Esta historia está registrada bajo derechos de autor con el número 2202060425061
Era un día lluvioso cuando mamá llegó a casa después de tres días sin aparecer, había sentido frió y hambre cada noche, ya no sentía miedo porque no era primera vez que esto sucedía pero otras veces mamá dejaba comida y creo que ahora se le había olvidado, y en el refrigerador solo había encontrado una caja de leche, que luego me di cuenta estaba vencida, porque los vómitos no tardaron en venir. Odiaba vomitar, y es que solo era una niña, apenas había cumplido los seis años, deseaba que mamá hubiera estado acariciándome la espalda y diciéndome que todo estaría bien, pero no, estaba sola, en la oscuridad.
Había empezado la escuela, y me gustaba mucho ir, pero en estos días no había asistido, mamá me había dejado todas las puertas cerradas, seguramente sabía que se iba a demorar y quiso protegerme de que fueran a entrar desconocidos. En el fondo ella me quería.
Hace tanto frío que estoy tapada hasta el cuello con las mantas de mi cama y abrazándome de mi muñeca, una que me trajo mamá una vez que estuvo varios días sin venir. Dijo que era para que no estuviera sola, que la muñeca me protegería, y tenía razón como siempre mamá, cuando la abrazaba me sentía más fuerte. El sonido de la puerta me sacó de mis pensamientos, ¡por dios esa debe ser mamá!
Corrí hacia la puerta, y claro que estaba mamá ahí, pero ella se veía muy mal, parecía que hubiera tenido un accidente.
-¿Mamá, estás bien? -le pregunto sin acercarme a ella, tengo miedo y he dejado a mi muñeca en la cama.
-¿Qué quieres? -me pregunta sin mirarme
-Tengo hambre -digo lentamente, ella se ve muy mal, tengo miedo de que vaya a hacerme
-¿Y porque no comes? ¿Acaso eres estúpida? -me grita muy enojada, se me llenan los ojos de lágrimas, odio que me grite, no me eh portado mal, de hecho no he tocado nada de la casa, todo está como cuando se fue.
-No había comida -digo en un susurro, ella no dice nada por unos segundos, y creo que se ha enojado más pero no había dinero tampoco para ir a comprar y todas las puertas estaban cerradas.
-Ahí tienes, ve y compra algo -dice sacando unos billetes del bolsillo y dejándolos en la mesa.
Mamá se va rápidamente hacia el baño, pero cojea un poco, quiero preguntarle que le paso, pero probablemente se enoje conmigo y solo quiero estar con ella, la verdad ahora que ya está aquí, no me había dado cuenta lo mucho que la extrañe. Cogí el dinero y Salí a comprar algo, porque mi estómago no paraba de sonar, me apetecen unas papas fritas y unas cuantas golosinas pero la verdad no sabía cuánto me alcanzaría, y además mamá no me había dicho si la comida era para mí o para ambas.
Cuando llegue al negocio más cercano, pedí las papas fritas pero no me alcanzaba para nada más según me dijo la señora que me atendió, así que me senté en la mesa a esperar, de verdad que estaba ansiosa. Se me hacía agua la boca de solo pensar en el sabor.
-Aria, nena -me llamo la señora encargada, sabía su nombre pero la verdad ahora no podía recordarlo-¿estás bien? -me pregunto.
-Tengo mucha hambre, ¿a qué hora estarán las papitas? -le pregunto, porque siento que se están demorando mucho.
-¿Hace cuánto que no comes amor? -su voz sonaba tan delicada y amable que me reconfortaba.
-Hace tres días, creo, es que mamá salió y se le olvidó dejarme comida, y no podía salir porque las puertas estaban cerradas, además no tenía dinero -le dije encogiéndome de hombros y llevándome una mano a mi estómago.
-¿Hace tres días? -me pregunto, ella tenía los ojos abiertos, muy abiertos, parecía sorprendida.
-Sí -le respondí
-¡Dios mío! -la escuche decir, pero no le respondí porque creo no me estaba hablando a mí.
La señora se dirigió hacia la cocina, quizás a buscar mis papitas, espero, porque ya no aguantaba.
Cuando llegue a casa, después de comer mis papitas y con una bolsa extra que la señora muy amablemente me regaló, me doy cuenta que mamá no está, y eso me deprime mucho, quería que comiéramos las papitas juntas y que me contara lo que había hecho esos tres días. Pero de pronto sentí un grito que me asusto, y me escondí detrás del sillón pensando que podría ser un ladrón y comencé extrañar mi muñeca.
