Esta es una historia ficticia como todas las demás, pero muy arraigadas al carácter del ser humano.
Siempre he sido una persona soñadora, se puede decirse que vivo entre la realidad y mi propio mundo.
Desde que tengo uso de razón y recuerdo las vivencias mías y las contadas, siempre he tenido en mi interior un mundo alterno en la que escapo cada vez que mi realidad se nubla, así mismo me gustaría o quisiera que otros accedieran para disfrutar un poco del mundo que está dentro de mi.
Se dice que cada cabeza es un mundo, entonces bienvenidos a mi mundo.
Las razones para escribir esta historia son... bueno, son muchas.
Primero por que mi vida terminará en algún punto del tiempo, pero este libro seguirá vigente para quien desee abrir sus páginas de fantasías y recrearse en una inmersión que les haga vivir la historia contada por mi persona.
Segundo y muy importante; me encantaría que en un futuro mis hijos o nietos cuando los tenga lea esta historia, se divierta en la lectura, o quizás le llegase a gustar la lectura o la escritura.
Tercero, también muy importante, quisiera expresar mis cúmulos de pensamientos hacia el exterior, ya saben, uno al escribir saca lo interno al exterior y eso es presisamente lo que estaré haciendo entre estas páginas de este pequeño libro.
Y por último e igual de importante, escribiré esta historia para que los pedazos de mi conciencia puedan ser devorados por las mentes ágiles y los ojos voraces de la lectura, ha ha ha, ( eso también lo acabo de inventar yo ) lean con moderación, que devorar libros es mucha comida para el cerebro.
Rey sin trono...
Su historia, ¿como nace en mi mente? Aunque la historia será mostrada en una edad de reyes y príncipes, épocas en el que importaba mas el honor que el amor entre las familias, en el que tomar el poder era mucho más importante que una relación de lealtad y honestidad, así que no importaría los carácteres del ser humano, estos no varían mucho del pasado al presente.
Es una presentación de uno mismo en el que muchas veces somos privados de lo que realmente merecemos, sin embargo nuestra validación está allí, sigue allí. Y eso es lo que debemos entender los seres humanos, la vida, las mejores cosas, las victorias, todo están allí en espera de ser tomados, que se te niega una cosa solo te da a abrirte a más opciones. A buscar nuevos horizontes hacia tus objetivos.
Un príncipe rechazado por su propio padre, un gran imperio, el poder en su máxima expresión, muchas vidas en juego, el AMOR salvando el día, el telón se abre y los actores empiezan a su actuación. Y tú eres el espectador. Disfruta lo que tienes ante ti.
Gracias a las personas que decidan adentrarse a mi pequeña historia. El mundo es mundo desde que abrí mis ojos, el amor es amor desde que sentí sus primeros cálidos abrazos y apapachos, la gente siempre va y viene, pero nuestra convicción estará siempre allí, sin miedo a nada, o quizás deba decir con miedo, pero enfrentando con valentía el porvenir, hacia adelante siempre, pa tras ni pa coger impulso.
O_o
Gracias por llegar hasta aquí. (•‿•)
Entre las Tierras lejanas de Occidente de Europa, vivía un Rey que dominaba doce reinos de los más prósperos y abundantes.
Éste era el Rey Ándraco. Su majestad el rey era un hombre caprichoso y despiadado. Siempre conseguía todo lo que quería y se propusiera.
Sin importar cual sería la pérdida para los demás, el Rey Ándraco siempre satisfacía sus deseos. Asi fue como sus ojos se posaron en la bella y joven princesa del Reino vecino de Morrison, sin perder el tiempo, el Rey Ándraco envió a sus emisarios al reino vecino reclamando para sí a la Chica.
El padre y Rey del reino vecino se negó rotundamente a entregar a su hija, siendo Teya la única princesa; aparte todos alrededor de los doce Reinos sabían acerca del Rey Ándraco, él ya tenía tres esposas y dos de ellas ya habían dado a luz a un príncipe cada una.
Pero como era de esperar, el Rey Ándraco se llenó de rabia y artimañas para empezar una guerra en contra del reino de Morrison haciendo que la joven princesa se ofreciera para el Rey Ándraco, para así salvar a su pueblo del desastre y la guerra.
El Reino vecino, era por mucho más pequeño que los doce reinos, el Rey de Morrison quedó tan devastado con la partida de su hija, pero la benevolente princesa tenía la convicción de sobreguardar la vida de los habitantes del Reino de Morrison. Aún cuando su padre el rey no estaba satisfecho de ver a su única hija, la princesa del pueblo marcharse como un gesto de sacrificio hacia un Rey de reputación despiadada y desconocido para su pequeña princesa.
