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Relatos cortos

Relatos cortos

Autor: : Giss Vargas
Género: Romance
Relatos cortos románticos con un toque de sensualidad, cada uno de ellos contará diferentes historias. **No es necesario leer alguna otra de mis novelas para entender estos relatos. Las historias aquí narradas son ficción y producto de mi imaginación, la reproducción total o parcial de este material queda prohibida.

Capítulo 1 LA NOVIA VIRGEN

Quien pensaría que a mis 30 años me convertiría en modelo y lo más asombroso de todo, de vestidos de novia. Me observo en el espejo por última vez, mientras la maquillista termina de aplicarme un labial nude que va acorde con mi maquillaje natural, esta me lanza una breve sonrisa y sé que ha terminado con su trabajo.

Comienzo a recordar cómo fue que empecé con todo esto, hace meses, mientras me encontraba trabajando como mesera en el negocio familiar, entro Johny, mi jefe con una chica hermosa y un cuerpo espectacular, los ojos de todos inmediatamente se posaron en esa pareja, quienes pidieron unas bebidas y algo de comer, él por su parte no apartaba su mirada de mí, con miedo a que la chica me culpase por estar observando a su novio más de la cuenta, decidí tomar mi hora de comida y emprender la huida, lo que menos necesitaba era un escándalo y menos en un centro comercial donde miles de personas te pueden grabar y hacerte famosa en las redes con sus ridículos hashtags.

Cuando regrese, por suerte ellos ya no se encontraban en el lugar, sin embargo, casi me da un pequeño infarto cuando por la noche, al cerrar el local, Johny se acercó a mí y me abordo diciéndome que tenía una agencia de modelos y le gustaría hacerme unas pruebas, tome la tarjeta que me ofrecía y le asegure que lo pensaría, aunque para ser franca, no tenía intención de hacerlo, me daba miedo que se tratase de algo malo como tráfico de personas, algo muy habitual en cualquier país.

Los días pasaron y me olvidé por completo tanto de Johny como de la dichosa tarjeta, al punto que su aparición me tomo por sorpresa, me miraba con el ceño levemente fruncido, me acerque a atenderlo y cuando estaba por marcharme me insistió en acudir a unas pruebas, me mostro algunas revistas de los eventos en los cuales participaban y haciendo de tripas corazón me arme de valor y acudí a la dichosa prueba.

Al llegar a su empresa me di cuenta de que no era tan pequeña como lo había imaginado, muchas personas iban y venían, así como varias chicas espectaculares se paseaban por todo el lugar, por lo cual a su lado me sentía insignificante, ¿qué vio Johny en mí como para considerarme ser modelo? Llegamos al estudio y varias personas comenzaron a revolotear alrededor de mi acompañante, éste les explico que deseaba que me hicieran unas cuantas fotos, algunos no estaban del todo convencidos, pero como dicen donde manda capitán no gobierna marinero y tuvieron que acceder.

Me maquillaron y me dieron un hermoso vestido de novia con aplicaciones en encaje, bastante ajustado para mi gusto, pero quien me manda aceptar esta locura; una vez afuera me pidieron que comenzara a posar y que olvidase que alguien estaba tomándome fotos, fácil decirlo, pero difícil llevarlo a cabo.

Me encontraba tan nerviosa, que tuvieron que hacer varias fotos, me desesperé por completo, hasta que le dije a Johny que eso no era para mí y que había sido una tontería de mi parte aceptar algo así, estaba por salir del set, cuando este me tomo por la cintura y me susurro que solo lo mirase a él, hice lo que me pedía y de un momento a otro me encontraba riéndome por todos los disparates que me contaba en ese instante, sin darme cuenta de que con cada movimiento suyo hacíamos una pose diferente.

Cuando terminaron de tomar las fotos, todos lo felicitaban por lograr que me calmase y conseguir unas excelentes tomas. Me quedé con la boca abierta, la verdad es que parecía que en verdad estaba disfrutando el momento, me ofrecieron firmar con ellos y ahora me encuentro aquí muerta de nervios y con el estómago revuelto.

-Gracias Alice -le digo al ponerme de pie.

Tomo un pañuelo y seco mis manos, es la primera vez que estaré frente a cientos de personas y temo que mis nervios me traicionen, mi mejor amiga me recomendó que para que los nervios no me ganasen debía imaginar a todos en ropa interior, al instante esbozo una sonrisa e intento apartar esa imagen de mi mente, no quiero salir y comenzar a reír como loca ante un evento de tal magnitud, eso sería catastrófico.

-¡Tú puedes Chantal! -me anima Alice antes de salir y continuar con su trabajo con alguna otra modelo.

-Es tu turno Chantal -me informa Johny.

Salgo detrás de él y lanzo un último suspiro antes de comenzar con el desfile. En cuanto pongo un pie en él, cientos de flashes no se hacen esperar, trato de mantener una cara neutra, que no denote mi nerviosismo y me concentro en hacer todo lo que los fotógrafos me enseñaron en este corto tiempo; según ellos tengo un talento natural para esto, cuando los escuche decir eso les puse los ojos en blanco, siempre me he sentido que no soy fotogénica y que no tengo gracia, además, de que creo que solo lo dicen por complacer a mi jefe, pero si ellos insisten tendré que creerles.

Doy un paso seguido de otro y me siento más segura al recordar que Johny confía en mí, cuando por fin termino de desfilar y veo la enorme sonrisa en el rostro de mi jefe, sé que no lo he defraudado por lo que no dudo en responder con una sonrisa casi igual a la suya.

-Te lo dije, eres la mejor. Me arrepiento de no haberte encontrado antes Chantal, anda ve al camerino para que te cambies, debemos de regresar al hotel para que descanses, recuerda que mañana tendrás que modelar otros vestidos -me apremia y cuando entro al camerino, me encuentro con mis compañeras, de más está decir que ellas son más jóvenes que yo y que no les agrada mi presencia aquí, en más de una ocasión las he escuchado decir que soy demasiado vieja para hacer esto, incluso algunas se preguntan si ya me he metido a la cama con mi jefe y por eso él me tiene tantas consideraciones.

En cuanto se percatan de mi presencia se callan de golpe, pero sus miradas me incomodan, detrás de mí entra Alice y me ayuda a bajar la cremallera de mi vestido, mientras me susurra que las ignore, cuando al fin estoy con mi ropa habitual salgo sin despedirme de ellas, total sé que las tendré que ver en la camioneta que nos llevará de regreso al hotel.

Cuando la camioneta llega por nosotras, soy la primera en subir, me pongo mis audífonos y las ignoró tanto como puedo, por suerte el viaje no es tan largo y cuando llegamos a nuestro destino subo rápido hasta mi habitación, ya ahí tomó un relajante baño, elijo una pijama de dos piezas y comienzo a secar un poco mi cabello.

