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Rescatando Corazones

Rescatando Corazones

Autor: : DaniM
Género: Romance
Ethan Bennett es un CEO arrogante y exitoso de una corporación multimillonaria. Tras un accidente automovilístico causado por el agotamiento y el estrés, se ve obligado a pasar varios meses en un centro de rehabilitación en un pequeño pueblo. Allí, conoce a Lily, una fisioterapeuta amable, pero reservada, que perdió a su esposo en un accidente causado por decisiones empresariales irresponsables. Al principio, Lily desconfía de Ethan, pero a medida que su relación profesional avanza, descubre que el hombre frío y distante tiene una vulnerabilidad inesperada. Mientras Ethan lucha por superar su dolor físico y emocional, Lily también lucha por sanar las heridas de su corazón, y entre ambos comienza a florecer un amor inesperado que desafía sus pasados.

Capítulo 1 La Llegada de Ethan Bennett

El sol se alzaba lentamente sobre las montañas, tiñendo de naranja las cumbres y arrojando una luz suave sobre el centro de rehabilitación. Ethan Bennett observaba el paisaje a través de la ventana del automóvil, su rostro impasible mientras el coche avanzaba lentamente por el camino empedrado. Las fachadas rústicas de las casas del pueblo se deslizaban en su campo de visión, pero nada en aquel escenario le parecía atractivo. **¿Qué hacía él aquí?**

A sus 34 años, Ethan lo tenía todo. Era el CEO de Bennett Enterprises, una de las compañías más poderosas del país. Su vida estaba regida por una rutina inquebrantable: reuniones, negociaciones, viajes de negocios. No había espacio para el descanso, la tranquilidad o, mucho menos, para la vulnerabilidad. Y, sin embargo, ahí estaba, atrapado en este lugar apartado del bullicio de la ciudad. Un accidente de tráfico lo había llevado a la sala de urgencias, y ahora, obligado por sus médicos y, peor aún, por su madre, se encontraba en un centro de rehabilitación aislado, con la esperanza de que su cuerpo y su mente pudieran sanar.

A Ethan le molestaba estar allí. **¿Cómo podía perder tiempo en un lugar como este?** La fisioterapia sería solo un trámite, pensaba. En cuanto se sintiera mejor, volvería al trabajo. Había sido un hombre fuerte y exitoso toda su vida, y no pensaba dejar que un par de semanas en un centro rural lo cambiaran.

El coche se detuvo frente a una elegante construcción de piedra, antigua, pero bien cuidada. El edificio estaba rodeado de jardines bien arreglados, y el aire fresco de las montañas le dio la bienvenida al llegar. Su mirada recorrió el lugar con desaprobación. **Esto no era un hotel de lujo. Esto era un centro de rehabilitación.**

Cuando bajó del coche, la pierna derecha le dolió más de lo que esperaba. Aún arrastraba una cojera sutil debido al accidente, pero su orgullo no le permitiría mostrar debilidad. Caminó con paso firme, pero sus músculos tensos y doloridos le recordaban que no podía seguir ignorando su condición. **Esto sería más difícil de lo que había pensado.**

Al entrar, fue recibido por una enfermera de cabello recogido, de mirada amable pero distante. La mujer le entregó una carpeta con información básica y lo acompañó hasta la recepción.

-Señor Bennett, le asignaremos un fisioterapeuta que estará a cargo de su recuperación. La señorita Hayes es muy buena en lo que hace -dijo la enfermera, con una sonrisa que intentaba ser tranquilizadora, pero a la que Ethan apenas prestó atención.

-Perfecto -respondió él, tomando la carpeta con indiferencia. Su mente ya estaba lejos de allí. Se veía a sí mismo de vuelta en la ciudad en poco tiempo, manejando los asuntos de la empresa con la misma rapidez y eficiencia con la que siempre lo había hecho.

-La señorita Hayes estará esperándolo en su habitación -añadió la enfermera, mientras señalaba el pasillo.

