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Reclamada por el Alfa. El hermano de mi pareja

Reclamada por el Alfa. El hermano de mi pareja

Autor: : Mila Evan
Género: Hombre Lobo
"¿Qué debo hacer si mi pareja decide que ya no me ama? ¿Qué debe hacer una hembra sin lobo como yo si mi pareja elige engañarme con la mujer que me robó la vida?" Clarisse pensó que después de emparejarse con Noah, el Beta de la Manada Fuego de Luna, su vida estaba resuelta. Durante tres años, fueron felices. Ella no tenía idea que Noah la estaba engañando con su enemiga de toda la vida mientras ella sufría por su infertilidad, sintiendo que le fallaba con cada celo en el que no concebía una sola cría. Cuando Noah regresa a casa oliendo a otra mujer, la humilla y la ataca, Clarisse no tiene otra opción que ir con su cuñado, el Alfa Aiden, para que arregle la situación. Pero aquello provoca que Noah, en su furia, traiga a su cama a la mujer con la que la traicionó y rompa su vínculo de pareja, dejándola al borde de la muerte. Entonces, su cuñado aparece para salvarla, pero todo tiene un costo. Para mantenerla con vida, el Alfa Aiden decide romper su celibato de años. ¡Nada menos que con la mujer sin lobo de su hermano! Lo que empezó como un acto de caridad sin segundas intenciones, acaba por despertar una pasión desenfrenada. Secretos, identidad oculta y un amor que se enciende sobre un fuego incontrolable. Aiden solo sabe que, ahora que Clarisse es suya, no puede dejarla ir.

Capítulo 1 ¿CON QUIÉN PASASTE LA NOCHE

Clarisse

Durante tres años, he estado casado con Noah, el Beta de la Manada Fuego de Luna: la manada más fuerte del Territorio de Lobos. Ni una sola vez me reclamó por ser una hembra sin lobo, ni por ser incapaz de darle un hijo.

Durante tres años, he sido la pareja que él ha esperado. Nunca me he entrometido en los asuntos de la manada a menos que se me lo pida, tampoco lo obligo a llevarme a eventos en los que no me pide que lo acompañe, mucho menos le he exigido que me dé más de lo que esté dispuesto a dar.

Nunca me ha dado razones para pelear ni sentirme menospreciada, ni una sola vez me hizo sentir que me estaba escondiendo o que se avergonzaba de mí. Pero, sobre todo, nunca me había dejado plantada en nuestro aniversario.

Miro el reloj una vez más. Las dos de la mañana.

La comida se ha enfriado y mi copa de vino está igual de vacía que la botella. He bebido tantas copas en la espera que perdí la cuenta.

No ha respondido a las tres llamadas que le di en diferentes horas. Nunca lo molestaría con llamadas incansables, claro que no, sé lo ocupado que está los últimos días. Sería imprudente reventar su teléfono con llamadas cuando quizás esté en una reunión de manada.

Pero es extraño que no se haya tomado la molestia de llamarme en las últimas cinco horas.

Con un suspiro, cojo mi teléfono y, sintiendo los dedos temblorosos, llamo a la única persona que podría saber de su paradero.

-¿Clarisse? -La voz enronquecida del Alfa Aiden suena desde el otro lado de la línea.

Trago saliva. Es una tontería molestarlo a estas horas, sobre todo cuando suena tan cansado. La culpa pellizca mi consciencia en un parpadeo.

-Alfa Aiden, perdón que lo llame a esta hora, yo... -El calor sube por mi cuello -. Estoy preocupada por Noah. ¿Sabe si está en alguna reunión? ¿O está ahí con usted?

Escucho el sonido de las sábanas y una exhalación. Eso quiere decir que estaba en su cama y acabo de despertarlo. Me siento más avergonzada. No estaba en ninguna reunión.

Noah dijo que estaría con el Consejo, que su hermano lo había llamado.

Alfa Aiden no me responde durante un doloroso e interminable minuto.

-Clarisse, mi hermano no está aquí -dice por fin -. ¿Has intentado llamarlo a su teléfono?

