Los secretos más oscuros de la familia Cano Torres saldrá a luz pública, será inevitable.
Tessa Volcán es una joven hermosa adicta al riesgo. Y al éxtasis, el cristal. Su astucia mezclada con la ingenuidad, enloquece a Hugo Cano. Él no es solo el odioso hermanastro que le hacía la vida imposible cuando era una niña, sino que también es el chico que le gusta retar en sus juegos más pervertidos y peligrosos.
Hugo Cano es un joven que descendía de una familia adinerada y peligrosa que muy pocos conocían. Tessa Volcán también descendía de una familia influenciada. De la misma familia para ser más exactos. Son hermanastros.
Tessa y Hugo saben que la mejor forma de liberarse de la tentación, es cayendo en ella. Por eso los hermanastros se retan, porque cuánto más prohibido, más tentador, más arriesgado a que explote ante la sociedad y ante sus propios padres. ¿Se puede amar sin lastimar a nadie?
Ellos creyeron que sí, que se podía amar y ser libres para romper la frontera invisible que separaba, al qué dirán de un país entero, a la opinión de sus padres que a toda costa lo impedirán, por una sencilla razón ¡es incesto! para ellos.
El problema real, se esconde en los caprichos de Tessa que, por querer provocarle, terminará por desatar una guerra entre las mafias más peligrosas del país. Tratando de alejarse una del otro, se comete el peor de los errores. Y, que Junior Carvajal, un socio mafioso se encapricha de Tessa, no le gustará nada a Hugo, que hará hasta lo imposible por defender su amor prohibido. Todo explotará y desatará una guerra sin cuartel.
Tessa, a su ves, lo tendrá muy complicado cuando descubra los secretos más aterradores que hubiera imaginado en toda su vida. Es cuando comienza a cuestionarse serias cosas...
¿Hubiese preferido quedarse en su burbuja del cuento de hada... o debería aceptar la realidad y defender lo que es suyo, a su reto prohibido?
¿Quién dijo que jugar con fuego era divertido?
Tessa Volcán
-Vamos Tere, ¡llegamos tarde!
Apenas llegando a la plaza (dónde he quedado con mi señora madre), me acerco arrastrando las ruedas de la maleta en el asfalto.
-Tessa, mamá. Llámame Tessa. Por favor te lo pido.
-Uhisss ¡Ahora te me pones intensa!
-Intensa no, mamá. Pero... ya que me trajiste a la fuerza ¡porque te recuerdo que yo no quería venir! ... Al menos respeta mi nombre ¿sí?
-Desde luego-sacude la cabeza-, qué tranquilo se ha debido de quedar tu padre hija mía. Porque te recuerdo, ¡jovencita! que él te envió aquí conmigo. Yo no te obligué.
Pongo los ojos en blanco.
Si algo tiene de especial el hecho de tener unos padres como yo, divorciados, es que se pueden echar la culpa uno al otro de sus propias decisiones.
¿Quién les pidió traerme a este mundo? Desde luego, yo no.
Hace algunos años que se divorciaron. Mi madre rehízo su vida con Francisco Cano. Uno de los hombres más ricos de la Capital de España. Claro que, Dolores Torres no se queda atrás. Es la mejor diseñadora de moda, en Madrid y.... del país. Así que menudo dos se han juntado. Los Torres y los Cano. A cuál, más estrictos y más ambiciosos. Si soy sincera, los Canuto (así les apodo desde que era una niña) destacan en la arrogancia, en lo estrictos y en lo egoísta. Pero ahí van ellos, con más de seis años de casados y más felices que una perdiz.
José Volcán, no contó con esa suerte. Mi padre no se volvió a casar. No puso empeño en ello. Con una mujer ya tuvo para el resto de su vida, me confesó un día. Y no lo juzgo. Mi madre tiene un carisma especial, tan especial que lo dejó exprimido, en lo que al amor respecta. Lo dejó tan marcado, que, en un principio de la separación, también se desentendió de mí y, de las obligaciones como ser un papá atento. Por supuesto, es más sencillo decir eso, a reconocer que me abandonó dejándome a mi suerte cuando mi madre perdió la cabeza y se juntó con el Canuto. Me habría ahorrado muchos disgustos... tantas citas y sesiones en psicólogos, por el trauma que me dejó en mi corta estancia en la Villa Cano.
A mi padre, ahora le ha dado por viajar en cruceros por todo el mundo. Según él, encontró al fin "su pasión por la vida" Lo que me obliga a mí, a volver con mi madre y su marido y, en general, con su familia. Ya que comienzo la universidad, mi madre me quiere, no, me necesita cerca. Sus palabras textuales.
