Solo tengo una misión en esta historia y es contar como fui secuestrada por error a manos del hombre más peligroso que puede existir sobre la Tierra, el rey de las mafias internacionales.
Nada era como parecía ser, no soy hija de nadie y solo amiga de una chica que me trató como hermana, y ahora todo cambió cuando mi vida se veía amenazada con un arma apuntando en mi sien y era morir en vano o sacrificar todo por ella y realmente no tenía mucho que perder, así que, me armé de valor y grité frente a ese hombre que me miraba con esos ojos tan llenos de astucia que no era la mujer que tenía que estar aquí, que me había raptado por error y ahí es cuando todo giró para mí.
-¡Mátala!-ordenó esa voz que me sacudió como si de un terremoto se tratara y mis súplicas no tardaron en salir.
-No le hice nada, por favor, no me mate-mi garganta dolía-. Es que no tiene conciencia, soy un ser humano.
A veces es mejor optar por la opción de morir que rogar por una vida que tal vez llegue a su fin por alguien que vivía con la misma muerte.
Era tal y como lo veía, un ser sin sentimientos, frío y calculador, arrogante y altanero, pero en el fondo de él se encontraba escondido en lo más profundo a un hombre que nadie llegó a conocer, excepto yo.
Perdonarme la vida me llevó a ser su prisionera.
Fue un error mi secuestro, pero yo fui para él, su salvación pagando un gran precio.
Las sorpresas son las que nos encontramos en el camino y después todo resulta ser diferente a lo que la vida nos enseñó o eso pensé en aquel instante.
Raptada por error, mafioso sin sentimientos y una simple chica. Le hubiera pasado a cualquiera, ¿no?
Obra completamente mía, está prohibido su copia o adaptación de ningún tipo.
Todos los personajes de esta historia son ficticios, cualquier parecido con una persona es pura coincidencia.
Obra registrada en SAFE CREATIVE bajo el código: 2108168771744
Todos los derechos reservados ©️
Zoe
Hay historias que empiezan contando la vida de una misma, pero en la mía habrá un toque diferente, empezaré a narrar por el día que me raptaron por error, porque ese fue el inicio de todo lo que soy ahora.
Yo, Zoe, una simple chica que después de perderlo todo en la vida, el destino me regaló a una increíble amiga, ¿y saben que?, no me siento triste por no tener a mis padres, no me siento desafortunada por no tener a mis seres queridos conmigo, porque en ella lo encontré todo, una gran hermana es lo que es Claudia para mí.
-En serio, ve con tu amorcito. Yo me encargo de llevar tu coche al taller.
Su cita con su novio dependía de mí ayuda, y como no, estaba dispuesta a hacerle el favor sin problema alguno.
-¡Eres la mejor, Zoe!
Suspiré después de que me abrazara y la miré irse feliz con Víctor mientras la recibía con un hermoso ramo de flores.
-Ojalá y el mío fuera así de romántico.
Llevaba más de un año con un chico y lo poco que tiene de carácter lo tiene de romántico, pero era un buen muchacho, amable y honesto y creo que fue eso lo que me hizo enamorar de él, ¿no? En fin, no hay amor que se pueda decir que sea sincero. Así que para qué pensar tanto.
Mientras conducía el coche de Claudia, en la radio de este pusieron mi canción favorita y sin duda alguna empecé a cantarla junto al viento que chocaba en mi rostro moviendo mi cabello.
Hace mucho tiempo, un señor de más de cincuenta años me aconsejó y aún pongo en práctica su consejo "no hay vida feliz si no sonríes en ella a pesar de las adversidades, nadie en este mundo tiene la plenitud, pero eso no significa conformarse con poco".
Sonreí al recordar y verdaderamente tenía razón, soy quien soy por mi forma de ser y esta no la cambiaría por nadie.
-¿Qué mierda está pasando?- articulé al ver dos furgonetas negras cerrarme el paso.
Por un momento pensé que todo se trataba de una broma, pero cuando quise darme cuenta de que no, uno de esos hombres vestido de negro me sujetaba de la nuca sacándome a rastras del auto de Claudia.
-¡Suéltame!- grité intentando ser valiente.
-Cállate niña, y camina- ordenó el hombre apretando más su agarre y seguí siendo fuerte y luché con su cuerpo, pero cuando me di cuenta de que había hecho mal, un gran golpe en la nuca me hizo temblar y mis piernas dejaron de sostener mi cuerpo y comencé a verlo todo negro.
Dicen que la vida es demasiada corta y que hay que vivirla al máximo, porque nunca sabemos cuándo puede llegar a su fin y lamentablemente cuando todo se acaba no se suele avisar, solo cerramos los ojos y nuestro corazón deja de latir.
