Género Ranking
Instalar APP HOT
Inicio > Romance > Romy y Julius
Romy y Julius

Romy y Julius

Autor: : M. T
Género: Romance
Romy, hija de una de las dos familias más poderosas de Verona, regresa a la ciudad que la vio nacer después de terminar la universidad con la intención de tomar un año sabático antes de hacerse de un empleo. Al llegar descubre que la situación que vive su familia no es del todo favorable, ya que hay disturbios y caos ocasionados por la familia Carusso. Romy quiere averiguar que es lo que ha incitado el pleito en esta ocasión, descubriendo que no es la única que desea terminar con el conflicto. Julius es el hijo del enemigo de su padre, un Carusso, pero él jura que sus intenciones son más que buenas, él busca unificar ambas familias antes de que el conflicto termine en una tragedia. Mensajes secretos y encuentros a escondidas terminan por enamorarlos tal como si fueran Romeo y Julieta, una pareja que murió por amor y la cual puede estar bastante conectada a Romy y Julius, solo que no saben si su destino será igual o peor que el de ellos.

Capítulo 1 Prefacio

"... En la hermosa Verona, donde aconteció una tragedia, dos familias rivales igualmente poderosas habían derramado, por sus odios mutuos, mucha inculpada sangre..."

-¡Romy!-escucho una voz familiar. Al bajar del auto una figura femenina se aproxima a mi mientras mantiene una sonrisa en sus labios rosados.

-¿Vittoria?-manifiesto incrédula. La ultima vez que la vi fue hace más de un año durante el verano cuando coincidimos en la arena de Verona.

Me abraza envolviendo sus delgados brazos en mi cuerpo, cierro los ojos un instante y hago lo mismo. Percibo el aroma de su perfume, tiene un ligero aroma a lavanda, lo cual me sorprende, después de tantos años sigue usando el mismo perfume.

-¿Cómo supiste que volvería?-me animo a preguntar una vez que nos separamos, la miró de arriba abajo para averiguar qué cambios ha sufrido y de los que no me he enterado.

Su cabello rubio que antes le había negado el privilegio de crecer, hoy lo tiene bastante largo, podría jurar que casi a media espalda. Lo ha trenzado en forma de diadema y por lo que logro ver también ha adelgazado bastante.

Lleva puesto un vestido verde pastel, que ha combinado con un bolso y unas zapatillas de un rosa coral y que decir de su maquillaje, el cual la hace lucir alegre y fresca. Se ve encantadora.

-Un pajarito me lo dijo-esboza una sonrisa y vuelve la mirada hacia atrás, donde se encuentra mi padre, así que deduzco que fue él quien le dijo cuando claramente le pedí ser discreto.

En mis labios se dibuja un gesto que demuestra cuán alegre me siento de volver y de ver a mis seres queridos. Me alejo de Vittoria y caminó hacia mi padre quien extiende los brazos cuando me aproximo y me abraza.

-Mi niña-dice con cariño, me alejo un poco de él para observarlo mejor.

Su cabello que antes era negro azabache hoy tiene algunas líneas blancas que lo opacan, su bigote que antes era corto hoy es abundante y rebelde, pero aunque parece que bastantes cosas han cambiado, quiero pensar que de alguna forma siguen siendo las mismas personas que deje hace algunos años atrás.

-¿Que tal el viaje?-él también me examina, la ultima vez que lo vi fue hace seis meses, en navidad, debido a la universidad, solo puedo venir dos veces al año, pero desde aquel entonces mi cabello castaño ha crecido un poco.

-Excelente, papá-acepto, el viaje en tren es bastante suave, lo incomodo es cuando este termina y debo levantarme de mi asiento en el que he estado sentada por mas de seis horas.

-Me alegra mucho, querida. ¿Que tal si entramos a la casa?-hace una señal para que los sirvientes saquen mis pertenencias del maletero y quizás, la suban a mi vieja habitación. Vittoria se acerca a nosotros y mi padre nos escolta al interior.

Subimos las escaleras hacia la entrada principal, esta casa siempre me ha parecido bellísima, pero bastante grande, aunque si mal no recuerdo, la primera vez que pensé en ello fue el día en que mi madre murió.

Finalmente entramos por el gran portón de madera, mi padre solía presumir que esa puerta era la original que había estado en la antigua casona, por supuesto hace mucho tiempo atrás, antes siquiera de que mis abuelos nacieran, antes de que, según lo que mi padre suele mencionar, que mi familia emigrara de Verona a Milan.

Había sido, durante los años 20´s que mi familia tomó la iniciativa de retornar a su ciudad de origen y se instalo aquí, en la bella villa de Lungadige a las orillas del rio Adige, desde aquí se puede apreciar parte de los jardines que alguna vez pertenecieron al palacio Giusti y también la cúpula del santuario de la Madonna di Lourdes. Desde aquí se puede observar toda Verona.

