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Resurrección: El Enigma. Libro III

Resurrección: El Enigma. Libro III

Autor: : LE.Fenix21
Género: Romance
Tras la muerte de Ethan Hudson y al descubrir que Adrián (El joven que la visitaba en sueños es real) Victoria Montesinos parte de regreso a su país para superar el dolor de su pérdida y descubrir quien es en realidad. Ella se dirige inadvertidamente hacia un destino incierto que la llevará a enfrentarse a nuevos miembros del clan Palacios, entre ellos el tercero anunciado en sus sueños, Tristán Palacios, quien la hará cuestionar sus sentimientos y le hará descubrir que a menudo volvemos a amar. A pesar de que la familia Palacios no es desconocida para ella, la curiosidad que la joven mujer siente por las vidas de cada uno de los miembros de esta familia, que habitan la hacienda «El Renacer» antiguo castillo oculto en las montañas, la motivan a entrar más en los secretos de estas extrañas personas. Sin embargo, pronto descubre que los miembros de la familia aristocrática la han estado esperando desde épocas inmemoriales. A pesar de su elegancia, gran belleza y singularidad, un secreto familiar y un oscuro halo de misterio recae sobre ellos, especialmente en Victoria Montesinos, cuyos descubrimientos la dejarán sin aliento.

Capítulo 1 ☦︎ PRÓLOGO ☦︎

A veces me pregunto: ¿Cuáles son los significados de nuestra vida y cuál es nuestro verdadero objetivo en ella? Llevo un largo período de tiempo tratando de encontrar un sentido a esa pregunta... Lamentablemente, todavía no he obtenido respuesta.

Durante la mayor parte del tiempo he caminado entre sombras, en caminos inciertos que me conducen a espejismos, en una supervivencia hueca e inactiva. A menudo he sentido la necesidad de tocar y sentir algo real, algo que me llene y me devuelva la paz; sin embargo, al ver a mi alrededor me doy cuenta de que la maldad es más sólida. En todos los lugares observo y oigo gritos de dolor; de nada sirve tener amor en el corazón cuando la oscuridad más profunda te consume y te lleva a caminos inesperados, un lugar que ni siquiera en tus sueños más oscuros has advertido e imaginado. Con solo tocarlo, podrá resquebrajar fácilmente lo que parece ineludible.

Todavía sigo intentando sobrevivir, con mi alma destrozada; contemplando cómo se pierde el sentido de la justicia. Aunque me oigo, por más que grite mi alma, tú no puedes oírme. ¡Estás muerta! Te has quedado en el pasado. El hecho de hablar sobre este tema es como hablar de una quimera, de una teoría que se extinguió hace mucho tiempo y que solo habita en la mente de unos cuantos. Este ardor que me abrasa por dentro es como una especie de esquizofrenia, una agonía incesante, historia de amor que jamás tuvo sitio y que únicamente dejó cicatrices en mi corazón que se han ido cerrando lentamente, pero que han dejado una marca indeleble y latente.

Las imágenes de mi pasado siguen apareciendo en mi mente, después de todo este tiempo nunca imaginé que continuaría sintiendo lo mismo; caería dormido solo con la esperanza de saber que todo fuese como antes, pero las noches así pasan fugazmente y desaparecen cuando la realidad se estrella contra el suelo.

No hay cabida para la debilidad, ahora mi misión es combatir la oscuridad. Todos nosotros, seres de la noche y cazadores, hemos sido manipulados; somos bestias controladas por la codicia y la maldad que habita en lo más hondo de nuestro ser, así como en nuestros líderes. Es una noche eterna de guerras ardientes entre el bien y el mal, una maldición que siempre ha estado presente, pero que nadie quería reconocer. No podemos vivir juntos, nos matamos unos a otros hasta que no quede nada.

