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Renacer.

Renacer.

Autor: : B.Jeremy
Género: Romance
Cuatro mujeres que fueron asesinadas por los hombres que amaban un mismo día, a la misma hora, en diferentes lugares del mundo. Pero el universo les tenía preparada una grata sorpresa, darles la oportunidad de renacer de los elementos, agua, tierra, aire, fuego, según como fueron asesinadas, en una nueva vida donde son elegidas para convertirse en hadas. Luego de estar en un complejo donde les enseñan a controlar sus poderes, son enviadas al cumplir 18 años a modo de última prueba a ayudar a cuatro hermanos que son responsables de un gran imperio empresarial, ellas creen que su misión es convertirlos en personas de bien, ya que estos hombres cargan con sus demonios personales, sin embargo, la última prueba es no enamorarse y así poder obtener sus alas y la vida eterna. ¿Podrán lograrlo? ¿O sus corazones volverán a latir por amor? ¿Podrán superar el dolor y la furia que les causó ser traicionadas por sus parejas, amigos y familia en sus vidas pasadas? ¿O desquitaran su ira en los hermanos Romanov? ¿Estos hermanos podrán jurarles amor eterno o están jugando con ellas? ¿Obtendrán sus venganzas, cuando el destino las ponga frente a sus homicidas? ¿Los enfrentarán ellas o los cuatro hermanos a los que han hechizado con su belleza? ¿Podrá más el amor o el sufrimiento? "Si un hombre espera que la mujer sea un ángel en su vida primero debe crear un cielo para ella. Los ángeles no viven en el infierno."

Capítulo 1 Segunda vida.

Cuatro mujeres, que sufrieron en manos de quienes amaban, sus parejas, familia o amigos, creyeron encontrar el amor verdadero, o estar salvando a quienes amaban, pero lo único que encontraron fue la muerte en manos de quienes más confiaban y querían.

Fue tan grande su dolor y lamento, que el universo mismo las escuchó, y les concedió una nueva vida, renacieron para ser Hadas ¿o solo renacieron para saber lo que es el verdadero amor?

En algún rincón del mundo, existe un lugar realmente mágico, donde no solo ellas tienen una nueva oportunidad. Bajo la imagen de Orfanato Bigarren Bizitza, que significa segunda vida, se ocultan las encargadas de guiar y ayudar a quienes tienen una nueva oportunidad.

Fue allí donde estas cuatro mujeres simplemente aparecieron, cada elemento natural les dio su segunda vida, según como murieron, ellas nacieron, así como el fénix, estas jóvenes renacieron de su mismo dolor, el mismo día, a la misma hora.

La hermana María quien estaba en la orilla del río vio emerger del mismo a una niña, apenas una bebé, sumamente blanca como la nieve de los polos, de ojos celestes como el mar más profundo, como jamás nadie había visto, su cabello tan rubio que casi parecía blanco.

- Indivar Carver, te concedo este nombre, tú sangre esta tan fría mi niña y la pena se refleja en tus ojos es tan profunda, tú serás el Hada del agua, sé que entiendes lo que digo, y lamento lo que te sucedió, pero ahora todo estará bien. - La pequeña niña la miraba muy atenta mientras una lagrima rodaba por su mejilla, dejando en claro que comprendía perfectamente lo que le había sucedido.

Un poco más lejos la hermana Josefina, veía como un torbellino traía en el a una pequeña bebé, de piel rosada como cerezo en flor, mejillas y nariz diminutas bañadas de pecas, con cabello tan rojo como los crisantemos y cara de asustada.

- Calíope Sullivan, es tu nuevo nombre, no tienes nada que temer, tú voz jamás quedará nuevamente en silencio, tú serás el Hada del aire. - La pequeña que hasta ese momento estaba gritando se calló de inmediato, y la observo resignada.

En el otro extremo del amplio terreno, la hermana Nelly que estaba arreglando las rosas del jardín, observó como la hierba y la tierra se removía y de ella surgía una bebé, blanca como el marfil de mejillas rosadas como las mismas rosas que la rodeaban, cabello castaño y ondas grandes en él, mientras la observaba con desesperación.

- Melania Katsaros, con este nombre te conocerán a partir de hoy, puedes estar tranquila pequeña, desde este momento el mundo entero temblará si alguien trata de dañarte nuevamente, tú serás el Hada de la tierra, y la vida crecerá con cada paso que des. - La pequeña castaña le mostro una sonrisa, entendió a la perfección, que ya no habría más dolor.

Pero había algo más, algo que no pasaba muy seguido y que ninguna de las hermanas de aquel lugar estaba deseosa de ver, pero lamentablemente pasó, ante los ojos de la hermana Estefanía un rayo cayó en el árbol más grande y viejo de aquel lugar mágico, y mientras las llamas se extendían como lenguas devorando aquel Roble la cuarta bebé apareció.

Su piel de color crema estaba manchada por las cenizas, su cabello era lacio y negro como el mismo carbón, tan negro como sus ojos que miraban con dolor, sufrimiento, agonía y rencor.

- Nefered Ahmed, te nombraremos, sé que tú dolor es inexplicable y lo lamento tanto, pero a partir de hoy, tendrás el don de hacer arder todo cuanto quieras, no solo para destruir, sino para que de las cenizas surja la vida, tú serás el Hada del fuego y quien ose a tocarte para dañarte arderá sin piedad. - de todas las bebés, fue la única que se mantuvo quieta, solo respirando, sin lágrimas, ni llanto y mucho menos sonrisas, el fuego aun ardía en sus ojos, el fuego de justicia y deseos de venganza.