-No hice nada, por favor, suélteme. - Sollozo mientras mi cuerpo se encontraba en un sótano bajo el suelo. Si tuviera que describir este lugar, diría que es frío y oscuro, un espacio que desconocía su tamaño porque no alcanzaba a ver ni a sentir nada, excepto un escalofrío terrible y el olor de la humedad.
¿Qué necesitaba para sentirme como me sentía antes de todo esta locura? Mi libertad, era lo único que necesitaba y olvidarme de todo lo que pasó.
-¡Vaya!, aquí tenemos a la joya de Richard- sentí una voz masculina que me causó un asombro horrible.
No llegaba a ver su rostro, pero si percibía su altura.
-¿Por qué estoy aquí?
-Por tu padre- aclaró esa voz que la sentí más profunda.
¿Padre? ¿Qué padre? No tengo padre, jamás lo tuve.
-Richard tiene que pagar por su deuda y no hay mejor manera que con la muerte de su hija.
Dios mío. Se confundieron, ellos piensan que soy Claudia y que el señor Richard es mi padre, pero ¿dijo muerte?
-Por favor, no lo haga.
Suelta una sonora y maliciosa carcajada que me hizo saltar del susto por lo terrible que se hizo notar.
Mis manos estaban atadas a mis espaldas y mi cuerpo permanecía de rodillas, la pequeña luz de aquel agujero me molestaba en los ojos al encenderla y repentinamente sentí como inicia sus pasos hacia mí y alcé lentamente mi rostro para encontrarme con el rostro de aquel hombre que sacudió mi ser llenándolo de miedo con tan solo oírlo
-Yo...- mojé los labios porque no podía dejar de mirarlo, era jodidamente hermoso, sus ojos penetraban y dolía como miraba, su perfecta nariz parecía creada por un artista y sus labios son puramente perfectos-. Yo... - rompí de un tirón nuestra mirada.
Tenía miedo de decir que no era la hija de Richard, pero también temía por mi amiga.
-Mátala-ordenó esa voz que me sacudió como si de un terremoto se tratara y mis súplicas no tardaron en salir.
-No le hice nada, por favor, no me mate-mi garganta dolía-. Es que no tiene conciencia, soy un ser humano.
Me había dado de espaldas cuando ordenó que me dispararan, pero al gritar este volteó rápidamente y apretó mi garganta y gritó claramente-. Mi problema no es contigo, sino con tu padre.
-No, por favor, no- mi garganta sufre y me cuesta hablar.
-Lástima que tu padre no pensó en ti cuando te puso como moneda de cambio.
No entendía nada, ¿cómo así? ¿El señor Richard uso a su hija como pago?
-No entiendo.
Este soltó mi cuello bruscamente y volvió a ordenar que me mataran, pero antes de salir de aquel lugar frío confesé la verdad.
-No soy hija de Richard, no soy su hija- el llanto ahogaba mi garganta.
-Detente- ordenó a su hombre porque fue el único que percibió mi voz.
-No soy su hija- alcé la mirada.
-¡Mientes!- murmura.
-Se lo juro, no soy Claudia, sino su amiga.
Y en ese instante sentí, bueno, no, vi literalmente como mi vida ha cambiado porque su mirada descifró y me dejó ver un futuro torturado a su lado, su sonrisa agrega situaciones las cuales temo y todo en su conjunto gritaba que ahora sería una prisionera. Y a todo esto. ¿Quién era él? ¿Qué tan poderoso es? Y la pregunta más importante. ¿Qué será de mí después de hoy?
Aquí es cómo y dónde empezó esta historia, la cual hoy en día sé que es digna de contar, relatar y detallar cada momento vivido con Edgar, es como contar una historia de amor con un toque de terror.
Podemos esperar todo y a la vez nada. Todo a su lado y nada a su lado también.
Edgar
Nunca pensé que después de tanto trabajo iba a convertirme en quien soy ahora, iniciar siendo un mandado de alguien importante hizo en mí conocer no solo la soledad en sí, sino lo peor que puede existir en este mundo. Hay momentos que quisiera olvidar, pero cuando las manos están tan manchadas de sangre lo único que queda es continuar sobreviviendo a mi manera, a lo que sé hacer y ahora no solo gobierno a los malos de mi país, sino del mundo entero, no hay nada que se haga sin mi autorización y ahora que he tenido a esta chica frente a mí llorando por su vida me di cuenta de algo. ¿Por qué ella movió en mí lo que otros no hicieron?
-Enciérrala en la habitación que hay al lado de la mía.
Mis órdenes son como bala salida de un arma, se cumplen y se deben escuchar a la primera.
-Sí, señor.
-Por favor, déjame marchar, por favor.
No perdonaré a quien se haya equivocado y me trajo a otra chica que no fuera la que ordené, así que salí de la habitación subterránea que había debajo de mi casa y puse rumbo junto a mi amigo fiel, Zeus, para reunirme con los que dejaron el trabajo mal hecho.