Al ingresar, el personal de la casa, que se encuentra formado en una fila inclina levemente la cabeza al verme, luego cada uno de ellos, los que recuerdo y sé que convivieron conmigo desde que era tan solo una bebé, me dedican una sonrisa.

-Signorina, Romy-me saludan, las más viejas, las que alguna vez fungieron el papel de niñera cuando las mias no sabían como controlarme, me interceptan para darme un abrazo. Es bueno regresar a casa.

-Buorgiono-les respondo e incluso me atrevo a darles un beso, pero no me quedo con ellos, debido a que mi padre y Vittoria esperan por mi, será en otra ocasión.

Instintivamente alzó la mirada justo hacia las escaleras en donde se puede contemplar el retrato de una joven mujer a la que me parezco bastante, mi madre.

Me detengo tan solo un segundo, ese retrato lo he visto mil y un veces en mi vida, pero cada vez que lo veo es como si ella me diera la bienvenida con una alegre sonrisa.

Vittoria me toma de la mano, quizás en un intento de llevarme con ella para evitar alguna otra distracción. Me dedica una sonrisa y ambas caminamos siguiendo la alta figura de mi padre.

Seguimos por el pasillo para llegar hasta el comedor, donde extrañamente me da la bienvenida un pequeño pastel decorado con diferentes tipos de frutas, este tiene un pequeño banderín que esta sujetado por dos palillos de madera, el cual dice:

«Bienvenida a casa, Romy»

Me vuelvo hacia mi padre y Vittoria, ambos me dedican una sonrisa y debido a su sorpresa me veo obligada a agradecer su bienvenida, quizás no sea lo mas ostentoso, pero aprecio mas la compañía de aquellos que me aman.

-Gracias por esto-le digo a mi padre agradecida por tan bonito gesto, ciertamente no esperaba algo como esto, después de que murió mamá, ya no hubo alegría en esta casa, es extraño que después de tanto tiempo él desee celebrar algo.

-Perdona que no fuera una gran fiesta-menciona como si a mi me importara los lujos y aunque viví rodeada por ellos, las cosas materiales nunca me han interesado tanto.

-Pero por eso estoy yo aquí para alegrarte la tarde-manifiesta Vittoria recordándonos que ella sigue presente-¿Que te parece si después de comer una rebanada de pastel, vamos a la Piazza delle Erbe?

-Pero, yo esperaba descansar el resto del día. ¿Que te parece si vamos mañana?-le sugiero, pero Vittoria frunce el ceño en señal de desaprobación.

-No, no, no, no-protesta y niega con la cabeza-yo ya hice planes para salir, ademas solo sera un rato. ¿Hace cuanto que no nos vemos, Romy?

Medito su propuesta, es cierto que hace tanto que no salimos, necesitamos ponernos al día de todos y aunque me siento un tanto cansada por el viaje, también quiero distraerme un rato.

-De acuerdo-acepto-pero por favor que no sea a ninguna discoteca o algo por el estilo.

-¿Discoteca?-cuestioná frunciendo el ceño, un tanto desconcertada-¿Romy, eso es lo que hacías en Roma?

Se echa a reír mientras mi padre toma asiento, aunque parece estar atento a la conversación.

-No, claro que no-reveló, aunque dudo que Vittoria me crea. Me reúno con ellos y me siento al lado de la silla de mi padre a la vez que mi querida prima y amiga se sienta frente a mi.

Vittoria me habla un poco sobre Verona y lo que ha hecho desde que termino la universidad. Su voz es clara y agradable. Mientras ella habla, mi padre escucha y yo corto tres rebanadas de pastel, una para cada uno.

Mi amiga elige el plato que tiene una cereza encima, lo que me trae a la memoria, aquellas fiestas de cumpleaños en las que solíamos pelear por la cereza sin importar de quien fuese el cumpleaños.

Después de una hora de charla, mi padre, aburrido por la conversación de Vittoria se levanta de la mesa.

-¿Ya te vas?-pregunto un tanto afligida, pero después de esta conversación en la que Vittoria ha sido la única persona en hablar, imagino que debe estar cansado de su voz, no es fácil convivir con ella, sobretodo cuando no sabes ser paciente.

-Me temo que si, mi querida Romy-me dice algo apenado-quise cancelar todos mis pendientes, pero hoy debo ir a las bodegas hacer una inspección y si no la hago, el producto no saldrá en el embarque de mañana en la noche.

-No te preocupes-lo consuelo, sé muy bien que su trabajo y sus trabajadores han sido siempre su lugar seguro-nos vemos en la noche.

Mi padre parte enseguida y una vez solas, le dirijo una mirada de desaprobación a mi amiga.

-¿Porque lo has aburrido de esa forma?-le reclamó mientras me llevo un pedazo de pastel a los labios.

-Porque de otra forma no podríamos hablar tranquilamente-justifica aceptando que ha sacado temas demasiado irrelevantes como para hablar con un hombre, sobre todo mi padre quien hace mucho que no escucha remilgos femeninos.

