"Me amo, lo he confirmado cuando te conocí, tus palabras, la manera en la que me tratas y el amor que me das, fue suficiente para saber que es así."
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|| ACTUALIDAD||
La música ya me estaba aburriendo, y ni hablar de la sonrisa que ya se iba cayendo. Cinco horas, las primeras tres la pasé de lo más alegre, exhibiendo a todos los invitados mi buena noticia. Poco después la casa se fue llenando más y más. Había gente que ni siquiera conocía, pero lo podía asociar con conocidos de Ben. Mi ahora novio y futuramente esposo, Benjamín.
Que bien se sentía decir novio y futuramente esposo...
Desde mi posición en la mesa, puedo observar cuando la puerta se abre y se hace la aparición de Lara, prima mía, de la mano con Nicolás, mi ex algo. No consigo acostumbrarme, se ven extraños juntos, ella con una espléndida sonrisa, mientras que él con un gesto de aburrimiento que habitualmente lleva. Iugh.
Lara aún no tiene la mínima idea de que yo he estado en una relación con su actual pareja. Me siento segura de ello, y prefiero mantenerlo así.
La mirada de ambos corre por todo el lugar, mi prima se acerca al oído del chico y con eso se aleja hacia la planta derecha para la cocina. Supongo que tiene antojos, así como también tiene cuatro meses de embarazo. Por otra parte, Nicolás reanuda su camino en mi dirección.
Esto no me avecina nada bueno...
Con suerte Ben viene al rato al percatarse de que mi prima está en la cocina, donde también se encuentra él, y como toda pareja preocupada, no dudaría por un segundo más en dejarme con esta persona.
Ante mi vista se posiciona la pareja de mi prima, trae su cabello peinado hacia atrás, como siempre desde que lo conocí; una camisa blanca doblada hasta los codos y desbotonados los primeros tres del pecho dejando un poco de piel al descubierto, y como quien vino por obligación, unos vaqueros azules que nada caen con el atuendo de la cintura para arriba.
-¿Me regalas una copa? -pregunta señalándome una de las diez copas que se encuentran en la bandeja que resguardo.
Me abstengo de volcar los ojos.
-Coge una si gustas -replico mirando por encima de él.
Mi novio ya salió de la cocina.
-Lo volveré a repetir, sí que has cambiado para bien-. Su vista recorre lentamente todo mi cuerpo que está infundido en un vestido blanco corto.
Asqueroso.
-Me he arrepentido -admite mirando hacia mis piernas, con la copa en la boca.
-Iras al reino de Dios ahora sí -digo sarcásticamente.
Se muerde el labio divertido sin quitarme la vista de encima.
-Me dijeron que tenía que venir, pero no me dijeron para qué -cuestiona, jugando con la copa entre sus dedos.
-Fiesta de compromiso-. Sorprendo airosa, obviando su mueca de sorpresa.
-No me digas que tus papás se volverán a casar -imita mi tono sarcástico.
-No, lo haremos nosotros. ¿Mi amor? -estiro mis manos y las de Ben me reciben gustoso. Su semblante está serio, no soporta al chico de mi costado.
Nicolás cambia de expresión repentinamente mostrándose desanimado. Cabe destacar que ambos no pueden estar en un mismo lugar.
-¿Nos vamos ya, amor? -pregunto fijándome en él.
-Es de mala educación irse cuando los invitados llegan-. Como siempre, Nicolás metiendo su cuchara.
-La invitación fue enviada a Lara, pero nos faltó agregar sin mochila -objeta Ben, en clara alusión a su entrometida persona.
-Donde va mi mujer, voy yo -contraataca cínicamente el aludido.
-Vámonos despidiendo Ben -ignoro la actitud sobre potente del invitado.
-Iré por las chaquetas, vendré en seguida, ¿vale? -la incomodidad por dejarme sola con Nicolás es de esperar.
-Ve -le despido guiñándole.
Me da un beso en la cabeza y rápidamente se dirige a la planta de arriba, no sin antes dirigirle una mirada asesina al acompañante y se va de largo donde se encuentran nuestras pertenencias.
Nos iremos a celebrar como se debe nuestro compromiso.
-Deja de provocar a mi pareja, deja de jodernos la existencia -ataco al personaje no grato de esta historia.