-¿Crees que te llamaría a ti si no lo hubiera hecho ya?

Las lágrimas caen de mis ojos ahora. Mi cuñado suspira desde el otro lado.

-La reunión debió haberse alargado. Déjame llamarlo a ver si sigue ahí o si está en camino a casa... -Hace una pausa como si acabase de recordar algo -. ¿No es hoy su aniversario?

-Lo era.

Aiden maldice una serie de palabras antes de volver a hablar conmigo. Yo me llevo una mano a los ojos y froto la humedad que se acumula bajo mis pestañas.

Es casi infantil molestarlo con algo tan trivial. Noah es un adulto, es su Beta, la segunda autoridad de la manada, y yo molesto al Alfa para saber de su paradero porque no se molestó en avisarme que no llegaría a nuestra cena anual. Aiden siempre ha sido considerado conmigo, aunque en público es bastante frío y evita decirme más de dos palabras, pero sé que puedo confiar en él. Lo conozco lo suficiente para saber que, si mi llamada lo molestase, no diría una palabra para no ofenderme.

Me hace sentir el doble de tonta y culpable por irrumpir su sueño. Ha estado muy ocupado las últimas semanas y vengo a molestarlo con tonterías. «Estúpida emocional».

-Voy a llamarlo, ¿de acuerdo? -Su voz, aunque ronca, tiene un timbre suave y calmante -. No te desesperes. Lo enviaré contigo apenas pueda contactarlo, ¿si? Te avisaré en cuanto responda.

Con un suspiro, me dejo caer en el respaldo de mi silla. Definitivamente soy una ingrata por molestarlo a esta hora. Me sentiría mejor si detectara el mínimo rastro de irritación.

-Gracias -le digo con sinceridad.

-No me agradezcas -Casi puedo escuchar algo de culpa en su voz, pero lo dejo pasar.

Corta la llamada antes de que pueda volver a agradecerle. Y espero.

El reloj marca las tres de la mañana cuando cierro los ojos.

***

Unos golpes en la puerta me hacen despertar sobresaltada.

Alguien está intentando abrir la puerta, suena como si su cuerpo estuviera golpeando contra la madera una y otra vez, pero no como si la empujara, más bien como si se tropezara.

Mi pecho se aprieta y corro hacia la puerta, medio adormilada y casi tropezando con mis tacones.

-¿Noah? -pregunto en voz alta.

Él no me responde, pero nuestro vínculo de pareja me dice que es él.

Cuando abro la puerta, me tambaleo hacia atrás. El cuerpo de Noah se tropieza con el mío al pasarme de largo y me agarro del pomo para no caerme. El olor a cerveza barata me llega a la nariz y me entran arcadas.

-¿Noah? -lo llamo, preocupada cuando sus pasos se vuelven inestables mientras camina a la sala de estar -. ¿Estás borracho?

Una pregunta bastante tonta, admito.

Trato de agarrarlo del brazo, pero él me aparta con un movimiento brusco que casi me hace caer. Jadeo, sorprendida.

-Suéltame -gruñe, enfadado.

Se deja caer sobre el sofá de cuerpo entero, tiene el ceño fruncido y la mandíbula apretada.

Me quedo paralizada. Nunca me había hablado así, tampoco lo había visto así.

Como tampoco había llegado a casa a las cinco de la mañana, borracho hasta la médula y oliendo a cerveza asquerosa y a...

Mi corazón se acelera dolorosamente.

-N-Noah, ¿dónde has estado?

Me encuentro temblando por miedo a la respuesta. En lugar de eso, me enseña los colmillos en una clara advertencia.

-Eso no es de tu maldito asunto, Clarisse.

Sigo olfateando el aire, tratando de convencerme que estoy confundiendo las cosas. Sin embargo, puedes engañar el olfato de un lobo de muchas formas, como loba de bajo rango, es mucho más fácil engañar mi olfato, pero ni así se puede camuflar su traición.

Huele a otra mujer. No a perfume ni a jabón, no, huele a otra mujer. Tiene su olor en todas partes. Ese olor que no puedes camuflar, no cuando...

