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Romance a Escondidas

Romance a Escondidas

Autor: : Alfonsina
Género: Romance
Sara Williams, creció con un padre soltero, Tomás Williams, él tenía reglas muy estrictas hacia su propia hija. Cuando Sara tenía seis años, la esposa de él, Margarita Reyes lo abandonó por otro hombre dejándolo solo con su pequeña. Cuando celebran su cumpleaños número 18, con muy pocos amigos, conoce a un Renzo Davies quien le hará suspirar; pero está prohibido para ella. Empezará a verse en secreto con su enamorado, su padre al descubrir el romance, se enojara y buscará separarlos a toda costa, pues él es el hijo de su peor enemiga. Tomás Williams también conocerá a una mujer y cree que tiene una segunda oportunidad para ser feliz, tan sólo para descubrir que se ha enamorado de su peor enemiga, Julie Davies. Se opondrá a sus propios sentimientos, alejándose de la mujer que ama por su odio desmedido hacia los Davies; obligando a Sara a alejarse del amor.

Capítulo 1 Pensamientos y más...

"¡Nunca siquiera pensé, que un día me separaría de ti, qué alguien con más habilidades, te arrancaría de mi lado sin compasión, y te escaparías a los brazos de otro, ahora estoy preguntándome; ¿Qué voy a hacer, con tu amor? ¡Margarita! ¿Por qué me dejaste solo, mi amor?

¡Dejaste tantos espacios vacíos en mi alma, espacios, que ahora nadie puede llenar, no es justo que apenas empezábamos a vivir nuestra historia y me dejaste colgando en el vacío.

Mi vida hoy no tiene sentido sin ti, me duele tu abandono, mi cabeza da vueltas llena de confusión; busco los motivos de ésta, tu decisión y aun no logro entender!

¿Dónde quedó todo lo bonito de nuestros planes, mi amor? ¿¡Dónde están nuestros sueños, aquel que pintábamos juntos, creando un mundo solo para nosotros!?

¿Por qué tuvo que aparecer ese maldito, y robarme tu amor? ¡Eres mi mundo y ahora todo se desplomó; y yo no sé qué hacer con los pedazos!

¡He tratado de juntarlos! ¡Te lo juro amor! ¡Pero ya nada es igual, ya no encajan en éste gran rompecabezas que es mi vida sin tí! ¡No sé dónde voy a colocarlos! ¡Me siento derrotado con las manos atadas, con una niña pequeña que necesita de su madre!

¡Oh Dios, ayúdame a ordenar este caos que dejó tu abandono! ¿Por qué no te llevaste a Sara? Por lo menos tendría un motivo para verte siempre.

Éstas eran los pensamientos de Tomás Williams, parecía un autómata caminando por toda la casa, su madre estaba con él, le decía palabras de aliento y consuelo, pero él estaba lejos de escuchar o sentir algo más.

Tenía deseos de mandar todo al demonio, pero tenía una hija que no se había llevado cuando decidió escaparse con su amante, su adorada hija.

En su mente, suplicaba una y otra vez, despertar de esta horrorosa pesadilla, su corazón estaba hecho añicos, sentía una opresión entre su pecho y espalda que lo estaba ahogando.

Su mente aún estaba confundida, revisaba a cada instante los acontecimientos, buscando un asidero, algo que le diera una ínfima esperanza de que aquella terrible situación no le estaba sucediendo.

Que pronto terminaría su reunión de trabajo, llegaría a casa y allí estaría ella, con su hermoso rostro esperando por él.

las lágrimas caían hasta el suelo sin parar, formando un pequeño pozo.

Tenía una sensación desgarradora en el estómago, los empleados domésticos que estaban presente, sentían pena al verlo tan derrotado.

Era difícil para amigos y familiares encontrar las palabras que lo sacaran de su limbo personal.

Su madre se acercó y le sugirió que fuese a descansar, pero él seguía allí, aferrado a su dolor, la sensación de tristeza que Tomás sentía, inundaba todo el salón donde se encontraba, estaba sumido en un abismo de melancolía del cuál era difícil de salir.

Un amigo muy cercano se enteró lo que estaba viviendo, llegó hasta la casa lo tomó de un brazo y lo arrastró hasta las afueras del recinto, obligándolo a ver otro paisaje, distraerlo de lo que lo estaba consumiendo por completo.

