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Rompiendo tus Reglas

Rompiendo tus Reglas

Autor: : Darknessyfs
Género: Romance
Su vida tenía un perfecto orden. Perfectas rutinas, perfectos horarios, perfectos planes de comida. Y horas específicas para cada cosa. Mientras que la mía era una completa montaña rusa de descoordinación. Sin rutinas, sin horarios específicos, sin planes de comida. Sin horas específicas para cada cosa. Pero de una forma u otra mi mundo descoordinado colisionó con el de él sacándolo de esa perfecta rutina que lo estaba llevando lentamente a la monotonía. Y esa hermosa colisión entre ambos terminó permitiendo que yo rompiera todas sus reglas.

Capítulo 1 Comienzo

Tener que salir de tu casa en las mañanas y apurada para tomar el bus no era algo muy emocionante de hacer, pero peor aún era salir en un día lluvioso a las siete treinta de la mañana, sin haber arreglado la ropa la noche anterior y sin desayunar.

Definitivamente eso no estaba en mi lista de cosas favoritas por hacer, pero aquí estaba, con mi maletín de cuero negro sobre mi cabeza para evitar que se me mojara de más el cabello, con un vestido verde ajustado que compré en oferta en alguna tienda del centro y que no ostentaba de ser de marca y con unos tacones de punta fina que probablemente se terminarían rompiendo como llegara a dar un paso en falso.

Pero es que, esas eran las desventajas de no tener auto ¿y cómo tenerlo? Si apenas ganaba lo suficiente para poner la parte que me correspondía del alquiler del departamento en el que residía.

Un simple departamento de dos habitaciones, con baño compartido, una sala para nada grande con ventanales cutres y una cocina a la que podías acceder con solo entrar a la sala.

Sí, el concepto abierto era demasiado literal en aquel lugar, pero solo por el hecho de la escasez de espacio que dificultaba el poner paredes para cada habitación.

Y la única razón por la que daba abasto para pagarlo, era porque vivía con Mónica, una integrante ejemplar del departamento de policía de la ciudad y que había sido honorificada un par de veces por sus trabajos humanitarios y por las veces en la que había arriesgado su vida para ayudar a los ciudadanos de esta honorable ciudad.

Ciertamente era una rubia despampanante, de cuerpo con curvas prominentes y una sonrisa que decía derrítete por mí. Pero para desgracia de los hombres de esta ciudad era lesbiana y una muy orgullosa.

Literalmente tenía una bandera que funcionaba como cortina de los ventanales de nuestro piso y la cual se podía identificar claramente desde la acera.

No dudaba de que los vecinos creyeran que éramos pareja y más cuando ningún prospecto se había presentado en nuestra puerta declarándose como algún enamorado mío. Pero era algo que definitivamente me daba tan igual como quedarme en casa un viernes en la noche.

Aliviada por haber llegado hasta la parada del autobús aun intacta, me retiré el maletín de encima de la cabeza y descansé mis debiluchos brazos por unos segundos colocando el maletín en el suelo. Ciertamente esa había sido mi mejor inversión.

Un maletín de cuero sintético de tamaño perfecto para llevar mis documentos y que fuese resistente al agua para que no se mojara todo lo que tenía dentro de él.

Moviendo mi tacón arriba y abajo mientras esperaba, me permití observar las calles vacías de transeúntes a pie y lleno de vehículos que pasaban a una velocidad reducida frente a mí y en ese momento ansiaba tener, aunque fuese una cacharra con la cual pudiese moverme, pero bueno, lo que tocaba era esperar el autobús mientras la lluvia aumentaba de intensidad con cada segundo que pasaba.

Unos minutos después lo vi acercarse y con las ganas de sentarme en él a tope, tomé el maletín y me acerqué a la acera, cosa que fue el peor error que hubiese podido cometer en al menos una semana.

Era evidente lo que pasaría, pues, Dios lo sabía, la chica de la cafetería del otro lado de la calle que observaba por la ventana lo sabía, el vagabundo en la esquina lo sabía, el seguridad que me observaba a través de la cámara de seguridad del edificio de detrás lo sabía, hasta el chofer lo sabía, menos yo, porque claro, siempre andaba de despistada, de urgida y descuidada.

Y es que en un día lluvioso sería evidente que habría un charco de agua acumulado en los laterales de la calle, agua que se levantó ante el frenazo que dio el chofer y por supuesto, como nada podía ir mejor en este maravilloso día, toda el agua que se levantó cayó sobre mi arruinando mi pobre vestido de oferta.

Mis ojos se cerraron por unos segundos y al escuchar la puerta siendo abierta los abrí de vuelta con las fervientes ganas de gritarle, pero si lo hacía antes de subir las probabilidades de que me dejara varada en la parada eran muchas.

Por lo que intentando que no se notara la rojez que debían de tener mis mejillas subí al autobús destilando agua sucia por mi rostro y mi cabello negro.