No.

No, no y no. Noah no me haría esto.

-Noah, he estado preocupada por ti toda la noche. ¿Por qué no respondiste mis llamadas? Llamé a tu hermano para que me dijera donde estabas y él parecía no saber nada de ti. Me tenías asustada. -Al ver que mis palabras no provocan nada en él, me rompo un poco más -. ¿Siquiera sabes qué fecha fue ayer?

Noah murmura unas palabras ininteligibles mientras yo me deshago por dentro. Por la Diosa, apenas sabe quién es. ¿Cuánto bebió? Se necesita una buena cantidad de alcohol para derribar a un lobo. ¡Él es el Beta, por amor a la Diosa! No se supone que caiga tan fácil por un poco de cerveza. Eso solo quiere decir que lleva muchas horas bebiendo licor y dudo mucho que desde que acabó la reunión hasta ahora haya sido suficiente tiempo para llenarle la sangre de alcohol. Eso quiere decir que me mintió.

-Dime que al menos lo sientes -sollozo cuando me ignora. Ni siquiera se toma dos segundos para mirarme y fingir que lo lamenta -. Dime que sabes qué día te perdiste.

-Uno nada importante como para interrumpir mi sueño -responde a secas. Las lágrimas caen antes de que pueda contenerlas. No lo recuerda o, si lo hace, ha decidido que no le interesa -. Cállate la boca de una maldita vez y déjame dormir. ¡Maldición!

Arroja un vaso de vidrio que halló en la mesa a su lado, directo hacia mi cabeza y grito, horrorizada de lo que acaba de hacer. Apenas consigo esquivar el objeto antes de que impacte contra la pared a mis espaldas. Los cristales explotan y un trozo de vidrio logra darme en el borde del ojo.

Me quedo paralizada, incapaz de mover un solo músculo. Estoy aterrada e incrédula por cómo su agresividad verbal ha trascendido a lo físico en menos de diez minutos. Con cuidado, usando mis manos temblorosas, me quito como puedo los diminutos trozos de vidrio de mi ropa y mi pelo.

Mis lágrimas, que un día lo habrían conmovido, ahora parecen ser detonantes para su rabia, pues sus ojos me miran de una forma tan amenazante que temo lo peor.

A pesar de que me muero del miedo y que mi voz suena llorosa cuando hablo, también alberga resentimiento puro. La ira me sobrepasa lo suficiente como para pronunciar las siguientes palabras:

-¿Con quién pasaste la noche, Noah?

Capítulo 2 BIENVENIDA A LA FAMILIA

Clarisse

Noah no solo ignora mi pregunta, sino que entrecierra los ojos en mi dirección antes de levantarse. Su rostro tiene una expresión feroz y peligrosa; sus ojos me miran como si fuera una simple presa que va a destruir. Mi cuerpo se pone rígido al presentir la amenaza.

¿Dónde está mi pareja? ¿Dónde está el hombre que me prometió estrellas y días de primavera? ¿Cuándo dejó de verme como la mujer que juró amar? ¿En qué momento se convirtió en esto?

-Repite eso, Clarisse -pide con una voz fría y amenazante.

Inhalo profundamente, sintiendo el frío escalar por mis huesos ante la furia que late en sus venas.

Cuando no le respondo, avanza hacia mí. Un paso y luego otro, como un depredador que acecha a su presa. La habitación se siente tan pequeña en este momento que solo puedo retroceder, cautelosa ante este desconocido que una vez llamé mi pareja.

-¿No puedes, verdad? Porque sabes que no es verdad -Sus puños se aprietan a sus costados, sus colmillos sobresalen y por un momento temo que se descontrole y su mordida se cierre sobre mí -. Si hubiera tomado a otra mujer, lo habrías sentido a través de nuestro lazo. Por eso sabes que lo que dices no tiene sentido.

Eso es lo más extraño. El olor que tiene sin duda es por haber tenido un encuentro con una mujer, pero no sentí la traición que debió haber quebrado nuestro lazo.

Que debió haberme matado.

