"Noelle, ¡arrodíllate y pídele perdón a Willa ahora mismo!", resonó la fría y dura voz de un hombre por todo el salón.
Noelle Moss se quedó congelada en el centro de la habitación. Bajó sus largas pestañas, mientras apretaba con fuerza la grabadora de voz que tenía en la mano. Alzó lentamente la mirada y la clavó en la persona que estaba en el sofá: se trataba de su tercer hermano, Gerard Moss.
A su lado estaba Willa Moss, la hija adoptiva de la familia. A pesar de que no estaban emparentados por sangre, su propio hermano mayor le ordenaba que se arrodillara y se disculpara con ella.
"Empujaste a Willa por las escaleras a propósito. ¿Cómo puedes ser tan cruel? ¡Eres absolutamente despreciable! ¡Me niego a reconocer a alguien como tú como mi hermana!", espetó Gerard.
'¿Absolutamente despreciable?', repitió Noelle mentalmente, bajando nuevamente la mirada e intentando contener la presión en su pecho. "No lo hice...", comenzó.
"¡Cómo te atreves a negarlo!", la interrumpió su hermano, agarrando un vaso de la mesa y lanzándoselo con fuerza.
Este la golpeó en el pie, antes de estrellarse contra el suelo, rompiéndose en innumerables fragmentos.
Al instante, a Noelle se le puso rojo su delicado pie y comenzó a hinchársele. Finas astillas de vidrio cortaron su suave pierna, dejando caminos de sangre fresca y brillante.
Pero ella no se inmutó; simplemente se quedó allí como si nada de eso le doliera.
Esa no era la primera vez que Gerard le gritaba así o la lastimaba.
"Por favor... No seas tan duro con Noelle", intervino Willa rápidamente, con voz ligera y suave. "No me empujó a propósito. De hecho, no fue su culpa. Todo fue un accidente. En realidad, fue culpa mía".
"¿Por qué sigues defendiéndola? ¿Pensaste en lo que habría pasado si la caída te hubiera dejado una cicatriz? Eres una chica, ¡así que no puedes tomar el asunto a la ligera!", la confrontó Gerard, cuyo corazón se había suavizado de golpe ante sus palabras.
"Pero...".
"Suficiente. Ya no la defiendas. Y acércate. Quiero revisar que no estás herida".
"Estoy bien. De verdad no es nada".
Al ver a esos dos desempeñando sus roles familiares, Noelle sintió que un profundo y extenuante cansancio la invadía.
Gerard estaba muy preocupado de que Willa terminara arruinando su apariencia, pero segundos antes le había lanzado un vaso, cortándole la pierna en el proceso. ¿Acaso creía que a ella no le salían cicatrices? ¿No importaba que su hermana con la que sí compartía sangre también se preocupara por su aspecto?
Noelle había aprendido a sobrevivir sola desde joven, pues creció en un orfanato, sin nadie en quien apoyarse. Más tarde, una pareja de ancianos, Jeffery y Babette Hobbes, la acogieron y la criaron con cuidado y cariño. Bajo su cuidado, nunca conoció el maltrato ni se sintió como una carga.
Después de revisar a Willa, Gerard se giró y vio la leve y burlona sonrisa en el hermoso rostro de Noelle, lo que prácticamente lo enloqueció. "¿De qué te ríes? Dejamos todo claro cuando te trajimos de vuelta a la familia hace dos años: Willa creció aquí; aunque no esté relacionada por sangre con nosotros, esperamos que la trates como tu verdadera hermana. Y como la mayor, se supone que tú debes protegerla, ¡consentirla! Pero, ¡¿qué has hecho desde que regresaste?!".
Noelle sonrió con amargura. Sus labios, suaves y color rosa, temblaron ligeramente.
