pero estoy aquí porque me mató››
-Muy gracioso –ironiza.
El profesor los llama la atención, y me desconecta de su charla sobre quién creo ser yo.
-Solo te digo que ese chico te va a perjudicar.
-No sé cómo, ¿Le has visto?
Sonrío de lado el ver cómo se muerde el labio y suspira.
-Cómo para no verle, entiendo tu punto, porque vamos, está bueno, pero da miedo –susurra, y me hecha una rápida mirada. Elevo la cabeza a modo de saludo.
-Déjame, que no me entero lo que habla al profesor.
Saco una libreta y apunto las pocas cosas que explica el profesor. De vez en cuando saltan algún que otro comentario los alumnos, y el profesor parece estar a punto de arrancarse los pocos pelos que le quedan.
-¿Qué vas a hacer por tu cumpleaños? –escucho el susurro del friki.
-Si mi padre quiere procuraré hacer que él y mi madre se junten, si no, podemos ir a patinar, o a la playa –la morena se encoge de hombros y sonríe.
-Muy bien alumnos –carraspea el profesor –, necesito que por parejas de dos rellenéis un formulario de preguntas, y necesito que os conozcáis para una futura actividad, asique colocaros por parejas.
Pongo los ojos en blanco sabiendo que me voy a quedar solo, prefiero a eso a tener que aguantar a algún gilipollas que me toque los cojones, y sé que con esta actividad tendré que quedar con alguien, porque con lo cabrón que es el profesor no nos deja hacerlo aquí, y paso de que alguien venga al reformatorio.
-Azael, ¿Te puedes poner conmigo?
Estoy a punto de responderle que no a la morena, pero no sé qué cojones pasa, acabo aceptando, y ella sonríe dejando a la vista dos maravillosos hoyuelos. Miro el friki de su lado y solo pone los ojos en blanco y ríe.
-Toda una suicida ¿Eh? –le pregunta su amigo.
Ella se recoloca mirando hacia delante y asiente.
-Tú me has cambiado por tu novio, y no voy a hacer el trabajo sola. Es por parejas –le explica pronunciando lentamente la última frase –, además que a mí no me parece peligroso, es un buen chico.
Elevo las cejas ante su tono seguro y sonrío. ‹‹Asique el friki es gay –pienso››
-Podéis empezar, colocaros con vuestra pareja en la mesa y ahora os reparto las cosas.
La clase se revoluciona y de un momento a otro Isis me está pidiendo que me siente a su lado. Sonríe y apoya su mochila en la mesa, sacando unos caramelos de menta de esta.
-¿Quieres? –ofrece.
Asiento y la cojo uno de la mano.
-Gracias.
-No es nada –asegura, haciendo un gesto para restarle importancia –. Gracias.
Coge el papel que nos da el profesor, y le sonríe a modo de agradecimiento.
-Mira, ya que tú estás por el proyecto y tienes que volver al reformatorio nada más acabar las clases os dejo que os quedéis aquí en el recreo para hacerlo ¿Os parece? –nos ofrece, y yo miro a Isis, que me mira y se muerde el labio antes de asentir –bien, pero necesitaréis más de un recreo.
Se aleja de nuestra mesa y sigue hablando con algunos alumnos hasta que se sienta en su silla y empieza a leer el periódico.
-Mmmm... Bien –murmura la morena a mi lado y saca un bolígrafo de su estuche negro – ¿Quién empieza?
-Tú.
-Vale pues... ¿Cómo te llamas? –Ríe por la pregunta y apunta mi nombre en el papel – ¿Tienes hermanos?
-No.
La veo escribir mientras muerde el labio, y joder, ahora tengo veinte minutos a solas con ella y aquí dentro, si no me la follo pronto, reviento.
-¿Cómo te apellidas?
-Kahler.
-Uh... ¿Familia alemana? –inquiere.
-Sí.
-¿Cuántos años tienes? –Vuelve a reír y apunta mi edad – ¿Zona residencial?
