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Renacer Después del Dolor

Renacer Después del Dolor

Autor: : Miranda Snow
Género: Romance
Mi esposo, Mateo Rojas, era un hombre frío y distante. Decía amarme, pero sus acciones demostraban que su verdadero amor siempre fue Sofía del Valle, su exnovia. Un día, después de dos años soportando su desprecio y humillación pública, decidí que era suficiente. Mi "matrimonio" había sido una farsa, un mero contrato de conveniencia para Mateo, mientras yo solo quería una cosa de él: un hijo. Cuando las dos líenas rojas aparecieron en la prueba de embarazo, supe que mi plan había salido a la perfección. Ya no lo necesitaba, y ese mismo día, llamé a mi abogada para iniciar los trámites de divorcio. Pero el destino tenía otros planes: Sofía apareció en la fiesta de beneficencia y me tendió una trampa. Mateo me empujó por las escaleras, y fue así cómo se enteró de mi embarazo. Para mi sorpresa, se mostró arrepentido, pero mi decisión estaba tomada: me iría de su lado para siempre. Él no cedió, no firmó los papeles de divorcio, incluso se negaba a dejarme ir. Fui persistente. Manipulé la cláusula de un acuerdo posnupcial para que mi abogada pudiera firmar por él si se negaba. Ahora, con mi exesposo y Sofía muertos; y yo divorciada y con un bebé en camino, ¿qué pasará? ¿Podré, por fin, ser feliz?

Introducción

Mi esposo, Mateo Rojas, era un hombre frío y distante. Decía amarme, pero sus acciones demostraban que su verdadero amor siempre fue Sofía del Valle, su exnovia.

Un día, después de dos años soportando su desprecio y humillación pública, decidí que era suficiente. Mi "matrimonio" había sido una farsa, un mero contrato de conveniencia para Mateo, mientras yo solo quería una cosa de él: un hijo.

Cuando las dos líenas rojas aparecieron en la prueba de embarazo, supe que mi plan había salido a la perfección. Ya no lo necesitaba, y ese mismo día, llamé a mi abogada para iniciar los trámites de divorcio.

Pero el destino tenía otros planes: Sofía apareció en la fiesta de beneficencia y me tendió una trampa. Mateo me empujó por las escaleras, y fue así cómo se enteró de mi embarazo. Para mi sorpresa, se mostró arrepentido, pero mi decisión estaba tomada: me iría de su lado para siempre.

Él no cedió, no firmó los papeles de divorcio, incluso se negaba a dejarme ir. Fui persistente. Manipulé la cláusula de un acuerdo posnupcial para que mi abogada pudiera firmar por él si se negaba.

Ahora, con mi exesposo y Sofía muertos; y yo divorciada y con un bebé en camino, ¿qué pasará? ¿Podré, por fin, ser feliz?

Capítulo 1

Ximena Rojas miró la prueba de embarazo, las dos líneas rojas eran claras y definitivas. No sintió una explosión de alegría, sino una calma fría, la satisfacción de un plan ejecutado a la perfección.

Tomó su celular y marcó un número que conocía de memoria.

"Dra. Pérez" , dijo con voz firme, sin un rastro de emoción. "Lo tengo. Puede iniciar los papeles del divorcio" .

Del otro lado, la abogada Elena Pérez hizo una pausa. "¿Estás segura, Ximena? ¿Ya se lo dijiste a Mateo?"

"No es necesario. Él no necesita saberlo todavía" .

"Pero Ximena, para el divorcio se requiere su firma, su cooperación" .

"Consíguela" , ordenó Ximena, su tono dejando claro que no era una sugerencia. "Haz lo que sea necesario" .

Colgó sin esperar respuesta y marcó el número de su esposo, Mateo Rojas. El teléfono sonó varias veces antes de que él contestara, con un tono de fastidio.

"¿Qué quieres, Ximena?"

Su voz era fría, distante, como siempre.