Al llegar la princesa del Reino vecino, ella traía su cabello rizado rojizo caído a sus hombros, todos los que podían verla hacían gestos de asombro y curiosidad, no era por que la joven fuera fea, si no por que parecía a una semidiosa, su presencia era tan asombrosa que daba lugar a seguir mirándola todo el tiempo, sin duda una mujer bella y hermosa.
La princesa se sintió algo incómoda al ver que todos la miraban y hablaban de ella, su nombre era Teya, su significado es "bella princesa" hacia alución a su nombre.
Pronto la obsesión del Rey por la joven princesa se hizo aún mas. Pues quería tenerla todo el tiempo junto a él, pero eso sí, aún no la había tocado.
La princesa estaba sumida en las tristezas de su corazón, no quería estar en este Reino y así mismo no lograba que le agradara ni le gustara la presencia del Rey Ándraco.
-¡Princesa Teya, su majestad el rey la llama a su presencia!-le hablaba El sirviente del Rey.
La princesa salió de su ensoñacion. El sirviente de confianza del Rey Ándraco la miró de pies a cabeza y le hizo la siguiente sugerencia.
-Su majestad, la princesa es muy bella, puede tener en esta vida todo lo que se proponga, solo tiene que saber utilizar correctamente a su favor todos los atributos que los dioses le han proporcionado.-la princesa suspiro hondo.
Pues no era el fin que ella buscaba. A la princesa Teya le encantaba ser libre ser, amorosa con todo y todos.
-Os agradezco su consejo, mas no persigo ningún fin, creo en que las cosas que se dan con naturalidad sin forzamiento son mejores. Asi me gusta las cosas.
El sirviente del Rey Ándraco la escuchó con calma, en su corazón guardó su propia opinión. Verdaderamente la joven era distinta al resto de las esposas y concubinas del Rey Ándraco.
Teya siguió al sirviente hasta un aposento enorme y lujoso, los recibió una fila de veinte sirvientas para atenderla, Teya estaba muy sorprendida de tal acto del Rey Ándraco ponerla casi a la altura de él mismo.
Y es que realmente todos en el palacio estaban sorprendidos de la actuación del Rey, se rumoraba que el Rey había llegado a amar a la joven princesa.
Los aposentos del Rey Ándraco y la princesa Teya quedaba casi cerca una de la otra. Esto era porque el Rey Ándraco quería, deseaba tener muy cerca de él a la princesa, sentía magia al verla, pronto los consejeros del Rey Ándraco y sus hombres de confianza notaron al Monarca muy sumido a la conquista de la princesa Teya, por supuesto esto no les convenía, según sus criterios. Pues en vez de que el rey estuviera preparando nuevas estrategias de Guerra y conquistas de más tierras, él ahora solo quería estar cerca de la princesa Teya.
Pasados los días, semanas y algunos meses, la princesa Teya se estaba enamorando cada día más y más del Rey Ándraco. Éste a su vez estaba cambiando a un carácter más alegre y piadoso, ella lo estaba haciendo cambiar.
Un mes completo después se estaba casando con la princesa Teya, ella estaba deslumbrante y hermosa, para el Rey Ándraco que ahora ya ni visitaba los aposentos de sus otras esposas, solo tenía ojo para su nueva reina. Si, así la declaró ante todos sus súbditos.
-"La nueva reina de los doce reinos más prósperos está aquí, ante ustedes!" Pregonó el vocero con voz a cuello.
Todos agacharon la cabeza haciendo reverencias a la pareja imperial. Asi sus vidas empezaron juntos, su amor los unió aún más.
La reina Teya deseaba un hijo, sin embargo ya había pasado tres años y ella no quedaba embarazada. Esto era muy desafortunado para el Rey Ándraco, que ahora que realmente amaba a una mujer, sufría no poder ayudar con este problema.
Como el Rey Ándraco ya no visitaba al resto de sus mujeres, el monarca ya no tenía más hijos, sin embargo, sus consejeros y todo su gabinete les pedía que debía seguir acostándose con sus otras esposas para seguir teniendo más hijos para su descendencia.
Fue así como estos murmullos y susurros llegaron a oídos de la Reina Teya, quien al saber lo que decían a sus espaldas lloró inconsolablemente.