-Pero hueles a otra mujer -me atrevo a decir en medio de todo. Siento la rabia y el asco trepar por mi garganta -. ¿Cómo me explicas eso?

Se avalanza sobre mí como un salvaje y me agarra de ambos brazos con tanta fuerza que chillo, adolorida. Sus garras se me clavan en la piel cuando sus ojos se vuelven amarillos y brillantes. Las venas de su cuello se tensan y me trago cuaquier protesta. Será mejor no pelear. No sé qué pueda hacerme a estas alturas.

Ya no lo conozco. No puedo reconocerlo.

-¡Yo no te rindo explicaciones a ti! -grita con ferocidad -. ¿Entiendes eso, Clarisse? ¡Yo soy el Beta de esta manada, tú solo eres la pareja que tomé y deberías estar agradecida por eso! Deberías agradecer que alguien tan importante se fijara en ti y a día de hoy, pese a tu gran incacidad para concebir, no te he hecho a un lado. ¿En serio crees que tienes derecho a reclamarme algo? ¿Quién demonios eres tú? ¡¿Quién eres tú sin mí?!

Sus palabras son peor que dagas. Peor que cualquier cosa que haya hecho con aquella mujer para que yo todavía pueda olerla en él bajo toda la peste del licor, incluso si no llegó a término con ella.

Las lágrimas corren por mi rostro, traidoras y feroces, pero no más traidoras de lo que fue Noah, ni más feroces que su propia rabia. No, él me gana en todo. Es superior en todos los sentidos. Lo sé desde que nos conocimos, solo que nunca creí que me lo recordaría echándome en cara todo lo que hizo por mí.

Yo jamás le pedí nada. Él prometió, lo juró por todo lo sagrado, que estaba enamorado de mí y que eso bastaba para hacerme su igual.

Él acaba de cometer una traición más fuerte que una infidelidad. Rompió la promesa de que nunca me haría menos por no tener lobo, incluso dijo que no le importaba nunca tener un hijo, que yo valía más que eso, que mi valor no estaba en mi fuerza física o en mi vientre.

Me hizo sentir que valía algo para alguien, que a pesar de mis faltas, tenía una oportunidad única de formar una familia con un hombre fuerte y amoroso que aceptaba todo lo que yo era.

El Beta de la manada, el segundo hombre más importante, enamorado de la sin lobo marginada de la manada. ¿Quién lo imaginaría? Me tomó mucho tiempo confiar en él y sus promesas.

Acaba de romper todo eso.

-¡Responde Clarisse! -exige -. ¿QUIÉN. ERES. TÚ?

¿Quién soy? Hace mucho tiempo, me dije que ya no era nadie, pero cuando Noah apareció, finalmente sentí que volvía a ser alguien en la vida. Acaba de recordarme lo poco que valgo.

Me sacude por los hombros como a una muñeca de trapo y yo solo puedo cerrar los ojos. Fue una ilusión, todo fue una maldita ilusión.

Demasiado perfecta para durar más tiempo. Fui estúpida y confiada, el peor error de una marginada. Nunca debí dejarme ganar con sus promesas. Un día me dejaría, lo temí en aquel entonces, tenía miedo de que llegara alguien mejor -o su pareja destinada- y Noah me hiciera a un lado, con asco, con vergüenza, apenado de haberme tomado en primer lugar. Ahora, después de haber olvidado todos esos miedos, me doy cuenta de que debí haber estado esperando por esto. No debí dejarme convencer.

Quién sea la loba con la que me engaña, debe ser fuerte, hermosa, quizás alguien importante. Era obvio que me haría a un lado.

Todos son iguales. Noah solo pretendió ser diferente por un tiempo.

Cuando vuelvo a abrir los ojos, él está ahí, esperando que le responda.

-Pensé que era tu pareja -digo con la voz entronquecida. No me queda dignidad ahora.

Sus ojos se suavizan un instante. Apenas un segundo, que no vale absolutamente nada porque el brillo salvaje y tirano sigue ahí. Y no se compadece de mí.

Lo siguiente que dice me desarma por completo.

-La peor decisión de mi vida -declara.