-Te escucho-digo no muy conforme, pero si lo suficientemente curiosa como para escucharla.

-Habrá una fiesta de mascarás mañana por la noche-revela satisfecha, ahora entiendo el porque de su insistencia por ir a la plaza de Verona esta misma tarde- debemos ir disfrazadas, al estilo de carnaval de venecia, aunque no precisamente con disfraces extravagantes, pero al menos debemos conseguir un vestido sofisticado y un antifaz.

-¿Estas invitándome o solo quieres que te ayude a buscar un disfraz para ti?-cuestionó un tanto confundida.

-No seas tonta, claro que te estoy invitando-dice arrogándome su servilleta de tela como escarmiento- ¿Como podría ir sola a ese tipo de fiestas?

Su actitud me roba una carcajada.

-Ibas a ir, hubiese o no regresado estos días-le reclamó, desde que éramos adolescentes ella solía abandonarme en las fiestas y aunque siempre eran lo mismo, Vittoria sabía cómo persuadirme.

-Por supuesto que no-dice cruzándose de brazos -pero ahora que tengo una acompañante con quien asistir, no creo que mi mamá me prohíba salir.

-¿Veintidós años y aun pidiendo permisos?-me burlo de ella.

-Por favor, tu también haces lo mismo-responde obligándome a recordar momentos vergonzosos de nuestra adolescencia. Ambas no reímos de ello, pero aunque es divertido mencionarlo, no es del todo gracioso, sobretodo por la situación de nuestra familia.

-¿Y? ¿Te interesa?

La verdad, no me interesa en lo absoluto, pero sé perfectamente que de negarme ahora, Vittoria volverá a insistir hasta colmarme la paciencia y prefiero evitar todo el martirio antes de que ocurra.

-Supongo que no tengo otra opción ¿Verdad?

Vittoria esboza una sonrisa y da pequeños brinquitos de felicidad en su lugar.

-¿Donde sera la fiesta?-digo fingiendo un poco de interés, entonces me llevo un poco de pastel a la boca, el sabor dulce baila en mis papilas gustativas-¿La ofrece alguien que conocemos?

Vittoria se lleva la mano al mentón, como si dudara en decirme. Lo primero que pienso es que tal vez se trata de algún ex novio o algo parecido, pero aquellos chicos que antes me fascinaban hoy supongo que ya no me importa ni me interesa recordar lo que sucedió en el pasado.

-Veras...-menciona con voz nerviosa-es del otro lado de la ciudad.

Entrecierro los ojos y devuelvo el pequeño tenedor al pastel mientras trato de comprender sus palabras.

-¿Del otro lado de la ciudad?-insisto en confirmar la respuesta. Ella asiente nerviosa mientras se lleva un pedazo gigante de pastel para taparse la boca- Vittoria, sabes que no podemos ir para allá. ¿Acaso no lo recuerdas?

-Te escuchas como mi madre cuando lo mencionas de esa forma-expresa con cierto tono de queja.

-Puede que sí, pero tengo razones para sonar como tu madre, ir allá puede ser peligroso...

-¿Peligroso para quien?-me interrumpe una vez que logra pasarse todo el bocado- esta lucha absurda es de nuestros padres, no nuestra. He cruzado allá desde hace un año y jamas me ha ocurrido nada.

-El hecho de que no te haya ocurrido nada no quiere decir que no sea peligroso. Tu muy bien lo dijiste, esta lucha es de nuestros padres y por lo tanto si te hacen daño no será por ti sino para dañar a mi tia y con ello a mi padre también-me atrevo a sermonearle, pero Vittoria me mira como una chiquilla que quiere hacer oídos sordos a mis palabras.

Capítulo 2 1

-Romy-pronuncia Vittoria con calma- me gustaría decirte mi opinión si no te molesta respecto a esta disputa, la cual ya ni siquiera se sabe porque comenzó.

Encorvo los labios no muy convencida de ello, pero al final asiento.

-¿Alguna vez has conocido a un Carusso?

Niego con la cabeza y me cruzo de brazos.

-Eso sería lo último que pensaría hacer en esta vida-le recuerdo, aunque no son precisamente mis palabras, sino las que mi padre me advertía al ser adolescente.

-Hace un año conocí a uno de ellos-revela con una tranquilidad que me asusta.

-¿Que?-digo sorprendida y miró hacia ambos lados de la habitación, esperando que nadie la hubiese escuchado-¿Acaso estas loca?

-Por favor Romy, tarde o temprano tendría que pasar-expresa y vuelve a comer un bocado de pastel, pero esta vez un fragmento bastante pequeño.

-¿Como lo conociste?-cuestiono un tanto curiosa y al mismo tiempo impactada.

-En la arena de Verona-admite con una sonrisa-aunque debo admitir que no me gusta preguntar apellidos cuando conozco a una nueva persona.

Sonríe como si recordara algo bastante bueno, lo que me inquieta bastante.

