Diario de Verónica.
08/08/2021
Observo el reflejo de mi cuerpo en el espejo. Estoy mona. Monísima, la verdad, no suelo vestirme tan coqueta, ni mucho menos tan sensual. Pero hoy, he querido hacerlo, me faltaba ánimos. Mi cabello negro detrás de mis omoplatos, baja y toca casi mi cintura. Mido un metro setenta, soy bastante alta, mucho más que mis amigas, incluso de pequeña mis hermanas se burlaban de mí porque era la más alta de todas las clases en las que estaba. Supongo que salí a mi padre, un alemán retirado de la milicia, con casi 2 metros de altura. En cambio, mis hermanas menores salieron con mi madre, una norteamericana con apenas un metro cincuenta. Lo único que ese desgraciado alemán pudo darme fue su patético tamaño, pues para no joder la historia hablando de mi donador de esperma, el hombre se largó cuando mis hermanas tenían uno y tres años.
Yo tenía cuatro.
La verdad es que me gusta sentirme diferente. Debo admitir que es una oportunidad para destacar entre los demás. Normalmente las personas se esfuerzan por lucir tacones elegantes que resaltan su poca altura, con pantalones que levanten el trasero o blusas que sean sumamente escotadas.
Sin embargo, yo con apenas un vestido y unas sandalias de tacón corrido, llegó a los lugares y todas las cabezas se giraron a verme.
Eso y que tengo una boca muy golosa.
Al menos eso dicen.
Ya en serio, la tengo.
Sexualmente, soy bastante abierta. A mis veintidós años, tengo la experiencia de cualquier persona de mi edad del siglo 21. Porque sé que mucho antes, en el siglo 19, era poco probable que una mujer de veintidós años no se hubiese casado con el hombre que le desfloró y que le hizo tres hijos de inmediato.
Según mi madre, soy la más liberal de la casa, ella lo dice porque salgo cada noche a clubes nocturnos, lo que ella no sabe es que tengo uno en particular que es el que más me atrae y en el que más cómoda me siento. La verdad es que en este puedo ser yo misma, sin necesidad de sentirme observada por los demás constantemente, porque allí, en el club Focus las personas van a resolver lo suyo, sin importarle lo que hagan los demás.
El problema conmigo es que tengo fantasías con mi cuñado.
Así como lo leyeron. Fantasías con el novio de mi hermana. El problema básicamente es que él es la contraparte mía.
No se trata de egocentrismo, tampoco de envidia. La verdad es que no hay manera de poder envidiar a una persona que parece un hobbit.
¿Quién en su sano juicio lo haría?
Pero, Claudio es lo que necesito en mi vida para que me saque el fuego que me quema por dentro.
Un hombre de 29 años, ojos azules como las aguas del mar, el pelo negro peinado siempre hacia atrás con gel para dejarlo fijo y sin despeinarse. Su aura, es de esa clásica de los fuckboys, de esas que saben que vas a terminar jodida, pero aun así te lanzas al maldito precipicio.
¿Por qué no puedo superarlo? Tienen 6 meses saliendo. ¿Por qué no puedo dejar de pensar en él?
Esas preguntas son mi diario, vivir.
Ustedes tiran: ¿por qué no tomas un clavo para sacar otro clavo?
El problema con Claudio es que, él jamás ha sido mi clavo, nunca me ha clavado, jamás ha estado en mi interior, ¡y joder, me muero por hacerlo!
Me muero porque su cuerpo esté sobre el mío y su pene esté clavándome una y otra vez hasta sacarme cualquier destello de orgasmo que esté escondido en lo más profundo de mi vagina.
Ah, sí, olvidaba mencionar, tengo un lenguaje bastante soez y poco femenino.
Volviendo a Claudio Henríquez, es una obsesión.