Ahora que despertemos de este infierno, será muy tarde porque todo lo que conocimos ya no existirá. Al igual que un perro hace con un hueso, la despedazaremos y roeremos; aun de esta forma, yo estaré allí esperando a que aparezca ante mí y me libere de este Apocalipsis. Aún sueño con su vida... Estefanía, el rostro de mi pasado, la única mujer a quien amé profundamente, la que el destino y la oscuridad me arrebataron... y la que aún sigue teniendo una gran influencia en mis recuerdos y en lo que hago. Sigo abrazando su inmortal recuerdo, no pierdo la fe de encontrarla en uno de estos viajes eternos que llaman vida y muerte; albergo la esperanza de que mi inmortalidad me regalará la dicha de verla una vez más; reencontrar la luz que perdí, y con sus poderosos rayos me saquen y me alejen de todo este halo de horror.

Adrián.

Capítulo 2 ☦︎ TRISTÁN PALACIOS☦︎

Necesitaba caminar, deambular por la noche y unirme a todas las criaturas nocturnas en su vigilia, lugar al cual yo también pertenezco; al clan de los eternos que habitan en la soledad. Por ser un vampiro (hijo de la noche) podía oír la melodía de los espectros, ver los rostros pálidos de las criaturas que eran igual a mí, sonriéndole a la inmortalidad; sin embargo, yo a diferencia de ellos soñaba con la esperanza de encontrar un atisbo de luz en mis noches sin fin, aunque esa petición se había convertido en un deseo difícil de alcanzar.

Aparque el coche en el margen de la carretera, en aquellas altas horas de la noche ya nadie transitaba, ni siquiera un alma. Me interné entre los densos árboles y matorrales que tapizaban las montañas de la desolada carretera; eso para mí era sumamente fácil, deslizarme bajo el amparo del sigilo, saltar hasta casi volar sin ser percibido. Nadie se hubiera atrevido a mirarme si me viera en ese instante. No era la forma en la que me elevaba por los aires lo que asustaba a los demás, sino el aspecto que tenía mi rostro. Mis facciones se volvían felinas, los ojos tomaban una forma ovalada adquiriendo un brillo y un color amarillento bastante macabro, aspecto que me delataba ante todos. Yo ya no era completamente humano, había dejado de serlo hacía mucho tiempo.

Continué mi recorrido nocturno y me detuve cuando, en lo más profundo del bosque, percibí la maldad humana. Me dejé guiar por el olor hasta descubrir su morada. El refugio estaba bien protegido y oculto entre frondosos árboles y espeso boscaje, nadie podría sospechar que entre esos escombros se encontraba la guarida de un asesino. Me interné en la cámara siguiendo el olor del miedo; en ese hedor pude descubrir que las cautivas eran una mujer y su pequeña hija, su terror me guio hasta donde ellas yacían. Vi a un hombre de unos 40 años de edad, de complexión robusta y de estatura elevada. El secuestrador miraba con burla a la mujer. En el piso había una cantidad considerable de sangre derramada que provenía de un cuerpo casi descuartizado de un hombre. En ese momento tuve que hacer acopio de todas mis fuerzas para no entrar y revolcarme en aquel charco sangriento. Sentí que me dolían las encías, era la señal de que la contaminación empezaba a salir de mi boca.

Aquel hombre no era muy distinto a mí en lo sanguinario. Continué describiéndolo; en una de sus manos llevaba un hacha con la que había mutilado las manos del hombre muerto que estaba en el piso. El depredador obligaba a la mujer a ver aquel espectáculo, ese detalle lo descubrí en sus ojos. La niña que tenía unos cuatro años llevaba los ojos vendados, pero, aun así, el miedo se sentía en cada poro de su cuerpecito; aquello que me transmitía la niña sacó a relucir en mí algo que no sabría describir, algo que podría llamarse: ¿Bondad? Me empujaste a que las rescatara, y yo era un asesino que las salvaba de otro.

-¡Te lo dije, maldita zorra, cuando te divorciaste de mí, que le cortaría las manos a ese desgraciado por haberte tocado! Dime ¿Lo recuerdas? ¡Hace cuatro años te lo advertí! -le gritaba el hombre furioso a su exmujer. Ella estaba envuelta en un ataque de nervios y rabia, en su mente pude ver cómo él la golpeaba brutalmente cuando estaban casados mandándola en varias oportunidades al hospital para luego prometerle una y otra vez que no lo volvería a hacer, eran solo promesas rotas.

