Reiko
Los negocios iban bien hasta que una molesta piedra en el zapato apareció, la piedra tenía nombre y era Uzui Imata.
Uzui había irrumpido de forma brusca en el mercado, ofreciendo menores tarifas para ganar más clientes. Pero su trabajo era desprolijo e insultaba a todos los que llevábamos más tiempo en el rubro.
Ser un asesino a sueldo en Japón no era fácil.
Harto de aguantar las jugadas sucias de Uzui y de perder a la mayoría de mis clientes decidí migrar del país.
Pagué por un pasaporte falso y compré un ticket de avión rumbo a Nueva York. Allí tenía un viejo amigo.
Abordé el avión con la esperanza de dejar mi antigua vida enterrada en el país asiático.
3 meses después...
Mientras observaba un fino traje de 3 piezas en la vitrina de una lujosa tienda en 5th Avenue, una esbelta señorita llamó mi atención, iba acompañada por un hombre regordete vestido de negro, juntos ingresaron a la tienda.
¿Era su guardaespaldas?
Encogí mis hombros y continué con mi vista sobre el vidrio.
De pronto un auto se detuvo frente a la tienda y de él bajaron 3 hombres encapuchados y armados, ingresaron rápidamente gritando a todo pulmón.
Me desabotoné mi saco y los seguí.
- ¡Al suelo, esto es un asalto! - gritó uno de los tipos.
Todo el mundo comenzó a gritar y alborotarse.
- ¡Silencio! - gritó el segundo y disparó al techo
¡Bang!
De lejos divisé a la señorita, vestía un traje negro ajustado hasta la rodilla y un sombrero del mismo tono, estaba con las manos en alto, pero con un semblante impecable.
Me escondí detrás de un escaparate para poder ver mejor.
Uno de los delincuentes se percató que la chica era especial, especialmente adinerada.
Se acercó rápido hacia ella y la tomó fuerte del brazo.
El torpe y regordete guardaespaldas comenzó a tiritar y en su frente se formaron diminutas gotas de sudor.
¡Inepto!
Apreté mis puños con fuerza y tensé mi mandíbula.
- ¿Y tú quién eres? - le gritó el delincuente, mientras los otros dos desbarataban la tienda.
Ella guardó silencio, su rostro estaba duro y pálido.
- ¡Hey!, creo que esta perra nos podría servir- dijo hablándole fuerte a los compañeros- se ve que tiene dinero, podríamos pedir un rescate por esta gatita- sonrío de forma burlesca.
La jaló del brazo y la trajo con él.
Le haces daño imbécil.
Y cuando estaban a punto de salir huyendo, los intercepté.
Primero agarré a dos de ellos, los que llevaban el botín, y con un movimiento limpio y sutil les golpeé el cuello al mismo tiempo con ambas manos.
La llave del sueño
El tercero, el que tenía a la señorita. Me comenzó a disparar.
Esquivé las balas tapándome con un mesón inclinado. Cuando tuvo que recargar el revólver, ataqué.
Una patada directo a su nariz y cayó inconsciente a nuestro lado. Lo até de manos y pies.
La señorita jamás perdió su compostura y con mucha fineza se levantó las gafas de sol. Tenía unos ojos pardo penetrantes y unas largas pestañas.
-Gracias- me miró fijo
-Creo que su guardaespaldas necesita un cambio de ropa interior- dije mientras me limpiaba el saco.
Ella volteó y observó como el regordete tipo continuaba tiritando en una esquina.
-Es todo un problema conseguir personal idóneo, es el tercero de este mes- respondió mientras volvía sus gafas al lugar anterior.
-Así veo...
-Me retiro, le vuelvo agradecer su ayuda- se despidió y me pasó una tarjeta de presentación.
Acomodó su cartera de mano y camino hacia la salida con un desplante envidiable.
Las sirenas de la policía comenzaban a acercarse.
Acomodé mi cabello con una mano y salí del lugar.
Mientras caminaba observé la tarjeta.
Esa mujer me intrigaba, era hermosa e implacable. Ni siquiera un atracó logró desarmar su compostura.
Necesitaba saber más de ella.
Volví a mi apartamento y abrí mi laptop.
Dejé la tarjeta a un lado y comencé a teclear.
"Deva Turner CEO de Luxury Inc."
"Luxury Incorporation era un gran conglomerado dedicado a crear tecnología avanzada y de última generación para automóviles de lujo.