-Quiero recuperarte, tenerte de la misma manera en la que te tuve hace dos años -ruega, porque sí, si es un ruego -una última oportunidad, solo una última -pide, y de pronto cualquier huella de diversión se ha esfumado de él.
Por otra parte, la mueca de sorpresa en mi rostro sobrepasa cualquier rastro de conmoción, debe ser alucinante, y no por escuchar aquella confesión que me ha repetido miles de veces, sino porque Lara, mi prima, está atrás de él y, por lo que parece estuvo entretenida escuchando aquel dato.
Cubrir cinco años los sucesos que no quieres recuperar, para que lo vuelvan a desenterrar en tu fiesta de compromiso.
4 AÑOS ANTES
-¡Cabina tres, acabó el tiempo! -mi grito se escucha por todo el local, poniendo a todos alerta, asegurándose de que no son la cabina tres y el cliente que debería estar saliendo, aun así me sigue ignorando.
Me levanto con pesadez pero molesta, dispuesta a apagar el computador del cliente que constantemente siempre sale minutos después de que su hora finaliza.
Doy unos cuantos pasos y veo que se mantiene encorvado con la vista en el monitor. Un ruido ensordecedor sale de sus auriculares que relaciono también con su actitud de ignorar todas las anotaciones que le hago.
Levanto mi vista hacia el reloj colgado en la pared.
Me pidió una hora, que es equivalente a sesenta minutos.
¡Va 74 minutos!
Me agacho con una maquiavélica sonrisa y me acerco a la caja alimentadora de enchufes revisando cuál es el que va dirigido al CPU, y cuando localizado está, lo jalo.
El ventilador que se encuentra dentro del CPU da unas cuantas vueltas y termina parando en seco.
-¡Mierda! ¡¿Quién mierda fue?! -exige con rudeza golpeando el teclado.
El moreno tardón, levanta su cabeza viendo de un lado a otro amenazante, mientras que los otros de su costado lo ignoran, de la misma manera en la que lo hace él conmigo. Sí, me ignora, y en todos los sentidos.
Llevo como quinientos veintitrés días enamorada de él. Algo así como un año y medio...
Y no es como si yo estuviera contando los días....
¡Desde que empecé a trabajar en este negocio!
-Yo.
Me pongo de pie y lo enfrento.
-Carajo Belisa, puedes meterte la mano al culo y dejar de joder -su ataque verbal no se hace esperar -toda la vida solo jodes.
Toda la vida.
Recapitulemos, cuando lo conocí no era de ese modo, me pareció un chico de lo más tierno pero que de vez en cuando soltaba unas tremendas groserías que hasta el diablo se sentía ofendido. Eso fue en la primera semana, después con los días demostró ser alegre, muy carismático, su actitud revoltosa me atrapó, añadiendo la sonrisita divertida que tenía.
Con el pasar de los meses se percató de mi enamoramiento hacia él, y lo aprovechó a su beneficio. Aunque a veces dolía cuando mostraba indiferencia hacia mí, yo como toda tonta lo aceptaba, aun lo acepto.
-Tu tiempo acabó hace rato. Avisé -pongo mis ojos en blanco y regreso a mi lugar.
Con esa actitud, ¿quién pensaría que teníamos algo?
Aunque, desde que empezamos nuestra no relación, él se encargaba de venir a primera hora al local a verme, ya que yo entraba a las siete de la mañana y este recién se abría a las ocho y media.
Me engatusaba a besitos que dejaron de ser inocentes con el tiempo, el agarre que antes era a mis dóciles e inexpertas manos pasó a ser a la espalda baja, empezó a explorar muchas partes de mi cuerpo, admitía que me encantaba, sin embargo no lo dejaba ir a más.
Virgen de 17, pero no tan pendeja.
Si enumero las veces que él tiene un trato hostil conmigo, supera los días que me visita desde temprano. Hasta las 8:29 de la mañana es todo tierno, meloso... Y cuando el reloj cambia al dígito 30, ya es otro.
Sufre de bipolaridad o bien otra mierda.
Arrastra sus pertenecías a la maquina siguiente y la enciende.
-Dame una hora más, pero cuéntala desde ahora -manda colocándose los audífonos.
