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Pídeme que me quede

Pídeme que me quede

Autor: : Sieteletras
Género: Romance
Si te obligan a casarte con alguien a quien no conoces, no amas, no imaginas y mucho menos has visto. ¿Qué harías? -Yo escape con alguien que para mí era el amor de mi vida en ese momento. Gran error, pero no hay nada de que arrepentirse o alarmarse, siempre escogería la misma opción, escaparme y vivir. Nunca vi nada fuera de mi casa, nunca supe que era pasar hambre o trabajar, pero ahora sí. Se que metí en aprietos a mi familia, pero espero jamás encontrarme con el hombre a quien deje plantado en esa iglesia. Me quedo sentada en el parque de la universidad mientras pienso en que es lo que haré en la noche, trabajar nuevamente y es inicio de mes así que debo de obtener las mejores marcas hoy y así asegurar un mes relajado. Se que si mi familia se entera donde trabajo estarían muy avergonzados de mi, pero no me importaría si eso me da independencia, además yo no hago nada malo. "Bailarle a millonarios no es malo, si claro" - dice mi conciencia. -Cardy B lo hacía y mírala ahora - le respondo. -Ella tenía talento, algo que tú no tienes o bueno no sabes cantar... Pongo mis ojos en blanco y cuando estoy por dar un paso hacia adelante alguien cubre la luz del sol. Lo miro a los ojos y el a los míos. Mierda mi Jefe!

Capítulo 1 La Gata

La vida se encarga de reunirnos con las personas que menos esperamos pero que necesitamos en ella. Cada persona no llega a nuestra vida por qué sí, siempre hay un motivos - esa frase siempre repetía mi abuela quién conoció al amor de su vida y con quien compartió muchos años juntos.

Era noviembre cuando se dirigía a su trabajo, para ser exactos a su segundo trabajo nocturno, con sus tacos altos, su vestido rojo pequeño y sus uñas pintadas, el cabello suelto largo, caminaba robando las miradas de hombres y mujeres, caminaba con seguridad y con la mirada sobre los hombros de los demás, con cierta arrogancia en su sonrisa, los ojos con un delineado perfecto, sus pestañas postizas largas, sus labios del mismo tono que su vestido.

Los hombres querían acercarse pero con una sola mirada de ella el miedo los detenía, miedo porbsu forma de caminar hacia que todo hombre la vea peligrosa y muy segura, algo que a los hombres realmente no les agrada mucho.

Ella caminaba mirando la larga fila del Club, los hombres la miraban apreciando su belleza, esos ojos ojos azules intensos los miraban a todos con desdén. Él de vigilancia le alzó las mano y ella también le alzó la mano, relajo su rostro y sonrió. Algunos sucumbieron a sus fantasias más extremas y ella lo podía ver, esos ojos de deseo en sus rostros.

Pero este era su trabajo, está era la manera en la que se ganaba la vida y ellos eran sus fuentes de ingreso.

Tocó la puerta de la parte de atrás del Club.

-El código...

-Jodete, mirame a los ojos - ordenó.

El vigilante la miro.

-Eres uno nuevo, Bien dale gato negro de color celeste.

La puerta se abrió. Agarró de las mejillas al nuevo vigilante.

-Eres lindo -dijo con una sonrisa al costado.

El vigilante queda hechizado por sus labios carnosos y esos ojos celestes, su cabello perfectamente planchado y cuidado.

-Eres mudo, a mi me encanta los que hablan - dice ella muy coqueta, arregla su camisa y quita las pequeñas manchas de polvo de su saco.

Camina como si estuviera en un pasarela. En los vestidores la miran y sonríen.

-Gata llegas cinco minutos tarde.

-Llegue para la función.

-Veo que estás lista.

-Siempre mi amor - dice ella.

Camina hacia su lugar, todas tienes sus propios tocadores, donde ponen sus cosas, maquillaje ropa, accesorios, lo que ellas quieran. Ella tiene su tocador de color blanco con luces blancas, se mira al espejo y solo se limita a sonreír, pero detrás de esa encantadora sonrisa se esconde un mundo de emociones.

-Gata - grita el animador.

