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Querido Hermanastro

Querido Hermanastro

Autor: : M. T
Género: Romance
Pelirroja, hermosa, inteligente e inocente. Abigail es eso y tal vez mucho mas. Descubrirá su sensualidad regresando al lugar del que habia huido, su peor pesadilla, su hogar. Joseph Grosvernor, es un hombre de veintiocho años de edad, alto, atractivo y por supuesto heredero de toda la fortuna y las empresas Grosvernor. Al ser educado con la idea de conseguir todo lo que desea es irresistible para él no tomar lo más prohibido que alguna vez se le presento en su vida. Y lo que quiere es mantener a cualquier hombre alejado de lo más preciado para él, Abigaíl. Sabiendo que Abigail es su pequeña e indefensa hermanastra no se resiste a los sentimientos que guardo durante varios años al verla de nuevo.

Capítulo 1 Prefacio

Intento mirarme en el pequeño espejo de mi maquillaje mientras el taxi avanza lo más rápido que puede debido al tránsito.

Tal vez no fue lo correcto, no debí regresar, pero lo hice por mi hermano, después de todo tenía muchas cosas que explicarle, pero después de cuatro años no esperaba que le tomara importancia a mis palabras.

Escape de casa por varias razones, me marché a Roma y comencé una nueva vida alejada de todo lo que mi madre quería para mí, pero tarde o temprano tenía que volver y enfrentarme a los problemas del pasado. Podría estar disfrutando ahora mismo de un delicioso vino bajo el sol de Roma. Con ese peculiar aroma que proviene de sus calles, donde se mezcla el olor de la sabrosa comida con el olor a humedad de sus callejones y, sin embargo, aquí estoy. Intentando maquillarme mientras el viento que entra por la ventana del taxi estropea mi simple peinado, el cual solo lo sostiene un moño rosa. Debí reservar un vuelo más temprano, pero no me di el tiempo para hacerlo y ahora sufro las consecuencias de llegar tarde.

A pesar de tantos años, he vuelto a la ciudad que un día llame mi hogar, pero así como me fui, regreso con aquella culpa... la culpa que aún cargo sobre mis hombros. Una traición después de todo, no se puede olvidar si nunca pediste perdón. Desearía volver a ese momento, y decirle la verdad. Intentarlo una y otra vez sin importar lo que dijera de mí, sin embargo, no fue así.

Al ver a mi hermano en el hotel, llegando justo donde yo esperaba, sentí que mi mundo se caía en miles de pedazos. Nunca supe cómo se enteró de la situación, pero estaba ahí, y al ver salir a mi madre en los brazos de otro hombre, él estalló, pero no con ella, sino conmigo por haber estado en ese lugar, culpándome como cómplice de la traición de su madrastra.

Acepte todos los insultos que salían de su boca porque tenía tanta vergüenza de que aquella mujer fuera mi madre. Nunca tuve el valor para decirle por qué me encontraba en ese lugar, y tampoco tuve el tiempo suficiente.

Al siguiente día, él se marchó a Francia, con el pretexto de haber aceptado asistir a la prestigiosa universidad que su padre había elegido para él, la misma donde todos los varones su familia asistían. Nunca tuve el valor de ver a mi padre, el hombre que me crio como hija suya a pesar de no compartir la misma sangre.

Me fui para no volver a ver a la mujer que me trajo al mundo, al único lugar que pensé sería el indicado para rehacer una vida, una vida que fuera mía, en Roma, pero desde aquel entonces no he vuelto a ver a mi hermano, o más bien debería decir a Joseph.

Edmund, el mayordomo de la familia fue quien envió una invitación a mi departamento. No esperaba tal sorpresa, pero después de todo yo pertenecía solo por apellido a la familia Grosvernor y debía estar presente en la fiesta de compromiso de Joseph, el hermano mayor que obtuve cuando mi madre volvió a casarse y aunque no somos hermanos como tal, siempre lo considere así.

Al bajar del taxi recitaba en voz baja para mí misma "Ten calma" "Todo estará bien" "Al fin y al cabo es solo tu familia". Sabía que nadie esperaría mi presencia en aquella fiesta y tal vez no sería bienvenida por mi hermano, pero si ya habían pasado tantos años, quizás aquel rencor hacia mí había desaparecido, pero aun así, mi cuerpo no dejaba de temblar, mi única opción para relajarme fue respirar profundo antes de entrar.