-¿Sabes lo que te haría tu madre o peor aun, mi padre si se entera de esto?-cuestiono recordándole quienes son nuestra familia.

-Lo sé, por eso seria mejor salir de aquí ¿No crees?-propone mientras toma su bolsa y lo cuelga sobre su hombro. Ahora entiendo porque su persistencia por irnos de aquí, lo que desea contarme no es algo que los Montteci deban escuchar.

Asiento y me levanto de mi sitio ahora ya sin cansancio, quizás por la curiosidad y también por la preocupación de saber lo que ha estado haciendo Vittoria a espaldas de la familia. Antes de irnos nos encontramos con Greta, una mujer de avanzada edad que fue ha trabajado para los Montteci desde que mi padre era

-Romelia-alza la voz y avanza lo más rápido que puede a pesar de su edad. Vittoria suelta una carcajada al escuchar ese nombre que a mi me causa horror, cosa que mi padre dice que fue la causa por la que mi madre decidió ponerme el diminutivo "Romy". La mujer me abraza con fuerza y me proporciona algunos besos que al principio me molestan y también lastiman, pero entonces recuerdo que de pequeña me decía que era la viva imagen de mi madre, así que comprendo su cariño- la mia bambina.

-¿Como has estado, querida Greta?-fuerzo una sonrisa, pero ella aprovecha ese gesto para pellizcarme las mejillas.

-Molto bene-menciona mientras me toma de la mano con fuerza mientras me arrastra de vuelta hacia el comedor.

-Te preparare un rico Carpaccio para chuparse los dedos-dice felizmente mientras imita el gesto de un beso con sus dedos.

-Lo siento, Nonna-digo en un intento e que me suelte de su agarre, ella se detiene en seco y frunce el ceño-pero tengo que irme, Vittoria y yo íbamos a salir a dar una vuelta a la plaza.

-Sei apenna tornato-me replica moviendo las manos en el aire en forma de reclamo-antes de salir debes comer.

-Perdónanos, Nonna-dice esta vez Vittoria- Romy ya comió pastel, pero si nos da hambre comeremos algo en algún restaurante.

Greta frunce el ceño, decir restaurante en esta casa cuando ella ha cocinado tantos años para nosotros y fue para mi madre como una abuela, es una grave ofensa para ella.

-Solo iremos por un gelato, Nonna-le anuncio para no causarle aflicción, le doy un beso en su arrugada frente- pero volveremos para cenar y después de un paseo tan largo supongo que tendremos bastante hambre.

Greta sonríe y asiente, para después darme la bendición.

-Fate Attenzione, Ciao!-grita cuando Vittoria me toma de la mano y tal y como lo hizo Greta antes, me lleva consigo lo más rápido que puede antes de que alguien más nos intercepte.

Al bajar por las escaleras, observó no muy lejos de la entrada un auto blanco, el cual parece ser muy del estilo de mi amiga. Ella quita el seguro y entra no sin antes hacerme una señal para que la acompañe en el asiento del copiloto.

Al subir, mientras ella se acomoda en su asiento y enciende el auto, observo lo espacioso que es por dentro aunque en apariencia se ve pequeño, además por lo que alcanzo a observar esta bastante limpio sabiendo como es ella.

Vittoria no dice nada, solo enciende la radio mientras avanzamos por el camino hacia el enrejado de la casa, antes de salir nos topamos con los empleados de seguridad, los cuales visten de negro en un intento de ocultar sus armas cortas. Cuando nos reconocen hacen una señal para que habrán la puerta.

-No puedo creer que hacías esto todos los días cuando íbamos al colegio-se queja mientras se cruza de brazos cuando abren la puerta-¿Como es que siempre llegabas a tiempo?

-Tenia que salir con veinte minutos de anticipo-revelo con un poco de verguenza, la verdad tener que esperar mientras se abre el enrejado es tedioso, pero después de unos minutos Vittoria finalmente sale apretando el acelerador con fuerza para alejarnos de aquella zona la cual es conocida por ser controlada por los Montteci, es decir mi padre y su hermana, la madre de Vittoria.

Ella abre las ventanillas para permitir que la brisa fresca del verano juegue con nuestro cabellos y nos refresque después de lo apresurada de nuestra salida.

En la radio suena la cancion Bellisima de Analisa y Vittoria comienza a cantarla con alegría, parece enamorada. No me atrevo a seguirle la corriente como cuando éramos adolescentes y hacíamos precisamente esto, escapar mas no de casa, sino mas bien del colegio. La miro con una sonrisa por las tontearías que hace al intentar bailar mientras maneja, eso me causa bastante gracia y casi al final canto el coro de la canción.

No tardamos mas que veinte minutos en llegar al centro de Verona. Vittoria deja el auto en un espacio de aparcamientos de color azul a tan solo dos calles de la Corsa Puorta Nuova, la cual es la calle principal de Verona y la que delimita el norte y el sur de la ciudad. Aquella zona para nosotras y cualquier Carusso que se acerque es zona neutral.

