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RELATOS DE LA VIDA Y EL AMOR

RELATOS DE LA VIDA Y EL AMOR

Autor: : Espe2019@
Género: Romance
Este libro recopila relatos de amor, desamor, traición, engaño, felicidad y auto superación, pudiendo así dar al lector la posibili9dad de sentirse identificado en algún momento de su vida; se trata de relatos envolventes, que buscan atrapar al lector dentro de sus historias.

Capítulo 1 Breve historia de amor

dieciocho años cuando comenzó a estudiar derecho civil en la Universidad de Chile en la ciudad de Santiago, era la primera vez que visitaba la capital, ya que sus orígenes se encontraban en un pequeño pueblito llamado Pelarco, en la pre cordillera de la región del Maule, de ahí que fuera una muchacha tímida y retraída.

Sus primeros días Ariana tenía en la gran ciudad, como también en la facultad no le resultaron del todo agradables pues extrañaba en demasía la calidez de su hogar y por sobre todo el apoyo y el afecto tan incondicionales que siempre su madre le había entregado, se sentía sola y tan pequeña en medio de toda la inmensidad que la rodeaba, pero en el fondo sabía muy bien que no podía lanzar por la borda todo el esfuerzo que sus padres hacían para cumplir su sueño de convertirse en una gran abogada.

Una mañana soleada de Abril cuando Ariana se encontraba junto a sus compañeros en su clase de código del trabajo, entró en el aula un joven trigueño, de estatura media y de ojos color turquesa tan profundos como el mar, sin lugar a dudas aquel muchacho despertó el interés de la mayoría de las jovencitas de la facultad de derecho y Ariana no fue la excepción; en poco tiempo David, como se llamaba, se convirtió en un muchacho sumamente popular, siempre era invitado a fiestas y estaba rodeado de hermosas chicas, situación que hacía sentir a la tímida Ariana que no tendría ningún tipo de oportunidad con él, si bien habían conversado en algunas ocasiones, y David se había portado muy atento y amable con ella, no le parecía que pudiera despertar interés en un joven tan apuesto y con tanto mundo como aquel. Por su parte el muchacho se centraba en sus estudios y algunas veces aceptaba una que otra de las múltiples invitaciones de las que constantemente era objeto, sin embargo sin darse cuenta estaba empezando a experimentar una atracción muy especial por una niña que era muy distinta a las demás, ella no se abalanzaba sobre él cada vez que lo veía, ni tampoco hacia hasta lo imposible por insinuársele o complacerlo, era una joven sencilla, natural y espontánea, con la inocencia que solo la gente del campo posee. Aquella mujer que tenía tan cautivado a David no podía ser otra que Ariana, mas él también temía confesarle sus sentimientos por temor a que lo rechazara o que le dijera que tenía novio.

Una tarde en que Ariana regresaba a la pensión donde estaba viviendo, sintió que alguien detrás de ella la llamaba a lo lejos, al darse vuelta pudo ver que David corría para poder alcanzarla, caminaron juntos al tiempo que conversaban y tras llegar al portal el muchacho preguntó si podía pasar por ella al día siguiente, y la joven encantada aceptó. Así transcurrió el tiempo y al cabo de un periodo de ser amigos y más tarde confidentes, por fin descubrieron que eran almas afines y se enamoraron profundamente, juntos terminaron sus estudios de derecho civil y al egresar de la facultad, decidieron unir sus vidas por medio del vínculo del matrimonio y formar una familia.

Han transcurrido los años y hoy aquellos dos jóvenes son un par de adultos enamorados, que se alejaron de la capital para echar raíces y construir su nido junto a sus tres hijos, en la tierra que vio nacer a Ariana, rodeados de verdes praderas y respirando el aire puro del campo, en el pequeño y pintoresco pueblito de Pelarco.

Capítulo 2 El extraño caso de mi muerte

Aquella noche tibia de primavera en que las aves nocturnas se encontraban laboriosas en la plenitud de su ajetreo, y la luna brillaba en lo alto del firmamento acompañada por un infinito ejercito de estrellas, fue el escenario perfecto para dar lugar a los espantosos sucesos que relataré a continuación en estas líneas.