La fiesta de compromiso sería en el jardín del club campestre Holding Hougs del cual mi familia es un miembro Premium, supuse que aquella fiesta seria como todas las celebraciones que realiza la familia Grosvernor. Esperaba una elegante fiesta y así fue.

Al llegar al jardín observé a cuantas personas pudieron invitar. La hipocresía de la gente se hacía notar a plena vista, fue una de las razones por las que escape, pero ahora con veintiún años me siento un poco más madura como para soportar falsas sonrisas sin disgustarme. Por supuesto que al llegar nadie me reconoció, ahora tengo una apariencia diferente de la que tenía hace cuatro años. Y además tenía la confianza para enfrentar a mis padres y mi hermano.

Al cabo de cinco minutos un asistente me llevo al lugar reservado para mí. En una de las mesas que estaban junto a la entrada lateral izquierda frente a una gran fuente de chocolate y algunos bocadillos. Acomode el vestido que llevaba, el viento alzaba ligeramente la falda y lo arrugaba un poco. Quizás no era el mejor atuendo que pude haber traído a este tipo de fiesta, pero este vestido fue lo único que conserve de la anterior vida que llevaba, además era tan bonito y significativo para mí que era un desperdicio botarlo a la basura. El vestido era corto, y de color blanco, con demasiado tul y una cinta rosa en la cintura, no tenía mangas, pero tenía un bonito prendedor que mi hermano obsequio para mí en un cumpleaños. Ese era el motivo por el cual conserve el vestido.

- ¡Mira en lo que te has convertido Joseph!- Dijo un invitado-. ¡Eres todo un hombre!

Gire en la dirección en la que había escuchado las voces, mi corazón comienzo a palpitar velozmente al momento de verlo. Mi hermano se encontraba rodeado por varios caballeros, socios de la empresa de mi padre que lo alagaban. Vestía un traje de casimir azul, camisa blanca y una corbata que combinaba con su atuendo, pero había en el algo diferente, algo que no puedo describir detalladamente, había cambiado mucho incluso en su forma de vestir, su cuerpo estaba más torneado que antes y tenía un poco de barba, como nuestro padre. Estaba más atractivo que antes... ¡Realmente atractivo!

Sentí un extraño calor sobre las mejillas¿Estaba ruborizada? Desde el día en que lo conocí, nunca note los peculiares dones que la "Bendita pubertad" le otorgo, ahora entiendo por qué tantas chicas querían ser mis amigas e insistían en que las invitara a mi casa cuando asistía al instituto Jones High School. Supongo que la chica con la que se casara tendrá mucha suerte. En cuento a mí, no estaba bien mirar de esa forma a mi hermano.

- ¡Ahora trabajas en la compañía de tu padre!-continuo cierto caballero-. ¡Esperamos que el legado de tu familia continúe y que tus futuros hijos también hereden el deseo de continuar con la tradición!

-Aún es muy pronto para hablar de hijos-replico mi hermano con una blanca sonrisa.

-Es cierto, todavía no se ha casado-dijo mi padre desde lejos acercándose a Joseph tomando su hombro izquierdo dándole una palmaditas para felicitarlo-. Todo a su debido tiempo, pero nunca debes vacilar ante la responsabilidad que cae sobre tus hombros Joseph, muchas personas dependerán de ti y tu trabajo.

¡Oh no!... Mi padre, no esperaba verlo tan pronto y menos tan cerca de mí, pero supongo que si llegara a verme no tendría opción más que hablar con él.

-Sé que es mi responsabilidad, pero no hasta que tú te retires-afirmo Joseph

Se escucharon risas del grupo de gente que se juntaron con mi hermano y mi padre. Un camarero se me acerco ofreciendo varias bebidas de las cuales elegí un jugo de naranja. Y al pronunciar las palabras "gracias" un caballero se aproximó a mi mesa.

- ¡Señorita Abigaíl! Tenía la esperanza de verla, aunque dude mucho que pudiera venir-dijo el caballero, en voz alta que incluso algunas personas a mi alrededor giraron en mi dirección. Sus ojos parecían brillar por mi presencia. Después de verlo durante unos cuantos segundos recordé que era Edmund aunque cuando lo conocí aún era un asistente de mayordomo, pero con los años de servir fielmente a la familia se convirtió en el mayordomo principal.