-Reformatorio –me limito a decir.
Asiente y vuelve a morderse el labio provocándome.
-Ahora son las preguntas que te tengo que hacer porque yo quiera ¿Vale?
-Claro.
Se queda pensando unos momentos, con la barbilla apoyada en la palma de la mano, hasta que sonríe y abre la boca, pero se ve interrumpida por la sirena, haciendo que los estudiantes se vayan corriendo al patio. El profesor espera a que todo esté vacío para avisarnos de que cerrará la puerta con llave para que no nos echen, y se despide de nosotros cerrando la puerta detrás de él.
-Si tuvieras un poder ¿Cuál sería?
Enarco una ceja y se encoge de hombros.
-No tener sentimientos.
Sonríe ampliamente y lo apunta junto el resto de respuestas.
- ¿Por qué no hablas casi?
-Prefiero gastar saliva en otra cosa –sonrío pícaro hasta notar sus mejillas rojas –. No soy mucho de hablar con gente –explico, y levanta la cabeza sorprendida –, llevo años encerrado en el reformatorio sin salir, y no estoy acostumbrado a hablar con Diosas.
-Debes dejar de hacer eso –pide, y coloca sus manos en sus mejillas –. Debo parecer estúpida con las mejillas parecidas a un tomate.
Suelto una carcajada y me mira unos segundos entes de volver a las preguntas.
-Me gusta hacer sonrojar a chicas bonitas –confieso.
- ¿Cuál es tu palabra favorita? –se apresura a preguntar.
- ¿Es enserio? –Me burlo, pero al ver que asiente me callo –. Sexo.
-Está bien –lo apunta entre risas y ahí vuelve, se muerde el jodido labio –. Te toca.
- ¿Tu edad? –pregunto leyendo el papel de preguntas.
-Diecisiete.
- ¿Zona residencial?
-Urbanización –murmura jugando con sus dedos.
- ¿Cuántos novios has tenido? –me recargo contra el respaldo de la silla y la miro de brazos cruzados.
-Tres.
Lo apunto en una hoja que arranco de mi cuaderno para saber cosas de ella, y la sonrío aclarándola que la necesito para que no se junten nuestras respuestas en la hoja.
- ¿Eres virgen, Isis?
Abre los ojos a más no poder y ríe. No me extrañaría que no lo fuera, está buenísima, y si fuera cualquiera de sus novios me la hubiera follado sin pensar.
- ¡Azael, eso no vale! –exclama y deja caer sus manos a los lados de su cuerpo.
-Contéstame nena, no será tan malo.
-No, no lo soy –admite.
-Vale, ya me he cansado, seguiremos otro día –sentencio y guardo las cosas en mi mochila.
-Pero tenemos que hacerlo, no creo que...
-Mañana lo haremos, no te estreses.
- ¿Te puedo preguntar qué hiciste para estar en el reformatorio? –cuestiona temerosa y jugando con sus dedos.
Paso la vista por su cuerpo y me quedo parado mirando su escote resaltado por su camiseta negra ajustada.
-Sí puedes, otra cosa es que yo te responda.
- ¿Qué hiciste?
Ante su susurro me giro hacia ella y acerco su silla a la mía, riendo al ver cómo la comen los nervios. Sin importarme que probablemente me lleve una hostia acerco mi cara a la suya, disfrutando de su olor y de su reacción ante mi cercanía. Cierra los ojos y se relame los labios, dejándolos húmedos y haciendo que resalte más su rosa natural.
-Maté a mi padre –respondo con simpleza.
Abre los ojos y se queda quieta en su sitio, mirándome solo a los ojos. Sube las piernas lentamente a la barra de la silla y se abraza las rodillas.
- ¿Matas personas? –ladea la cabeza y suelta un suspiro.
-No, solo a él –susurro a punto de besar sus labios –. Era un cabrón que se lo merecía, y no tengo miedo a confesarlo, es lo que fue.
- ¿Qué te hizo para que llegaras a asesinarlo?