Caminaba yo solitario por el sendero a la orilla del lago, extasiándome con los deliciosos sonidos nocturnos, saboreando la briza de la oscuridad y sumergiéndome en mis cavilaciones y pensamientos, cuando de pronto y sin siquiera darme cuenta me fui apartando del sendero para internarme en el espeso y frondoso bosque de árboles nativos tan propios del extremo sur de Chile y de los que yo soy un fervoroso admirador, caminé sin rumbo fijo durante un largo rato, dejándome llevar por esa belleza indómita y silvestre, y para cuando pude darme cuenta me encontraba solo en medio de la inmensidad, sin más compañía que aquellos colosos milenarios de estructura imponente y la de una enorme obscuridad. Seria egoísta negar que en un principio al verme allí solo, envuelto por una briza gélida, sin el abrigo cálido de la cabaña, experimenté una sensación extraña, una especie de miedo que recorría mi cuerpo y atormentaba mi pensamiento; yo que siempre había sido un hombre firme, seguro de mis acciones y de un carácter imperturbable, por primera vez en mucho tiempo volvía a sentir el beso del pavor y el desconcierto. Decidí buscar refugio bajo un árbol mientras sentía como mi corazón se aceleraba como un caballo desbocado, cerré los ojos y me acurruqué junto al tronco para intentar calmarme y recuperar el aliento, pero sin embargo me fue imposible conseguirlo ya que de pronto sentí una mano firme y helada que me agarraba con fiereza por detrás del cuello, presionándolo para robarme poco a poco el oxígeno, traté desesperadamente de zafarme y por poco no lo logro, pero cuando me vi libre corrí a toda velocidad sin saber a dónde, tan solo quería dejar atrás a ese ser, fuera lo que fuera, humano o vestía, que intentaba darme alcance, hasta que sin remedio llegué al límite de mis fuerzas y sin apelación caí sobre la hierba mojada por el rocío nocturno mientras mi perseguidor se acercaba con pasos firmes y amenazantes, ya sin opción de escapar no me quedaba más que clamar al cielo por una salvación, un milagro divino que me permitiera seguir con vida, pero ya era demasiado tarde para mí, estaba escrito que moriría a manos de esa vestía funesta, fue entonces, en ese momento cuando había cerrado mis ojos para entregarme a mi suerte, que en un instante y como un destello lo recordé todo.

Varios años antes cuando yo era apenas un estudiante de ingeniería civil de la Universidad Católica de Chile, junto a un grupo de cinco amigos a parte de mí, decidimos hacer caso a nuestro espíritu aventurero y así emprendimos viaje al extremo sur del país, dispuestos a liberar tensiones, a disfrutar de paisajes exóticos y fascinantes, y a vivir aventuras extremas, dejando atrás la ajetreada y vertiginosa vida de la capital. Fue entonces cuando una noche en que la neblina cubría todo a su paso, mis avezados amigos y yo decidimos ir de excursión, internándonos en este mismo bosque en que hoy suplicaba por conservar mi vida, no teniendo temor de nada y dispuestos a satisfacer hasta el final nuestro deseo de aventura; tras horas de caminata sin saber en qué dirección íbamos, por fin encontramos un pequeño y angosto camino que supusimos nos llevaría a algún precipicio o algo por el estilo, sin embargo tamaña fue nuestra sorpresa al percatarnos que conducía a una milenaria y mítica cueva, al principio lo dudamos un poco pero tras un rato decidimos adentrarnos en su interior, era profunda, oscura y hueca, pues al hablar nuestras voces producían eco en su interior, sus paredes se encontraban tapizadas de extraños dibujos que supusimos eran de tiempos muy remotos y también habían en ella jeroglíficos que representaban una forma de comunicación entre los que habían sido sus habitantes. No cabía duda alguna de que todo aquel panorama nos tenía maravillados y lejos de disminuir, nuestro afán de explorar más allá, este aumentaba a cada minuto; nos encaminábamos al fondo de la caverna cuando de forma imprevista sentimos una extraña presencia asechándonos, por primera vez experimentamos lo que era realmente el terror, sin saber a qué nos enfrentábamos tan solo sabíamos que a medida que avanzábamos en el sendero de nuestra proeza, más se acrecentaba aquella desagradable sensación en nuestras almas, quisimos volver sobre nuestros pasos y marcharnos de aquel lugar, sin embargo cuando nos disponíamos a hacerlo, desde la inmensa oscuridad emergió la figura gigante de un ser imponente, mitad hombre mitad vestía, de aspecto milenario, que se encontraba envuelto en una estela de fuego y cuya presencia infundía temor hasta el más gallardo y valiente de los hombres. Sin miramiento alguno alcanzó con sus enormes manos a uno de mis compañeros e ignorando nuestras suplicas, le retorció el cuello lentamente quitándole el aire hasta dejarlo sin vida y sin que ninguno de los presentes pudiera hacer algo para liberarlo de ese horrendo final, mientras acababa con la existencia de Luis, en los ojos de ese monstro se veía el placer y la satisfacción, y al cabo de un rato fuimos expulsados del interior de la cueva sin saber cómo, tan solo el miedo dominaba nuestras acciones y nuestros corazones. Nunca supimos explicar con claridad a la familia de Luis lo que había acontecido con él en el que se suponía solo iba a ser un viaje de distracción y aventura, y los sobrevivientes nos juramentamos no divulgar lo sucedido ni mucho menos pretender regresar a aquel lugar.