El centro estaba rodeado de naturaleza, en un entorno alejado de todo lo que Ethan conocía: edificios altos, coches, la vida urbana. Todo aquí parecía ir al ritmo del viento y el murmullo de los árboles. Mientras caminaba por el pasillo del centro, las paredes de piedra y los cuadros de paisajes en las paredes le daban una sensación de calma que no estaba dispuesto a aceptar. **No necesitaba paz. Necesitaba recuperar su vida.**

Cuando llegó a su habitación, la puerta se cerró tras él con un suave crujido. Miró alrededor: una habitación sencilla, con una cama de tamaño queen, una pequeña mesa de noche y una ventana que dejaba entrar la luz del sol de la mañana. No era su suite de lujo, pero al menos el lugar era limpio y ordenado.

Se sentó en la cama, quitándose los zapatos cuidadosamente, y dejó caer su cuerpo contra el respaldo. Sus pensamientos giraban en torno a su empresa, a las decisiones que debía tomar para no perder el control de todo lo que había logrado. **Esto solo sería un paréntesis temporal.**

A lo lejos, escuchó el ruido de los pasos acercándose. Sabía que su fisioterapeuta había llegado. **¿Cómo sería ella?** Pensó que, quizás, sería otra mujer mayor, con cara de compasiva, que no tendría más que palabras vacías para ofrecerle. Pero cuando la puerta se abrió, lo que encontró fue algo completamente diferente.

Una mujer joven, de cabello castaño recogido en una coleta sencilla, entró con paso firme. Su uniforme de fisioterapeuta era sencillo, pero su postura erguida y su mirada confiada mostraban que no era una persona que se dejara intimidar fácilmente.

-Buenos días, soy Lily Hayes -dijo con una sonrisa profesional, pero que no alcanzaba a ser cálida. Su voz era firme, clara, casi desafiante-. Seré su fisioterapeuta durante las próximas semanas. ¿Está listo para empezar?

Ethan la observó con una ceja levantada. Era evidente que ella no lo reconocía, y eso le produjo una extraña sensación de incomodidad. Era joven, casi demasiado joven para ser responsable de su recuperación, pensó.

-Claro. Solo dígame qué tengo que hacer -respondió él, intentando sonar neutral, aunque la irritación comenzó a asomar en su tono. No tenía tiempo para esto, pero en fin, se veía obligado a seguir las indicaciones.

Lily lo miró fijamente, sin inmutarse ante su actitud. En lugar de ceder al desafío implícito en sus palabras, ella asintió y comenzó a preparar las herramientas para la sesión. Lo hizo con calma, con una destreza que solo los profesionales eran capaces de mostrar, y sin perder la compostura ante la clara hostilidad de Ethan.

-Vamos a empezar con algo sencillo. Necesito que se acueste sobre la camilla. Hoy vamos a trabajar en la movilidad de su pierna. -Su tono era profesional, casi distante, como si estuviera tratando con cualquier otro paciente.

Ethan, acostumbrado a que todos le mostraran respeto inmediato, se sintió molesto. **¿Quién se creía esta mujer?** Pero decidió seguir el juego por el momento. Se acostó en la camilla y, aunque intentó relajarse, no pudo evitar tensarse cada vez que ella tocaba su pierna, como si su cuerpo se rebelara contra la idea de ser tan vulnerable.

-¿Sabía que no soy el tipo de persona que se quedaría aquí más de lo necesario? -preguntó Ethan, rompiendo el silencio. Su tono no era una pregunta, sino una afirmación, como si quisiera imponer una advertencia.

Lily, que estaba ajustando con delicadeza el ángulo de su pierna, no levantó la vista. Sus manos movían los músculos con precisión, sin apresurarse ni mostrar signos de incomodidad.

-Lo imagino. Pero aquí, el tiempo y el proceso no dependen de lo que usted quiera. Dependen de lo que su cuerpo y su mente necesitan. Y eso... señor Bennett, no se puede apresurar.