El ambiente ya no es divertido, es todo lo contrario, serio y sin ninguna broma de por medio. Sus ojos parecen tenerme miedo, pero la forma en que inclina su cuerpo hacia delante me dice lo contrario. Baja su vista a mis labios, y por inercia una sonrisa burlona se instala en mi cara.
-No me gusta que toquen a las personas que quiero, y él tocó a mi madre de una manera que nunca debió hacerlo –escupo las palabras, y voy apretando cada vez más el respaldo de su silla.
- ¿Y tu madre? –consigue preguntar con la voz casi tartamudeando.
-En su casa.
Asiente y se destensa, parece que no importa que acabo de confesar que he asesinado a mi propio padre, pero consigue separarme de ella con las manos en mi pecho y suspira relajándose.
- ¿Me matarías y descuartizarías si te hiciera enfadar?
-Lo último que haría con tu cuerpo sería dañarlo.
Crea una cortina con su pelo impidiéndome verla, porque imagino que está roja.
- ¿Cuándo sales del reformatorio?
-En unas semanas que cumplo los dieciocho.
Asiente y vuelve a mirarme con las mejillas menos sonrojadas.
- ¿Tienes amigos?
-Sí, solo uno, pero no necesito más.
-Ahora tienes dos –sonríe y se levanta de la silla sentándose encima de la mesa –, sé lo que es tener un solo amigo y que cuando esté ocupado no te haga ni caso, asi que ya tienes dos amigos
-Si lo que quieres es ligar conmigo solo me lo tienes que pedir, no hace falta pasar por ser amigos.
Ríe y golpea mi hombro con cuidado.
-No quiero ligar contigo... haber no es porque seas feo, porque no lo eres –se corrige al momento –estás bueno y eres muy guapo, pero... –balbucea –mierda, sigo hablando demasiado.
-Me halagas Isis –río.
Sus dientes blancos atrapan su labio, dándome unas ganas tremendas de mordisquearlo y hacerle gemir.
-No hagas eso, me dan ganas de follarte descontroladamente contra la mesa.
Para de morderse el labio y vuelve a girar su cabeza en otra dirección evitando mi mirada, usando así también su pelo como una barrera entre nosotros.
-Ya va a ser la hora de volver a clase –hace una mueca con sus labios y se vuelve a sentar en su sitio –. Tenemos biología y la última es historia, pero los primeros días solo vemos una película de mierda sobre la conquista de América –me explica.
-Me voy a dormir en las dos clases –me encojo de hombros y muevo mi mochila a la mesa de atrás –. Guarda tú la hoja de preguntas, yo la perderé.
Asiente y la dobla cuidadosamente para guardarla en el bolsillo exterior de su mochila.
-No eres tan malo a cómo se rumorea, todos dicen que eres el peor de los siete, pero a mí no me lo pareces –susurra.
-Hay una gran diferencia entre lo que ellos digan sobre mí, y la realidad de mis actos.
Me siento en la silla de la mesa un puesto atrás y obligo a Isis a darse la vuelta y mirarme para hablar.
- ¿Tú amigo es el chico de pelo blanco que había esta mañana contigo? –pregunta, y apoya la barbilla sobre el respaldo de la silla.
-Sí.
-También está en el proyecto ¿No?
-Sí.
- ¿Por qué aceptasteis venir? A nadie le gusta estudiar por muy necesario que sea.
-Yo quería salir unas horas del reformatorio, llevaba tres putos años sin salir de allí, y por muy raro que te parezca, no soy gilipollas.
-Lo sé. He visto tus apuntes cuando has sacado el cuaderno, todo estaba genial.
La sirena se vuelve hacer presentes y consigo, los primeros alumnos que nos miran intercaladamente con miradas cómplices. En pocos minutos están todos sentados, y una señora bajita, con andares de pingüino y un maletín se presenta ante la clase y da comienzo su hora.