Después de que llorara así por tantas horas, ella lavó su rostro y luego fue a seguir con sus deberes de Reina, ante su presencia nadie dudaba en obedecer y mostrar un respeto enorme, pero a sus espaldas todos la criticaban. Eso la estaba hiriendo su corazón.
Por la noche, al llegar su amado Rey a su alcoba, la Reina Teya se acercó a su amado Rey.
El Rey Ándraco la abrazó y la besó con suavidad, le dijo al oído de su ahora Reina.
-Si pudiera alargar mis manos para tomar una estrella de diamantes en el universo, te lo daría sin reservas. Eres mi amor, mi único amor en el mundo al que quiero más que a mi propia vida.
Diciendo estas palabras, le hizo el amor con una delicadeza y una suavidad indescriptible. En su mente el Rey Ándraco, el Monarca de los doce Reinos más acaudalados quería solo algo, que su reina hoy concibiera un hijo en su vientre.
Después de ese encuentro tan tierno y apasionado, el Rey Ándraco para satisfacer a sus súbditos, empezó a recibir la visita de otras concubinas y sus otras tres esposas, todas quedaron embarazadas al paso de un mes.
Con sus miradas pintorescas, con sus ojos muy altivos, hasta las concubinas pasaban en la presencia de la Reina Teya mofándose de su preñez. Ellas estaban muy dolidas, apenas el Rey se dió cuenta de su embarazo y ya no las tocó más. Solo la querían para conseguir hijos.
Asi el Rey Ándraco una vez más se dió cuenta que él era todo un semental, y que quizás él problema era de la Reina Teya quien no podía embarazarse.
Pero cuando más se burlaron de la hermosa Reina, ella al fin dió indicios de estar embarazada al igual que el resto de mujeres.
La Reina Teya, había venido desde sus tierras con una sirvienta leal, ella se llamaba Victoria, esta mujer sabía cómo cuidar de una embarazada, sabía de hiervas y cómo ayudar a quedar embarazada, quizás fue ella la que había estado ayudando a su princesa eterna Teya.
El Rey Ándraco sabiendo que su esposa estaba embarazada, se llenó de energías positivas, él fue a la guerra y peleó como nunca, incluso ganó mucho y volvió victorioso a su palacio, así al ir y venir, ya encontraba a todas sus mujeres con el embarazo avanzados. Le alegraba ver esto, ver a su chica así, muy hermosa y radiante, sobre todo feliz por darle un príncipe a su amado Monarca.
Asi fue como una vez más, el Rey Ándraco fue a la Guerra, había bromeado con sus súbditos y generales que debía conquistar muchos reinos más por que había muchos príncipes a quienes repartirles los Reinos.
Y así fue, el Monarca Ándraco había ganado una vez más, y regresaba a casa feliz. Pero como en todos los tiempos, la envidia existía, el odio surgía de la nada, las demás esposas del Rey Ándraco, se unieron para deshacerse de la Reina Teya.
La envenenaron, habían estado intentando desde el primer día que se dieron cuenta que ella también había quedado embarazada.
La Reina Teya sufría, lloraba, mientras tanto su Rey Ándraco corría en un pura sangre negro azabache.
Solo llegó para ver su rostro pálido y su expresión de preocupación, el Rey Ándraco la tomó y la cargó, lloró con voz fuerte y amarga, sus quejidos y sollozos se escuchaban por todo el pasillo, la Reina Teya había muerto en brazos de su amado Rey Ándraco.
Más no su hijo... Más no su hijo, él aún vivía, el pequeño Infante lloró con ahínco y el Rey Ándraco lo odió de inmediato.
De cierta manera cuando alguien está sufriendo, el dolor es mal consejero.
Sin desear ver a su hijo recién nacido, quien naciera con un parto prematuro, el Rey Ándraco no se daba cuenta que su pequeño príncipe no le había quedado más remedio que adelantar su llegada al mundo. Siendo su madre la Reina y haber sido envenenada.
Asi se mantuvo el pequeño príncipe lejos de la mirada del Rey Ándraco mientras dos meses después nacieran cuatro príncipes más.
En total siete príncipes varones contando al pequeño príncipe rechazado.
De esos embarazos nacieron cuatro princesas al Rey Ándraco, quien ya ni le importaba sus propios hijos, los príncipes, tampoco les importaba menos las madres de estas, o sea el Rey Ándraco ya no visitaba a ninguna de las mujeres que antes tenía, vaya que le salió el tiro por la culata a estas mujeres asesinas y malévolas.
Asi envejecerian sin ser tocadas, a menos que se arriesgaran a tirarse unas canitas al aire, pero eso se consideraba traición y muerte.