Me barre con la mirada. El desprecio con el que lo hace me hiere profundamente.

-Y por la que deberías estar agradecida toda tu miserable vida.

Me suelta como si ya hubiera acabado conmigo y yo ahogo un sollozo. El lazo se siente tan tirante y doloroso que me doblo hacia adelante. Noah se echa en el sofá, como quien no acaba de pisotear mi corazón y mi dignidad en fracción de minutos. Me encierro en mi habitación privada, no la que compartimos. No estoy segura de poder entrar ahí nunca más. Me duermo con un dolor insoportable en el corazón.

No sé cómo haré para vivir después de esto.

***

En mis sueños, veo a Noah, el hombre del que me enamoré hace tres años. Tan apuesto e inalcanzable, sonriente, apuesto, y mirándome como si fuera lo más preciado para él. Es una imagen tan desoladora que me destroza.

Recuerdo perfectamente el día que me pidió ser su pareja. Lo hizo frente a cientos de personas. Era el cumpleaños de su hermano, el Alfa Aiden. Toda la manada estaba reunida, incluso miembros importantes de las manadas vecinas, Alfas y Betas del Consejo. Recuerdo lo nerviosa y diminuta que me sentía en medio de todos ellos, gente de élite, tan poderosa, incluso entre los miembros comunes de nuestra manada, yo estaba incluso por debajo de un omega.

Noah no se despegaba de mí. Su mano estaba en mi cintura, posesivo y firme sobre su reclamo. En aquel entonces aún no había sido marcada por él, pero todos sabían que, incluso sin su mordida, yo era suya. Era testarudo al respecto.

Fue la primera vez que Alfa Aiden se acercó a mí, en un momento en que Noah se separó de mí.

Lo había visto en algunas ocasiones, cuando Noah me llevaba a su cabaña de caza o a la fortaleza del Alfa. En todas esas ocasiones, él solo me saludó con un sentimiento de cabeza o con un seco «buenos días» o «un gusto en verte, Clarisse». Jamás había hecho el intento de hablarme y yo tampoco me había atrevido a importunarlo. No me consideraba digna de recibir más que su saludo, incluso aquello me incomodaba, pues sentía que lo molestaba.

Pensaba que Aiden, en el fondo, desaprobaba mi relación con su hermano y, a mis espaldas, lo persuadía de abandonarme. En el mejor de los casos, creí que me consideraba una amante pasajera que no merecía reconocimiento.

Así que cuando Alfa Aiden se me acercó en medio de la fiesta, bajo un montón de ojos chismosos que esperaban una humillación pública para mí, me puse de los nervios.

-Clarisse -saludó entonces.

Mi nombre se pronunció con tanto cuidado que al instante presentí lo peor.

-Alfa -titubeé, mis dedos temblorosos casi dejaron caer la copa de vino -. Feliz cumpleaños.

Fue lo máximo que pude articular sin sentir que la lengua se me enredaba.

Los ojos de Aiden me miraron espectantes.

-Gracias -respondió, un deje de incomodidad en su voz, como si la palabra le fuera extraña, me hizo sentir el doble de tonta.

-Noah se fue al baño -dije por impulso -. Por si lo estaba buscando. Seguro que vuelve pronto.

La esquina de sus ojos se alzó con la sombra de una sonrisa que no llegó a gestarse en sus labios.

-¿Por qué crees que busco a mi hermano?

-¿No lo busca? -pregunté, confundida.

Aiden miró a los invitados que nos observaban de reojo, pero con evidente interés. Todos volvieron a sus asuntos al sentir su mirada.

-¿No puedo acercarme a ti, solo para hablar contigo? -cuestionó.

-¿Por qué querría hablar conmigo? -dije de manera impertinente. Al instante traté de corregir mi error -. Quiero decir, no creo que haya nada que pueda hablar... conmigo.

Excepto que sí lo había, reflexioné. Noah.