Observo a mi alrededor y la verdad es que la habitación que Johny eligió para mí es muy linda, no tengo que compartirla con ninguna de las chicas y eso se lo agradezco, estoy pensando en ello cuando unos ligeros golpes en mi puerta me sacan de mis pensamientos.

-¡Soy Johny! -exclama antes de que pregunte quien es.

Abro un poco la puerta y ahí está mi joven jefe esperando con un pequeño maletín en su mano, él también ya ha tomado una ducha, su cabello aún está húmedo y lleva un pantalón chándal y una playera que se ajusta a su musculoso cuerpo.

-¡Adelante! -Abro por completo la puerta y me hago a un lado-. ¿Necesitas algo? -pregunto confundida por su visita a estas horas.

-Si, te he traído unos videos, es importante que los veas. Es sobre algunos desfiles que se han tenido otros años, te servirán de mucho -se explica a la pregunta que no he formulado.

Nos dirigimos a la pequeña salita de la habitación y espero a que él encienda su portátil, en cuanto me lo entrega me siento en la alfombra cerca de la mesita y comienzo a ver todos los videos que menciono.

-Esto es fabuloso, gracias, Johny -comento después de al menos una hora en la que los dos hemos permanecido en silencio, él en su celular y yo viendo los videos.

Estiró mi mano y palmeo su pierna o bueno eso creí, giro mi rostro y veo que se ha puesto un poco rígido, bajo mi mirada lentamente y me doy cuenta del error que he cometido, no estoy palmeando su pierna, es su entrepierna y para ser más exacta siento como su miembro comienza a cobrar vida, por lo que apartó mi mano como si su toque me quemase.

-Yo... p-perdón... lo lamento, no era mi intención -me disculpo y siento como mis mejillas se tornan carmesí ante la idiotez que acabo de cometer.

Él no comenta nada, desvía la mirada y vuelve a observar su móvil. Hago lo mismo y por más que intentó concentrarme no funciona, termino de ver los videos y apagó su portátil, sin mirarlo en ningún momento.

-Gracias Johny, será mejor que te vayas, debemos descansar para mañana. -Intento sonreír, pero esta desaparece al ver el semblante de mi jefe, su mirada se ha ensombrecido y no se parece en nada al sonriente Johny que conozco.

Trato de pasar por su lado para ir a abrirle la puerta, pero este toma mi mano, me jala y provoca que caiga sentada sobre sus piernas.

-¿Q-qué haces? -inquiero e intento levantarme, sin embargo, sus brazos se aferran a mi cintura frenando mi intento de huida, me carga lo suficiente para que mis piernas queden una a cada lado de las suyas.

-¿No ves lo que provocas en mí? -susurra sobre mi cuello desnudo, el cual comienza a besar lentamente hasta que siento como su húmeda lengua traza el mismo trayecto que sus labios hace unos instantes, sin poder evitarlo, lanzó un jadeo.

-Esto no está bien, Johny. -Intento levantarme de nuevo, pero lo único que consigo es frotarme más contra su cuerpo, vuelvo a lanzar un jadeo más fuerte que el anterior, cuando siento como su miembro se clava contra mi intimidad.

-¿Por qué no? -inquiere acercándome más a su cuerpo.

Johny cuela sus manos debajo de la blusa de mi pijama y en cuestión de segundos ésta desaparece, dejándome solo con mi sostén negro, desvío mi mirada para no ver su rostro, la verdad es que mis senos siempre me han causado cierta inseguridad, los siento muy pequeños en comparación al resto de mi cuerpo, me ejercito todos los días y tengo curvas en ciertos lugares, pero mis senos parecen unos pequeños limones, no como los de mis compañeras que parecen enormes melones.

Johny toma mi rostro con una mano y lo gira delicadamente para que lo observe, sus ojos muestran tal deseo que poco a poco mis nervios se calman, luego trago fuerte ante lo que hace, baja sus labios hasta el nacimiento de mis senos y comienza a besarlos.

-Tú tienes novia -consigo decir después de unos segundos.

-¿Novia? -inquiere con la duda impregnada en su voz-. ¡Son perfectos! -Sus manos desabrochan mi sostén, el cual también desaparece en cuestión de segundos, toma uno de mis senos con su enorme mano y comienza a masajearlo, mientras muerde ligeramente el otro-. Tienen el tamaño adecuado, caben en mi mano. -Pasa su lengua por mi pezón logrando que arquee la espalda ante esta nueva sensación que estoy experimentando.

-Si, Ley... Leyla -gimoteo cuando su boca succiona mi pezón, provocando que mi entrepierna comience a pedir atención cuanto antes.

-Ella no es mi novia, es mi amiga y socia, además, ella es gay, para serte franco su novia es Alice -me confiesa, ante esto me quedo unos segundos sin saber que más decir.

Continúa besándome, volviéndome loca de placer a tal punto que le quito su playera y mis manos frotan su pecho desnudo dejando de lado mi cordura y disfrutando de este momento que estoy segura no se repetirá, se separa de mis pechos por lo que ahora es mi turno de besar su tonificado cuerpo, muerdo ligeramente su pezón y escucho como suelta un gruñido. Me carga como si mi peso no significase nada para él y se encamina a mi cama, me acuesta con mucho cuidado y poco a poco baja el pantalón de mi pijama, dejándome solo en bragas, él se quita su ropa quedando completamente desnudo frente a mí.

Mis ojos se abren como platos al ver su miembro erecto, deseoso de perderse en mi intimidad, la verdad es que a mi edad aún soy virgen y es algo que me da pena confesarle, no quisiera romper este mágico momento y que él me diga que debo entregarle mi "tesoro" a la persona indicada.

Poco a poco se acerca a mí, besando mis labios delicadamente para luego dar paso a un beso más voraz al cual me es imposible de seguirle el paso, continúa descendiendo dejando un rastro de besos húmedos en su recorrido hasta mi vientre, el cual se contrae cuando sus dedos se enganchan en mis bragas y comienza a retirarlas con suma delicadeza, cuando por fin ya no hay nada que se interponga en su objetivo, separa un poco mis piernas y deja un beso en mi monte de venus haciendo que pegue un ligero brinco ante esta acción.

-¿Nunca te han besado aquí? -susurra con maldad.

-¡N-no! -balbuceo con nerviosismo.

-En ese caso, me gusta ser el primero -enfatiza con orgullo.

¿Cómo le explico que en realidad él será el primero en todo?, y antes de que pueda decirle algo más, su boca se hunde en mi intimidad, prodigándome de tanto placer que mis piernas comienzan a temblar incontrolablemente cuando me lleva a tal éxtasis de locura que mi cuerpo parece solo responder ante su toque.