Vittoria y yo caminos rumbo a la plaza en donde se encuentran varias Gelaterias, pero la mejor de todas es la Gelateria de Ponte Pietra. Por supuesto, por ser Verona una ciudad bastante turística, hay bastante gente en la plaza y tambien filas que parecen interminables.

-En qué momento te dignaras a contarme-me quejo mientras avanzamos dos lugares en la fila, lo bueno de las gelaterias es que no debemos esperar mucho para disfrutar de un gelato.

-Esta bien, te contare-dice finalmente mientras estira un poco el cuello para contar cuantas personas faltan para que sea nuestro turno- ¿En donde me quede?

-Dijiste que lo conociste en la Arena de Verona-le recuerdo, entonces avanzamos un lugar adelante

-¡Ah si!-pronuncia con entusiasmo- el verano pasado acompañe a mi mamá a una obra de teatro, ya sabes como es ella. Si no mal recuerdo la historia era la de Romeo y Julieta, creeme que es una historia poco creíble ¿Como te vas a enamorar perdidamente de una persona con tan solo verla una sola vez?

-Vittoria-reclamo al darme cuenta que su explicación se ha salido del tema, pero ella es así, se distrae con facilidad.

-Cierto, cierto-recuerda soltando una pequeña risita-pues veras. Durante el intermedio, fui al baño a estirar las piernas, pero en el camino me tropecé con un joven bastante apuesto y carismático, tanto que incluso se me olvido a lo que iba.

"Tu Vittoria, ¿Cómo podrías?" me burle para mis adentros.

-Hablamos bastante, fue muy agradable y cuando termino el intermedio me invito a salir-admitió con una sonrisa victoriosa.

Negué con la cabeza, eso que tanto temo parece que con cada palabra que pronuncia Vittoria se hace realidad.

-¿En verdad saliste con él?-cuestiono impactada y ruego al cielo porque diga que no y ahí termine su relato, pero la muy descarada sonríe y asiente.

-Fue divertido, me enseñó lugares que no conocía de Verona-dice con tranquilidad, entonces finalmente entramos al establecimiento, solo faltan tres personas para que sea nuestro turno.

-Dime que no lo besaste, por favor-le ruego-dime que no te enamoraste de él.

Vittoria suelta una carcajada y finalmente niega con la cabeza.

-No, por supuesto que no, aunque era un chico bastante agradable él no era mi tipo, solo nos hicimos amigos y hemos salido un par de veces, pero solo por un gelato y nada mas-expone, su explicación me deja pensando, siento que hay bastantes espacios en su historia que no cuadran, así que me animo a preguntar.

-¿Cuando supiste que era un Carusso?

-En la primera cita-acepta, pero entonces nuestra conversación es interrumpida por el empleado de la tienda.

Vittoria pide uno de limón para ella con una galleta de chocolate encima y yo uno de fresas con crema y nuez. Una vez que pagamos y salimos de ahi caminamos lejos de la gente hasta una de las fuentes de la plaza donde podemos sentarnos a continuar con esta extraña e inusual conversación.

-¿Porque seguiste frecuentándolo sabiendo a qué familia pertenece?-cuestiono extrañada.

-Él es bastante agradable, te hace sentir bien cuando conversas con él, es atento y lo mejor es que sabe escuchar, creo que te agradaría si lo conocieras. Él parece preocuparse sinceramente por la situación de nuestras familias.

Repentinamente, muerdo una porción bastante grande de mi gelato al escuchar sus palabras, enseguida siento como el hielo me provoca una jaqueca.

-¡Dios!-me quejo mientras cierro los ojos a que pase el dolor, mientras que Vittoria se burla de mi accidente- no me digas que le dijiste que eras una Montteci.

Espero la respuesta de Vittoria, pero al no recibirla intuyo lo peor. Abro los ojos y la miro desconcertada.

-¿Vittoria?-insisto.

-Perdóname-dice ella encogiéndose de hombros.

-Eres una tonta-le expreso-¿Porque lo hiciste?

-Porque él me dijo que deseaba encontrarse con alguien de la familia Montteci para intentar resolver los problemas entre ambas familias-revela con una inocencia que me hace perder la paciencia.

-¿Y como sabes que no lo dijo para engañarte? ¿Que tal si solo quiere jugar contigo porque eres una Montteci?-protesto levantándome de mi sitio para caminar, quedarme quieta cuando estoy frustrada o enojada no es algo que vaya conmigo.

-No, Romy, él no es así-lo justifica-si tan solo lo conocieras sabrías que no es lo que tu piensas.

Me quedo en silencio mientras trato de calmarme, lo primero que pienso es en prohibirle ver a ese chico de nuevo, pero la palabra prohibido no es una definición que este en el diccionario de Vittoria.

-Bien, hagamos esto. Supongamos que él de verdad tiene un buen propósito y que no tiene malas intenciones. Si ya logro lo que quería es decir, conocer una Montteci ¿Que planea hacer según él para evitar el conflicto entre nuestras familias?

