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Renacer

Renacer

Autor: : Katiuska Briceño
Género: Romance
Mi vida era feliz, tenía el novio perfecto, pero todo cambió el día de mi boda, el muy desgraciado se atrevió a dejarme plantada... sí, señores, quedé como una idiota delante de miles de personas, mientras la prensa grababa en vivo la humillación que pase. Pero eso no fue lo peor... toque fondo cuando me enteré de que estaba embarazada del hombre que me plantó en el altar. Me toco huir y dejar todo atrás, ¡Renaceré de las cenizas y lo haré pagar, eso lo juro! Pero al regresar un CEO se encariña con su hija y se empeña en defenderla, aun cuando ella no quiere, él la ayudara a conservar la custodia de su hija.

Capítulo 1 La boda

¡Buenos días, hija! Debes levantarte, que hoy es el gran día.

-¡Buenos días, mami!

-¿Cómo amaneciste?

-¡Muy emocionada, pensé que este día nunca llegaría!

-Ja, ja, ja, madre, por supuesto que me casaría, pero antes era un futuro muy lejano; iré a darme una ducha.

-Subiré tu desayuno, pues no tardan en llegar los estilistas.

-Me doy una larga ducha, al terminar me coloco mi bata de baño y voy a mi peinadora para hidratar mi piel; mi madre ha colocado el desayuno en la terraza de mi habitación. Hoy el día está hermoso, me matan los nervios, pero ella dice que es normal. ¿Cómo estará Alexander? Seguro su madre está supervisando cada pequeño detalle para que todo salga perfecto.

-¡Buenos días! ¿Cómo amanece la futura novia? -Muy bien, chicas, ¿y ustedes? Las estaba esperando... ¿Quieren comer algo?

-No, cariño, mi tía nos hizo madrugar para que desayunáramos y viniéramos a estar contigo; debo decirte que está como loca dando órdenes. -¡Yo pensé que nos veríamos en la iglesia!

-¡No! El trabajo de las damas de honor es ayudar a la novia a vestirse; no importa que Alexander sea nuestro primo, él podrá arreglárselas solo. -Se pondrá celoso si las escucha.

-Tú te has vuelto nuestra mejor amiga y ahora seremos primas; se debe ir acostumbrando. -¡Mira los diseños de peinado que hemos traído! -Veo las revistas que me muestra Alana y me encantan estos peinados; creo que este me irá bien. ¿Qué te parece, Alana? -¡Sofía, me encanta...! Yo me haré este; nos veremos hermosas. ¡Serás la novia con las damas de honor más hermosas que haya habido en la faz de la Tierra! -Ja, ja, ja, calma un poquito a tu ego, Alana.

-Las tres somos hermosas y eso no lo podemos ocultar... pero hoy es tu gran día, así que debes brillar. Quiero que mi primo se quede con la boca abierta cuando te vea; quién sabe, quizás te secuestra antes de llegar a la fiesta.

-Habla bajito, que si te escucha mi padre le dará un infarto. -Por Dios, se van a casar; es más, llevan cuatro meses de relación, es normal que lo hayan hecho. Sé que eres una niña de tu casa y que mi primo es tu primer novio, pero en algún momento tenía que pasar; es algo natural en una pareja.

-Ja, ja, ja, ¡tú no cambias!

-¡Buenos días, señoritas! Seremos los encargados de embellecerlas aún más para la ocasión.

-¡Buenos días! Muchas gracias, tenemos fotos de los peinados que queremos.

-Qué bueno, me encantan las clientas que saben lo que quieren; no tienen ni idea del miedo que da cuando te dicen: "Hazme lo que tú quieras" y uno está trabajando sin saber si les gustará o no el resultado.