Las hermanas fueron las encargadas de darle un nuevo nombre a esas cuatro niñas que compartieron la muerte, un mismo día, a una misma hora, separadas por miles de kilómetros, pero unidas por el mismo destino y ahora juntas al renacer en un mismo lugar, se hicieron inseparables, se consideraban hermanas de sangre aunque no era el caso, pero a pesar de que se les otorgó un nuevo nombre, se les enseñó a utilizar su poder, y se las instruyo para ser hadas, no podían olvidar sus vidas pasadas, como así también quienes las traicionaron, por más años que pasaron.

- ¿Por qué no tenemos alas si somos hadas? - pregunto curiosa la pequeña rubia.

- Indivar ya se los eh explicado, tienen que pasar varias pruebas, la más importante será cuando cumplan 18 años, alguien vendrá a solicitar ayuda, ustedes partirán con él o ella, por un año, si pueden cambiar ... mejor dicho, si su ayuda es útil para ellos, decidirán si quieren ser hadas o vivir como humanas una vez más. - explico la hermana Nelly con toda paciencia que a lo largo de su vida había adquirido.

- ¿Cómo sabes que alguien vendrá a pedir ayuda? ¿Es como cuando supieron que llegaríamos? - la pelirroja rara vez guardaba silencio, no estaba en su ser estar en silencio.

- Siempre viene alguien por ayuda, Calíope, aunque claro que nunca nos pasó recibir a cuatro niñas un mismo día, pero... creo que eso se debe a que hay mucha maldad en el mundo, demasiada. - Y Nelly no se equivocaba, sentía como la humanidad cada vez era más oscura.

- No sé por qué tenemos que decidir ser humanas o hadas, ya fui humana y no me gustaría serlo de nuevo. - a la castaña le aterraba el mundo exterior, solo en el orfanato junto a sus amigas se sentía segura.

- Tienes razón Melania, esa sería la decisión más fácil de todas. - secundo la pelinegra, tan seria como siempre.

- ¿A qué te refieres Nefered? - pregunto la tutora de las jóvenes.

-Vivir como humana unos cuantos años y dejar que te lastimen nuevamente, para luego morir de forma dolorosa, o vivir eternamente en el bosque junto con mis tres amigas, mejor dicho, hermanas, Obviamente elegirías ser un hada. - Y así podría buscar venganza, pensó por dentro, mas no lo dijo, el interior de Nefered estaba en llamas desde el día que renació, un fuego que no la calentaba, solo la torturaba día a día.

- Sí, claro, eso dicen todas. Ahora vamos, sigamos practicando. - La hermana Nelly sabia mejor que nadie, que el amor puede hacer cambiar de parecer incluso al corazón más herido.

Y así la hermana terminó la charla, durante estos años se había encariñado con esas bebés, que ahora eran jóvenes a punto de cumplir 18 años, pero ella sabía bien que donde manda el corazón no hay mucha decisión que tomar. Y que hay heridas que solo el cariño puede curar.

La Familia Romanov

Los señores Oleg y Nessari Romanov son un matrimonio muy respetado, no solo por tener títulos de la realeza, sino porque son dueños de un gran imperio empresarial, que va desde programas de televisión, editoriales, tecnología, moda y demás, piensa en un negocio y si ellos no son los dueños, seguro tienen acciones en el, son los únicos que igualan a la gran familia Bach, por lo menos en el lado legal de lo que a poder se refiere.

A lo largo de sus 30 años de casado, tuvieron cuatro hijos, Zigor el mayor de 25 años, Yannick de 23 años, kilian de 21 años y Milos de 19 años, los cuales criaron de una forma cariñosa y responsable, ¿qué fue lo que sucedió con ellos a lo largo de los años?, no lo saben, lo que sí saben es que son un completo desastre, cansados y frustrado, deciden tomarse unas largas vacaciones, un año recorriendo el mundo juntos para reactivar la llama del amor, pero tienen un problema, no confían en dejar a sus hijos solos, por empezar se llevan mal, cada almuerzo o cena se convierte en una lucha campal, además del carácter que posee cada uno y que siempre terminan en problemas o negocios perdidos.

Un mes antes de su viaje, como por arte de magia apareció un sobre en el buzón de correo, lo primero que vieron en el fue ORFANATO Bigarren Bizitza. Con curiosidad lo abrieron, ya que estaba dirigido a ellos.

Adentro había una carta acompañada de cuatro fotos.

Estimados señores Romanov:

Me dirijo a ustedes con el fin de agradecer su colaboración anual a este humilde Orfanato, y para informarles que ya no es necesario seguir enviando dicha ayuda, las cuatro niñas que se beneficiaron de su aporte, dejarán el orfanato el mes entrante, al cumplir 18 años, confiamos en Dios para que encuentren un buen trabajo en tan corto tiempo.

Quiero que sepan que, gracias a ustedes, las jóvenes se han podido instruir y hablan diferentes idiomas, saben cocinar, como así también tienen varios títulos a pesar de tan corta edad, estamos orgullosas de su inteligencia y lo sabemos ya que las hemos instruidos nosotras.

Confiarnos en que puedan ayudar a otras personas que lo necesiten en el futuro como ustedes las ayudaron a ellas.

Atentamente hermana María.

Directora del orfanato Bigarren Bizitza.

- ¿Enviamos dinero a un orfanato? - pregunto el señor Oleg, mientras arreglaba su rubio cabello.

- Si cariño, yo me ocupo de ello. - le respondió la peli negra que tenia de esposa.

- ¿Desde cuándo? - indago curioso.

- ¿Recuerdas el día que el chófer chocó cuando llevaba a los niños a la empresa y comenzaron a pelear y llorar, distrayendo al pobre de Jacobo? - rememoro la señora Romanov.