"Necesito que vengas a casa a firmar unos documentos" , dijo ella, manteniendo su voz neutra.

"Estoy ocupado" , respondió él bruscamente. "Sofía no se siente bien, estoy con ella en el hospital" .

Sofía Del Valle. La exnovia de Mateo, su eterna obsesión. La razón por la que su matrimonio de dos años había sido una farsa vacía.

"Mateo, es importante" .

"Nada es más importante que Sofía ahora mismo. Arréglatelas sola" .

Y colgó.

Ximena bajó el teléfono lentamente. No sintió dolor ni ira, solo una profunda sensación de alivio. Su decisión era la correcta.

Caminó por la lujosa pero fría mansión, sus pasos resonando en el silencio. Se detuvo frente a una fotografía en la repisa de la chimenea. En ella, un joven le sonreía, sus ojos idénticos a los de Mateo, pero llenos de una calidez que su esposo nunca tuvo.

Daniel Rojas. Su prometido. El hermano gemelo de Mateo.

Con la yema de los dedos, limpió un inexistente grano de polvo del cristal.

"Lo logré, Daniel" , susurró al aire. "Pronto tendremos a nuestro hijo" .

La Sra. Carmen, el ama de llaves, la observaba desde la puerta, negando con la cabeza. Pensaba, como todos, que Ximena estaba locamente enamorada de Mateo, soportando sus constantes desplantes y su pública relación con Sofía por un amor ciego.

Pero la verdad era mucho más retorcida.

Ximena nunca amó a Mateo. Su corazón había muerto hacía dos años, en el mismo accidente de coche que le arrebató a Daniel.

Cuando el dolor inicial se calmó, fue reemplazado por una obsesión. Quería un pedazo de Daniel de vuelta, un legado, un hijo que se pareciera a él. Y solo había una manera de conseguirlo.

Mateo.

Sabiendo que él amaba a Sofía y que su familia lo presionaba para que sentara cabeza con una esposa "respetable" , Ximena le hizo una propuesta. Se casaría con él, le daría la fachada que su familia quería, y a cambio, solo le pedía una cosa: un hijo.

Mateo, creyendo que era una mujer desesperada por amor y estatus, y viéndolo como una salida fácil para aplacar a su familia sin comprometerse con Sofía, aceptó. Para él, era un contrato de conveniencia. Para ella, era la única misión de su vida.

Durante dos años, soportó la humillación. Se convirtió en el chiste del círculo social de Mateo. La esposa abandonada cuyo marido pasaba más tiempo con su ex que con ella. Él faltó a su primer aniversario para cuidar a Sofía de un resfriado. Las cosas de Sofía estaban esparcidas por la casa de Mateo como si ella fuera la verdadera señora de la casa.

Ximena lo soportó todo en silencio. No le importaba su amor, ni su atención. Solo le importaba su cuerpo, el material genético que compartía con Daniel.

Mateo, en su arrogancia, malinterpretó su insistencia en la intimidad. Pensaba que ella estaba desesperada por su afecto, que lo deseaba. No entendía que cada vez que ella lo tocaba, cerraba los ojos e imaginaba que era Daniel.

Él, por su parte, seguía locamente enamorado de Sofía, pero sentía que ella era demasiado frágil, demasiado pura para mancharla con un compromiso que no sentía del todo listo para asumir. La mantenía cerca, la adoraba, pero no se atrevía a dar el siguiente paso, usando su matrimonio con Ximena como excusa.

Ahora, el plan de Ximena había llegado a su fin. El bebé, el hijo de Daniel, crecía dentro de ella. Ya no necesitaba a Mateo.

Era hora de desaparecer.

Capítulo 2

Un par de horas más tarde, un coche de lujo entró a toda velocidad en la propiedad. Mateo irrumpió en la casa, su rostro era una máscara de impaciencia.

"¿Dónde está la sopa de pollo que le gusta a Sofía? Dijo que la tuya es la única que le calma el estómago. Prepárala ahora" .