- ¡Vamos amigo, acompáñame a tomar un café!- dijo un amigo de Tomás.

- ¡No, déjame acá por favor!- pidió con voz suplicante a Roberto.

Este hizo caso omiso y se lo llevó fuera, contra de su propia voluntad, lo llevó hasta un pequeño café y allí pidió un té que tuviera la propiedad de calmar la ansiedad que consumía a su amigo.

Después lo arrastró, medio somnoliento hasta la habitación de su casa, dónde durmió por varias horas; pasaron más de diez horas cuando Tomás despertó, después de dormir, se levantó algo desorientado y buscó a su madre.

De nuevo allí estaba nuevamente su dolor, Margarita se había ido, solo tendría que conformarse con los recuerdos que lo iban a acompañar por el resto de su vida.

Vió a su hija Sara y una rabia sorda subió por su cuerpo, su niña que no tenía la culpa de nada, ella también se quedó sola con él, ahí estaba, sin saber toda la amargura que tenía él, que a pesar de su dolor necesitaba seguir adelante.

En ese momento la niña volteo y lo miró, dirigiéndose hacia donde él estaba.

Tomas apretó los dientes con angustia y desesperación al mismo tiempo, no era justo para los dos que Margarita los hubiera abandonado, solo tenía 6 años.

Ella debió por lo menos llevarse a su pequeña, no abandonarla como si fuera un traste viejo, se suponía que el amor de madre era superior al que tenía por él que era su compañero de vida.

Las lágrimas nuevamente empezaron a brotar sin control y su cuerpo se estremecía por el dolor que estaba experimentando.

Su madre inmediatamente corrió y lo abrazó fuertemente, la niña al mirar a su papá llorando tan desgarradoramente, se quedó quieta, sin saber qué hacer. Tomas dijo susurrando a su madre:

- ¡Por favor, no dejes que mi hija se sienta mal por verme así, llevatela me siento terrible!- exclamó él.

- ¡Hijo, por favor!- dijo en voz baja la mamá- ¡Entonces cambia esa actitud, es tu niña, tu hija te necesita!

- ¡Lo sé!- suplicó Tomas,- ¡pero déjame ahora, mamá!

- Ven, vamos a sentarnos,- dijo Carol, su madre- ¡No puedes estar llorando, eres un hombre! ¡Tu hija no entiende de ésta tragedia Tomás.

Él, sólo asentía con su cabeza, pero no entendía nada de lo que Carol le decía, no sabía qué día era, sólo quería que todo terminara de una vez; dormir y no despertar jamás. Todo daba vueltas en su cabeza.

Unas horas después caminaba sin fuerzas, sentía que en cualquier momento perdería las energías de su cuerpo, vió como poco a poco a medida que pasaban los días, fue bajando su opresión en el pecho; aún así esperaba un milagro; solo quería que todo aquello fuera una pesadilla.

Pero nunca sucedió ningún milagro, pasaban los días y ella no volvió, se quedó con su amante, él tenía que acostumbrarse a vivir por el resto de su vida sin el amor de Margarita.

Pasaban los días y él seguía ausente, no había nada que lo motivara, su barba había estaba creciendo, su ropa estaba desaliñada y Tomás parecía no darse cuenta que ya no debía seguir esperando, ni mucho menos buscar una explicación al caos en el que vivía desde que ella se fue.

Habían pasado semanas, y aún estaba sentado, con los ojos fijos en la distancia sin mirar nada realmente, su mirada era vacía y triste, su mente volaba buscando respuestas que de ninguna manera llegaban.

Aún su madre seguía en casa, se ocupaba de la niña y del personal doméstico, mientras él, Tomás Williams, su hijo, salía del shock que le ocasionó el abandono de su esposa.

Ya habían pasado varios meses, por fin Carol se acercó a su hijo, quien cada día aún, se sentaba en el mismo lugar, a mirar a la distancia.

- ¡Tomás, necesito que hablemos!- dijo Carol con voz enfática.

El pestañeo varias veces cómo despertamos de un sueño extraño, diciendo:

- ¡Hola madre! ¿Qué necesitas?- preguntó.

- Necesito saber ¿Que harás con tu vida? ¿Si seguirás al frente de las empresas? Yo debo regresar a casa, ya ha pasado mucho tiempo- explicó ella- y tú continuas como dormido y bueno, además, pienso llevarme a Sharom conmigo.