Deva Turner una joven Ingeniera automotriz de 30 años había fundado la empresa hace 5 años. Sus ideas eran tan asombrosas que las acciones de Luxury crecieron como espuma, y en tan sólo un par de años había logrado posicionarse en los mejores rankings de empresas emergentes dentro del país."
Le di clic a imágenes y vi algunas fotos de la hermosa señorita.
Quedé asombrado, era hermosa e intrigante. Necesitaba conocerla.
Durante 3 semanas ella se volvió mi obsesión, me dediqué a seguirla y a vigilarla, temía que le pasara algo ya que sus estúpidos guardaespaldas no servían para nada.
Memoricé toda su rutina; a la hora que salía de su lujoso apartamento, el momento en que almorzaba y cuando iba al gimnasio; la esperé cada día a la salida del trabajo y la acompañé desde lejos a su hogar. Las salidas de los martes y jueves con sus amigas e incluso a los hombres que frecuentaba.
Tenía que llegar de alguna forma a ella.
Mientras ideaba algún plan para poder acercarme a la señorita Deva Turner, imaginé saliéndome del negocio de los asesinatos por encargo.
¿Y si le daba un vuelco a mi vida?
Deseché la idea de inmediato, recibía tanto dinero por los "encargos" que me permitía vivir una vida acomodada y tranquila.
Me acomodé en mi sofá y crucé las manos sobre mi vientre. Luego de unos minutos recibí una llamada.
-Reiko San...- dijo del otro lado
-Santorino, tanto tiempo. ¿Quieres cobrar? - contesté
-Así es, necesito de tus servicios.
-Bien dame su nombre y quién lo encarga- cogí un lápiz y un papel
-Tienes que encontrar a Karin Al Saud, el encargo es de Malek Al Saud. Ella secuestró a su novia Adeline.
-Perfecto- tomé nota
-Reiko, Malek es un hombre poderoso y multimillonario.
- ¿Pagará en efectivo?
-Oh claro que sí, no va a escatimar en gastos. El hombre está desesperado
-Bien, déjamelo a mí- colgué.
Volví a mi laptop, y me metí al mercado negro. Usé mis contactos y en menos de 30 minutos estaba desencriptando toda la información de Karin Al Saud.
- ¡Santa mierda! - dije en voz alta cuando leí el nombre de Dimitri Petrova - Esta tipa debe estar loca
Me levanté, tomé mis gafas de sol, mi saco y cerré la puerta de mi apartamento, debía hacer unas cuantas visitas.
Tardé casi un mes en dar con el paradero de Adeline, los secuaces de Dimitri se habían encargado de hacerla desaparecer de la faz de la tierra.
Me pasaba el día lamentando dejar tanto tiempo sola a la señorita Deva, sin embargo, todas las tardes me hacía un tiempo para acompañarla a su hogar desde la otra vereda.
Vigilé a cada uno de los colaboradores de Petrova, hasta que di con el jefe de su mafia, su mano derecha.
Ese mismo día lo seguí, estaba almorzando en un restaurante acomodado. Era difícil interceptarlo siempre estaba rodeado de otros hombres, seguramente lo cuidaban hasta para ir a cagar. Pero me equivoqué.
Se levantó con uno de sus hombres, y lo dejó custodiando la entrada del baño.
Era mi oportunidad, corrí hasta un callejón continuo y observé, hasta que di con la ventana del baño donde estaba el objetivo.
Me subí sobre un contender de basura y me introduje sin problemas dentro del baño.
Me acomodé el traje y fingí lavarme las manos.
Cuando el hombre salió del excusado me miró con asombro, pero continúo con lo suyo.
Se paró a un lado mío y enjuagó sus manos.
El silencio era intenso.
Levanté la cabeza y me miré al espejo, con ambas manos ordené mi cabello.
- ¿Dónde la tienes? - dije sin despegar mi vista de mi reflejo
- ¿Perdón? - se volteó hacia mi
- ¿Dónde está Adeline? - le clavé la mirada a través del espejo.
Dio un paso hacia atrás y alcanzó a gritar.
- ¡Norman! - Su escolta apareció corriendo y cuando atravesó el umbral le di un tiro con un revolver silenciado en medio de su frente.
Cayó sentado en el suelo con los ojos en blanco y un agujero en el cabeza.
Tomé al hombre por la corbata y lo acerqué a mí, lo atravesé con la mirada.