Estudio psicología clínica, voy en mi sexto semestre, sé bastante bien cuando algo es una obsesión y cuando no, no soy la clase de estudiante de Psicología que asiste a la Universidad, solo para pasar el rato y acostarse con cualquier ser humano que le dé una sonrisa. Tan poco soy la clase de recién salida de la adolescencia que se cree con el suficiente autocontrol para llegar pulcra y virgen al matrimonio.
Pero también sé que esto que siento por Claudio es simplemente una obsesión, al no poderlo tener se ha desarrollado en mí una necesidad de poseer.
Deseando lo prohibido.
Y el muy desgraciado tampoco ayuda para sentirme menos atraída hacia él.
Porque los hombres comprometidos siempre son así.
Ellos siempre son los que te sonríen, los que te guiñan el ojo en la calle sabiendo que en su casa les espera una mujer. Siempre son los primeros en dar el primer paso cuando estás en un bar y te invitan a una ronda de shots de tequila.
También son los primeros en marcharse del cuarto de hotel, después de haberte follado una y otra vez sobre la mesa de billar o en el jacuzzi.
No estoy acostumbrada a utilizar palabras femeninas y melosas, me gusta lo franco, lo honesto. Por eso, entre mis amigas, madre y hermanas, siempre seré la vagina caliente que disfruta más de la cuenta.
¿Saben qué?
¡Me vale un penique lo que ellas opinen!
Al final de la noche, soy yo quien se viene seis veces si me lo permito.
¿Te animas a acompañarme y ver como la termino cagando entre Claudio y yo?
¿No?
¡Tú te lo pierdes mojigata!
Hasta luego, querido y ardiente diario.
PD: Creo que debo ponerte nombre.
Dejé el libro sobre mi tocador y observé mi reflejo una última vez. Hoy me he colocado algo de delineador en la parte baja de mis ojos. El color miel de estos destaca un poco más y le sonrío a mi reflejo.
No puedo creer que comencé a redactar en ese estúpido diario. Lo he comprado solo como un medio para no torturarme y dejar de pensar en Claudio, en cambio, he dejado bastante abierta la idea de finalmente acostarme con él.
-No. - me digo en voz alta justo cuando la puerta se abre.
-¿Seguro que hoy quieres ir a Focus? - Es Ana, ella es mi conciencia, al menos la parte racional.
Al menos lo intenta.
-Más que segura. -le digo tomando mi bolso de mano de color negro. -¿Qué opinas de mi vestido?
-Muy...-ella lo piensa y se me ocurren muchos nombres para lo que pasa por su cabeza. Pero no los diré. -...provocativo.
-Admítelo, está perrísimo. ¡Es corto y de tamaño perfecto!
-Bueno, es una forma de decirlo.
- Esa es Ana Fortuna. La que sí tiene pinta de Psicología clínica.
Pero yo soy la que realmente disfruta la vida mientras ella se sumerge en libros y más libros y cuando termina, duerme imaginando que lee los jodidos libros.
Si, me gusta leer y la verdad, soy bastante buena en mi carrera, aunque conmigo, en esta etapa, soy una mierda temperamental con patas.
-Vamos antes de que me quites el ánimo.
-No creo que eso sea posible. - murmura ella pasando un brazo por mi cintura.
-Yo tampoco, Anita. Yo tampoco. - y ambas comenzamos a reír.
¡Focus, allá voy!
Entramos al club y como siempre, la chica llamada Gema nos recibió con una bandeja llena de vasitos shots con un platito de metal repleto de píldoras rosas.
Era opción de cada cliente tomar ambos, pero en mi caso, siempre tomo solo el tequila.
Me gusta el tequila, como el calor de esta bebida infernal baja por mi cuerpo y limpia cada poro.
-¿Otra vez? -pregunta Tina Mendoza mientras miraba cómo coloco mi vasito vacío en la bandeja.
-Vive la vida un día, Tina. No le des tanta mente a las cosas.
-Soy psicóloga. - ese era nuestro principal problema, todas se cohibía, comienzo a pensar que debo buscar un nuevo grupo de amigas.