Al instante sentí algo frío deslizarse por mi nuca. Era el día, el día en el que Alfa Aiden me diría que me alejase de Noah, que una hembra sin lobo no era digna para el Beta de la manada y que era mejor cortar la relación desde ya porque no era nada valiosa, que no tenía nada qué aportar a la manada más que vergüenza al linaje.

-Alfa Aiden... -comencé a decir.

No me dejó continuar.

-¿Amas a mi hermano? -preguntó de repente.

Yo parpadeé, sorprendida. No era la pregunta que había esperado. Quiero decir, creí que diría algo como: «¿Te tengo que romper las piernas para que dejes a mi hermano o tú solita puedes hacerte a un lado?».

Al ver que no contestaba, volvió a preguntar:

-¿Amas a mi hermano? -insistió, esta vez noté algo de impaciencia en su voz.

-Lo amo -respondí al instante. Mis mejillas se calentaron al sentirme tan expuesta.

No sé qué pasó por su mirada, pero pareció considerar algo con suma complacencia.

-Está bien -dijo.

Bien.

¿Qué estaba bien?

No me dio explicaciones, tampoco me atreví a pedirlas. Él solo levantó su propia copa hacia mí.

-Disfruta de la fiesta, Clarisse. Y bienvenida a la familia.

Tan pronto dijo aquello, me dio la espalda y regresó a su lugar en lo alto de las escaleras, donde Luna Raila lo esperaba, hermosa e imponente. Ella me miró un largo rato antes de regresar su atención al Alfa Aiden.

Unos minutos más tarde, Noah apareció. Tan solo unas horas después, cuando la luna estuvo en su punto más alto y brillante, Noah pidió el permiso de su hermano para hacer un anuncio importante. Se arrodilló ante mí y sacó un collar, uno que reconocí como el que llevaban todas las parejas de los Betas de Fuego Luna, un collar que llevaba generaciones en la familia y, ante toda esa gente, me pidió ser su pareja oficial.

Recuerdo lo incrédula, feliz y asustada que estaba. Lo primero que hice después del ataque de nervios y el debate mental entre mi felicidad y la opinión de la manada, fue mirar al Alfa Aiden.

Él estaba de pie, en lo alto del balcón sobre nuestras cabezas, mirándome sin emoción. Tragué saliva, recordando la pregunta que me había hecho. Entonces, él asintió.

Ni siquiera movió los labios, pero sus ojos lo dijeron todo. «Bienvenida a la familia».

Los ojos se me llenaron de lágrimas y, por primera vez, vi un atisbo de sonrisa en el rostro del Alfa Aiden. Eso me dio la confianza para mirar a Noah y decirle sí, sí a todas sus promesas.

Recuerdo que me tomó en sus brazos y me dio vueltas de princesa, emocionado y lleno de un amor tan puro que se me apretó el corazón. Cuando me colocó el collar frente a cientos de personas, nada más importó, pues el Alfa ya había aprobado la unión.

La Luna Raila vino colgada del brazo del Alfa para felicitarnos.

Aiden solo me miró a mí y supe que nunca podría pagarle por este regalo.

-Gracias -le dije.

Él no pronunció palabra alguna, solo asintió, pero sus ojos se suavizaron. Cuando se giró hacia la manada, el rostro se le endureció, callando cualquier comentario malintencionado que pudiera haberse gestado.

Luego regresó a mí e hizo algo impensable.

-Los felicito a ambos -comenzó -. Y desde ahora, así como Noah es mi Beta y mi mano derecha, como su pareja, tú serás mi otra mano de confianza. Espero que todos te traten con el respeto que mereces.

Y así fue los siguientes tres años. Nadie jamás cuestionó nuestra unión y nadie volvió a tratarme mal ni a mirarme sobre el hombro.

Supongo que esos días están por acabar.

Capítulo 3 NO DES UN PASO MÁS, TRAIDORA

Clarisse

Cuando me despierto con la luz de la mañana, siento un cuerpo junto al mío y la sensación de unos labios recorriendo mi rostro.

Abro los ojos, asustada, solo para encontrarme con el rostro de Noah. La sangre se me congela y, aunque todo mi cuerpo se pone a la defensiva, no puedo moverme. Mis manos se vuelven puños contra mi pecho, espero a que él sea el que reaccione para saber cómo actuar.