-Eres muy dulce Chantal -me dice relamiéndose los labios, se levanta hasta acercarse a su pantalón y sacar de su billetera un paquetito plateado, el cual rasga para después colocarse el condón, todo esto bajo mi atenta mirada.

Sube a la cama y se acomoda entre mis piernas, comienza a penetrarme lentamente, pero cuando se da cuenta de que le cuesta un poco de trabajo sus ojos me miran con sorpresa, como no deseo que se arrepienta, enredo mis piernas en su cintura y lo pego más a mí al mismo tiempo que me froto ligeramente contra él.

-¿Estás segura?

-Nunca he estado tan segura de algo en mi vida como ahora Johny.

Tomo la iniciativa y comienzo a devorar sus labios, apretando su bien tonificado trasero donde dejo una pequeña palmada y con solo estos pequeños movimientos por mi parte, sus dudas se despejan, vuelve a centrarse en mis senos, saboreándolos como si fuesen lo más dulce que ha probado en su vida y cuando siente que estoy preparada mi embiste de un golpe, espera unos segundos a que mi cuerpo se acostumbre a su invasión y cuando muevo mi cadera en busca de mi propia satisfacción, él hace lo mismo.

Al principio sus movimientos son delicados hasta que se vuelven más feroces, ante lo cual mis gritos no se hacen esperar.

-¡Más rápido! ¡No... no te detengas! -grito cuando mi cuerpo vuelve a llegar a ese maravilloso éxtasis, siento como mis paredes se contraen envolviendo su virilidad y a los pocos segundos su gruñido me indica que también ha alcanzado su liberación, cae rendido sobre mi cuerpo, nos damos un último beso, antes de que Johny se levante y vaya al baño, cuando regresa por un momento creo que tomará sus cosas y regresará a su habitación, sin embargo, toma otro condón de su cartera y se lo pone con ágiles movimientos, al segundo siguiente, me toma por la cintura y me sienta.

-Ponte boca abajo y levanta tus caderas -pide en cuanto se incorpora.

-¿Q-qué? -inquiero sin comprender, ¿quiere que lo volvamos a hacer?, pero si yo estoy agotada.

-¡Que te pongas en cuatro! -me ordena con su voz ronca, lo observo unos instantes para saber si es que está bromeando, pero cuando veo su rostro serio, hago lo que me pide-. ¿No creerías que ya habíamos terminado o si Chantal? -Trago fuerte ante sus palabras y solo asiento-. Voy a hacerte mía Chantal de tantas formas, que mañana las piernas te temblaran a tal extremo de que cuando estés en ese desfile por tu mente solo pasaran los recuerdos de lo que hicimos durante toda la noche -sentencia y sin previo aviso me da una mordida en mi glúteo ante lo cual suelto un pequeño grito.

Se acomoda detrás de mí y besa mi espalda desnuda, gira mi rostro para tomar posesión de mis labios, mientras su mano acaricia y aprieta ligeramente mis pezones, los cuales ya se encuentran sensibles por todo lo que sucedió hace un rato, pero aun así disfruto tanto que en cuestión de segundos deseo que se hunda en mi intimidad, frota su miembro contra mis glúteos hasta llegar a mi intimidad, donde me penetra lentamente, comienzo a mover mi cadera contra su pelvis ansiosa por sentirlo por completo y cuando por fin me siento llena de él lanzo un gemido.

Toma mi cabello con una mano mientras me jala de él, acercándome un poco más a su cuerpo, siento como su virilidad golpea contra mi útero con cada uno de sus movimientos, los cuales profundiza cada cierto tiempo, de un momento a otro azota mi trasero con su enorme mano y por extraño que parezca, aunque siento un poco de escozor disfruto que lo haga.

-¡Dame más, p-por favor! -chillo entrecortadamente.

-¿Más qué Chantal?

-¡Sigue azotando mi trasero! -grito como si esto fuese lo más obvio del mundo-. Quiero que me azotes el trasero, mientras me haces tuya.

Giro mi rostro y veo como una sonrisa adorna sus sensuales labios, levanta la mano y hace lo que le pido, me azota una y otra vez hasta que mis terminales nerviosas se contraen y exploto de placer, después de unas cuantas embestidas más muerde mi hombro y gruñe mientras un gran orgasmo recorre su cuerpo, mis piernas tiemblan y sin poder evitarlo caigo sobre la cama, su peso sobre el mío me corta un poco la respiración hasta que se sostiene sobre sus brazos para liberarme de la presión.

-¡Eres mía Chantal, recuérdalo!

-¿Qu... qué dijiste? -pregunto con temor de haber escuchado mal sus palabras.

-¡Que eres mía Chantal, solo mía! ¿De quién eres? -inquiere besando mi cuello y dejando unas cuantas mordidas en él erizando los vellos de todo mi cuerpo.

-Soy tuya, solo tuya... -Quería exigirle que él me prometiese lo mismo, pero debido a la vergüenza decidí cerrar la boca.

-Y yo soy solo tuyo, Chantal, de ninguna otra mujer -me dice antes de salir lentamente de mí, entra al baño nuevamente, pero esta vez cuando regresa se acomoda en mi cama y me recuesta sobre su pecho desnudo donde en cuestión de minutos me quedo dormida presa del cansancio.

En algún momento de la madrugada volvimos a tener una grandiosa ronda de sexo hasta quedarnos dormidos, al día siguiente cuando despierto siento mi cuerpo tan adolorido que me cuesta abrir los ojos, palpo el lado de la cama donde Johny durmió y para gran decepción mía, se encuentra vacía y fría lo cual me indica que hace tiempo que se ha marchado. Me siento en el momento en que la puerta se abre y por ella aparece mi jefe recién bañado y arreglado para comenzar nuestro día, la sábana que cubre mi cuerpo resbala dejando a la vista mis pequeños pechos, veo como traga fuerte, se acerca a mí y me da un beso hambriento el cual deseo profundizar, pero él se separa con una radiante sonrisa en su rostro a lo cual yo lo miro con el ceño fruncido.

-Debes desayunar, tienes ensayo y necesitas fuerza para aguantar, ya pedí servicio a la habitación, se encuentra en la sala -me informa, se gira y antes de que salga sus siguientes palabras me erizan la piel-: debo irme, ya me están esperando, pero en la noche continuamos con esto Chantal, hoy te enseñaré otras formas de pasarlo bien y disfrutar de nuestros cuerpos tanto como podamos. Quiero que cuando regreses del evento, tomes una ducha y me esperes desnuda en la cama, ¿entendiste?

-Sí, Johny -respondo con la boca seca y muerdo mi labio, ansiosa por todo lo que haremos esta noche.

