Advertencia:
Este libro puede contener escenas sexuales y explicitas, que pueden ser delicadas para cierto público, se recomienda discreción.
Los nombres, personajes, lugares e incidentes son productos de la imaginación del autor o han sido usados de manera ficticia y no deben ser interpretados como eventos reales.
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Sinopsis:
Morgan, es una chica ruda que no ha tenido la vida fácil y cada centavo se lo ha ganado con esfuerzo, soportando día a día a su jefe explotador y alejada de las emociones extravagantes, hasta que conoce al señor Müller, un hombre que no solo logra calentar su cama, sino que la ha puesto en un peligro inminente. Llevándola en una montaña rusa de emociones y de orgasmos, haciéndola dudar en todo aquello que creyó bueno y sumergiéndola en un mundo de sombras.
-Ángeles como tú no pueden volar al infierno conmigo -masculló.
PRÓLOGO
Renania del norte- Westfalia, 19 de agosto del 2021
Querido señor Müller
Su anterior carta me ha dejo sin palabras, es por eso que he tardado tanto en responderle... Es solo que, me parece interesante que un hombre que es buscado por media ciudad para matarle, un hombre, que no posee celular, computadoras ni ningún medio tecnológico pueda estar al tanto de adonde voy y como estoy vestida. Me intriga a montones, quisiera saber su paradero, señor Müller y visitarlo algún finde semana, claro si se puede. Se que estoy poniendo mi vida y la suya en peligro con mis cartas, aún más con mis intensas ganas de volverlo a ver, pero si no estoy mal, entre usted y yo, quedaron algunos asuntos ardientes por resolver.
Respondiendo el ultimo comentario de su carta "estabas robando miradas con tu hermoso vestido color rosa, un poco corto a mi parecer, pero estabas divina" ¿En serio, señor Müller? ¿Quiere hablar sobre cosas cortas? Porque tengo varios comentarios sobre una cosita muy corta.
Te mando gran beso donde sea que estés.
Atentamente: Morgan Fischer
Capítulo uno
El inicio
Mi nombre es Morgan Fischer y trabajo para el magnate Adam Hoffmann, mi día a día es una montaña rusa, no suelo poseer ni un minuto de libertad. Soy su asistente hace siete años y cada día me esfuerzo por hacer mi trabajo de la mejor manera posible. Pero con mis treinta y nueve años recién cumplidos, me he dado cuenta que he trabajado día y noche, ganando mi dinero con esfuerzo y ofreciéndoles todo a mi familia, pero, olvidándome por completo de mí.
Quedé embarazada desde muy joven y desesperada logré conseguir un trabajo con el magnate Adam Hoffmann, empecé siendo una chica de limpieza; con un salario no tan bueno, pero con ayuda de mis padres puede mantener a mi hijo y pagar mis estudios. Actualmente soy su asistente, ganando un buen salario en el cual, por fin, puedo darle una buena vida a mi hijo, ofreciéndole la oportunidad de asistir universidad privada y con un apartamento que le pertenece solo a él.
He logrado criar un hombre que próximamente será neurocirujano, ofreciéndole día a día mis consejos y mis mejores bendiciones.
Ahora vivo en una casa sola, pensando seriamente que hacer con mi vida ¿renunciar a mi trabajo y enfocarme en mi? Lo haría, pero los impuestos no dejan de llegar ¿Tener una aventura con un desconocido? Lo haría, pero no soy lo suficientemente valiente para ligarme a un hombre. Tengo casi cuarenta años ¿Cómo se liga en la actualidad? ¿Cómo hacen algunas chicas para hacerle entender a un hombre que ahora en adelante, él será mi juguete? ¿Cómo se hace para sacar la fiera que lleva dentro?
Suspiré agotada, la habitación se encontraba llena de amigos de la familia, tomando cervezas y charlando, hoy por fin se festejaba mi cumpleaños ¿un año más de vida o uno menos? Depende de la perspectiva en la que lo veas.
Me encontraba en una crisis existencial que no me permitía avanzar ni disfrutar de nada. Deseaba relajarme sola en la bañera, o por primera vez después de diecinueve años, poder disfrutar de un caballero.
-¿Qué tal te la estas pasando en tu fiesta de cumpleaños? -preguntó Dominik Müller, era un hombre bastante alto, atractivo y joven. Se murmuraba que andaba en malos pasos, ya saben lo típico; venta de drogas, armas, peleas y carreras ilegales, pero nadie se atrevía a acusarlo con la policía o más bien, la policía nunca hacía nada, con unos cuantos billetes hacían de la vista gorda.
