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Recuerda:Quien Es La Dueña Verdadera

Recuerda:Quien Es La Dueña Verdadera

Autor: : Mead Ogawa
Género: Moderno
La brisa salada y el sol de la Riviera Maya eran nuestro santuario, el escape perfecto para mi hijo Diego y para mí, Sofía Romero, lejos del ojo público. Pero la paz se hizo pedazos cuando mi exmarido, Ricardo, irrumpió con su nueva pareja, Valentina, una influencer vulgar que de inmediato invadió nuestro espacio. Para mi horror, Ricardo, buscando impresionar a un magnate, Morales, no solo permitió que humillaran a mi Diego, sino que lo empujó a un peligroso salto, llamándolo "cobarde" cuando mi hijo se negó, traicionando cruelmente su confianza. ¿Cómo pudimos llegar a esto? ¿Cómo el hombre que elegí, el padre de mi hijo, podía vender el alma de nuestro niño por un vulgar contrato, mientras Valentina y sus secuaces se regodeaban en nuestra miseria? Pero lo que no sabían es que esa humillación fue la gota que derramó el vaso. Mi mano, aparentemente inocente en mi muñeca, activó una fuerza dormida. Mi corazón de madre, pisoteado y afligido, estaba a punto de desatar una tormenta que nadie en ese vulgar circo olvidaría jamás.

Introducción

La brisa salada y el sol de la Riviera Maya eran nuestro santuario, el escape perfecto para mi hijo Diego y para mí, Sofía Romero, lejos del ojo público.

Pero la paz se hizo pedazos cuando mi exmarido, Ricardo, irrumpió con su nueva pareja, Valentina, una influencer vulgar que de inmediato invadió nuestro espacio.

Para mi horror, Ricardo, buscando impresionar a un magnate, Morales, no solo permitió que humillaran a mi Diego, sino que lo empujó a un peligroso salto, llamándolo "cobarde" cuando mi hijo se negó, traicionando cruelmente su confianza.

¿Cómo pudimos llegar a esto? ¿Cómo el hombre que elegí, el padre de mi hijo, podía vender el alma de nuestro niño por un vulgar contrato, mientras Valentina y sus secuaces se regodeaban en nuestra miseria?

Pero lo que no sabían es que esa humillación fue la gota que derramó el vaso. Mi mano, aparentemente inocente en mi muñeca, activó una fuerza dormida. Mi corazón de madre, pisoteado y afligido, estaba a punto de desatar una tormenta que nadie en ese vulgar circo olvidaría jamás.

Capítulo 1

El sol de la Riviera Maya caía a plomo, pero la brisa del mar traía un alivio fresco y salado. Sofía Romero, vestida con un sencillo vestido de lino blanco y sandalias planas, observaba a su hijo Diego jugar en la orilla de la piscina privada. El agua, de un azul turquesa casi irreal, reflejaba el cielo sin una sola nube. Era la imagen perfecta de la paz, un respiro que ambos necesitaban desesperadamente.

Diego, con sus siete años y su cabello oscuro pegado a la frente por el sudor, reía a carcajadas mientras perseguía una pequeña iguana que se había aventurado cerca del borde de la alberca.

"¡Mami, mira! ¡Es un dinosaurio bebé!"

Sofía sonrió, una sonrisa genuina que rara vez se permitía en su vida pública como una exitosa pero discreta diseñadora de moda. Aquí, en este balneario de lujo que pertenecía a su familia desde hacía generaciones, podía ser simplemente Sofía, la madre de Diego.

"Ten cuidado, mi amor. No lo asustes."

La tranquilidad se rompió de repente. Un grupo ruidoso, liderado por una mujer de curvas exageradas y un bikini diminuto de lentejuelas doradas, irrumpió en el área de la piscina como si fueran los dueños del mundo. La mujer, con un teléfono en una mano y una copa de champán en la otra, hablaba a gritos con sus seguidores en una transmisión en vivo.

"¡Miren, mis amores! ¿No es divino? ¡Mi Ricardito me consiente como a una reina! ¡Toda esta área, solo para mí y mis amigos!"

Sofía frunció el ceño. Reconoció el lugar. Era el área más exclusiva del resort, reservada para los dueños. Ricardo, su exmarido, no tenía autoridad para cederla. Pero lo que más le molestó fue la invasión de su paz, el ruido vulgar que ahogaba la risa de su hijo.

La mujer, que se hacía llamar Valentina Rojas en redes sociales, finalmente posó sus ojos en Sofía y Diego. Su sonrisa de plástico se desvaneció, reemplazada por una mueca de desdén.