La última vez que estuvimos tan cerca, fue hace unas horas, cuando él me tenía acorralada e indefensa; no es que ahora sea más fuerte. Siempre estaré indefensa ante él o cualquier lobo de bajo rango, porque una hembra sin lobo es casi como una humana: débil, sin duda una mera presa para otros lobos. No soy rival para nadie. Podrían derrotarme antes de que me pusiera en pie para tratar de pelear.

Esto es lo que soy. Todavía puedo sentir sus garras presionadas contra mi piel, abriéndose paso en mi carne lentamente. Trato de no estremecerme ante el recuerdo.

Noah es capaz de oler mi miedo, pero, si acaso lo ha notado, no da señales de eso.

-Buenos días -dice, una de sus manos me acuna el rostro y su pulgar me acaricia la mejilla.

El acto se siente tan forzado y ajeno que no puedo evitar huir de su toque.

-¿Qué haces aquí? -es lo primero que escapa de mis labios.

Su ceño se frunce como si acabara de decir algo erróneo. Pero se deshace de él rápidamente, en cambio, muestra un gesto confundido.

-Siempre despierto contigo. ¿Qué es lo raro? ¿Debería estar en otro lado?

La pregunta contiene algo oscuro detrás, casi la siento como una amenaza.

Su cinismo me enferma. Casi me hace creer que lo que pasó hace unas horas nunca sucedió. Casi, si no fuera porque aun puedo oler a esa mujer en él, escondido bajo el aroma a jabón, hasta podría fingir que nada pasó.

Debió haber tomado una ducha y se cambió de ropa, pero eso no cambia nada.

Me levanto de un salto y me limpio la mejilla con el dorso de mi mano, como si así pudiera borrar el rastro de sus dedos en mi piel. Incluso si quisiera perdonarlo, si se pone de rodillas y me jura que no volverá a pasar, el daño está hecho.

Como puedo, me alejo de la cama y me dirijo hacia la puerta, sintiéndome más segura aquí que a su lado. Es gracioso como cambian las cosas de la noche a la mañana.

Hasta hace unas horas, Noah era mi zona segura, no había otro lugar donde me sintiera más a salvo que en sus brazos. Ahora solo siento el peligro cuanto más tiempo paso con él y su extraño teatro.

-No finjas que nada pasó -mascullo, mis palabras inseguras por lo que pueda provocar mi renuencia a dejarme convencer. Ya me demostró lo agresivo que puede llegar a ser -. Ve con tu otra mujer si así lo quieres. Yo ya no soy nada para ti, lo dejaste muy claro. No sé que quieres de mí fingiendo que todo está bien.

Contrario a toda acción lógica, Noah parece confundido, como si aún insistiera en mantener la fantasía de que no se comportó como una bestia, atacándome e insultándome. Es el colmo.

-Nena, ¿de qué estás hablando?

Se acerca a mí y yo retrocedo. No me gusta nada de esto. Se siente como si en cualquier momento la careta fuera a caerse y entonces me atacará otra vez, y no sé cuán agresivo pueda ser ahora. Si sería capaz de ir más allá.

-¿Me tienes miedo? -pregunta, haciendo un gran papel al aparentar estar dolido.

Siento que todas mis emociones se congelan en ese momento. No soporto mirarlo a la cara. No soporto a este hombre tan falso, cínico y manipulador al que estoy vinculada.

-Tú me atacaste -le recuerdo, me toma desprevenida la rabia en mi voz. Noah se queda quieto un segundo, sorprendido, pero no puedo detenerme -. ¿Debo recordarte todo lo que me dijiste? ¿Debería recordarte cómo me atacaste? Mira lo que me hiciste, Noah. -Le muestro las marcas de sus garras en mis brazos, moretones profundos y heridas que apenas se han cerrado y que no van a borrarse en un buen tiempo ya que incluso mi proceso de curación es más lento que el lobo común -. Si vas a jugar este maldito juego, lo harás solo. No me importa que no valga nada para esta manada sin ti. Yo no quiero volver a saber de ti en lo que me quede de vida.