Observo como mi querida prima abre los labios para explicar lo que tiene que decir, pero en ese preciso momento escuchamos un disturbio no muy lejos de nosotras. Al levantar la mirada, descubro que un par de hombres están peleando, habría pasado aquello por alto de no ser porque reconozco a dos de ellos.

Se tratan de dos chicos jóvenes, uno de piel bronceada es el hijo del jardinero y el otro, el mas bajo de estatura es el nieto de Greta.

-¡Por dios!-le escucho decir a Vittoria.

-¿Porque estarán peleando?- pronuncio enseguida.

-¿Que mas podría ser?-se queja ella-seguramente son los Carusso de nuevo. Quienes mas estarían buscando pleitos por cosas insignificantes.

-Sera mejor que vayamos a ver que sucede-propongo.

-¿Que estas diciendo?-dice ella alarmada-no deberíamos interponernos en asuntos de hombres, podríamos salir heridas.

-Entonces quedate-le sugiero y le doy el resto de mi gelato- veré si puedo persuadir al hijo del jardinero y al nieto de Greta para que hagan caso omiso de las estupideces de los Carusso.

-Pero...

-No me tardo-le expreso al tiempo en que doy pasos alargados para poder llegar a la escena.

Capítulo 3 2

Conforme me acerco el lugar se va llenado de gente, tanto propios como extraños que en vez de interceder para impedir la pelea, esperan a ver que sucede.

Me detengo al no encontrar un camino despejado hacia los hombres que parecen desearse la muerte con la mirada y de tener tan solo una provocación, están dispuestos a arrancarse la piel de ser necesario.

Por como visten, supongo que no son mas que empleados de la casa Carusso, pero no se necesitan mas que una pelea como esta para desatar el infierno en Verona.

-¿Que esperas, pezzo di merda?-escupilo un Carusso. El nieto de Greta esta a punto de darle un puñetazo en la cara, pero el otro chico que lo acompaña y lo detiene.

-Pagherai per questo-el hijo del jardinero se mira la camisa, la cual tiene exactamente una mancha de gelato amarillo, quizás de mango.

-Como si ese pedazo de tela vieja fuese a valer algo-se burla el Carusso.

Encorvo el ceño recordando las palabras de Vittoria, realmente pelean por cosas tan triviales como una mancha de gelato, aunque de igual forma no se sabe si habrá tenido o no las intenciones de ensuciarlo solo para provocarlo.

Aunque lo que verdaderamente me sorprende es que la gente no diga ni haga nada para detenerlos aunque en las calles hay bastantes turistas, sin embargo, no es extraño que los italianos discutan de esa forma en las calles.

Hago un intento de acercarme nuevamente, pero al ver la escena distingo que uno de los capuletti ha casado una navaja, la gente al ver aquel arma punzocortante se hace hacia atrás para darles espacio, por lo que logran empujarme alejándome de los chicos que intento proteger, no deberían enfrentarse a los Carusso sobretodo si están armados.

-¿Que sucede aquí?-escucho una voz autoritaria, entonces en medio de la multitud aparece un hombre de aspecto pulcro y elegante, incluso lleva puesto un traje oscuro.

Los jóvenes Carusso guardan las navajas cuando el tipo se aproxima, parecen conocerlo, aunque dudo que sea uno de los suyos ya que los mira con desaprobación.

-No ocurre nada señor Francesco-le dice uno de ellos dando pequeños pasos hacia atrás como si quisiera huir de ahi.

-¿Nada?-cuestiona el hombre en forma de sarcasmo-tienen todo un publico aqui y encima en fin de semana cuando hay cientos de turistas visitando la ciudad y ustedes armando un tumulto.

-No fue nuestra intención-dice y señala a mis chicos-esos tipos se tropezaron con nosotros y encima tiraron nuestro gelato y ahora nos culpan por su torpeza.

-No me interesa quienes comenzaron todo esto-grita fuerte y alto, lo que ocasiona que la gente comience a dispersarse-váyanse o la próxima vez los obligare hacer trabajo comunitario y sus señores no podrán hacer nada esta vez.

«¿Esta vez?» medito la queja del hombre, parece ser que no es la primera vez que esto ocurre, aunque me parece bastante inusual, se suponía que el centro de Verona, los lugares mas concurridos por los turistas eran un punto neutral en donde las disputas de ambas familias no podían ni debían ocurrir.

En un parpadeo los chicos desaparecen y el disturbio finalmente termina, así que me vuelvo hacia atrás con la intención de volver junto con Vittoria, pero alguien me sujeta del hombro.

-¿Que haces aquí?-me reclama una voz masculina muy familiar.

-¿Alessandro?-cuestiono mirándolo de arriba abajo.

