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Revive el amor caducado

Revive el amor caducado

Autor: : Sassy Lady
Género: Moderno
Durante los tres años de matrimonio, lo único que Alicia recibió de su marido, Erick, fue indiferencia y disgusto. Justo cuando algo despertó su esperanza de que Erick finalmente hubiera cambiado, descubrió que él tenía motivos ocultos. Tanto el amor como la paciencia tenían fecha de caducidad. Incapaz de soportarlo más, Alicia solicitó el divorcio. Erick la acorraló contra la pared y exclamó: "¿Quieres divorciarte de mí? ¡De ninguna manera!". Aun así, Alicia estaba decidida a cambiar. Comenzó su camino hacia el éxito y pronto atrajo a muchos admiradores, lo que enojó mucho a Erick. Un día volvió a ver a Alicia, que estaba con unos niños. Al ver la escena, actuó fuera de lugar: "Déjame ser su padre". Alicia puso los ojos en blanco. "No necesito su ayuda, Sr. Ellis. Puedo cuidar de ellos por mi cuenta". Sin embargo, Erick no aceptaría un "no" por respuesta...

Capítulo 1 Te quiero

Un relámpago iluminó el cielo, seguido del profundo retumbar de un trueno al otro lado de la ventana.

La puerta de cristal esmerilado del cuarto de baño, tocada por una luz suave, mostraba los contornos de dos figuras.

Un hombre alto y una mujer estaban de pie detrás de ella.

El vapor empañaba el aire, dificultando la visión de Alicia Ellis. Sus manos se apoyaban en el cristal.

Alrededor de su cintura, los brazos del hombre la sujetaban con fuerza.

Un torbellino de emociones la invadió. Confusión y felicidad se entremezclaban y se sentía como una pluma lanzada al aire antes de caer.

Hoy se cumplían tres años de su matrimonio con Erick Ellis.

En el pasado, Alicia siempre se lo recordaba a Erick, pero él nunca se acordaba, e incluso rara vez volvía a casa.

Aunque estaban casados, parecían desconocidos.

Esta intimidad, típica de una pareja, era nueva para ellos.

Tres años de matrimonio, y Alicia seguía virgen, pero nunca se lo echó en cara a Erick.

Por fin, se abrió la puerta del baño. Erick, vestido con un albornoz, salió primero.

Su bata colgaba abierta, mostrando su pecho, marcado con los arañazos de las uñas de Alicia.

Ella estallaba de excitación, como un animalito hiperactivo y, en su afán, le arañó accidentalmente la piel unas cuantas veces, incapaz de contener su energía salvaje.

Erick, con una sonrisa fría, se sentó y se encendió un cigarrillo.

Al cabo de un rato, Alicia salió, agarrando con fuerza su albornoz. Tenía las mejillas sonrosadas, una mezcla de timidez y nervios, pero se esforzaba por parecer serena. "Hoy pareces muy contento", comentó con cierta vacilación.

En su matrimonio, la muchacha siempre había sido la más sumisa, en parte por culpa.

Tres años atrás, su hermanastra Michelle Singh había orquestado un accidente de tráfico que casi le cuesta la vida. Erick, que quería mucho a Michelle, intervino como mediador.

Los labios del varón se curvaron en una sonrisa encantadora. "¿Qué te haría perdonar a Michelle?".

En aquel momento, Alicia se recuperaba en una cama de hospital, sobreviviendo a duras penas, e incluso mover la mano le resultaba difícil. Se esforzó por levantar la cabeza, mirando fijamente los labios de Erick, y se encontró con su mirada.

"Te quiero", declaró, cada palabra cargada de determinación.

Su exigencia era clara: quería que Erick se casara con ella y enviara a Michelle a Faylea. De esta manera se olvidaría de todo rencor.

Se sorprendió cuando él aceptó.

Un matrimonio hecho a partir de un trato así parecía que sería aburrido...

Pero hoy era diferente. Él volvió temprano a casa, e hicieron el amor con pasión, encendiendo la débil esperanza de su corazón.

