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Rouge

Rouge

Autor: : li_dreamer
Género: Moderno
Pierson Evans y su hijo Harry se mudan a Quebec para escapar de su pasado, mientras que Alice Sullivan decide dejar a su novio y unirse a su hermano en Canadá. Cuando Alice conoce a Pierson, se convierte en la niñera de Harry. A medida que los fantasmas del pasado de Pierson y Harry comienzan a atormentarlos, Alice se convierte en su tabla de salvación. ¿Podrá ella ayudar a resolver el caos que los rodea y brindarles la paz que tanto necesitan?

Capítulo 1 Nuevos comienzos

ALICE

Sidney, Australia.

Siempre supe iba a salir de Sidney.

Una tarde , cuando mi hermano y yo éramos pequeños, echamos a dar vueltas sobre su eje a la bola del mundo y luego de un minuto, esperamos expectantes a que se detuviera.

Maxie extendió su mano para escoger el país al que iríamos cuando fuéramos mayores, pero fui más rápida y lo golpee, un poco enojada de que fuera tan idiota.

Ni siquiera sabía qué significaba idiota.

Papá llamaba así a mamá a veces y parecía una palabra que podía usar en las peleas con mi hermano.

-¡No puede ser así, tonto! -lo regañé-Tienes que cerrar los ojos muy fuerte y luego es que estiras la mano y señalas el lugar al que nos iremos.

Maxie volteó los ojos, pero luego los cerró y haciendo caso a lo que había dicho, puso su pequeño dedo sobre una gran masa de tierra que estaba muy lejos del lugar que habíamos marcado con resaltador rojo como nuestra casa.

-¿Cómo se llama? ¿Cómo se llama el nuevo país al que iremos a vivir cuando seamos mayores?-le pregunté emocionada, casi saltando de alegría.

-Canadá, rizos. Nos iremos a Canadá.

Pestañeé varias veces para salir del recuerdo en el que sin querer, me había sumergido mientras salía a toda pastilla del apartamento de Ethan. Estoy atónita y mi corazón duele. Las lágrimas de rabia y frustración se deslizan en mi rostro sin control. No se como soy capaz de manejar con el temblor que aqueja cada centímetro de mi cuerpo.

Obligo a mi subconsciente a olvidar lo que vi, a hacer como si nada de lo que sucedió hace unos segundos en casa de mi no...de mi exnovio, hubiera ocurrido en verdad.

-¡Mire por donde va, señorita!

Esquivé rápidamente con una maniobra de timón al auto al que tal vez hubiera chocado si el hombre no me hubiera alertado con su grito.

Tengo que marcharme de Sídney, tengo que irme a Canadá junto a mi hermano.

Acababa de descubrir que la única persona que me ataba a este continente, no era quien decía ser: mi exnovio me había mantenido engañada, verdaderamente engañada durante toda nuestra relación. No era ni de lejos el hombre que me había hecho creer durante cuatro años.

Así que al día siguiente compré un boleto de avión, tomé mis maletas y mi corazón roto y me fui a Canadá con la esperanza de un nuevo comienzo.

Aunque eso significara soportar a mi hermano durante una larga temporada.

💫💫💫

PIERSON

Siempre creí en el futuro. Era el tipo de hombre que pensaba que si las cosas iban mal, de alguna manera y porque el destino no puede ser tan hijo de puta, iba a mejorar en un rango determinado de tiempo. Me gustaba pensar que existía la posibilidad de escapar de los momentos asfixiantes, al menos por unas horas.

Dejé de creer en todo cuando la vida decidió jugármela a lo grande. Dejé de pensar. Dejé de sentir. Dejé de vivir. Era más como una máquina que hacía lo que le tocaba y ya está, sin complicaciones. Porque si pensaba, aparecían los enredos que me volvían loco, aparecían los reclamos hacia mí mismo y sobre todo, aparecía la culpa y la incapacidad de mirar los ojos claros de mi hijo con el corazón en calma.