-No digas mi nombre-hice una señal para que nuestra conversación bajara de tono y que mi familia no descubriera que estaba aquí hasta el momento adecuado.

-Discúlpeme señorita, pero de verdad es una gran alegría que usted se encuentre aquí-susurro un poco avergonzado de su actitud tan liberal porque después de todo era una fiesta elegante.

-Muchas gracias, qué bueno es ver que alguien se alegra de mi presencia, pero aún no entiendo ¿Por qué me enviaste la invitación?

-Señorita... No fui yo exactamente quien la envió-dijo tratando de explicar.

- ¿A qué te refieres?- cuestione confundida.

-Fui yo...-dijo la voz familiar de una mujer acercándose, al mirar de donde provenía la voz, reconocí a mi madre.

-De saber que fuiste tú no hubiera venido- dije un tanto enfadada.

-Sabía que no vendrías si yo te la enviaba, pero tu padre exigió que estuvieras presente-explico sus motivos engreídos, llevaba un cigarro en la mano como de costumbre y vestía con un atuendo que decía mujerzuela por todos lados. Aunque por ser esposa de un multimillonario nadie la criticaba al menos no en su presencia o en la de su familia.

Capítulo 2 El beso

-No necesitaban de mí para hacer la fiesta, no veo la importancia de mi presencia en este lugar- repliqué aún enfadada.

-Pero aun así regresaste, aunque un simple mayordomo te lo pidió- dijo egocéntrica- debiste tener razones para volver.

-Eso no es de tu interés.

-Deberías hablar con tu hermano y felicitarlo por su compromiso-dijo para evadir el tema- No olvides que también perteneces a la familia Grosvernor.

-Ahora mismo está ocupado, pero hablaré con él cuando pueda-Frunce los labios, respirando hondo para tranquilizarme y evitar armar un escándalo con la mujer que decía ser mi madre.

-Bueno creo que ya no está ocupado así que, salúdalo- Dijo mientras miraba hacia la dirección donde se suponía estaba mi hermano, ella se marchó. Escuche unos pasos que se dirigían hacia mí por detrás y al girarme, mi hermano llegaba con una copa en sus manos.

- ¿A-Abigaíl?-Dijo confundido, con una suave voz, pero muy varonil e imponente- ¿Qué haces aquí?

-Re-Regrese por ti-Aseguro al reunir el suficiente valor en mi corazón como para mirar esos grandes ojos de color verde. Me sorprende de que me dirija la palabra.

- ¿Por... Mi?-Contesta sin expresión alguna en su rostro, es difícil saber qué está pensando de mí ahora que nos hemos vuelto a ver después de tanto tiempo.

-Sí, por tu compromiso-Respondo tragando saliva.

-Ah- dijo desanimado, casi decepcionado de mi respuesta.

- ¿Y tu prometida?-dije deseosa de conocer a mi nueva hermana. Y miro alrededor en busca de una mujer ostentosa y bella, quizás de cabello rubio o rojizo, además de hermosa figura. Una mujer que sobresalga del monto.

-No lo sé-se limita a responder con una mezcla de enojo y tristeza. Lo miré desconcertada, aunque tenía razones para dirigirme la palabra de esa manera.

-Oye...-me interrumpe mientras me observa detenidamente.

- ¿Te quedarás en la mansión?- Me pregunta desviando la mirada. Enfocándola en la mesa de bocadillos que estaba cerca.

-No lo sé, no creo que sea correcto-respondí después de analizar mi crítica situación respecto a mis padres.

- ¿Entonces te quedarás en un hotel?-Pregunto extrañado frunciendo el ceño.

- ¿Hay algún problema con eso?- pregunté con una sonrisa.

