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Romance con la sirvienta

Romance con la sirvienta

Autor: : LorenaRodriguez
Género: Romance
Alejandro es el hijo único de la familia Alvarado. Su rebeldía de niño rico lo caracteriza y lo hace ser el dolor de cabeza de sus padres. Comprometido con Gabriela, una modelo de talla internacional a la que solo le importa su estatus en el mundo de los ricos. Abril es la nueva sirvienta de la casa, una chica muy amable, hermosa y sobre todo inteligente. Solo tiene una debilidad: ser pobre y huérfana, no tiene a nadie más que a su madrina que decidió traerla cuando los padres fallecieron. A pesar de las advertencias que les hicieron de no enamorarse, el destino les tiene preparada una sorpresa. Ellos terminan envueltos en una relación no aceptada por sus familiares. ¿Será que el amor no mide consecuencias? Te invito a que te quedes y disfrutes de un romance con la sirvienta.

Capítulo 1 001

El autobús se detuvo en aquella carretera solitaria, de él bajó Abril, acompañada por una maleta. Sus padres habían fallecido y su madrina insistió en que viniera a trabajar con ella a la casa de una familia millonaria.

Abril volvió a revisar en su teléfono la dirección que su madrina le envió y, llena de miedo, comenzó a caminar por aquella carretera que se supone la llevaría a la mansión de los Alvarado.

De pronto un auto se detuvo y un hombre le pidió que subiera, que la llevaría a donde quisiera ir. Ella se asustó, tomó una piedra del suelo y la lanzó antes de salir corriendo. Con la mala suerte de que aquella roca impactó en la cabeza de aquel hombre, dejándolo inconsciente dentro de su auto deportivo.

Con el corazón palpitando al borde de salir de su pecho, ella finalmente llegó a la enorme casa. Su madrina la estaba esperando en el portón, la recibió con cariño y la llevó a la casa de empleados para que se instalara en su misma habitación.

Abril no quiso comentar sobre el incidente que había ocurrido en el camino; total, ya estaba en un lugar seguro.

-Te presentaré con los patrones. Por favor, demuestra que eres una niña educada y trabajadora. -Le aconsejó su madrina.

Abril aceptó. Anteriormente, ella nunca había causado problemas hasta ahora que aquel loco de la calle la quiso secuestrar. La esposa del patrón se sintió incómoda al ver que la nueva sirvienta es demasiado joven, ella teme que en cualquier momento se involucre con su hermoso hijo.

-Escucha, no quiero que salgas de la cocina cuando mi hijo esté en casa. -Le advirtió.

-No se preocupe, señora. -Le respondió con una reverencia.

A solas el esposo regañó a la señora por haberle metido miedo desde el primer día a la joven. Él la vio con buenos ojos y no con malas intenciones para con su hijo.

-Madrina, ¿por qué cuidan tanto a su hijo los patrones? -preguntó confundida.

-Ah, ni menciones a ese muchacho. Es demasiado consentido por ellos y por obvias razones cuidan su linaje.

Pero tú no vienes a eso, mi niña. Estarás por unos días aquí y luego buscarás un trabajo de acorde a tu profesión. -Le recordó con cariño. Por una parte, ella temía que su ahijada se enamorara del joven de la casa y acabaran en la calle las dos.

Más tarde se escuchó el escándalo de que al hijo lo habían encontrado inconsciente y que estaba siendo atendido en un hospital. En ese momento, Abril no caía en cuenta de que se trataba de la misma persona que ella golpeó en defensa propia.

Por la noche llevaron al joven a casa. Abril y los demás sirvientes ya estaban durmiendo. A la hora del desayuno, la señora pidió que la comida de su hijo la llevaran a su habitación, él aún no está recuperado y lo mejor es que no salga de la cama.

-Hija. Lleva esta bandeja a la habitación del joven, mientras yo terminaré de sacar las galletas del horno. -Pidió su madrina, que, aunque tiene claro que Abril no puede estar fuera de la cocina, se arriesgó a enviarla.

Abril tocó la puerta de la habitación que su madrina le indicó. Sobre la cama estaba acostado y envuelto de pie a cabeza el famoso heredero.

-Joven, su desayuno está listo. -Informó.

-Gracias. ¿Podrías traerme un vaso con agua, por favor? -Pidió, saliendo de su escondite.

-¿Tú?

-¡Tú!

Dijeron al mismo tiempo los dos. Ambos estaban sorprendidos, pues, no esperaban reencontrarse en esa circunstancia.

-¿Qué haces en mi casa? -reclamó con arrogancia.

-Disculpe, joven, yo... solo hago mi trabajo. Ya me... retiro... -respondió, titubeando.