"Oigan, ustedes dos. ¿Qué hacen aquí? Esta es una zona privada."

Su voz era estridente y arrogante. Sofía se levantó lentamente, colocando una mano protectora sobre el hombro de Diego, quien se había escondido detrás de ella.

"Esta es la zona de los propietarios. Y nosotros somos propietarios."

Valentina soltó una carcajada exagerada, mirando a sus amigos como si Sofía hubiera contado el chiste más gracioso del mundo.

"¿Propietarios? ¿Tú? Por favor, mírame ese vestido. Parece comprado en un mercado de pulgas. No me hagas reír. Seguramente eres una empleada que se coló con su mocoso. Lárgate antes de que llame a seguridad."

Uno de los hombres que acompañaba a Valentina, un tipo musculoso y con tatuajes, se acercó de forma amenazante.

"Ya oíste a la jefa. Muévete."

Sofía no se inmutó. Su mirada tranquila se endureció.

"No voy a ir a ninguna parte."

Valentina se acercó, moviendo sus caderas de forma provocadora. Se detuvo a un palmo de Sofía, mirándola de arriba abajo.

"Ah, ya sé quién eres", dijo con un chasquido de dedos. "Eres la ex de Ricardo. La mosca muerta que dejó por mí. Me habló de ti. Una mantenida que no sabe hacer nada más que estirar la mano para pedir dinero."

La acusación era tan absurda que Sofía sintió una risa amarga subir por su garganta. Ella, Sofía Romero, heredera de la dinastía hotelera más influyente de México, la mujer que había financiado de su propio bolsillo la cadena de hoteles que Ricardo ahora dirigía y presumía como suya. ¿Una mantenida? La ironía era casi poética.

"Veo que Ricardo te ha contado muchos cuentos de hadas", respondió Sofía con una calma que desquició a Valentina.

"No son cuentos, querida. Es la realidad. Él es un hombre de éxito, un tiburón de los negocios. Y tú... tú eres el pasado. Una mujer aburrida y sin chiste que tuvo la suerte de engancharlo por un tiempo. Ahora lárgate. Estás arruinando mi transmisión y mi bronceado."

Sofía se quedó quieta, su mente trabajando a toda velocidad. Podría destruirla con una sola llamada. Podría hacer que la sacaran de aquí con la seguridad del hotel, la verdadera seguridad, no la que Ricardo contrataba. Pero miró a Diego, que temblaba detrás de ella, y decidió que no valía la pena el escándalo. Aún no.

"Nos iremos cuando terminemos de nadar", dijo simplemente, y se agachó para hablarle a su hijo.

Valentina, enfurecida por la falta de sumisión, bufó.

"¡Como quieras, gata! Pero cuando llegue mi Ricardo, te vas a arrepentir."

Sofía la ignoró. Por dentro, una tormenta se estaba gestando. La humillación pública no le importaba tanto como la mentira que Ricardo había construido a su costa. Y ahora, esa mentira estaba amenazando la paz de su hijo. El error de Valentina no fue insultarla a ella, fue hacerlo frente a Diego. Y ese era un error que pagaría muy caro.

Capítulo 2

Valentina no tuvo que esperar mucho. Unos veinte minutos después, el sonido de un motor potente anunció la llegada de más invitados. Ricardo Méndez apareció, caminando con una arrogancia aprendida que nunca le había sentado bien. A su lado, un hombre mayor, obeso y de aspecto vulgar, sudaba profusamente bajo el sol caribeño. Era el Señor Morales, un magnate de los medios a quien Ricardo y Valentina llevaban meses intentando impresionar.

"¡Mi amor! ¡Llegaste!", gritó Valentina, corriendo a colgarse del brazo de Ricardo. Le lanzó una mirada triunfante a Sofía antes de besar a Ricardo ruidosamente.

Ricardo vio a Sofía y a Diego, y su rostro se contrajo en una mueca de fastidio. Ni siquiera saludó a su propio hijo.

"Sofía, ¿qué haces aquí? Te dije que esta área estaría ocupada hoy."

"Esta área es de mi familia, Ricardo. Tengo derecho a estar aquí", respondió ella, su voz peligrosamente baja.

El Señor Morales miró a Diego, que se aferraba a la pierna de Sofía, con una sonrisa lasciva que a Sofía le revolvió el estómago.

"¿Y este pequeño quién es?", preguntó Morales, su voz pastosa.

Valentina intervino rápidamente, con su tono más meloso. "Oh, es el hijo de la... ex de Ricardo. Un pequeño estorbo, la verdad."