-Tu turno gata déjalos secos - dice su amiga, quién la toma por los hombros dándole ánimos.

Ella se levanta de su lugar y camina. Se pone su máscara. Sus tacos son sencillos, a mismo elegante.

Ella camina hacia un tubo metálico, mira a todos por encima de los hombros y comienzan a mover sus caderas de un lado al otro, sube y baja ese tubo, sus caderas se mueven lento, agarra el tubo y comienza a dar vueltas.

Ella ve a los hombres mirarlas y se siente poderosa, siente que puede obtener lo que quisiera con solo chasquear los dedos.

Se quita el vestido para quedar en un lencería sexy y ve a los hombres gritar.

Ella mira a sus amigas y con la mirada ordena que avancen, las tres comienzan a caminar por la pasarela y los hombres le van tirando dinero, mientras sus amigas toman el dinero ella no lo hace, sabe que al final de la noche a ella siempre le pagan más.

Camina en dirección hacia adelante, deleitando a todos con su caminar, parece una modelo.

-Quitate la máscara - gritan.

Pero una regla básica de ella cuando ingreso a trabajar fue no hacerlo y se lo respetaron, aún nadie comprende porque los jefes aceptaron el trato, pero sin duda ella tiene demasiados privilegios.

Espera a que sus amigas se le unan al final de la fila, para bajar. Ella como una digna dama que finge ser, alza su manos y los hombres se mueren por tomar su mano, ella busca con la mirada a alguien y lo ve ahí sentado sin el más mínimo interés en alguna mujer, se toma la molestia de bajar y pasar por su mesa, pero él no le hace caso.

Su sonrisa aparece, es vacilante pero decide dejarlo por esta noche. Los hombres sabe cuál es su modalidad de pago, cuando ella pasa por sus mesas y se deja tocar y ella les toca el cuello y les muerde la oreja hace que todos manden sumas de dinero grande.

Sus amigas no comprenden que tiene ella de especial para que sus pagas sean superiores pero ella al ser una estudiante de marketing y publicidad sabe como jugar con las mentes de estos hombres.

Ha dado 45 minutos de show, de caminar por tantas mesas y acariciar, hablar, susurrar decide irse.

- Cat Black - le dice alguien quién la invita a sentarse.

-Querido - dice ella, extiende su mano y él la toma, le da un ligero beso en su mano, ella se sienta.

Todo en ese club son clientes recurrentes, ya conocen su genio, sabe que es capaz de hacer y cómo es que le toleran tales actos.

- Espero que está vez me aceptes cenar conmigo - dice mirando al joven. Ella mira de arriba a abajo su rostro y sonríe hacia un costado.

Se puede notar el nerviosismo de el muchacho, ella inclina la cabeza hacia un costado.

-Pide que me traigan mi vestidos y habla con el jefe y te acompaño - susurra en su oído.

El joven sonríe y no puede con tanta emoción, asiente con la cabeza. Se pone de pie y con él el resto de chicas.

Capítulo 2 Vestido

Ella mira a las chicas y sonríe, ella la miran con rabia, algunas no le pueden sostener ni la mirada. Ella mira hacia otro lado y ve como el joven se ha tomado la molestia de ir por su vestido, lo alza en sus manos.

Ella se pone de pie y se acerca a él.

- ¿ Me pedirás que me quite la máscara? - le pregunta tomando su vestido.

-No veo que sea necesario.

-Bien, sube cenaremos en el tercer piso - dice ella.

Ingresa a los camerinos y mira a sus amigas.

-¿Hoy quién tomo tu vestido? - le pregunta una rubia que se está retocando los labios.

-Un dulce muchacho, me imagino que debe tener mi edad.

-¿veinticinco? - pregunta nuevamente la rubia.

-Si me imagino...

-Que suerte tienes Black, nosotras con puro viejo - dice una pelirroja algo molesta.

-Ya les dije que ustedes escogen hasta donde quieren llegar, no sean ridículas - dice poniéndose su vestido. Se acerca a su tocador y toma unos pañitos húmedos, se comienzan desmaquillar.

-¿Qué haces? - le preguntan.

-Lo de siempre - dice ella.