-¡Esa niña también morirá! No quedará ningún vestigio del trabajo de ustedes dos; después, tú y yo nos alejaremos para empezar de nuevo. -Enseguida se arrodilló ante la mujer para besarla en los labios, pero ella lo rechazó de inmediato, pudo volteó el rostro, ya que estaba atada a una silla, aquel gesto enfureció más a la bestia que le lanzó una bofetada haciéndola rodar con silla incluida por el piso ensangrentado, luego se dirigió a la niña: -¡Tú vas a pagar por los pecados de tu madre!

-¡Mamá! -gritó la niña, desesperando más a la mujer.

-¡No, Carlos, no le hagas daño a la niña! ¡Mátame a mí! -le suplicaba la mujer desde el suelo. En cuanto aquel hombre tocó a la niña, entré sin ser detectado, para que solo la víctima me viera. La mujer siguió gritando, pero esta vez era en mi dirección. Me situé detrás del cerdo que la torturaba, coloqué mi mano sobre su nuca y absorbí un poco de su energía, cada vez que lo hacía se podía ver una especie de estela, como la que deja en el aire un cuerpo luminoso en movimiento, aquella absorción logró que el hombre se mareara, seguidamente giró a verme la cara; ahora mis ojos eran rojos, pude ver el infinito pavor que experimentó al contemplarme.

-¡Qué demonios! ¡Maldito engendro, te disfrazas de Halloween para matarme!

-Compruébalo, ven y quítame el disfraz -le dije muy calmado, agarré uno de sus brazos, chupando más su energía, entonces con la mano libre agarró a la niña por los cabellos.

-¡Suéltame, juro que la voy a matar! -increpó amenazando, hice lo que me pidió. El hombre tiró a la niña y tomó el hacha; sin perder tiempo me la clavó en la pierna, el ver brotar mi sangre lo emocionó.

-¡Eres humano, sangras desgraciado! -luego se refirió a la mujer que aún estaba tirada al piso. -¡Ve cómo tu otro amante muere también! -. Otra vez, me miró, pero su felicidad fue efímera al ver que mi herida se cerraba rápidamente ante sus ojos. Mis uñas empezaron a crecer como por arte de magia. -No puede ser -gimió.

-¡Sí! Sí, esos efectos especiales vienen incluidos en mi disfraz de Halloween. Me burlé alzando la mano y cortándole la cara con las uñas, el hombre chilló y tocó su rostro ensangrentado.

-¡Maldito, mil veces maldito! -chillaba, sus maldiciones y lamentos comenzaron a estresarme. Entonces le di un golpe que lo elevó por los aires para luego chocar con la pared que reposaba detrás de él, dejándolo inconsciente. Acto seguido me acerqué a la mujer que al verme volvió a gritar de terror. De un tirón le quité los amarres, lo mismo hice con la niña, únicamente le dejé la venda de los ojos, no quería que contemplara todo aquel horror. El olor de la sangre me estaba volviendo loco, por un momento dudé de que dejarían salir con vida a las dos mujeres; caí arrodillado en el piso sangriento, luchando por controlar mi verdadera naturaleza, la mujer corrió hacia su hija para abrazarla y presentir que aquello sería el final, con manos temblorosas busqué en mi bolsillo, saqué la llave del carro y se la lancé, pero ella tenía miedo de agarrarla.

-¿Sabes conducir?

-Sí -contestó con voz apenas audible.

-¿Entonces qué esperas? ¡Corre! -le grité, ella nerviosa hizo lo que le ordené -ahora corre lo más que puedas, no sé cuánto me pueda contener, no quiero matarte a ti ni a tu pequeña hija, pero no poseo control de mis actos, así que vete ya... en la carretera encontraras el auto, busca a la policía -. La mujer salió rápidamente con la niña en brazos, en aquel momento el hombre que ella había llamado "Carlos" recuperaba la conciencia, al verme sus ojos se abrieron como platos.

-Bienvenido al infierno -le sonreí, y me abalancé sobre él para saciarme.

Victoria.