-Si no quieres terminar como él, dime donde está.
Tragó saliva y dijo:
-Northport, la tiene en Northport, en el viejo embarcadero de yates- le sonreí y le disparé justo en la sien.
Acomodé los cuerpos en una vieja sala de utilería y salí como si fuera un cliente habitual del lugar.
Mientras montaba mi carro le marqué a Santorino.
-Ya se dónde la tiene. Northport en un viejo club de yates, está con vida.
- ¡Gracias al cielo! Ya había perdido las esperanzas. Llamaré en seguida al señor Al Saud. Te espero en mi oficina.
-Copiado- respondí
Encendí un cigarrillo y aceleré.
Estaba parado de espaldas a la puerta cuando llegó el cliente.
Santorino nos presentó.
El señor Al Saud, era un hombre fornido y alto a simple vista parecía tranquilo, pero en sus ojos pude ver la ansiedad por encontrar a su novia.
Pobre hombre...
Hablamos sobre los culpables y sus posibles castigos.
Bastaba que él me lo pidiera y acabaría con cada uno de ellos, de la forma más silenciosa posible.
Me alegró escuchar de su boca que los quería muertos, asentí con mi cabeza.
-Bien, debe saber que Petrova es muy poderoso, y tiene muchos contactos. Esto podría traerle varios problemas- dije mientras expulsaba el humo de mi cigarro de la boca.
-No me importa, si traes a Adeline con vida te daré lo que quieras, y tendrás siempre mi lealtad- dijo decidido.
Me quedé pensando por unos segundos.
Esto podría ser una fantástica oportunidad y sin vergüenza dije:
-Ahora que lo menciona señor Al Saud, hay algo que quisiera a cambio, necesito patrocinio para comenzar con un nuevo negocio.
El señor Al Saud se irguió y respondió:
-Cuenta con eso- dijo estirándome la mano.
Teníamos un trato el cual cobraría sin retraso.
Una vez enterados del plan, lo pusimos en acción.
Él trabajó fue rápido y prolijo, en menos de 10 minutos teníamos a todos reducidos, y felizmente el señor Al Saud pudo recuperar a su querida novia.
Estaba complacido, ganaría mucho dinero con este encargo, pero lo que más me atraía era la posibilidad de acércame aún más a Deva Turner.
Reiko
El martes por la noche seguí a Deva, ella había asistido a un bar con dos de sus amigas, al parecer las cosas se pusieron divertidas y ella tomó más de la cuenta.
Me senté en una mesa solitaria, dónde apenas llegaba la luz artificial, pedí un whisky y me dediqué a observarla.
Bailaba entusiasmada y ebria al medio de la pista con sus amigas, a pesar de ser tan compuesta en su vida diaria, por la noche dejaba salir toda su personalidad. Aún era joven y tenía todo el derecho de divertirse.
Dos hombres las abordaron, Deva a penas los vio no les prestó atención y siguió contorneándose al ritmo de la música. Uno de ellos se atrevió a más y la tomó de la cintura.
Apreté el vaso entre mis dedos hasta el punto de trisarlo.
Deva lo alejó una vez más, pero el imbécil regresó, la tomó de la cara y le dio un beso profundo. Deva ahogada agitaba desesperada las manos para poder sacárselo de encima.
Me levanté furioso, y caminé a paso rápido al centro de la pista de baile. Tomé al imbécil por el cuello y lo levanté.
-Te dijo que la dejaras en paz, imbécil- el hombre comenzó a ahogarse con el nudo de su corbata, y comenzó a aletear desesperado en busca de oxígeno.
La gente comenzó a agolparse alrededor nuestro, formando un gran alboroto.
Miré a Deva quién estaba a punto de caerse por lo ebria que estaba, solté al tipo y la agarré firmemente a ella antes de que se desplomara. Ella pasó sus brazos alrededor de mi cuello y dijo:
-Guardaespaldas- me sonrió y se desmayó en mis brazos.
La tomé y la saqué del lugar.
Sus amigas me miraron confundidas; pero no hicieron nada.
Que buenas amigas. Pensé mientras la llevaba junto a mi pecho.
-Señorita Deva, reaccioné- la senté en el asiento del copiloto de mi auto, y le pegué unas suaves palmadas en su hombro.
Ella abrió con dificultad sus ojos y me observó.
- ¿Vamos a un motel? - dijo en un lenguaje traposo
Los pelos de mi nuca se erizaron.