Me cruzo de brazos sobre la mesa, y maldigo al gilipollas que ha puesto la calefacción bajo la ventana. Me levanto en mitad de clase, ganándome una mirada desaprobatoria de la profesora y el resto de miradas de los alumnos mientras me quito la chaqueta, dejado a más de una mirándome los músculos del brazo, y el tatuaje en forma de brújula que cubre la parte trasera de mi bíceps. Sonrío con ironía y me siento de nuevo en la silla.
- - -
-Azael, tsss... Azael –escucho un susurro, y reconozco por la voz a Isis.
- ¡Colega despierta! –golpean la mesa y al momento golpea con fuerza el estómago del gilipollas, que resuelta ser Elías –Hostias...
Me paso una mano por el pelo y me veo en el reflejo de la ventana. Tengo el pelo alborotado, y mis ojos siguen siendo los mismos ojos marrones y sin expresión de siempre.
-Ya han acabado las clases –ríe la morena, y apoya su mano en el hombro de mi amigo.
-Estoy bien, estoy bien –asegura irguiéndose y cogiendo su mochila del suelo.
- ¿Seguro? –se muerde el labio y sonríe matándome por dentro. Necesito follar pero ya.
-Vale... me tengo que ir, nos vemos mañana –rodea a mi amigo y se pone de puntillas para darme un beso en la mejilla, y otro a Elías a pesar de no conocerlo, y sale disparada hacia la salida.
-Joder... está buenísima –suspira Elías – ¿Ya te la has follado?
-Que va, de momento somos amigos –me coloco la mochila y tiro de la pechera de su camiseta para que ande.
Todo está ya vacío, y al salir diviso el coche patrulla con el policía de esta mañana fumando a un lado de este.
- ¿Te queda tabaco?
-Tengo un paquete más en la habitación –susurro, y pongo una sonrisa falsa al meterme en el coche bajo la mirada del oficial –. Dentro de un mes esto se acabará, por fin saldré.
-Eso tú cabrón, a mí me quedan todavía dos meses para los dieciocho y mi condena se cumple en mes y medio. ¿Ya sabes dónde vivir?
-Qué coño voy a saber, mi madre... sería una opción, pero no creo que a mi abuela le haga gracia que vuelva.
-Joder, ¿Esa vieja todavía sigue...?
- ¡Eh, cuidado que es mi abuela! –exclamo.
El policía conduce por las calles con lentitud, como si no le importara tardar un día en llegar, y me empiezo a estresar.
-Y esa tal... Isis ¿Qué te traes con ella?
-Solo es mi amiga, hasta el momento en que la folle.
-Mmmm... ¡Hermano! He follado con una rubia que joder... tenía unas tetas, y un culo...
Pongo los ojos en blanco y me carcajeo al ver las exageraciones de mi amigo.
Nos bajamos a las puertas del reformatorio, camino sin preocupaciones dentro de la cárcel para menores, seguido de mi amigo.
- - -
-Buenos días –me saluda Isis al verme entrar en clase. Vuelve a ponerse de puntillas como hace apenas veinticuatro horas y deja un beso en mi mejilla.
-Hola –tiro la mochila en el suelo y me apoyo en la mesa para esperar al profesor.
- ¿Qué tal estás? –pregunta, y juega con sus dedos nerviosamente.
-No mejor que tú, eso te lo aseguro –me muerdo el labio al ver su ropa de hoy, esta chica quiere acabar conmigo.
- ¿Gracias? –Ríe –He pasado antes por la sala de profesores, y el profesor de valores éticos nos deja quedarnos en los recreos para avanzar con el trabajo, aparte de que tenemos que poner veinte cualidades de la otra persona.
-Está bien, lo haremos.
- ¡Isis! –exclama el friki con gafas de pasta. Se acerca a nosotros con pasos temerosos y dirige la vista a su amiga –El viernes no me pases a buscar, me voy con mis padres a celebrar el cumpleaños de la abuela.
-Pero estamos a martes ¿No me lo tendrías que decir el jueves? –alborota el pelo rojizo de su amigo y le saca la lengua.