-¡Oh dios más fuerte! -escuche decir, reconocí la voz, ¡era Mamá!, ella no me había abandonado estaba aquí
-¿Te gusta perra? -escuche la voz de un hombre, era una voz ronca que me dio escalofríos, no entendía nada -siempre has sido una puta, ¿te gusta así? -tímidamente me acerqué a la puerta de su habitación que estaba cerrada, y golpee.
-¿Mamá? -
- ¡Vete a tu pieza Aria! -me gritó -y no salgas hasta que te lo diga -yo asentí, y camine con la bolsa de mis papitas. Mi muñeca estaba justo donde la deje, y eso me reconforto mucho, así que me senté en la cama a comerlas.
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El hombre que mamá trajo a casa, creo que no me quiere, porque me mira feo y cuando pasa por el lado mío a veces me empuja y se ríe, pero yo no encuentro que sea gracioso, me da miedo, pero mamá no le dice nada, a veces también se ríe.
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David, así es como se llama el novio de mamá, me ha golpeado muy fuerte, porque pregunte que me iba a regalar para mi cumpleaños número 8, es la primera vez que lo hace, ya que normalmente se mantenía alejado de mí, o me daba empujones. Pero ahora mi mejilla duele, y mi espalda también, porque me quería proteger pero él me persiguió con su cinturón y mientras iba corriendo sentí el fuerte dolor en mi espalda. Nunca antes había sentido tanto dolor, mamá nunca me golpeo pero ella lo vio y no hizo nada. Corrí llorando a mi habitación y me abracé a mi muñeca. David entró de golpe y me la quito.
-Aprende a ser una mujer, ya no estas para estar jugando con muñecas -me gritó, creí que me volvería a golpear pero no lo hizo.
Esa noche me dormí llorando, no tenía a mi muñeca, la única que me hacía sentir segura. Fue una noche larga y fría.
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-¡Por favor no! -le rogué entre lágrimas
-¡Pon tus manos en la mesa! -me gritó enojado, lo hice, tenía mucho miedo
-Esto te va a enseñar maldita niña ladrona a no sacar nunca más mi dinero -dicho esto, dejó caer el cinturón al menos 5 veces con todas sus fuerzas contra mis manos.
Llore, grite, y le rogué que parara, que no lo volviera a hacer, pero él nunca se detuvo, sentía un odio imparable, y parecía disfrutar cuando me maltrataba, mire a mamá que miraba hacia la televisión para no verme.
-¡Mamá por favor! -lloré-¡ayúdame! -
Pero ella no se movió, no me miro, y no dijo nada. Me dejó a merced de un hombre que me odiaba.
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Fueron años de maltrato, pero cuando cumplí 14 años, y me empecé a desarrollar, cuando me habían crecido los pechos y me había llegado la menstruación, llego lo peor. Un día después de llegar del colegio, estaba David, bebiendo en el sillón como cada día, mientras mi mamá trabajaba hasta la noche, quise entrar rápidamente y tratar de pasar desapercibida pero él me vio. Y me miró de arriba abajo.
-Vaya que has crecido mocosa -me dijo para luego pasarse la lengua por los labios, sentí asco, y quise taparme. Camine rápidamente hacia mi habitación pero tarde me di cuenta que él venía detrás de mí y no alcance a cerrar la puerta con el cerrojo.
Me empujó a la cama, pensé que me iba a golpear, ya que últimamente lo hacía por gusto, pero esta vez comenzó a tocarme los pechos, los ojos se me llenaron de lágrimas, ¡por dios esto no podía estar pasando!, mientras con su otra mano me recorría las piernas bruscamente, tanto así que me quemaba, lloré y grité con todas mis fuerzas pero como siempre nadie vino a mi rescate. Estaba sola.
Me resistí todo lo que pude, incluso le propine una patada pero él, muy enojado me pegó un puñetazo en la cara que por un momento me dejó aturdida. Me congele, miré el techo, mientras las lágrimas corrían por mi cara, mientras él hacía lo que quería con mi cuerpo. Maldije a ese idiota, me maldije por ser tan débil y dejar que esto pasara, y sobre todo maldije a mi mamá, si es que se podía llamar así. Todo mi sufrimiento comenzó por su culpa, y ahora me lo habían arrebatado todo, lo poco y nada que tenía.
Ahora, no tenía nada.
Ni siquiera mi alma.
Mi espíritu.
Mis ganas de vivir.
Todo eso había desaparecido este día, el odio por ese hombre ocupó todos mis pensamientos. Pagaría por todo esto, ¡por dios que lo haría!