Mi recuerdos vuelven, de aquella etapa en el colegio y es que cuando salía con Vittoria nunca podía faltar Alessandro, nuestro compinche de travesuras, pero por lo que logro ver sus días de malas acciones han terminado puesto que lleva puesto una sotana de seminarista.

-El mismo que viste y calza-expresa esbozando una sonrisa-no deberías pasear tu sola por aquí.

-No estoy sola, vengo con Vittoria-digo señalando la fuente, aunque al mirar de reojo me percato que la figura de mi prima ha desaparecido.

-¿Ah si? ¿Y en donde está?-estira el cuello para intentar encontrarla.

-Seguro fue al baño-le explico, aunque no se donde diablos se metió. Alessandro deja escapar un suspiro y niega con la cabeza, me empuja levemente por la espalda para indicarme que lo siga y así, ambos caminamos hasta la fuente donde Vittoria estaba sentada y parece que mi gelato se derramo.

-¿Porque no debería pasear sola?-le interrogo.

-Verona ya no es la ciudad tranquila que conocías, Romy-expresa con una seriedad que me impresiona.

Alessandro nunca fue serio cuando debía serlo, él era quien solía sacarnos una sonrisa tanto a Vittoria como a mi, escucharlo hablar de esa forma me desconcierta al igual que su apariencia, si bien era bastante atractivo cuando eramos amigos y tenía algunas chicas detrás de sus huesitos, ahora que tiene una sonata me siento extraña, como si estuviera hablando con mi propio padre.

No puedo creer que precisamente él eligiera la castidad y el evangelio en vez de continuar con la vida que ya tenía, aunque supongo que no he estado el tiempo suficiente en Verona para saber qué fue lo que pasó para que eligiera el camino de la iglesia.

-No debes ser descuidada-expresa, levanta la mano y entonces acomoda un mechón de mi cabello castaño el cual de alguna forma se escapó de la media coleta la cual sujeto con una liga y un moño rosa.

-No me trates como a una niña-me quejo y me cruzo de brazos, tal vez su ropa me desconcertó más de lo que aparento, me siento enojada más no sé si se deba a esa insistencia suya de no estar sola en las calles de verona o el que no me hubiese escrito para comentarme su decisión de ser seminarista.

-No lo hago, como habrás visto alla atras. Las cosas entre los Carusso y los Montteci no andan muy bien.

-¿Se ha roto el acuerdo?-me atrevo a preguntar, porque de otra forma como podían atacarse unos a otros.

-Lo único que sé, es que hay disturbios a donde sean que ellos se encuentren, así que debes tener cuidado y no inmiscuirte en peleas como intentaste hacer allá-expresa y aunque es un regañó, no lo siento así.

-¡Vaya, vaya, vaya!-escucho la voz de mi prima detrás nuestro, ambos nos volvemos hacia el lugar donde proviene aquella voz-pero si es el padrecito Alessandro. ¿Como le va eminencia?

-Ya te dije que no me llames asi, es una falta de respeto-se queja Alessandro aunque lo hace siguiéndole el juego.

Por lo que puedo ver, Vittoria ya sabía que era seminarista y quizás ya se han visto varias veces para que ella comience a burlarse de él, eso me hace sentir un tanto incómoda, como si no encajará en el grupo.

-Discúlpeme, padre, no quise ser grosera. ¿Podría decirme cuantas ave maria debo decir para expiar mi culpa?-continua Vittoria, pero parece que Alessandro ya no esta dispuesta a soportarla asi que niega con la cabeza.

-Debo irme-dice confirmando mis sospechas-solo vine a dejar un encargo al párroco del Santuario di Lourdes, aun tengo algunas clases que cursar, pero me alegro verte. Te visitare en cuanto pueda.

-Claro, así podremos hablar del porqué decidiste ser seminarista-me quejo mirándolo de arriba abajo.

-¿Tu tambien?-replica, por lo que supongo que no fui la única en quejarse, tal vez Vittoria lo hizo- hablaremos luego. ¿De acuerdo?

Asiento con la cabeza cuando él se aleja corriendo, parece que se le hace bastante tarde, así que los despido sacudiendo la mano en el aire.

-¿Nos vamos?-propone Vittoria. Asiento y ella me toma de la mano, pero al caminar no nos vamos al sitio donde aparcamos el auto, sino que continuamos por la avenida hasta que llegamos a una tienda de disfraces.

-¿Que hacemos aquí?-cuestiono un tanto confundida.

-Te dije que mañana habrá una fiesta de disfraces, hay que llevar mascarás y todo-menciona al abrir la puerta de la tienda.

Hay bastantes ropa de todo tipo, monstruos, princesas y caballeros en su reluciente armadura, aunque con un caballo de madera.

-Vittoria-murmuro al darme cuenta que el lugar esta medio vacio, hablar aquí sobre esa fiesta puede no ser lo adecuado- esa fiesta será del otro lado de la ciudad. ¿Seguro quieres asistir?

-¿Que no oíste lo que te dije en la plaza?-impugna ella.