Un puchero se instaló en mí boca y al ver que él ni siquiera había notado el desastre que ocasionó, solo pude continuar hacia la parte trasera del autobús y me senté tratando de controlar mi lengua viperina, esa que sabía que destilaría veneno si abría la boca y como un altercado a estas horas de la mañana después de la pésima forma en la que había ido no era algo que deseara, prefería permanecer callada mientras controlaba las incesantes ganas de llorar.

Mi cabello, mi cabello que era un manojo de rizos y ondulaciones el cual mantenía a raya con planchas una vez a la semana, había sido mojado y el resultado era obvio, los rizos buscarían su forma original y yo terminaría pareciendo un nido de pájaros cuando el cabello ni siquiera estaba enredado.

Suspirando profundamente miré hacia la ventana y abracé mi maletín mientras esperaba que el autobús llegara hasta el lugar en el que me quedaba.

Y si ya todo lo que había pasado no era suficiente, el frío comenzó a golpear crudo y fuerte con cada segundo que pasaba mi cuerpo analizando la humedad de mi piel.

El autobús no estaba precisamente lleno, pues no había nadie de pie, cosa que me facilitó continuar sin ningún acompañante a mi lado hasta que el autobús llegó hasta mi parada y pude bajar tras haber pasado la tarjeta por el codificador, tarjeta que había sacado del maletín minutos antes de bajarme.

Sin importarme que la lluvia hubiese aumentado su intensidad me encaminé hacia la puerta del orfanato recibiendo las gotas de lluvia y con los hombros caídos, después de todo empapada ya estaba y con aguas de dudosa procedencia.

Seguí con mis pasos acelerados hasta que pude empujar la puerta que a estas horas ya se encontraba abierta y accedí al interior recibiendo los gritos, los chillidos, las risas y el característico calor que se sentía en cuanto entrabas al orfanato.

Definitivamente este era mi lugar favorito en el mundo y no precisamente porque me agradara la situación de los niños aquí dentro, todo lo contrario, era algo que me tocaba tanto que como abogada prefería mantenerme de este lado a irme a un bufet reconocido en donde podría avanzar en este mundo y obtener mucho dinero.

Era tan fiel a este lugar que aun después de que trabajara por un sueldo muy bajo, una vez costeaba todos mis gastos del mes, el resto lo gastaba en regalos para los niños de aquí.

Dejando que la sonrisa apareciera en mis labios, me encaminé hacia mi pequeño espacio de aquella enorme casa con patio trasero enorme, aunque carecía de jardín delantero.

Esta casa estaba llena de habitaciones en cinco de los seis niveles que poseía, mientras que el primer nivel constaba de oficinas en donde se llevaba a cabo la administración del lugar y el recibimiento de los prospectos a padres.

Y en la parte trasera se encontraba una capilla a la izquierda del jardín y a la derecha un pequeño edificio con salones que servían como aulas para impartir las clases.

Y por último una cancha y un comedor no muy lejos de las demás estructuras.

Al llegar a mi pequeño lugar dejé mis pertenecías sobre la pequeña mesa y luego me encaminé hacia la oficina del director al cual tenía que reportarme una vez llegara para ver si tenía algo que darme para comenzar a investigar.

Los pasillos de la enorme casa eran de madera, casi toda la casa lo era en su totalidad y eso le daba un aspecto de casa de cuento que me encantaba.

La puerta de la oficina del señor Wolsky era doble, hecha con una madera clara que se encontraba algo desgastada y que había visto a tantos niños pasar a través de ella con un brillo en sus ojos que te dejaba saber que estaban felices de al fin ser adoptados por una familia que valía la pena.

Toqué un par de veces y pasé solo cuando escuché el adelante.

Dentro estaba él, de cabello canoso y barba cuidada ya blanca. Era viejo, la verdad había que admitirla, pero le costaba jubilarse, pues aún no estaba seguro de dejar su puesto en manos de alguien que no cuidaría estos niños como él lo había hecho.

Y es que él había luchado tanto por estos pequeños, los había mantenido con su salud mental y emocional lo mejor posible para evitar dañarlos más de lo que sus familias lo habían hecho.

Él era ese escudo que los protegía del mundo cruel que los había abandonado a su suerte.

-Señor, Wolsky -saludé en un susurro con una leve sonrisa.

-Fany, cariño -él se levantó de su escritorio luciendo su impoluto traje negro, traje que terminaría arruinando como me abrazara como lo hacía todos los días.

Él rodeó su escritorio para acercarse y poder estrujarme entre sus brazos, pero al ver las fachas en las que me encontraba, se detuvo y frunció el ceño.

-¿Qué te ha pasado? -su voz era tan suave y amable, aunque cargada de dominio y masculinidad, pero amable en todas sus expresiones.

-Yo... -mi voz titubeó y era por el simple hecho de que cuando lo tenía frente a mi simplemente no podía ocultar lo mal que la pasaba.