Dos años antes, cuando la familia Moss la buscó y la reclamó como uno de los suyos, pensó que finalmente había encontrado a su gente. Jeffery y Babette ya habían fallecido, y como no tenía a nadie más en el mundo, se aferró a la idea de reunirse con su familia. Incluso rechazó la generosa oferta de Levi Martin, un viejo amigo de Jeffery, quien estaba dispuesto a acogerla, solo para irse a vivir con los Moss.
Durante dos años, había hecho todo lo posible por encajar. En el proceso, terminó soportando más que cualquiera, retrocediendo siempre para no incomodar. No solo le daba a Willa las cosas más bonitas, sino que prácticamente aceptaba lo que ella rechazaba. Vivía a su sombra, sin pedir nada más.
Y todo porque realmente creía que si seguía siendo paciente y amable, su familia la aceptaría gradualmente, hasta que sus padres y cinco hermanos la aceptaran como uno de los suyos.
Sin embargo, lo único que recibió fueron incontables reproches y regaños, mientras a Willa la colmaban de elogios. Siempre que pasaba algo malo o cometía un error, a ella la culpaban sin dudarlo.
Un día, escuchó algo que la destrozó por completo: "Si tan solo Noelle se hubiera muerto, nuestra familia se habría librado de una pesada carga".
'¿Si tan solo me hubiera muerto?', pensó la chica.
Naturalmente, esas palabras se quedaron grabadas en su mente y le destrozaron el corazón. Después de escucharlas, no podía respirar ni moverse.
No entendía por qué la odiaban tanto, ni qué había hecho para que su propia familia la tratara con tal frialdad. ¡Desconocía qué cosa la hacía tan insoportable para ellos, que preferían que hubiera muerto a que regresara a su lado! Y había una cuestión que la inquietaba aún más. Si la odiaban tanto, ¡¿por qué la habían reincorporado a la familia dos años atrás?!
Noelle cerró los ojos. En ese momento, sintió su corazón vacío. Ya no quedaba rastro de emoción en él. Había llegado a su límite. No quería más a su familia. Se había cansado de intentar conseguir la aprobación de personas que solo la veían como un error.
Cuando Gerard volvió a mirarla, descubrió que su expresión había cambiado por completo. No había dolor, ni tristeza, solo una calma tan absoluta que lo inquietó. Parecía que ella finalmente había dejado ir algo. Sin embargo, eso no lo detuvo para alzar su mano, listo para cachetearla.
"¡Si no te arrodillas y le pides disculpas a Willa, te daré una lección!", le advirtió.
Sin embargo, antes de que pudiera golpearla, Noelle levantó su mano y le detuvo la muñeca
para impedírselo.
"Tú...", soltó su hermano, mirándola con incredulidad. Durante dos años, esta nunca había luchado. Siempre había aceptado cualquier castigo que le dieran. Pero ahora... ¿se atrevía a enfrentarse a él?
Al notar la sorpresa en su rostro, su interlocutora dejó escapar una risa silenciosa y sarcástica. Su impresionante rostro resplandecía con una audacia recién descubierta. "Dije que no empujé a Willa", declaró.
"¿Sigues mintiendo? ¡Vaya que eres atrevida!", contestó él. No le creyó en absoluto.
"Gerard", comenzó Noelle, mientras su mirada se tornaba fría y cualquier emoción desaparecía de sus ojos. "Si demuestro con pruebas que no la empujé, ¡ella y tú se disculparán conmigo de rodillas!".
"¿Qué dijiste?", soltó el hombre; por un segundo pensó que había oído mal. Luego estalló: "¿Quieres que me arrodille ante ti? ¡Eres una chica insolente!".
¡Él jamás admitiría que tal bestia era su hermana!
En el sofá, Willa había estado disfrutando del caos, esperando con ansias a que Gerard pusiera a Noelle en su lugar. Sin embargo, cuando escuchó las palabras de esta última, un destello de duda cruzó por sus ojos.