-Hay oscuridad dentro de mí -susurré. Por más que intentaba alejar mis pensamientos de mi cabeza, no lo conseguí; no pude evitar que las palabras volvieran una y otra vez. La azafata llegó ofreciendo bebidas. Mi padre pidió dos copas de vino. Luego de que la mujer se alejó con su carrito de bebidas, mi padre me extendió una de las copas. Tomó un trago de la suya y luego suspiró.

-Todos llevamos oscuridad por dentro, hija mía. Cada quien debe lidiar con sus demonios -manifestó como si leyera mis pensamientos.

-La oscuridad que me persigue no es la clase de oscuridad que hace alusión a los defectos que lastiman y hacen daño a otros. Yo hablo de oscuridad diabólica, oscuridad sobrenatural.

-¡Victoria, no te pongas en ese plan! Intenta alejar esos sentimientos fatalistas y anímate, asómate por la ventana del avión y contemplé la inmensidad del mundo que nos envuelve -. No dije absolutamente nada, era mucho pedir que entendieran mis palabras. Me asomé a la ventana con la copa en la mano, entre tanto, las verdades que nunca podría decir se disolvían en el vino que entraba en mi garganta.

-Si tan solo quisieras volver a verme, o si tu poder fuera tan desarrollado como el mío, yo te buscaría -trataba de hablar con Adrián a través de mi mente, pero era inútil. Adrián no confiaba en lo que yo era ni de lo que sentía por él -¡Estúpida mil veces! Te amo profundamente, sé que ni tu sombra me pertenece -grité en mis adentros, y otro trago de mi bebida fue a dejar en mi interior con la inútil esperanza de que esa simple copa de licor me haría olvidar.

-Con cautela, Victoria -me aconsejó mi padre.

-Lo que necesito es otra copa -manifesté tajante. Una vez más el silencio lo atrapó y yo hice lo mismo: sumergirme en mi esfera impregnada de Adrián. Él era todo lo que yo quería, pero se había perdido en las heridas de su pasado cuando yo ya no le temía al fuego eterno, le temía, era a su silencio sepulcral, esta situación era un invierno largo.

-¡Libérame de este mundo! No pertenezco aquí, fue un error que encarcelaran mi alma a este lugar, no debí nacer. ¿Adrián, puedes liberarme? Cielo... no pido más que estar junto a ti y alejarme de todo esto. Sigo siendo una esclava -escribía aquella letanía una y otra vez en mi cabeza.

-Hija, por favor, cambia ya esa expresión, no quiero que te enfermes, ya verás que al verte con tus abuelos y tu prima te sentirás mejor. -Mi padre trataba inútilmente de infundirme ánimo, pero no podía evitarlo.

Adrián.

Los centinelas seguían las huellas de Victoria; donde ella estuviese, el alma de Arturo la seguiría. Victoria no sabía que Arturo la guiaba, y a mí me costaba aceptarlo. Debía aprender mejor la virtud de la aceptación, así la herida no dolería tanto.

Una vez más, iríamos al comienzo: la hacienda «Los Álamos», donde había visto por primera vez a Estefanía, donde la amé y le entregué mi alma. Ese no sería el único lugar de mi pasado que pisaría, también volvería a reencontrarme con la hacienda «El Renacer» donde la había perdido. Sabía que Victoria estaría tentada en cruzar esos límites, iría justo allí, a esta última hacienda (El Renacer) y yo no lo podría evitar.

-"Para conocer sus límites debes dejar que la vida la ponga a prueba" -me habían sugerido Alyan y mi padre -"no interfieras" -agregaron.

-¡Malditas palabras! -exclamé, no quería que fuera hacia ese paraje maldito, sería más sencillo llevármela conmigo, pero aparentemente existía una inmensa cruz negra de prohibición ante esa posibilidad. Nadie sabía en qué iba a convertirse Victoria; ni qué vivía en su interior. Esa parte oscura era muy fuerte, así que en este momento ella era solo la guía que nos indicaría el camino hacia esa horda infernal de oscuros, entre ellos Arturo.

Victoria se convertía en el eco mortal de mi vida pasada, la sombra que me acechaba y no se alejaba.

-Mi pequeño mundo sin fin -susurré, un mundo que yo seguía anhelando, aun con esa enfermedad oscura que corría en su ADN, aun con la marca de otro hombre. Exhalé un suspiro al recordar cada detalle y duele tanto que estoy seguro de que, si sus manos me acariciaran en este mismo instante, moriría.