Aunque la mayoría de las veces en las que solía estar así eran por tonterías o niñadas, pero él nunca las minimizaba.

Dejaba que llorara por no poder comer un helado aun cuando era una mujercita de veintisiete años bien cumplidos.

¿Pero que podía hacer? El señor Wolsky me conocía desde hacía tantos años que comportarme de una manera diferente se sentiría extraño.

-Es que un autobús me salpiqueó toda de agua.

Un brillo de diversión bailó en sus ojos y mi puchero se intensificó al saber que él se reiría en cualquier instante.

-No se vaya a reír -y efectivamente.

Comenzó a reírse como si le hubiese contado el mejor de los chistes jamás escuchado.

Fingiendo enfado me crucé de brazos, pero al final terminé riendo junto con él ante su contagiosa risa y su forma de burlarse de las cosas catastróficas que me pasaban cada día y que venía a contarle sin importarme verme más patética de lo que ya era.

-Lo lamento, Fany, pero es que si vieras como te ves refunfuñando y pareciendo un pollito mojado en todo su esplendor -calmando su risa se irguió nuevamente y dio un par de palmaditas al aire de forma divertida.

-Lo sé, soy una comedia andante, pero al menos tómese enserio mi sufrimiento.

-Lo siento, cariño, a la próxima intentaré reírme cuando ya salgas de la oficina.

Una de mis comisuras se elevó y dejé caer ambos de mis brazos a mis costados para cambiar mi peso de un lado a otro mientras lo veía recostarse de su escritorio.

-Hay dos familias con intenciones de adoptar, han enviado su solicitud por la plataforma y una vez los revises y verifiques que las informaciones dadas son verídicas, concordaremos una cita con los niños de las edades que tienen intención de adoptar.

-Sabe que vendrán por los más chicos -susurré llevando a mi mente las tantas veces que he llevado a cabo este proceso.

-Nunca se sabe, Fany, no seas tan negativa -me encogí de hombros sin interés de contradecirlo para no comenzar con un debate que no nos llevaría a ningún lado, ya que él nunca se rendía ni yo tampoco.

-Mejor me voy a hacer mi trabajo -él me dio una sonrisa que decía claramente que sabía que estaba huyendo de poner mis argumentos sobre la mesa y asintió de acuerdo con finalizar la tertulia antes de siquiera darle inicio.

-Si no te cambias de ropa te vas a enfermar -yo me encogí de hombros.

-Tomaré algo de las niñas grandes -él sonrió recordando algo que yo desconocía, pero terminó haciendo un ademán para que me fuera, por lo que me di la vuelta y salí de la oficina cerrando la puerta detrás de mí para ir hacia mi pequeño lugar.

Ahí tenía un computador con el que podría acceder a la base de datos en donde debían estar registradas las nuevas familias, de esa forma podía analizar sus solicitudes para luego de terminar e informarle al señor Wolsky si las familias calificaban para poder hacer una cita.

Por lo general esta era la parte más fácil, enviar la solitud, hacer una cita, conocer al niño en cuestión y ver si él conectaba con ellos.

Pero una vez esta parte pasaba, comenzaba lo difícil, ahí era en donde analizaban su historial psicológico, además de que debía ser enviado a diferentes ministerios hasta consolidar todo y que pudieran adoptar al niño.

Ahí era donde yo entraba, intentaba hacer las cosas más fáciles para ambas partes, ya que, si una familia me convencía, lo más que mi corazón me pedía era que los ayudara a poder sacar al niño del orfanato y que pudiera tener un hogar.

Y aunque había fallado tres veces en mi tarea un récord de veinticinco de veintisiete niños reivindicados no lo tenía cualquiera.

Y me enorgullecía enormemente de poder ayudar no solo a las familias a cumplir su sueño de tener una familia que para ellos no estaba completa sin un niño, sino también de poder sacar a un infante de este lugar, que, aunque estaba en las mejores condiciones, no era un hogar verdadero.

Y para ser sinceros, mi meta no era exactamente dejar al orfanato libre de niños, sino, el poder sacar a otros niños de los orfanatos públicos y traerlos a este.

Y no, este orfanato no pertenecía al gobierno, aunque estaba registrado en el ministerio, los fondos que adquiría este orfanato provenían de una compañía anónima que se había hecho cargo del orfanato restructurándolo en todos los sentidos hasta que fue uno de los mejores del país.

Por eso quería que muchos niños salieran de aquí, porque mientras más de ellos formaran parte de una familia, más niños tendrían la oportunidad de salir de los orfanatos del gobierno en donde sus vidas eran peor de lo que ya de por sí eran.

Capítulo 2 Tus niños

Metiéndome de en lleno en el trabajo de llamar a los bancos y a los números de referencia en la solicitud de ambas familias, olvidé que ni siquiera había desayunado, pero cuando llegó la hora del almuerzo fue imposible que pasara desapercibido para el señor Wolsky el que no me había visto en el comedor a la hora de la comida.