Resoplo mirando el reloj. Le falta 42 minutos para que se dé la hora.
-Va de seguido.
-Entonces me salgo -su retadora mirada intenta intimidarme, pero no lo logra.
«Vamos cariño trabajo es trabajo, por muy colada que esté de ti, prefiero los billetes.»
-Así te quedes o te vas, me pagas lo que consumes -hablo fuerte evitando volver mi vista hacia él-. Cabina cinco, terminó tu tiempo.
Después le pediría perdón.
Observo sin importancia de reojo al chico de la máquina 5. Es la cabina más cerca a la mía, y cada que llega solo pide esa, intenté ofrecerle una distinta cuando aquella está ocupada, pero es inútil, dice que prefiere esperar.
Tratemos de complacer al cliente.
Sus mejillas adquieren un tono rojizo cuando nota que lo estoy viendo, mueve sus manos temblorosas por el mouse y se pone de pie, al intentar avanzar hacia mi consigue quedarse atascado, haciéndome hacer una mueca para evitar reír.
Aún tiene los audífonos al rededor del cuello, lo que le dificulta poder avanzar.
Su vista se posa en el suelo, luciendo tierno y avergonzado al mismo tiempo.
Jamás lo había visto ser tan torpe en pocos segundos. Las otras veces solo se sonrojaba cuando tenía que acercase a cancelar. Es gracioso y muy entretenido.
Una vez desenganchados los audífonos se dirige a pagarme.
-¿Cu-cuanto e-es? -balbucea mirando a los costados, nervioso.
Mi sonrisa se ensancha por su adorable actitud.
-Fueron tres horas -respondo suavemente, cambiando mi tono duro de hace unos minutos.
Mete su mano al bolsillo y saca unas cuantas monedas. Todo eso lo hace sin alzar su vista, cuando se dispone a depositar el dinero en la mesa interpongo mi mano tocando la suya.
Su vista automáticamente sube chocando con mis ojos.
Por primera vez, después de tantos meses en el que concurre al negocio, me tomo el tiempo de observarlo detenidamente.
Sus ojos son de un marrón intenso, tirando para negros que hacen contraste por su piel nívea con manchas sonrosadas, resaltando su cabello castaño oscuro que lo trae corto, tiene pequeños mechones crespos que resbalan por su frente. Labios rosados en forma de corazón que le dan un matiz infantil. Por lo menos me lleva 20 centímetros de altura, su contextura no es ni tan delgada ni gruesa, se mantiene al margen de la delgadez normal.
-Gracias -agradezco retirando mi mano -hasta mañana -añado y le sonrío gentilmente.
-Graci-cias -dice cabizbajo, y rápidamente se marcha.
Veo la hora nuevamente, porque si, así de despistada soy.
Mierda, ya es tarde.
-¡Piojito, ya van a ser las seis, tu mamá vendrá del trabajo! -alzo la voz llamando la atención del niño que está sumido en los juegos de internet.
Retira sus audífonos como puede después de fijarse la hora y apurado saca sus moneditas para tendérmelas.
-Caray Beli, te digo media hora antes, no dos minutos para las seis -se estremece angustiado mientras separa su sencillo -sino me deja cenar, mañana me das mi tercer desayuno -se despide nervioso.
Vaya, si que la cagué.
***
-¡Llegué! -aviso cruzando la puerta de mi casa. Mi madre es la única que me recibe -¿Me extrañaste?
-Trabajas a una cuadra de aquí, para que alguien te extrañe, mínimo desaparece por diez años -y se va dicho esto, con el vaso de chicha a la mano.
-¡A veces olvido que me quieren mucho! -grito cuando la veo entrar a su cuarto. Se escucha su risa en respuesta que me hace sacar una también.
Me suelto la chaqueta y prosigo tirándome a la comodidad del mueble cogiendo el control remoto.
-Ya llegó la vaga -canturrea mi hermana mayor.
-Yi lliguí li vigui -imito sus palabras -payasa, yo al menos tengo trabajo.
Lo siguiente que siento es una manzana en la cabeza.
-¡Tarada! -suelto un chillido sobándome la cabeza -¡me ha dolido! -regaño hastiada.
-¿Qué pasa? -pregunta nuestra madre, viene regresando de su cuarto.