'¿Pruebas? ¿Qué tipo de pruebas podría tener?', se preguntó, reemplazando su actitud burlona por una gentil mientras se levantaba. "Gerard, por favor, deja tu enojo a un lado. Olvídate de este asunto. No vale la pena que...".
"¡Deja de defenderla!", espetó él, con una voz atronadora. "¡Quiero ver sus dizque pruebas!".
Sin inmutarse, Noelle metió su mano en un bolsillo y sacó un dispositivo elegante.
Willa sintió que el corazón se le hundía al darse cuenta de lo que era. Por un segundo, todo el color abandonó su rostro, pues frente a ella estaba una grabadora de voz. '¡¿Cómo es posible que me tendiera esta trampa?! ¡¿De dónde sacó una grabadora de voz?!', pensó.
La acusada no dijo nada; simplemente presionó el botón "Reproducir".
"Noelle, ¿qué piensas de este lugar?", resonó una voz dulce y cuidadosamente controlada, tras unos breves segundos de estática.
Gerard reconoció de inmediato la voz de Willa.
"¿Por qué estás parada al borde de las escaleras?", preguntó otra voz, calmada y ligera.
Él sabía que esa era la de Noelle.
"Si le digo a Gerard que me empujaste por las escaleras, ¿cómo crees que te castigará?", resonó nuevamente la voz de Willa, aunque en esta ocasión, sus palabras estaban cargadas de malicia.
Gerard giró la cabeza rápidamente para mirar a Willa, con los ojos bien abiertos de incredulidad. ¿La dulce hermanita a la que siempre había protegido había dicho algo así?
"¡Gerard, no! ¡Así no sucedieron las cosas! ¡No es cierto!", intentó excusarse rápidamente la mentirosa, con el pánico brillando en sus ojos y el corazón acelerado.
Sin embargo, a la grabación no le preocupaban sus excusas. Siguió reproduciendo claramente su voz, dejando en claro su culpabilidad.
"Willa, ¿estás segura de que quieres hacer eso?", resonó la voz de Noelle, firme y tranquila, aunque tenía un dejo de advertencia.
"Incluso si intentas detenerme, nada funcionará. Sabes perfectamente que Gerard siempre se pondrá de mi lado. Nunca cree lo que le dices", contestó la aludida, con un tono cruel. Luego, lo cambió por completo, adoptando uno lleno de falso miedo. "¡Ay! ¡Gerard, ven rápido! ¡Noelle quiere tirarme de las escaleras! Dijo que no merezco ser parte de la familia Moss, que no pertenezco aquí. ¡Quiere correrme de la casa! Tengo mucho miedo. ¡Ayúdame, por favor!".
En ese momento, el hombre se quedó congelado, mientras finalmente lo entendía todo. Noelle no había empujado a Willa; ¡todo era un engaño! Esta última había ido hasta el borde de la escalera y fingió que estaba asustada, solo para incriminar a la otra. ¡Noelle había sido inocente, y él... había caído en la trampa! ¡Acusó a su propia hermana!
Invadido por la culpa, Gerard apartó la mirada. Luego frunció el ceño y soltó en un tono defensivo: "Noelle... incluso si me equivoqué, ¿por qué no explicaste todo antes claramente?".
'Por supuesto. Mi hermano finalmente descubrió que está equivocado, pero de alguna forma, todo es mi culpa por no explicarme mejor', pensó la chica, con un destello mezcla de frialdad y diversión en sus ojos.
"Gerard, parece que a pesar de que eres joven, la memoria ya te está fallando".
"Yo...", comenzó él, pero no encontró las palabras.
De golpe, recordó que su hermana biológica había intentado hablar segundos antes. Le había dicho claramente que no empujó a Willa, pero él la había interrumpido sin darle siquiera la oportunidad de terminar, mucho menos de creerle una sola palabra. ¡Y no solo eso, en un arrebato había agarrado un vaso y se lo había lanzado! ¡Aún podía ver la sangre escurriendo por su pierna, pues las esquirlas de vidrio le habían cortado la piel!