Ahora que me encontraba precisamente en las garras de la muerte, exactamente padeciendo el mismo suplicio que aquel amigo entrañable, podía percatarme que sin darme cuenta había roto aquella promesa, desatando de paso la furia de la vestía infernal que ahora me sometía a las más terribles flagelaciones desgarrando con astucia y satisfacción cada girón de mi piel para devorarlo casi con gula, consumiendo a cada instante mi vida hasta extinguirla por completo. Un final desastroso para un hombre que lo había conseguido todo en la vida, una muerte indigna y despiadada a manos del más vil de los seres, sin siquiera tener un sepulcro físico en donde mis seres queridos pudieran ir a llorar mi recuerdo, sin defensa ni justicia, simplemente una muerte indeseada y repugnante.

A pesar de todas las investigaciones y de las hipótesis tentativas acerca de mi desaparición, jamás se logró determinar qué había sucedido respecto a mi muerte, pues nunca se encontró ningún indicio en el lugar de los acontecimientos, y aquel misterioso sendero incluido la cueva y el bosque, desaparecieron como por arte de magia. Tras un año la policía decidió cerrar el caso resolvieron que probablemente yo había caído accidentalmente al lago siendo devorado por la fauna acuática del lugar.

Capítulo 3 Encanyo al calor del mate

El amor en sí ya es hermoso, el amor por sí mismo es candente, mas, al calor de un mate se despiertan los instintos, se desatan las pasiones y el corazón se abre de par en par rindiéndose a los efectos de una nueva ilusión.