- Sí, el día más terrorífico de mi vida, sentía que no llegaba más al hospital, aunque cuando llegué y te vi tan golpeada, me asusté aún más en solo pensar que le pudo pasar algo a nuestros hijos. - recordó aun temblando el mayor.

- Sí, fue una desgracia con suerte, eran tan pequeños. – se lamentó una vez más su esposa.

- Eso fue hace 18 años, si mal no recuerdo.

- Sí, ese día mientras te esperaba, pasó una hermana pidiendo ayuda para su orfanato, habían llegado cuatro pequeñas en busca de un hogar, pensé en mis niños y no pude evitar ayudarlas, y mira... aquí esta nuestra recompensa, cuatro hermosas jóvenes, se ve que son muy interesantes y educadas, con solo ver el brillo de sus ojos te das cuenta de ello.

- Están buscando trabajo, deben dejar el orfanato. - reflexiono angustiado el patriarca de la familia.

- Sí, no me imagino lo que debe ser vivir sin padres. - se lamentó Nessari.

- Espera.

- ¿Qué?

- ¡Eso es! las cuatro se criaron juntas, deben quererse como hermanas, ¿verdad?

- Supongo, ¿eso que tiene que ver Oleg?

- Las contrataremos por un año para que cuiden de nuestros hijos. - respondió mostrando su blanca sonrisa.

- Cariño, creo que debemos ir al médico, por si lo olvidas nuestro hijo menor tiene 19 años, no creo que quieran niñeras. - Lo observo con preocupación la pelinegra.

- No, claro que no, ¡escucha!, esos muchachos se llevan peor que perros y gatos y tú sabes todos los problemas que nos acarrean cada vez que tienen que hacer algún negocio o algo juntos.

- Lo sé perfectamente a veces me pregunto ¿en qué fallamos?

- Ellas se criaron juntas sin padres, deben ser unidas, y son inteligentes, las podemos contratar para que ayuden a nuestros hijos, quizás viendo su unión a pesar de no tener dinero ni padres...

- ¡Las jóvenes solo se tienen mutuamente! ¡Si! podría funcionar.

Con esa esperanza el matrimonio contacto al orfanato y se dieron a la tarea de hacer un acuerdo, un contrato que sus hijos tendrían que firmar y cumplir, ellos le designarían una asistente personal a cada uno, la cual no podían ignorar, fuera cual fuera el lugar que ellos tengan que ir, la joven que le designen debía acompañarlo, si no se sentían cómodos podían cambiar de muchacha, las debían tratar con respeto y asegurar su bienestar en todo sentido, o serían desheredados.

Todo lo que sucedió hasta ese momento estaba escrito, lo único que quedaba en blanco, era el año que estos jóvenes estarían juntos y la decisión que ellas tomaran.

Capítulo 2 Corazón.

Calíope estaba en la cima de la pequeña montaña, que se ubicaba cerca del orfanato, le gustaba este lugar, se sentía en la cumbre del mundo, observando la naturaleza a sus pies, mientras el aire la rodeaba, jugueteaba haciendo bailar las hojas con pequeños remolinos de viento. Además, apartarse de todos algunas veces y pensar, le hacía bien, dejar salir el dolor que la mantenía despierta durante la noche, esos sueños de su vida pasada, que más que sueños era recuerdos, horribles y aterradores, como lo había sido su vida.

Cuando ella era Viviana Campbell.

"Mañana tendría que estar cumpliendo 38 años, si mi vida como Viviana Campbell no se hubiera terminado, sin embargo, hoy estoy cumpliendo 18 años como Calíope Sullivan, me pregunto si ¿mis padres sufrieron por mi partida?, aunque creo que eso sería pedir demasiado, debo ser realista, después de todo cometí el error de casarme tan joven para huir de mi casa, escapar de mi padre"

"Creí que me protegería, que, al ser mi esposo, me amaría y cuidaría. Me gustaría saber si alguna vez me amaste, tanto como yo lo hice, si realmente alguna vez en verdad me amaste"

Calíope, pensaba que realmente había amado a su esposo, Trevor Murphy, un joven irlandés de temperamento violento y voz gruesa, algo que le atrajo, y es que cuando era una joven de 19 años, su padre la estaba golpeando en la calle, por haberse negado a entregar su cuerpo como pago de una deuda que él había adquirido por juegos de azar, fue entonces cuando este hombre de brazos fuertes y cabello tan rojo como el suyo apareció para rescatarla, creyó que era un caballero de brillante armadura, rescatando a la damisela en apuros, ella jamás había visto que alguien se enfrentara a su padre, quien era uno de los más fuertes en el pueblo, conocido por pelear en todas partes, pero así pasó.

Este joven sumamente apuesto le hizo frente al señor Campbell, además de advertirle que no permitiría que nadie lastimase a la joven, unos meses después se casaron, todo parecía ir bien, con altos y bajos como toda pareja, tanto así que ella no vio lo que era realmente Trevor.

Vivieron felices poco más de 1 año, en una pequeña casa atrás de un hostal, donde Trevor era el encargado de aquel lugar, no tenían grandes lujos, pero tampoco le faltaba nada, él hombre de 21 años, era atento con ella, aunque demandante y sumamente celoso, la joven Vivian tenía que estar siempre en su casa y cuando limpiaba el hostal él la vigilaba, todos en el pueblo sabían que ningún hombre podía hablar con ella, a no ser que quisieran ser golpeados por su esposo, ella no se quejaba, después de todo, creía que era algo normal, su padre tampoco le permitía a su madre hablar con otros hombre, por lo que lo aceptó y simplemente se resignó a esa vida, hasta que ella le informo a su esposo que estaba embarazada.