Ethan la observó en silencio por un momento. Nadie le hablaba de esa manera. La mayoría de las personas se habrían arrugado ante su mirada desafiante, pero Lily simplemente continuó con su trabajo, ajena a su irritación. Eso lo desconcertaba, más que cualquier otra cosa.

Él se quedó en silencio, reflexionando sobre sus palabras. No estaba acostumbrado a que lo desafiara de esa manera, y mucho menos a que alguien con tan poca relevancia en su vida tuviera tanto control sobre su actitud. **Esto no iba a ser fácil.

Capítulo 2 La Fisura del Control

El día había avanzado lentamente, de una hora a otra, pero para Ethan no parecía haber cambiado nada. El dolor en su pierna era constante, aunque con cada sesión de fisioterapia, parecía un poco más soportable. Sin embargo, no se sentía mejor. Solo había aprendido a convivir con la molestia. Pero, al final de la jornada, una sensación de frustración lo invadió.

Lily Hayes había sido profesional y efectiva, sin dejar que su presencia intimidara al CEO. Sin embargo, había algo en su actitud que seguía irritando a Ethan, algo en su calma imperturbable que lo hacía sentirse desestabilizado, vulnerable. **No estaba acostumbrado a sentir esa incomodidad.**

Ethan pasó el resto de la tarde mirando al paisaje desde la ventana de su habitación, sin poder concentrarse en nada. Su mente volvía una y otra vez a esa mirada confiada de Lily, a la forma en que no lo había temido, a la forma en que lo había tratado con total desdén.

Esa noche, cuando la oscuridad cubría por completo el centro, Ethan se dio cuenta de algo extraño. **No quería admitirlo, pero era evidente: él, el hombre de negocios imparable, se encontraba atrapado en una rutina que no podía controlar.** El centro de rehabilitación era, para su horror, mucho más que una simple clínica de recuperación. Era una prisión silenciosa que lo mantenía prisionero no solo de su cuerpo, sino de su mente.

La puerta de su habitación se abrió nuevamente al día siguiente, pero esta vez, fue el sonido de la llave girando lo que despertó a Ethan. Su mirada se centró en el marco de la puerta, y allí estaba ella, de nuevo. Lily Hayes, con su uniforme y esa mirada de absoluta concentración que parecía analizar cada uno de sus movimientos, pero sin mirarlo realmente.

-Buenos días, señor Bennett -saludó sin más preámbulos, como si nunca hubiera habido una grieta en su interacción del día anterior.

-Buenos días -respondió él, aún con esa sensación incómoda de estar en un terreno desconocido. El contraste entre su mundo de lujos y poder y este lugar era más evidente que nunca.

-Hoy vamos a trabajar un poco más en la movilidad, pero también necesito que realice algunos ejercicios mentales para reducir el estrés que está acumulando. -Lily caminó hacia la camilla y comenzó a colocar los equipos, sin perder un solo segundo en la organización de la sesión.

Ethan la observó, observando la agilidad con la que se movía. Era joven, tal vez demasiado joven, pero no había duda de que sabía lo que hacía. **¿Cómo podía una mujer tan joven manejar un hombre como él con tanta facilidad?** Aquella pregunta lo carcomía por dentro.

-¿Ejercicios mentales? -preguntó, levantando una ceja. Su tono era escéptico. No creía en esos métodos "alternativos". Para él, todo lo que necesitaba era tomar control de la situación, como siempre lo había hecho.

Lily lo miró, esta vez con una pequeña sonrisa. No era condescendiente, pero sí perceptible, como si hubiera leído su mente.

-El estrés mental afecta la recuperación física, señor Bennett. Su cuerpo no sanará adecuadamente si su mente no está en paz. -Dicho esto, comenzó a ajustar las posiciones de las cámaras de vibración que tenía que utilizar para los ejercicios de recuperación.

Ethan se acomodó en la camilla con un gesto molesto. **¿Una fisioterapeuta dándole lecciones sobre estrés?** Pero lo que no esperaba era que Lily estuviera tan bien preparada para manejar a alguien como él.

-No creo que mi mente tenga mucho de qué preocuparse -murmuró con una ligera sonrisa irónica.