-Sonrió al escuchar la respuesta de las estilistas, comienzan a peinar a las chicas mientras vamos chismeando un poco; luego llega mi turno, así que me mantengo bien juiciosa en mi lugar, veo cómo poco a poco mi cabello va tomando forma, hacen un moño hermoso con algunos mechones por fuera, me encanta... Se ve bastante fresco y natural; me identifica mucho este peinado. Luego pasan al maquillaje y quedé impresionada con el resultado final.

-Listo, señoritas, es hora de irnos. -Muchas gracias, chicas, nos ha encantado su trabajo.

-Mi madre llega para ayudarnos a vestir. Elegí un vestido de corte de sirena y escote de corazón, tiene muchos brillos, es hermoso y sensual... Luego me coloca el velo, me observo en el espejo y siento ganas de llorar, respiro profundo para no arruinar el maquillaje, pero mi madre no me lo pone fácil, ya que ella sí derrama un par de lágrimas.

-Hija, disculpa, estás tan hermosa que no pude sostener mis lágrimas. ¡Serás la novia más bella de todo Miami! Hoy es un día especial; quiero que lo disfrutes tanto como puedas. Me duele mucho verte marchar, pero quiero que sepas que estoy muy orgullosa de ti. Eres humilde, inteligente y valiente; nunca olvides eso. Deseo que seas feliz junto a Alexander. Te amo, hija.

-Hija, ¡qué hermosa estás! -Gracias, papi... gracias a los dos por siempre darme su apoyo y amor incondicional; no me alcanzaría la vida para pagarles todo lo que han hecho por mí.

-Princesa, no tienes nada que agradecer, somos tus padres, es nuestra responsabilidad velar por tu bienestar, ¡eres lo más importante en nuestras vidas! Nuestra princesa, estoy muy orgulloso de ti, te has convertido en toda una mujer, te has graduado con honores y ahora te casarás.

-Gracias, papá, si he logrado todo esto ha sido por ustedes, que son mis pilares.

-¡No puedo creer que hoy te marches de casa, me harás mucha falta!

-¡Papá! No llores, porque yo también lo haré y no quiero arruinar el maquillaje.

-Es cierto, hija, ¡ahora vamos, que hay un hombre esperándote en el altar!

-Sonrió ampliamente, solo de imaginar a Alexander angustiado caminando de un lado a otro.

-Ayudo a mi hija a bajar las escaleras; con cada paso que damos, mi corazón se va partiendo, siento que la estoy perdiendo... es una sensación agridulce, pero el trabajo de padre es apoyarla, aunque yo pienso que está muy joven para casarse; apenas tiene veinte años, pero eso es una decisión que no depende de mí.

-Subimos a la limusina y mi padre comienza a recordar mi niñez mientras vamos en el camino; son unos treinta minutos hasta la iglesia, más o menos, y de allí iremos a la recepción, que será en la casa de mis suegros, la cual está muy cerca de nuestra casa. Pensar que cuatro meses atrás estaba soltera; siempre he sido una chica muy introvertida... me dediqué a estudiar; gracias a eso pude sacar dos carreras. Alexander ha sido mi vecino de toda la vida; nuestros padres son amigos y socios. Hace cuatro meses iniciamos una relación que ha sido muy hermosa; él es un caballero en toda la extensión de la palabra. Hace un mes me pidió matrimonio y yo acepté; su empresa está en expansión y pronto abrirá una sede en Londres, así que decidimos casarnos para irnos juntos. Muchas personas pensaron que era muy pronto para formalizar la relación, pero él es el hombre con el que quiero pasar el resto de mis días, somos del mismo círculo social, tenemos los mismos valores y quiero que él sea el padre de mis hijos.

Capítulo 2 Plantada en el altar

Llegamos a la iglesia y la limusina se estaciona una cuadra antes porque indican que aún el novio no está en su lugar; ese Alexander seguro se retrasó supervisando los arreglos de la fiesta; él es muy obsesivo con el tema de la perfección.

-Amiga, nosotros iremos a la iglesia y así te avisaremos cuando esté todo listo, ¿te parece? -Sí, amigas, acompañen a su primo a su lugar en el altar.