-Tu hija me golpeó -acuso señalando a mi hermana, que está de lo más normal comiendo otra manzana parada en el respaldo del sillón.
-Beli empezó -se justifica.
-¡No es cierto mami!
-Avril, no le lances cosas a tu hermana.
-Ya -responde, sin darle importancia a lo que dice mi madre.
Frunzo el ceño al ver que no le pone un castigo.
-Y ve a lavar tu ropa -culmina, haciéndome poner una sonrisa de victoria cuando obligatoriamente se retira lanzándome una mirada de odio y las pepas de la fruta.
-¡Ociosa! -grito riendo, mientas sacudo las pepas en mi blusa- ¿Qué? -digo a mi madre, quien ahora me ve con el rostro serio.
-¿Ya comiste? -cuestiona.
-No... -respondo dudando, la diversión se esfumó.
-¿Qué esperas?
-Per...
-¡Ahora! -levanta la voz, haciéndome parar en un salto del sillón.
-Ya voy mami -me despido caminando de forma apresurada hacia la cocina. Desde donde estoy se escucha la ruidosa carcajada de mi hermana del segundo piso.
Una hermana mayor que yo, y un hermano menor. Unos padres estrictos pero no odiosos. Mi vida no era la de la típica chica tonta enamorada del imposible, tampoco es como si yo sufriera de baja autoestima siempre...
Bueno, casi siempre. Por lo general cuando estaba rodeada de su presencia... Unas seis horas al día...
¡Hey!, solo en vacaciones.
Ya iba a empezar la universidad, eso quería decir que las horas se reducirían a 3. El gran dilema que me gané por buscar una carrera, había por fin dado frutos.
Fue difícil encontrar una que me convenza, como unos diez test vocacionales mensuales. ¿Cómo rayos se suponía que yo iba aguantar la universidad? ¡Si aprobé la secundaria fue por mi padre! Todo me parecía difícil. Enfermería: ¿curar? no gracias. Medicina: ¿Muertos? paso. Alguna ingeniería: ¿Números? siguiente por favor. ¿Administración? ¿Contabilidad? ¿...? Eh... No, pero gracias por la sugerencia.
Supongo que la psicóloga desperdició minutos sumamente importantes conmigo. Ya qué.
Me terminé de inclinar por Antropología, pues no llevaba matemática pura.
Así que ahora me quedaban dos meses de vacaciones para mi primer año universitario, ansiosa era poco para describir el estado en el que me encontraba, eufórica, y con un síndrome, quizá.
Lo único que me alteraba era la cantidad de cursos que iba a llevar, siete, de los cuales cinco no me sonaban para nada. Matemática básica y comunicación son los que podía rescatar.
***
-Buenos días, muñeca-saluda mí no novio al entrar al negocio. Deposita un beso corto en mis labios.
Coloco el pestillo cuando lo veo dirigirse a las ventanas, asegurándose de que nadie lo haya visto ingresar.
-Buenos...-el días se queda atascado en mi garganta cuando este vuelve a abalanzarse mis labios antes de que termine la oración, pasa sus brazos rodeando mi cadera y me atrae más a él de forma brusca, profundizando el beso.
-Es-espera -corto, poniendo una distancia entre ambos-, primero tengo que limpiar, lo haré rápido -comento, y me dirijo a traer los trapos de limpieza para las maquinas.
Empiezo rápidamente por los monitores, que es con los que se me hace más fácil la tarea.
-Ayer te vi hablando con el chico, este soncito que te para pidiendo esta máquina -dice Nicolás cerca de mi odio.
Una parte de mi da saltitos de emoción porque se haya dado cuenta, así no haya sido con un propósito diferente al de atender correctamente al cliente.
-El de la cabina 5 -asiento -se ve buena gente y no es un soncito -afirmo defendiéndolo.
-¿Tienes algo con él? -Pregunta, de pronto siento como acerca su pelvis a mi cadera, acción que me pone un tanto incomoda. Muevo mi cabeza de lado a otro negando.
»Mira que no me molestaría, aquí nadie ata al otro -sigue, a la vez que reparte besos por mi cuello, haciéndome cerrar fuertemente los ojos-. Ambos somos libres -termina susurrando, dando una suave mordida a mi hombro desnudo.