Tina es la más recatada de todas, de piel canela, ojos saltones y de un color marrón muy oscuro que casi pueden ver tu alma.
Es hija de un coronel y una maestra de preescolar, su familia es la típica que siempre se ve hermosa desde afuera pero dentro de las cuatro paredes es una mierda.
Carla Contreras, en cambio, es el polo opuesto a Tina. Su pelo es afro, unos rizos que envidio en silencio, sus ojos color miel muy similar a los míos y tiene una sonrisa preciosa. Es medio pecosa y de ojos vivarachos, y es la mas lanzada de las cinco.
Jenny y Fanny son hermanas que se llevan apenas un año de diferencia, me gusta molestarlas diciéndole que se parecen a los hermanos gemelos de Alicia en el país de las maravillas. Siempre están juntas, y lo que una dice, la otra lo secunda, aunque no esté de acuerdo.
Por último está Ana, ella es la que menos me juzga, lo hace, pero intenta apoyarme en mis locuras aunque no esté de acuerdo.
Las cinco nos conocimos en nuestra primera clase de Introducción a la Psicología y desde allí hemos estado juntas.
-No creo que quiera seguir viniendo aquí. - dice Tina haciendo una mueca de disgusto.
-Si lo que quieres es irte, la puerta por la compramos está disponible y abierta para ti. -Le dije restándole importancia a su comentario, no me interesa si ella quiere ser una mojigata, yo me quedo aquí.
-Vero, no digas eso. Sabes que hoy vinimos por ti.
-Pues por eso mismo, ¡siéntanse libres de irse! ¡Tienen mi bendición!
-Te estás comportando como una niñata. - me dice Ana cruzando los brazos sobre su pecho. - Lo que Tina ha querido decirte es que...
-Ana, hablo en serio. No voy a estar rogándoles que estén aquí, si alguna se quiere ir, que lo haga. Se que a ustedes no les gusta este ambiente, a mi si, por lo que yo me quedo, y ustedes ahí tienen la puerta.
Ellas no saben de mi deseo por Claudio, tampoco saben de lo vacía que me siento por dentro. No tienen idea de nada sobre mí, porque yo soy quien las escucha siempre, yo soy esa amiga a la que llaman si tienen un problema de chicos, o a la que buscan si alguien las jode.
Pero somos tan diferentes como el agua y el aceite.
Camino entre la multitud, pues es más que evidente para ellas que no voy a cambiar de opinión. Y yo tampoco. Jamás cambió de opinión, al menos no con lo referente a fiestas y gustos, ni a clubes ni mucho menos a diversión. Si deseo algo, voy por ello sin pensar en las consecuencias.
¡Puras mentiras!
Lo cierto es que sí pienso en las consecuencias, pero me vale madre lo que pueda suceder siempre que yo pueda disfrutar del momento, lo seguiré haciendo.
Me contradigo permanentemente y lo noto, eso me crispa los nervios. Si fuera así de desinhibida, hace meses que me hubiera cogido a Claudio, pero no lo he hecho. Mi hermana merece respeto.
Solo ella me detiene.
Aunque por las miradas que Claudio me lanza, estoy segura de que a él, el respeto por mi hermana, se lo estaría dispuesto a pasar por la raja.
Me acerco a la barra, desechando la cantidad de cuerpos sudorosos y el movimiento en la fiesta. No vine aquí a pensar en mi cuñado tóxico y sensual, vine para olvidarme de él.
Maldito sea el dicho del clavo.
¿Será que debo usar todas las herramientas de la ferretería?
Sacudo la cabeza y me enfoco en el tipo detrás de la barra. Le digo entre mímicas y gritos al bartender, el cual ya me conoce, que me sirva el mismo trabajo de siempre.
El hombre lo hace de inmediato y me guiña un ojo.
-Gracias, bombón. -Le digo sonriéndole.