-No me agradó para nada saber que Alexander no se encontraba en el altar esperando a mi hija; creo que es una falta de respeto, pero es algo que también me sorprende, ya que Alexander se destaca por la puntualidad y responsabilidad. Las amigas de mi hija salen y caminan hacia la iglesia. Yo guardo silencio porque no quiero molestar a mi hija; ella se pone a platicar con su madre y los minutos pasan y mi furia va en aumento, aunque trato de disimularlo muy bien; estoy a punto de estallar... No paró de ver mi reloj; han pasado veinte minutos y aún no tenemos noticias.

-Pierdo la noción del tiempo mientras converso con mi madre, pero luego veo a mi padre observando el reloj y comienzo a preocuparme... -Papá, ¿cuánto tiempo llevamos aquí esperando?

-Mi cuerpo se estremece al escuchar la duda de Sofía; esta es la pregunta más difícil que me ha hecho mi hija en toda su vida. Mentirle no tiene sentido, así que observo nuevamente mi reloj y le respondo... -¡Cuarenta minutos!

-¿Tanto tiempo? ¿Los padres de Alex no te han escrito?

-No, hija, les he enviado como diez mensajes, pero nadie responde.

-¡Vamos a la iglesia!

-¡No nos moveremos de aquí, Sofía, hasta confirmar que Alexander se encuentra en el altar...!

-¡No me quedaré aquí esperando, padre! Tuvo que haber sucedido algo; tú sabes muy bien que él es una persona puntual

-¡No dejaré que bajes de este automóvil hasta confirmar que Alexander se encuentra en el altar y esta es mi última palabra! Yo iré a ver qué está sucediendo, así que, por favor, espérame aquí. Bajo del auto y veo a muchas personas aglomeradas afuera de la iglesia y eso llama mi atención; todos deberían estar en sus respectivos asientos esperando a los novios. Veo a la suegra de mi hija y la abordo... ¡Olga! ¿Qué sucede, por qué no ha comenzado la ceremonia?

-¡Ay, David! Lamento mucho decirte esto, pero mi hijo no aparece... Lo hemos buscado por todos los lugares y nada.

-¿Cómo que Alexander no aparece?

-Así como lo escuchas, nos pidió que nos adelantáramos, pero al ver que no llegaba, le hemos estado marcando y nada, su teléfono sale apagado.

-Revisaron el GPS del coche que él traía.

-El automóvil aparece en casa y llamamos a las personas de servicio y dicen que él tomó un taxi.

-¡Olga, espero que esto no sea lo que me estoy imaginando! Porque ¡juro por Dios que si tu hijo deja a mi hija plantada, lo mataré!

-¿No sé qué le sucedió? Todo estaba normal, te lo juro, yo nunca aceptaría que un hijo mío hiciera algo así, mucho menos a Sofía, que la conozco desde niña.

-Pasan veinte minutos más y mi padre no aparece, así que decido bajar, no soporto esta incertidumbre.

-Hija, tenemos que obedecer a tu padre; mejor esperemos, él sabe lo que es mejor para ti.

-No, madre, ¡yo soy la novia y si algo está sucediendo, tengo todo el derecho de saberlo! Así que vamos.

-Acompaño a mi hija, pero voy con el corazón en la mano, presiento que algo malo ha sucedido; todas las personas se quedan observándonos, es extraño ver a una mujer vestida de novia caminando una cuadra antes de la iglesia. Cada vez nos acercamos más y podemos ver la multitud de personas que están aglomeradas fuera de la iglesia. Eso es algo que llama mucho la atención porque todos deberían estar en sus lugares. ¡Dios mío, que no haya ocurrido nada malo! Tomo la mano de mi hija y nos acercamos hasta donde está mi esposo y la familia de Alexander. ¿Qué sucede aquí? ¿Dónde está Alexander? ¿Por qué no están todos dentro de la iglesia esperándonos?