Capítulo 2 LA NOVIA VIRGEN PARTE 2

Cuando Johnny sale de la habitación, me envuelvo en la sábana y me levanto ignorando el temblor de mis piernas.

-¡Maldito Johny! -exclamo cuando casi me voy de bruces, por suerte me alcanzó a sostener de la orilla de la cama.

-Te dije que te temblarían tanto las piernas, que por tu mente solo pasarían los recuerdos de lo que hicimos anoche -escucho su voz en la pequeña salita seguida de una contagiosa risa, la cual calienta mi pecho y sin poder evitarlo sonrió ante el recuerdo.

Cuando llegó hasta la salita Johny ya se ha ido, observo y veo lo que pidió para que desayune, es tanto que parece que desea alimentar a todo un batallón, si bien es cierto que soy modelo la gran diferencia entre mis compañeras y yo, es que ellas están en dieta permanente y parece que en cualquier momento una ligera ventisca se las podría llevar, en cambio, yo al ejercitarme todos los días debo de consumir cierto tipo de alimentos para compensar todo mi desgaste físico y bueno luego de lo de anoche mi desgaste es aún mayor, pero he de confesar que es el mejor desgaste físico que he tenido en toda mi vida.

Comienzo por picar un poco de todo y cuando al fin estoy saciada, regreso a mi habitación para tomar una ducha caliente, en cuanto el agua toca mi cuerpo, mis músculos se relajan, acaricio un poco mis senos y suelto un gemido, ¿cómo es posible que desee estar entre sus brazos de nuevo cuando ayer lo hicimos tantas veces que aún estoy agotada? Ahora entiendo perfectamente a que se refería mi amiga cuando me decía que una vez que tienes sexo es imposible dejarlo, es como una adicción, siempre y cuando la conexión con esa persona sea especial.

Salgo de la ducha y me pongo algo cómodo para el ensayo, para mi desgracia cuando bajo las demás chicas ya se encuentran en la camioneta, por lo que debo subir a la parte trasera, me pongo mis audífonos como de costumbre, pero me doy cuenta de que van susurrando y burlándose de alguien, solo ruedo los ojos y las ignoro, odio cuando la gente se mete en la vida de otros.

Durante el ensayo me olvido de ellas e intento poner en práctica lo que vi ayer en los vídeos que me mostro Johny, cuando llega el momento de ir a los camerinos para arreglarnos, alcanzo a escuchar un retazo de conversación entre las chicas y de inmediato me quedo helada.

-Sí, dice Micaela que la escucho gritar durante toda la madrugada.

-Te lo dije, es una zorra -responde una de ellas destilando todo su veneno-. ¿Saben con quién se acostó?

-Dicen que, con uno de los organizadores del evento, supongo que desea escalar, yo solo espero que cuando Johny se entere la corra de la agencia, además, no entiendo que tiene de especial es más vieja que todas nosotras y ni es buena en esto...

-Si supieran que en realidad con quien estuviste fue con Johny, dejarían de inventar tantas tonterías -susurra Alice detrás de mí, pego un brinco y la miro con la boca abierta.

-¿Co... cómo sabes eso? -murmuro y siento como un escalofrío me recorre todo el cuerpo.

-Por dios Chantal es más que obvio que estuviste con él, además desde que pusiste un pie en el ensayo Johny te desnudaba con la mirada, hay que ser muy imbécil para no darse cuenta de ello, parecía que deseaba hacerte el amor por todo el lugar. -Ante su comentario siento que mi cara enrojece violentamente y aparto mi mirada.

-No tienes por qué apenarte, ninguno de los dos tienen algún compromiso.

-Lo sé, pero ellas piensan que me enrede con alguien poderoso para escalar cuando no es así -murmuro con los ojos un poco aguados.

-¿Acaso te importa lo que esas urracas digan? Ya quisieran ellas que Johny les prestase la misma atención que a ti y pasarla de bien como tu ayer, incluso las piernas aún te tiemblan -me comenta sin ningún pudor, suelto un quejido ahogado y ella lanza una risita.

Entramos al camerino y cuando mis compañeras se dan cuenta de quien se trata, la expresión de sus rostros cambia y me miran como si en verdad fuese la zorra que dicen y estuviese cometiendo algo malo.

-Anda déjame maquillarte Chantal -Me pide Alice, mientras me lleva a un lugar un poco apartado, comienza a sacar todo su kit y trato de evitar las miradas de todas las que me observan por el espejo-. Nunca había visto así a Johny en todos estos años -la miro sin comprender a que se refiere, por lo que continúa con su relato-: cuando te vio la primera vez, Leyla se dio cuenta de que no solo era un interés por tu talento, según ella te cohibió tanto que saliste corriendo de tu trabajo.

Comienzo por reír y le cuento lo que en verdad paso por mi mente ese día, a lo cual ambas reímos.

-Gracias a dios, mi Leyla no tiene gustos pésimos, no me malinterpretes, pero no me gustan los muñequitos de pastel como Johny, bueno en general ninguno de su especie.

-Lo entiendo.

-En fin, cuando te presento en el set por primera vez, entendí por qué deseaba que fueses su modelo, aunque no tengas confianza en ti misma Chantal, créeme cuando te digo que tienes potencial y lo tuyo es natural, no como el de esas plásticas. -Termina con su relato y después me ayuda a vestirme-. Iré a ver si ya es tu turno -me informa antes de salir, espero pacientemente unos segundos hasta que me levanto y me acerco a la puerta.

-Ya veremos cuánto te dura el gusto -me susurra una de las chicas cuando entra y choca con mi hombro.

-Es tu turno Chantal -escucho la voz de Johny quien venía detrás de ella, lo observo y me doy cuenta de que luce un poco molesto y ni siquiera me mira en ningún momento.

Salgo detrás de él y lanzó un último suspiro para comenzar con mi actuación, durante las dos primeras rondas todo marcha de maravilla, sin embargo, cuando estoy modelando el tercer vestido que es bastante ajustado y de seda siento como me tiemblan un poco las piernas, justo como dijo Johny recuerdo cómo me hizo suya mientras azotaba mi trasero y mi deseo por volver a ser suya provoca que mis pezones se endurezcan y rocen contra la tela de mi vestido, mientras mis mejillas se vuelven carmesí.

Cuando por fin termina mi participación, casi me voy corriendo hasta el camerino, no quiero que se den cuenta de cómo mi cuerpo me pide a gritos que le dé la atención que tanto se merece. Tomó mi ropa y me visto sin perder tiempo, cuando llegan por nosotras nuevamente soy la primera en subir, cierro los ojos y finjo dormir mientras mis compañeras siguen cuchicheando que Johny se veía muy molesto conmigo y es posible que decida cancelar nuestro contrato, por lo cual ellas están más que felices.