- ¡Te equivocas!... Acabas de regresar así que deberías quedarte con tu familia- Me reprendió. Aunque su mirada estaba en otro lado, estaba segura de que estaba feliz de verme y que me dijera aquellas palabras también me subía el ánimo y las esperanzas de haber sido perdonada por mi hermano

- Supongo que...-Rápidamente llego a mi memoria que mi padre insistió tanto en aquel tiempo que no me marchara y a pesar de que viaje sin su permiso, fue a buscarme con el motivo de pedir explicaciones de mi extraño comportamiento. Y para evitar revelar ese secreto que aún me mortificaba lo eché de mi departamento con decirle que yo no quería la vida que él me daba, y que yo deseaba ser como cualquier persona que podía salir a la calle sin tener que pedirle a un chofer que me llevara a un centro comercial y tener que aguantar a un séquito de guardias de seguridad. Después de haber sido tan grosera, no esperaba que se alegrara de verme o siquiera me recibiera en casa-podría visitarlos

- ¿Visitarnos?-Pregunto frunciendo el ceño de nuevo- ¿Por qué? ¿Acaso regresaste con alguien más? ¿Es esa la razón por la que no quieres estar con tu familia?

- ¿Qué quieres decir con eso?

-Tal vez... que no debiste venir, quizás debiste quedarte en ese hotel y disfrutar del hombre que te acompaña-Soltó con la intención de que sus palabras llenas de ponzoña me afectaran y ofendieran.

-Tengo diferentes motivos de los que piensas ¡Joseph! No todas somos iguales, pero antes que nada he venido a ajustar cuentas contigo- expliqué con tranquilidad disimulando que su insulto eran palabras que se las lleva el viento.

- ¿Conmigo?... ¿Cuentas que pagar?-Responde engreído con una sonrisa burlona entre sus labios, levantando la ceja izquierda. Como si intentara analizar mis palabras.

-Así es querido hermano, vengo en son de paz, pero entenderé que por el momento no me puedas atender, tienes invitados que esperan para felicitarte-dije débilmente, intentando reponerme a la idea de perder otra vez a mi hermano. No tendría por qué darme tiempo para explicarle, era un momento de felicidad que yo venía a arruinar. Él me miraba extrañamente, pero se dibujó en sus labios una mueca parecida a una pequeña sonrisa.

- ¡Sígueme!- Me halo del brazo y me condujo por la fiesta hacia el interior del club. Me imaginé que podríamos ir a un lugar donde no nos molestaran y eso fue lo que estaba tratando de hacer. Llegamos a una oficina llena de libros, quizás era una biblioteca para los miembros del club campestre. Todos eran de temas administrativos y comerciales con temas como "Como ser líder", "Finanzas internacionales" "Auditoria de Franquicias". Todo lo que un administrador debería saber, pero mientras leía los temas que estaban sobre el respaldo de los libros escuche un pequeño ruido que provenía de la puerta detrás de mí. Joseph la había cerrado con seguro.

- ¿Qué es lo que tienes que decir?

-Te debo una explicación-Dije firmemente sin dejar de mirar los brillantes ojos verdes de mi hermano.

- ¿Explicación?- frunce el ceño confundido y vuelve a mirarme esperando por mi respuesta.

-Quizás no te importe lo que estoy por decir, pero si lo hago es porque no deje de pensar en ello desde hace cuatro años y tal vez esta sea la única ocasión de la que pueda hablar contigo porque volveré a Roma, aunque...-Suspire hondo para relajarme, baje la mirada al suelo, sabía que por vergüenza no me atrevía a mirarlo, no obstante debía ser firme para esto- Ese día recibí un correo con una extraña fotografía que me impacto y debía confirmar la información que venía con aquella foto. Llegue al hotel y me quede en el lobby con la intención de saber si mi madre estaba engañando a tu padre como venía en el correo, pero al verte no supe qué contestarte...y al ver a mi madre en los brazos de otro hombre no tuve la cara ni el valor para responder por ella, pero tú comenzaste a gritarme...

- ¡A-Abi...!-Dijo con asombro intentando detener mis palabras. Aunque comencé a llorar como una niña siendo interrogada.

-Y lo único que vine hacer era decirte eso, nunca supe de quién fue el correo, pero es la única explicación que te puedo dar...-Bajo la mirada nuevamente, solo se escucha su respiración y mi nariz congestionada por el llanto.

- ¿Por qué pones esa cara? ¿Acaso crees que me engañas? ¿Con lágrimas fingidas?-Esperaba ese tipo de insultos, pero el que me dejara terminar ya era una ganancia para mí y mi conciencia.

-Sabia que dirías algo como eso-respondo afligida. Limpiando los residuos de lágrimas.

-Supe que mi padre fue a Roma solo para pedirte que regresaras y como tu madre lo trataste cruelmente-Dice enfadado y añade- ¡Eres la peor basura que pudo haber pisado la casa de mi padre! ¡Incluso peor que tu madre!