-Espera. Por tu culpa, casi pasé la noche en un hospital. Me golpeaste con una piedra, ¿y ahora quieres actuar como si nada haya pasado?

-Lo siento mucho, joven. Pensé que era un secuestrador y esa fue mi única manera de defenderme.

-Te entregaré con la policía.

-No. Por favor, no lo hagas, te lo ruego. Entiende que no fue mi intención hacerte daño.

-Si quieres que me mantenga en silencio, tienes que atenderme exclusivamente de ahora en adelante.

-¡Qué! Imposible, tu madre me matará, ella ya me advirtió que no me acerque a su querido hijo de cristal.

-¿Cómo me llamaste?

-Eh...

-¡Hijo!... -Se escuchó la voz de su madre que estaba en la puerta a punto de entrar.

-¡Ah, tu madre me quitará el trabajo! -dijo asustada.

-Escóndete aquí, no dejaré que ella se acerque. -Le dijo él, ayudando a que no la echen de casa.

Abril, sin pensarlo dos veces, se escondió debajo de la sabana, demasiado pegado al cuerpo de su enemigo.

-Estoy bien, mamá, ya me han traído el desayuno.

-¿Necesitas ayuda?

-Mamá, mis manos están sanas. -Se quejó avergonzado.

La señora salió de la habitación. Ella no se percató de que a su hijo lo estaba abrazando la sirvienta por debajo de la sabana.

-¿Ya se fue?

-Todavía no. -dijo en un susurro. -Acuéstate encima de mí para que no se note ancho el espacio.

-¿Me estás vacilando? ¡Idiota! -renegó ella al caer en cuenta de que no había nadie más en la habitación.

-¡Espera! ¡Oye, no he terminado contigo! -reclamó Alejandro cuando ella lo dejó solo y salió por la puerta que da al jardín.

-¡Ah! ¡Qué manera más bonita de divertirme la que ha llegado a mi casa! -exclamó con una sonrisa de picardía.

Capítulo 2 002

Abril se encuentra entre la espada y la pared, nunca pensó que su primer día en la ciudad causaría un problema tan grave. No quiere ir a la cárcel, pero tampoco le parece bien que por su culpa los patrones echen del trabajo a su madrina.

Media hora más tarde, los señores se fueron a trabajar a la empresa. Hoy también es día de compras, así que la madrina tomó la lista y se marchó junto al chofer, no sin antes advertirle a Abril que no fuera a cometer ningún error, que si no quería estar en la cocina se fuera a la habitación, pero que no fuera a rondar la mansión.

Había tantas cosas que preparar para el almuerzo, es por eso que la chica decidió quedarse en la cocina para avanzar por mientras llegaba su madrina. El teléfono en la cocina sonó, Abril dudó en responder, pero luego se armó de valor creyendo que eran los patrones.

-¡Quiero agua, tráela de inmediato, por favor! -ordenó Alejandro.

Abril dejó de hacer lo que estaba haciendo y fue a la habitación de aquel fastidioso hombre que se está empeñando en hacer que ella esté a su completa disposición, aun conociendo el peligro que eso conllevará

Abril suspiró al estar frente a la puerta del demonio, arregló su delantal y tomó impulso para ir a humillarse frente al hijo de sus patrones.

-Te he dicho que tengo prohibido verte. Mi madrina no está, y si alguien se entera de que yo he venido, serás el culpable. -se quejó.

-Yo sé que tu madrina no está y por eso te pedí que vinieras. -respondió con una sonrisa de lado.

-Tu agua está servida, me marcho si el joven de la familia no necesita más. -Ella lo dijo a modo de burla.

-No te he dicho que puedes salir.

-¿Por qué lo haces? -le cuestionó con tristeza.

Él sonrió en silencio.

-Tú comenzaste a meterte conmigo, ahora te aguantas o, si no, mis padres se enterarán de que me golpeaste sin razón alguna. ¿Y qué crees? En la cárcel no te visitará tu madrina. -Le amenazó.

-¿Qué quieres que haga para que ese incidente quede en el pasado? Ya te pedí perdón, te hice saber que no fue mi culpa, solo creí que eras un secuestrador.

-Esta noche habrá una fiesta, quiero asistir, pero tú me acompañarás.

-¡No lo haré!

-Si no lo haces, ya sabes cuáles serán las consecuencias. Por mí no hay problema, yo no pierdo nada.

Te espero a las 10 de la noche, a dos cuadras del portón.

¡Sal de mi habitación, ahora! -ordenó.

Abril salió enseguida y al cerrar la puerta, pataleó furiosa. ¿Cómo cree ese idiota que ella saldrá por la noche arriesgándose a ser descubierta por su madrina?