- Es así amor, estoy esperando a nuestro primer bebé, ¿no estás contento? - pregunto con toda la ilusión que tal noticia le podía dar.

- ¿Contento? ¡¿En qué piensas Vivian?! ¿Acaso podrás atenderme como siempre? ¿O tendré que compartirte con ese niño? - la molestia del pelirrojo era palpable, aun así, Vivian no se pudo quedar en silencio... como siempre.

- Pero... ¿de qué hablas?

- ¡Yo te quiero solo para mí!

Trevor no lo tomó nada bien, y lo que había sido un lecho de rosas o casi, se convirtió en el mismo infierno, ingería alcohol casi a diario, y cada vez que ella se sentía mal, o con alguna molestia y no quería tener relaciones sexuales él explotaba, todo empezó con una bofetada, y fue aumentando, a medida que la barriga de ella crecía, también las golpizas lo hacían, en una de las palizas la ilusión de tener un pequeño niño pelirrojo se desvaneció y fue en ese momento que entre gritos de dolor se llenó de valentía y le pidió el divorcio al hombre que creyó amar, en aquel lugar, en la camilla de ese pequeño hospital y bajo la atenta mirada del médico, que no le creía del todo que se hubiera caído por las escaleras, pero que sin embargo solo le quedaba ser espectador ante la negativa de la pelirroja de denunciar a su esposo.

- No puedes dejarme, juraste amarme hasta la muerte y así será. -fue todo lo que Trevor dijo antes de dejarla sola en aquel frio, pero reconfortante hospital.

Una semana después de volver a su hogar el hombre apareció y se quedó, teniendo la excusa de atender el hostal, mientras la misma discusión se repetía durante dos meses.

- ¡Mataste a nuestro bebé! ¡¿cómo pudiste?! - le recriminaba la pelirroja a la vez que insistía con el divorcio.

- ¡Fue tu culpa mujer! Siempre seremos solos los dos, ¡¿lo entiendes?! ¡No tienes a donde volver, tus padres no quieren verte y esta es mi casa, no me iré! Eres mía, hoy y siempre, ¡solo mía!

Ella prefería vivir en la calle antes que seguir con el responsable de la muerte de su hijo nonato a su lado, pero Trevor no pensaba lo mismo, el hombre jamás dejaría que ella se fuera, él había sido el primero en su cama y pensaba ser el último, jamás la dejaría ir.

Trevor salió una mañana cuando encontró a Vivian armando sus maletas, diciendo que iría a arreglar todo para divorciarse, que le dejaría la casa y ella... le creyó, era tan inocente, creía que, si ella no mentía, nadie lo haría. pero cuando él volvió el alcohol se olía desde la habitación, donde Vivian trataba de mantener la calma, ella estaba segura de lo que pasaría, si lo enfrentaba en ese estado, Trevor la golpearía y ya tenía suficiente con el dolor en su corazón, como para soportar el dolor que los golpes del hombre le causarían.

Grande fue su sorpresa cuando su esposo entró en la habitación con rosas, un enorme ramo, jamás había tenido esas atenciones, ni siquiera la primera vez que la golpeo, lloró e imploró su perdón, a tal punto que la joven Vivian pensó que si no lo contradecía nada pasaría, accedió a dormir con él, con la esperanza de escapar en la mañana.

En el momento que estaban haciendo el amor, sus lágrimas caían, ella pensaba que aún lo amaba, ¿cómo no hacerlo? él la salvó de su padre y comenzó a pensar que quizás si le daba otra oportunidad, él pudiera cambiar, si ella le mostraba cuanto lo amaba, pero la muerte de su hijo aún le dolía demasiado.

"Quizás, estaba asustado, el hostal no está dejando muchas ganancias, quizás más adelante, podamos formar una familia y todo estará bien como antes"

Pero tarde se dio cuenta que un monstruo no cambia jamás, en el momento que Trevor vio las lágrimas en su rostro la ira se apoderó de él, y selló el fin de ella.

Este hombre sin corazón, ni alma, jamás pensó que esas lágrimas eran porque su esposa quería volver a lo que eran en un principio, ese anhelo de retroceder el tiempo, de buscar un poco de amor y protección en aquel hombre corpulento, no, él creyó que lloraba porque no quería tener relaciones sexuales con él, y eso era algo que no podía tolerar.

Vivian se encontró tratando de gritar para pedir ayuda, pero él apretaba con tanta fuerza su cuello que ni siquiera el aire de sus pulmones podía salir, se escuchó un sonido, de algo rompiéndose, los ojos como Vivian Campbell vieron el rostro de su esposo por última vez, quien la observaba con furia, espero no ver nada más que oscuridad, pero no paso, ella estaba sesgada por la luz, y algo suave que la envolvía, oía a un bebé llorar y por un momento su corazón latió con fuerza, pensó que era su hijo y que ella estaba en el tan nombrado paraíso, pero luego su vista se agudizó, se dio cuenta que estaba flotando o mejor dicho que era llevada por un remolino de viento y que el llanto era de ella.

- ¿Por qué Trevor? ¡¿Por qué no me dejaste ir?! - grito llena de dolor y rencor regresando al presente.

Cuando Calíope gritaba de esa manera su garganta dolía, pero más dolía su corazón, ese que hubiera entregado sin pensarlo por ver, aunque sea una vez el rostro de su hijo.

- No busques respuestas que jamás podrás tener. - la hermana Josefina sabía que hombres como Trevor no necesitaban un motivo para apagar una vida y es que tampoco existe un motivo para hacerlo.