-Si, conoces a un Carusso, pero eso no quiere decir que no estemos en riesgo si vamos a esa fiesta-digo con la intención de hacer un segundo intento de persuadirla.

-Te equivocas, no es un Carusso cualquiera. Su nombre es Julius y es el hijo mayor de la familia Carusso-revela de repente.

Siento que sus palabras bajan mi presión arterial por lo que me veo en la necesidad de sentarme en un sofá en la pequeña salita de espera que esta predispuesta para los que esperan a un acompañante.

-¿Qué has dicho, Vittoria? ¿Con qué tipo de personas te has estado involucrando?

-Lo ves, de querer hacerme daño ya lo habría hecho, después de todo él si es un Carusso y no como los tontos sirvientes que quieren quedar bien con la familia-impugna como si eso fuese a tranquilizarme- él será el anfitrión de la fiesta, pero como le dije que no podríamos asistir porque nos reconocerían entonces cambio la temática para que pudiéramos usar antifaces, de ese modo nadie nos reconocerá y así seamos Carusso o Montteci, nadie lo sabra.

-Espera. ¿Dijiste, podríamos?-cuestione algo intranquila-¿Le dijiste que llevarías un acompañante?

-De hecho...-dice soltando una risita nerviosa-le hable sobre ti.

-Como quisiera poner mis manos sobre tu cuello, pero si lo hago todos pensaran que fue un Carusso y eso solo provocaría problemas-le expresó enfadada- ¿Cómo pudiste hablarle de mi?

-Lo siento, tal vez no fue lo correcto, pero él empezó hablar de su hermano y como yo no tengo ninguna hermana, te quise presumir un...poquito-hice juntando sus dedos demostrando físicamente cuanto fue según ella, que hablo de mi.

-¡Ay Vittoria, no sé que voy hacer contigo!-me cubro el rostro con las manos para después arrastrarlos por mis rostro hasta que estas ceden hacia abajo.

-Julius es bastante cálido y agradable-vuelve a repetir.

-Si, ya lo mencionaste antes-me quejo mientras paso mi mano por los disfraces que cuelgan de un tubo, nada parece ser de mi agrado.

-No es como tu padre, terco y obstinado. ¿Te lo imaginas, Romy?-dice con emoción-cuando se jubile su padre él se hará cargo del negocio familiar y si tu haces lo mismo quizas podrian llegar a un acuerdo para terminar con esta pela sin sentido.

-Es posible-musito, aunque no muy convencida de las suposiciones de Vittoria- pero ¿Como sabes que me hare cargo del negocio de mi padre? ¿Como sabes que Julius te habla con la verdad y no te esta manipulando?

-Es por eso que vamos a ir a la fiesta-expone deteniéndose en un maniquí que tiene puesto un vestido de época de color verde y con mangas esponjadas, es bastante bonito.

-¿De que hablas?-digo, aunque la verdad después de todo lo que he escuchado, preferiría no escucharla mas.

-Julius en verdad quiere cambiar la situación de nuestras familias, él dijo que quería hablar contigo de esto. Llegar a un acuerdo.

Me quedo en silencio, medito mi respuesta, no sé que le habrá dicho ese tal Julius a Vittoria, pero ella parece tenerle bastante fe. Hay muchas cosas a considerar en primer lugar esta el hecho de que todas las promesas de ese sujeto no sean mas que mentiras, para burlarse de las ingenuas Montteci o mucho peor, quizás secuestrarnos y desaparecernos para sobornar a mi padre para lograr una rendición definitiva.

Eso ha sucedido con anterioridad, por supuesto, es algo de lo que mi padre ni la madre de Vittoria gustan de hablar, puesto que tenían un hermano mayor que precisamente buscaba la paz entre familias, pero lo que obtuvo fue la muerte.

Vittoria suele confiar demasiado en la gente y temo por ella, temo que sepa que confió en la persona equivocada.

-¿Que tipo de acuerdo?-me limito a decir mientras observo los disfraces, encuentro una sección de vestidos al estilo medieval. Veo entre ellos un vestido rosado muy bonito, me parece que la persona que lo realizo se tomo el tiempo de hacerlo lucir realista, pero al mismo tiempo extravagante. Lo saco de la fila para mirarlo con mayor detalle.

-Eso no lo mencionó-explica mientras se acerca a mi, mira la tela del vestido y luego los detalles-este me gusta, pruebatelo. Veamos como te queda.

La situación no me gusta del todo, puesto que parece que cosas extrañas están ocurriendo, sin embargo, otra parte de mi quiere ir e intentar comprender lo que esta pasando, verlo con mis propios ojos en vez de encerrarme en la seguridad de los muros de la casa, donde mi padre jamás ha permitido que lleguen los problemas a mi.

Respiro profundamente y asiento decidida.

-Supongo que podemos intentar comunicarnos, pero no te prometo que vaya aceptar su propuesta, Vittoria-digo finalmente, pero ella se conforma con mi respuesta y sonríe emocionada.

Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022