Este libro es el segundo tomo de la trilogía Almas de Lobo, si deseas entender lo que ocurre en este es necesario leer el primero, Cautiva del Alfa que se encuentra en mi perfil. Graciassssssss
El aire era helado. Las paredes irregulares de cristales congelados distorsionaban las sombras provocadas por las pocas gotas de agua que usaban huir desde el techo. El delgado suelo transparente que amenazaba con romperse. Un lugar tan inhóspito, extraño y solitario donde nadie le gustaría estar.
Unos lentos pasos rompían el agotador silencio. La figura avanzaba por los diversos caminos que formaban un laberinto como si aquello fue su rutina diaria. Las luces proyectadas levemente se reflejaban en las largas mechas de cabello plateado alrededor de la inmensa e imponente figura. Litus, alfa de la manada de hielo se sentía como en casa.
El lobo avanzó confiado, aquel extraño lugar formaba parte de los terrenos de su manada desde hacía tantos años que se había perdido dentro de los registros familiares pero eso no hacía que perdiera su valor como tesoro. Su hermano siempre se había negado de entrar allí. Siendo alfa de la manada de fuego, a pesar de ser gemelos tenían gustos totalmente diferentes.
Sus pasos eran medidos y suaves cuidando de no romper la fina capa de hielo que cubría los 30 kilómetros de profundidad de aquella extraña cueva. Nadie sabía su verdadero origen, ni su extensión completa pero escondía profundos secretos. Uno de ellos era lo que ahora tenía delante de él. Sus oscuros orbes verdes se iluminaron al estar nuevamente delante del estanque de almas perdidas. Habían pasado 10 años desde la última vez que había estado allí, junto con ellos que le habían acompañado.
El agua tenía una coloración grisácea y a la vez cristalina. A su alrededor había diversas piedras de hielo que hacían que la temperatura fuera aún más baja allí dentro formando una leve costra de cristal atrapando todo lo que podía estar dentro. Se arrodilló y puso sus dedos sobre la superficie y tocando con cuidado. Apartó la mano de golpe y se levantó alarmado. Tragó en secó.
La supuesta costra no estaba, se había derretido y la temperatura del agua era varios grados más caliente. Frunció el ceño y retrocedió. La superficie del agua comenzó a moverse en diversas direcciones como si lo que estuviera atrapado allí adentro quisiera salir pero ¿Era hora?
Estaba preocupado, aunque su rostro solo se endureció. Uno de sus trabajos actuales era mantener dentro aquello y no dejarlo salir hasta que estuviera en su mejor estado, pero parecía que ya era muy tarde para contenerlo. Tal vez habían hecho mal las predicciones así que solo retrocedió más dándole espacio.
Los movimientos del estanque se debilitaron hasta que el agua quedó imperturbable. De pronto, desde el centro, una sombra se fue proyectando acercándose hacia la superficie desde las profundidades. Su avance era constante y poco a poco fue emergiendo. Primero la cabeza cubierta de negro cabello, después el rostro joven, el torso desarrollado, la estrecha cintura, las redondeadas caderas, las torneadas piernas y por último, los pies que se acercaron al borde y se detuvo completamente fuera del estanque.
La figura femenina alzó el rostro enmarcado por el empapado y largo cabello que contrastaban con sus orbes plateados totalmente vacíos. Litus solo pudo tragar en seco. Era una imagen embriagadora y a la vez imponente. A pesar de ser un alfa con más de 400 años sus rodillas instaban a doblarse y mostrar temido respeto pero no lo hizo, tampoco era como que aquella figura se lo impusiera.
El lobo desenrolló la enorme y gruesa capa que llevaba en sus brazos y la extendió. Dio unos pasos hacia la mujer y cubrió hasta los pies con ella amarrándola enfrente. Aún no podía creer que sus ojos la tuvieran delante, con ese aspecto. La última vez que la había visto apenas le llegaba a la cintura, ahora, era solo una cabeza por debajo de él.
-Abrígate, acabas de despertar y tu cuerpo necesita recuperarse-
La mujer giró el rostro hacia él y esbozó una leve sonrisa, falsa que al menos rompía la fría expresión en su hermoso rostro. Él no se molestó porque ella fingiera, tenía sus razones muy claras como para no poderla hacer de verdad.
-Por favor, por aquí- le señaló el camino aunque ella terminó caminando suave a su lado adaptándose otra vez a mover sus piernas después de 10 años congelada.