-¿Me puedes prestar atención? -Josué, mi mejor amigo habla con una mueca aburrida y al mismo tiempo como todo buen actor luce un rostro desolado.
-Te estoy escuchando -acomodo mis pies por debajo de mi trasero, buscando comodidad.
La verdad es que solo oigo como cuchichea.
-Entonces si me vas a ayudar -confirma, pasándome una barra de chocolate fuera de su empaque. Yo solo muevo la cabeza afirmando.
-Claro, ¿por qué no? -respondo restándole importancia, saboreando el delicioso dulce que explosiona en mi boca.
-Será porque ese día trabajas -rebate cruzándose de brazos, retándome con su mirada inquisitiva. Trago fuerte al percatarme de que no tengo ni idea de lo que he aceptado inocentemente.
-¿Qué? -inquiero ahora entre incomoda y confundida-. ¿acaso tengo que faltar al trabajo para poder ayudarte? -resoplo, angustiadísima.
-Claro, o solo toda la tarde -lo dice serio.
-¿Qué? ¿Pero por qué? -me pongo de pie exigiendo una explicación coherente, rodeo el sillón, pensando en una posible excusa para la jefa.
-¿Ves que no me has escuchado? -sisea ofuscado, siguiéndome con la mirada.
-Si te escuché -miento, mientras sigo dando vueltas en círculos, pensando que hacer-. Pero necesito que me lo repitas para analizar mejor la propuesta -declaro mordiéndome las uñas.
-Que llevo un año sin sexo, y tú te has ofrecido a cumplir con mis necesidades -suelta sereno, esperando alguna reacción.
Asiento desinteresadamente, ahora mismo estoy centrada en buscar una excusa, es que me lo he ganado por estar ignorándolo.
-Oh mierda, eso no me la esperaba -dice acomodándose en el confortable, un poco entusiasmado-. ¿Podemos hacer el del veinticuatro?-indaga como niño, con los ojos brillantes-. No es lo que esperaba pero estoy satisfecho -murmura para sí.
Proceso un tanto confundida la propuesta, hasta que caigo en cuenta de la situación...
-¡Eres un asqueroso! -grito, a lo que me saco la pantufla y se la tiro. -¡Cerdo cochino, aprovechador! -exclamo avergonzada y furiosa, con las mejillas encendidas.
-¡Tú aceptaste! - saca en cara señalándome, mientras que se pone de pie preparándose para correr al ver que me acerco.
¡Una ya no se puede distraer en presencia de los amigos!
-¡Te voy a matar! - digo lanzando mi otra pantufla, a lo que él se dirige escaleras arriba, carcajeándose.
***
-¡Jossy! -chilla mi hermana en cuanto ve a Josué, quien está recostado con mis piernas encima de las suyas, se levanta de un salto cuando la escucha. Mis pies caen con fuerza al suelo, haciéndome soltar un quejido.
-Mi platónico -dice suave, suspirando, asegurándose de que solo yo lo escuche-. Avrilita -saluda sonriéndole, como él sabe, pareciéndose al gato de Alicia en el país de las maravillas.
Compartimos un par de palabras y ella se vuelve a marchar, se encuentra en busca de trabajo de acuerdo a su profesión. Es dentista.
Yo hoy tuve mi día libre por lo que me tocó quedarme en casa, soportando al hormonal de mi mejor amigo. Mi pata del alma, la mugre de mi uña, el autor de mis ahogadas en la playa, mi verdadera media naranja, él único que piensa cuando yo no lo hago, él que se resbala después de mi cuando yo caigo, a quien le debo todo desde mis seis años.
Al único en quien confío para presenciar mis días donde la depresión y la ansiedad me quieren en su partida.
-Tengo hambre -se queja después de que mi hermana desaparece-. Se mujer y ve a traerme algo de comer -me empuja con su brazo, haciendo que caiga el celular de mis manos dando contra el piso.
-Vete a la mierda -digo recogiendo el aparato, cerciorando que no se haya rajado algún lado-. Vuelve a empujarme y me aseguraré de que el celular caiga en tu amiguito. Y con mucha fuerza -remarco.
-Maldita -susurra-. ¿Y qué tal la cruda? -pregunta.