-Una vez al mes permites que alguien tomé tu vestido, por qué lo quieres espantar.

-¿Espantarlo?, soy más hermosa cuando no estoy sudada.

Se quita rápido el maquillaje y se vuelve a maquillar sin permitir que sus amigas vean su rostro. Cuando está nuevamente en su personaje las mira y ellas a ella.

- ¿Después de esto te vas a casa? - le preguntan.

- si - responde - Cuídense mucho, me avisas si les hacen algo o necesitan algo.

Todas la miran y asienten con la cabeza.

Ella camina por el pasillo y va subiendo la escaleras al tercer nivel. Las mesas tienen velas todo esta bonito, algo más arreglado que la última vez que subió.

Camina como siempre lo hace, su mirada está en la comida pues antes de venir aquí no ha cenado.

El único pensamiento de ella cuando acepto cenar con el muchacho fue que comería, solo por no gastar dinero y tiempo buscando que comer cuando saliera de aquí.

Toca las sillas y sigue avanzando, el muchacho está parado arriba mirando el paisaje de la cuidad, la bulla de los carros y la larga fila que se ha formado abajo.

Se acerca al muchacho y toma su hombro, él voltea y ella retrocede.

No es el muchacho que ella esperaba, la mandíbula del hombre es marcada, sus ojos celestes son fríos, sus cuerpo es tonificado y ancho.

Debió fijarse mejor.

Él hombre avanza y ella retrocede, choca con la silla.

-Tu - susurra temblorosa.

Él sonríe y agarra las sillas con ambas manos, quedando ella atrapada entre sus brazos fuertes.

-Jefe - dice ella mirándolo a los ojos.

-Hoy la cantidad de dinero que ofrecieron por si fue grande, estuve muy tentado a aceptarlo - dice mirándola a los ojos.

Ella tiene miedo, sabe que si el jefe debe ser por algo que hizo mal o alguna queja, tiene una reputación de ser despiadado con las chicas, nadie lo quiere ver. Aunque nunca lo ha visto con las demás chicas, a ella se lo presentaron como el jefe.

- ¿Por qué no lo acepto? - pregunta con la respiración agitada.

-Ofrecía cien dólares menos de lo que habías ganado en toda la noche - dice él con una amplia sonrisa.

Ella aprieta la mandíbula, quiere gritarle.

-Pienso que sí es necesario tocarte deben ofrecer más...

-Wait - dice sorprendida, el jefe se apega más y ella pone su mano. Comienza a reírse y mira con frialdad al jefe.

Él está algo sorprendido, la mira y ella inclina su cabeza, se quita la máscara.

-¿Usted cree que pagan por acostarme con ellos esa cantidad? - le pregunta indignada.

Él está algo confundido.

-No se equivoque jefe - dice alzando su mano, la pone en el hombro del jefe y ejerce presión para que se aleje.

Él se queda en su mismo lugar y ella siente que invade su espacio personal.

-Ellos solo quieren salir conmigo, quiza tienen esa vaga esperanza de poder enamorarme, nadie lo ha hecho - dice ella mirando esos ojos confundidos, su tono de voz incluso es de orgullo -. No se preocupe yo seguiré trabajando aquí, pero es ridículo pensar que ellos se acuestan conmigo, solo es una cena y me pide que me quite la máscara, piensan que puedo ser ese trofeo que pueden lucir en su reuniones, decir que soy su amante, yo les vendo la posibilidad de que algún día podría serlo aceptando sus cenas, me vuelvo tan exclusiva por solo una vez al mes ofrecerles a algún afortunado la dicha de compartir mi mesa.

Él jefe sonríe y hecha la cabeza hacia atrás, quita las manos de la silla y se aleja en dirección a la esquina de la azotea donde observa a todos.

-Que interesante lógica - dice él en voz baja. Ella se acerca poniéndose a su mismo nivel.

-Los hombres - Dice con ironía -. Ellos solo anhelan lo que no pueden tener ni con dinero, piensan en el amor y yo lo único que pienso es en su dinero, llevo un año trabajando aquí y he cenado con 11 hombres de los cuales sin hacer nada hasta me han propuesto matrimonio, me imagino que se lo han comentado - dice ella mirando hacia abajo, y recordando a esos hombres.