Con la vergüenza y la decepción ardiendo en su interior, Gerard se giró lentamente hacia Willa.
Esta, temblorosa, tenía los ojos llenos de lágrimas y estaba pálida. "Gerard... sé que me equivoqué. No debí haber mentido sobre Noelle. Lo que pasa es que... no quería perderte. Ni a nadie de la familia", se justificó.
"¿De qué estás hablando?", inquirió el hombre, con el ceño fruncido.
Al notar que su actitud se había suavizado, Willa percibió una oportunidad. Pensó que tal vez todavía podría arreglar el asunto, así que adoptó una expresión más lamentable y lloró con más intensidad. Las lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas sin pausa.
"Desde que tengo memoria, he vivido en la casa de los Moss. Por eso, siempre te he visto como mi verdadero hermano, y he amado a tus padres como si fueran los míos. Pero desde que Noelle regresó, he vivido con el miedo de que dejen de quererme. Me aterra pensar que todos me dejen de lado porque ella es la verdadera hija... y mucho más hermosa que yo. Tenía tanto miedo de perderlos que, en mi desesperación, hice algo horrible en su contra. Sé que me equivoqué, ¡pero te juro que no volverá a pasar!".
Al verla llorando, Gerard ya se había ablandado y, tras escuchar su sincera confesión, se sintió profundamente conmovido. ¿Cómo podría alguien como Willa tener malas intenciones? ¡Lo único que había pasado era que se preocupaba demasiado por su familia!
"Ella solo mintió porque tenía miedo de perder a su familia. Además, no terminaste realmente herida, ¿verdad? Como eres la hermana mayor, ¿qué te parece si actúas con madurez? ¡Deja pasar el asunto y perdónala por esta vez!", le dijo a Noelle, en un tono más suave, mirándola.
Esta sintió la amargura expandiéndose por su pecho. Su propio hermano acababa de descubrir la verdad y aun así, en lugar de defenderla, ¡le pedía que perdonara a la persona que la había incriminado!
¡La situación era completamente absurda!
Ya no podía soportar ni un segundo más en esa casa, ¡pues encontraba insoportables y nauseabundos los dobles estándares de la familia Moss!
"Noelle, si eres incapaz de superar esto e insistes en culpar a Willa, ¡entonces no te quejes cuando te corra de esta casa!", prosiguió Gerard, como si tuviera la razón, ajeno a lo retorcidos que sonaban sus pensamientos.
La amenazada no reaccionó. De hecho, se mantuvo estoica; su hermoso rostro era inescrutable, pero en sus ojos había cierta frialdad.
"No tienes que correrme, porque yo estoy harta. A partir de este momento, ¡no tengo nada que ver con la familia Moss! ¡No pasaré ni un segundo más en este lugar!", declaró.
Sin decir más, se dio la media vuelta y se metió en su habitación.
Le parecía absurdo que, tras vivir dos años bajo ese techo, apenas tuviera pertenencias suficientes para llenar una maleta.
Empacó rápidamente, agarrando las pocas cosas que eran suyas, así como sus documentos. Luego, ignorando el dolor punzante en su pierna, se limpió la sangre con un pañuelo. No tenía tiempo para tratar sus cortes como era debido, así que optó por colocar curitas sobre ellos. Después, se cambió el vestido por uno largo, para cubrir sus heridas, cerró su maleta y la sacó de la fría y vacía habitación que una vez había intentado llamar hogar.
Cuando Gerard la vio salir con su equipaje, comprendió que no estaba haciendo un berrinche: se iba de verdad. Ella estaba completamente lista para romper todo vínculo con la familia Moss.
"Noelle, piénsalo bien. Si sales por esa puerta hoy, ¡ni sueñes en regresar arrastrándote! ¡Te juro que te arrepentirás!", soltó con el rostro contraído por la ira.