Los hombres se vuelven locos cuando le dedican un poco de atención.
Sonrío para mis adentros, pero en ese momento, un escalofrío me recorre, siento los ojos de alguien en mi espalda. No quiero parecer más intensa de la cuenta, así que miré hacia la puerta justo por el camino, donde mis amigas se suponían debían de estar. No veo ninguna de ellas, así que imagino que se retiraron a casa. Bien por ellas si es lo que quieren hacer, que lo hagan, me quedaré aquí sola y disfrutaré de mi viernes por la noche.
¿No se supone que eso es lo que todas las personas deben de hacer sus viernes?
Bien por ellas, si quieren quedarse en casa con una taza de café, chocolate caliente o quizás un vaso de agua sin hielo, ¡Que lo hagan!
Sigo sintiendo los ojos sobre mi espalda, giro mi cabeza a la derecha pensando que allí encontraré la razón de mi curiosidad, pero no veo a nadie mirándome.
El bartender me pasa la Copa de Martini seco con tres aceitunas dentro le agradezco con un asentimiento de mi cabeza porque estoy segura que no va a escucharme con el bullicio de la música que está a todo volumen.
Esto es lo único que odio de los clubes. Si alguien me pregunta, amo más el silencio, pero en el silencio debo reconocer que es cuando más alto se escucha la voz interior, esa que me dice que estoy cometiendo una estupidez tras otra.
Casi siento que es la misma voz de Tina.
Sacudo la cabeza y le doy un sorbo a mi Martini. Justo esto es lo que necesito para olvidar a las mojigatas de mis amigas. Cuando levantó los ojos de mi copa, lo noto.
Él está ahí. Sus ojos mirándome fijamente entre la multitud, tiene una sonrisa atractiva, sensual, es tan guapo incluso de lejos que me estremezco y mi piel se eriza.
¿Quién demonios era ese hombre? Parece irreal. Salido directamente de cualquier sueño húmedo.
Le doy otro sorbo a mi Martini, mirándolo directamente a los ojos. Es una invitación, lo sé, y él cae de inmediato.
Se acerca a la barra y con mis piernas cruzadas, mi vestido se eleva un poquito más, dejando al descubierto más de lo debido mis muslos. No me encojo y tampoco extiendo la tela de mi vestido, dejo que vea lo que él necesita. Los hombres comen por los ojos y si lo que él quiere es mirar mi piel, que lo haga ya, luego veremos si es merecedor de tocarla.
Aunque con la pinta que tiene, estoy segura de que la va a merecer.
Actuando por impulso, me dejo llevar por mi sexto sentido o quizás el décimo, a estas alturas no lo sé. Camino segura con mis zapatillas plataformas y mi shot de tequila rondando mi cabeza. Me dirijo hacia el baño. Sé exactamente dónde está, así que puedo tener allí la privacidad que necesito. No sé qué demonios me pasa, no sé por qué hago todo esto cada semana, Intentando llenar un vacío...
Apago cualquier idea estúpida. No voy a pensar en eso esta noche.
Esta noche lo único para lo que tengo cabeza es para ese hombre que me sigue los pasos con dirección al baño. Me aseguro de que no haya ninguna otra persona allí y espero por él subida en la encimera en granito con las piernas ligeramente separadas.
Escucho la puerta abrirse.
No es Claudio, pero seguro que servirá.
-Colócale el cerrojo. -Le ordenó con voz sensual.
Él no me responde, pero hace lo que le digo.
Sonrío para mis adentros, al menos sabe acatar una orden.
Está vestido de negro completo, su cabello es rubio, tanto como si lo hubiese teñido. Él se acerca un poco más y ve el color de sus ojos, son de un verde claro, casi tanto que podrían confundirse con azules.
-Espero que tengas preservativos. -Soy loca, según mis amigas, pero no tan loca como para acostarme con un desconocido en un club sin que esté completamente segura de no contraer una enfermedad.