- ¿Quiere que la lleva a su apartamento? - traté de hacerla volver en sí.
Ella no me respondió más, se había quedado dormida.
Supongo que será lo correcto, al menos ya se dónde vive. Sonreí.
Su olor hipnotizante se mezclaba con el olor a licor y a tabaco, la miré de reojo y se veía como un pequeño ángel durmiendo sobre una nube.
Su piel tersa y blanca era perfecta. Ella era perfecta.
Llegamos a su estacionamiento, y el guardia nos detuvo, bajé la ventanilla y se me quedó mirando detenidamente.
-Señorita Turner ¿está usted bien? - dijo mirándome con malas pulgas
Ella se incorporó levemente y respondió.
-Si, déjanos pasar ¡hoy vamos a follar duro! - mis mejillas se pusieron coloradas y el nudo de la corbata me comenzó apretar.
Sin duda eso era lo que más quería hacer, pero jamás la tocaría sin su consentimiento y menos en estas condiciones.
Le sonreí nervioso al guardia y el encogió los hombres cuando nos dejó pasar.
-Señorita Deva, vamos tiene que levantarse- le dije mientras abría la puerta del copiloto
-No, no, hagámoslo aquí- dijo aún adormilada por el licor.
¡Santa mierda!
- ¿Qué dice? usted está muy ebria, venga- la tomé del brazo y la incorporé.
-No, no déjame aquí- comenzó a chillar.
Con miedo de que despertara a los residentes, me apresuré a tomarla de nuevo en brazos.
Ella se acercó a mi cuello, y enredó sus brazos en él.
-Hueles tan bien- comentó.
Lo colores ya no podía ser más rojos en mi rostro.
Subimos al elevador.
- ¿Cuál es su piso señorita?
-El número cuatro- levantó su mano y me mostró 5 dedos de su mano.
Sonreí.
– Eres tan suave, ¿me pregunto cómo será tu verga? - dijo mientras me besaba el cuello.
La miré con los ojos bien abiertos y eché para atrás mi cintura con cuidado de no rozarla, el bulto de mis pantalones comenzaba a reaccionar antes sus roces y palabras.
¡Cálmate Reiko!
-Tiene que abrir la puerta- le dije cuando llegamos frente a su apartamento- ponga su huella aquí.
Ella estiro débilmente su mano y presiono el visor.
Entré con ella en brazos, y quedé anonadado al descubrir cómo era realmente su hogar, el que imaginé cientos de veces. Sus gustos eran refinados y exóticos, tenía varios jarrones y pinturas importantes. Su piso era marmolado y sus muebles blancos con toques dorados.
El apartamento era enorme, y amplio.
-Llegamos señorita, la dejaré aquí y me marcharé- dije depositándola suavemente en el piso.
-No, no te vayas- me estiró el brazo y agarró mi mano- duerme conmigo, me da miedo la oscuridad- comenzó a llorar como una niña pequeña.
-Señorita Deva yo no...- dije nervioso y atragantándome con mi saliva
- ¡Solo hazlo! - gritó de forma caprichosa – por favor- terminó con un lindo y gentil puchero.
Mi corazón se apretó, ¿cómo podría negarme?
-Bien vamos- ella sonrió automáticamente.
Caminó tambaleándose hasta el final de un pasillo, tomada de mi mano.
Abrió una puerta y entramos a su habitación, gracias a la oscuridad tropecé con un mueble. Ella se rio a carcajadas y yo volví a enrojecer.
Se tendió sobre la cama con ambos brazos abiertos y se quedó dormida profundamente.
La miré desde lejos y crucé los brazos sobre mi pecho.
Me acerqué y le saqué los tacos. Dudé en si debía quitarle su vestido o no, pero me imaginé durmiendo toda la noche así y me sentí incómodo.
Bajé muy despacio el dorado cierre trasero, hasta llegar al inicio de su tanga. Mis dedos temblaban. Abrí el vestido y le ayudé a sacar un brazo y después el otro.
Ella se volteó y tenía una linda sonrisa en su rostro. Me quedé obnubilado mirando su ropa interior delicada y negra de encaje.
Algún día seré yo quien le saqué esas prendas. Imaginé.
La tapé con la sábana blanca de lino, y me despedí con un suave beso en su frente.
Salí de su apartamento sintiéndome el hombre más afortunado del mundo.