"Las emociones inexpresadas nunca mueren. Son enterradas vivas y salen más tarde de peores formas"
Sigmund Freud
Había estado aproximadamente dos horas sin poder pegar ojo desde que sentí la manilla de la puerta de mi habitación darse vuelta, mi cuerpo comenzó a temblar, le había puesto el seguro pero él fácilmente podría echar la puerta abajo. Tenía mucho miedo, pero no lo hizo, no tiró la puerta y por una vez no me ultrajaron más el alma, cada noche miraba el techo blanco de mi habitación mientras él estaba sobre mí y las lágrimas corrían por mis ojos, si lloraba debía hacerlo silenciosamente porque si no los golpes no tardaban en llegar, y ¡vaya que dolían! así que solo dejaba que ellas brotarán de mis ojos y luego cuando él se iba yo entraba al baño a llorar mientras dejaba correr el agua abrazándome a mí misma.
Pero ahora podía llorar, y lo hice, llore por todo, por todas las veces que me violó, por todas las veces que mamá lo vio y no hizo nada. Ella no me quería.
Creo que me dormí llorando, no calcular cuánto tiempo estuve así pero mis ojos al primer contacto con los rayos del sol que se colaban por la ventana hacia que me dolieran mucho. Sentía la pesadez de mis párpados y una sensación de arena cada vez que pestañeaba.
Me levanté rápidamente, si tenía suerte salía antes que el imbécil despertara. Siempre sin desayuno y la verdad mi cuerpo ya estaba acostumbrado a no comer la mayoría de las veces, ya que cuando él andaba de mal humor decidía que yo no debía comer, y como siempre mi madre no decía nada.
Una vez estuve lista salí rápidamente de casa, por suerte nadie estaba despierto, lo que era de esperar. Afuera el aire estaba frío, a pesar de que estábamos entrando a primavera, el viento y los días aún no estaban cálidos. Al salir del sitio donde vivía, que no puedo llamar hogar porque para mí un hogar es donde recibes calidez en el alma y mi casa solo producía dolor, al pasar la esquina estaban los de siempre, Diego, Román y Rodrigo, teníamos la misma edad pero ellos habían decidido dejar la escuela para dedicarse a vender drogas, eran camellos del grande, del que nadie sabía su verdadera identidad. La mayoría sabíamos de su existencia, se decía que era el rey de la cocaína y quien tratara de engañarlo o traicionarlo, era colgado en algún árbol del vecindario o degollado y dejado frente a su casa. Muchas veces desee que David apareciera degollado en el ante jardín,que más bien era una selva de pasto seco. Vivo en un barrio peligroso, por aquí los policías no rondan sin que se forme un tiroteo.
Lo llamaban el "demonio de endler"
Pero nadie nunca lo había visto, había sucedido en el puesto de jefe a su padre, se decía que él mismo lo había matado a sangre fría. Cuando escuchaba esos comentarios quería tener ese tipo de valor para poder matar a David y acabar con mi sufrimiento. Había tenido muchos sueños en donde yo lo asesinaba, pero nunca me había atrevido a hacerlo, era débil.
Salude a los chicos y ellos hicieron lo mismo, yo soñaba con dejar este lugar y poder comenzar mi vida sola, pero ellos se habían crucificado a vivir toda la vida aquí, arriesgando su vida día a día por su familia. Al menos ellos tenían una familia, yo por otro lado no tenía nada. Me puse el gorro de mi chamarra y camine a la escuela, ahí yo no era popular, y gracias a dios no me molestaban porque anteriormente diego y los chicos siempre me protegían y todos sabían que aun en esos tiempo ellos eran peligrosos. Ellos han sido los únicos que se podría decir me han protegido.
En la entrada de la escuela, están todos los chicos, bajándose de sus autos, con sus novias y viviendo la vida que quizás siempre han soñado, seguramente no les ha faltado nada. Paso por entre medio de ellos rápidamente, solo quiero salir luego de aquí, aun así escucho comentarios y risas a mis espaldas. Ya no hago caso, la verdad tengo cosas peores en casa, esto no podría afectarme menos.
me enfoco en poner atención a las clases, siento que esto podría ser mi oportunidad de ser alguien en la vida e irme y no mirar atrás, y no puedo desperdiciarla.
