aleria llevaba semanas contando los días para la fiesta de la Luna Llena. Ese día no era una fecha cualquiera en el calendario de la manada Luna de Plata; era la noche en que los jóvenes que habían cumplido la mayoría de edad descubrían a su mate, la pareja destinada por la Diosa de la Luna. Valeria, que trabajaba en las cocinas y en la preparación de los arreglos del gran salón, tenía la mente puesta en una sola persona: Damian, el futuro Alfa de la manada.
Ambos se conocían desde niños. Aunque Damian era el hijo del Alfa actual y ella era una simple omega dedicada a las tareas de servicio, siempre habían tenido una relación cercana. Damian solía buscarla después de sus entrenamientos de combate para hablar con ella, comer algo juntos o simplemente caminar por los alrededores del campamento. Con el tiempo, esa cercanía hizo que Valeria se hiciera a la idea de que el vínculo sagrado los uniría esa noche de forma oficial.
Desde temprano, el movimiento en la casa principal era constante. Los cocineros preparaban grandes banquetes de carne, las siervas acomodaban las mesas de madera en el patio central y los guerreros colocaban las antorchas para iluminar todo el perímetro. Valeria se encargó de limpiar los manteles, organizar la vajilla y verificar que los barriles de bebida estuvieran listos. No le importaba el cansancio físico porque pensaba que al caer la noche su posición en la manada cambiaría para siempre.
A mitad de la tarde, Valeria subió a su pequeña habitación en el ala trasera de la casona para arreglarse. Se puso un vestido sencillo de color verde claro que ella misma había arreglado días atrás. No tenía joyas ni adornos ostentosos, pero se peinó el cabello largo y oscuro con cuidado. Dentro de ella, su loba, Lyra, estaba inquieta. Sentía la energía de la luna que empezaba a asomarse entre los cerros y la impaciencia típica de la víspera de la ceremonia.
A las ocho de la noche, los miembros de la manada empezaron a reunirse en el patio principal. Había música de tambores, fogatas encendidas y decenas de personas conversando en grupos. Valeria bajó y se colocó a un lado del salón, cerca de la barra de bebidas, esperando el momento en que las autoridades de la manada dieran inicio al evento formal.
Poco después, Damian apareció en la parte alta de las escaleras junto a su padre, el Alfa actual, y varios miembros del consejo. Llevaba una chaqueta de cuero negra y el pelo peinado hacia atrás. Toda la gente en el patio dejó de hablar por un momento para aplaudirle. Damian bajó los escalones con tranquilidad, saludando a los guerreros más viejos y respondiendo a los gestos de la gente.
En un momento de la caminata, Damian giró la vista hacia la zona de servicio y vio a Valeria. Le sostuvo la mirada por un par de segundos y le hizo un breve gesto con la cabeza antes de seguir su camino hacia el centro del patio. Para Valeria, esa pequeña señal fue la confirmación de que ambos estaban pensando en lo mismo y de que la noche saldría tal como lo tenían planeado.
Mientras la fiesta continuaba y la gente bebía y comía, las jóvenes de la manada comenzaron a acercarse a la pista central. Entre ellas estaba Sienna, la hija de uno de los consejeros más influyentes de la manada. Sienna vestía un traje elegante con detalles en dorado, mucho más vistoso que el de las demás, y caminaba con total seguridad entre los invitados. Había crecido en el mismo círculo social que Damian y su familia siempre había buscado que ambos estuvieran juntos por conveniencia política y estatus dentro del territorio.
Valeria observó a Sienna desde lejos. Sabía que Sienna tenía un rango más alto en la jerarquía de la manada, pero no le dio mayor importancia en ese momento. Lo único que le interesaba era que la luna llegara a su punto más alto en el cielo para que el ritual del reconocimiento comenzara de manera formal.