- ¿Es todo lo que tienes que decirme?-Cuestiono tratando de contener las lágrimas.

-No-continúa con una sonrisa burlona y cierta malicia en sus ojos- ¡Tengo mucho que decir!

Mire a mi hermano, cada ofensa borraba cada bello recuerdo del pasado, del hermano que alguna vez tuve, su cálida sonrisa. Aquel hermano amable de buenos modales había sido remplazado por un hombre lleno de rencor exclusivamente para mí. A pesar de que ya tenía en cuenta que podía hablarme de esa manera, me dolía y ya no estaba dispuesta a seguir escuchándolo. Camine por su lado con dirección hacia la puerta decidida a marcharme.

- ¡Espera!...-Grito enfadado. Me tomo del brazo y me jalo hacia atrás, poniéndome entre un estante de libro y él- ¡No hemos terminado de hablar!

- ¡Ya no tengo nada que decir! Especialmente a un hermano que no conozco-Replique furiosa

- ¿Qué dices? ¿Acaso he cambiado?-murmura desconcertado- ¡Sigo siendo el mismo!

-No es así... Mi hermano Joseph nunca me hubiera tratado de esta manera tan cruel-le reprendo mirando de arriba abajo desconociendo totalmente su forma de actuar.

-Ya veo- Susurra, sonriendo levemente - Crees que yo he cambiado... Pero ¿Acaso tú no?

- ¿Qué quieres decir con eso?

- ¡Esto!

De repente sujeto mis muñecas contra los libros, y aprisiono mi cuerpo contra el suyo evitando que me moviera. Cuando me di cuenta su rostro estaba frente a mí ¿Qué hace...?

No podía pronunciar palabra alguna, ni siquiera gritar porque sus labios, besaban los míos. Perdiendo toda movilidad, no pude evitar lo que sucedía. Mis piernas, mis brazos cedieron ante el claro estado de shock en el que me encontraba.

¿Qué diablos Ocurre? ¿Por qué rayos...? ¿Por qué esta besándome?

Capítulo 3 Paseo

Quizás era un juego, un juego muy estúpido, pero cuáles fueran las intenciones que tenía para hacer esto, no dejaría que se aprovechara de mí. Como pude, solté mi mano y le di una bofetada. Joseph me soltó enseguida.

-¿¡Estás loco!?- grité furiosa.

-¡Vaya!...- tocándose la mejilla enrojecida -¿Acaso no puedes besar a cualquier hombre como tu madre?

- ¿De qué hablas? ¡Somos hermanos!... ¡No puedes besarme!

-¿Hermanos...?-esbozo la palabra como si doliera pronunciar cada letra de ella-¿En verdad me consideras tu hermano?

Me sorprendió tanto su pregunta, ¿Acaso él no me considera su hermana?

-No sé lo que pretendes-grite-¡Pero no estoy dispuesta a soportar tus sucios juegos!

Me apresuré a llegar a la puerta para quitar el seguro que Joseph había puesto.

-A-Abi... ¡Espera!- escuché la voz de Joseph detrás de mí. Pero sería muy estúpido de mi parte escucharlo después de lo ocurrido. Al quitar el seguro salí deprisa, casi corriendo hasta llegar nuevamente al jardín donde se encontraba la fiesta. Mi corazón se aceleraba a cada segundo que volvía a mi mente aquella escena tan horrible que tuve que pasar. ¿Por qué?

Trataba de contener ese sentimiento tan aterrador, era como si me hubiera tocado un violador pervertido, tenía esa horrible sensación en el cuerpo y sobre todo en los labios.

- ¿¡Abigaíl!?- escuché la voz de mi padre mientras avanzaba entre la gente.

- ¡Ah!... ¡Padre!...-Dije un poco nerviosa.

-¿Te marchas?-Pregunto decepcionado-¡Es la fiesta de compromiso de tu hermano, no puedes marcharte ahora!

-¿Me perdonas si te digo que no me siento muy bien?-Dije desanimada, mi padre me observo detenidamente. Quizás mi cara estaba pálida por lo que había pasado y tal vez creería la mentira.

-¿Estás enferma?-pregunto angustiado.