Cali, como le decían sus seres queridos, giro al escuchar la voz de la mujer que la recibió en esta nueva vida.

- Hermana Josefina, ¿Cómo sabía que estaba aquí? - pregunto más relajada.

- El viento corre fuerte, solo lo seguí. - explico con una suave sonrisa adornando su rostro.

- Lo lamento.

- No lo hagas, solo trata de controlar tú poder, quizás un poco más suave, las plantas necesitan tú brisa para reproducirse, así que no te detengas, mi pequeña Calíope, aún recuerdo el día que llegaste a mí, tus ojos estaban tan abiertos, pero a pesar del miedo podía ver dulzura en ellos, y ese color miel que combina tan bien con tú cabello, eres hermosa. - dijo al tiempo que acomodaba un mechón del largo y rojo cabello de la joven tras su oreja.

- Gracias hermana. - respondió apenada, por el alago recibido.

- Hoy por ser tu cumpleaños te daré a elegir.

- ¿Qué cosa?

- Saber dónde está y que hace el viudo de Viviana Campbell o si tus padres preguntaron por ti alguna vez. - era tentadora la oferta que le hacia la mujer que la crio, pero Calíope solo quería saber una cosa de su pasado, solo una. Lo demás no le importaba.

- Me gustaría saber...mi hijo, ¿él renacerá algún día? - pregunto sintiendo aun el típico dolor en su corazón, ese que aparecía al recordar como su bebé se movía en su vientre, el niño que ella no pudo proteger.

La mujer ya mayor la vio con gran empatía, pero no podía responder eso. Aun viendo el brillo en los ojos de la joven que ella crio como a una hija.

-... Trevor Murphy sigue viviendo en el mismo lugar, jamás se volvió a casar. - dijo con seriedad y acto seguido tuvo que mirar a otro lado.

Calíope, sin embargó clavo sus ojos color miel en ella, la mujer que quería como una verdadera madre, sin entender porque no respondió su pregunta, y Josefina se sentía apenada, por no poder responder lo que más deseaba saber la pelirroja, pero ¿Qué otra cosa podía hacer?, su hijo estaba esperando por renacer, pero había un problema, la esencia de Trevor había sido retirada del pobre bebé no nato, ya que ese hombre no merecía seguir existiendo y menos su esencia, por lo que solo quedo con la esencia de Calíope, si ella decidiera quedarse como humana y si se enamoraba nuevamente, su bebé renacerá, su esencia y la de un nuevo padre formarán esa vida, pero si decidía ser un hada, su bebé nonato se convertirá en una estrella más en el cielo, para iluminar la oscuridad del espacio y así aliviar los corazones de quienes están triste.

Josefina no podía intervenir en la decisión de Calíope, esa era la realidad.

- Vamos, en un rato vendrán los señores Romanov por ustedes. - hablo rompiendo el pesado silencio que se había producido en aquella colina.

- ¿Son los que quieren nuestra ayuda? - pregunto curiosa como siempre.

- Si, quieren ayuda con sus hijos.

- ¿Seremos niñeras? - pregunto con una gran sonrisa la pelirroja. Los niños le encantaban.

- No te ilusiones, el menor de sus hijos tiene 19 años.

- ¿Seremos sirvientas?

- Algo parecido, serán sus consciencias por decirlo de algún modo.

Calíope estaba entusiasmada, ella era una persona vivaz, responsable y habladora. Solo quería cumplir con su última prueba y conseguir sus alas, solo así podría ver a las demás hadas, vivir en el bosque, recorrer el mundo en una brisa siendo invisible a los ojos humanos, vivir para siempre junto a sus amigas.

Pero nadie manda en el amor, ¿verdad? Y hay decisiones que solo se toman con el corazón. Y Calíope pronto lo descubriría.

YANNICK:

Yannick Romanov se movía para un lado y otro en la sala de su mansión, era uno de sus lugares favoritos, desde aquel sitio podía observar casi todo, y es que él es una persona sumamente controladora, se sentía ansioso, no le gustaban las sorpresas, aunque llegado el caso es ecuánime , mantiene su mente fría, es pasivo y confiables, pero son por todas estas razones que se lleva mal con sus hermanos, lo subestiman, creen que es débil, no entienden que necesita ser controlador para poder resolver más fácilmente cualquier problema, él es el encargado de toda la parte textil que maneja su familia, mientras sus hermanos lo consideran un traidor, ya que nunca se pone del lado de la misma persona dos veces, lo que no comprenden es que él es una persona justa y por eso su criterio estará con quien tiene la razón y no con el que hable o actúe primero.

Para él, lo que dicte su corazón no importa, solo le hace caso a su cabeza, y es que la última vez que obedeció a su corazón, este resultó herido, pero las personas pueden cambian, ¿verdad?

Tomo la foto una vez más y la observa. Era la joven que le designaron sus padres.

"Tan pálida, bueno un punto a mi favor, si su piel es delicada le debe gustar estar encerrada, y un punto en contra para ti rubia y es que conmigo te vas a aburrir muchísimo, espero que seas silenciosa, no me gustan las charlatanas. Solo paz y tranquilidad. Eso es lo mío."

Sus padres le designaron a Indivar como su asistente personal, pero en poco tiempo descubrirá que es a Calíope quien quiere a su lado.

Apenas vio la limusina detenerse se puso de pie, se miró una vez al espejo para comprobar que su aspecto era impecable, como siempre, y quedo a la espera de que las intrusas y desde hoy asistentes personales crucen la puerta.