Capítulo 3 ☦︎ EN MI TIERRA NUEVAMENTE.☦︎

El avión ya había tocado tierra, mi corazón latía con fuerza; había estado cinco años fuera de mi país y todo había cambiado. Emily, Lucy, Rebeca, Abby y mis tíos llegaron a mi mente, sobre todo la voz de Abby, esta me hablaba: "Estaré en contacto contigo, estés donde estés."

-Ethan -susurré y saqué la foto que llevaba conmigo en mi bolso de mano, mi padre colocó su mano en mi hombro en señal de apoyo.

Finalmente, estábamos bajando del avión, el trayecto me había hecho largo y no pude dormir en todo el trayecto. Mi padre era otra historia, había dormido como un bebé. Caminamos por los pasillos del aeropuerto después de mostrar los pasaportes y de ser revisados, salimos; mis lágrimas salieron con fuerza al oír el grito de Alexandra, giré y la vi con mi tío Andrés. Corrí hacia ellos para abrazarlos, mi tío me levantó entre sus brazos; siempre fue alto y de complexiones fuertes, parecía que levantara pesos todos los días, luego me bajó y me dio un gran beso en la frente.

-¡Estás hermosa! -sonrío.

-Ahora es mi turno -se quejó Alexandra, seguidamente me abrazó, yo le respondí con efusividad, ahora yo estaba un poco más alta que ella.

-«¡Bienvenida, prima!» -exclamó entre lágrimas, luego se despegó de mí y agregó: -mi padre tiene razón, te has convertido en una mujer muy hermosa. ¡Mírate! Vas a romper muchos corazones.

-Tú también estás muy guapa -le contesté con un deje de tristeza, lo menos que quería era atraer corazones, cuando el mío estaba más que roto.

Alexandra había experimentado un gran cambio, su cabello ondulado castaño oscuro estaba bastante largo casi a final de su espalda, llevaba un pendiente en la nariz y tenía un cuerpo agradable que cubría en esa ocasión con una sudadera negra ajustada con la imagen de la portada del disco de Metálica «And justicie for all». Nuevamente, el nudo en mi garganta resurgió. Esa era una de las bandas favoritas de Ethan. Quité mi vista de su sudadera y los coloqué en sus jeans raídos y sus botas de cuero negro. Se veía sexi. Le sonreí y, en forma de juego, toque su pendiente.

-Quiero uno -dije, mi papá puso cara de no gustarle mi idea, mi tío sonrío.

-Y eso que no has visto el tatuaje que me hice en toda la espalda -abrí los ojos más de la cuenta.

-¡Quiero verlo, apenas lleguemos! -ella me guiñó un ojo.

Entre abrazos, Alexandra me llevó a la camioneta de mi tío, mi padre había acordado con ellos que fueran por nosotros, pensando que me haría bien y no se había equivocado.

Camino a casa, Alexandra no hacía más que abrazarme y decirme lo maravillosa que me veía, logrando que de momento olvidase mi pena. Sin perder tiempo me puso al tanto de su vida universitaria.

-Vicky está en la universidad y en mi misma clase una pareja de gemelas que son insoportables, se creen el centro de atención y que el mundo gira solo a su alrededor. ¡Alguien debería darles una buena dosis de ubicación! Siempre consideré que la inmadurez de la adolescencia se quedaban en la secundaria, pero me equivoqué -se desahogó y no pude evitar recordar a Margot y Allison, una vez más, mi pasado me tocaba a la puerta y con él, la tristeza.

-Vamos a casa de mi madre -nos informó mi tío -las maletas las llevaremos luego.

Mis ojos seguían las calles ahora desconocidas para mí, en el camino me fui quitando la chaqueta; la frescura era soportable. Luego de unas horas de carretera por fin entramos al camino que nos llevaba a casa de mis abuelos.