A las diez de la noche, el sonido de los cuernos de caza anunció el inicio del ritual. El Alfa mayor caminó hacia el centro del patio y pidió silencio a todos los presentes. La gente formó un gran círculo alrededor de la fogata principal. Las parejas que buscaban la bendición de la luna debían dar un paso al frente para que sus lobos internos reconocieran la señal del vínculo sagrado ante la mirada de los ancianos y los guerreros de la manada.
Valeria dio unos pasos hacia adelante, saliendo de la zona de servicio para quedar al borde del círculo de personas. Sentía la presión en el ambiente y el murmullo constante de los asistentes. Damian caminó hacia el centro de la pista, quedando justo al lado de su padre. El Alfa miró a la multitud y comenzó a recitar las palabras habituales con las que se abría la ceremonia cada año, recordando la importancia de las uniones para mantener la fuerza militar y el linaje de Luna de Plata.
Valeria mantuvo la vista fija en Damian mientras el discurso terminaba. Damian estaba parado de forma firme, mirando hacia el frente sin mostrar mayor expresión en el rostro. Cuando el Alfa terminó de hablar, la luna llena quedó completamente despejada en el cielo, iluminando el centro del patio.
-Es momento de que los jóvenes de nuestra sangre reclamen su destino bajo la Luna Llena -declaró el Alfa en voz alta.
Toda la manada guardó silencio a la espera de que Damian diera el primer paso para nombrar o reconocer a su pareja. Valeria dio un pequeño paso al frente dentro del grupo, esperando la señal final para acercarse al centro de la pista.
El silencio en el patio central de la manada Luna de Plata era absoluto. Todos los miembros esperaban a que Damian, como futuro Alfa, diera el primer paso para señalar a su compañera. Valeria permaneció en el borde del círculo de personas, atenta a cada movimiento. Dentro de ella, su loba Lyra permanecía tranquila, esperando el momento del reconocimiento formal.
Damian dio dos pasos hacia el centro del patio, justo debajo de la luz directa de la luna llena. Miró hacia la multitud durante unos segundos, recorriendo con la vista a los presentes. Pasó por donde estaba Valeria sin detener la mirada y terminó fijándola en el grupo donde se encontraban los miembros del consejo de la manada.
-En esta noche de Luna Llena -comenzó a hablar Damian con voz firme y clara, escuchándose en todo el lugar-, como futuro Alfa de la manada Luna de Plata, debo tomar la decisión que garantice la fuerza, la prosperidad y el futuro de nuestro pueblo.
Valeria notó cómo la gente comenzaba a murmullor suavemente. En la primera fila, el consejero más antiguo dio un paso al frente junto a su hija, Sienna. Ella llevaba una sonrisa tranquila y mantenía la postura recta, luciendo su elegante vestido con adornos dorados.
Damian se giró hacia ellos y levantó la mano para hacer una pausa en su discurso. Luego miró directamente a Sienna.
-Por el bien de nuestra manada y con la aprobación del consejo, elijo a Sienna como mi compañera y futura Luna de la manada Luna de Plata.
Un murmullo generalizado recorrió el patio de inmediato. Algunos miembros de la manada aplaudieron al instante, mientras que los guerreros de la guardia principal asentían con la cabeza, aprobando la decisión por el peso político que implicaba la unión de las dos familias más poderosas del territorio.
Valeria se quedó en su lugar sin hacer ningún movimiento. En su interior, la conexión que sentía con Lyra pareció tensarse por un segundo, pero no hubo más reacción física que una ligera pesadez en el pecho. Miró a Damian esperando que este volviera la cabeza hacia ella, pero el futuro Alfa permaneció al frente, tomando la mano de Sienna ante la mirada de todos los asistentes.
En ese momento, Sienna dio un paso adelante y miró hacia la multitud. Su mirada recorrió a los presentes hasta dar con Valeria, que seguía parada cerca de la zona de servicio. Sienna habló en un tono lo suficientemente alto para que los más cercanos la escucharan.