-Si quieres, podemos subir al tercer nivel, ellos tienen...
-Te voy a detener ahí mismo, no me interesa acostarse en una cama contigo. Lo único que quiero es que me quites el estrés. Es viernes social. - le digo colocando uno de mis dedos en sus labios interrumpiendo lo que seguramente es una oración que lleva practicando bastante. Su perorata ha sido terminada.
Abre la boca y comienza a lamer el dedo que coloca en sus labios. Me gusta, me hace erizar la piel y estremecer el bajo vientre. Entró miedo a su boca y él lo chupa con fuerza y cierro los ojos, moviendo mis caderas hacia él.
El hombre agarra mi muñeca y aleja el dedo de su boca con lentitud. Luego, despacio, comienza a acercarse a mi cuerpo y a lamer mi cuello despacio, pasando su lengua por detrás de mi cuello, siento su respiración acelerada, gimo ante sus besos, el chupa uno de mis lóbulos y me pierdo, joder, cuanto me encanta que me dediquen monerías a cada centímetro de mi piel. El preámbulo es lo que más me gusta, aparte de que me empotren contra la pared.
Sus manos suben por mi cintura y me aprieta con intensidad, me pega a mi y siento su erección dura, fuerte, es grande. Abro más mis piernas para que queden a cada extremo de sus caderas. El vestido se sube por completo, pues es de una tela engomada y cede ante su fuerza.
Mis manos suben por su espalda, siento que tiene algo en su cintura, justo donde va el cinturón. Con curiosidad comenzó a palpar y me doy cuenta de que es un arma.
Me alejo de él, como si esto me quemase, lo empujo con fuerza, el hombre se tambalea, me mira estupefacto.
-¿Qué diablos te pasa? -Me pregunta él, con voz grave, seguramente por la dureza que lleva entre sus piernas y la fuerza que está haciendo para no volarme encima y hundirme en mi interior.
-¿Cómo diablos entraste una pistola al club? -Le pregunto bajándome de la encimera.
-¿Cuál es tu maldito problema? -Inquiere él. -Me llamaste por un polvo. Una maldita pistola no debe de interesarte. ¿Por qué no te colocas otra vez, dónde estabas y me dejas hacer lo que estaba haciendo?
Su tono, su forma de pararse, como aprieta los puños, como su mandíbula se ajusta y casi sus dientes se rompen; todo el me hace entender que he escogido muy mal esta noche.
-¿Por qué no te quitaste el medio para que puedas salir? -Me acomodo el vestido y me quito el cabello del rostro que se me han escapado un par de flequillos. -Esta noche no me follas.
-¿En serio? -pregunta él sin comprender mi reacción.
Y es que ni yo misma me comprendo a qué diablos ha venido, a lo mejor por como mis amigas se comportaron, dejándome sola en el club y arruinando su noche tiene algo que ver.
O quizás porque mi padre, antes de largarse de casa, discutió con mamá y la amenazó con una pistola y la colocó en su frente mientras yo jugaba con uno de mis peluches en la sala y observaba todo a la distancia.
Tenía cuatro años y lo recuerdo como si hubiera sido hoy en la mañana.
La voz de mi conciencia me dice que se debe al asalto de mi padre.
Pero la desenfrenada que quiere continuar con su noche de fiesta me dice que solo tiene que ver con la inconformidad de mis amigas y el desamparo.
-En serio, grandulón. -Le digo pasando a su lado y abriendo la puerta. - ¡Piérdete! -Le gritó antes de salir al gentío y caminar directo a la barra.
Él no es a quien cogeré esta noche, pero estoy segura de que no volveré a mi casa aún.
La noche es jodidamente joven.