-A ti todo hay que decírtelo con antelación, si no te alteras por darte poco tiempo a hacerte a la idea de las cosas.
-Puede ser... –mira hacia la puerta, donde un chico rubio saluda y traga saliva al verme. Enarco una ceja y desvía la vista de mí –te llama tu novio.
-Me voy, nos vemos cuando empiece la clase.
- ¡Hey! ¿A dónde vas? –coge el brazo del friki y lo pone delante de mí.
Se recoloca las gafas de pasta y levanta la cabeza para mirarme.
-Hola –susurra.
Sonrío sin ningún tipo de intención de hacerle nada malo al chico, porque de verdad que me va a ir mal en la vida si sigo con mi actitud de mierda, y estiro una mano en su dirección. La mira detenidamente unos segundos, y creo que tanto él como Isis se sorprender, pero ella solo sonríe mucho y le incita a que me estreche la mano.
-Matt, él es mi amigo Azael, Azael, te presento a mi mejor amigo gay Matt.
El chico bufa y la mira con las cejas elevadas.
- ¿Siempre tienes que saltar con que soy gay? –espeta, pero con diversión.
-Lo siento, pero me hace ilusión tener un amigo con unas preferencias sexuales como las tuyas –entrelaza sus dedos delante de su cadera y sonríe inocente.
Pone los ojos en blanco y me estrecha la mano con menos miedo. Se despide con la mano y Sale casi corriendo de la clase lanzándose a los morros de su novio para darse el lote. Cojo las caderas de Isis, que estaba distraída leyendo el póster que colgué ayer de la pared, y ahoga un grito cuando la posiciono entre mis piernas acercando mi boca su oído para que solo ella me escuche.
-Me importa una puta mierda conocerte de hace dos días, en cuanto salga del reformatorio te llevaré a una cita. Tú. Yo. En la playa. Solos.
Tiembla cuando rozo con mis labios su oreja, y al separarme de ella la veo demasiado roja y con las manos intentando taparse las mejillas. Me sonríe y camina a pasos lentos hacia atrás, a la par que su coleta se mueve graciosamente con ella.
- ¿No me lo tendrías que preguntar?
Me encojo de hombros y sonrío ladinamente.
-No creo.
- ¿Tengo opción de decirte que no? –inquiere con gracia.
-Claro que no, nena.
Eleva el rostro y veo la pequeña sonrisa que amenaza con salir de sus labios.
-No entiendo por qué todos te temen, tu nombre no hace referencia a ti.
-A ti el tuyo sí, sin duda eres una Diosa.
Se mueve dando pequeños saltitos hasta su sitio y se me queda mirando con sus ojos azules un buen rato, a pesar de ser el centro de atención de unos cuantos parece no importarla, solo me mira y de vez en cuando la sonrío haciendo que se ruborice y cambie la mirada a otro lado.
Me siento en la otra punta del final de la clase y paso toda la hora de literatura apuntando mierdas y haciendo algunos ejercicios que no sirven para nada. No pasan muchas cosas interesantes, solo algunas bolas de papel pasándose entre alumnos, la profesora con el móvil, y las mismas putas ganas de salir de aquí.
Recuerdo las palabras que anoche me dijo un celador cuando le di con la porra en el abdomen: ‹‹Si quieres que algo te salga bien en la vida, cambia de actitud chaval, no conseguirás nada siendo un jodido matón››
Espero con ansias que las dos primeras clases se acaben, quiero poder descansar el cerebro y contra más rápido pase todo mejor, quiero volver a dormir, y poder tener por fin una jodida casa con una cama en condiciones, y un baño al que no me tengan que escoltar, y joder, que la comida sepa bien.
La clase se vacía e Isis me llama para que me siente a su lado y avanzar el trabajo. Recorro la distancia que nos separa y me siento a su lado intentando parecer mejor persona, porque me jode decirlo, pero necesito serlo.
Necesito ser bueno si no quiero pudrirme en la entrada de algún supermercado para conseguir comida o dinero.