Los faros delanteros del jardín se podían ver desde la entrada, cuando ya estábamos más cerca, los dos perros pastor alemán corrieron hacia la camioneta para recibirnos entre ladridos amistosos. Ahora podía ver a mis abuelos, sobre todo a ella, junto a esa visión los olores familiares resurgían y la niña que una vez fui reaparecía ante mis ojos tras aquel jardín que recorría con Alexandra trepando árboles y meciéndonos en el columpio de caucho viejo que mi tío Andrés había improvisado. Me bajé del coche y corrí hacia ellos, abrazándolos. Comencé a llorar sin inhibiciones, ellos hacían lo mismo. Mi abuelo se despegó de mí y tomó mi rostro entre sus manos.

-Jovencita, cuánto te había echado de menos este viejo, pensé que moriría sin verte; mi Victoria, lo único que me queda de Ángela.

-Abuelo -gemí. Ahora mi abuela era quien me abrazaba.

-Victoria -sollozó y me abrazó contra su pecho tibio, mi corazón se desbordó.

-Abuela... -no pare de repetir esa frase hasta que sentí que mis rabihats se manifestaban emitiendo calor, pronto comenzarían a brillar.

-Cálmate, no desearás que tu padre y Alexandra lo noten -me dijo entre lágrimas y susurros, pero aquella frase la había dejado sin terminar. -Bueno, es mejor que entremos -dijo después de la advertencia -¡Me maté preparando un buen banquete! -nos informó.

-¡Entonces entremos! -exclamó mi padre con entusiasmo, al parecer en estos últimos años su relación había mejorado.

-Espero haya licor -agregó Alexandra.

-Si hay, no puede faltar en esta celebración especial. Bienvenida, Victoria -dijo mi tía Isabel, la madre de Alexandra, que se unía al recibimiento abrazándome.

La noche había sido cálida y agradable, no me alejé de mi abuela mientras pude, ella me había prometido que pronto hablaríamos y como mi padre suele cumplir mis deseos, le pedí que esa noche quería pasarla con mis abuelos y no le quedó de otra que aceptar.

-Vayamos a mi cuarto -me propuso Alexandra, no sin ante llevarse unas cuantas cervezas.

-Deja dormir a Victoria, debe de estar exhausta del viaje -le recordó mi tía Isabel.

-¡Por Dios mamá! Será solo un rato -y sin decir más me internó en su guarida.

Apenas observé la habitación de Alexandra, me di cuenta de que caí en sobresalto, tanto que no pude dar un paso más de la puerta.

-¿Qué sucede Vicky? ¿Por qué te quedas ahí parada? ¡Entra! -sus palabras se evaporaban en el aire, aquel cuarto lleno de afiches de grupos de rock, junto a las guitarras eléctricas de Alexandra, fueron trayendo a mí el recuerdo de la habitación de Ethan que estaba decorada similar, la única diferencia es que él tenía una gran batería.

-¿De dónde sacas tantas lágrimas Victoria? -Inquirió Alexandra con rostro pasivo, y sin dejarme contestar me abrazó y me llevó hasta el interior del cuarto y a la vez pasó seguro a la puerta.

-Ahora si Vicky habla ¿Por qué te has puesto así?

-Tu habitación... es tan -mi voz se cortó por el llanto, ella colocó su mano sobre mi hombro.

-¿Te recuerda la habitación de ese chico que era tu novio? -La vi y asentí -¿Me hablas de él? -me pidió.

-No es buena idea -Alexandra se levantó y tomó dos cervezas, las destapó y me paso una.

-Tomate un buen trago y verás cómo se desanuda el nudo de tu garganta -me aconsejó y así lo hice -ahora habla -me pidió, pero yo continuaba muda.

-Así que Ethan tenía buen gusto -me ayudo a hablar.

-Sí, él era un amante de las bandas de rock y veo muchas de sus favoritas colgadas en tu pared -ella sonrió, entonces comenzó a detallarme hasta que vio mi mano derecha justamente mi dedo anular. Sus ojos se abrieron más de la cuenta.

-¡Victoria Montesinos, acaso ese anillo que posa en tu dedo es lo que creo!

-Sí -le afirmé -. El día en que lo mataron, yo había aceptado casarme con él -mi noticia logró que mi prima se tragara de un solo trago todo el contenido de su cerveza.