Él tocó mi puerta a las doce con cuarenta y una vez le permití el paso lo vi abrir la puerta para que una belleza de siete años entrara en mi oficina con un plato entre sus manos.

Ella era Natalia, una pequeña de ojos grises y cabellos rubios que había sido abandonada cuando apenas tenía cuatro años.

Recuerdo que ese día llegué a las siete de la mañana al orfanato porque debía levantar a los niños y ducharlos ya que sus familias vendrían por ellos y quería ser quien les diera la noticia.

Pero esa misma mañana cuando dos niños salían, una más entraba. Había sido amarrada a la manija de la puerta para que no pudiera irse. A penas iba cubierta con unos shorts y una camiseta que no la cubrían nada del frío que había hecho esa mañana.

Y nunca quise pensar en cuanto tiempo había estado la niña ahí afuera, soportando el frío y sin derramar una sola lágrima de sus ojos.

Y lo que me había cautivado de ella fue la pequeña sonrisa que me dio cuando quité el nudo de su muñeca y la cargué en mis brazos mientras le preguntaba su nombre.

Sus palabras fueron inentendibles, pero luego de que las repitió un par de veces logré entender que me decía que se llamaba Natalia.

-Hola señorita, Estefanía -saludó mientras dejaba el plato con un tenedor sobre mi escritorio en el único espacio libre.

-Hola, cariño ¿cómo has estado? -mi sonrisa para ella fue enorme y ella me la devolvió con un brillo lleno de felicidad en sus ojos.

-¡Muy bien! ¡Anoté tres goles esta mañana! ¡Si solo hubiese podido ver!

Mi boca se abrió con sorpresa y todo mi ser se llenó de energía al ver la euforia con la que contaba sus logros del día.

-¡Sabía que mejorarías! -con mi mano en un puño la impulsé hacia ella y sin dudarlo chocó los puños conmigo de forma severa haciéndome reír.

-Hice caso a sus consejos, señorita Estefanía.

-Me alegra que lo hicieras.

Y una vez me dio una última sonrisa se dio la vuelta y pasó junto al señor Wolsky para volver de regreso al comedor, probablemente con sus amigos.

-Cuidas tanto de los demás que terminas olvidando que debes cuidar también de ti -y aunque no pareciera, él me estaba sermoneando y severamente.

-Para eso lo tengo a usted -él se cruzó de brazos indignado y yo solté una leve risita mientras tomaba el plato con lo que parecía ser puré de papas y bistec con muchos vegetales, más de los que me gustaría comer -¿lo sirvió usted o qué? -cuestioné con el ceño fruncido mientras apreciaba las zanahorias a grandes cantidades.

-No sé qué clase de porquerías comes cuando sales de aquí, así que al menos debo asegurarme de que aquí si te alimentas bien.

-Ya sé lo que sienten los mocosos cuando les digo que deben tragarse todas las verduras.

Mi boca formó un puchero, pero aun así me preocupé por comenzar a comer para terminar pronto y poder regresar a mi tarea de organizar toda la información que había recolectado que no había sido puesta en su solicitud.

-¿Cómo vas con eso? -cuestionó mientras se recostaba del umbral de mi puerta.

-Hay una de la que no estoy segura, ya que aparece que uno de los padres es el hijo fruto de una relación entre padres violentos. Sé que las conductas se repiten dependiendo del patrón, pero sé también que muchos de ellos nunca son iguales que sus padres, por eso los enviaré a psicología antes de que vengan a ver el niño para ver que dice el psicólogo, pero por lo demás creo que esta todo bien.

-Recuerda que tienes un compromiso con las niñas.

Y bien que lo recordaba, ese día las maquillaría a todas para que hiciéramos una pasarela en el pasillo con los vestidos que habían creado con la ropa vieja.

-Lo sé, nunca olvidaría algo referente a mis niñas.

Y después de eso tomó mi plato ya vacío y salió de mi oficina para dejarme trabajar.

Una vez terminé mi trabajo fui hasta el segundo piso en donde estaban las habitaciones de las niñas y pasé el resto de la tarde con ellas, tal fue la perdida de la noción del tiempo, que terminé saliendo a las seis con treinta y seis, cuando mi hora de trabajo era hasta las cinco con treinta.

Pero bien decían por ahí, haz lo que amas y no tendrás que trabajar el resto de tu vida.

Una vez salí caminé las cuadras necesarias para llegar a la parada del autobús y me recosté del tubo de metal que servía para sostener el techo que servía para cubrirte en caso de sol o lluvia.

Por su parte había dejado de llover, aunque el cielo seguía con nubes oscuras evitando el paso de los rayos de sol.