Su cuerpo se sentía brutalmente transformado en todos los sentidos. Sus dedos entumecidos sin poderlos mover. Su espalda tiesa haciéndole difícil caminar pero aun así no se detuvo. El viento frío y violento goleó su rostro cerrando sus ojos. El alfa se puso frente a ella cortando la corriente de aire y ella los pudo abrir los ojos, de nuevo, la nieve había salpicado sus rojos labios y oscuras pestañas.
-¿A dónde desea ir?- le preguntó el lobo haciéndole señas con la mano a los canes detrás de él que se iban acomodando para iniciar el viaje.
-A casa- fue lo único que salió de sus labios.
***
Nebraska estaba parada junto a su esposo mientras escuchaba el dramático discurso que daba un lobo delante de ellos y parte de la manada en el salón central de la mansión. Era un lobo joven y sus lágrimas desacreditaban su aspecto varonil. Estaba arrodillado en el suelo y rogaba por ser recogido por el alfa Hades alegando a lo benévolo que era. Pero la loba a su lado a pesar de no mostrar desagrado tenía los labios apretados.
Los dedos de ella se enredaron con disimulo con los de Hades y le hizo un leve movimiento de negación con la cabeza. Su sexto sentido le decía que algo no encajaba en su historia demasiado perfecta. Supuestamente había sido expulsado de la manada de Crystal donde regía Asule, el más viejo de todos ellos y aunque era sabido que era sumamente estricto no se conocía ningún caso de violencia como alegaba el lobo. Incluso era de todas las manadas la que mejor estaba ubicada en tierras de cultivo y caza por lo que los recursos eran abundantes. Y esto era un hecho sabido por todos por lo que los espectadores estaban mirando confusos como su alfa iba a actual, tal vez decía la verdad pero nadie podía decir nada con exactitud.
Hades apretó la frente, podía oler el nerviosismo viniendo del lobo pero no sabía exactamente por qué. También había otra fragancia, una extraña y que no podía identificar ocultando el verdadero olor del intruso.
-Por favor alfa respóndame, quiero saber que voy a hacer en mi futuro- el lobo se arrastró más cerca de él pero se detuvo al escuchar un gruñido por parte de Leoxi que estaba a un lado de su hermano, Siran se mantenía del otro lado de Nebraska sin perderle movimiento.
-Debemos averiguar bien tu posición. No estoy negando que puedas ingresar a la manada, cualquiera puede formar parte de la familia pero no puedo hacerlo simplemente porque dices de Arisu está siendo cruel. Sabes que acusar a un alfa sin pruebas está en contra de la ley lobuna- su tono era autoritario.
-Lo se alfa, lo sé muy bien, por eso- una sonrisa salió de los labios del lobo que escondía su rostro entre el cabello para moverse rápido después- por eso es que no me importa hacer eso- el lobo se lanzó rápidamente contra Hades sacando un cuchillo tan afilado que hasta él mismo se hirió y arremetió sin miedo.
Leoxi reaccionó como siempre rápido y se interpuso entre su hermano y el agresor. Hades había lanzado a Nebraska detrás de él y todos comenzaron a gruñir cuando el atacante se detuvo en la mitad del camino y cayó en el suelo dando un fuerte gritó apretándose la cabeza.
-¿Qué es esto?- sentía que su cabeza quería colapsar –AHHHHHH- sal de mi cabezaaaaaaa- se contorsionaba en el suelo hasta que con un último grito se quedó con los ojos en blanco y tieso. Su respiración era leve pero estable. Había quedado en shock.
Leoxi se acercó y se arrodilló pero algo le hizo girar su rostro al escuchar una aguda voz.
-No te preocupes, no está muerto, solo lo puse a dormir-
Todas las miradas se giraron hacia la menuda mujer que caminaba entre ellos después de entrar por la puerta sin que nadie se diera cuenta. Cubierta por una gruesa capa solo dejaba visible su cabeza y el larguísimo cabello negro. Se detuvo al lado del cuerpo sonriéndole con la misma sonrisa que le había dado a aquel alfa, lo que esta vez a su tío.
Nebraska salió de detrás de Hades y caminó hacia ella, su rostro estaba desfigurado de la impresión.
-¿Priscila?-
-He vuelto a casa Ma-
Hades sonreía acostado en la cama con su cachorra alzándola sobre él con los brazos. La pequeña niña sonreía con el movimiento y movía sus manitas intentando agarrar el rostro de su padre. El alfa besó uno de sus dedos entreteniéndola mientras su esposa tomaba un baño para que pudiera descansar. Llevaba todo el día cuidando de la cachorra que no quería apartarse de su lado, pero ella tenía responsabilidades con la manada que insistía en cumplir, además de estar al pendiente de sus otros hijos.