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Cuando llego a casa, David está ebrio, follandose a una chica de más o menos de mi edad, ella me mira, tiene los ojos empapados en lágrimas y la boca sangrando, está completamente desnuda, miro hacia el lado para ver a mi mamá completamente destrozada en el sillón, drogada hasta no poder más. Me quedo parada, estática, no puedo mover ningún músculo, ver a aquella chica me llego a mi mente todas las noches que él hizo lo mismo conmigo y nadie me ayudo. David se percató de mi presencia, me sonrió de una manera que me producían arcadas, no me moví, hasta que el hablo.
- Luego tú, ¡serás la próxima zorrita! -
No, no podía aguantar más, de pronto comencé a escuchar los gritos que la chica daba, y la sangre corriendo por sus piernas. Era un maldito perro, se merecía lo peor, se merecía la muerte.
Agarre un jarrón que mi madre tenía, era lujoso y David se lo había traído después de la primera vez que abusó de mí, caminé lentamente hacia él, y de un solo golpe rompí el jarrón en su cabeza, la sangre golpeaba mis oídos, y mi respiración cada vez era más rápida. Retrocedí al menos tres pasos, David había caído inerte sobre la chica que trataba con todas sus fuerzas de sacárselo de encima.
-¿Está muerto? - me pregunto
-No lo sé -susurre, solo veía el cuerpo de David tirado en el piso, con mucha sangre saliendo de su cabeza
-¡Muchas gracias! -me susurro, no respondí, y no recuerdo en qué momento ella se fue, yo solo miraba el cuerpo de ese idiota tirado en un charco de sangre, el sonido de mi madre al despertar, dando un tremendo grito me hizo saltar. Ella miraba el cuerpo horrorizada y lo único que pensé hacer era largarme, así que fui rápidamente hacia mi pieza y guarde la poca ropa que tenía en mi mochila, y salí corriendo de esa casa, a pesar de los gritos de mi madre preguntando qué demonios había hecho.
¿QUE HABÍA HECHO?
Había acabado con mi sufrimiento, o eso esperaba.
Dios sabe que vivo
Dios sabe que morí
Dios sabe que rogué
Rogué, pedí prestado y lloré
Salí de casa sin mirar atrás, podía sentir los gritos de mi madre llamándome, pero no mire atrás, no quería hacerlo, ¡lo había matado maldita sea!, iría a la cárcel por esto. Debía correr lo más lejos que pudiera, estaba segura que mi madre no me protegería. De pronto sentí un grito que me heló la sangre, mire atrás y era mi madre quién me miraba con odio en los ojos, la verdad no me sorprendía, sabía que no me quería.
-¡Irás a la cárcel por esto, estúpida mocosa! -gritó, para luego romper en llanto. ¿Cómo podía llorar por un hombre que la maltrataba y la despreciaba? se me era imposible entenderla y no es como si quisiera hacerlo. Pero era el único hombre que se había quedado con ella todo este tiempo, él algunas veces traía dinero que conseguía haciendo negocios sucios, mientras la mujer que me parió se drogaba escapando de este mundo y olvidando que tenía una hija que prácticamente se crió sola.
Algunos vecinos salieron a mirar qué había ocurrido, por lo que me puse la capucha de la chaqueta que traía y comencé a caminar, sin mirar atrás esta vez, a pesar de todos los gritos que escuché de ella que hicieron que varias lágrimas cayeran por mis mejillas. No sabía dónde iría, no tenía a nadie, no sabía dónde ir, estaba simplemente perdida y para más remate se estaba haciendo de noche.
No sé cuánto camine, pero llegue hasta una pequeña cafetería con un cartel "Abierto 24 horas"
¡Vaya justo lo que necesitaba! Si tenía suerte podría pasar toda la noche aquí y buscar algo por la mañana. Una vez que entre el olor a comida hizo que me sonara el estómago tan fuerte que por un momento pensé que los demás lo habían escuchado, pero no. Las tres personas que habían en el lugar en ningún momento levantaron la mirada, ni siquiera cuando al abrir la puerta sonaba la campana, mejor para mí. Le sonreí a la señora detrás del mostrador, debía tener al menos unos cincuenta años, los años pasados se notaban en su cara, aunque yo debía verme peor en estos momentos.
-Siéntate donde quieras nena -me dice sonriendo, yo asiento y camino hasta la última mesa desocupada, es muy poco lo que se me ve, y es lo que necesito. Me dejo caer en la silla y me tapo la cara con mis manos, no puedo creer lo que ha pasado.
¡He matado a alguien!
Apenas tengo 17 años, no puedo ir a la cárcel.