Deva
- ¡Diablos!, cómo duele- desperté con los primeros rayos de sol, tenía la boca seca y una jaqueca del demonio.
Me incorporé y rebusqué en mi cajón de la mesa de luz, encontré una tira de pastillas y me tragué dos.
Eso bastará
Me volteé y me volví a tapar por completo con la sábana.
- ¡Mierda!, Deva Turner ¿cómo llegaste aquí? - me paré casi por completo de la cama gracias al susto.
Me miré de pies a cabeza y toqué todas mis partes, extendí mi tanga y revisé mi parte íntima con mi mano.
Suspiré aliviada al comprobar que todo estaba en orden.
¿Cómo diablos había vuelto a mi apartamento?
No recordaba absolutamente nada después de que esos chicos molestos nos abordaran, me senté al borde de mi cama, y comencé a masajear mis sienes con mis dedos.
Esos chicos molestos, esos chicos...
- ¡El guardaespaldas!, demonio el guardaespaldas- traté de recordar – aquel atractivo hombre asiático me trajo a aquí... ¿Cómo mierda...?
Prometí no volver a tomar de esa forma mientras me lavaba los dientes, me había pasado de la raya y haber olvidado prácticamente la mitad de la noche me daba miedo.
Fui a la cocina y me serví un tazón de café amargo, me senté en un taburete y comencé a pensar...
¿Me habrá hecho algo?, ¿me habrá tocó? Me sentía realmente incómoda ninguna de mis preguntas tenía respuestas.
Hasta que de pronto vino a mi cabeza...- ¡Las cámaras de seguridad! - di un brinco de la silla y corrí en busca de mi celular. Abrí con apuro la aplicación de mi "hogar seguro" y retrocedí hasta las ...04:35am. Ahí estaba yo entrando a mi apartamento en estado deplorable en brazos de un hombre.
¡Mierda!
-Había olvidado lo guapo que era- me mordí el labio inferior.
Cambié rápidamente a la cámara de mi habitación, mi corazón comenzó a palpitar con fuerza temiendo encontrarme con algo que no fuera de mi agrado.
Suspiré aliviada cuando él me beso la frente y se marchó.
No entendía nada, ¿Habrá sido coincidencia?
Que molesto, ahora tendría que buscar a ese hombre y darle las gracias.
Reiko
Estaba formulando la idea en mi cabeza mientras jugaba con la tarjeta de presentación de la señorita Deva.
Necesitaría al menos 2 personas más para poder formar la empresa, y ese era un gran problema yo estaba acostumbrado a trabajar solo y prácticamente no conocía a nadie más, excepto a Santorino, en la ciudad.
Pensé en Santorino, pero lo descarté de inmediato era muy inteligente y resolvía casos como nadie, pero tenía la contextura de un gusano hambriento y eso no le daría nada de credibilidad a la empresa.
Me froté el mentón y me rasqué la cabeza.
¿Y si ponía un anunció en internet?
Quizás podría hacer un casting.
Saqué el celular de mi bolsillo y abrí una página de anuncios y ofertas.
"Se busca persona ..." y quedé en blanco.
Me paré y me miré al espejo.
Sonreí.
"Se busca persona, elegante, alta, buena contextura, atlético, bien parecido, y que sepa de artes marciales para trabajar como guardaespaldas. Sueldo a convenir"
Lo releí y me imaginé enseguida a los americanos.
Resoplé y borré.
"Se busca persona para trabajar como guardaespaldas. Sueldo a convenir"
Publiqué el aviso y me senté a esperar.
En menos de una hora tenía 20 solicitudes, pausé el aviso y empecé a citarlos.
...
-Buenas tardes, ¿su nombre? - dije recostado en mi sofá y con una pierna arriba
-Leandro Gómez- anoté
- ¿experiencia como guardaespaldas?
-Una vez rescaté a mi tía Lucía de caerse a un hoyo- levanté la vista y dije:
-Gracias por venir, ¡siguiente!
Así estuve toda la tarde y parte de la noche hasta que por fin dejé a dos candidatos idóneos, no eran como yo, pero se defendían.
Me acosté con una gran sonrisa en el rostro, al día siguiente iría a al edificio de la señorita Deva a presentar mis servicios.
Deva
-Ed, a mi oficina por favor- llamé a mi asistente
-Si jefa
Edward era mi asistente, era bastante joven aún más que yo, pero increíblemente eficiente y lo que más me gustaba es que era hombre, jamás andaría en sus días, ni enredado en chismes en los pasillos.