- ¿Sara?- preguntó él- ¿Por qué? ¡Ella está bien aquí! Y si, voy a volver a las empresas mamá, solo estoy esperando que pase un poco mi tristeza- dijo tranquilo.

- Tomás, ya han pasado tres meses desde que Margarita se fue- le recordó su madre- y estoy preocupada viéndote como ausente, me alegra que por fin reacciones.

- ¡Estoy bien!- exclamó- hablemos de mi hija.

-Me parece bien, hijo, pero dijiste no quererla cerca- dijo su madre- yo soy su abuela y puedo encargarme de ella sin ningún problema.

- ¡Mamá, mi hija no saldrá de ésta casa!- exclamó Tomas- más bien quería pedirte que te vinieras conmigo para que me ayudes en su educación.

- Está bien, yo solo quiero ayudarte,- explicó Carol- sé, que no será fácil para tí, estar solo y cuidarla.

- No será fácil, pero con tu ayuda estaré bien- dijo con voz resuelta- el personal doméstico está acá y además, la niña, tiene una niñera.

- Bueno, eso sí- dijo Carol- necesita ir a la escuela y acá le queda cerca, yo tendría que venirme para estar a cargo.

- ¡Si, Sara debe ir a la escuela!- dijo Tomás- la vida continúa.

- Te entiendo hijo, es una niña y necesita socializar, crecer sin traumas - dijo la abuela- ella aun, no entiende mucho, voy a ayudarte.

- ¡Mamá, Sara es mi hija y deseo lo mejor para ella,--dijo Tomás- quédate con nosotros.

- Así será- dijo Carol- hijo, trata de comenzar una nueva vida, no deseo verte vivir en amargura!

- No es momento de hablar de eso- dijo él- estoy mejor solo.

- Está bien, pero no vayas a quedarte así para siempre, hijo- dijo Carol- la niña solo tiene seis años, necesita una madre.

- Te tiene a ti, mamá- dijo Tomás Williams.

Capítulo 2 El encuentro...

Era el cumpleaños 18 de Sara, la abuela Carol había hecho todo el esfuerzo para, que su única nieta tuviera la celebración más suntuosa, el amor que ella sentía era inmenso, verla crecer hasta convertirse en una hermosa joven, era maravilloso.

Tomás aún no llegaba a casa, a pesar de que le pidió que ese día no tenía porqué estar en las empresas, pero así era él, siempre salía con su santa voluntad.

Él círculo de amistad de su nieta no era muy grande, su padre se había encargado de controlar todo alrededor de Sara; siempre vivió con el temor a que Margarita se apareciera y se la llevara con ella.

Carol era quien la acompañaba a todo lugar por órdenes de Tomás, todo era supervisado y controlado para ésta jovencita, por eso en éste momento que habían logrado convencer a su padre de invitar a personas influyentes, se sentía muy contenta.

Tomás Williams al principio no deseaba una celebración con tanto ruido, solo algo familiar, pero Carol lo había persuadido y allí estaba todo lo logrado.

Los compañeros de estudios fueron los primeros invitados, éstos a su vez trajeron uno que otro amigo para hacer crecer el círculo de amistad de Sarah, por lo menos por esa noche.

Pronto el Salón de fiestas estuvo llenó de juventud y alegría, Tomás aún no aparecía por el lugar, Carol estaba bastante estresada con la actitud de su hijo, desde que había quedado soltero nuevamente, no tenía vida social.

Después de tener a su madre con los nervios de punta, Tomás Williams se apareció con una sonrisa forzada para hacer la presentación de su hija ante las personas más influyentes de aquella ciudad.

Entre los invitados se encuentra un importante hombre de negocios, se llama Renzo Davies, llega a la celebración por acompañar a un amigo de la abuela de la cumpleañera.

Renzo, es un hombre sumamente guapo, de piel morena clara, perfiles hermosos, ojos marrón profundos, cuerpo formado por los ejercicios rutinarios que practica desde que es un adolescente.

Todas las féminas que se encontraban en el lugar no pudieron evitar mirar aquél espécimen masculino que entró en el recinto, su cabello negro como el ala de un cuervo, se veía ligeramente revuelto.