Y el frío era palpable en el ambiente, aunque la sensación de frescura en el aire que había dejado la lluvia era algo que se aprovechaba de todas las formas posibles

Esta vez evité acercarme a la orilla, aunque la ropa que llevaba eran unos pantalones de chándal que me quedaban ajustados y una camiseta blanca con un estampado de la banda Maroon 5.

En cuanto el autobús se detuvo frente a mí y abrió sus puerta me acerqué para subir y buscar un asiento vacío.

Cosa que no fue tan difícil, ya que iban a ser las siete de la noche, por lo que la hora pico ya había pasado permitiendo que disfrutara del viaje con tranquilidad.

Di un buenas noches cuando descendí del autobús y me encaminé hacia mi edificio con pasos rápidos al saber que la noche ya había caído envolviendo mi camino con su oscuridad.

En cuando llegué, abrí la puerta con las llaves que había llevado en el bolsillo para asegurarme una rápida entrada y en cuanto lo hice cerré detrás de mí para ir hacia mi piso por las escaleras y poder recorrer las puertas a cada lado del pasillo hasta dar con la mía en el fondo.

Sonreí aliviada cuando abrí la puerta y el olor a comida me envolvió.

Mónica cocinaba de una forma exquisita y amaba cada cosa que preparaban sus manos, aunque ciertamente escasas veces lo hacía, ya que le tocaban mayormente los turnos nocturnos y durante el día mientras ella estaba en casa yo me encontraba en el orfanato.

-¿Qué tal tus niños? -fue lo primero que cuestionó al verme aparecer.

Yo dejé caer el maletín cerca de la puerta de mi habitación y me acerqué a ella para envolverla con un abrazo mientras meneaba lo que suponía era una paella.

Y es que sus raíces españolas eran difíciles de soltar, cosa que agradecía, porque permitía que me deleitara con cada cosa tradicional que cocinaba en casa.

Ella y yo teníamos alrededor de cinco años viviendo juntas, la había conocido cuando yo apenas tenía veinte y ella veintiuno en un tribunal en donde estaba observando un caso como estudiante.

Ella estaba ahí como policía recién graduado, viendo cómo se daban declaraciones en un caso en donde la policía se había visto involucrada.

Recuerdo que estaba junto a mí y me susurró que era más aburrido que leerse el libro y no pude evitar reírme, porque lo que para ella había sido aburrido, para había sido uno de los mejores días de mi vida, ya que había sido mi primera vez en un tribunal.

Luego de eso nunca perdimos el contacto y terminamos mudándonos juntas años después cuando le comuniqué que tendría que buscar mi propio espacio.

Buscamos juntas y al final amoldamos el lugar a los gustos de ambas y lo mejor de todo era que convivamos tan perfectamente, tanto por las carreras que ambas habíamos elegido y que coexistían, así como nuestro gusto por salir solo una vez al mes y no todos los fines de semana.

Capítulo 3 Directora

-Mañana es viernes -me dejó saber.

-Lo es.

Sin dudarlo me dejé caer en el sofá acostándome completamente en él.

-¿Saldremos este finde? -yo negué efusivamente.

-Definitivamente no, no tengo ganas.

Ella apagó la estufa y comenzó a buscar los platos para servir nuestra cena.

-Bien, entonces podemos ir al parque en la tarde y regresar con pizza y helado para ver algo el sábado.

-¿No trabajas? -le cuestioné levantando mi cabeza para observarla atenta.

-Gracias a Dios no, cubrí a Jimmy la semana pasada, por lo que tendré libre dos fines de semana seguidos este mes.

-Bien por ti.

Una vez puso nuestros platos en la mesita del sofá yo encendí el televisor y coloqué un show de chistes que daban todos los jueves. Y luego ambas comenzamos a comer despacio procurando masticar adecuadamente antes de tragar.

-Conocí a una chica -susurró Mónica -es una chica que fue por violencia intrafamiliar, tomé su declaración y al final su número.

-Llévala despacio, si la violencia fue por parte de una pareja no estará lista para una relación ahora.

-Lo sé.

-Pero si te interesó sigue por ahí, hazle saber que estarás si te necesita y si ella decide buscarte entonces ya la tienes.

-Para saber cómo comenzar una relación es extraño que estes soltera -mi sonrisa fue suave.

-Del orfanato a la casa no hay mucho que pueda encontrar.

-Sin mencionar que nunca sales.

-Dejemos el tema.

-Espero verte envuelta con un hombre antes de morir, Teffy -yo rodé mis ojos.

-Estaré sola hasta que no llegue quien entienda que esos niños van incluso primero que yo.

Y con esa última afirmación dejé zanjado el tema que siempre sacaba a relucir cada que podía con cualquier argumento pobre de fundamento.

Capítulo 2

-No puedo creer que se me haya hecho tan tarde -se quejó Moni mientras escuchaba las sirenas de una patrulla frente a la casa.

Yo comencé a reírme escandalosamente mientras me terminaba de alistar.