-Imagino el rostro de mi tío Alberto si se fuera enterando ¿Cómo que te había pedido matrimonio y no me habías contado? ¡Eso no te lo voy a perdonar! -dijo en tono juguetón simulando molestia, luego tomó mi mano nuevamente y detalló el anillo.

-Ethan tenía un gran gusto, es una pena que no lo conociera, nos hubiéramos llevado muy bien, sobre todo por la música.

-Y a mí me duele que no esté aquí. Él tocaba batería -tomé otro sorbo largo de mi cerveza.

-¿También te regaló ese hermoso relicario antiguo? -Una vez más mi corazón dio un vuelco, pero no respondí a su duda.

-Como deseo que me amen así -dijo con nostalgia.

-¿Aunque haya muerto?

-Si Vicky, así haya muerto; ser amada de verdad es un privilegio. Sé que debe ser terriblemente doloroso todo lo que te está pasando, pero te queda el hermoso recuerdo de lo que viviste junto a ese muchacho. Victoria, nuestra vida no es nuestra y siempre he creído que la muerte es solo una puerta que nos conduce a otro mundo y cuando se cierra otra se abre. Imagínate que esa puerta de la muerte te conduciría al cielo o al infierno -sonrió con picardía, luego prosiguió -y que cuando se abriera, detrás de ella, él estaría esperándote -luego de aquellas palabras, Alexandra destapó otras dos cervezas y a decir verdad me hacían falta, había perdido bastante líquido de tanto llorar.

Las cervezas ya habían logrado marearnos, Alexandra había ido por más y ya yo me había cambiado de ropa, como mi papá se había llevado las maletas, ella me prestó una suya. Estábamos tiradas en la alfombra de su cuarto tomando y sacando mis fantasmas, pero los demonios que me atormentaba me los había reservado. Me sentía tranquila en casa de mi abuela, sentía que los guardianes la protegían. Adrián vino nuevamente, el alcohol entre mezclado en mi sangre logró aflorar mi añoranza por él, suspiré.

-¿Y ese suspiro? Eso no parece un suspiro causado por un difunto, más bien parece un suspiro producido por una persona viva -sonreí por sus palabras y también por su tono de voz ya casi alcoholizado, no pude evitar recordar a Emily.

-Al fin te saco una sonrisa -. La puerta sonó, era mi tío Andrés para ver si estábamos bien, pero al vernos con las cervezas en mano negó con la cabeza.

-Veo que están muy bien, gracias a Dios que mañana es sábado. -Luego de esas palabras se despidió, no sin antes decirnos que no hiciéramos ruido, había gente durmiendo en la casa.

-No te me hagas la loca, dime el trasfondo de ese suspiro -insistió apenas mi tío se fue.

-Sabes prima, creo sinceramente en eso de la reencarnación -me metí de lleno en otro tema que tenía conexión con el punto que ella exponía.

-¿Realmente supones en eso?

-Sí, y he vivido con la firme creencia de que el hombre que amé en mi vida pasada traspasó las barreras del tiempo y me volvió a encontrar en esta vida. He experimentado eso desde siempre y a partir de esa sensación he estado generando sueños, imaginando que nos encontramos una y otra vez en vidas diferentes y en épocas diferentes -Alexandra puso cara de extrañeza y me arrancó la botella de la mano.

-Opino que la cerveza está alterada, debido a que alucina.

-¡Boba! -sonreí y le quité mi bebida, luego ella enarcó una ceja.

-Señorita, me debes proporcionar una explicación en lo que se refiere a la investigación que me solicitaste hacer sobre Adrián Álamo, hijo de los dueños antiguos de la hacienda los Álamos, y que, por cierto, están bien muertos, incluyéndolo a él -hizo una pausa y puso una expresión de terror-. ¿Acaso eso tiene que ver con esa historia espantosa y extraña de las reencarnaciones? -Alexandra había dado en el clavo, quise cambiar el tema.

-Mejor olvidémoslo y muéstrame tu tatuaje -mi idea tuvo buen efecto.

-¡Si mejor! -dijo rápidamente, y entusiasmada se quitó la camiseta dejándome ver un enorme y hermoso Fénix que ocupaba la mitad de su espalda.

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