Con una expresión de fastidio en su rostro, con una sola mirada ya tiene una visión de todos los que allí se encuentran, notó a una chica, de piel muy blanca como porcelana china.

- ¿Quién es?- preguntó a su amigo acompañante- es una joven preciosa.

- Es la cumpleañera Renzo- dijo el amigo- hoy celebra sus 18 años.

Renzo se tensa un poco, se da cuenta que es extremadamente jóven para él que está próximo a cumplir 28 años, desvía la mirada para buscar una nueva candidata que le llame la atención.

Su cuello al parecer con vida propia, siempre estaba mirando a la chica, el amigo de Renzo, quien se llama Raimundo, se da cuenta que el interés es más fuerte que la voluntad de su amigo.

- Ven vamos a saludar a la cumpleañera- le dice con picardía- te mueres por hablarle.

- No seas absurdo, es simple curiosidad, es muy joven para mi- se defiende Renzo.

Poco a poco se fueron acercando hasta donde se encontraba la chica y Carol se le une haciendo más cómodo el momento del saludo inicial.

- Querida, estos caballeros, quiénes son mis invitados desean conocerte- dijo la abuela cortésmente.

- Buenas noches señorita, soy Raymund Carter,- saludó- le deseo un muy feliz cumpleaños.

- Gracias caballero, muy amable- respondió ella.

- Yo soy Renzo Davies-dijo el chico- estoy a sus pies señorita, que tenga un bello momento de celebración.

- ¡Que amable, gracias por sus deseos para conmigo!- dijo Sara- me llamo Sara.

- ¿Podemos bailar?- preguntó Sara de repente.

La abuela Carol se quedó sorprendida ante la osadía de la chica, siempre sumisa, tímida con el sexo opuesto, pero ésta vez se adelantó y no esperó la respuesta de Renzo, lo tomó del brazo saliendo hasta la pista de baile.

Tomás, quien estaba con un grupo de conocidos, vió a Sara, arrugó el entrecejo extrañado de ver a su hija moviéndose al ritmo de la música que se oía, disfrutando de un baile.

Hasta ese momento nunca la había visto bailar, ni siquiera sabía que bailara, "ese hombre se veía más grande que ella", pensó ¿Quién sería? Nunca lo había visto"

Los dos siguieron bailando, ella le agradeció cuando la llevó hasta donde se encontraba con su abuela.

-Fue un placer, bailas muy bien Sara- dijo Renzo- muy grácil en tus movimientos.

- Es la primera vez que baila- dijo Carol.

- Los dos hombres miraron con incredulidad a la abuela y la muchacha dijo:

- Es cierto lo que dice mi abuela, me gusta bailar y lo hago en mi habitación, pero ésta es la primera vez que lo hago en público.

- Que historia tan increíble, una chica que a sus dieciocho años no había realizado un baile público- dijo Raymond.

Renzo la miraba con una chispa extraña en sus ojos, le sonrió abiertamente y dijo:

- Me encanta haber tenido el honor Sara.

En ese momento, se acercó Tomás para saber qué sucedía allí; así era desde que la madre de Sara lo había abandonado, todo lo quería controlar, en especial los movimientos de su hija.

- Buenas noches caballeros- saludó Tomás- ¿Se están divirtiendo?

- ¡Oh sí papá, gracias por ésta hermosa celebración!- exclamó Sara- ellos spn mis amigos Raymond y Renzo.

- ¿No son muy grandes para ser tus amigos?- dijo Tomás.

- ¡Papá, no me avergüences por favor!- dijo Sara- ¡Ya no soy una niña!

Intervino la madre de Tomás en ese momento.

- Bueno, bueno no arruinemos la celebración, es el cumpleaños de tu hija,

Tomás y nada de restricción- dijo Carol.

Renzo tomó nuevamente a Sara de la mano y la llevó nuevamente a la pista de baile, dejando a Tomás Davies parado allí sin saber qué hacer.

No le agradaba que su hija por primera vez le replicara un comentario, ya le ajustaría las cuentas después de aquella fiesta, llena de desconocidos.

Solo habían jóvenes allí, los más adultos no llegaban ni a quince personas, no iba a permitir que Sara y su madre se salieran nuevamente con la suya.

Sabía que Carol, su madre era la auspiciadora de aquello que estaba sucediendo, lo mejor era relajarse por los momentos y disfrutar de algunos invitados que veía en algunos rincones del salón.