Victoria, la sirvienta leal de la Reina Teya era quien se encargaba directamente del pequeño príncipe ahora de tres años, ella no los reunía con el resto de los hermanos, tampoco los presentaba a las fiestas recreadas para el resto de los hijos del Rey Ándraco, esto era por que ella había visto el odio en la mirada del Monarca que al día de hoy, tres años después de la muerte de su Reina Teya, seguía sufriendo su ausencia.
El pequeño príncipe tenía rasgos mezclados a sus dos padres, tenía la tez blanca como su madre, sus ojos eran semi rasgados de tono miel dorado. Una guapura en miniatura. Victoria, ahora convertida en su institutriz, no permitía siquiera que nadie lo viera, lo escondía, según era para restarle el mal de ojo. Si, ella creía en todo ese rollo de hechicería y maldad.
Ella sabía perfectamente que su Reina había sido envenenada, y ver que nadie pagó por eso la hacia hervir su sangre. Odiaba a las mujeres de aquí, eran huecas y frívolas. No admitían ser derrotadas en el amor y usaban artimañas solo por lograr el poder. Por eso las odiaba.
Un día de tantos en el que el Rey Ándraco paseaba solo por los jardines de su Palacio, vió correr a un pequeño que vestía con una capa que cubría toda su cabeza, lo cuál no le permitía al Rey Ándraco ver el rostro de aquel niño.
El intentó alcanzar al pequeño, pero le fue imposible, el niño era ágil y saludable, corrió tan rápido cómo pudo y se introdujo entre los arbustos del jardín del palacio.
No le dio mucha importancia, pero se dijo a sí mismo que lo atraparía en otro momento y vería su rostro. Y así fue, dos semanas después, el Rey volvió al mismo lugar del jardín encontrando a un niño jugando Solo, él lo observó por varios minutos, este pequeño brincaba lo más alto posible trepaba los árboles, hasta Incluso se cayó, pero no lloró, se sacudió, se limpió por su cuenta y luego prosiguió a su juego. Era un pequeño encantador, debía saber quién era. Hasta este punto el rey no conocía ninguno de sus hijos, pues se había negado a tratar con ellos. Sabía que tenía hijos, pero no los conocía. Sintió algo de nostalgia al mirar a ese pequeño, era como tener a su Esposa la Reina Teya junto a él.
Cuando el Rey Ándraco volvió a reunirse con sus súbditos, por primera vez preguntó por sus hijos, los consejeros y súbditos se extrañaron, pero ordenaron traer a todos los hijos del Rey ante sí.
No obstante, el Monarca Ándraco, notó que su hijo con la reina Teya no se encontraba entre el resto, él sintió molestias, más no dijo nada, porque no estaba seguro de quererlo ver. Aunque muy en su corazón se sintiera molesto por excluir a su príncipe.
Por que él todavía veía al niño como que fuera el culpable por la muerte de su amada, él seguía Siempre sin querer mirarle la cara al pequeño.
Desde lo lejos, Victoria, la institutriz observó al pequeño mirar la fiesta con el resto de niños, ella sintió dolor al ver esto y murmuró, "princesa Teya, si vieras como trata a tu pequeño hijo, volverías a morir de rabia, dicho esto tomó de la mano al pequeño y se marchó en la parte más alejada con el pequeño.
Días más tarde, el Monarca seguía curioso y llegó al lugar donde había visto al pequeño y espero la llegada de él, tardó mucho, pero el pequeño no apareció, por supuesto eso lo hizo sentirse con rabia, algo le decía que ese pequeño era su hijo con Teya su amada.
Asi pasaron las Semanas, meses y llegaron los años, uno tras otro, hasta que un invierno tras otro, y una primavera tras otra, los jóvenes príncipes llegaron a su etapa adulta.
Mirando hacia el bosque, un apuesto joven con cabellos encolochados suaves, una mirada tierna y profunda estaba a la caza de un venado, su nana o institutriz le había pedido comer carne de venado, él había venido a este pequeño bosque para hallar un venado, le transpasaría su arco y flecha para hacerle caer y luego se lo llevaría a su institutriz para que ella se saciara con su carne.
La institutriz no le había hecho saber muchas cosas al joven acerca de su vida y su estatus, pues había visto que el Monarca nisiquiera había preguntado por su hijo, le daba lo mismo que existiera o no, por ello la institutriz quería salir del rincón de este palacio donde se había refugiado en irse a las tierras de Morrison, el pueblo natal de su reina Teya.