-Un futuro Alfa necesita a su lado a alguien de rango alto, no a una simple omega de servicio que no tiene la fuerza ni el linaje para guiar a la manada -dijo Sienna con tranquilidad, volviendo luego la vista a Damian.
El comentario generó risas bajas entre los jóvenes guerreros que estaban cerca de la barra de bebidas. Algunos miembros de la manada giraron la cabeza para mirar a Valeria, señalándola con disimulo. Valeria no respondió al comentario ni cambió su postura; permaneció parada en el mismo sitio observando cómo la ceremonia continuaba su curso habitual.
El Alfa actual se acercó a la pareja y colocó sus manos sobre los hombros de Damian y Sienna, dando la bendición oficial de la manada ante la fogata principal. La música de los tambores volvió a sonar con fuerza y la gente comenzó a acercarse al centro para felicitar a los novios. Los barriles de bebida se abrieron y el ambiente festivo regresó rápidamente al patio.
Valeria decidió que no tenía sentido seguir parada en el círculo de la ceremonia. Se dio la vuelta con calma y caminó hacia la parte trasera de la casa principal, dirigiéndose a la cocina para recoger los platos vacíos y ordenar las bandejas que los sirvientes iban dejando en los mostradores.
Mientas trabajaba en la limpieza de la vajilla, la puerta trasera de la cocina se abrió y entró Damian. Llevaba una copa en la mano y venía solo, habiendo dejado la fiesta por un momento. Se detuvo a unos pasos de la mesa donde Valeria estaba acomodando los vasos de vidrio.
-Valeria -dijo él, llamando su atención con tono neutral.
Valeria dejó el vaso que tenía en la mano sobre la mesa y se giró para mirarlo. No habló, esperando a que él explicara el motivo de su presencia en la zona de servicio durante su propia celebración.
-Sabes cómo funciona esto en la manada -continuó Damian, cruzándose de brazos-. El consejo no iba a aceptar una unión con una omega sin linaje. Necesito la alianza con la familia de Sienna para asegurar mi posición como Alfa cuando mi padre entregue el mando.
Valeria lo escuchó en silencio. Damian dio un paso más hacia ella, dejando la copa sobre una repisa de madera.
-Lo que pasó entre nosotros cuando éramos más jóvenes no cambia mis responsabilidades con la manada. Las cosas tienen que ser así por el orden del territorio. Es mejor que lo entiendas de una vez para evitar problemas en el futuro.
-Entiendo cómo funcionan las cosas en la manada, Damian -respondió Valeria con voz tranquila, sin mostrar alteración-. No tienes que darme explicaciones sobre tus decisiones políticas.
Damian la miró durante un par de segundos, como si esperara alguna otra reacción por parte de ella. Al ver que Valeria simplemente volvía a tomar los platos para seguir lavándolos, dio un paso atrás hacia la puerta.
-Mañana en la mañana el consejo se reunirá para formalizar los acuerdos de la manada -agregó Damian antes de salir-. Asegúrate de que las áreas comunes estén limpias temprano.
-Así será -dijo Valeria sin voltear a verlo.
Damian salió de la cocina y cerró la puerta de madera tras de sí. El ruido de la fiesta, con la música y las risas de los invitados, seguía escuchándose a lo largo de los pasillos de la casa principal.
Valeria continuó con su trabajo durante las siguientes dos horas. Lavó los platos, limpió las mesas de la cocina y organizó las provisiones para el desayuno del día siguiente. En ningún momento detuvo la marcha de sus tareas habituales. En su interior, Lyra permanecía en completo silencio, como si hubiera entrado en un estado de reposo profundo tras el evento de la noche.
Cerca de la medianoche, la fiesta en el patio comenzó a apagarse. Los invitados se retiraban a sus cabañas y los guardias apagaban las antorchas principales. Valeria terminó de secar el último recipiente, se limpió las manos con un paño seco y apagó la vela que iluminaba la mesa de trabajo de la cocina.