Renzo y Sara mientras bailaban, conversaban entre ellos:

- Tu papá parece enojado- dijo el muchacho.

- Es controlador- respondió Sara- todo lo supervisa.

- Ahora entiendo el por qué de tu primer baile en público- dijo él.

- Es un milagro que accedió a celebrar mi cumpleaños por primera vez, desde que tengo uso de razón- dijo ella.

- ¿Es celoso?- preguntó Renzo- yo pensaba volver a verte.

- ¿Celoso? No lo sé- respondió Sara- Ami me encanta seguir siendo amigos.

- ¿Cómo haría para verte?- preguntó.

- Mi abuela me ayudará- dijo Sara.

- Entonces confiemos en que nos ayude a encontrarnos- dijo Renzo- ¿Podemos salir en dos días?

Los dos sonrieron al terminar el baile, ya se habían pasado el número telefónico discretamente entre ambos, después él la llevó nuevamente hasta su lugar y nadie allí notó nada, Sara se sentía flotar por la alegría que la embargaba.

Capítulo 3 Conozcamos a Margarita...

Tomás Williams estaba casado con Margarita Reyes, una mujer rubia, muy bella, de hermosos ojos verdes y de hermosa figura; ella estaba embarazada de una niña, él había tomado la noticia con agrado, esperaba un hombrecito, pero ya vendrían más embarazos. A la bebé la llamarían Sara.

Tomás era un hombre millonario, cabello castaño oscuro, ojos azules; de complexión fuerte, carácter férreo e implacable para llevar sus negocios, había heredado de su padre, el olfato para los negocios, tenía un consorcio empresarial que él algún día heredaría y que había pertenecido a la familia por más de tres generaciones.

Se sentía feliz, casado con el amor de su vida conocía a Margarita desde la adolescencia y a partir de ese momento no se habían separado; Tomás no concebía la vida sin su amada esposa.

A los diecinueve años se casaron, Margarita se había embarazado y era bastante complicado su embarazo, permanecía de reposo, tenía preeclampsia y corrían peligro tanto ella como la bebé. Thomas se sentía muy mal ante esta situación.

El doctor le aconseja interrumpir el embarazo prematuramente y así poder salvar la vida de ambas, la niña le estaba trayendo demasiadas complicaciones, pero eso no arruinaría el sueño de Tomás de tener otro niño, un heredero que seguiría al frente de todo después de él.

Llegó el momento del nacimiento de Sara, se presentaron más complicaciones; la bebé nació con problemas respiratorios, además de eso Margarita, por una mala práctica médica se había infectado, teniendo que practicarle una histerectomía, ésto hizo imposible que para Tomás Williams y su esposa, soñar con tener más bebés.

Los primeros meses de vida fueron sumamente sacrificados para ellos como padres, pasaban noches sin dormir por completo, pues la bebé tenía asma, que se le complicaba al momento de dormir teniendo ellos que turnarse y permanecer sentados, para que la bebé pudiera respirar.

Después de muchos tratamientos médicos, la pequeña había ido mejorando su condición respiratoria y se estaba desarrollando como una niña muy hermosa de profundos ojos verdiazules que iluminaban su bello rostro.

Como padres estaban totalmente enamorados de su hija quien obtenía toda la atención la mayor parte del tiempo.

Pronto fue creciendo y Margarita decía:

- ¡Tomás, amor! ¿Cuándo vendrás a jugar un poco con nosotras?- reclamaba ella a su esposo.

Él se excusaba en que el cansancio del día de trabajo no le dejaba energías para dedicar a la familia.

- No seas tontito- decía Margarita- dedicas demasiado tiempo al trabajo.

- Tú sabes, que tengo responsabilidad, amor lindo- decía Tomás cariñoso.

- Entonces, busca el tiempo para que estés en casa,- decía Margarita.

- ¡Ay mi amor, tu si inventas!- decía Tomás riendo- lo que pasa es que siempre estoy revisando documentos importantes

Tomás volvía a concentrarse en su trabajo dejando que a su esposa molesta, poco a poco ella se resignó a estar sola siempre, la niña tenía suficiente personas que la atendían, así que empezó a tener salidas con sus amigas mientras su esposo estaba en la empresa.