-Hablan de ti como si fueras una diosa, algo que nadie puede tener.

-Quedó demostrado en el segundo mes cuando alguien se atrevió a tirar de mi con fuerza, y tocarme sin mi consentimiento en una zona que yo no he permitido....

-Le rompiste la cabeza y las manos a puro pisotones - dice él con una sonrisa gratificante.

-Ahí fue donde todos me tuvieron miedo, por qué no fui castigada, sabían que si usted me defendía nadie se atrevería a tocarme, por ende me tratan con pinzas muy delicadas, sabe que soy capaz de sacarles un ojos.

Ella voltea y se sienta en el borde de la pared, alza la cabeza y mira al hombre

-Eres una persona muy interesante - dice.

-Gracias, pero sino es mucha molestia quiero comer.

-Claro vamos a sentarnos a comer....

-No - dice ella muy calmada.

-¿Qué?

-Tengo reglas, yo no le regaló mi tiempo si no pagan, ¿Dígame jefe, usted ha pagado por mi tiempo? - pregunta con la mandíbula firme, los ojos en llamás y las piernas cruzadas.

Él Comienza a reírse fuerte.

-Enserio debo pagar...

-Acabo de perder un mes, no volveré a darle la oportunidad a nadie dentro de un mes.

Ella se levanta y camina hacia la mesa y el jefe toma su brazo con fuerza. Ella lo mira a los ojos y el no se intimida.

- ¿Cuanto quieres? - le pregunta.

-Esos cien dólares que faltaban para que iguale mi ganancia de hoy - dice con una amplia sonrisa.

El gusto del jefe por ella es evidente, pero ella no lo ve, de todos los hombres que ha visto la mirada de jefe no le transmite nada.

-Te daré esos cien dólares que tanto pides.

-Bien, bienvenido sea a sentarse conmigo - dicho esto ambos se va a sentarse a la mesa.

Ella ve los platos y cada detalle en la res.

-Comencemos - dice ella. Comienzan a comer. Él jefe le da miradas rápidas a su compañera de esta noche.

La mira como mastica, como sus labios se mueven y sobre todo lo integrante que es.

-¿Qué estudias, o no estudias? - le pregunta.

-Marketing y publicidad Administración es un curso que llevo aparte - responde tomando un poco de agua.

-¿Deseas vino? - le pregunta.

-Realmente no lo deseo, estoy bien con el agua.

Capítulo 3 Ex

El taxi la deja en la puerta de su apartamento y baja del taxi con una mirada fría y triste.

- Señor muchas gracias - se despide. Él la mira y asiente con la cabeza.

Ve al portero mirarla y niega con la cabeza.

-¿Llego? - le pregunta mirándolo, él niega con la cabeza y ella agarra su hombro, alza la mirada y pone su cabello hacia atrás -.Si tan solo se llega a parecer me avisas.

-Como ordene señorita - dice el portero muy educado, la ve son cierta pena.

Cuando llega a la puerta de su apartamento abre la puerta y corre en dirección al sofá. Agarra su teléfono y va directo a su cuenta de banco. Mira la cifra y sus ojos brillan de emoción por qué pronto alcanzará la meta.

Pone su teléfono sobre su mesita y cierra los ojos unos segundos, los cuales se vuelven una eternidad.

En el club aún la fiesta continua. Todos los hombres disfrutan de la compañía de las chicas mas hermosas de la cuidad, mientras caen en los excesos de una noche de viernes. Él los observa desde lo más alto, inspecciona cada gesto, cada movimiento de las chicas, examina como recogen el dinero de piso, como es que no ponen límites a los hombres solo por más dinero.

Cuando era niño siempre soñó con continuar el negocio de su madre y veinte años después continúa con el legado de su madre, la misma profesión que ella ocupo ocupan estás señoritas, ninguna vende su cuerpo si no lo quiere. Les ofrece un lugar donde bailar y que les paguen, pero muchas de ellas no se conforman con bailar y anhelan más dinero y sucumben ante el.