Capítulo 2
Entro al club y lo primero que observo son los cuerpos, la cantidad era increíble para un espacio que a simple vista se veía bastante pequeño. Intento pasar desapercibido. Tengo bastante tiempo sin pisar un club, mis amigos me han invitado, instado a que vaya al nuevo club que abrió en Michigan. Mas hoy que he recibido una noticia acaba de arruinar mi felicidad; la del día, quizás la semana, bueno, para no ser estúpido, puedo decir que acaba de arruinar mi vida completa.
No soy muy asiduo a visitar los clubes de Michigan. Todo el mundo sabe que son una conglomeración de enfermedades, personas con problemas mentales, traumas de infancia y deseosos de que los demás abusen de ellos, de que posean sus cuerpos, tomando control del todo. El mundo de la dominación es algo a lo que no tengo muchas ganas de pertenecer. No me llama a la atención. Aunque ver una mujer atada a una cruz, con los pechos dispuestos a ser chupados mientras ella se retuerce de placer es algo a lo que no le puedo decir que no sin probarlo.
Sin embargo, soy más de quedarme en lugares abiertos donde pueda fumarme un buen cigarro y tomarme una copa de vino tinto.
Niño rico, como dicen mis amigos.
Soy el más recatado y simple del grupo de amigos que tengo. Lo admito, no soy de fiesta y cada vez que ellos me invitan buscó la manera de decirles que no y poner alguna excusa para no asistir a esos lugares de muy mala reputación.
No tomo decisiones impulsivas. Normalmente cálculo bien los pros y los contra antes de decidirme por algo, pero el día de hoy, después de mi madre darme aquella fatídica noticia; una información que cambiará mi vida por completo, entendí que no podía seguir siendo más el niño estúpido que vivía encerrado en su castillo de cristal.
Quiero vivir mi vida y desde hoy pretendo comenzar a hacerlo.
A mis veinticuatro años sigo siendo virgen.
Un hombre virgen a los veinticuatro años. Esa mierda no suena bien, ni siquiera en mi cabeza.
-¿Estás seguro de que este es el lugar correcto? -Le preguntó a Kenny, que me observa como si yo fuese un demonio de 3 cabezas.
-¿Como que si estoy seguro? -irritado, pregunta Kenny. - vengo aquí todos los viernes.
-Esto no responde a mi pregunta.
-Tranquilo, relájate, Benjamín. -Me dice él dando unas palmadas en mi espalda. -Todo va a salir bien, vas a disfrutar esto. Te juro que esto es lo que necesitas para olvidar toda la mierda que tu madre te ha dicho.
Observo los cuerpos sudorosos, las mesas con botellas de whisky barato y otras con whisky que costaban lo que un salario promedio era en la ciudad, las mujeres contoneando sus caderas, los hombres incitándolas, invitándoles a pegar sus cuerpos para rozar un poco sus nalgas y así conseguir algo de placer.
Soy virgen, pero no estúpido, jamás he estado con una mujer, pero sí me he masturbado.
Así que, con relación al placer, estoy bastante claro de lo que me gusta y lo que no, pero jamás he tenido la confianza de acostarme con una mujer sin pensar en los pormenores.
¿Qué tal que quede embarazada y arruine mi futuro?
¿Qué tal que sea una cazafortunas y finja un embarazo para yo casarme con ella?
Quizá leí demasiadas historias policíacas y de dramas para saber que tengo mi cabeza muy bien puesta con relación a las relaciones.
Mi madre siempre ha dicho que me esfuerzo demasiado por ser el hombre perfecto y no me permito disfrutar.
Pero ella misma es la que ha cagado mi vida atándome a una mujer que ni siquiera conozco.
Mis padres han pactado un compromiso para contraer matrimonio con la hija del socio mayoritario de la empresa.
¿En qué maldito siglo estamos cuando tengo que casarme con una mujer que ni siquiera conozco?
¿Desde cuándo los padres siguen escogiendo las esposas adecuadas para sus hijos?
La ira vuelve a apoderarse de mi cuerpo y mis manos se aprietan fuerte.
-Deja de pensar en eso, olvida eso por hoy. - Me dice Daniel.