Mi nombre es Yanara, soy chilena y el verano pasado decidí ir en mi periodo de vacaciones a conocer la bella ciudad de Buenos Aires, no cabía duda de que aquella sería una experiencia nueva y fascinante para mí, llena de aventuras, en donde tendría la oportunidad de adquirir conocimientos contemplando parajes hermosos y disfrutar seguramente de compañías muy agradables. Era mi segunda jornada en la ciudad y como todo turista me sentí atraída por la noche bonaerense, me encontraba caminando sin rumbo, sintiendo la exquisita briza veraniega entrando en contacto con mi piel, cuando de pronto y casi sin darme cuenta me encontré frente a la puerta de un imponente y elegante edificio de un estilo colonial español; desde su interior emanaba una música celestial, la exótica fusión del soneto de un piano y el canto de los violines los que poco a poco iban cautivando mis oídos hasta erizar mi ser por completo, alcé mis ojos hacia arriba y pude ver su nombre impreso en letras majestuosas, era el afamado teatro Colón que con su elegancia y estampa, sumadas a la sonoridad de la música que emergía de su interior, me invitaba a entrar en su mundo y descubrir el enigmático encanto de sus salones; guiada por mis instintos me interné en aquel maravilloso lugar, hasta que tras una puerta hecha de fina madera, descubrí un auditorio repleto de gente y en cuyo escenario se encontraban un sinfín de instrumentos que componían la más sublime de las orquestas, comandada por su director, un hombre de figura atlética, muy elegantemente vestido, de tez blanca, ojos azules como la profundidad del mar y de cabellos tan rubios como los campos de trigo maduro; de inmediato y sin hacer ruido me instalé entre el público dejándome llevar por las deliciosas melodías que ese selecto grupo interpretaba, mas, mi mirada seguía fija e inmóvil en dirección a un solo punto del escenario, donde se encontraba ese hombre que dirigía todos los movimientos de los músicos, ese ser de aspecto viril, de mirada imperturbable y rostro seco, pero que sin embargo había causado en mí algo muy especial, una sensación que jamás había experimentado y que ahora se estaba propagando por todo mi cuerpo, invadiendo mi mente, mi alma, hasta carcomer mis huesos y llegar a mi corazón; y al parecer el sentimiento era reciproco pues de pronto y sin previo aviso, comencé a sentir el calor de su mirada, la misma que al principio era inexpresiva, ahora se había vuelto de fuego y me gritaba que yo era el objeto de su deseo, debo admitir que en un principio aquella situación me cohibió un poco, sin embargo esa sensación desapareció casi de inmediato, para dar paso a un sentimiento de absoluto placer y complicidad, no existía duda, nuestras almas se encontraban sumergidas en la más sublime de las conexiones por medio de nuestros ojos, a nuestros rostros les resultaba imposible poder disimular la química que se había generado entre ambos, y lo mejor de todo era que a ninguno de los dos nos importaba. Por fin el concierto terminó y el público retribuyó a los artistas con una gran ovación cerrada y de pie, acto seguido los asistentes fueron abandonando poco a poco aquel auditorio, yo también me disponía a hacerlo, cuando uno de los tramoyas de la orquesta se me acercó y tras un saludo reverencial, sin decirme nada me hizo entrega de una tarjeta, para luego alejarse con una sonrisa en el rostro, al tomar ese diminuto trozo de papel entre mis manos, pude sentir como mi corazón despertaba ante una nueva ilusión, podía notar como sin querer mis mejillas poco a poco se iban enrojeciendo, y la boca se me secaba, mis manos temblaban y por más que quisiera evitarlo, era imposible alejar la sensación de curiosidad y expectación de mi espíritu; sin mayor preámbulo abrí esa pequeña pero significativa tarjeta, con la secreta esperanza que su procedencia no fuera otra que de aquel maestro de orquesta que había encendido mis sentidos y ruborizado mi corazón, si bien es cierto era una absoluta locura pretender que aquel hombre tan seductor hubiese mostrado real interés en mí, no dejaba de ser algo posible y yo me aferraba a esa utopía con todas mis fuerzas; al leer esas líneas mi mente no conseguía asimilar lo que mis ojos presenciaban , pues en aquellas palabras se cumplía lo que tanto había anhelado, los ángeles del cielo o alguien desde el más allá habían interferido para que mis plegarias desde lo alto fueran escuchadas, ese párrafo perfecto y a la vez precioso decía algo más o menos así ``Mi venerada y dulce diosa, espero no ser inoportuno ni causarte incomodidad alguna, pero no puedo perder la ocasión de decirte que esta noche me has extasiado con tu belleza virgen y transparente como la de ninguna otra criatura, quisiera poder tener el honor de que me concedieras unos minutos para charlar y disfrutar de tu deliciosa compañía, te espero ansioso y expectante en mi camerino. Con toda admiración. Fernando Lorca. Director de orquesta`` Tras concluir de recorrer esas líneas, la emoción se apoderó de todo mi ser y una gran sonrisa se extendió por todo mi rostro, decidí no perder tiempo y enfilé mis pasos de manera rauda en dirección al camerino de Fernando, cuando me encontré frente a la puerta me percaté que un nudo poco a poco me iba cercenando el estómago, robando muy lentamente mi respiración, el miedo invadió mis sentidos hasta casi llegar al punto de paralizarme por completo, sin embargo mi deseo de conocer a ese hombre que me tenía impactada, era más fuerte y en un acto de la más pura inercia me sorprendí llamando a su puerta, casi al instante esta se abrió y tras de ella estaba Fernando, quien al verme de inmediato me regaló la más amplia y luminosa de sus sonrisas, en lo que a mí respectaba, ahora puedo decir que en aquel instante me encontraba totalmente perturbada por la emoción y los nervios, y tan solo pude decir.

-Hola- Fernando que al parecer acababa de darse un baño, estaba en bata y se le veía muy cómodo.