-No, se lo suplico, señor. Tengo un hijo.
-Lástima por ti- una bala va directo a su cabeza y muere en el acto. No hay perdón que solucione el problema que causaron.
-Yo... Señor... ella iba conduciendo el coche de la hija de ese hombre, por eso nos equivocamos.
No dejé que terminará de explicarse cuando su vida fue llevada por mis manos.
-Encárgate de los cuerpos- ordené a Zeus.
Asintió y me marché, pero no sin antes limpiar mi arma, soy muy cuidadoso y creo que gracias a eso soy lo que soy ahora mismo.
-¿Dónde está tu amiga? - le grité a esa muchacha que yacía en la habitación que hay junto a la mía.
Podría decir que su mirada es pura inocencia, su piel es blanca como la nieve y su forma de suplicar despertó en mí algo raro, no sabría decir si es lástima por estar pagando por algo que no hizo o había algo más.
-Ella... no se encuentra en la ciudad.
Alcé las cejas mientras puse distancia y mantenía mis manos ocultas en los bolsillos de mi pantalón.
-¿Me ves cara de idiota?
-No, señor. Solo que ... - sube sus ojos en busca de los míos, ya que hasta ahora los mantenía en el suelo-. Por favor, no la mates, ella... es la única familia que tengo.
Volví a sorprenderme.
-No soy de cumplir deseos de nadie y menos de una niña como tú- digo sin dejar de mirarla.
Soy de los que usan las mujeres únicamente para disfrute propio, nunca, jamás, había mirado a ninguna como lo estaba haciendo ahora con esta y sé que lo más prudente es acabar con ella y añadirla a mi lista. Una víctima más del famoso rey de la mafia.
- Tu vida y la de ella me pertenecen.
-No...
Sé que todos me temen y lo hacen porque saben quién soy y lo que he hecho, pero ver el miedo en los ojos de esta chica es como ver el monstruo que llevo dentro y que... no sé de alguna manera me llega a asustar también.
-No la lastime, por favor. -Sigue suplicando-. Déjeme saldar la deuda que tiene el señor Richard con usted.
Me volví a sorprender y fruncí el ceño en señal de ¿era posible?
-¿Tú? - chasqueé la lengua.
-Sí, yo, puedo trabajar para usted y ser...
Se detiene.
-No hay nada que puedas hacer por mí, excepto...- acorté la distancia y toqué un mechón de su cabello con dos dedos y ella se tensó.
-No te gustaría- no dice nada y me acerqué aún más para susurrarle al oído-. Pero eso no saldaría ni la cuarta parte de la deuda de ese hombre. Además, no cumples con mis expectativas, no eres más que una niña de diecinueve años.
Niega con la cabeza-. No me refería a eso, señor.
Era increíble que una chica como ella se resista a alguien como yo, acaso las demás con solo mirarlas caían a mis pies y con esta ni se le erizó la piel al susurrarle tan cerca de su oído.
- Eres alguien que no sales del prototipo de chica simple, vamos mírate, ¿crees que me interesa tocarte cuando las que tengo fuera superan tu belleza?
Sé que se molestó, pero no mostró expresión alguna.
- Bien, hagamos una cosa, por el momento permanecerás aquí encerrada.
Le doy una última mirada y volteo para irme, pero su voz me detiene.
-¿Qué harás conmigo? ¿Y mi amiga?
Permanecí de espaldas y como de costumbre no contesté. No estaba dispuesto a darle más importancia de lo que ya le di.
-Que esta puerta permanezca cerrada hasta nuevo aviso. -Advertí y me alejé perdido en mis pensamientos.
Sé y todos saben que no soy bueno para nadie, no soy apto para ninguna mujer ni mucho menos quiero estar pensando en esa niña que acabo de conocer y que llegó a mí con un objetivo. Para morir.
-Llama a ese desgraciado de Richard y que me venga a visitar- le dije a Zeus.
Estaba cansado de este juego, así que hoy acabaría nuestra deuda de alguna manera u otra.
-Se acabó, no hay más plazo para nada más, Richard, eres afortunado, ¿sabes? - Este me mira incrédulo y no dice nada-. Hoy secuestré a una joven que pensaba que era tu hija para acabar con su vida y mandarte su cuerpo como cambio de tu deuda, pero eres un maldito afortunado que la que acabó en mis manos fue la amiga y eso me mata porque sabes que...
Abrió los ojos y sin duda alguna escuché por segunda vez el nombre de la chica que tenía encerrada-. Zoe.
Sonreí de lado y bajé la mirada para luego levantarla con determinación y sin esperar más di la orden y este desgraciado acabó hundido en su propia sangre.
-Fin de la deuda- añadí y me marché con destino a Rumania, una exótica reunión me esperaba.