Ed tocó la puerta dos veces y entró.
- ¿jefa? - me dijo acercándose a mi escritorio
Dejé de leer la pantalla de mi laptop para prestarle atención.
-Ed, te enviaré un trozo de un video a tu móvil. Necesito que averigües el nombre de la persona que sale allí- dije mientras bajaba mis gafas óptimas
Edward asintió.
-Esta demás decirte que el video es confidencial, no quiero que comentes con nadie la existencia de él.
-Por supuesto- dijo y se irguió de inmediato.
-Bien, eso es todo
Ed, hizo una reverencia y se marchó.
No tenía mucho tiempo, ni interés en encontrar a ese hombre. Sin embargo, le debía un agradecimiento, ya que aún me daba escalofríos pensar en que me podría haber pasado si él no hubiese llegado.
Eso me hizo recordar, las pésimas amigas que tenía, ninguna me cuidó ni se interesó en dónde acabé la noche.
Hice un mohín con la nariz y borré a las dos mujeres de mi lista de contactos.
Estaba harta que la gente me buscara por mi dinero, y de siempre rodearme de personas interesadas.
Yo era una chica humilde, que con esfuerzo conseguí todo lo que tenía.
Renegué con la cabeza.
¿Qué está pasando con las personas?
Me sentí decepcionada.
Me recosté en el respaldo de mi silla y cerré los ojos. Alcancé la calma por unos minutos hasta que...
- ¡Diablos!, la reunión con los inversionistas.
¿cómo mierda se me fue a olvidar?
Me maldije una vez más por haber tomado tanto anoche, la resaca aún me duraba y no podía pensar con claridad.
Era una junta muy importante, el señor Tanaka estaba dispuesto a poner varios millones en un proyecto privado que involucraba tecnología de última generación. Pero antes debía convencerlo de aquello.
Marqué de inmediato el intercomunicador.
-Ed, ¿a qué hora es la junta con el señor Tanaka?
-Es hoy a las 13pm en el restaurante Centaurus- contestó
Miré el reloj de notebook.
Aún me quedan 45 minutos.
-Gracias, dile al chofer que en 15 minutos estaré abajo
-Si jefa
Me levanté y me apresuré a correr a mi baño privado.
Me miré al espejo, me ordené el cabello y retoqué mi maquillaje.
Di gracias a Dios de llevar un traje formal de muy buen gusto, era sobrio, pero a la vez atractivo.
Volví a contemplar mi reflejo e inspiré profundamente.
¡Vamos Deva tú puedes!
Me di dos golpes en las mejillas para espabilar.
El chofer me llevó directamente al restaurante.
Entré con decisión caminando a paso firme sobre mis tacones.
Sonreí cuando me di cuenta que había sido la primera en llegar, separé la silla y me senté.
Dejé sobre la mesa dos carpetas que contenían todo el proyecto.
Pedí un aperitivo y aguardé.
En menos de 10 minutos apareció el señor Tanaka junto a un joven también asiático.
Les levanté a la mano y sonreí.
Los esperé de pie mientras ellos avanzaban y les dije:
-Buenas tardes- con una reverencia
Ambos hombres me miraron y respondieron
- Kon'nichiwa
Comencé a sudar frío... ¿Qué diablos significaba Kon'nichiwa?
Mostré todos mis dientes en una sonrisa nerviosa
-español por favor- dije con mi cara pálida.
-No, no, no nada de español- dijo el asistente abatiendo sus manos de un lado a otro – tu interprete- me señaló con un dedo.
¿yo que?
Iba a matar a Edward, jamás me había mencionado nada sobre un intérprete, o quizás yo no le había puesto atención.
¡Santa mierda!
No podía perder el contrato por culpa de esta estupidez.
Cuando estaba a punto de desmayarme escuché una suave voz.
Reiko
Cómo de costumbre seguí a la señorita Deva en su hora de almuerzo, me sorprendió ver cuando su chofer la dejé en un elegante restaurante en pleno centro de la ciudad.
Esperaba que no fuera por una cita, si no tendría que apresurar mi plan.
Reservé una mesa alejada de ella y pedí una copa de vino.
Al momento llegaron dos hombres asiáticos, eran japoneses lo podría reconocer a millas de distancia.
¿En que andaba metida?