"¡No me arrepentiré!", respondió la aludida, sin inmutarse ni darse la vuelta.
Willa, parada en la sala, veía la escena con el corazón rebosante de alegría. ¡Noelle finalmente se iba! Ahora que estaba fuera de escena, todo lo que por derecho le pertenecía pasaría a sus manos: el amor y la atención de la familia Moss, pero aún más importante, ¡su parte de la riqueza familiar! Todo sería suyo.
A pesar de su felicidad, logró mantener su expresión controlada. "¡Gerard, ve tras ella! ¿Qué haremos si algo le pasa allá afuera? Está sola, ¿y si alguien la lastima?", expresó, con falsa preocupación.
"¡Déjala!", bufó él, con los ojos llenos de desdén. "¡En unos días, rogará para que la aceptemos de vuelta! ¡Y cuando eso pase, me aseguraré de que aprenda cuál es su lugar!".
Justo en ese momento, un guardaespaldas entró corriendo, sin aliento y con los ojos muy abiertos.
Apenas saludó a Noelle mientras pasaba junto a ella y su maleta, pues todos en la casa sabían la verdad: esta joven realmente no importaba. Como no tenía estatus, no era alguien a quien necesitaran mostrarle respeto. Únicamente respondían ante Willa.
"Señor y señorita Moss, ¡ha llegado un invitado importante! Estacionó su auto justo afuera. ¡Creo que es... de la familia Martin!", informó el empleado con urgencia.
'¿La familia Martin?', pensaron Gerard y Willa, intercambiando miradas atónitas, mientras su emoción crecía.
¡Dicha familia era la más distinguida entre la élite de Cielrora! Era verdad que los Moss tenían riqueza y estatus, pero si se comparaban con los Martin, eran prácticamente nada, ¡pues el poder de estos últimos se extendía por generaciones! De hecho, su estirpe era la definición de verdadera nobleza.
Durante años, la familia Moss había intentado conectar con ellos, soñando con una alianza comercial, pero no habían tenido éxito. Y ahora... ¡¿uno de los Martin había ido a verlos?!
"¡Rápido, vamos a darles la bienvenida!", dijo Gerard, con la voz temblorosa de la emoción, mientras se acomodaba la ropa y le pedía al guardaespaldas que lo guiara.
Tras arreglarse el vestido, Willa lo siguió. Se había sonrojado por la anticipación de descubrir al misterioso visitante. No podía dejar de pensar en quién habría enviado la familia Martin. ¿Podría ser... él?
Gerard y Willa aceleraron el paso y, de alguna manera, llegaron antes que Noelle a la puerta de la villa. Tal como les había informado el guardaespaldas, un elegante auto negro se encontraba estacionado tranquilamente junto a la acera.
Cuando Gerard vio claramente el modelo del vehículo, contuvo la respiración, pues se trataba de una limusina edición limitada... El corazón le comenzó a latir más rápido. Después de todo, solo había un hombre en toda Cielrora que conducía ese vehículo: ¡Ethan Martin!
Ethan, jefe de la poderosa familia Martin y CEO del Grupo Martin, no solo era un empresario, sino la figura más influyente de la ciudad y la clase de hombre a la que la gente no veía, a menos que la convocara.
Por eso, ¡que él se hubiera presentado en su finca era algo extraordinario!
Con la emoción grabada en el rostro, Gerard avanzó rápidamente hacia la luminosa y dijo en un tono cargado de adulación y respeto: "¡Señor Martin, buenos días! No teníamos idea de que nos visitaría. ¡Por favor, perdónenos por no recibirlo adecuadamente!".
Se quedó allí, esperando, pero nadie respondió. De hecho, no había el menor rastro de actividad en el vehículo. Sus ocupantes no bajaron ni una ventana y ninguna puerta se movió. Era como si nadie lo hubiera escuchado.
'¿Qué está pasando?', se preguntó Gerard, mientras su sonrisa se tensaba.