-¿De veras? -respondió Lily, sin perder la calma-. ¿No le inquieta dejar toda su vida en las manos de otros? Su empresa, su imagen pública, las decisiones que debe tomar. Usted siempre ha tenido el control. Aquí, no lo tiene.

Ethan frunció el ceño, sintiendo una punzada de incomodidad. Era cierto que su vida había estado marcada por el control. Él no tenía miedo de tomar decisiones difíciles, pero la sensación de estar completamente a merced de su propio cuerpo lo hacía sentirse más vulnerable que nunca.

-No sé de qué está hablando -dijo, intentando no dejar que sus palabras sonaran demasiado inseguras.

Lily no respondió de inmediato. En su lugar, dejó que el silencio llenara la habitación mientras ajustaba el equipo en su lugar. Solo después de unos largos momentos, habló.

-No hace falta que lo reconozca, señor Bennett. No tiene que admitir nada ante mí, pero sé que el hecho de estar aquí, lejos de su vida, lo está desconcertando. Y todo eso está afectando su recuperación, aunque no lo quiera aceptar. -Detuvo su movimiento y lo miró, los ojos fijos en él, un poco más suavemente, pero igualmente firmes.

Ethan la observó en silencio, sintiendo cómo la incomodidad se apoderaba de él. Nunca había sido una persona a la que se le cuestionara tan abiertamente. Nadie había desafiado su control de una manera tan directa.

Finalmente, suspiró, mirando hacia otro lado.

-¿Qué sugieres que haga? -La pregunta salió de sus labios sin pensarlo demasiado. Tal vez, estaba comenzando a creer que, de alguna forma, ella sabía algo que él no.

Lily sonrió brevemente, antes de continuar con los ajustes en el equipo. Su tono se suavizó ligeramente, pero no perdió la firmeza de su voz.

-Lo primero que debemos hacer es entender que el control no está en todo lo que ocurre a su alrededor. A veces, lo más importante es aprender a soltar. No es solo su pierna la que necesita recuperación. -Ella hizo una pausa, dejando que sus palabras calaran en él-. Su mente también. Y con ella, su capacidad de sanar.

Ethan no dijo nada. El ambiente se volvió cargado con un silencio tenso, mientras él pensaba en sus palabras. ¿Estaba siendo vulnerable? ¿Estaba perdiendo el control sobre su propia vida?

Después de unos minutos, la sesión continuó en silencio. Lily trabajó con precisión, guiando a Ethan a través de los movimientos, sin decir mucho más. Sin embargo, cada palabra que había dicho seguía resonando en su mente. ¿Era posible que su vida estuviera fuera de su control? ¿Que el esfuerzo físico y mental estuviera conectado de tal manera?

Ethan trató de desviar su mente hacia otros pensamientos, pero algo en su interior le decía que lo que Lily había dicho no era solo una técnica de fisioterapia. Era una verdad que no quería enfrentar.

Al final de la sesión, cuando Lily terminó de ajustar los últimos detalles, Ethan se incorporó lentamente, estirando las piernas.

-Creo que hemos terminado -dijo ella, mientras guardaba las herramientas en la mochila.

Ethan se quedó en la camilla, mirando el techo por un largo momento antes de volverse hacia ella.

-Gracias -dijo, de una manera que no estaba acostumbrado a usar, una especie de reconocimiento implícito.

Lily asintió, su mirada fija en él por un momento. No dijo nada más, pero sus ojos parecían mostrar una comprensión que Ethan no quería explorar.

Cuando se levantó para salir de la habitación, algo cambió en él. **¿Por qué estaba tan inquieto?** **¿Qué había tocado ella en su interior que lo hacía sentir vulnerable de una manera que nunca había experimentado?**

Al salir por la puerta, Ethan sintió como si su mundo estuviera, por fin, comenzando a desmoronarse. No sabía qué iba a encontrar en los próximos días, pero algo en su interior le decía que no sería fácil.