No hubo un saludo, ni una pregunta sobre los documentos que ella había mencionado. Solo una orden.

Ximena lo miró desde el sofá, imperturbable. "Claro que la prepararé" , dijo con una calma que lo descolocó. "Pero quiero algo a cambio" .

Mateo frunció el ceño. "¿Dinero? ¿Joyas? Pide lo que quieras" .

"Quiero tu reloj" , dijo ella, señalando el Patek Philippe en su muñeca.

Mateo se quedó perplejo. "¿Mi reloj? ¿Para qué lo quieres? Te he comprado docenas" .

"Quiero ese" .

Él la miró con una mezcla de fastidio y curiosidad. Esta mujer, que supuestamente lo amaba hasta la obsesión, coleccionaba sus cosas. Tenía corbatas suyas, gemelos, incluso plumas fuente. Él siempre había asumido que era una prueba más de su devoción. Qué patética, pensaba a veces, pero una parte de su ego se sentía halagada.

Se quitó el reloj y se lo arrojó sobre la mesa de centro. "Ahí tienes. Ahora, apúrate con esa sopa" .

Ximena recogió el reloj, su tacto era reverente. No le dijo que ese reloj no era realmente suyo. Se lo había regalado ella a Daniel un mes antes del accidente. Mateo simplemente se lo quedó, como se quedó con tantas otras cosas de su hermano.

Para Ximena, cada objeto era una reliquia, un ancla a un recuerdo. No estaba coleccionando a Mateo, estaba recuperando a Daniel, pieza por pieza.

Por un instante, mientras la observaba sostener el reloj, Mateo sintió una extraña punzada en el pecho. La forma en que lo miraba, con una devoción casi dolorosa, lo conmovió. Quizás su amor era real, después de todo. Pero el pensamiento se desvaneció tan rápido como llegó. Sofía lo estaba esperando.

"Voy a darme una ducha rápida" , dijo, volviendo a su habitual frialdad. "Quiero que la sopa esté lista cuando baje" .

Ximena fue a la cocina y preparó la sopa mecánicamente. Cuando Mateo bajó, ella estaba sellando el termo.

En el coche, de camino al hospital, él recordó la llamada.

"Por cierto, ¿qué eran esos papeles tan importantes que tenías que firmar?"

"No te preocupes" , respondió ella, mirando por la ventana. "Ya me encargué" .

Él asintió, satisfecho de no tener que lidiar con otro de sus dramas. Al llegar al hospital, le entregó el termo.

"Espérame en el coche. A Sofía no le gusta que haya mucha gente cuando está enferma. No hagas ruido" .

Ximena obedeció sin decir una palabra. Desde el aparcamiento, a través de la ventana de la habitación, podía ver la escena. Mateo, el hombre que era su esposo, le daba la sopa a Sofía cucharada a cucharada, le secaba los labios con una servilleta, le acomodaba el cabello con una ternura que nunca le había mostrado a ella.

Sofía le dijo algo al oído y Mateo rio, luego se inclinó y besó su frente.

Cualquier otra mujer se habría derrumbado. Ximena simplemente desvió la mirada. No sentía nada. Eran solo dos extraños en una obra de teatro ajena.

Minutos después, Mateo salió de la habitación, pero en lugar de volver al coche, se dirigió a la salida del hospital. Ximena lo vio alejarse sin mirar atrás. Era evidente que no tenía intención de llevarla a casa.

Con una calma absoluta, Ximena sacó su propio teléfono y llamó a un taxi. Mientras esperaba, vio a Mateo y Sofía salir juntos del hospital, abrazados. Él la ayudaba a subir a su coche, tratándola como si fuera de porcelana.

Ximena se dio la vuelta y subió al taxi cuando llegó. No miró atrás. Su mente ya estaba a miles de kilómetros de distancia, planeando su nueva vida. La vida que construiría para ella y para el hijo de Daniel.

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