Noah tiene el descaro de mostrarse arrepentido, casi asustado de mis palabras y la evidencia de su maltrato. Me sorprende encontrar lágrimas en sus ojos, como si no pudiera creer que él me hizo eso. Es tan, tan bueno fingiendo.

-¿Yo hice eso? -pegunta, su voz suena amortiguada bajo el peso de la falsa culpa.

Ni siquiera me molesto en responderle.

Salgo de la habitación antes de darle tiempo de dar un paso hacia mí. No miro atrás cuando tomo mi cartera con mi teléfono y mi tarjeta de identidad y me apresuro a la cochera para tomar mi auto. Los sirvientes me miran, mas no dicen nada. El portero intenta persuadirme para decirle a dónde iré, y yo, cansada por su insistencia y su reticencia a abrirme la reja, considero si debería arrollarlo con mi auto.

-Señora, no puedo dejarla salir. El Beta Noah me pidió no dejarla salir sola, también me dijo que no tenía permitido conducir.

¿Es que quiere tenerme encerrada? ¿Por qué? Si ya consiguió mi reemplazo, ¡entonces que se quede con ella! A mí que me deje libre y en paz lo que me quede de vida.

-Iré con el Alfa -le respondo secamente, al borde de perder la paciencia -. Si quieres detenerme, entonces llamaré al Alfa para que él mismo venga a recogerme y ponga a todos ustedes en su lugar. ¡¿Me escuchaste?!

Mi propia exaltación es algo que me deja perturbada. El portero se aleja, perplejo, y con un nerviosismo nada propio de él, abre la reja. Yo piso el acelerador y conduzco a la mansión del Alfa, cegada por una rabia que me nubla la vista en una niebla roja y oscura.

No estoy pensando con claridad. En realidad, no creo que esté pensando para nada.

En medio de mi furia, las lágrimas se deslizan por mi rostro. No sé qué me pasa, porque estoy enojada y resentida con Noah, pero al mismo tiempo me lamento por cómo resultaron las cosas. Una parte de mí quiere regresar y perdonarlo si él promete que borrará a esa mujer de su vida y que no volverá a hacerme nada igual. Que me mienta otra vez, que me llene de promesas vacías un tiempo más, que me deje disfrutar de otro poco de felicidad.

Golpeo el claxon una y otra vez en la carretera vacía, en conflicto con mis emociones.

No puedo volver. No, me repito. Porque puedo ser una hembra sin lobo, una paria de la sociedad que debería agradecer tener un puesto tan importante como ser la pareja de un Beta, y sé que cualquiera en la manada me diría que debo perdonarlo pues en mi situación no hay nada mejor que seguir al lado de Noah, pero también soy mujer. ¿No merezco algo de respeto y dignidad? ¿No merezco alejarme de lo que me hace daño solo porque soy defectuosa?

Me aterra pensar en todo eso. Si Noah me deja, no soy nadie. Nunca tendré otra pareja, nadie querría a una sin lobo como yo, la manada me despreciaría por tener la osadía de rechazarlo cuando ha hecho tanto por mí. Tal vez la presión sea tanta que Aiden no tenga de otra más que expulsarme de la manada.

No, por favor. Aiden no podría hacerme eso. No puede. Él es mi única esperanza. Y si elige a su hermano por encima de mí, si al final resulta ser igual que los demás, igual o peor que Noah...

Mientras mis pensamientos se vuelven más tormentosos, conduzco como una desquiciada dando vueltas y vueltas entre sollozos y maldiciones y no me detengo hasta llegar al enorme portón custodiado de la Mansión Fuego Luna. Entonces todas las emociones se detienen, dejándome en un estado de piloto automático.

Cuando bajo del auto, lista para enfrentar lo que sea que me espere cuando hable con Aiden, los guardias se me acercan con espadas envainadas y me hacen retroceder hasta que mi espalda está pegada a la puerta de mi auto y el filo de sus espadas se presiona en mi garganta.

-No des un paso más, traidora.

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