-¿Cuál cruda, idiota? Yo no tomo, ni salgo -rechisto enojada.
-La cruda realidad de que él no te ama.
Oh... puto.
Abro la boca formando una gran «O», indignada.
Ahora mi situación sentimental es obra de burla. Voy a replicar, pero me corta.
-Por pendeja y no tomarme atención -finaliza dirigiéndose a la cocina, con una sonrisa de victoria en sus labios-. Los memes del face sí que sirven -comenta contento.
-Hijo de la vaca...-murmuro molesta. No, mi mejor amigo no es de los que son estúpidos y a la vez adorables. Él es estúpido y ya. Guapo pero estúpido.
-Pero esta vez me la rifé -responde regresando, con la bolsa del pollo que traje ayer al llegar de trabajar.
-Eso es mío -digo, intentando atrapar mi bolsa, pero él me lo impide.
-¿Ves que a alguien le importe? -pregunta mirando de un lado a otro -porque yo no veo a nadie -y se sienta, en frente de mi a comer MI pollo.
Lo miro asqueada cuando agarra la pierna y la lame para evitar que yo se lo quite. Todo su ADN chorrea de este y prosigue con el ala.
-Eso está helado, al menos ponlo en el microondas -inquiero, con una mueca de desagrado.
-No me importa.
-Ya me lo imagino, ese pollo se debe sentir igual a la friendzone, donde te dejó Jazmín hace un año -sonrío socarronamente al percatarme que deja de tragar para mirarme enojado sabiendo lo que viene-. Si ticti iri frii il iguiil qui sis pilibris quiindi mi diji: yi ni ti quiiri, siimis imiguis -recito burlonamente las palabras que me dijo cuándo la puta de Jazmín, su ex novia, cortó con él. Y eso estaba demás, ella ya le ponía los cuernos desde antes.
-Eres una perra cuando te lo propones.
-Gracias, pero tú empezaste -le guiño el ojo y me retiro a la cocina a buscar que comer también.
-¡Por eso él no te quiere! -grita para que lo escuche.
-¡Al menos me lo sigo comiendo! -replico de la misma manera.
***
Ya lleva siendo las 7 de la noche y seguimos tirados en el confortable. Mayormente son así nuestras tardes de relajo cuando tengo mi día libre, Josué me acompaña por toda la mañana, tarde y noche hasta la llegada de mi papá. Papá es profesor universitario por lo cual regresa a altas horas y su función consiste en despedir al amiguito de volante, como lo llama él.
-Cambia al 42, vi en la guía que dará Piso 13 -pide masticando palomitas de maíz, acompañada de una inka cola en su mano.
-El control está muy lejos -resoplo estirando las manos -no alcanzo -, muestro como las puntas de mis dedos chocan este, que se encuentra en la mesa de noche sin poder agarrarlo totalmente.
-Ya entiendo por qué el muchacho no te toma en serio -dice después de un momento.
Su momento filosófico ha llegado.
-Según tú ¿por qué? - enarco una ceja confundida por el cambio de tema.
-Eres demasiado lenta -comenta -no te lo tomes a mal, como el mejor amigo tuyo que soy, tengo el deber de hablarte con la verdad. Y eso me lleva a estar bien seguro de que aún no consigue su propósito por que no te dejas.
-¿Uh? -lo miro con el ceño fruncido, confusa por sus palabras.
-No han tenido sexo. No sabes cuánto nos frustran a nosotros los hombres que las mujeres nos calienten y luego no quieran llegar a más. No lo justifico, sabes que su actitud prepotente me hincha las pelotas de la manera en la que te trata, pero tú lo acostumbraste a eso, y aunque no tenga derecho a hablarte de la manera en la que lo hace, lo comprendo un poco-.Toma aire y sigue -no puedes ir por ahí friendo huevos si no te los vas a comer.
-¿Qué? -esa lógica no tiene un maldito sentido.
-Que no puedes ir por ahí calentando al muchacho para después no dejarte... eso, lastimas el orgullo masculino.
Acto seguido la puerta de la entrada principal es abierta, mostrando la figura de mi hermano vestido con su uniforme habitual de secundaria.