Daniel Drew es el hombre que más me conoce. Él sabe bastante bien cuando yo estoy a punto de perder los estribos. Crecimos juntos casa junto a casa. Conocemos todos los secretos uno del otro, y él es el único que sabe que jamás he estado con una mujer, por lo que él fue el de la gran idea de venir a un club del sexo puro y salvaje.
Lo que según ellos es algo bueno. Este club es conocido por aquellos amantes que no tienen un lugar en el cual sentirse libres y desalojarse de todos los prejuicios de la sociedad.
-Dan, ni lo sueñes, no estoy de ánimo. Te juro que solo vine para salir de casa de mi madre. -Le digo sentándome junto a él en el asiento de cuero.
Delante de nosotros hay una mesa redonda de cristal según dan, y que ni hemos escogido un lugar VIP.
Tenemos una excelente situación económica, nuestras familias a su manera, son los principales millonarios del país.
Mi familia se dedica a la construcción de viviendas para damnificados.
Al menos eso hacen cuando están deseosos de ayudar a la población más pobre.
Su otro negocio es bastante millonario.
Son productores de vino. Y cada jodida cosecha es mejor que la anterior. A veces creo que mi familia tiene un maldito pacto con el diablo y que al final de los días tendremos que entregar nuestras almas.
Quizás por eso mi afán por solo tomar vino y no whisky. Me he encontrado adicto a la uva tinta.
Exportan vinos a todo el mundo, millones y millones de dólares que recibimos cada seis meses, máximo un año.
EL negocio del vino es uno de los principales en este siglo.
-Deja de darle mente a esa mierda, al final vas a tener que casarte con la idiota esa.
-Deja de referirte a esta mujer tan despectivamente, ni siquiera sabes quién es.
-Ni tú tampoco. -Se ríe él, como si su chiste fuera el mejor de todo el mundo.
-Deja de ser tan marica. -Daniel le dice a Kenny. -¿No ves que está sufriendo?
-Sufrir es para nenazas, lo que hay que hacer es divertirse. Fóllate a cualquiera y veras como olvidas todo esto. -Se explica Kenny sonriendo y haciéndole señales a una rubia tetona para que nos trajera una botella de algo.
No me digno ni siquiera preguntar qué diablos ha pedido Kenny. Si lo conozco bien, estoy seguro de que ha pedido lo más caro que hay en el bar.
La familia de Kenny se dedica a la creación de coches eléctricos y están forrados en plata. Casi me atrevo a decir que mucho más que la mía.
Que no le tiene el más mínimo interés a desperdiciar dinero ni a pensar en el futuro.
-¿Por qué no te sueltas un poco? Quítate esa chaqueta tan estúpida, hace que parezcas un nerd.
Llevo una chaqueta marrón oscuro y un suéter sin cuello, mis vaqueros me quedan ajustados y los zapatos hacen juego con la correa y la chaqueta.
Que mas da, marica o no, pero me gusta vestir bien y sin tanta parafernalia.
-Estoy bien así. -Le digo, sirviéndome de lo que sea que esté sobre la mesa un trago y lo bebo de inmediato, sintiendo el calor, bajar por mi garganta.
-Demonios. -murmuro cuando veo que me he dado un trago de unas 4 Oz de tequila puro.
-¡A esto le llamo comenzar una buena noche! -Grita Kenny de forma eufórica.
Si alguien me pregunta, es muy probable que diga que ni se consume alguna clase de anfetaminas o algo que lo haga estar con la serotonina al tope.
-¿Es en serio? ¿tequila? -Pregunto.
-Deja de hacer tan clasista, chico vino.
-No me jodas, Kenny. Hoy no estoy de humor.
-¿Por qué no te tomas otro trago a ver si bajas un poco a tu actitud? -Vuelve a servir en el vaso vacío y yo de un solo trago me tomo todo el líquido transparente.