Seguro mi mamá ya me denunció
Seguro ya me está buscando la policía
Quizás David sobrevivió y ahora me está buscando para matarme
Una fuerte punzada en la cabeza me saca de mis pensamientos, miró hacia la calle. Ya oscureció, y la gente camina tranquilamente hacia sus casas, a sus hogares, con sus hijos, madres, esposos, novios. Sin saber que detrás de este vidrio hay una persona que acaba de matar a alguien. ¿Por qué tuve que tener esta madre, esta vida? si la policía me atrapa me encerraran por matar a alguien que probablemente habría terminado matándome, como hacerles saber que digo la verdad, solo soy una adolescente a la que ni su madre defendería, por mi situación económica, simplemente cerraran mi caso y me enviaron a prisión.
No puedo más, dejó escapar un fuerte suspiro.
-Y ese suspiro querida, ¿un chico? -dice la señora del mostrador, pero ahora parada frente a mí, no digo nada, no sé qué decir tampoco y ella lo nota ¿qué vas a ordenar linda? -me remuevo incómoda, apenas tengo dinero, no puedo darme el lujo de gastarlo.
-yo no tengo dinero para ordenar -digo agachando la cabeza, rezando porque se vaya y pueda quedarme aquí.
Ella no dice nada, ni tampoco se va, cuando ya pienso que me va a echar y comienzo a agarrar mis cosas ella habla
-¿Qué te gustaría comer? -me pregunta, por un momento creo que no me escucho y la miro -¡yo invito! -me dice sonriendo para luego guiñarme un ojo, estoy a punto de decirle que no es necesario pero mi estómago vuelve a sonar mucho más fuerte, recordando que no he comido en bastante tiempo, ella levanta una ceja divertida, ¡gracias por tanto estómago!
-Solo un sándwich -le digo en voz baja, ella asiente y se va hacia el mostrador.
Me vuelvo a acomodar en el asiento, es muy duro, definitivamente estar toda la noche aquí, a la mañana siguiente me levantaré sin trasero, pero he dormido en situaciones peores, la clave es ser capaz de adaptarse a cualquier situación. Además no es como si fuera algo tan difícil, los seres humanos lo hemos venido haciendo desde que existimos.
Suena la campana de la puerta al abrirse, miro hacia la puerta y veo dos policías, se me hiela la sangre y por un momento siento que todo está pasando en cámara lenta. Ellos se acercan al mostrador y le muestran una foto a la señora, ¡mierda! es una foto mía de cómo hace dos años. ¡Ella me denunció! ¡la maldita denunció a su única hija!
Me puse roja, tenía rabia y pena, pero más rabia, ¿cómo podía haberme hecho eso? Me levante de forma tranquila y camine hacia el baño asustada, esperando que la señora no me delatara, pero ella no me conocía ¿por qué no iba a decirles que era yo?
Entre a un baño y cerré la puerta, esperando que en cualquier momento los policías entraran, pensando las miles de cosas que les diría para que no me arrestaran, pero sabía que no me creerían, esa mujer debe haberles dicho muchas cosas malas para que ellos se dieran el tiempo de buscarme. Porque cuando ocurrían asesinatos en nuestro barrio, que era bastante seguido, solo quedaban en eso, en muertes, a menos que hubiera algo más.
Odiaba a mi mamá.
Debí haberla matado a ella también.
La puerta del baño se abrió, entró alguien pero no dijo nada, me quedé tan callada que ni el sonido de mi respiración se escuchaba y esperaba a que mi estómago no se le ocurriera sonar ahora. ¡Por qué por dios que me lo saco!
-Sé que estás aquí, Aria -dice la voz, la reconozco, es la señora del mostrador, pero no digo nada -¡sal de ahí y cuéntamelo todo! -tengo miedo, quizás ella está ahí con los policías, ¡me va a entregar!
Me comienzan a sudar las manos, no sé qué hacer, yo no debería estar en esta situación, ¡por dios!
Un golpe en la puerta me saca de mis pensamientos asustándome.
-Aria, no están los policías aquí, ya se fueron -dice de forma más suave.
Salgo, me cruzó de golpe con mi reflejo en el espejo, estoy llorando y no me había dado cuenta. Llevo una de mis manos a mi cara para encontrarme con la humedad en mis mejillas. Estaba horrible, estaba herida, tenía heridas que ni aunque volviera a nacer se desaparecerían. Me habían abandonado y dañado tanto que no sabía cómo seguía viva.
-¡Mate a alguien! -digo casi en un susurro, ella se llevó una mano a la boca asustada-Tranquila, soy inofensiva cuando no me dañan -le digo.