-Ya verás, maldita -y aun riendo me agaché cuando la vi por el rabillo de mi ojo lanzando un objeto que iba directo a mí.

El zapato al yo agacharme terminó impactando contra la pared junto a mí y ella salió echando chispas del departamento al no haber podido darme mi merecido antes de irse.

Mónica se despertaba todos los días a las seis de la mañana, salía a correr media hora y regresaba a casa para ducharse y vestirse para estar lista a las siete y poder esperar a su compañero abajo antes de que pasara a buscarla en la patrulla para llevarla a la estación.

Pero anoche domingo ambas hicimos maratón de Game Of Thrones y por supuesto, la televisión nos vio quedarnos dormidas en el sofá en la madrugada y a penas a las tres con treinta fuimos cada una a nuestra habitación.

Y eso dio como resultado que Moni no fuera a correr y terminara vistiéndose con su uniforme a una velocidad atemorizante a las seis con cincuenta.

Yo por mi parte me estaba vistiendo despacio agradeciendo que no lloviera ese día, ya que podría llegar con mi vestido y mi cabello lacio intacto al orfanato.

Ese día había varias cosas importantes por hacer, por lo que tenía que dar mi mejor impresión, aunque fuese con un vestido que conseguí en una venta de garaje.

Una vez lista tomé mi maletín con los documentos que había estado revisando en el fin de semana en casa y luego salí de casa con la tarjeta del autobús en mano para evitar tener que abrir el maletín.

Ese día en especial llevaba mis auriculares inalámbricos puestos mientras escuchaba la sexi música de una rapera para que me diera la seguridad que necesitaba ese día.

Y es que abría una reunión con los representantes de la compañía que nos daban el presupuesto para hacer todo lo que hacíamos en el orfanato y aunque mi vestimenta no era tan sofisticada me sentía segura, y es que unos tacones de suela roja hacían ver seguro a cualquiera.

Me los había regalado el señor Wolsky para mi cumpleaños el año pasado y lo había usado pocas veces ya que no visitaba lugares tan sofisticados como para tener que usarlos.

Pero ahí estaba ese día, portando un vestido negro ajustado a mi figura, pero recatado y mis zapatos sensuales que me hacían sentir más segura.

¿Y la razón por la que me había elaborado tanto?

Pues las arpías representantes de la compañía que nos daban los fondos, eran todo un caso, esas mujeres eran hermosas, sí, muy sofisticadas por demás, pero tenían una vibra de víboras que te hacían no querer estar en su radar, pero como yo no me dejaba de nadie me ponía mis mejores prendas y me preparaba para contestar todos sus cuestionamientos.

Pues lo que tenían de víboras lo tenían de inteligentes.

Una vez en la estación esperé paciente unos cuantos minutos hasta que el autobús hizo su aparición y pude subirme en él.

Mientras este avanzaba yo iba calculando los minutos que debía estar montada en él sumándole un par de minutos por el tráfico de la hora pico y al final el resultado fue claro. Llegaría temprano y me podría evitar cualquier sermón que pudiesen darme y eso a su vez evitaría que mi lengua viperina saliera a relucir para ponerlas en su lugar a las dos.

De esa forma todos estaríamos felices, porque, aunque ganas les faltaran, no podían despedirme, el señor Wolsky nunca lo permitiría.

Mientras Chlorine de Twenty One Pilot se reproducía bajé del autobús y me recorrí todas las cuadras que me separaban del orfanato.

Al llegar pude escuchar el ajetreo dentro y es que, aunque todo siempre se mantuviera en orden, cuando esas mujeres venían, se arreglaba todo más de la cuenta, ya que con un solo informe negativo podrían destituirnos a todos de nuestros cargos aquí dentro.

Y eso sería terrible, pues todos los que hacíamos esto, lo hacíamos por amor a estos niños y separarnos de ellos sin poder ayudarlos sería devastador para cualquiera de nosotros.

-Al fin llegaste -mi sonrisa se extendió por todo mi rostro al ver a Tiara a mitad del lobby.

Ella era una castaña de baja estatura, maestra de los niños y de paso su cuidadora, pues se quedaba a dormir aquí todos los días para mantenerlos seguros de ellos mismos y estar al pendiente si cualquier cosa llegaba a suceder. Incluso si un niño enferma con sus conocimientos de enfermería ella podía darle los primeros auxilios.

-¿Qué tan malo es? -ella negó nerviosa.

-Están aquí, llegaron más temprano de lo esperado.

Un suspiro escandaloso escapó de mis labios y sin remedio alguno le pasé mi maletín para caminar hacia la oficina del señor Wolsky en donde suponía ya estaban las señoritas Stella y Alice. Dos rubias despampanante de ojos azules y que, aunque trabajan juntas parecían detestarse más que a cualquier cosa.

Pero era difícil que dos víboras convivieran juntas por mucho tiempo, se terminaban lanzando el veneno entre ellas al sentirse amenazadas.