- ¿Empiezas tú o yo? –pregunta, con esa sonrisa que lleva siempre con ella.
-Tú.
Ríe levemente y se lleva un mechón rebelde detrás de la oreja.
-Emm... ¿Cuál es tu mayor sueño?
-Tenerte en mi cama.
Noto la sonrisa en su voz cuando dice:
-Me temo que será difícil, los amigos normales no hacen eso.
-Será difícil, no imposible –la guiño un ojo, y sin evitarlo acaricio su clavícula haciéndola estremecer –. Mi pregunta, ¿Cuán dispuesta estarías a estar conmigo?
Mi pregunta la desconcierta, y frunce el ceño sin llegar a entenderme, pero solo quiero saber si estará ahí para mí a pesar de todo por lo que la haga pasar, porque he de ser sincero, ella me atrae demasiado, y sé que por consecuencia de eso nos voy a meter en problemas. No digo que me enamore de ella, pero no soy responsable de lo que ella llegue a sentir.
-Hasta el final –escucho su susurro.
Me alejo de su silla a la que me había acercado demasiado y la sonrío dando válida su respuesta.
-Pregúntame.
- ¿A quién quieres más en este mundo?
-Querer es una debilidad que no estoy dispuesto a tener.
Sus ojos azules me miran esperando que diga algo, como que es mentira o una broma, pero solo asiente y sigue apuntando en el papel.
- ¿No quieres enamorarte nunca?
La sonrío. Se está metiendo en un terreno que no debería explorar, pero aun así, sabiendo que puedo jodernos a los dos me atrevo a decirlo:
-Si es de ti no me importa.
Sus labios se quedan entreabiertos, y sus un pequeño rubor se hace presente por toda su cara, dándome ganas de estrujarla y abrazarla.
- ¡No digas eso! –exclama.
-Podría acostumbrarme a hacerte ruborizar, será mi nuevo pasatiempo.
Sonríe de lado y sacude la cabeza antes de volver a coger su bolígrafo y anotar más cosas.
-Pregúntame algo.
- ¿Tu hobby?
-La música, sin duda. Es una de las mejores cosas de la vida.
Anoto eso en una hoja de la parte trasera de mi cuaderno, y apunto unas preguntas más para después.
- ¿Tienes libre el día seis de octubre?
-Sí, creo... ¿Qué tiene que ver esto?
-Ese día pasarás a por mí por el reformatorio –sonrío y le apunto la dirección en un papel.
- ¿Y por qué habría de hacer eso?
-Porqué de aquí a esa fecha ya nos habremos besado unas cuantas veces y estarás loca por mí –aseguro.
-Eres increíble –ríe. Coge el papel de encima de la mesa con la dirección del reformatorio y se lo guarda en la funda del teléfono.
-Lo sé, no hace falta que confirmes lo obvio.
Se sobresalta al escuchar la sirena anunciando el final del primer recreo, y suelta un suspiro.
-Hasta luego –beso su frente en un rápido toque y baja la cabeza hundiéndola en sus manos mientras mueve las piernas.
Me siento de nuevo en la silla del otro lado de la clase y me dedico a hacer todas las putas cosas que quieren los profesores. Las clases de literatura y biología son un completo asco, literalmente, y más cuando me preguntas cosas como si fuera gilipollas y no supiera contestarlas, pero que sin embargo contesto mejor que la mayoría de clase. Observo a Isis y empiezo a numerar veinte cosas sobre ella. 1) La gusta la música, 2) Es sarcástica, 3) Siempre lleva con ella unos cascos, 4) Quiere a su familia a pesar de tener padres divorciados, cree poder juntarlos de nuevo a pesar de que ella misma se engaña creyéndoselo posible, 5) Su mejor amigo es un friki de primera...
Suspiro pesadamente admirando el reloj, y contando los quince segundos que quedan para que empiece el siguiente recreo, dónde tengo pensado hacer las preguntas corriendo y ponerme a dormir.