Subió las escaleras hacia el área de sirvientes y entró en su pequeña habitación. Se quitó el vestido verde que había preparado para la ocasión y lo guardó en el cajón de la cómoda de madera. Se puso su ropa de cama habitual y se acostó mirando hacia la pared.
A lo lejos, todavía se escuchaba el murmullo de algunos guerreros que conversaban en las afueras de la casona. Valeria cerró los ojos y se dispuso a dormir, sabiendo que al día siguiente las jornadas de trabajo en la cocina empezarían desde muy temprano, tal como siempre había sido.
Al día siguiente, la casona principal de la manada amaneció con un movimiento más intenso de lo habitual. Desde las seis de la mañana, Valeria ya estaba en la cocina preparando los calderos de café y acomodando las bandejas con pan para los miembros del consejo que llegarían a la reunión con el Alfa. Su rutina no había cambiado en absoluto, pero el ambiente dentro de la casa se sentía diferente tras los eventos de la noche anterior.
Mientras servía las jarras de jugo en la mesa central del comedor, escuchó los pasos de varias jóvenes que entraban a la estancia. Eran las sirvientas personales de las familias nobles y algunas de las amigas cercanas de Sienna. Pasaron por su lado conversando en voz baja, mirando de reojo hacia la mesa donde Valeria trabajaba.
-Dice Sienna que en realidad el consejo ya tenía todo decidido desde hace meses -comentó una de las chicas mientras tomaba una taza de café-. No tenía sentido considerar a alguien que ni siquiera puede manifestar la presencia de su loba correctamente.
-Es verdad -respondió otra de ellas, sentándose en una de las sillas laterales-. Con la presión que hay en las fronteras, la manada necesita una Luna con fuerza verdadera, no a alguien cuya loba vive dormida y no aporta nada a la guardia.
Valeria continuó sirviendo el jugo sin interrumpir su tarea ni mirar hacia el grupo. Sabía cómo funcionaban los comentarios en el pueblo cuando una decisión importante se tomaba. Limpió el borde de la jarra con un paño seco y caminó de regreso a la cocina para traer el resto de los desayunos.
En el pasillo principal se encontró de frente con Sienna. Ella llevaba un traje de montar ajustado y caminaba acompañada por dos guerreros de la guardia de su padre. Al ver a Valeria con la bandeja de madera en las manos, se detuvo a mitad del pasillo, obligando a los guardias a parar también.
-Valeria, asegúrate de que el café de mi padre esté bien caliente cuando entre a la sala de reuniones -dijo Sienna con tono tranquilo, acomodándose las mangas de la chaqueta-. Hoy se firman los acuerdos de integración de las tierras de mi familia con las de Damian. Hay mucho trabajo que hacer y no queremos distracciones.
-El servicio de la sala ya está listo -respondió Valeria con voz neutra-. Las bandejas están servidas en la mesa principal.
Sienna dio un paso más hacia ella y la miró de arriba abajo de forma rápida, manteniendo una postura relajada.
-Ayer después de la ceremonia estuve hablando con los veteranos de la guardia -continuó Sienna, bajando un poco el volumen de la voz pero asegurándose de que los guardias la escucharan-. Varios comentaban que tu loba, Lyra, casi no dio señales de vida durante el llamado de la luna. Algunos dicen que es demasiado débil para resistir la energía de un Alfa y que por eso el vínculo no se consolidó.
Valeria sostuvo la bandeja con firmeza pero no respondió. En su interior, la presencia de Lyra seguía estando quieta, en un estado de calma absoluta que no reaccionaba a los comentarios externos.
-No te lo digo por mal -agregó Sienna, esbozando una ligera sonrisa-. Es simplemente la realidad de las jerarquías en la manada. Un Alfa como Damian necesita una compañera que pueda pelear a su lado en el campo de batalla, no a alguien que apenas puede mantener el paso en las tareas de la casa. Es mejor que todo el mundo tenga claro cuál es el lugar de cada quien desde el principio.