Asi cuando el príncipe traía a cuestas el venado en su hombro, aparecieron diez hombres custodiando a tres jóvenes a caballo. Estos no eran otros que los hijos del Rey Ándraco.
Ellos venían entre risas y conversaciones, tenían una vida magnífica, al ver al joven cargando un venado a cuestas los tres príncipes lo detuvieron e hizo preguntas.
-¿Quién eres?-El príncipe, hijo de la Reina Teya y el Monarca Ándraco, titubeó un poco antes de responderle. Uno de los príncipes a caballo le dice con algo de enojo.
-Eres sordo, o mudo. Nunca vi a alguien tan tonto. -Lo secunda el otro príncipe
-Nos estás robando los bienes de nuestro Reino. Ladrón.-El joven príncipe sabía quién era él, su identidad y el lugar que ocupaba en el corazón del Monarca. Asi que no respondió con arrogancia. El solo respondió con respeto y moderación.
-Vivo en estas tierras, soy un miembro de la sociedad Arcaica de los doce Reinos, cazar para alimentar a mí y mi familia es lo que todos tenemos derecho en el Reino justo de los doce reinos.
-Estás respondiendo ante los príncipes de la realeza de su majestad el grande, el Monarca Ándraco, ¿Quieres que tu cabeza ruede en el suelo?-Dicho eso el capitán que acompañaba a los jóvenes príncipes le habló con prepotencia y en tono despiadado.
Además de que le hablara así, desenvainó su espada y se lo puso al cuello del Príncipe Bastian Alexander, este era el hijo de la Reina Teya y el Monarca, lo que sucede cuando se ignora todo.
-El gran Rey Ándraco es un Rey justo, e igualmente lo sería cada príncipe de este gran Reino; si usted quiere hacer correr sangre de un ciudadano inocente y sus príncipes lo avalan, puede hacerlo.-Las palabras del príncipe Bastian Alexander eran moderadas, mostraba una base sólida, un carácter ferro, su rostro mostraba una delicadeza, su piel tan blanca era relativo de sangre de reyes, el mayor de los príncipes, quien no abriera la boca para decir algo en su contra, lo miró con inquietud.
Cuando vió que sus hermanos querían continuar en discusión con el joven, éste le hizo señas a que no continuara. Los otros hermanos eran los príncipes Daven y Egil y el mayor de los tres príncipes por nombre Aren, su madre había sido la primera esposa del Rey Ándraco, esta mujer era la princesa de las tierras lejanas, era muy educada. Siempre enseñaba a su hijo a auto controlar su carácter.
Aren, quien significara su nombre el que reina como un águila, era un hombre ya de veintitantos años, era mayor que el príncipe Bastiaan.
El nombre de los hermanos príncipes también tenían significados, Daven el ser amado. Egil, el príncipe impresionante.
-Acampemos aquí por un momento. -Ordenó el príncipe mayor Aren. Todos miraron al extraño, este era Bastian Alexander el príncipe que no daba a conocer su identidad.
Enseguida, el capitán quería que Bastiaan Alexander fuera quien preparara la carne para comer más de una docena de personas, diez guardias más tres príncipes, más el extraño.
Aren el príncipe mayor ordenó. -El joven ya está proporcionando la comida, no es justo que él también prepare el alimento, que cocine nuestro cocinero Imperial.
Fue así como se preparó la carne y se sentaron alrededor de una fogata, pero al sentarse todos, Aren llamó a Bastian para que se sentara a su lado, pero los otros le dijeron.
-¿Por qué quieres sentarte con un mendigo palaciego? Somos príncipes.
Aren, quien fuera un hombre justo, observador y muy analítico, estaba casi seguro que Bastian no era cualquier persona. Algo en su interior le decía que Bastian no era como cualquier otro al azar.
-¿Cuál es tu nombre señor cazador?-Lo mira de frente, y Bastian le sostiene la mirada.
-Bastian, Príncipe Aren.-Todos vuelven a verlo con mirada inquisidora.
-Tu nombre no es común, ¿Quién lo eligió, tu padre o tu madre?-Bastian sonrió de medio lado y respondió.
-Según mi institutriz, lo eligió mi padre, mi madre me eligió el segundo nombre, Alexander.
Era bien sabido que solo alguien noble podía ostentar a dos nombres. Lo cual sorprendió a todos. ¿Quién era esta persona, por qué tenía el aura de un príncipe noble y la humildad de un aldeano? Eran preguntas sin respuestas en la mente de todos.