Llegó hasta mi habitación y me meto a la tina, necesito relajarme hoy fue un día terrible gracias a esas chicas, además de que no creo que Johny llegué a mi habitación tan temprano por lo general es el último en salir de esos eventos al menos eso me comentó Alice, cuando me siento más tranquila, tomó una bata y la envuelvo en mi cuerpo, mientras seco un poco mi cabello, cuando salgo del baño lanzó un pequeño chillido al ver a Johny quien se encuentra esperándome en la cama, lo detallo y me doy cuenta de que solo está en bóxer, tal parece que tiene rato que llego.

-¿Qué haces aquí? -inquiero al tiempo que colocó una mano en mi pecho, en un intento por respirar con normalidad y tranquilizar a mi corazón.

-Hoy por la mañana te dije que te enseñaría diferentes formas de pasarla bien, ¿lo olvidaste?, ¿sabes? Creo que te mereces un castigo Chantal -me informa con la voz un poco ronca.

-¿Un castigo?, pero ¿por qué?

-Te dije que me esperases recién bañada y desnuda en la cama, hace veinte minutos que llegué y estabas en la tina, por lo que te retrasaste, además, de que me enteré de que ayer pasaste la noche con uno de los organizadores para conseguir mejores oportunidades -comenta al tiempo que se levanta de la cama, toma mi mano y me acerca a él, comienza a recorrer con su nariz el largo de mi cuello, mientras con su mano libre deshace el nudo de mi bata, la cual retira y cuando me deja desnuda frente a él veo como se relame los labios, me encamina hasta la cama y me acuesta con mucho cuidado.

-¿Cómo entraste a mi habitación? -inquiero cuando recuerdo que en ningún momento le di la llave de mi habitación.

-Soborne a la recepcionista para que me diese una copia, créeme que no fue nada difícil conseguirla -me comenta como restándole importancia.

-¿Y c-cómo sabes lo que se dice de mí? -murmuro conteniendo un gemido cuando se sube sobre mí y comienza a besar uno de mis senos, mientras pellizca ligeramente mi pezón, endureciéndolo en cuestión de segundos, con su otra mano acaricia mi vientre provocando un ramalazo de placer en todo mi cuerpo.

-Todas hablaban de ello, además, de que esperan que me deshaga de ti ahora que sé la verdad, aunque para serte franco es que ellas si tienen razón en algo. -Lo miro furiosa por sus palabras e intento levantarme, por lo que toma mis manos y las levanta sobre mi cabeza, separando mis piernas con las suyas y de esta forma me inmoviliza.

-Eres un...

-No me has dejado terminar Chantal. -Toma la tira de mi bata y ata mis manos con ella a la cabecera de la cama-. Si te acostaste con uno de los organizadores del evento, pero no para escalar como ellas dicen.

-¿Eres uno de los organizadores? -pregunto con los ojos como platos, según tenía entendido su empresa no es tan grande como para organizar algo de tal magnitud.

-Sí, es algo que casi nadie sabe a excepción de Leyla y Alice, aunque bueno, ahora lo sabes tú. ¿Dime Chantal confías en mí?

-¿Por qué lo preguntas?

-Deseo vendarte los ojos. -Observo como toma una pañoleta del mueble que se encuentra junto a la cama y me la muestra.

-Sí, confío en ti -replico sin poder evitarlo, solo asiente ante mis palabras y cubre mis ojos, siento como su respiración se acelera al igual que la mía, pero no hace ningún otro movimiento.

-Como te dije hoy en la mañana te enseñaré otras formas de pasarlo bien y disfrutar de nuestros cuerpos tanto como podamos, al estar vendada serás capaz de sentir todo con mayor intensidad Chantal, tus sentidos se agudizarán cuando no puedas ver que haré -susurra sobre mis labios, los cuales acaricia con la punta de su lengua, comienza a besar mi mandíbula y mi cuello bajando por mi clavícula, llegando hasta mis pechos donde soy más consciente de la suavidad de sus labios.

-Tenías razón.

-¿En qué? -susurra sobre mi vientre.

-Siento todo con mayor intensidad, es tan excitante que deseo que me hagas tuya sin perder tiempo -le suplico.

-Aún no es el momento -ante sus palabras hago un pequeño mohín un tanto molesta, escucho como suelta una pequeña risa antes de continuar-: ¿sabes? Mi bebida favorita es el tequila, ¿me pregunto si...?

No me da tiempo a preguntar a qué se refiere cuando siento como algo líquido comienza a escurrir desde mis pechos hasta perderse en mi ombligo, ahogo un gemido cuando la lengua de Johny comienza a saborear todo a su paso enviando un sinfín de corrientes eléctricas por todo mi cuerpo.

-Sabe aún mejor de lo que pensaba Chantal, tu piel le da un sabor único -murmura, mientras continúa con su labor, cuando baja hasta mi ombligo y lo recorre con su húmeda lengua, mi respiración se agita esperando que por fin me dé lo que tanto deseo, sin embargo, baja hasta mis piernas las cuales separa con mucho cuidado y luego besa tiernamente mis muslos.

-¡Joh... Johny...! -grito cuando muerde la parte interna de mi muslo y después sin esperarlo posa su boca en mi intimidad, donde su cálida lengua casi me hace convulsionar de placer, pero cuando estoy a punto de llegar a él, se retira y besa el lugar que hace unos instantes mordió, muevo mis manos, desesperada en un intento por desamarrarlas y dirigir su rostro a donde deseo que me colme de placer lo cual es en vano.

-No te desesperes Chantal, recuerda que debes de disfrutar -me insiste y aunque no puedo verlo estoy segura de que está sonriendo.

-No puedo esper... -grito alto cuando muerde mi clítoris y aunque fue un poco fuerte debido a que se encuentra sensible, el dolor se compensa con el placer que siento cuando hunde su dulce lengua en mi intimidad-. ¡Oh, por dios! ¡Esto es maravilloso! -exclamo entrecortadamente, repite la acción dos veces más, privándome de llegar al éxtasis y cuando estoy por suplicarle que dejé de torturarme así, su lengua logra su cometido, me aferro a la cabecera de la cama y gimo tan fuerte como puedo, siendo consciente de que con mis ojos vendados mi orgasmo se sintió más fuerte que los que experimente ayer entre sus brazos.

-Te lo dije, es más placentero.

-Quiero que me quites la venda y me dejes tocarte -le pido con un susurro.

-Todavía no terminamos Chantal. -Siento como comienza a moverse y de un momento a otro toma posesión de mis labios, levanta un poco mis caderas y me penetra de un solo golpe, sus embestidas son lentas hasta que poco a poco aumenta su velocidad y comienza a mover su cadera en círculos golpeando de esta forma todos mis puntos sensibles, por lo que estoy segura de que en cuestión de segundos podré llegar nuevamente al éxtasis.