Once, diez, nueve, ocho, siete, seis, cinco, cuatro, tres, dos, uno...
Todos se levantan con su típico paso apresurado, empujándose entre ellos e incluso el profesor, y solo queda el friki de Matt hablando con Isis unos segundos hasta que se despiden y me muevo hacia su lado.
-Solo nos queda poner veinte cosas sobre la otra persona ¡Y ya estaría!
Asiento y vuelvo a sacar el papel que he usado, me quedan quince cosas sobre ella, y estoy dispuesto a saber bastantes más en un largo periodo de tiempo.
- ¿Es enserio? –pregunta señalando el cuatro. Asiento y en ella se forma una sonrisa.
- ¿Llevas algo sobre mí? –estiro el cuello y logro su folio en blanco. Se lo arrebato de las manos y empiezo a escribir cosas sobre mí viendo a ella escribir sobre ella misma en mi papel. Se lo cambio tras unos minutos y cada uno guarda el suyo en la mochila –Me voy a dormir.
-Está bien –susurra, y saca los cascos de su bolsillo de la mochila.
-Isis.
- ¿Qué?
Tomo su mentón y aprovecho su desorientación para besarla, y ¡Dios!, como besa. No tarda nada en enredar sus manos en mi cuello y acercarme a ella, jugando con los pelos de mi nuca. Arrastro su silla hacia mí para quedar más juntos, cojo sus caderas entre mis manos y la subo a la mesa poniéndome entre sus piernas. Joder, no recuerdo haber dado un beso como este nunca. Ahora entiendo por qué no es virgen. Su lengua juega con la mía, y a pesar de conocernos de hace dos días me tomo la confianza necesaria para meter mis manos dentro de su camiseta. Siento su piel erizarse bajo mi tacto, y empujo sus caderas hacia mí sobre la mesa creando más fricción entre nuestros cuerpos. Sonríe y con la respiración agitada se separa de mí, no sin antes mordisquear mi labio inferior haciendo que un gruñido se me escape. Podría acostumbrarme a besarla, cosa que voy a hacer.
-Acostúmbrate –la susurro.
-No sé por qué, pero me siento terriblemente atraída por ti –admite, y se lleva un dedo a los labios.
‹‹Yo también››
-Todas quieren un chico malo –sonrío, y la aparto el pelo de la cara.
- ¿Porqué? ¿Por qué me besas?
-Me apetecía, suelo hacer las cosas cuando quiero sin importarme las consecuencias, y estoy seguro de que quieres más ¿Verdad? –acerco mi rostro al suyo, viendo su vista desviarse de mis ojos a mis labios constantemente, se humedece los labios con la lengua y cierra los ojos unos segundos antes de abrirlos y mirarme fijamente con sus ojos azules –, dilo Isis.
-Más.
Sonrío y la bajo de la mesa con cuidado sentándola en mi regazo. ‹‹Mala idea›› Llevo años a base de pajas, y que ahora esté sentada encima de mí no ayuda mucho a mi autocontrol. Sus manos despeinan mi pelo constantemente, tironeando de mis raíces y excitándome raramente, puede ser por el escaso contacto femenino de estos años, o porque soy un salido de primera, pero ya me la imagino desnuda y debajo de mí, gimiendo y gritando mí nombre mientras se corre. Saco esos pensamientos de mi mente y con mis manos en su nuca la pego más a mí, intensificando el beso. Nuestros labios se mueven en un baile bruto y sensual que nos calienta a los dos, mientras que nuestras lenguas se empujan y hacen que esta acción sea mucho más caliente. Ella sabe a menta, y a partir de ahora será mi sabor preferido. Ni si quiera yo mismo entiendo está atracción que nos tenemos, pero no me importa, hay gente en discotecas que a los diez minutos de hablar ya han follado y es posible que la chica ya tenga hasta un embarazo no deseado.
Solo puedo decir una palabra: genial.
Apoya las manos en mis hombros y coge aire en un intento de calmar su respiración, pero es en vano, estamos demasiado agitados.