-Estupendo -espeté con amargura, volví a tomar otro trago de whisky -estoy sola, amargada y vieja. Asi que, wow, estoy genial.
-Deberías dejar de tomar tanto, Morgan. Además, no estas tan vieja... -sus ojos buscaron los míos, intentando mostrarme sinceridad en sus palabras -mira, yo me sentía igual que tú, melancólico con una crisis existencial enorme cuando cumplí mis veinticinco años...
-¿Tienes veinticinco años? -interpelé sintiéndome ofendida y vieja -¿Qué carajo haces aquí, niño? ¿Quién te invitó?
-¿Niño? -soltó una risota haciéndome hervir la sangre -no soy un "niño" señorita, Morgan. Y lamentablemente nadie me invitó, así que tuve que colarme -sacudió su chaqueta, mostrando sin vergüenza alguna, su fuerte abdomen bajo la camisa blanca transparente, que se ajustada a su cuerpo, detallando cada uno de sus musculos, pero lo que llamó más mi atención no fue su musculatura, al contrario, al lado derecho, cerca de su pantalón, sobresalía una gran pistola color negro. Larga y tenebrosa, se encontraba sujeta simplemente por el borde de su pantalón.
-¿Te gusta? -preguntó Müller alargando las comisuras de sus labios. El licor empezaba a hacer efecto, mi cuerpo se erizó, volviendo a sentir su mirada acosadora sobre mi cuerpo.
-Nunca había...nunca había visto una de cerca...pero, pero... ¿Qué haces con...con eso en mi casa? -titubeé.
-Soy un hombre de negocios, señorita Morgan -bajó la voz, acercándose más a mí. El aroma de su perfume penetró mi nariz, haciéndome volar y soñar con los ojos abiertos. No entendía que me sucedía, llevaba semanas, meses deseando algo peligroso, algo prohibido... y tenerlo cerca de mí, aumentaba mis deseos -¿Quieres tocarla?
-Sí -le respondí.
-Sí -le respondí, llenándome al instante de la típica timidez que me perseguía a todos lados cuando intentaba ser atrevida, aunque lo fuera un poco -digo -me aclaro la garganta- no me interesa la verdad ver sus armas, ni nada que tenga que ver con usted, señor Müller...le pido con muchísimo respeto que se retire de mi casa con esa arma, podría lastimar a alguien inocente.
Me erguí, repasando con la mirada a las personas presentes. Todos estaban en sus asuntos, ignorando por completo al enorme tigre salvaje que me acorralaba contra la esquina de la pared. Pero, me negaba a mostrarme vulnerable.
-¿Segura? -inquirió. Yo me limité mover la cabeza de arriba hacia abajo, deteniéndome unos segundos, para admirar su abdomen -¿muy segura? Si salgo por esa puerta...no nos volveremos a ver, mis negocios me impiden quedarme mucho tiempo en un mismo lugar.
-¿No te aburre esa vida? estar haciendo "sus negocios", huyendo de la policía y de cualquier loco que algún momento pueda atentar contra usted.
-A veces -lamió su labio inferior, produciendo un lento y sensual movimiento -es solo que, la adrenalina...
-¿Lo haces solo por la adrenalina? -le interrumpí, pero es que continuaba sin entender bien, por qué las personas hacían cosas ilegales ¿huir siempre, acaso eso se llama vida?
-No solo por eso, las montañas de dinero, el peligro -acarició mi brazo con la yema de su pulgar, enviando electricidad por toda mi columna vertebral -lo prohibido y el sexo -concluyó convirtiendo su voz en un susurro -lo unes todo y obtienes una explosión de lujuria -me quedé en silencio, analizando cada una de sus palabras, intentando mantener la cordura -¿lo entiendes? -asentí con la cabeza no muy convencida -¿Alguna vez lo has sentido, señorita Morgan?
No le respondí, en mi vida solo había estado con un hombre; el padre de mi hijo. El cual había desaparecido una vez que le comenté sobre mi embarazo. No estaba en sus planes y tomó el camino del cobarde. Y la verdad, no lo extraño, gracias a eso aprendí a ser fuerte e independiente.