Las horas transcurrieron y ella seguía nerviosa. Por la noche, a la hora de dormir, se acostó en su cama mientras su madrina descansaba en la otra, casi al lado de la suya. Quería dormir, pero no podía conciliar el sueño por estar preguntándose en su mente lo que hará; si hacerle caso al idiota o dejar que él revelase la verdad.

Finalmente, faltando diez minutos para la hora que el imbécil le mencionó, ella se vistió en silencio y salió sigilosamente de la casa de empleados. Se aseguró de que todas las luces en la mansión estuviesen apagadas y nadie estuviera rondando afuera.

Caminó a paso rápido con miedo a ser descubierta o que alguien viniera tras ella para hacerle daño. En la siguiente cuadra vio un auto estacionado, estaba con las vías encendidas; de inmediato lo reconoció; era el idiota que ya la estaba esperando.

-¿Por qué tardaste tanto? -le reclamó.

-No seas dramático, solo me he pasado diez minutos. -se defendió ella.

-Diez minutos son oro para mí. Sube, date prisa, que llegamos tarde.

-No necesito que me estés dando órdenes. -renegó ella, quedándose aún de pie.

-Entonces la princesa quiere que baje del auto, le abra la puerta, la tome en mis brazos y la acomode en el asiento, ¿eso es lo que quieres?

-No. -le respondió ella, y a continuación abrió la puerta y subió al lado de él.

-Escucha, iremos a una fiesta en la cual estarán mis amigos, por favor, compórtate como una persona decente.

-Está bien, pero ¿no crees que esto es demasiado estúpido de tu parte? Nunca he salido a una fiesta... nunca he tenido amigos que les guste salir a divertirse, no sé cómo van a reaccionar ellos y si te da vergüenza no es mi culpa.

Alejandro sonrió, la chica había salido mucho más tímida e ingenua de lo que se imaginó. Al llegar a la dichosa fiesta y, al ser el más popular del grupo, todos se le acercaron a él.

Sus amigos eran hijos de empresarios millonarios, algunos ya habían tomado el control en sus empresas y otros como en el caso de Alejandro estaban a punto de hacerlo, solo que por su inmadurez, su padre no le permitía tomar el control de ellas hasta que formara una familia, él creía que solo así sentaría cabeza y tomaría en serio el tema de los negocios.

-Amigo, ¿pero quién es la chica que ahora te acompaña? -preguntaron los varones, refiriéndose a Abril, mientras que las chicas la observan de mala gana.

-No lo sé, la encontré en la calle hace un momento y me pidió que la trajera hasta aquí. Supongo que alguien de la fiesta la ha invitado o viene por cuenta propia. -dijo con palabras que parecían reales, además con una sonrisa de burla que alimentaba su ego de hombre mujeriego y vengativo.

Capítulo 3 003

Abril sentía miedo, había caído en la trampa de ese hombre. No le gustaba como los amigos de él, la observaban y tenían una mirada lujuriosa hacia ella. Uno se relamió los labios, se acercó a Alejandro para tomarla a ella del brazo y llevarla con él. Abril se agarró de la cintura de su acompañante, negándose a salir con aquel desconocido.

Sin embargo, Alejandro la alejó de él, dándole el visto bueno a su amigo para que se la llevara. Los vio desaparecer entre la multitud, entonces se arrepintió. La chica es tímida, él recordó que anteriormente ella le comentó que no tenía amigos extrovertidos.

Salió en busca de ella, pero no encontró a ninguno de los dos. Desesperado llamó al teléfono de su amigo, pero este no le contestó. Marcó el número de la chica y tampoco obtuvo una respuesta. Su desesperación aumentaba con cada segundo que marcaba el reloj, regresó con el grupo de amigos esperando a que el otro regresara con la chica; sin embargo, las horas pasaban y de ellos no había señales.

Todos en el grupo comentaban que los chicos deben de estarla pasando rico en alguna habitación de hotel, eso hacía enfurecer a Alejandro internamente. Ya era de madrugada, estaban a punto de irse, hasta entonces la pareja apareció. Alejandro se puso de pie y furioso tomó la mano de la chica y la llevó hasta el auto, la hizo subir y manejó sin decir una palabra hasta llegar a la casa.

-Baja y ve directo a la cama. -le ordenó.

-Gracias por haberme llevado a esa fiesta, he pasado la mejor noche de mi vida. -dijo ella antes de cerrar la puerta con cuidado para que nadie los escuchara y salió corriendo.

Alejandro golpeó el volante y maldijo la hora en que decidió que su amigo le pusiera el ojo a ella

Durante el día Abril apagó su teléfono y no se dejó ver por Alejandro. Ella lo odia, él negó conocerla frente al grupo de amigos cuando fue él mismo que la invitó a acompañarlo.

Por su parte, Alejandro tampoco tuvo la intención de molestarla ese día, pues había comprendido que se comportó como un poco hombre la noche anterior.