-No lo creo... tal vez me afecto haber llegado tan deprisa a la fiesta después de un largo vuelo, necesito descansar-dije aún más nerviosa al ver que a lo lejos Joseph salía por una de las puertas del club hacia el jardín.

-Bueno, si es descanso lo que necesitas, ordenaré que un chofer te lleve a casa

-¿Casa?... no es necesario, iré a mi hotel no necesitas tomarte tantas molestias.

-En lo absoluto, no es una molestia, y por favor ya no insistas más en el hotel, me sentiré más tranquilo si descansas en tu antigua habitación-dijo con una sonrisa y haciendo un chasquido con los dedos mando a llamar a un asistente, dándole órdenes de llevarme a la mansión.

A causas de mi mentira, no pude decirle "no" a mi padre, y no teniendo otra opción para escapar tuve que hacer lo que mi padre ordeno.

A la mañana siguiente cuando desperté, supe que ya no me encontraba más en mi departamento en Roma, me encontraba en mi antigua habitación, todo lo que había dejado, estaba tal y como en ese entonces. Y supe que no era una terrible pesadilla porque en Roma no solía arroparme con sabanas de algodón egipcio. Deseaba profundamente que aquel beso si fuera solo parte de mi imaginación.

Me levanté de la cama hecha un asco, por suerte aún me quedaba mi antigua pijama, pero no tenía más ropa que ponerme excepto el vestido de ayer, pero mi familia no permitiría que me vieran con la misma ropa en dos ocasiones.

Coloque sobre mis pies unas pantuflas viejas de conejos. Tome mi móvil para llamar al hotel y mandar a uno de los empleados de mi padre para ir por una de mis maletas y ponerme algo más que el pijama.

Al notar la hora, me sorprendí de que nadie viniera a molestarme. "1:35 pm" tal vez me enfadó un poco, pero era lógico que me dejaran dormir tan tarde, había viajado durante varias horas. Mi cuerpo realmente cansado, aunque después una buena siesta de varias horas o más bien casi un día de reposo ya tenía la energía que necesitaba.

Abrí la puerta y salí arrastrando los pies, mi cabello no estaba tan mal, pero mis ojos estaban inflamados por dormir tanto, la luz me molestaba demasiado, me sentía peor de lo que me veía. Camine por el largo pasillo mirando de reojo los retratos de familiares que ha tenido esta familia desde la época medieval. Y continúe así por 15 minutos hasta llegar a las escaleras que conducían a la entrada de la casa. Por ahora no había visto más que algunos empleados que al momento de verme desaparecían al instante. Mi padre seguramente estaba en la empresa al igual que mi hermano, pues ahora ya trabajaba con él. Y mi madre estaría en un salón de belleza o de compras por los lugares más caros de la ciudad.

"Tal vez solo debería buscar a Edmund" pensé. Y camine con pereza por la casa, pasando por el comedor hasta llegar a la cocina y ahí lo encontré. Se encontraba preparando la comida junto con los chefs y algunas empleadas.

-Señorita Abigaíl-expreso sorprendido. Noté que estaba dispuesto a dejar su trabajo solo para atenderme, pero me apresure a reprenderlo.

-Por favor continúe con su trabajo, disculpa que interrumpa, pero me gustaría saber si me podría hacer un favor

-Señorita, usted no necesita pedir ningún favor, dígame en que le puedo servir-dijo mientras se lavaba las manos y se apresuraba a llegar hasta mí.

-Bueno, necesito un poco de ropa, pero mis maletas están en el hotel que reserve y aquí no tengo nada más que la pijama- explique. Él me miro de arriba abajo con una sonrisa.

-No se preocupe, enseguida mandaré a un empleado de la casa por sus maletas.

-Muchas gracias

Edmund, me acompaño hasta la escalera y ahí salió por la puerta para buscar a uno de los choferes de la casa. En cuanto a mí, recorrí los pasillos con mucha nostalgia, pues siendo pequeña solía jugar a estar perdida en un castillo y que el príncipe tenía que buscarme y ese príncipe para mi desgracia era Joseph.

Aunque le molestaba jugar conmigo a esas cosas lo hacía inmediatamente. Al menos podre decir que hace mucho tiempo era un hermano ejemplar, comprensivo, tolerante, y amable conmigo. Llegue al antiguo estudio de mi padre. Era tal y como ante aunque con algunas decoraciones diferentes, como las fotografías en su escritorio. Me senté sobre la silla de cuero y me acerqué al escritorio para observarlas mejor.