Ella se le acercó, esperanzada, atreviéndose incluso a desear un abrazo.

Tras el apasionado encuentro, aún le temblaban las piernas. Su albornoz, flojamente atado, dejaba ver una cicatriz que iba desde el tobillo hasta la rodilla, fina y delicada, pero que parecía a punto de romperse.

Era el recuerdo de su casi fatal accidente automovilístico, cerrado con más de diez puntos de sutura.

Una señal de su lucha por estar con él.

Erick se sentó frente a Alicia, perfilado a contraluz, con la mirada fría. "Michelle volvió ayer del extranjero. No se encuentra bien y quiere quedarse conmigo para recuperarse. ¿Qué opinas?".

Su cigarrillo brilló con intensidad y, con un movimiento, la ceniza cayó sobre la alfombra de felpa.

Lo que se enfrió a continuación fue el corazón de Alicia.

En ese momento, lo entendió todo.

Capítulo 2 Mostrar lástima por ella

El repentino cambio de comportamiento de Erick de hoy tenía sentido ahora. Incluso había tenido sexo con Alicia, algo que a ella le resultaba excitante y confuso a la vez.

Al principio, estaba encantada con este nuevo avance en su relación, pero poco después sintió que estaba haciendo el ridículo.

"Lo hiciste por lástima hacia mí, ¿verdad?", inquirió la muchacha con voz temblorosa. Su cara perdió todo el color, y sus manos, que agarraban con fuerza su ropa, se cerraron en puños.

El calor que había sentido en su momento de intimidad desapareció rápidamente, dejándola fría y vacía.

Se preguntó si Erick intimó con ella solo para que aceptara que Michelle se mudara a su casa.

Para Alicia, aquello era el insulto definitivo.

Erick, que parecía un poco impaciente, apagó el cigarrillo en el cenicero de cristal. "¿Por qué sigues resistiéndote? Michelle es tu hermana. ¿Cuánto tiempo vas a evitarla?".

"Puede que sea mi hermana, pero casi me mata. ¿Pretendes que la vea todos los días y recuerde lo cerca que estuve de la muerte?".

Alicia alzó su voz inconscientemente.

Estaba segura de que tenía un aspecto terrible en ese momento. En el pasado, lo hizo todo para ser la esposa perfecta para Erick, e incluso renunció a su carrera para cuidar de él, todo con la esperanza de ganarse su amor.

Ella sabía que él era un hombre orgulloso, y que su matrimonio forzado le representaba una molestia constante.

Sin embargo, tenía la esperanza de que, con el tiempo, empezara a sentir algo por ella.

Ahora se daba cuenta de lo ingenua que había sido.

Él ignoraba que, tres años atrás, ella estuvo a punto de perder la vida en un accidente automovilístico provocado por Michelle, lo que le supuso una estancia de tres meses en el hospital y la dejó dependiente de una silla de ruedas durante meses. No sabía de las pesadillas que la atormentaban cada noche desde entonces, haciéndola despertarse gritando, y tampoco era consciente de que el clima lluvioso le provocaba dolor en la cicatriz de la pierna.

Su vida había estado llena de luchas, día y noche.

Para él, Michelle solo era una pobre chica que tuvo que abandonar su país por culpa de su celosa esposa, una mujer a la que veía histérica y resentida.

Eran ellos quienes la habían empujado al punto de la histeria.

Erick la miró con frialdad, con una expresión tajante, tan distinta de la calidez y dulzura que había mostrado solo unos instantes antes. Pero, esta vez, Alicia se mantuvo firme, con los labios apretados y los ojos ardiendo de determinación.

Llevaba años cediendo, pero tenía sus límites.

No soportaría ver a Michelle entrar en su casa y acercarse a su esposo ante sus propios ojos.

Simplemente no podía.

"Creo que lo entendiste todo mal". Erick se levantó despacio, pasó junto a ella, se despojó del albornoz y se vistió con gracia.