Le llamó a su amigo para preguntarle qué había pasado entre ellos. Y aquel le reveló que la chica tenía mucha experiencia y sabía cómo hacer disfrutar a un hombre en la cama.

Alejandro empuñó la mano y golpeó la pared. Furioso de que la chica pareciera tímida, pero que en realidad solo lo ha engañado para hacerse la víctima y fingir ser inocente del severo golpe que le dio en aquel momento.

Pasó una semana y Abril continuaba con su teléfono apagado. Cierto día, Alejandro estaba en el jardín desayunando con sus padres cuando escuchó a la madrina de ella pedir permiso para que su ahijada vaya a solicitar empleo en cualquier empresa.

Disculpándose con sus padres, Alejandro se levantó de la mesa, minutos después tomó su auto y salió para esperar cuando la chica se fuera. Cuando la vio venir, se alegró, pensó que esperaría por mucho tiempo, ya que la señora no mencionó hora.

-Abril, necesito hablar contigo, por favor. Sube al auto. -pidió.

-¿No es suficiente lo que has hecho?

-Lo siento mucho, no debí haberte humillado aquella noche. Estoy muy avergonzado contigo, por eso quiero que hablemos y que arreglemos las cosas para poder llevarnos bien, a ambos nos conviene hacerlo.

-No subiré contigo. Eres un peligro para cualquiera, ya he llamado a un taxi y me estará esperando en la entrada de la propiedad.

-¡Sabes que si no entras por las buenas lo harás por las malas y a mi manera!

Abril no le hizo caso y continuó su camino, entonces Alejandro se acercó nuevamente a ella, bajó del auto, la echó en sus hombros y la cargó hasta dejarla acomodada en el asiento de copiloto.

-¡Imbécil! ¿Crees que todo el mundo gira a tu alrededor? No eres más que un engreído. -Lo insultó.

-Sé que vas a buscar empleo. Te llevaré a una empresa donde te pagarán muy bien. Pero antes debes de acompañarme a un lugar.

Abril volvió a sentir el mismo miedo de aquella noche.

-¿Me vas a entregar a otro de tus amigos? -cuestionó-. Si es así, estoy feliz de que lo hagas. Me la pasé muy rico en aquella ocasión. -mintió, ocultando su incomodidad.

-¡Basta, Abril! ¡Basta, por favor! No quiero que vuelvas a mencionar eso; no es de mi agrado.

-Pero si fuiste tú el que me entregó en bandeja de plata, ¿no lo recuerdas? Dijiste que no me conocías, prácticamente dijiste que me habías recogido de la calle. Espero que lo vuelvas a hacer, es tan divertido y tan placentero que un hombre desconocido me haga suya. -expresó, pasando un dedo por sus labios como si estuviera recordando lo de aquella noche.

Alejandro detuvo el auto de un solo golpe. ¿Cómo podría soportar tal insinuación?

-Abril, no vuelvas a mencionar eso nuevamente ni delante de mí ni delante de otras personas, ¿te queda claro?

-¿Qué tiene de malo? Soy una joven dispuesta a disfrutar de las cosas de la vida y más si se trata de sexo

-¿Qué crees que dirá tu madrina si se entera de lo que tú andas haciendo?

-¿Qué crees que dirá tu familia si se entera de que tú le entregaste a uno de tus amigos una chica inocente como yo? -lo retó.

-¡Ah, maldición! No sé por qué tienes que ser tan inteligente y salir adelante en los planes que yo tengo.

-Ya lo ves, eso significa que no puedes obligarme a hacer algo que yo no quiero. Por eso te pido que quites el seguro de esa puerta y me permitas salir del auto.

-No saldrás de aquí hasta que hablemos.

-Ya hemos hablado lo suficiente.

-No, quiero que estemos en un lugar fresco y tranquilo, no en medio de una carretera.

-Promete que no me dejarás abandonada en un lugar desconocido para mí.

-No tengo ese corazón.

-Sé que lo tienes y por eso te lo advierto: si en esta ocasión vuelves a repetir o peor aún hacer algo más cruel, no te dejaré en paz. Haré que tus padres conozcan al demonio que tienen como hijo. -le amenazó.

-Ya lo entendí. No pretendo molestarte más, puedes estar en mi casa el tiempo que quieras y no volveré a molestarte. Ya has pagado la deuda, así es que ya mereces estar en paz.

Sabiendo que él ya no le molestaría, no se negó a acompañarlo al lugar que la llevaría. Él ha prometido que solo será un almuerzo de disculpa. Sin embargo, no contaban que a mitad del camino un par de hombres los secuestraran y se los llevaran con rumbo desconocido, golpeando en varias ocasiones a la chica.

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