-Anda ven aquí, ¡estás preciosa!
Esa es otra de las tantas virtudes, de la señora Torres. Primero me riñe y después me abraza como si nada. Me abraza con entusiasmo, con anhelo. Apenas nos vemos cada dos fines de semana, cuando me visitaba en Mallorca. Admito que, aun estando lejos, ella siempre estuvo pendiente de mí. Me llamaba todos los días y, casi a todas horas. Ya que, fue decisión propia el mudarme a vivir con mi padre hace cuatro años. Ella, por ese entonces no me contradijo. Porque estaba enfocada en su carrera profesional y si yo, su niña, estaba feliz con su padre, pues todos felices y contentos.
Agarra la maleta y se la pasa al chófer. Levanto una ceja, divertida;
-Mamá, en serio, yo te esperaba con un cartelito que dijera, por ejemplo -me toma un segundo en inventar la broma, imitando el gesto cursi de mi madre-... ¿Bienvenida a casa, mi niña consentida de su mamá?
-Tu ríete, pero eres mi niña consentida y hermosa... ¿traes todo ahí? -voltea hacia la maleta, pero en seguida quita importancia -Es igual, mañana nos vamos de shopping tu y yo.
Lleva más de seis meses rogándome para que viviera a vivir con ella. Creo que eso la tiene un poco loquita.
-No será necesario mamá... Ya estoy mayorcita para ocuparme de mis cosas. Además, ya lo hablamos. Me quedaré en tu casa hasta que encuentre un cuarto en la residencia de la facultad. ¿Estamos?
Hace un mohín, asintiendo con la cabeza. Lo cierto es que nada será igual. Así lo presiento.
-Yo te puedo conseguir...
-No. Lo voy hacer yo.
Gira la cabeza con una mueca de asombro en su hermosa cara.
-Oh, pues sí que has cambiado.
"solo en lo que me conviene, madre"
-Para que veas, madre.
Subimos al auto y comienzo a admirar la belleza de la ciudad. Saco la cabeza por la ventana. El viento cálido de septiembre agita mi pelo rubio y largo. Sonrío. Me inspira una paz tan, tan reconfortante que me olvido de lo que verdaderamente me espera en la Villa Cano Torres. A mi corta edad, lo llamaba el infierno. Y no porque fuese la vivienda en sí. Era por los personajes que la habitaban, como Hugo y su primito Aitor Cano.
La Villa está tal como la recordaba, como un castillo moderno del siglo veintiuno en mis cuentos de hadas, los que mamá leía cuando era pequeña. La entrada la adornaba un hermoso jardín rodeando el estanque. Recuerdo que, jugaba y alimentaba a las tortugas y a los peces de colorines que había en la profundidad. Me preguntaba si seguían ahí, o si Hugo los había asesinado cruelmente. Como todo lo que tocaba, lo destruía sin piedad...
-¡Sorpresa!
El marido de mi madre abría los brazos al mismo tiempo que los flashes me deslumbraban. No me extrañó que mi madre los hubiera contratado para la exclusiva "la niña consentida regresa con su mami". Los fotógrafos capturan el reencuentro del momento. Sonrío. Después de todo, Francisco Cano, es el único ser que aguanta y tolera a mi madre y eso es un gran mérito.
-Bienvenida a casa de nuevo. Estás preciosa, cariño.
Me da un breve, pero afectuoso abrazo. He de admitir, que para él soy una Cano más, aunque no me agrade la idea, así es.
-Gracias, Francisco -le sonrío.
-De nada, pequeña- sonríe, con una pizca de orgullo en su mirada. Luego, gira un poco la vista y añade -... Ah, ahí está Hugo ¡Hugo ven a saludar a tu hermana!
Volteo a mi lado. Aquí tengo adelante a mi peor pesadilla. Hugo Cano se acerca caminando hacia nosotros y, va saludando a los invitados a su paso. Su caminar fluye como uno de los modelos por la pasarela del premio Oscar al más guapo y seductor.
Hay un instante, en que creo estar alucinando. De hecho, no sé por qué, pero lo había imaginado muy gordo y feo. Al menos, creía que el Karma al fin le iba a dar una cucharada de su propio chocolate y se iba a poner de mi parte, por haberse metido tanto con mi físico cuando era pequeña. Pero, me he equivocado. Hugo Cano ha crecido tanto que su altura impacta y, por no hablar de su rostro con esos rasgos marcados y su cuerpo fornido.
-¡Hugo! -repite Francisco -¡Ven a saludar a tu hermana!