-Suegra, necesito saber, ¿qué pasó con su hijo?

-¡Ay, Sofí, cómo te digo esto sin partirte el corazón! Mi hijo no aparece, lo hemos rastreado y buscado por todas partes, su teléfono está apagado y las personas de servicio indican que no tomó el auto en el que debía venir, sino que tomó un taxi. Hija, te juro que nosotros no teníamos idea de lo que él pensaba hacer. Fuimos ingenuos, él nos pidió que nos adelantáramos a la iglesia y así lo hicimos, pero no teníamos idea de que él fuera capaz de plantarte en el altar... Te juro que no sé qué más hacer; se me cae la cara de vergüenza con ustedes.

-Suegra, ¡usted debe estar equivocada! Seguro hay un error. ¡Alexander nunca me plantaría! Estoy segura, lo conozco, debe haber algún inconveniente con los arreglos de la fiesta; él es perfeccionista, eso es lo que sucedió.

-¡Hija, ya ha pasado más de una hora desde que Alexander desapareció y eso solo tiene esa explicación!

-No, no, ¡ustedes están equivocados, él debe estar por aquí! A lo mejor está dentro de la iglesia y todos afuera... Me desespero, volteo a todos lados tratando de encontrarlo entre la multitud, luego corro adentro de la iglesia, llego al altar y no veo a nadie. No hay rastro de Alexander. No, por Dios, ¡esto no puede ser, él no me pudo haber plantado! Esto no está sucediendo; salgo corriendo afuera otra vez, ¿no sé qué está pasando? Hay muchas personas, mucho ruido, todos tratan de acercarse, los periodistas no dejan de tomar fotos, los flashes me ciegan, ¡necesito ir a su casa!

Capítulo 3 Su casa

Hija, vámonos de aquí... todos te están viendo, ¡hija, esto es una humillación, vamos a casa, entiéndelo, él te abandonó, Sofía!

-¡No, papá, yo sé que no me abandonó, él me ama! ¡Yo conozco a Alexander, vamos a su casa! Por favor, necesito ir, seguro le pasó algo, papá, vamos, por favor, papá... ¡Te lo pido, llévame!

-Mierda, no sé cómo lidiar con esto. Mi hija está como en estado de shock y de desespero total; no me queda más que acceder, así que subimos nuevamente a la limusina y vamos a la casa de Alexander. Su madre nos acompaña, ella se encuentra llorando y nosotros confundidos y aterrados.

-Olga, no llores, yo sé que algo le pasó a Alexander, él no sería capaz de hacerme esto... no sería capaz de abandonarme. Tranquila, debe haber una explicación; a lo mejor le sucedió algo, seguro se siente mal. Ya verás que lo conseguiremos en casa. Tomo la mano de mi suegra para calmarla; me molesta que ellos no crean en él. ¡Por Dios, ellos lo conocen, es la persona más responsable y amable de este mundo, no sería capaz de lastimar a nadie!

Por fin estamos llegando, las puertas se abren... Bajo corriendo y comienzo a revisar el jardín donde está todo decorado y nada, no lo encuentro, voy revisando cada rincón de la casa, mientras los demás me siguen. ¡Alexander, Alexander! Mi amor, ¿qué pasa? ¡Estoy aquí! ¿Te sientes mal, cariño? Responde: Dime, ¿dónde estás?

Nada, no hay respuesta, cada puerta que abro va matando mis esperanzas, mis lágrimas comienzan a salir; el último lugar que me queda por verificar es su habitación, así que subo corriendo al segundo piso. Abro la puerta y nada, está vacía, él no se encuentra, pero lo peor no es eso, sino ver su traje de boda en la cama. Reviso el baño y está vacío; luego voy a su clóset, todo está intacto, así que ahora lo entiendo: ¡Solo hay una explicación, me abandonó, me plantó en el altar!