Al entrar en la oficina sin tocar interrumpí una charla vana que se estaba llevando a cabo, pero no me importó en lo absoluto y en completo silencio pasé junto a ellas para quedar del otro lado del escritorio y sentarme en la silla que había sido colocada para mí como siempre.

Dentro del orfanato el señor Wolsky y yo éramos los más importante, él porque llevaba el orden del dinero y yo porque llevaba el orden de la entrada y salida de los niños, por eso éramos los únicos en las reuniones con las señoritas y una vez terminábamos, les dábamos la información a los demás empleados si era necesario.

-Esta reunión será corta, pues ya nos habíamos reunido hacía menos de quince días.

-¿Aprobaron el presupuesto para la construcción de más habitaciones en el último nivel?

La rubia de nombre Stella negó lentamente.

-El presupuesto que tienen es lo que hay, no se puede hacer nada más.

Pero claro que si podía ¡yo lo sabía! Y no precisamente porque tuviesen más dinero para darnos, sino por otra razón más sencilla.

Si el benefactor diera la cara a los medios estaba segura de que los demás millonarios de su entorno donarían de todo su dinero para esta causa.

Era bien sabido que quien nos daba los fondos era dueño de una compañía muy prestigiosa, pero ellos nunca habían querido dar la cara a los medios para que de esta forma pudiésemos tomar su imagen y usarla a nuestro favor.

Y eso de una forma u otra hacía mi sangre enervar, ya que podríamos hacer tantas cosas que no podíamos ¿qué le costaba salir a la luz? ¿Qué le costaba usar su imagen para darle mejor vida a más niños?

Y sí, hacía muchísimo por este lugar, pero yo había sacrificado tantas cosas por este orfanato que no entendía como los demás no podían dar un poco más de todo lo que tenían para mejorar cada vez más más este asqueroso mundo.

Con un suspiro escandaloso interrumpí el montón de palabras que estaba soltando, excusándose en que la imagen de los benefactores se debía mantener así por seguridad de ellos mismos y que si queríamos continuar administrando debíamos seguir las reglas.

Ella frunció su ceño algo incómoda, pero por primera vez dejó pasar mis comentarios y continuó hablando y para mi sorpresa, nunca esperé escuchar esas palabras saliendo de su boca.

-El motivo de esta reunión es tu ascenso, Estefanía. Es bien sabido que el señor Wolsky hace mucho tiempo desea retirarse y pidió que fueras evaluada para ocupar su puesto y todos estuvimos de acuerdo en que eres La más apta, tienes más tiempo aquí que cualquiera y podrás cumplir con la responsabilidad perfectamente ya que estas preparada para ello.

-Lo único que necesitamos es que firmes tu nuevo contrato y el anterior será cancelado, tendrás mejor salario, mejores horarios y podrás apoyarte de un contable que estará ocupando su puesto mañana por la mañana, lo hemos elegido nosotras mismas -las palabras de Stella de por si me habían dejado choqueada y aunque no asimilaba del todo las anteriores, hice el intento por entender las de Alice.

-Te dejaremos una copia del contrato para que analices todas las cláusulas y así mañana nos lo envías a la dirección pautada y recuerda, debes cumplir con todo lo impuesto y una de esas cosas es mantener el nombre del benefactor en secreto, aun cuando sabemos que quieres usar su imagen para expandir los alcances del orfanato.

Inevitablemente mis ojos se rodaron, cosa que ella no notó al estar poniéndose de pie para irse al igual que Alice.

Y sorpresivamente no se despidieron de mí, aunque el sarcasmo es notable en esa oración ¿no?

En cuanto ellas cerraron la puerta de la oficina me levanté de mi lugar para pegar un brinco que me dejó los pies alucinando ante el impacto contra el piso al caer gracias a los tacones.

-Seré directora del orfanato, seré directora del orfanato -repetí incrédula.

-Eres, cariño, eres -rectificó.

Mis ojos en automático se llenaron de lágrimas y él se levantó para envolverme entre sus brazos.

-Gracias, señor Wolsky, gracias, de verdad.

-Te lo ganaste, hija, te lo ganaste con creces, porque toda tu vida se ha resumido a esto y sé que serás capaz de sacar adelante este orfanato y ayudarás a más niños de los que nunca pudimos ayudar.

-Lo haré, prometo que seguiré su legado, prometo salvarlos como usted salvó a otros tantos.

Él besó mi cien y pronto las lágrimas comenzaron a rodar por mis mejillas.

-Ahora, señorita Estefanía, lea su contrato para que sea oficial su cargo, yo por mi parte daré mi último recorrido como director para dejarte tu puesto desocupado antes del mediodía.

-Sabe que lo van a extrañar -susurré aun entre sus brazos.

-No voy a perderme, Fany, esta también ha sido mi vida entera.