Temía que ella pudiera colapsar en cualquier momento por lo que en las noches el asumía el rol de papá a tiempo completo ya que por el día y con las nuevas reorganizaciones tenía muy poco tiempo para atender a su familia completa. Algo que a veces lo tenía de mal humor.
Pasaba más tiempo con Siran que con su propia esposa. Incluso Nicolás era más visible para él ya que le ayudaba con diferentes cuestiones. El lobo podría ser un buen beta en un futuro si se lo proponía, era de mente hábil y despierta, igual que su madre.
Oyó la ducha apagarse y le sonrió a Priscila.
-Tu madre viene por ahí- la niña sonrió más ampliamente ante esto sentándose sobre el pecho de su padre –Pero no la molestemos mucho que ella debe descansar-
La niña asintió con la cabeza y Hades pestañeó frunciendo levemente el ceño.
-Pris, estarás tranquila ¿verdad?- probó de nuevo y la niña le respondió con otro movimiento de la cabeza y una gran sonrisa.
La expresión de Hades se congeló y tocó el todavía muy corto cabello de su hija besando su frente. Tragó en seco.
Nebraska salió de la ducha con un pullover grande de él y secándose el cabello sintiéndose más relajada cuando vio el rostro de su esposo y se acercó subiéndose a la cama y tocándole el brazo. La niña en cuanto la sintió y se removió gateando hasta el regazo de su madre y quedarse allí acostada.
-¿Hades, qué pasa?-
El alfa la miró y después a su hija.
-Has notado algo extraño en Pris últimamente-
Ella negó con la cabeza cargando a Priscila corriéndose una de las mangas y sacando su seno para darle de comer.
-No sé a qué pueda llamar por extraño- se acomodó cruzando las piernas y recostando su espalda en los cojines que él le puso en el respaldar de la cama –Nunca tuve la oportunidad de criar a mis otros hijos por lo que no sé qué pueda ser raro en un bebé- ella le dijo sinceramente -¿Ocurre algo con Priscila?-
Hades negó y besó su hombro desprovisto.
-Nada mi loba, solo son imaginaciones mías. No me hagas caso- pero conociendo a Nebraska sabía que debía haberse tragado sus palabras, seguro que no la había convencido pero ella no insistió.
Nebraska se acomodó y dejó que su hija comiera tanto como quisiera. Dar pecho creaba un vínculo entre ambas y había atrapado a su preciosa mirándola con aquellos enormes ojos plateados que le recordaban a su lobo.
-Ya está dormida- le anunció Hades minutos después cogiendo a Pris entre sus brazos de los cansados de Nebraska que lo agradeció.
El alfa la llevó hacia la cuna que sus hijos, Noa y Alan, habían pintado para su hermana menor y tenía diferentes paisajes más elaborados por parte del menor y más torpes por parte del mayor. Era impresionante ver como estaban de emocionados con su hermana. Ellos habían perdido a una, Catalina, y aunque esta solo tenía al mitad de la misma sangre corriendo por sus venas, ellos nunca hablaban del tema.
Hades verificó que la cachorra estaba totalmente dormida. No despertaría aunque la manada fuera atacada en las próximas seis horas por lo que volvió a la cama encontrando que Nebraska lo esperaba con cierto brillo en los ojos. Se acercó y la abrazó besando su frente, sus párpados y dejando un suave beso en sus labios.
-Descansa, estás esforzándote mucho- le dijo para solo ser empujado y que ella se montara sobre él con una expresión seria en el rostro.
-¿Descansar? No lo haré cuando tengo otros planes en mente –se quitó la ropa por encima de su cabeza quedándose totalmente desnuda sobre el lobo sentada encima de la pronunciada erección que estuvo rápidamente entre sus nalgas –Y que conste que no estoy en celo-
-Yo tampoco- Hades sonrió y la empujó contra la cama dejándola bajo él.
Un sonido por parte de su beba los hizo quedarse quitos y fijar su atención hacia ella hasta que verificaron que seguía dormida.
-Seamos silenciosos- le susurró Hades con voz grave por la excitación contra el oído de Nebraska, llevaban casi una semana sin poder disfrutarse uno del otro por lo que sus niveles de lívido se estaban disparando y al incorporarse y ver a su esposa en un delicioso estado supo que esa noche tampoco dormirían y no por trabajo.