Willa dio un paso al frente. Se acomodó un mechón de pelo con gracia detrás de la oreja y expresó en un tono suave y dulce: "Señor Martin, es un gusto tenerlo aquí. ¿Puedo preguntar a qué se debe el honor de su visita?".
Silencio. No hubo ningún sonido ni movimiento.
Gerard y Willa, confundidos, intercambiaron miradas.
No había dudas de que ese era el auto de Ethan, pero sin importar cuántas veces lo saludaran con deferencia, nadie les respondía. Sus intentos eran recibidos por el silencio.
Una tensión palpable se instaló en el aire, hasta que la puerta del copiloto se abrió y un hombre, claramente un asistente, salió.
Gerard lo reconoció al instante: era Ruben Douglas, el hombre de confianza de Ethan.
'Por supuesto. Tiene sentido que Ethan no venga a vernos personalmente, pues dada la posición actual de mi familia, no valemos su tiempo. Aun así, ya es bastante generoso de su parte enviar a su mano derecha', pensó el chico, recalibrando su estrategia al instante.
Al ser el asistente de Ethan, Ruben no era un simple empleado. Ganarse su favor podría significar conseguir oportunidades valiosas para la familia Moss.
Con sus pensamientos claros y decisivos, Gerard sonrió amistosamente y dio un paso al frente.
"¡Señor Douglas, buen día! ¿Qué lo trae por aquí?".
El aludido no le dedicó ni una mirada. Sin decir una palabra, pasó junto a ellos y se detuvo frente a Noelle, que estaba parada a poca distancia de la escena.
Al ver eso, ¡Gerard y Willa se petrificaron! Un escalofrío helado los recorrió, mientras permanecían inmóviles, pues estaban demasiado sorprendidos para moverse.
Ruben se detuvo frente a Noelle y, haciendo una reverencia respetuosa, le dijo: "Buen día, señorita Moss. Estoy aquí en nombre del señor Levi Martin, para llevarla a la finca Martin".
Al escuchar ese nombre, la chica sintió que la calidez se extendía por su pecho. Así que Levi estaba detrás de eso.
Aunque había pasado sus primeros años en un orfanato, más tarde la adoptaron Jeffery y Babette, quienes la criaron amablemente. Levi había sido un amigo cercano de Jeffery y, de hecho, ella recordaba haber jugado con él cuando era niña.
Ruben sostenía un reloj en la mano, el mismo que Levi había usado desde que Noelle tenía memoria. Eso solo confirmaba que el anciano había mandado a ese hombre a buscarla. Y como la invitación venía del amigo íntimo de Jeffery, ella no tuvo más remedio que aceptar.
"Gracias", respondió, asintiendo con respeto y tranquilidad.
"¡De nada, señorita Moss!", pronunció el asistente, con una sonrisa amable, quitándole la maleta de las manos. Tras acomodarla cuidadosamente en la cajuela, le abrió la puerta trasera y añadió: "Señorita Moss, por favor".
Noelle se inclinó para entrar, pero se detuvo al descubrir que había un hombre adentro.
Él estaba sentado en el asiento trasero, con una pierna cruzada sobre la otra, irradiando confianza. Vestía una camisa blanca impecable, abotonada hasta arriba; su postura insinuaba tranquilidad. En sus manos tenía una pila ordenada de papeles, y movía sus largos dedos al pasar las páginas, una por una.
Al escuchar la puerta abriéndose, el desconocido levantó lentamente la vista de los documentos y se giró para mirar a Noelle.
Ella se encontró con un par de ojos oscuros e inescrutables que parecían contener más de lo que revelaban.
"Soy Ethan Martin", anunció él firmemente, con voz baja y ronca. "Estoy aquí en nombre de mi abuelo para llevarte a casa".
'¿Ethan Martin?', repitió la otra mentalmente.
El nombre le resultaba extrañamente familiar, pero distante, mientras una ola de recuerdos de infancia la invadían.