Enfoqué mejor la vista cuando aquellos tipos se acercaron a su mesa. No necesité ser adivino para saber que ella estaba en un momento complicado, su rostro pálido y su sonrisa nerviosa la delató.
Me levanté y empecé a acortar la distancia, necesitaba saber que era lo que le afligía.
Los hombres le hablaban en japonés y ella solo negaba con la cabeza, estaba a punto de llorar.
Evidentemente ella no entendía ni una pizca de lo que trataban de decir.
Los caballeros estaban también al borde del colapso, y la amenazaban con dejar todo hasta aquí, porque ella los había hecho perder el tiempo y hacerlos viajar desde tan lejos para nada.
Inspiré y acomodé el nudo de mi corbata.
Toqué el hombro de Deva, lo cual me trajo enseguida una exquisita corriente eléctrica y dije:
- Chikoku shite sumimasen, watashi wa tsūyakudesu (Disculpe caballeros por llegar tarde, soy el intérprete)
La señorita Deva dio un salto y abrió su boca hasta el suelo al notar que era yo quién hablaba en japonés.
Mi corazón dio un salto enorme, cuando ella finalmente sonrió aliviada.
- Sore wa daijōbudesu, korega subete hidoku owaru mae ni sore ga kite yokattadesu (Está bien, me alegra que llegara antes de que todo esto acabara mal)
Señalé la silla y los invité a sentarse.
La señorita Deva me miraba perpleja y sin que los asiáticos lo notaran me habló en voz baja.
- ¿tus hablas japonés? - le sonreí ante lo obviedad de mis rasgos
-Pero claro que tonta, tú eres japonés. ¿Me estas siguiendo? - dijo luego de darse cuenta de la extraña casualidad.
El señor Tanaka aclaró su garganta para llamar su atención, ella dio un pequeño salto y volvió su vista hacia él.
Le entregó las dos carpetas con su proyecto, y me hizo traducir un largo discurso.
Ella era realmente inteligente.
Me volvió a mirar de reojo y con su boca torcida me dijo:
- ¿Qué están diciendo?
- Que les parece muy interesante su proyecto, y que usted es una mujer muy inteligente, están interesados en cerrar el trato, pero le ofrecen un 50 y 50% de las ganancias.
- ¡¿Qué?!, diles que están locos... ¡ni en sus sueños! - dijo cruzando sus brazos sobre su pecho.
Se veía hermosa enfadada
- ¿Señorita está segura que quiere que les diga eso?
Los japoneses sonreían.
Ella cerró su boca en una línea y resopló con fuerza.
-Está bien- me dijo aún enojada- dile que podemos cerrar en un 70% para mí y 30% para ellos. Pero tienen que firmar hoy mismo, necesito comenzar lo antes posible con el proyecto.
-Ok señorita
Cuando terminé de hablar con los señores, y además de ponerle un poco más de mi cosecha para que la señorita Deva ganara puntos.
El señor Tanaka asintió y se levantó de golpe con una gran sonrisa para estrechar la mano de la señorita Deva.
Ella me miró confundida y me dijo: - ¿Aceptaron?
-Claro que sí- dije sonriéndole
- ¡Gracias!, cerré el mejor negocio de mi vida, esto hará crecer a mi compañía hasta las nubes- se abalanzó hacia mí para darme un apretado abrazo.
Su aroma mezclado con perfume caro inundó mis fosas nasales, la tenía tan cerca que comencé a sudar frío.
El señor Tanaka firmó todos los documentos que la señorita Deva le ofreció.
Se despidió amablemente y concertaron una cita para 1 mes más para ver los avances.
- Mata ne, soreha yorokobideshita (hasta pronto ha sido un agrado)
Le hice una reverencia, y cuando la señorita Deva me vio se apuró a imitar mi gesto.
Quedamos solo ella y yo.
No sabía que decir.
Ella arreglaba sus capetas de forma ordenada y se había olvidado de mi presencia.
Deslicé la silla para llamar su atención.
Ella levantó la vista y sus ojos encontraron los míos.
-Ahh disculpa – guardó los folios en su bolso- Me has salvado tres veces. Pásate por mi oficina mañana por la mañana. ¿tienes aún mi tarjeta?
-Si-si...
-Bien, mañana 09 am- tomó su cartera, dejó unos billetes y se marchó.
La miré hasta que desapareció por la puerta del lujoso restaurante.
¿Eso contaba como una cita?