Capítulo 3 El Peso de la Decisión

La luz de la mañana filtraba a través de las pesadas cortinas, iluminando los muebles sencillos de la habitación de Ethan. Había algo en el aire ese día, una extraña quietud que lo mantenía alerta, incluso sin saber bien por qué. Tras varias noches durmiendo en ese centro de rehabilitación, Ethan comenzaba a acostumbrarse al ambiente, pero a la vez, ese mismo ambiente lo inquietaba más de lo que podía admitir.

En las primeras horas del día, había evitado salir de su habitación, no porque no quisiera la compañía de los demás, sino porque no encontraba consuelo en la idea de interactuar con alguien que no entendiera lo que realmente necesitaba: control. Sin embargo, sabía que pronto tendría que enfrentarse a esa inevitable sesión con Lily.

La inquietud que sentía en su pecho era más profunda de lo que pensaba. Cada vez que pensaba en ella, en sus palabras durante las últimas sesiones, sentía que algo se rompía, como si las barreras que había levantado a lo largo de los años estuvieran comenzando a desmoronarse. **No podía ser tan vulnerable. No podía permitir que nadie tuviera ese poder sobre él.**

La puerta de su habitación se abrió con un suave golpe, y Ethan alzó la mirada, algo impaciente. Allí estaba Lily, como siempre, con su paso firme y su uniforme impecable. Pero hoy, su presencia le pareció diferente. Había algo en su mirada que no lograba descifrar, una especie de desafío tácito que lo puso nervioso.

-Buenos días, señor Bennett -dijo Lily, con su tono habitual de calma, como si nada fuera tan importante, como si la ansiedad que él sentía fuera solo una sombra que ella ignoraba por completo.

-Buenos días -respondió él, algo tenso. Se estiró en la cama, sintiendo un leve dolor en la pierna, algo que no desaparecía del todo, a pesar de los esfuerzos realizados.

-Hoy vamos a intentar algo diferente -dijo ella, mientras se acercaba al equipo de fisioterapia. Ethan la observó con recelo. Sabía que el "algo diferente" generalmente significaba que la sesión sería más difícil de lo que él esperaba.

-¿Qué significa eso? -preguntó, frunciendo el ceño. Su tono de voz no fue de desdén, sino de simple curiosidad, aunque en sus ojos brillaba una chispa de impaciencia.

Lily lo miró con una expresión que no lograba entender del todo. Su calma era casi irritante para él, como si su actitud lo desbordara. Ella no parecía impresionada ni intimidada por su presencia, como el resto de las personas en su vida. No, ella lo miraba como si lo conociera de verdad, como si ya hubiera leído cada uno de sus gestos y viera más allá de la fachada que siempre proyectaba.

-Quiero que confiemos en el proceso, Ethan -respondió, usando su nombre por primera vez en la conversación, como si lo hubiera despojado de su estatus de "señor Bennett" y lo hubiera tratado como una persona más. Eso lo dejó sin palabras por un momento, pero se obligó a no mostrar nada.

-No sé si eso va a funcionar -murmuró, mirando sus manos, que ahora descansaban sobre las sábanas. Era una confesión honesta, pero no del todo. La palabra "confiar" le parecía un lujo que no podía permitirse, no después de haber controlado cada aspecto de su vida durante tantos años.

Lily caminó hacia él sin prisa, con su paso medido y tranquilo. Colocó una pequeña silla junto a la camilla y se sentó frente a él, sus ojos fijos en los suyos.

-Lo sé, no lo crees. Pero eso no significa que no sea necesario. Tienes miedo, y es comprensible. Tu mundo siempre ha girado alrededor del control, pero aquí, el control es una ilusión. Tienes que dejar ir algo de eso para avanzar.

Ethan la miró con intensidad. **¿De qué hablaba? ¿Qué sabía ella sobre su vida?** Su rostro se endureció ante la sugerencia. No había lugar en su mundo para la incertidumbre. **¿Dejar ir el control? ¿Qué significaba eso, realmente?**

-No necesito tu filosofía de vida -respondió, tratando de desviar la atención. Su tono era brusco, pero internamente, las palabras de Lily comenzaban a calar hondo. Estaba molesto, pero no sabía cómo expresar lo que sentía.