-¡Chucky! -Saludo a mi hermanito dejando de lado la conversación-. ¿Por qué tan tarde? Tu salida es a las 6:30 y son ya las 7 -recrimino, como la hermana celosa y protectora que no soy, he de recalcar que solo lo hago por joder-. No te habrás ido con amiguitas ¿no? -inquiero achicando mis ojos en su dirección.
-Ignora a tu hermana -habla Josué -aprovecha a las colegialas - dice soñador. Le meto un codazo en el estómago -digo, la época colegial -se rectifica sobando su abdomen.
-Es muy chiquito aún para pensar en niñas -farfullo cruzando mis brazos, fingiendo estar molesta.
-Alex ¿todavía no cumples 15? -pregunta mi amigo.
-Ya voy para los 16 -responde arrojando su maleta a mi costado y cogiendo en control-. En el 50 dará Rápidos y furiosos 6.
-¡Ay no! -Me remuevo quejándome -la hemos visto varias veces, mejor pon el de terror -pido.
-No.
-¿No? -Alzo una ceja desafiante, acaba de cometer un error -¡MAMÁ ALEX RECIÉN LLEGA Y NO SE CAMBIA EL UNIFORME! -grito a todo pulmón, haciendo que mi hermano maldiga entre dientes.
-Mierda -murmura al escuchar los pasos de nuestra madre acercarse. Rápidamente cuelga la mochila a su hombro y se dispone a ir, pero ya es muy tarde.
-Alexandro Javier Valerio Neira Castañeda, vaya corriendo a su cuarto a cambiarse o quiere que lo mande de un patadón en el culo -advierte mi madre, apareciendo todo despeinada por haberse levantado de la cama.
Me pongo a aplaudir mentalmente.
He ahí donde vuelves agradecer a la vida al darte cuenta que felizmente tu hermano menor te quitó tu segundo nombre para que él pueda llevar tres. Belisa, a secas y a mucho gusto.
Es imposible no burlarse de mi hermano cuando ve a mamá, todo su rostro palidece cada que le llama la atención. Ella impone respeto, temor y mucho amor por lo gordita que es. Siempre que la comparo con un osito felpa termino con las greñas sueltas. Jamás la compares, lo digo por experiencia, ya ni tengo cabello.
Mi mamá se dedica a estar de ama de casa casi todo el tiempo, asegura que ya se acostumbró y que nos es suficiente para vivir con el sueldo de papá. Claro que ella también ayuda, pues como pasatiempo le sirve su laptop y un vaso de gaseosa desde la comodidad de su cama, es asombrosa con lo que hace, diseñadora gráfica y aparte a veces da clases virtuales por las noches.
Me siento afortunada con la pequeña familia que podemos formar, nuestros dos tesoros más grandes sin dudar son nuestros padres.
-Estos jóvenes de ahora -dice por lo bajo Josué, al ver como mi mamá y mi hermano se pierden en sus respectivos cuartos.
-¿Por qué lo dices?
-Mira -me señala con el dedo índice un paquetito plateado y cuadrado que descansa encima de su pantalón, cerca de su entrepierna.
Abro mis ojos de par en par al darme cuenta de lo que es.
-Asqueroso -siseo molesta-, guarda eso -mando dándole un manotazo para que se apure. Si mi madre o mi padre vieran eso, ya estaría diciendo; Hola convento.
Mi amigo se ríe al ver mi gesto preocupado que desaparece cuando lo mete a su bolsillo-. Te acabo de salvar -sonríe con suficiencia.
-Me vale cien hectáreas de verga -respondo acomodándome después de tomar el control.
Mi vocabulario a veces no era el adecuado para una señorita como yo.
-¡Huy! Justo lo que me mide esta -alardea, haciendo que arrugue mi rostro entrecerrando mi vista como diciendo ¿Qué demonios? -Bueno, es un aproximado, pero si quieres mídelo tú -propone apuntando con su mirada al punto medio de su pantalón.
Pongo mis ojos en blanco al escucharlo, luego recuerdo una duda y se la pregunto.
-¿Cómo es eso del 24? -maldita curiosidad.
-Muy fácil -su sonrisa se ensancha a una arrebatadora-. Yo en dos y tú en cuatro.
Después de eso, sobra decir que adorné con mi puño la boca de su estómago.