Alexander, el hombre que pensé que conocía desde niña, el hombre que amo, al que le entregué todo, el hombre que elegí para pasar el resto de mi vida, ese que sería el padre de mis hijos. ¡Me abandonó delante de miles de personas, me dejó plantada en el altar el muy cobarde! Esperó hasta este día para huir... Observo todo lo que hay en la habitación y siento como todo comienza a darme vueltas.

¡Ahh! No, ¿díganme que esto es mentira? ¡No me puede estar pasando a mí! Tomo el traje de su cama y lo tiro al suelo; luego salgo corriendo por las escaleras y voy al jardín, donde sería la recepción. Empiezo a lanzar todo: las mesas, manteles, arreglos; también a destrozar las flores, ¡no, maldita sea! No, ¡esto no me puede estar sucediendo a mí! ¡Alexander no pudo hacerme esto! Maldita sea, ¿cómo pudiste? ¡Dios mío, necesito una explicación! Tiré todo, no me importaba nada, partí las copas, vasos y las botellas de champaña. Todo lo lancé al piso, tenía un ataque de ira; mi padre trataba de agarrarme, pero no podía conmigo, no sé de dónde saqué tanta fuerza. Quería deshacerme de todo, ¡quería que todo fuera una maldita pesadilla! ¡Quería olvidarme de este maldito lugar, de este maldito momento! ¡Dios, no puedo con esto!

-Mi hija estaba fuera de sí, destrozaba todo lo que conseguía a su paso. La madre de Alexander y mi esposa estaban llorando, observando el panorama; yo no sabía qué hacer, no sabía si llorar, gritar o tomar a mi hija; algo dentro de mí me decía que la detuviera y otra parte me decía que ella necesitaba esto. ¡Necesitaba entender que realmente él la había plantado! Traté de sujetarla muchas veces, pero tenía mucha fuerza; luego tomó un cuchillo y comenzó a romper una escultura de hielo de ellos dos que había en el patio. Clavaba el cuchillo con tanta fuerza que temía que se fuera a hacer daño.

Mientras gritaba y lloraba, eso me desgarró el alma... no podía ver más a mi hija así, les juro que no, no sé con qué fuerza logró dañar parte de la escultura, así como también logró tirarla al piso. Se escuchó un sonido ensordecedor; eso la hizo volver en sí porque cayó al piso y empezó a rasgar el velo, se quitó los tacones, tiró el anillo de compromiso. Tomó el borde de su vestido tratando de romperlo; lo jalaba tan fuerte que comenzó a hacerlo tiras, pero yo no permitiría que el cuerpo de mi hija quedara expuesto ante tantas personas... ¿No sé en qué momento llegó toda esta gente? Pero lo peor de todo es que también estaban los periodistas grabando todo lo que estaba sucediendo; estas personas no tienen escrúpulos. Me quité el saco, se lo coloqué a mi hija por encima de los hombros y la abracé fuerte; al principio se resistió, pero poco a poco se fue relajando, así que la cargué y salí del lugar.

Solo cuando la pude subir a la limusina, respiré; ella se aferraba tan fuerte a mí, como pidiéndome que no la abandonara. ¿Cómo podría yo abandonar a mi princesa? Nunca en la vida lo haría. mi esposa se recostó en mi brazo y comenzó a llorar. Le hice señas al chofer para que avanzara y estuve ahí aferrándola a mi pecho en todo momento para que sintiera que su padre siempre iba a ser su lugar seguro, su refugio, el hombre que nunca la abandonaría.

-Papá, dime que esto no me está sucediendo. ¡Papi, por favor, papito! Dime que esto es una pesadilla. ¡Papito, por favor, despiértame!

-Trataba de retener mis lágrimas; la entrada de nuestra casa estaba abarrotada de periodistas, pero logramos entrar. Saqué a mi hija cargada y la llevé a su habitación; por fin todos nos sentimos seguros. Ahí, en ese pequeño instante, me permití romperme y mostrarle a mi hija cuánto me dolía lo que le habían hecho.

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