Lily no se inmutó. Su actitud seguía siendo serena, sin prisa por cambiar el rumbo de la conversación. Ella sabía que tenía que ser paciente con él, que no podía apresurarse a cambiar su forma de pensar. Pero también sabía que el tiempo era esencial.

-Hoy quiero que te relajes -dijo ella, de una manera tan sencilla que, por un momento, Ethan casi no lo creyó. ¿Relajarse? ¿Él, relajarse? ¿En un lugar como este?

Sin embargo, antes de que pudiera objetar, Lily continuó.

-Lo que vamos a hacer hoy es un ejercicio de respiración. Es parte del proceso de sanar, de reconectar cuerpo y mente. No hay prisa. Solo quiero que confíes en mí por unos minutos.

Ethan la observó con escepticismo. ¿Respiración? ¿De qué servía eso cuando su pierna seguía doliendo y su mente estaba completamente ocupada por la ansiedad de no saber cómo continuar con su vida?

-Lo intentaré -dijo finalmente, con cierta molestia, pero también con una pizca de curiosidad. Algo en el fondo de su ser le decía que debía hacerlo, aunque no entendiera completamente por qué.

Lily asintió, complacida de que hubiera accedido, aunque su rostro no mostraba una expresión triunfante. Ella estaba acostumbrada a lidiar con personas como Ethan: hombres de poder que nunca querían reconocer sus debilidades. Pero ella sabía que, más allá de su fachada, Ethan también era humano.

-Muy bien, quiero que te acuestes en la camilla -le indicó mientras ajustaba su postura, dejándole espacio para moverse. Ella se sentó de nuevo en la silla y cruzó las piernas, su rostro calmado y sereno-. Respira profundamente por la nariz, llena tus pulmones completamente, y luego exhala lentamente. Quiero que sientas cómo cada músculo de tu cuerpo se va relajando.

Ethan, que rara vez se había visto obligado a seguir instrucciones de nadie, se encontró siguiendo sus indicaciones sin pensar. **Esto no tenía sentido, pero tampoco tenía nada que perder.** Se tumbó en la camilla y comenzó a respirar profundamente. Al principio, no lo hacía de manera fluida, pero poco a poco comenzó a notar que su mente se despejaba ligeramente.

-Eso es, continúa -dijo Lily, con su voz suave y tranquila. El sonido de su respiración era calmante, como si cada palabra que saliera de su boca estuviera hecha para ser un refugio en medio de la tormenta.

Ethan cerró los ojos, sintiendo la calidez de su respiración en su pecho. La tensión en sus hombros comenzó a ceder, y aunque aún le parecía todo muy extraño, empezó a notar algo diferente. La ansiedad en su pecho comenzó a disminuir, y por primera vez en días, se sintió un poco más ligero.

-Bien, ahora quiero que pienses en lo que más te preocupa. Lo que te da miedo. ¿Qué es lo primero que te viene a la mente? -preguntó Lily, rompiendo el silencio que había envuelto la habitación.

Ethan no respondió de inmediato. Por primera vez, se dio cuenta de que la pregunta era difícil de contestar. La idea de perder el control era aterradora, lo sabía. Pero lo que le aterraba aún más era pensar en lo que sucedería si no lograba cambiar.

-Mi empresa -dijo al fin, casi sin darse cuenta de lo que decía. -Tengo mucho que perder.

Lily asintió, como si hubiera esperado esa respuesta.

-Tienes mucho que perder porque, hasta ahora, todo lo has hecho por miedo a perderlo. Pero el miedo nunca es una buena motivación, Ethan. ¿Y si te dijera que, a veces, perder el control es lo único que nos permite avanzar?

Ethan la miró, con los ojos entrecerrados, pero algo en sus palabras lo hizo reflexionar. **¿Qué sabía ella realmente sobre el miedo?**

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