Separándome de él sequé mis lágrimas y me extendí para tomar el contrato en la mesa y encaminarme a la salida.

-Fany -me llamó antes de que pudiese salir.

-¿Sí? -cuestioné dándome la vuelta.

-Si lees bien el contrato encontraras muchas respuestas y cuando lo hagas, no dudes en ser como realmente eres, esa mujer que lucha por lo que cree y que defiende lo que más ama que son estos niños.

Asentí un par de veces y luego de una suave sonrisa me di la vuelta para salir de la oficina y encaminarme a la mía.

Definitivamente una de las primeras cosas que haría sería derribar la pared del pasillo y moverla un metro más adelante para que la oficina tuviera más espacio para el nuevo contable.

Sí, llegaría mañana, pero eso era cosa de desmontarla intentando conservarla y moverla más adelante, barnizar el piso en donde estaba y ordenarla y eso podría hacerlo con ayuda de los niños grandes.

Una vez en la oficina, comencé a recoger todas mis cosas y las fui metiendo en una caja de madera que me servía como basurero vintage, pero que realmente no usaba ya que en el orfanato reciclaban los papeles para hacer más papel para los niños en la escuela.

No eran tantas las cosas que tenía, eran más fotografías enganchadas que me había tomado junto a los niños en diferentes épocas del año y que había decidido enmarcar para mantenerlas a la vista y poder verlas siempre que pudiera.

Una vez terminé de tomar todas mis pertenencias, me senté en mi cómoda silla y tomé el contrato para comenzar a leerlo.

Ciertamente esto se me daba bien, después de todo había estudiado durante cuatro años para lograr ser una buena abogada y aunque nadie me consideraba la mejor por mi falta de renombre en el mundo legal, yo si me consideraba una de las mejores.

Una vez leí página tras página, captando cada cosa importante y haciendo marcas con mi lápiz, me detuve abruptamente a mitad de la quinta hoja al ver por primera un nombre, bueno, era el nombre de una compañía, pero un nombre después de todo.

Kravec Company.

Mi boca se abrió con absoluta sorpresa y sin dudarlo un solo segundo tomé mi móvil y puse en el buscador el nombre de dicha compañía encontrando cientos de resultados, pero lo que me terminó helando toda la sangre, fue el encontrar el nombre del dueño de la compañía, el hombre que probablemente daba los fondos que sustentaban a este orfanato.

Kadet Kravec.

Un hombre que en vez de empresario parecía modelo. Y de cierto modo entendí por qué quería seguir de incognito, no era como si quiera que esa imagen de hombre rudo que se carga se viera desmentida al mundo enterarse de lo que hace por un orfanato de niños de todo tipo y de todas las edades.

-Por eso el señor Wolsky me dijo que leyera bien -susurré para mis misma.

Porque él siempre supo el nombre del benefactor y sabía que su apellido estaría en estas líneas.

-¿Me puedes explicar por qué las pirañas se fueron tan rápido? -fue inevitable no echarme a reír al escuchar el nuevo nombre que se le había sido otorgado a las rubias despampanantes que nos mantenían a raya.

-No mucho, solo vinieron a dar una breve información.

Tiara frunció el ceño ante mis palabras y ladeó su cabeza al verme analizando los documentos de forma poco interesada solo para no tener que mirarla a la cara y que notara la emoción que brillaba en mis ojos.

-¿Qué información? -cuestionó esta vez acercándose.

-Pues que el señor Wolsky se retiró definitivamente -los ojos de Tiara se abrieron enormemente y llevó una mano hacia su boca para tratar de ocultar su sorpresa ante mis palabras.

-Ay no, no me digas que una de las arpías vendrá como directora -yo negué con una sonrisa de absoluta felicidad.

-La nueva directora del orfanato soy yo, Tiara ¡me han puesto como directora a mí!

Y ella literalmente soltó un grito que retumbó en toda mi oficina y probablemente en parte del orfanato.

Sus ojos se llenaron de lágrimas casi de inmediato y vi en primera plana lo feliz que se había puesto ante algo que no la inmiscuía, pero que ciertamente le alegraba,

-Estoy tan feliz por ti, pequeña, ya era hora de que reconocieran todo el esfuerzo que has estado haciendo por este lugar y por estos niños.

-Lo único que me desagrada de todo esto es que ya no veremos tan seguido al señor Wolsky -ella hizo un ademán restándole importancia.

-Es hora de que disfrute, Fany, sabes que su esposa se quejaba de que nunca tomaran vacaciones más largas que un fin de semana, es hora de que salga a conocer el mundo, él sabe que el orfanato estará en buenas manos, las tuyas son las perfectas.

Sin dudarlo me levanté y me acerqué para envolverla en un abrazo fuerte que me dio la confianza que necesitaba.

En pocas horas oficialmente sería la nueva directora y debíamos informárselo a todos los niños y los encargados de cada área, por lo que agradecí haber ido vestida más decentemente.

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