-¡Más rápido, por favor! -suplico, de un momento a otro, siento como coloca su dedo sobre mi clítoris y comienza a pellizcarlo ligeramente, con lo cual mi vientre se contrae, mis piernas comienzan a temblar y mi cuerpo se arquea cuando me hace llegar a un orgasmo placentero, dejándome sin fuerzas, él sigue embistiendo unas cuantas veces más hasta que suelta un gruñido y sé que está próximo a liberarse, me da un último beso y se aferra más fuerte a mis caderas hasta que su cuerpo convulsiona de placer sobre el mío.

-Eres espectacular Chantal -murmura sobre mis labios, por fin libera mis manos y les da unos cuantos besos donde seguramente han quedado algunas marcas rojas, para después quitarme la pañoleta de los ojos, lo observo y sus ojos aún brillan de deseo, espero unos minutos a que nuestras respiraciones se normalicen, me levanto, lo aviento contra la cama y me coloco encima de él.

-Quiero que experimentes lo mismo -comento mientras beso su pecho y con mi lengua recorro todo su abdomen.

-¡Soy todo tuyo! -exclama con un jadeo, cuando mi mano deja una leve caricia en su miembro, tomo la tira de mi bata y ato sus manos en la cabecera justo como él lo hizo-. Veo que ya estás aprendiendo. -Me sonríe de lado, cuando termino le doy un pequeño beso en la comisura de la boca, luego tomo la pañoleta y le vendo los ojos.

Beso, sus labios y permito que este se intensifique hasta que ambos nos quedamos sin oxígeno, me separo de él, no sin antes darle una pequeña mordida en su labio inferior y chuparlo, suelto una risita cuando lo escucho gemir bajito; mi boca se dirige hasta sus pectorales donde beso y lamo un poco sus pezones, sigo mi recorrido y comienzo a dejar un rastro de besos por todo su abdomen, estiro mi mano y acaricio su miembro, mientras sus gruñidos se van intensificando.

-¿Te gusta? -inquiero al tiempo que retiro mi mano.

-Sí... -Retrocedo un poco en la cama y beso su pubis justo como ayer hizo conmigo, ante lo cual Johny comienza a mover su cadera, lo ignoro y beso sus muslos, estiro mi mano, pero esta vez pellizco ligeramente su pezón alternando entre uno y otro-. ¡Maldita sea! ¡Me quieres matar Chantal! -me acusa con su voz ronca.

-Recuerda que debes de disfrutar Johny. -Sin más palabras tomo su miembro con mi mano libre y comienzo a lamer toda su longitud, al mismo tiempo que con mi otra mano acaricio sus testículos hasta llegar a su perineo, provocando que su cuerpo se estremezca de placer, separo mis labios y empiezo a recorrer con la punta de mi lengua su glande para después chuparlo como si se tratase de una enorme y deliciosa paleta.

Levanto mi mirada y observo sus gestos, los cuales me demuestran que estoy haciendo bien las cosas cuando me percato de como muerde sus labios e intenta desamarrar sus manos, ansioso por llevar el ritmo.

Abro mi boca y por primera vez en mi vida, introduzco el pene de un hombre en mi cavidad, profundizo solo un poco para no tener arcadas y acostumbrarme a su tamaño, subo y bajo mi cabeza por inercia, mientras succiono solo lo suficiente para no hacerle daño, cuando llevo cierto ritmo, vuelvo a tomar uno de sus pezones y se lo aprieto ligeramente, por lo cual sus gemidos se intensifican murmurando de vez en cuando mi nombre y después de varias succiones, su cuerpo se tensa ante el inminente orgasmo que está por llegar, gruñe una última vez y vierte su líquido seminal en mi boca, el cual sabe un poco salado y dulce al mismo tiempo, pero me lo trago todo.

-¡Chantal...! -murmura con la respiración agitada.

-Aún no terminamos Johny -le informo antes de que me pida que lo desate, gateo hasta quedar sentada a horcajadas sobre él, beso su cuello y su mandíbula para después posarme en sus sensuales labios, los cuales me devoran con desesperación, lo tomo por el cuello y junto un poco más nuestras cabezas, profundizando más nuestro beso.

Me separo de él, sosteniéndome de su pecho y acerco mis pechos a su boca, al instante abre sus labios y comienza a lamer mis pezones alternando entre uno y otro que siento como si me derritiese con su toque, froto nuestras intimidades, en un intento por estimularlo de nuevo, cuando siento que su miembro choca contra la entrada de mi femineidad sonrío victoriosa, tomo un condón de la mesita de al lado y se lo coloco con tranquilidad.

-¡Por favor...! -me suplica.

-¡Shh! Déjate llevar Johny. -Me levanto solo lo suficiente, mientras introduzco poco a poco su miembro en mi interior, cuando al fin está dentro, lanzo un gemido de satisfacción, después subo y bajo mi cuerpo, disfrutando de llevar el ritmo en esta ocasión y gritando cada que mi cuerpo se siente lleno de él.

-Creo que la que más disfruta eres tú -me acusa Johny, sin embargo, cuando mi cuerpo baja, aprieto ligeramente mi pelvis arrancándole un sonoro gemido, vuelvo a subir y cuando bajo hago exactamente lo mismo solo que en esta ocasión le quito la pañoleta de los ojos-. ¿Cómo lograste hacer eso? -inquiere con la boca seca.

-Quiero que me mires mientras te llevo al éxtasis y respondiendo a tu pregunta a eso se le llama pompoir, había leído hace mucho sobre el tema, pero nunca lo había puesto en práctica, así que eres el primero, pero eso ya lo sabías -confieso, mientras continúo con mis movimientos, ante la atenta mirada de Johny quien no despega sus ojos de los míos, cuando al fin siento que mis terminales nerviosas se anidan en mi vientre me muevo más rápido en un intento porque él termine junto conmigo, está vez aprieto un poco más fuerte su miembro y permanezco así durante algunos segundos hasta que los dos nos dejamos liberar por completo lanzando un gemido tan alto que temo se haya escuchado en todo el piso, quedo recostada sobre Johny y escucho como los latidos de su corazón se van calmando poco a poco.

-Me gusta ser el primero en todo -dice en mi oído, levanto la cabeza y su hermosa sonrisa me paraliza por unos instantes, desato sus manos y cuando por fin está libre me abraza más fuerte pegándome contra su cuerpo-. Nunca tendré suficiente de ti Chantal -comenta dándome un último beso antes de separarme de su cuerpo, tomamos una ducha rápida y después nos acomodamos en mi cama, donde me acurruco en su pecho, dispuesta a descansar después del día tan largo y placentero que tuve.