Hades se apretó el tabique en su oficina. Siran que estaba revisando unos papeles se le acercó y palpó su nuca. Un punto específico que le hizo soltar un suspiro al alfa.
-Cada vez que haces eso pierdo toda la fuerza que tengo- su cabeza cayó entre sus brazos en el mueble.
-Descanse un poco alfa, se ve realmente cansado-
-Claro, tuve la mejor noche de toda mi vida, acaso crees que descansaría-
Siran bufó por lo bajo sabiendo a que se refería su alfa. Él atesoraba cada momento íntimo con su reina como si fuera uno especial, no importara las veces que se unieran o el lugar. El beta nunca se imaginó el nivel de romanticismo del imponente lobo, bastante bien se lo guardaba, pero solo había que ver como trataba a sus cachorros y a su loba para darse cuenta de cuanto los quería.
-Duerma al menos las horas necesarias- suspiró.
-No solo fue mi loba la que no me dejó dormir- Hades enterró su mejilla en su palma -¿Siran cuánto sabes del desarrollo de los cachorros?-
-Un poco más de la media- le respondió organizando otros papeles -¿Ocurre algo? Si necesita consejo puedo pedirle a Sara que le diga lo que quiere-
-No, no quiero hablar de esto con Sara, de seguro se lo dirá a Nebraska y tal vez solo son imaginaciones mías-
El lobo menor se detuvo en alerta.
-La princesa tiene algún problema- la llamó por el apodo por el que todos en la manada la llamaban.
Hades se demoró e asentir con la cabeza.
-¿Cuánto se demora un cachorro en entender lo que decimos y responder concisamente?-
Siran ladeó la cabeza a un lado y comenzó a procesar en su mente.
-Cerca del año, cuando su cerebro comienza a tener los primeros indicios de instinto, antes solo se guían por los olores y colores. El crecimiento de un cachorro era bastante lento hasta los primeros 5 años y después es tan acelerado que a los 10 ya tienen un raciocinio considerable-
-Hmm- Hades asintió todavía con dudas –Ayer, ocurrió algo-
Siran tomó asiento delante de él frunciendo el ceño escuchándolo con atención.
-Nebraska se estaba bañando y yo estaba con Pris, le dije que no molestáramos a ma que ella estaba cansada ¿qué crees que hizo Pris?-
-Si no me dice alfa no podré saberlo-
-Me miró y asintió con la cabeza, no una sino dos veces cuando probé de nuevo-
El beta se tocó la barbilla.
-Nunca se ha escuchado ningún caso antes de algún cachorro que reaccione a tan temprana edad-
-Lo que más me preocupa es que Nebraska me habló de ella y pude sentirla poco después de que ella consumiera la sangre de los alfas, creo que eso juega un papel muy importante- Hades se dejó caer hacia atrás en el gran asiento.
-Tal vez alfa ella será más fuerte que un lobo normal, puede que incluso parte de la sangre de los alfas esté dentro de ella. Quizás por ello es su reacción- Siran solo podía sacar esa conclusión. Nadie había tampoco tomado la sangre de los alfas antes como había hecho Nebraska así que todo aquello era un mundo desconocido para ellos.
Era sabido que después del parto a la omega le tomó cerca de un mes volver a caminar pues su cuerpo se debilitó considerablemente. Hades no dormía pensando que podía perderla pero increíblemente, después de ese tiempo ella se levantó como si nada hubiera ocurrido. Eso sí, todos pudieron notar que la fuerza ganada tras aquella reunión en el Consejo se había desvanecido por completo. Nadie habló del tema y se concluyó que había metabolizado la sangre
Tal vez se habían equivocado.
Noa caminaba por los pasillos de la mansión con su hermana entre sus brazos. La pequeña reían jugando con los cabellos del lobo mayor jalándolos con cuidado. Su hermano había logrado escaparse con la princesa después de robársela a Alan y Nicolás que insistían en pasar el tiempo con ella, pues ese día sus padres estaban sumamente ocupados.
-Hoy hermanita, vamos a aprender cosas nuevas- el lobo le sonrió pellizcándole la mejilla rosada.
-¿Qué vamos a aprender? –la niña sonreía mientras entraban en la inmensa biblioteca general de la manada.