-Debo irme -dijo él -pero, señorita Morgan, si quiere alguna vez intentarlo, si desea sentir su cuerpo arder en llamas; no dude en contactarme -se inclinó lo suficiente para alcanzar el lóbulo de mi oreja y murmurarme -solo debe dejar una carta en el buzón verde de la casa abandonada del lago.
Petrificada, lo miré alejarse. No sabía cómo reaccionar o que decir, todo resultaba caótico. No era primera vez que el señor Müller y yo cruzábamos palabras, ni la primera vez que sentía esa intensidad, el bombardeo del latir de mi corazón por su culpa.
Ni siquiera me había dado cuenta que estaba caliente, con las mejillas hirviendo, las manos temblorosas y mis bragas húmedas. No entendía con exactitud porque me permitía fantasear con la idea de escribirle una carta y vivir al menos unos minutos de esa adrenalina. Después de todo, había renunciado a todo por mi hijo y ahora, tenía una oportunidad de sentirme libre, viva.
Meneé la cabeza, pegándome más contra la pared, la música de la fiesta me hizo volver a la realidad. Mi apestosa realidad, soy una mujer de treinta nueve años que piensa en ligarse a un niño de 25 años...
Joder.
-Vamos, Morgan. No seas boba, eres una adulta de casi cuarenta años, contrólate...
Me obligué caminar hacia la barra de licores, donde muchas personas se encontraban aglomeradas riendo y hablando alegremente, ignorando por completo al hombre que hace unos segundos casi me hace polvo con una mirada.
Sentí un rayo de adrenalina penetrarme y con la copa en mano, me serví un poco de whisky, llenándola de principio a fin.
-Quiero hacer un brindis -hablé en voz alta, los presentes me miraron sorprendidos, pero dispuestos a escucharme -por favor, podrían bajarle a la música -el hombre canoso obedeció y seguidamente todos crearon un círculo deformado alrededor de mi -quiero agradecerles a todos por estar presentes. Hoy no solo es mi cumpleaños, también, festejamos que mi hijo Matías irá a la universidad, será todo un hombre independiente en un par de horas.
-Mas o menos, no creas que no vendré a visitarte, sigo siendo tu pajarito, madre -contestó él.
-Un zopilote, diría yo -varias risillas resonaron de fondo -solo quiero decirte hijo, que estoy muy orgullosa de ti, de todo lo que has logrado y lograras. Espero que disfrutes a montones el nuevo apartamento que te compré -elevé mi copa en alto, sintiendo las náuseas florecer -¡te amo muchísimo! ¡muchísimo! -me tambaleé -nunca...hip...nunca lo olvides... en serio... hip... eres... hip...
-Mamá -habló Matías acercándose a mí con preocupación -creo que ya has tomado suficiente por hoy.
-No es cierto -le reproché, llevándome la copa de whisky a la boca. El líquido paso por mi garganta como si fuera un vaso de agua, dulce y suave, continué sorbiendo hasta acabarme más de la mitad -yo...hip...yo estoy bien...con un poco de -bebo otro poco -estoy bien...recuerda que hoy planeo llevarte a tu nuevo departamento...donde iniciaras tu vida...sin mi...y luego me quedaré sola para siempre en esta casa...
-Mamá, vamos... necesitas descansar.
-Pero los invitados...
-Yo les diré que se marchen -me respondió en un tono suave.
-Pero...se suponía que yo te llevaría a tu apartamento, no quiero que vayas solo -un vacío creciente aboyaba mi pecho, pase de ser una borracha decepcionada a una triste. Matías, mi hijo, quien físicamente me recordaba tanto a su padre, con esos ojos oscuros y una melena desordenada, hablaban y se expresaban de la misma manera, aun así, eran muy diferentes -no quiero vayas solo...
-Tranquila, mamá-me ayudó a subir los escalones con cuidado -no me iré sin ti, mañana tengo clases en la tarde... podemos ir en la mañana al departamento y acomodar un poco las cajas. No me iré sin ti, mamá -repitió. Doblamos a la izquierda acercándonos más y más a mi habitación.
-¿Lo prometes?
-Lo prometo, pero ahora duerme -entramos a la habitación y con cuidado me recosté en el cómodo colchón. Me sentía cansada y muy borracha. Sabía que Matías no pensaba cumplir su promesa, pero tampoco deseaba ser intensa. Así que, cerré mis ojos y me dejé llevar.