Las fotografías eran de cuando mi hermano y yo nos conocimos por primera vez, era un día de campo y yo no dejaba de jugar con las flores, en ese tiempo tenía apenas cinco años y él tenía diez. Hice una lluvia de flores sobre su cabeza y me reprendió por haberlo ensuciado. Me hizo llorar, pero al cabo de unos minutos no soporto verme en ese estado y me consoló, prometiendo que jugaría conmigo. También estaba una fotografía de la primera esposa de mi padre, la madre de Joseph. Era tan bonita, sostenía en sus brazos un bebe, uno muy gordo. Quizás era Joseph

Levante la vista al ver que la puerta del estudio se había abierto, sin que alguien tocara antes de entrar.

- ¿Así que aquí estabas?- dice Joseph desde la puerta.

-¿Me buscabas?-logro preguntar.

- ¿Qué es lo que haces aquí?-pregunta mal humorado frunciendo el ceño.

-Solo daba un paseo por la mansión.

-Ya veo-dice indiferente de mi explicación.

-¿Y tú?

-Quería saber si era cierto lo que escuche decir a mi padre en la empresa-asegura con una sonrisa-dijo que su pequeña princesa se quedaría en su casa y esperaba que no se marchara de nuevo.

-¿Eso es lo que dijo?-cuestione ansiosa

-Sí, pero ¿Realmente te quedarás?-susurro un poco preocupado. Limitándome a contestar si o no, preferí preguntarle algo que estaba segura diría que no.

- ¿Te agradaría la idea de que yo regresara?-Joseph parecía realmente sorprendido por mi pregunta, la expresión de su rostro cambio. Se acercó al estante de libros detrás de mí y cogió uno de ellos

-Oye... ¿Realmente crees que somos hermanos?- Su pregunta me hacía recordar lo que desee fuera solo una pesadilla.

- ¿De hablas? Por supuesto que somos hermanos-Al dar mi respuesta el cerro el libro con fuerza haciendo un ruido muy alto en la habitación.

-¿Y por qué no me haces un favor?-añade al ver mi expresión

-¿Favor? ¿Qué favor?

-Porque, no mejor regresas a Roma, tu presencia solo es una molestia en esta casa-dice petulante.

De nuevo se estaba comportando como un niño inmaduro, haciendo preguntas tontas y diciendo cosas que me dolían.

-¿Por qué no paras con esas estupideces? Tal vez dejé que el pasado me ofendieras de la misma manera que lo haces ahora, pero esta vez no dejaré que me hables de esa manera sin razón- le regaño tercamente como a un niño pequeño.

-Tal vez sea porque no puedo confiar en ti o en tu madre. El hecho de que volvieras significa que algo muy grande trama esa mujer.

- ¿Acaso estás loco? Sabes cuál fue la razón de mi regreso, te lo dije ayer, pero como siempre tú sacas tus propias conclusiones.

-¿Estás segura de eso?

-Por supuesto, tú eras el único motivo por el que regrese, pero tal vez no valió la pena regresar-reconozco ferozmente. Al girar a verlo de nuevo, note que me miraba fijamente, y se aproximó a mí sin dejar de verme directamente a los ojos. Trate de decir algo cuando acercaba su rostro al mío, pero mi enfado desapareció y mi voz se apagó con los nervios.

-¿Qué haces?-Logro pronunciar nerviosa

-Tus ojos tienen un pequeño tic-nervioso cuando mientes y trato de encontrarlo- aseguró con burla.

-¿Qué?-cuestiono enfadada.

-Bueno al menos, sé que no mientes sobre eso-Sus palabras parecen sinceras, y su expresión también lo es-Te veré después.

Sentí un calor agradable sobre mi frente, se había acercado tanto solo para hacer eso. Me había ruborizado de nuevo y lo peor es que Joseph lo había notado. Él solo sonrió antes de dirigirse a la puerta para dejarme igual que ayer. Sorprendida por el beso y en estado de shock por su repentino cambio de humor hacia mí.

Quizás ese beso, solo era la necesidad de sentir algo diferente, sentir que aún había algo de compresión de él para mí, pero significaba mucho para mi corazón.

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