-Siran me dijo que te enseñara sobre las grandes manadas- dejó a Priscila sentada en el medio de la alfombra y se dirigió a unos de los estantes cogiendo un libro grande de cubierta de piel.
Volvió y lo dejó sobre el hombre tomando el lugar de su hermana. Priscila curiosa tocó el material del libro y se emocionó. Gateó hasta el regazo de su hermano y se sentó allí cómodamente. Noa besó la cabeza de su hermana, Catalina nunca había sido tan cariñosa con ninguno de ellos, si, se mantenía a su lado pero evitaba la mayor parte del tiempo su contacto. Por su parte Priscila le gustaba ser cargada, tomar sus manos y darles besos, sobre todo a su madre, ella no contaba precisamente, Pris era uña y carne con la loba, a su padre y a su hermano mayor Rodrigo que de vez en cuando vacilaba si devolvérselo, pero quien podía negarse a aquellos hermosos plateados de la niña.
Noa abrió el libro buscando un capítulo en específico.
-Mira Pris- señaló el mapa que abarcaba los dos páginas- Este es el mapa central donde están las grandes manadas de esta zona. Aquí estamos nosotros- rodeó la zona de la manada de Plata que se extendía incluso donde anteriormente estaba la manada gris- Esta es la manada de hierro, por el momento no tiene alfa o reina y está siendo cerciorada por el Consejo- Después desplazó su dedo aún más allá. En ambos extremos del mapa habían dos zonas con una coloración diferente, una tan blanca contrastante con la zona tan roja que había incluso partes negras.
-¿Noa qué son esas?- Pris miró hacia arriba con el dedo extendido hacia el libro.
-Ah, esas zonas, nunca he ido a ellas, son las manadas más alejadas. Son la manada de hielo y de fuego, pertenecientes a los alfas gemelos. Serán idénticos en apariencias pero su carácter son precisamente como el nombre de cada una de sus manadas- sonrió Nao recordando la única vez que había tenido un acercamiento a ellos.
Los alfas eran igual de grandes que Hades, con un imponente y extraño cabello plateado, una característica que era totalmente extraña en cualquier lobo. Ya de por si era extraño que eran gemelos y con el cabello de aquella coloración, fueron simplemente fenómenos, pero una vez que demostraron sus habilidades callaron los hocicos de todos y pocos años después ya eran la cabeza principal de sus futuras manadas.
-Pa también es gemelo con tío-dijo inocentemente Priscila –Y ellos se parecen mucho-
-Si, Hades y Leoxi se parecen bastante aunque, hizo memoria, no, quizás no se parecen tanto- se burló.
-¿En qué no nos parecemos?- la voz del Comandante resonó en la habitación acercándose a ellos-
-Tío Leo- Priscila le sonrió y le alzó los bracitos para que la cargara.
El lobo se acercó con una sonrisa de medio lado y se dejó caer en la alfombra cansado, el día había sido realmente agotador y necesitaba unos minutos para el mismo hasta que oyó su nombre. Noa lo miró con una gota de sudor en la sien y una sonrisa traviesa. A pesar del carácter duro del lobo, ya sabía que no le haría nada. Él y Alan habían establecido una relación con el lobo después que este los sometiera a cierto entrenamiento del que no quería acordarse, culpa de su padre adoptivo que quería que estuvieran preparados por si algo ocurría en el futuro.
Leoxi agarró a su sobrina y la dejó que trepara sobre él hasta agarrarse a su cuello y dejando varios besitos en su mejilla.
-Tío, estás sucio-
-Qué hace mi sobrina diciéndome esas cosas- la reprendió Leoxi con una sonrisa y alborotándole la maraña de rizos oscuros- Tu tío estaba trabajando hasta ahora mismo fuera de la mansión, que esté totalmente limpio es un milagro-
-Pris es muy quisquillosa- se burló otra vez Noa cerrando el libro.
-No te detengas- le dijo Leoxi- Sé que le estabas en enseñando sobre nosotros-
-Si tío, aprendí que hay varias manadas, hay una de fuego, otra de hielo y hermano- se giró hacia el lobo menor –No me mencionaste la manada de Lailai-
-¿Lailai?- ambos lobos se miraron confundidos. No conocían a nadie que se llamara Lailai, no, nadie cercano, a menos que...
-Preciosa- Leoxi le giró la cabeza hacia arriba – ¿Dé quién estás hablando?-
Priscila hizo un puchero que hinchó sus regordetas mejillas.
-De mi lobo, ese de cabello rojo, con el que me casaré- mostró una gran hilera de dientes blancos.