Diego se encogió al escuchar la palabra "estorbo". Sofía lo abrazó con más fuerza, lanzándole a Valentina una mirada que podría haber congelado el sol.

Ricardo, desesperado por impresionar a Morales y cerrar un jugoso contrato publicitario para su cadena hotelera, ignoró la tensión. Forzó una sonrisa.

"No te preocupes por ellos, Morales. Son... insignificantes."

Morales, sin embargo, seguía mirando a Diego. Luego, su mirada se posó en un pequeño risco que bordeaba la piscina, desde donde se podía saltar a una poza natural de agua de mar, un lugar conocido por sus corrientes peligrosas.

"El niño parece ágil", comentó Morales con una risa grasienta. "Apuesto a que sería todo un espectáculo verlo saltar desde ahí. A mis lectores les encantan las historias de valor. Podríamos hacer una pequeña nota sobre los hoteles de Ricardo, 'aptos para la aventura en familia'".

La sugerencia era tan irresponsable que Sofía se quedó sin aliento.

Valentina vio una oportunidad de oro. "¡Qué gran idea, Señor Morales! ¡Eres un genio! ¡Dieguito, ven aquí! ¡Demuéstrale al señor lo valiente que eres!"

Diego negó con la cabeza, aterrorizado. "No quiero. Mami dice que es peligroso."

Ricardo, en un acto de traición que Sofía jamás le perdonaría, se arrodilló frente a su hijo. Pero no había ni una pizca de cariño en su gesto.

"Vamos, campeón. No seas un cobarde. Solo es un saltito. Hazlo por papá. El señor Morales nos está viendo."

La palabra "cobarde" golpeó a Diego. Sus ojitos se llenaron de lágrimas.

Sofía sintió que algo dentro de ella se rompía. La humillación, el desprecio, la ambición desmedida de Ricardo... todo culminó en ese momento. Ver a su exmarido, el padre de su hijo, presionando al niño para que se pusiera en peligro mortal solo para impresionar a un hombre vulgar por dinero... fue la gota que derramó el vaso.

Su rostro perdió toda expresión. Se volvió una máscara de hielo. Con una calma aterradora, se apartó un poco del grupo, sacó un discreto brazalete de su muñeca, uno que parecía una simple joya de diseño, y apretó un pequeño botón oculto tres veces. Nadie se dio cuenta. Nadie, excepto ella, sabía lo que ese simple gesto significaba.

Era una llamada. Una orden.

Mientras tanto, Valentina y sus amigos habían rodeado a Diego, que lloraba en silencio.

"¡Ándale, niño! ¡No tenemos todo el día!", gritó uno de los hombres de Valentina.

Sofía se movió con la rapidez de una pantera. Se interpuso entre ellos y su hijo.

"Aléjense de él. Ahora."

Valentina se rió en su cara. "¿O qué, mosca muerta? ¿Nos vas a pegar con tu bolso de diseñador... ah no, espera, que no traes."

El grupo se rió.

"Vete de aquí, Sofía", siseó Ricardo, su rostro contorsionado por la ira y la vergüenza. "Estás arruinando el negocio más importante de mi vida. ¡Seguridad!"

Pero la seguridad que él llamó, dos guardias del hotel que estaban en su nómina personal, dudaron al ver a Sofía. La conocían. Sabían quién era la verdadera dueña.

Valentina se percató de la duda y se envalentonó.

"¿Qué les pasa, inútiles? ¡Sáquenla! ¡Esta mujerzuela y su mocoso no pertenecen aquí! ¡Este es mi evento privado! ¡Ricardo se lo dio!"

La influencer se pavoneó frente a Sofía, deleitándose con su aparente victoria.

"¿Ves? Ricardo ya no te quiere. Ni siquiera quiere a su hijo. Prefiere su carrera, su éxito... y a mí. Tú no eres nadie. Solo una exesposa amargada."

Sofía miró a Ricardo, esperando, suplicando con la mirada que reaccionara, que hiciera lo correcto. Pero él desvió la vista, incapaz de sostener la suya.

Fue entonces cuando Morales volvió a hablar, su voz untuosa cortando el aire.

"La chica tiene razón, Ricardo. Un hombre de tu calibre no puede tener estas distracciones. Pero la idea del salto me sigue pareciendo buena. Vamos, niño, salta para el tío Morales y te compraré todos los dulces que quieras."

La mirada que le dirigió a Diego era depredadora. Y eso fue todo. La última pizca de contención en Sofía se evaporó.

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