-Pasa mi diosa- dijo esta vez abriéndome de par en par la puerta, yo le obedecí y casi al instante me encontraba sentada en un lujoso y confortable sillón de cuero; entrar en aquel espacio era como introducirse en otro mundo, todo lleno de lujos y comodidades, con lo más refinado para comer y beber de forma instantánea, atendido por curvilíneas sirvientas a las que Fernando ni siquiera miraba; luego de dejarme instalada en aquel delicioso aposento, él se fue hacia una habitación contigua en donde a través de la puerta abierta, pude ver que se reunía con el resto de la orquesta entre los que se encontraba el asistente que me entregara la tarjeta, aquel diminuto trozo de papel que en unos pocos instantes había cambiado mi vida por completo, unos minutos más tarde aquel guapo y varonil hombre volvió junto a mí, y sin previo aviso y haciendo gala de su osadía y faceta de seductor, me dio un dulce beso en la mejilla, yo me quedé sin respiración, sin palabras sin aliento, regocijándome en mi incredulidad, fascinada y aturdida. Así comenzamos a hablar y con el correr de los minutos, nos fuimos quedando completamente solos en aquel lujoso espacio, Fernando me contó que había nacido en Argentina pero que desde muy pequeño estaba acostumbrado a recorrer el mundo junto a su familia ya que su padre al igual que él, había sido un afamado director de orquesta y por esa razón nunca había tenido el típico acento argentino; por mi parte yo le pude contar de que soy hija de una familia muy esforzada, que en mi infancia tuve que enfrentar situaciones difíciles y pasar muchas privaciones, pero que con mucho esfuerzo logré terminar mi carrera de ingeniería comercial , y ahora era una exitosa gerente en una importante empresa chilena.

- ¿Quieres matear? - me dijo Fernando, después de hablar por largo rato.

-Me encantaría- dije emocionada -Pero no conozco mucho acerca del ritual del mate- agregué con una mezcla de vergüenza y nerviosismo.

-Tú relájate mi diosa bella, yo te enseñaré todo lo que desees aprender- repuso, trayendo en sus maravillosas manos, un hermoso y elegante mate de calabaza. Yo que hasta ese instante era una absoluta ignorante respecto al tema, sorprendida pregunté.

-¿Por qué tan solo uno?- de inmediato Fernando me miró con una sonrisa picaresca en el rostro, y luego agregó.

-Lo que pasa es que quiero tener el placer de probar el sabor de tus labios en la bombilla después de que cebes el mate-

- ¿Cebar el mate? ¿Qué es eso? - agregué aún más desconcertada.

-Ya lo verás- dijo esta vez mi apuesto acompañante, con la malicia reflejada incluso en su mirada, acto seguido, dio comienzo al místico rito de la preparación y el disfrute de un auténtico y delicioso mate argentino. Comenzó encendiendo una vieja vitrola en donde sonaba alegre un tango de Gardel, luego puso la pava a fuego medio en una cocina de gas, y más tarde sacó de un bolsito cuidadosamente, arreglado, la yerba para preparar aquel brebaje de dioses, puso cuidadosamente un poquito dentro del mate, luego le agregó un chorrito de agua bien caliente, para más tarde poner delicadamente la bombilla tratando de remover la mezcla lo menos posible, un instante después cubrió la bombilla con otro poco de yerba teniendo la precaución de dejar un pequeño orificio en donde depositar un último chorrito de agua; mis ojos miraban las hábiles maniobras de aquel viril personaje, con imperturbable veneración ¿Cómo podía ser posible que aquel ser que en un principio mostrara una mirada tan fría e indiferente, fuera en la intimidad de un camerino tan cercano y tan tierno?

-Ya casi está listo- dijo susurrando, mientras la yerba lentamente se consumía en el agua hervida -Cébalo tú primero- dijo extendiéndome el mate con una mano, mientras que con la otra apuntaba hacia la bombilla.

-¡Ay! está caliente y muy amargo- no hubieran hecho falta las palabras pues la expresión de mi rostro lo decía todo, Fernando se reía a carcajadas, y luego fue su turno de cebar el mate.

-Tus labios saben delicioso- me dijo tras succionar el implemento por un momento, esta vez era yo quien me reía. Así transcurrieron las horas, disfrutando un mate tras otro, riéndonos y charlando, dejándonos llevar por la seducción, danzando al compás del tango y su ritmo cadencioso, hasta que nos sorprendió la noche y nuestros labios se confundieron en un ardiente beso que desencadenara la pasión, dando paso a que nuestras pieles se confundieran y nuestras almas sucumbieran al calor del amor, gracias al místico mate, que cautiva y es hechizo.

Ya va a ser un año desde que ocurriera aquella sublime experiencia y tanto Fernando como yo, seguimos cebando mate y consumidos

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