Una vena palpitó en la sien de Leoxi.
-¿Priscila, estás hablando de Layan, el líder del Consejo?- la vio asentir con energía agitando su cabello.
Leoxi fingió una sonrisa. Había escuchado del tema mucho antes de que la cachorra naciera de los labios de su reina pero había pensado que era una broma. Además Layan apenas si tenía tiempo de estarlos visitando por lo que los caminos de la loba y él no se habían cruzado en todo ese tiempo
– Mi hermosa sobrina, lo siento pero no te casarás con ese lobo, primero sobre mi cadáver-
La sonrisa se desvaneció del rostro de Priscila siendo reemplazadas por gruesas lágrimas que escaparon de sus ojos. Acto seguido un fuerte sollozo invadió toda la biblioteca dejando a los dos lobos petrificados. Priscila se llevó las manitos a sus ojos y los cubrió levantándose torpemente del regazo de su tío donde había estado sentada y caminó como pudo hacia la puerta. Sus piernitas eran cortas a pesar de que parecía un poco más grande para su tiempo.
Noa y Leoxi solo se miraban estupefactos mientras los gritos sollozantes de la pequeña se esparcían por los pasillos.
Hades oyó a su hija llorar y soltó todo lo que tenía en sus brazos corriendo hacia ella con la velocidad digna de su habilidad. La encontró caminando apoyándose de la pared.
-Papááááá- alzó las manitas cuando lo olió. Tenía los ojos cerrados de tantas lágrimas.
El alfa se arrodilló y la cargó preocupado. Ella sollozaba contra su hombro sin consuelo. Hades oyó a Noa y a Leoxi correr hacia él y los miró dubitativo.
-¿Qué le pasó que está llorando así?- movía a su hija entre sus brazos sobándose la espalda para tranquilizarla.
-Que Leoxi se lo negó- respondió Noa rascándose la mejilla.
-¿Qué negó?- Hades se estaba desesperando, se ponía en muy malas condiciones cuando veía a alguien derramar lágrimas así, fuera de su familia o de su manada.
-Tío no quiere que me case con Lailai- la respuesta sollozante de la niña le pareció cómica a pesar de estar en un mar de llanto.
-¿Pris, quién es Lailai?- le limpió inútilmente una de las mejillas con el pulgar.
-Layan- concluyó Leoxi solo causando que el rostro del lobo se congelara.
-Claro que no- gruñó Hades- Claro que no te casarás con él- recalcó
Los sollozos de Priscila se detuvieron un segundo y ella se separó un poco de su padre mirándolo con los ojos muy abiertos. Esta vez, el sollozo que le siguió fue aún más fuerte pudiéndose escuchar bastante lejos. Alguien no estaría contenta con aquello, alguien de cabello oscuro y ojos violáceos.
-¿Qué le están haciendo a mi hermana?- Nicolás apareció detrás del alfa y agarró a Pris llevándola contra su pecho –Tranquila Pris, respira- pero la niña lloraba a moco tendido.
-Nosotros solo...- Leoxi justificó.
-Sí, ya sé, escuché toda la conversación, pero- se giró hacia Hades- Alfa disculpe si soy irrespetuoso, pero ella es muy cachorra como para entender ciertas cosas, aún si es más inteligente de la media, no puede entender la razón de su negación-
Nicolás dio una reverencia y se dio media vuelta.
-Me la llevaré hasta que todos se calmen y puedan hablar como lobos civilizados- y se alejó de ellos calmando a la niña que empapaba su camisa.
-Creo que ma no estará muy contenta cuando escuche lo que acaba de pasar- Noa sonrió tímido, esa noche Nebraska les iba a gritar a todos, incluyendo a los que no estaban allí. Era raro verla hacerlo pero cuando se molestaba era de temer.
-Noa, no eches más sal en la herida- Hades suspiró y se llevó el cabello hacia atrás. Se imaginaba el rostro de su reina, ya habían tenido esa conversación que había quedó con solución inconclusa, un lobo sin comprender, una loba molesta y ambos sin hablarse por todo un día. El peor día de su vida. Por suerte él había cedido porque Nebraska era implacable cuando se trataba de sus hijos. Siempre los ponía antes que todos, incluso de él. No era que le molestara mucho pero en ciertos asuntos era un real problema porque...
¿Cómo demonios le explicas a una lobezna de 3 años que no puede estar con la persona que ella quiere? Pues, no, no puedes