Su perfil era llamativo, como si lo hubiera trazado cuidadosamente un artista, pero la frialdad de sus ojos lo hacía parecer aún más misterioso.

Sin embargo, sus palabras fueron claras y directas, firmes e inquebrantables.

"Esta es mi casa, y yo tengo la última palabra. No se puede discutir. Así son las cosas".

Mientras se abrochaba con precisión el último botón de la camisa, se volvió para mirar a Alicia.

Era como si todos los íntimos momentos anteriores fueran solo producto de la imaginación de la joven, quien sentía como si unas manos invisibles apretaran su cuello con fuerza, dificultándole la respiración. Vio a Erick acercarse, paso a paso, y una sensación de miedo inexplicable la invadió.

Sin darse cuenta, retrocedió hasta que él alargó la mano y le sujetó la barbilla con firmeza.

Sus miradas se cruzaron y el corazón de Alicia empezó a acelerarse.

Entonces, de la nada, un fuerte alboroto rompió la tensión. Su criada irrumpió anunciando: "Señor Ellis, la señorita Singh está abajo".

¿Señorita Singh? ¿Era Michelle?

Alicia se tensó de golpe. Se dio cuenta de que Erick respondía con prontitud, corriendo a la ventana para mirar hacia afuera.

Curiosa, se unió a él, y fue entonces cuando vio la escena de abajo.

Era una tormenta, con relámpagos que surcaban el cielo, truenos que retumbaban, nubes oscuras que se cernían y lluvia que caía con fuerza. Los árboles se doblaban con el viento, y allí, justo a la entrada de su casa, estaba Michelle. Estaba empapada y tenía el pelo pegado a la cara, pero se mantenía firme.

Su aspecto era a la vez lamentable y atractivo.

Alicia miró a Erick, que estaba a su lado, con los ojos muy abiertos por la sorpresa. Él se dio la vuelta bruscamente, dispuesto a correr escaleras abajo en un instante.

Alicia sintió un escalofrío.

Entonces, habló apretando los dientes, con voz firme: "Si sales por esa puerta hoy, se acabó lo nuestro".

Capítulo 3 Sin posición

Erick se detuvo ante la puerta y, sin volverse, soltó una suave carcajada.

"¿Crees que puedes hacer tratos conmigo solo porque estoy siendo amable? Qué gracioso".

Tomó rápidamente su abrigo y bajó las escaleras sin pensarlo dos veces.

Alicia lo miró irse, sintiéndose entumecida, y tardó un momento en darse cuenta de que tenía una extraña sensación en las mejillas.

Cuando se tocó la cara, descubrió que le caían lágrimas sin querer.

Habían pasado tres años, pero él seguía siendo tan frío con ella.

Sin importar el día conmemorativo o lo que acabara de ocurrir, allí estaba Michelle, de pie, deshaciendo sin esfuerzo todo por lo que Alicia había trabajado en estos tres años.

Ella nunca fue dura con Erick, pero esta vez era diferente.

Sabía que si salía por esa puerta, su matrimonio se acabaría de verdad.

Poco a poco, se acercó a la ventana, miró hacia abajo y vio a Erick aproximarse con rapidez a Michelle. La otra se inclinó ligeramente y cayó en su abrazo. Erick la ayudó a subir a su auto y su cercanía se hizo notar.

Arriba, Alicia no pudo evitar preguntarse si Erick aún tenía su fragancia. Sin embargo, la mujer que abrazaba ahora era diferente.

Vio cómo el auto se perdía en la lluvia que amainaba.

El aguacero pasó pronto, pero la tormenta desatada en el corazón de la muchacha parecía interminable.

Sus pensamientos se vieron interrumpidos por un repentino tono de llamada. Reacia al principio, por fin se dio la vuelta y contestó a la insistente llamada.

Era de su madrastra, Lana Singh.

Tras la desaparición de la madre de Alicia, sospechosa de haber huido con otro hombre, su padre, desconsolado, volvió a casarse con Lana un año más tarde. Lana trajo a su propia hija, Michelle, un año menor que Alicia.