Así conoció a Miguel Andrade, un hombre que de inmediato se ganó el corazón de Margarita, salían a cualquier lugar juntos, hasta que un día le pidió:

- ¿Por qué no vienes conmigo? Yo te amo.

- Estoy casada Miguel, tengo una hija- dijo ella.

- Un esposo que no te atiende, una hija que puedes dejar, tú y yo podremos tener otros hijos- dijo Miguel.

- No, ya no puedo tener otros, me esterilice al nacer Sara- dijo Margarita.

- ¡Entonces mejor!- dijo él- no me gustan los niños, déjala con su padre, iniciemos una vida tú y yo solos.

Al inicio estaba con dudas, pero Miguel era persuasivo hasta convencerla de huir con él y dejar a su marido con Sara.

- Vamos, tu esposo está ocupado y no desea que lo molestes- le pedía a Margarita siempre.

- Si, es cierto él no me quiere, ni siquiera le importará, vamos- dijo ella.

Así salió de la vida de Tomás y Sara, dejando a su esposo sumido en la más profunda tristeza y devastación.

- Siempre estaba ocupado mamá- recordaba Margarita- él trabajaba mucho, debió buscar a alguien para que lo ayudara, dejé a mi hija.

- Fue una mala idea mi amor- decía su madre- debiste llevarla contigo.

- Miguel no la quería- se justificó ella- ya tiene dieciocho años, jamás volví a verla, Tomás no dejó que me acercara, lo intente,pero él fue inamovi en eso, no volvi a tener contacto con ella.

- Si hija, pero ya deja de pensar, lo hecho, hecho está- dijo su madre.

Sara tenía seis años cuando dejó de ver a su madre y no entendía bien lo que había sucedido, al ir creciendo se fue dando cuenta que se había ido, que estaba sola con su abuela y su padre, se sentía herida por el abandono de su mamá.

Tenía a su abuelas que la terminó de criar, y con quien compartía su amor y ternura, cuando cumplía cada año, pensaba que su madre vendría a verla, pero jamás sucedió, se quedó sóla, a merced de la ternura y amor de su abuela paterna.

La abuela Carol, quien era la madre de Tomás, adoraba a su nieta y la consentía a más no poder, tenía un amor único por su pequeña nieta.

La vida de Tomas Williams y Margarita había sido ideal, ella con su hermosa figura adornando la casa, la niña llenando de risas y algarabía todo lo que tocaba, sólo tenía cuatro años Sara, cuando la prematura muerte de su abuelo paterno los sorprendió.

Había sido un infarto fulminante, Tomás tenía que encargarse por completo de las empresas que habían quedado al borde de la ruina total, a sus veintitrés años.

Estar al frente de las empresas, era para lo que había preparado su padre, desde que tuvo uso de razón, por eso, apenas había pasado la tragedia de la muerte de George Williams, lo más natural fue que su único hijo, asumiera el control de todo lo que le correspondía.

Margarita y Sara, lo veían menos ahora, por sus ocupaciones, aunque más la niña, porque en las noches él dormía con su mujer y se refugiaba en los brazos de Margarita pidiéndole todo el amor que él esperaba de ella.

Sara en cambio, estaba dormida cuando se iba y cuando llegaba, viéndolo muy poco y mucho menos disfrutando de los juegos y mimos de su padre.

Margarita cómo siempre le decía:

- Busca un espacio para compartir con la pequeña, amor.

Tomás siempre tenía la misma excusa:

- Amor mío, mi trabajo es estar organizando todo y me lleva tiempo- decía él- además el cansancio no me deja energía para jugar con la niña.

Margarita se sentía a veces triste y le reñía su desapego hacia la casa, y lo culpaba de que él siempre quiso que Sara hubiese sido un varón y no una mujercita, como había nacido,Tomás solo decía, que eran exageraciones de ella, que él amaba a su hija, solo que no tenía mucho tiempo para compartir con ellas.

Solo le pedía paciencia, necesitaba recuperar inversiones, su padre había confiado en alguien y éste en un movimiento de negocios casi lo había arruinado por completo, ésto provocó el infarto del padre de Tomás.

Margarita no logró entender por los momentos terribles que pasaba su esposo,solo demandaba atención, a pesar que él cada noche le confiaba su infierno personal, su esposa lo había abandonado con su pequeña hija, quien crecía, llegando a ser una niña hermosa.

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