Yannick no es un hombre vanidoso ni mucho menos, a pesar de cuidar su cuerpo, y que sea una masa de músculos no le gusta estar luciéndolo como los demás, le molesta recibir las bromas de sus hermanos por tener el cabello color castaño oscuro rizado y la piel color crema como su difunta abuela, y a pesar de que son todos altos él está seguro que ante una verdadera pelea ganaría, y es que estos hermanos se ven más como rivales y enemigos que como familia.

"Me pregunto ¿Cuánto tardarán esos idiotas en venir a presentarse? ¿o será que son tan tontos que preferir ser desheredados antes de aceptar a una niña al lado por un año?"

El corazón de este hombre de 23 años rara vez se había conmovido por alguna mujer, creía que no las necesitaba, eran seres ruidosos y con humor cambiante, un problema que él no quería tener, otra vez, luego de su experiencia con Erika, una mujer sumamente tóxica, ya no quería saber nada con el amor, pero ya saben, una vez que el corazón late con fuerza, ya nada lo puede detener.

Capítulo 3 Esperanza.

Indivar se encontraba nadando en el río, el mismo donde había surgido hacia 18 años, el que la trajo a este lugar dándole una segunda oportunidad, el agua estaba templada y ella sumamente relajada, sin embargo dejó de moverse al escuchar un sonido raro, comenzó a mirar a todas partes y vio cómo un pequeño ciervo se estaba ahogando, rápidamente con un movimiento de manos, abrió las aguas, dejando un camino para que saliera de aquel lugar el pequeño animal y por un momento se perdió en su memoria.

"Sé muy bien, la desesperación que se siente al morir de esa forma, hoy la suerte estaba de tu lado pequeño."

Amelia Fabel, ese era su nombre hace 18 años atrás, hoy cumplía exactamente dos vidas, y es que esa misma edad tenía cuando su mejor amigo y a quien ella amaba con el corazón la asesinó, terminó con su vida, como quien mata a un insecto.

Cedrik Fischer, había sido su amigo desde el preescolar, ella se enamoró de él a medida que crecían, pero luego con el paso del tiempo fueron tomando caminos diferentes, él era un joven apuesto alto, adinerado como nadie en el pueblo y obviamente deportista, sumamente atlético , ella sin embargo, era la hija de una mujer casi indigente y enferma, su padre había muerto en la guerra y la pensión que le daban solo cubría los gasto de la medicación de su madre, por lo que ella trabajaba en una cafetería, fue el blanco de todos en la secundaria, por su forma humilde de vestir y sus rasgos albinos, eso provocó que su gran amigo y el que ella creía que era su gran amor Cedrik Fischer, se alejara, aun así se veían algunas veces y la joven se sentía la muchacha con mayor suerte del mundo por hablar con él. Era tan ilusa.

- Eres muy linda, tu piel es tan blanca como la nieve. - Este joven ocultaba bajo halagos, sus fantasías con la joven.

- Gracias, aunque no entiendo porque siempre dices cosas tan bonitas y luego... me ignoras.

- Debes entender tengo una reputación que cuidar, pero cuando el colegio termine iré a la universidad y volveré por ti.

- ¿Por mí?

- Serás mi esposa, lo juro.

El corazón de la joven parecía que iba a salir de su cuerpo, mientras sus mejillas adquirían un color rojo carmesí, no podía creer que su sueño se hiciera realidad. No tenía como saber la clase de monstruo que era aquel rubio.

- Ven déjame ver algo. - dijo de forma coqueta el joven.

- ¿El qué? - Cedrik se acercó y la besó, ella estaba extasiada, pero cuando él descendió con la boca por su cuello la mordió y Amelia retrocedió.

- Eso duele... ¿Qué haces? – dijo con voz quejumbrosa. Ese fue su primer beso, el sabor dulce rápidamente fue sustituido por la amargura del dolor.

- Veo como mi boca puede marcar tu hermosa piel. - Este joven, desde sus inicios en la vida sexual demostró ser un sádico, claro que la pobre Amalia no lo sabía. Y aunque lo hubiera sabido, poco podía hacer ante semejante adolescente, él la superaba en altura, peso y por supuesto fuerza.

- ¿Qué le diré a mi mamá ahora? - La rubia se preocupó y con razón, al ver la marca que su amigo le había dejado en el cuello.

- Tranquila, solo cúbrete con un pañuelo o algo.

Así Cedrik la fue engatusando, hasta convencerla en ir al lago que se encontraba en medio del bosque y que en esa época estaba casi congelado.

- ¿Qué hacemos aquí? estamos muy lejos del pueblo. - Pregunto con preocupación y es que cada vez que estaban solos, el joven dejaba alguna marca en ella, por cada beso una mordida era dada.

- ¿Acaso tienes miedo?, somos mejores amigos de toda la vida. Jamás te lastimaría. – mintió con descaro y experiencia.

- ¿Mejores amigos? - en ese momento Amelia tendría que a ver sabido que todas las promesas eran falsas, pero era apenas una joven de 18 años, llena de sueños e ilusiones. Demasiado inocente, para un mundo con tanta maldad.

- ¿Por qué pones esa cara de tristeza? - preguntó Cedrik con molestia.

- No, no es nada, solo que debo volver para darle la medicina a mamá.

- ¿Es eso o es que quieres ser mi novia? - sabia como jugar con la joven, era lo que más disfrutaba, manipularla, creyendo que así podría convencerla de todo.

-Tú... tú... ¿Quieres ser mi novio? - dijo con sorpresa en cada palabra.

- Claro que quiero ser tu novio, copo de nieve, es solo que...

- ¡¿Que?! - La joven no controlaba sus nervios, sentía que su sueño se hacía realidad, es verdad que Cedrik la molestaba en el colegio y muchas veces se burlaba de ella, pero él siempre la convencía de que lo hacía solo para estar cerca de ella sin que nadie se burlara de él.