-¡Oh, Chantal! ¡Mi dulce Chantal! Y pensar que esto solo es el inicio de todo lo que estamos por vivir juntos de ahora en adelante. -Me pega más a su cuerpo y besa mi cabeza antes de que los dos caigamos en los brazos de Morfeo.

Capítulo 3 JUEGO DE ROLES

-¡Adam! ¡Adam! ¿Amor estás aquí? -grito al tiempo que subo las escaleras rumbo a mi habitación, todo está en penumbras, por lo que deduzco que mi marido aún no llega, lanzo un suspiro y en cuanto abro la puerta del dormitorio me quito las zapatillas, voy hasta el cuarto de baño y lleno la tina, en lo que me deshago de mis prendas y el maquillaje.

Hoy fue un día bastante pesado en la oficina y necesito relajarme por lo que agrego unas gotas de aceite de lavanda a la tina y después me meto en ella, cierro los ojos y respiro el agradable aroma que inunda el baño. Cuando siento que comienzo a tener un poco de frío salgo de la tina y me doy una ligera ducha, una vez que termino me pongo una bata y enredo una toalla en mi cabeza, salgo y en cuanto cierro la puerta con el rabillo del ojo veo una figura oculta en las sombras, me giro tan rápido que casi me caigo, pero alcanzo a sostenerme de la manija.

-¿Adam eres tú cariño? -pregunto e intento escudriñar el rostro de la persona que aún se mantiene oculta, se mueve un poco y cuando la luz de la Luna alumbra su rostro doy un paso atrás-. ¿Quién es usted?

-¡Tranquila nena! No debes de temer -susurra el hombre con su grave voz.

-M-mi esposo está en la cocina y no debe tardar en subir, le pido que p-por favor se vaya.

-Sé que estás sola, hermosa, acabas de preguntarme si era tu marido, además, de que te he tenido vigilada desde hace días y sé que tu esposo aún no llega, por lo que estamos completamente solos -dicho esto se acerca y en dos zancadas lo tengo frente a mí.

Me toma por la cintura y me pega a su cuerpo, tanto así que siento como su corazón late tranquilamente, no como el mío que de un momento a otro abandonará mi pecho, intento apartarlo de mí empujándolo de sus hombros, pero me es imposible debido a que es mucho más fuerte que yo, cuando se da cuenta de mis intenciones toma mis manos y las pone detrás de mi espalda.

-Eres más rebelde de lo que me imagine Amelia -susurra en mi oído, mi pulso se acelera cuando me llama por mi nombre y un miedo irracional inunda mi cuerpo. -Te lo he dicho, no debes de temer, la pasaremos muy bien.

Muerde mi lóbulo y sin más mi cuerpo tiembla ante esta acción, posa su nariz en mi cuello y aspira mi aroma, mientras con su mano libre retira la toalla de mi cabeza provocando que mi cabello caiga en cascada, enreda sus dedos y jala de ellos hacia atrás dándose él mismo, acceso a mi cuello. Su lengua traza un lento recorrido hasta mi clavícula, después abre mi bata y su mirada recorre mi cuerpo con tanta lujuria que siento mi cuerpo calentarse, intento zafarme de su agarre, pero cada que lo hago aprieta un poco más fuerte mis manos provocándome un poco de dolor.

-Tu aroma es embriagante Amelia, tanto así que me declaro adicto a ti y eso que aún no te he probado como se debe.

Sin más palabras me lanza a la cama, cuando me veo libre de sus manos, intento apartarme de él arrastrándome por la cama, sin embargo, sus manos me toman por los tobillos y me llevan hasta el centro sin esfuerzo alguno, intento patalear, pero cuando menos lo siento ya está sobre mí, impidiéndome que huya.

-¡Te lo suplico!, ¡No me hagas nada!, además mi esposo no tarda en llegar -le pido con la voz un poco temblorosa.

-No puedo Amelia, una vez que comienzo no puedo parar. -Baja su boca hasta la mía y su lengua se abre paso a la fuerza en mi cavidad, solo se separa unos instantes para recobrar el aliento y continúa besándome, dejando mi mente en blanco y provocando que me olvide por completo de que todo esto es una locura.

Su mano desciende lentamente por mi cuerpo, acariciando todo a su paso y tocando esos puntos sensibles que me vuelven loca, cuando siento que sus dedos rozan mi intimidad me estremezco y dejo escapar un ligero jadeo. Abandona mis labios y estos se sienten extraños sin los suyos, nunca me habían besado de esa forma tan salvaje, pero al mismo tiempo tan dulce que ya siento como si los extrañase.

De un momento a otro recuerdo a Adam y esa burbuja de placer que había creado con este hombre se revienta trayéndome a la realidad, lo empujo por los hombros haciendo que casi caiga de espaldas, pero es tan hábil que en un rápido movimiento me tiene inmovilizada contra la cama, toma mis manos por encima de mi cabeza y mi rostro con su otra mano, ejerciendo solo un poco de presión contra mi mandíbula.

-No vuelvas a hacer eso Amelia, porque te irá peor, mejor dedícate a disfrutar.

Me besa, pero esta vez con más urgencia, cuando se separa deja una pequeña mordida en mi labio inferior, en este momento quisiera llorar, pero las lágrimas se niegan a abandonar mis ojos y más aún cuando siento sus tibios labios sobre el nacimiento de mis senos descendiendo lentamente hasta llegar a mis pezones, succiona uno a uno y su lengua juguetea con ellos a su antojo arrancándome un jadeo más fuerte que el de hace un instante.

-¿Lo ves?, no te cuesta nada dejarte llevar -murmura sobre mis senos antes de dejar una pequeña mordida en uno de ellos, su mano vuelve a bajar por mi vientre y se posa en mi intimidad donde acaricia con delicadeza mi clítoris, trazando pequeños círculos y sin poder evitarlo abro un poco más mis piernas para darle mejor acceso a él.

-¡Así, por favor! -ronroneo, al tiempo que arqueo mi espalda, introduce un dedo y comienza a penetrarme tan lenta y tortuosamente que mis caderas se mueven en busca de profundizar un poco más, cuando agrega otro dedo a mi dulce tortura mis gemidos se hacen más altos, tanto así que me desconozco, nunca había disfrutado tanto con un hombre y menos aún con un extraño.

Mis piernas comienzan a temblar, los dedos de mis pies se retuercen y en una milésima de segundo exploto de placer aún con sus dedos dentro de mí, los retira ante mi atenta mirada y se los lleva a los labios, saboreándolos como si fuese el postre más exquisito que ha probado en su vida.

-¡Por dios Amelia!, tu sabor no se compara en nada a la fragancia que emana de tu cuerpo, ¡eres lo más delicioso que he probado! -baja sus dedos y posa uno de ellos en mi boca-, ¡vamos pruébate para que veas que no miento!