Sus llamativos ojos verdes, encuentran los míos. Hugo se detuvo al instante, atónito. En su mente parecía preguntar "¿Tu...?" Y por increíble que parezca, acabo de confirmar, igual que Hugo, la realidad de mi teoría. Anoche me acosté con mi hermanastro.
Para mí, nada es tan sorprendente como las coincidencias de la vida. Ese tipo de coincidencias que, te dejan sin aliento y que una, no entiende...
-¿Huguito? -balbuceo una risa nerviosa, que vibra en mi pecho. Bajo la vista por un segundo al paquete del pantalón, jocosa -. Pero, qué... grandote - Doy un paso, ya que él seguía inmóvil en su sitio. -. ¿No te da gusto verme?
-No. Cómo crees pequeña, de seguro no te recuerda.
Francisco le da un empujón hacia mí y, alzo los brazos, rodeo su cuello pegando mi cuerpo al suyo, en un escaso abrazo.
-Quién lo diría ¿eh? - susurro a su oído -Hace apenas unas cuantas horas me estabas follan...
Un disimulado empuje, me impide terminar la palabra. Se aleja, murmurando:
-Bienvenida...
-Vamos, tu fiesta está adentro. - añade Francisco, distrayendo la atención de su hijo que se aleja a toda prisa.
"Fiesta... la que me di anoche" Mis mejillas se tornan al rosa, con solo recordarlo.
Mi madre me abraza de nuevo.
-Bienvenida a casa Tessa, cariño. -deja un sonoro beso en mi mejilla.
-Gracias, mamá.
Esto de regresar a la Villa Cano va a estar más entretenido de lo que esperaba.
Hugo Cano
Entro en la sala, un flash me coge desprevenido y la inercia me obligó a levantar el puño cerrado. Listo para mi defensa. Acto seguido, fuerzo una sonrisa y manejo, en un disimulo, el semblante de idiota y de subnormal que debo de tener en este momento.
A buena hora, se le ocurrió a Dolores contratar fotógrafos. Si tan solo es una fiesta privada. La familia Cano y amigos cercanos de mi padre. Y todo para que la niñata tenga que...
Pero, ¿qué hice?
No dejaba de hacerme la misma pregunta una y otra vez. ¡Nadie debe de saber esto! ¡No pueden saberlo!
Si mi padre descubre que anoche me follé a la Teresita, hará un saco de boxeo conmigo, o peor aún, me corta los huevos.
Pero, ¿cómo iba yo a saber que ella...?
- ¿Se puede saber...? -Me sobresalté al ver a mi padre a mi lado. -. ¿qué fue esa bienvenida que le has dado a tu hermana?
-No es mi hermana, padre.
Con disimulo, se rasca la barbilla espesa y canosa frente los invitados y, eso no es nada bueno para mí.
-Pues me la tratas como si fuese tu hermana ¡última advertencia Hugo! Más te vale cuidar de Teresa, tanto en la universidad, como en casa.
Cómo si esa niñata necesitase ser cuidada por mí a todas horas, por favor. Aparto la vista de sus ojos amenazadores. Muevo la cabeza con un claro, Sí. ¿Cómo negarme?, si sé lo que me espera si no lo hago.
Claro que también debió de decirlo, ¿un día antes? Para mi desgracia, llegó tarde la advertencia, muy tarde...
-Por el bien de la salud de Dolores lo harás -Él me señala con un dedo, serio.- ¿He sido lo bastante claro contigo, Hugo?
-Transparente, padre.
Él asiente y parece ser que mi respuesta le sube el gran ego que posee y, que nos caracteriza a los Cano, porque añade:
-Qué fácil es todo cuando nos entendemos Hugo - me da un par de toques amistosos en el hombro -... Muy bien.
Se aleja con su señora. Aprieto la quijada, hasta que siento rechinar mis dientes.
Sí, todo es más fácil si se hace lo que usted diga, padre.
Si él supiera lo que en verdad ocurrió anoche no me hubiera pedido eso, por el bien de su señora esposa. Sino que más bien me echaría de casa añadiendo toda la posibilidad, de desheredar el imperio Cano ¡Y con justa razón!
Mi padre puede ser el mayor hijo de puta que parió este mundo, pero ama a Dolores. Tal vez, podría decir que es el único amor verdadero. Por ella es capaz de sacudir el mapamundi entero para juntar el cielo y la tierra. Algo imposible.
Yo también lo creía hasta que contrató al mejor especialista para que a Dolores no le falle la memoria, por su reciente enfermedad. Si eso no es amor, que baje quién quiera y se lo digan a mi padre.