Si tan sólo alguno de los cuentos de princesas que leía de pequeña le hubiera prevenido de que los monstruos también pueden ser atractivos por fuera, quizás su final hubiera sido otro.

- Veo que estás ansiosa por ser mi novia, pero hay un problema, yo no salgo con vírgenes.

Las lágrimas de Amelia caían y le hacían doler la delicada piel de su rostro, del mismo frío que hacía, ese que era un aviso de que no debía estar allí.

- Hey tranquila, no llores, eso es algo que tiene arreglo. - dijo con una sonrisa que no presagiaba nada bueno.

- ¿A qué te refieres?

- Veras... ¿recuerdas el otro día que te lleve a la oficina de mi papá?

- Si, cuando dijiste que me conseguiría trabajo, pero no sucedió.

- ¿Por qué te tienes que quejar de todo?, cuando nos casemos espero que cambie eso en ti.

- ¿Casarnos? - Amalia era tan ingenua que con disimulo se pellizco la mano, para saber si estaba soñando. Sin darse cuenta que la pesadilla estaba por comenzar.

- Sí, te juro que nos desposaremos, pero antes debes dejar de ser virgen, y se cómo solucionar eso.

- No entiendo Cedrik, habla claro. - El brillo que tenía su amigo en los ojos no le gustaba nada, y estaba nerviosa por la hora, su madre estaba en cama y necesitaba de ella para darle la medicina.

- Ese día que fuimos a la oficina había un hombre con mi padre, ¿lo recuerdas? es el encargado de la universidad a la que iré, si todo sale bien. – y él haría todo lo que estuviera a su alcance para que así fuera.

- Recuerdo al hombre, uno gordo y calvo, no me gustó como me miraba, me hacía sentir incómoda. – dijo mientras tembló y no era por el frio esta vez.

- Que mal, porque él dijo que me recibirán si tú tienes sexo con él. – soltó sin mayor preámbulo, ya tenía todo ideado en su mente retorcida, Amalia no tenía que decidir nada, Cedrik solo se lo estaba informando.

- ¿Que? Eso no, nunca.

- ¿Acaso no me amas?

- Te amo, con todo mi corazón, pero yo no puedo hacer eso. - Y era verdad, por más amor que sintiera por Cedrik ella jamás se entregaría a un hombre que ella no amara.

- Que mal por ti.

Fue lo único que Amelia escuchó, y sintió que su gran amigo y amor platónico la pinchó en el cuello con algo, de inmediato se sintió cansada y aunque no perdió la consciencia no era capaz de decir nada, ni de moverse por sí sola, el joven de 19 años la apoyó en él y la guio a una cabaña cercana al lago, donde no solo estaba el hombre gordo que Amelia recordaba, también estaba el padre de su amigo.

Primero el director de la universidad la violó, luego el padre de Cedrik, con eso se aseguraba de tener un pacto de silencio eterno.

Los hombres se fueron dándole algunas indicaciones al joven y dejando dinero, después de todo el padre del muchacho estaba creído que la joven lo hizo voluntariamente, que solo era otra amiga drogadicta de su hijo.

Cuando ambos jóvenes quedaron solos, Cedrik no pudo resistir la oportunidad de estar con ella, al fin de cuentas siempre le gustó, pero era la don nadie del colegio, jamás tendría algo serio con ella, la penetro de todas las formas imaginables y no contento con eso dejo salir al animal que era, le mordió los pechos de tal forma que casi le arranco un pezón, él disfrutaba como su piel se teñía de ese color rojo, estaba envuelto en un frenesí de locura y excitación, producto de lo que había consumido unos minutos antes.

Amelia comenzó a salir de su letargo y una señal de eso fueron sus gritos, aunque aún no tenía fuerzas para defenderse.

- ¡¿Por qué?! ¡Déjame! ¡MAMÁ AYUDAME!

Ese grito se sintió tan desgarrador que Cedrik se detuvo y por un momento fue consciente de lo que había hecho, ¿Cómo lo explicaría?

Una cosa era drogarla y violarla, si ella fuera a hacer alguna denuncia él lo podía desmentir, total estaba drogada no habrían indicios de resistencia, el presidente de la universidad usó preservativo y su padre también, pero él... la dejo marcada de pies a cabeza, por lo que solo tenía una solución, y dejo salir su lado aún más oscuro, aprovechando lo alejado del lugar, la llevo así, completamente desnuda al lago, realizó cortes en el cuerpo de Amelia para disimular sus mordiscos, ella trataba de defenderse sin éxito alguno, estaba muy débil y adolorida, pero no quería morir, no aún, debía cuidar a su madre , pero Cedrik ya había decidido su final, la arrastró hasta el centro del lago congelado, cuando este comenzó a romperse en la superficie la empujó, Amelia quería salir a flote pero entre las heridas y la droga no pudo hacer nada más que ver el rostro del que fue su único amigo, y a quien ella creía amar con el corazón, quien la observaba como si estuviera viendo una roca hundirse, sus pulmones dolían cuando el agua fría comenzó a entrar en ellos, y su cuerpo sufría del frío extremo , de pronto una luz remplazó la cara de Cedrik. Como si el sol mismo la hubiera segado. Fue en ese momento que vio a una mujer tomarla en brazos. Amelia había muerto y nacía Indivar.

- ¡Te amaba con todo el corazón! ¡confié en ti!

Grito con enfado al recordar todo aquello y el río se congeló al instante, el frío ya no le hacía nada, ella lo toleraba, porque ella misma era agua, tranquila y tropical, gélida y glacial.