Alicia comprendía las dificultades de su padre, y durante años se sintió culpable y avergonzada por las acciones de su madre.

Lana y Michelle no solo ocuparon su hogar, sino que también le robaron el afecto de su padre.

Pero un accidente automovilístico tres años atrás destruyó cualquier fachada de paz entre ella y Michelle.

La voz de Lana era demasiado cálida cuando dijo: "Alicia, ¿te hiciste la revisión en el hospital? ¿Cómo te fue? No quiero fastidiarte, pero ya llevas un tiempo casada. Ya es hora de tener un bebé, ¿no crees? Satisfará a tu suegra".

Alicia se había casado con un miembro de la familia Ellis, y la madre de Erick, Helen Ellis, no estaba muy contenta con su matrimonio.

Los Singh no competían con los Ellis en riqueza y estatus.

A pesar de la actitud distante de Erick hacia Alicia, la familia de ella había obtenido algunos beneficios por esta unión.

En esta situación, como Alicia no pudo quedarse embarazada, los padres de ambos estaban descontentos.

Pero Alicia se encontraba en un aprieto.

Ella y Erick ni siquiera habían compartido la cama, por lo que un bebé en esas circunstancias sería extraño.

Lana, por su parte, la presionaba mucho, lo que la desconcertaba. Como Michelle no se había casado con Erick, Alicia esperaba que Lana la despreciara.

Sin embargo, allí estaba esa mujer, insistiendo en que tuviera un hijo.

Pero la muchacha estaba demasiado estresada en ese momento como para comprometerse a nada. "De acuerdo, Lana".

Las palabras de Alicia a Lana fueron suaves, pero sin duda tocaron un nervio. Lana, que seguía hablando, dijo: "¿Recuerdas el terreno en Vertriver que mencionamos antes? ¿Ha dicho Erick que sí? No quiero entrometerme, Alicia, pero es importante que te des cuenta de que la situación de nuestra familia está empeorando. Tu madre huyó con alguien, y eso ha arruinado el nombre de nuestra familia. Sin un hijo, ¿cómo esperas el respeto de la familia Ellis?".

"Mi mamá solo desapareció, no se fugó con nadie", replicó Alicia rápidamente y su enfado crecía.

Su madre desapareció en circunstancias misteriosas. Su padre, que se había casado con la familia de su madre sin tener un céntimo a su nombre, tuvo que hacer frente a las consecuencias y a los rumores de una aventura.

La noticia cayó sobre Alicia como un rayo, y cada mención le producía un dolor punzante en el corazón.

"Bien, bien... Está desaparecida, no fugada". La voz de Lana era como si le hablara a un niño, pero su expresión burlona mostraba su desprecio por la negación ajena. "En cualquier caso, desaparecida o fugada, hemos pasado años ocultando las vergüenzas de tu madre. Somos familia. Ayudar a tu padre es ayudarte a ti misma. No querrás que Erick y su familia, que siempre te miran por encima del hombro, se enteren, ¿verdad?".

La cara de Alicia se puso rígida y se mordió el labio inferior.

Sabía que no podía permitir que Erick y los Ellis, que siempre la despreciaban, se enteraran del secreto de su madre, y por eso soportaba aquella carga, suplicando constantemente a Erick por los beneficios de la familia Singh, solo para que él la despreciara aún más.

Cansada, dio a Lana una afirmativa. Tras obtener la respuesta deseada, la otra continuó con una pequeña charla.

Cuando Alicia estaba a punto de terminar la llamada, su rostro se puso pálido y se quedó mirando la mesita de café cercana.

Erick estaba sentado allí antes de salir, y ahora había una pequeña pastilla blanca sobre la mesa.

El corazón de la muchacha se aceleró. Dejó caer el celular y se acercó a la pequeña píldora que había pasado desapercibida.

Era... Era la píldora anticonceptiva que Erick había dejado para ella.

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