Soy el primero en admitir que a la familia no se toca. Pero ¡maldición! Se suponía que llegaba hoy a la ciudad. Entonces, ¿qué hacía ella en la fiesta?
Joderlo todo, eso hacía ¡maldición!
Anoche fui a una fiesta, como otra noche cualquiera. La vi, me pareció apetitosa y... me la comí. ¿Cómo no? Si está tan buena que se rompe. Me la comí como a cualquier otra chica.
Bueno, está claro que, otra chica no me tendría nervioso como lo estoy ahora.
Paso la mano por mi cabello corto, y como no logro calmarme voy por un trago. Un whisky doble. Lo bebo de un sorbo. Hago una mueca al sentir el líquido amargo bajar por la garganta. Toco mi barbilla... no puedo evitar girar los ojos hacia ella.
Está junto a su madre riendo sobre algo que le dijo. Luego se aproximan mis tíos y mis primos, la saludan amables...
Recuerdo cuando se marchó de la Villa siendo una niña. No era ni la mitad de guapa y atractiva de lo que es ahora.
Sus ojos captan los míos ¡mierda!
Aparto los ojos. Encima me capta mirándola. Vuelvo hacia el mini bar, y me sirvo otro whisky. Doy un sorbo y, por el rabillo del ojo observo que se acerca... Toco la zona del cuello. A ver cómo demonios voy arreglar este desastre...
- ¿Hola, de nuevo? -se detiene a mi lado. En la misma postura en la que me mantengo en pie, dejado de caer, con el codo en la barra -... ¿Chico nuevo?
Doblo el gesto, irónico:
-Lo era... hasta hoy ¿no?
Giro la vista, sonríe mientras con la mano pasa todo el cabello rubio a un lado del cuello. Sus ondas caen en su pecho...
El recuerdo de mi mano encajando en su pecho, me llega a la mente de imprevisto. Pellizcando su pezón rosado, el gemido que soltó...
-Hasta hoy, sí.
Cambio de postura y, para mi desgracia nota lo que trato de esconder. La enorme erección en mis pantalones. Tal vez podría asustarse, o sentir incomodidad, pero no. Con descaro, se muerde el labio carnoso. En un gesto tan sexy que tuve que humedecer mis labios y tragar saliva.
-Deja de hacer eso -mi voz sonó más ronca de lo que esperaba y, traicionando el instinto de frenar la situación. Carraspeo la garganta y añado -... Quiero decir, no digas nada.
- ¿Quieres que me quede callada con lo de... anoche... o de lo grandote que te ves?
Sus cejas señalan al pantalón con una expresión divertida. No sé si seguir el juego, o molestarme por el tono burlona en el que lo dice:
- ¿Quieres más Tere?
Todo humor y todo acción de seducción desaparece de su rostro:
-Tessa, para todos soy Tessa.
Maldición, es más excitante enojada. Sonrío divertido.
-Como digas, Tessa. -dije saboreando su nombre en mis labios.
Se me acercó de golpe, da una suave palmada a mi hombro.
-Se te nota tenso Huguito.
-Hugo. -le aclaro.
Eso de Huguito quedó atrás hace mucho tiempo. Desde que comencé a trabajar en el "negocio familiar" hace más tres años...
-Bueno Hugo, relájate. No temas, que a mí se me olvidó lo que pasó anoche...
- ¿Ah, si? - La interrumpo -. Yo creo que no. Yo recuerdo tu expresión... era como si alucinaras...tenías los ojos tan grandes que yo pensé que te había dado algo... o qué te había dañado- me acerco a su oído -, pero no, lo que te pasaba era que te estabas retorciendo de lo rico que te estabas corriendo.
Gira la vista buscando si hay oídos curiosos escuchando todo lo que dije. Más bien, creo que intenta ocultar el rubor rosado de sus mejillas.
-Igual te lo podría recordar, pero resulta que no quiero- prosigo, ella fija sus ojos en los míos. Sonrío y añado -. No volverá a pasar Tessa.
-Por supuesto que no va a pasar, imbécil Porque ¡para empezar, de haber sabido que eras tú, ni loca me dejo tocar...!
Aprieta los labios y guarda silencio. Al parecer le escuece hablar del tema. Me dedica una última mirada fulminante y se aleja de mi lado.
Su tacón resuena en la baldosa con unos pasos rápidos, pero elegantes. Su culo se mueve, tentándome.
A veces vamos sin frenos y, hoy me siento chocando de frente contra un muro por no frenar el deseo que sentí.