- Puedes ser el Lago tranquilo, o el tsunami más grande jamás visto. - Escucho que le hablaban a su espalda.

- Hermana María, no fue mi intención. - reconoció apenada por su desborde de rabia y poder.

- En ese caso, te recuerdo que estamos en primavera. - Respondió sonriéndole la mujer que la crio en esta nueva vida. Indivar descongelo el agua de la misma forma que la había congelado, solo con la mente.

- Estabas tan helada cuando te tomé en mis brazos, con esos ojos celestes tan únicos, Indivar te bautice, un nombre único, para una niña única, puedes preguntar eso que congela tú corazón, hoy es tu cumpleaños responderé lo que quieras saber. - dijo la mujer al tiempo que la veía salir del rio.

- ¿Era amor lo que sentía por Cedrik? ¿O solo fue el anhelo a que volvamos a ser tan cercanos como cuando éramos niños?

-.... Tú madre murió el día que encontraron tú cuerpo, cuando comenzó la primavera, no soporto tú pérdida. – respondió al tiempo que se daba la vuelta para evitar ver el rostro de la niña que tanto quería.

En ese momento la lluvia comenzó a caer, tan fuerte y tan fría que parecía que era invierno. Era el dolor del hada del agua cubriendo a todos.

- Recuerda que tú padre la esperaba, ellos se amaban y se reencontraron, ahora ya no hay dolor, saben que estas bien. - la reconforto, conocía muy bien el dolor que la joven sentía.

Y así tan rápido como comenzó la lluvia se detuvo, y es que cuando Indivar lloraba, el cielo también lo hacía.

La hermana María estaba en un dilema, si ella le hubiera respondido que eso no era amor, sino costumbre y cariño al recuerdo de un niño que fue bueno con ella, podría cambiar la decisión que tomara la joven en el futuro, por lo que decidió responder a la segunda pregunta que perturbaba a Indivar.

- Vamos, los señores Romanov no tardarán en llegar.

- ¿Qué es lo que haremos para ellos?

- Buscan ayuda para sus hijos.

- ¿Qué clase de ayuda?

- Una voz de esperanza.

Indivar salió del agua, tratando de prepararse antes de ver a sus "jefes" y es que ella es muy precavida, cuidadosa y pacífica, solo deseaba que el año pase rápido, hacer bien su trabajo y obtener sus alas, para poder vivir por siempre, cuidando de todos, como lo hacía con su madre.

KILIAN

Kilian Romanov el joven alto rubio de ojos claros, se miraba una y otra vez en el espejo ya que era un poco narcisista, era un Líder nato, salidor y despreocupado, por lo que se había olvidado que hoy llegaban las niñas que serían sus asistentes, el joven que por lo general era un bonachón, tenía su concentración en otra cosa.

"Teresa amor, definitivamente tienes el novio más apuesto del planeta."

La mente del joven de 21 años dejaba de trabajar cuando pensaba en su novia, una joven morena despampanante, sumamente celosa, pero él la entendía, después de todo tenía el novio que cualquier mujer quisiera tener.

Los hermanos Romanov discutían casi a diario, el problema con el joven rubio quien era encargado de la parte de joyería de la familia, era que muchas veces descuidaba su trabajo por consentir a Teresa, lo que ella quería él lo hacía. Tenía la esperanza de poder convencerla para que se casaran, creía estar enamorado.

- ¡Kilian, recuerda que las asistentes están por llegar, debemos bajar! - La voz de su hermano menor le hizo recordar el pequeño detalle.

"Maldición".

Tomo el teléfono y llamo a su novia.

- Cariño, ¿Cómo está mi princesa? - pregunto con miel en la voz.

- Terminando de arreglarme, ¿tú? Me imagino que vienes en camino. - Más que una pregunta era una orden, así era Teresa.

- Lo siento cariño, me olvide por completo que tengo un asunto que arreglar. - dijo preparándose para la tormenta que se avecinaba.

- ¡NI SE TE OCURRA DEJARME PLANTADA! - grito con ímpetu casi dejando sordo al rubio.

- Lo lamento amor, pero si no soluciono esto mis padres me dejaran en la calle y esta vez es en serio, firmamos los documentos ayer. - La línea quedó en silencio por unos largos minutos, y es que esta mujer no solo estaba con Kilian por su belleza, sino por su fortuna. Para ella la palabra amor no existía, solo el dinero y poder importaban.

- Bien cariño, lo entiendo, nos vemos mañana, y espero ser recompensada por esto. - dijo con voz reconciliatoria.

- Claro que sí amor, te regalar el mejor anillo.

- ¿Un anillo?, llevo tres horas arreglándome, que sea una gargantilla y pendientes. - pidió sin vergüenza alguna.

- Lo que tú pidas cielo. - La joven colgó sin siquiera despedirse y Kilian procedió a tomar la foto de su nueva asistente.

"Melania, ¿Qué clase de nombre es ese? En fin, bajemos a conocer a la pequeña, espero que me sea fácil deshacerme de ella."

Claro que Kilian no podía tener a su lado a una joven siguiéndolo en todo momento, su novia Teresa era sumamente celosa, por lo que pensó en convencer a la joven ofreciéndole el doble de dinero que le darían sus padres a cambio de que solo se limitara a estar en esa casa un año, mientras él continuaba con su rutina, después de todo, nadie lo delataría, no habrían empleados ni nadie a su alrededor, solo ellos ocho conviviendo durante un año, ¿Qué podría salir mal?, el pobre Kilian no tenía en cuenta que Melania sería sustituida por Indivar, y su mundo cambiaría para siempre. Aun sin saber lo que sucedería, bajo conservando la esperanza de deshacerse de la joven.

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