Unas horas antes estaba en el mismo lugar mirando bailar a la gata, verla que ella no agarraba el dinero, que hablaba con los clientes le hizo pensar mucho en su madre, ese cabello negro oscuro y esos ojos celestes profundos, esa mirada fría como si nadie le importará, transmitía soledad, una soledad que le gusta.

Mira su reloj y sabe que ha terminado.

-Si pudiera permitirme hablar con usted jefe - escucha una voz masculina.

Voltea y ve al jefe de vestuarios.

-Habla - dice mirando su rostro cansado y sus manos temblorosas.

-Tengo el vestido que pidió para la señorita Adela - dice él algo nervioso, baja la mirada y el se acerca.

-Esperaba que estuviera para la otra semana, pero creo que está bien. Gracias por su trabajo -dice el.

-Gracias por la confianza señor - dice el jefe de vestuario.

-Señor Erick - llama el jefe antes de que se retire de su oficina, el voltea a mirarlo y se quedan en silencio.

Piensa antes de preguntar, pero si no pregunta sabe que morirá de la curiosidad.

-Gata así le dicen, ¿Sabe su nombre? - pregunta.

El jefe de vestuario mira al jefe y niega con la cabeza.

-No señor, ella jamás fue llamada por su nombre - dice mirando a su jefe.

Él hace una ademán con la mano para que se retire.

¿Así que tengo trabajando a alguien que ni yo conozco? - se pregunta a si mismo.

Cuando se encuentra en su habitación mira al techo y se queda pensando en como se despidieron, ella no tuvo miedo simplemente se parado y se fue.

¿ Así es como siempre te despides de todos? - recuerda que le pregunto.

Ella asintió con la cabeza y alzó su mano para moverla, se dio la vuelta y lo dejo solo arriba. No fue tras ella... Se pregunta por qué no fue tras ella.

Solo fue un cliente más para ella, pero para el jefe ese acercamiento fue más que una simple cena.

Se mueve de un lado al otro inquieto, debe saber el nombre de aquella muchacha cueste lo que cueste.

Aquella tarde nuevamente se iban a presentar, esta vez habían organizado una coreografía y ya no sería " Viernes Sexy", ahora era "Sábado vigoroso".

Entre todas las chicas ella estaba con ese típico cabello suelto, su mirada tan fría como siempre, con una mano en la cintura y otra en la cabeza.

Mientras el maestro de baile, les enseñaba los últimos pasos para dejar atónitos a los clientes, ella y las demás chicas observaban.

-Gata - llama el maestro. Ella lo miro a los ojos y lo dejo sin palabras.

Las chicas esperaban que el profesor hablara, pero se contuvo de gritarle.

-Desde cero, ahora - gritó, ella se puso atrás de todas y miro hacia arriba.

Ella mostró esa mirada despectiva tan característica de ella. Pareciera como si estuviera molesta.

En los camerinos todos hablaban del regalo del Jefe, todos hablaban del vestido de Adela.

Ella se acercó a ver a su amiga y ver ese vestido color vino suelto con los cortes perfectos, con esos arreglos de oro.

-Está hermoso - dijo en voz alta, todas se callaron y la miraron.

-Gata no quiero que sientas celos, ya sabes el jefe, bueno...

-Estoy realmente celosa por tu vestido, no por quién te lo ha regalado, yo tengo novio no te preocupes...

Escucha murmullos, de las chicas. Saben que es algo inusual que una de nosotras tenga novio.

-No sabes que bailas por las noches. Me imagino que no, sino no creo que estuvieras aquí.

Quiere hablar y retractarse pero le comienzan ha hacer demasiadas preguntas que la deja mareada, toda la atención es para ella.

Las preguntas paran cuando indican que van a presentar el número.

-¿Dolor de cabeza que te pregunten? - Adela habla mientras se retoca el maquillaje.

-Bueno lo siento por robarte la atención...

-¿Tu robarme la atención? - le pregunta con cierto sarcasmo.

Ella se amarra el cabello y se acerca a Adela y mira ese vestido que tanto le ha gustado.

-No quiero la atención de nadie, solo del hombre que me ama, me desea y me respeta, yo no soy un juego de momento - dice agarrando los hombros de Adela.

Le da un beso en la cabeza y camina hacia el escenario.

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