Sienna no esperó respuesta. Hizo un leve gesto con la cabeza a sus guardias y continuó caminando por el pasillo hacia las oficinas del consejo. Los dos hombres pasaron al lado de Valeria sin mirarla, siguiendo los pasos de Sienna.
Valeria entró a la sala de reuniones antes de que los consejeros ocuparan sus puestos. Dejó las jarras sobre la mesa de roble, organizó las tazas en orden numérico según los asientos fijados para los ancianos y revisó que las ventanas estuvieran bien abiertas para ventilar el espacio. Mientras lo hacía, podía escuchar el murmullo de la gente que se congregaba en el patio exterior.
Los rumores sobre la supuesta debilidad de Lyra se habían extendido rápidamente desde la noche anterior. En la barra del comedor y entre los guardias de la entrada, la versión de que Valeria carecía de la fuerza espiritual necesaria para ser la Luna de la manada se había convertido en el tema de conversación principal. Sienna se había encargado de comentarlo en la mesa del consejo y sus amigas lo replicaban entre las trabajadoras de la casona.
Poco después, Damian entró a la sala acompañado por su padre. Venía revisando unos mapas de patrullaje y conversando sobre los puntos de control en la frontera sur. Al notar la presencia de Valeria acomodando las últimas tazas, detuvo la marcha un segundo, pero su padre le tocó el hombro para que continuara hacia la cabecera de la mesa.
-Pon los documentos sobre la mesa, Damian -dijo el Alfa mayor mientras se sentaba en el sillón principal-. Los consejeros de la familia de Sienna llegarán en cinco minutos para cerrar el acuerdo de guardia.
Damian colocó los folios en el centro y se sentó a la derecha de su padre. Miró hacia la puerta por donde Valeria salía con la bandeja vacía en las manos. No dijo nada sobre los comentarios que sonaban en los pasillos ni sobre la presencia de Sienna en la casa desde temprano. Simplemente acomodó los papeles y esperó la llegada del resto de los asistentes.
Valeria cerró la puerta de la sala de reuniones tras de sí y regresó a la zona de lavado. En la cocina, otras tres sirvientas conversaban cerca de los fogones. Al ver llegar a Valeria, bajaron de inmediato el tono de voz y comenzaron a fregar las Ollas con prisa simulada.
-Valeria, el ama de llaves quiere que subas al segundo piso a cambiar las sábanas de las habitaciones de huéspedes -dijo una de ellas sin mirarla a los ojos-. Llegarán representantes de las manadas vecinas por la tarde para presenciar la ratificación del acuerdo entre Damian y Sienna.
-Está bien, subiré de inmediato -dijo Valeria.
Dejó la bandeja de madera en el estante correspondiente y tomó la cesta con la lencería limpia de la despensa. Subió los escalones de servicio hacia el pasillo superior de la casona. Desde la ventana del segundo piso se podía ver todo el patio central, donde varios guardias conversaban en grupo cerca de las cuadras, señalando hacia la casa principal.
Valeria entró a la primera habitación de huéspedes y comenzó a retirar los cobertores de la cama. El trabajo era mecánico y constante, tal como lo venía haciendo desde hacía años. Sabía que los rumores sobre su loba continuarían escuchándose durante todo el día por los pasillos y que la versión oficial sobre la decisión de Damian quedaría asentada en la narrativa de la manada.
Acomodó las esquinas de las sábanas blancas, colocó las almohadas en su sitio y cerró las cortinas para evitar que el sol directo calentara el cuarto. Continuó con la siguiente habitación sin detenerse a descansar, manteniendo el ritmo de trabajo habitual hasta que el mediodía quedó marcado por el sonido de las campanas del campamento.