Y justo como lo pide lo hago, envuelvo su dedo con mi lengua y veo como sus ojos verdes (que hasta el momento desconocía su color) se tornan oscuros, suelta mis manos que había mantenido sobre mi cabeza y con un movimiento rápido se deshace de su pantalón y su ropa interior, al instante puedo ver como su enorme miembro salta a modo de saludo, marcándose las venas en toda su longitud, sin poder evitarlo me relamo los labios y vuelvo mi mirada a sus ojos.

Se inclina un poco y con su miembro acaricia la entrada de mi femineidad, mi respiración se agita y por un momento estoy tentada en pedirle que me haga suya cuanto antes, luego sin más invitación me toma por el muslo izquierdo, lo levanta lo suficiente y me embiste de un solo golpe, mi cuerpo se estremece ante su invasión, pero una vez que me acostumbro a él, muevo mis caderas para incitarlo a continuar.

-¡M-más rápido! ¡No te detengas! -susurro, al mismo tiempo tomo el dobladillo de su playera y comienzo a quitársela, dejando a la vista su bien trabajado cuerpo, recorro su pecho y brazos con dedos temblorosos, tocando todos los tatuajes que adornan su piel, observando como sus músculos se tensan ante cada embestida que me da.

-¿Qué diría tu esposo si entrase en este momento y nos viera follando como conejos Amelia? -inquiere después de unos minutos.

-Yo, n-no sabría como verlo a la cara -respondo con sinceridad.

Posa su mano en mi vientre en un intento por inmovilizarme y comienza a profundizar sus movimientos, enredo mi pierna libre en su cadera para darle un mejor acceso, mientras bajo una de mis manos hasta mi clítoris y lo masajeo en un intento por sentir mayor placer; él dirige su vista hasta nuestras intimidades que se unen como una sola y sonríe cuando se percata de que ha logrado su cometido, hacerme suya sin importar nada que no sea nosotros en este momento, sólo consumar nuestro pecado.

Arqueo mi espalda una vez más cuando mis terminales nerviosas se anidan en mi vientre como una clara indirecta de que estoy por lograr mi liberación, ante esto sus embestidas aumentan su velocidad y cuando siento que mis paredes se contraen sobre su miembro mi grito rompe el silencio de la noche, mi cuerpo cae sin fuerza sobre la cama disfrutando de los últimos espasmos que me sacuden, por un momento pienso que continuará hasta lograr su propia satisfacción, pero para mi sorpresa sale de mi interior y antes de que pueda pedirle que continúe, enreda su brazo en mi cintura y me levanta de la cama poniéndome en pie.

-¿Q-qué piensas hacer? -pregunto aun con la respiración agitada.

-Lo haremos aún más divertido, Amelia. Te voy a follar frente a la ventana, hasta que ambos terminemos agotados y saciados el uno del otro.

-N-no puedes hacer eso, a-alguien podría vernos -balbuceo con la voz entrecortada.

-No hay nadie a kilómetros Amelia, nadie podrá vernos ni escucharnos, así que puedes gritar todo lo que quieras, los únicos testigos de cómo te haré mía nuevamente son la Luna y la oscuridad de la noche.

Me lleva hasta el ventanal por donde se filtra la suficiente luz como para apreciar nuestra desnudez y apoya mis manos en la pared de cristal, separa mis piernas las cuales aún siento débiles, gira mi rostro y me da un beso voraz al tiempo que me embiste sin perder tiempo, mi gemido queda ahogado por sus labios, cuando nos separamos, posa su mano en mi cintura para que no pierda el equilibrio y con la otra pellizca ligeramente mis pezones.

Me inclina un poco más contra el vidrio y entre cada una de sus embestidas mi pecho roza contra este haciendo que me estremezca ante su frío contacto, pero aliviando un poco ese calor abrasador que recorre mi cuerpo a cada segundo, durante algunos minutos nuestros gemidos solo son interrumpidos por el choque de nuestros cuerpos, no hacen falta las palabras para saber qué es lo que el otro desea en este momento.

-Dime Amelia, ¿te gusta que te follen así? -me cuestiona tomándome por el cuello y obligándome a besarlo-, ¿o te gusta así? -dicho esto, sus manos se desplazan hasta mis glúteos y siento como los separa en un intento por llegar más profundo, mi cuerpo se estremece cuando su miembro golpea mi útero en repetidas ocasiones, al mismo tiempo mis brazos se separan un poco del vidrio y debo sostenerme un poco más fuerte para no caer, comienzo a mover mi cadera contra su pelvis cada que este se aleja de mí, ansiosa por llegar al éxtasis.

»¡Vamos nena, córrete para mí! -pide sobre mi espalda desnuda donde deja unos cuantos besos y como si mi cuerpo estuviese esperando esa invitación me dejó llevar por esa sensación ya conocida y por tercera vez en la noche, logro un orgasmo tan abrumador que mis piernas flaquean y por unos segundos temo caer el piso, sin embargo, sus fuertes manos me sostiene por la cintura y sin darme un descanso continúa con sus hábiles movimientos hasta que muerde mi espada ahogando de este modo ese gemido que me indica que también ha llegado al éxtasis, siento como vierte todo su líquido en mi interior y como éste poco a poco se desliza por mis muslos fusionándose con mis propios fluidos.

-¿Te arrepientes? -pregunta mientras aún permanece dentro de mí.

-Para nada, mi amor, ha sido el mejor aniversario de bodas, ¡te amo Adam! -le confieso con una enorme sonrisa en el rostro.

-¡Feliz aniversario, hermosa! -Me da un último beso antes de salir de mí, me carga y me lleva hasta la otomana que se encuentra a unos cuantos pasos de la ventana, me deja sobre su regazo e inspecciona mis manos y mi mandíbula con el entrecejo fruncido-. ¿No te lastime?

-No, mi amor, por el contrario, disfrute tanto que me tomarás de esa forma que estoy ansiosa porque lleguen las siguientes. -No muy convencido de mis palabras, solo asiente, me da un beso cargado de pasión y amor, para después cargarme al estilo princesa hasta el baño, me ayuda a enjabonar todo mi cuerpo que aún se encuentra débil, después hago exactamente lo mismo con él y cuando al fin estamos listos nos acomodamos en nuestra cama, bastante agotados, pero satisfechos.

-¡Te amo, Amelia! ¡Duerme! -Me da un beso corto y me acomodo en su pecho al tiempo que enganchó una de mis piernas en las suyas.

-¿Ya sabes que te gustaría para el próximo año? -pregunto un poco adormilada.

-Aún no, pero cuando sepa que es lo que quiero te lo haré saber cariño. -Doy un leve asentimiento de cabeza y lo último que recuerdo es a Adam acariciando mi espalda.

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