Puede lucir como agua, pero demonios, por supuesto que no sabe agua.
-Dale despacio. -Me dice Daniel.
Pero ya es tarde.
Mi cabeza se siente ardiente y con un zumbido inexplicable. Parpadeo para ver si mis ojos se aclaran un poco.
La música es alta, tropical, un poco mejor de lo que en realidad me hubiera imaginado. Lentamente voy acoplándome al ambiente y en cuestión de unos treinta minutos ya estoy igual de cómodo que como si estuviera en el balcón de mi habitación.
-¡Trae otra! -Le gritó a la rubia. -¡Pero ya! -Estoy irreconocible, lo sé, pero es que no me aguanto la situación.
Esto me supera, ¿cómo diablos voy a casarme con alguien que ni siquiera he visto?
-Benja, ¿por qué no te vas al baño y te echas un poco de agua en el rostro?
Kenny regresa en ese momento y una pelinegra con el cabello por las nalgas, un vestido negro lo acompaña.
-Traigo compañera, muchachos. -Dice él con tono orgulloso.
-Lo siento, cariño, pero creo que puedes perderte ninguno de nosotros está interesado. -Dani habla por todos y yo lo secundo asintiendo con la cabeza. No pretendo acostarme con ninguna de las putas que puedan estar en este bar.
Por más buenas que estén, porque esta mujer con ese cuerpo curvilíneo, las tetas perfectas, vestido negro entallando por completo tu cuerpo y solo cubre parte de sus muslos, lo exacto para no dejar su sexo al descubierto.
-No sean tan maricas, puedo complacerlos a todos. -Dice ella y su voz me resulta molesta. -me encanta cuando varios...
-Ni se te ocurra. -Dice que Kenny mirando a Dani. -Estoy muy bien, lo que veo en tu rostro y no me gusta, amigo.
-Ya te lo he dicho, no estamos interesados. -Dani tiene la mandíbula apretada y sus puños están cerrados.
-Ella dice que da para los tres.
-Lo siento, Kenny, pero esta vez no voy a sumarme a tu maldita orgía.
Orgia.
La palabra se repite en mi cabeza y de inmediato me pongo duro como una piedra. Estos dos se han metido en una orgía juntos. ¿En dónde estaba yo cuando eso sucedió?
Orgia, mierda, eso es otro nivel de confianza.
-¿Qué dices tú, niño bonito, me invitas un Cosmopolitan? -pregunta ella acercándose a mí y sentándose a mi lado, su mano comienza a acariciar mi muslo y va subiendo despacio, hasta mi entrepierna.
-Él tampoco está interesado. -Dani coloca la mano en mi entrepierna y yo levanto las manos como si me estuvieran apuntando con una pistola.
-¡Woah! -Exclamo.
-Creo que tres para uno está más que bien. -Dice ella, sonriendo y sintiéndose satisfecha por mi reacción. Tiene la mano sobre mi erección y es obvio que estoy excitado.
La mujer está mirando a Dani, aunque tiene su mano sobre mi pene erecto. No comprendo para nada la mirada que le lanza hasta que Daniel se levanta de mi lado, toma el brazo de ella y comienza a alejarse de allí.
-¿Qué diablos ha sido eso? -pregunta Kenny sentándose a mi lado y tomándose un trago de tequila Patrón.
-Ni idea, pero tranquilo, puedo buscarte otra. -Dice él sonriendo y volviendo a palmar mi espalda.
Para mi amigo, todo se trata de una transacción sexual, un acuerdo, simplemente pagar para tener sexo, pero esto no es lo que busco. Por eso me he conservado tanto, no me interesa follarme a cualquier mujer en un club.
Busco más que eso.
Al menos eso buscaba hasta que mi madre ha decidido casarme con una mujer sin mi consentimiento.
-Voy al baño, regreso en un momento. -Le digo a Kenny intentando alejarme del desastre de hombre que es mi amigo.