Jeffery le había mencionado una vez un arreglo matrimonial años atrás. El futuro esposo que había elegido para ella era el nieto de Levi: Ethan. Y ahora, el hombre que estaba sentado frente a ella... ¡¿era él?!
La joven se deslizó en el asiento trasero, tratando de ordenar sus pensamientos, mientras el auto negro se alejaba de la residencia de los Moss.
Gerard y Willa seguían parados ahí afuera, demasiado atónitos para moverse. Sus expresiones eran una mezcla de shock e incredulidad. Habían pasado años tratando de impresionar a los Martin, ¿y ahora estos se aparecían por Noelle? Además, con completo respeto, ¿Ruben la había invitado a subirse al auto de Ethan? Y todo ese tiempo, el asistente ni siquiera les había dedicado un vistazo, tratándolos como si fueran nada. ¡¿Cómo podían explicar lo que acababa de suceder?!
Willa tensó la mandíbula; su dulce sonrisa había desaparecido hacía tiempo. Siempre la había molestado que Noelle la eclipsara, pero lo que acaba de suceder... era algo completamente diferente. Se sentía como si le hubieran dado una cachetada en público.
Mientras tanto, dentro del auto, Noelle mantenía la cabeza baja, aunque miraba de reojo al impresionante hombre a su lado. Sin embargo, en ese momento, en lo único en que podía pensar era si él recordaba el acuerdo matrimonial. Le pedía a Dios que no, pues ahora la idea le parecía absurda y fuera de lugar.
Parecía que Ethan podía leerle la mente, pues la miró, alzó una ceja y, tras aclararse la garganta, le dijo en un tono calmado y firme: "Lo recuerdo".
Ella sintió que el corazón le daba un vuelco. De todos los desenlaces que había imaginado, ese era el que más temía. Para decirlo en pocas palabras, la relación entre ellos siempre fue complicada.
Aunque era adoptada, Jeffery y Babette le habían dado una buena vida.
Él tenía amigos poderosos, y entre ellos estaba Levi, el otrora patriarca de la influyente familia Martin.
Naturalmente, este los había visitado en más de una ocasión, llevando a Ethan. Así fue como los jóvenes se cruzaron por primera vez.
De niños, pasaron mucho tiempo juntos, quizás demasiado, pues los adultos tomaron eso como una señal y acordaron que se casarían algún día.
En aquel entonces, Noelle era demasiado joven para entender realmente lo que significaba un arreglo matrimonial. Pero conforme creció y comprendió las implicaciones, le pareció que el asunto era muy incómodo. Y estar cerca de Ethan solo empeoraba la sensación.
Él tampoco parecía feliz al respecto. De hecho, a menudo actuaba frío y extrañamente hostil, especialmente cuando ella pasaba tiempo con el vecino. Eso sin olvidar que siempre soltaba palabras agudas, como si supiera cómo hacerla enojar.
Con el paso del tiempo, sus desacuerdos solo empeoraron: pasaron de bromas infantiles a discusiones reales y acaloradas. Eventualmente, ya ni siquiera podían soportarse.
En la preparatoria, Noelle estaba en una fase rebelde. Un día se acercó a Jeffery y le dijo que quería cancelar el arreglo matrimonial, porque se había enamorado de un chico de su clase.
Ethan se enteró e irrumpió en su recámara esa noche, con una apariencia que sugería que acababa de salir de una tormenta. Con un tono gélido, le preguntó si se había vuelto completamente loca.
Ella nunca lo había visto tan enojado. Discutieron. Se dijeron palabras fuertes y dolorosas. Todo se desmoronó entre ellos esa noche.
Después de esa pelea, Ethan se fue a estudiar al extranjero, y desde entonces, Noelle no lo había vuelto a ver. De hecho, ni siquiera lo había reconocido cuando subió al auto, pues él había cambiado mucho. El chico que una vez conoció ya no existía.