Sí, tengo un hijo precioso e inteligente al que adoro, un hijo que solía ser vivaz y que solía adorar hacer cosas como pintar, por ejemplo. Pintar era todo lo que hacía, en realidad. Me gustaba pensar que tenía a mi pequeño Da Vinci en casa. Hace un año, cuando tomé la decisión equivocada, terminé hiriéndolo también a él. Una herida que se que sangra a borbotones cuando no le veo. Una herida que por mucho que así lo desee, no termina de sanar.

De esa manera dejo que mi cerebro me martirice mientras hago mi recorrido mañanero de running, esta vez bajo el golpeteo incesante de la lluvia. Hay un punto terapéutico en correr bajo la lluvia, como si el agua cayendo sobre el cuerpo fuera capaz de llevarse la tristeza, de convertirnos en personas renovadas.

Ojalá fuera tan sencillo en mi caso.

Ojalá la lluvia funcionara como un cohete que me alejara por un tiempo del plano terrenal.

El parque en el que troto queda cerca de casa, por supuesto, y es muy tranquilo ; por eso elijo venir aquí. Mi presencia no pasa desapercibida, nunca lo hace. Varios pares de ojos se posan en mí, y no negaré que me agrada. Sin embargo, no me despierta ninguna emoción profunda.

Dejo que la lluvia recorra mi cuerpo sin prisas, mientras mi vista se pierde en lo hermoso de este parque y de toda Quebec que es una ciudad pintoresca y elegante e incluso en un lugar tan simple como este , encuentras notas de indescriptible belleza, como los árboles frondosos que echan flores de varios colores, o incluso la hierba que es toda verde sin ningún espacio carmelita opaco señal de que estén secando.

Paso al lado de una pareja que discute acaloradamente en el idioma natural de la provincia que es el francés , veo a lo lejos a un niño jugando con sus carritos y a su madre centrada en su celular... Si supiera lo jodidamente molesto que puede llegar a ser un pequeño descuido como el suyo no le quitaría la vista de encima a su hijo. Debería estar al pendiente, aunque eso signifique correr el riesgo de convertirse en una obsesa, como yo.

Recibo varias notificaciones en el celular, pero las ignoro porque de igual forma, ya voy de regreso a la casa. Por hoy mi rutina de entrenamiento ha terminado.

Llego a casa y antes de ducharme, voy hasta la habitación de Harry a despertarlo, tengo que llevarlo al colegio y luego irme al hospital. Soy médico especialista en Cardiología en el Stephen Memorial de Quebec, uno de los pocos sitios de la provincia que no lleva un nombre francés. Hace algunos meses conseguí el trabajo gracias a mis habilidades y conocimientos.

Lo veo tendido entre sus cobijas y mi corazón se agita recordándome que todavía puedo sentir; tengo 27 años y a veces me siento como un maldito témpano de hielo.

Él es la única persona que me recuerda que todavía sigo vivo, que no soy sólo un hombre existiendo.

-Cariño. -lo agito con suavidad y él se sobresalta. -Colegio.

Estruja sus ojos y sale de la cama con pesar. Luego se tiende otra vez.

Perezoso.

Me agacho y le acaricio sus rizos marrones.

-Chocolate caliente en la mesa.

Eso es suficiente para que se ponga de pie con energía. Ya tiene seis años y si en algo no ha cambiado es en eso, en su gusto casi obsesivo por el chocolate.

-¿Me dejas tomar dos tazas, pa? -preguntó con una mirada esperanzada.

-Sólo hoy.

Nos bañamos juntos y lo ayudé a ponerse el uniforme. Hice lo propio conmigo.

Entonces, nos sentamos a desayunar.

Harry me cuenta sobre su sueño de anoche: que era una araña y trepaba con sus ocho patas por toda la ciudad.

-Entonces papi, yo era como Spider y salvaba a los niños de los monstruos malvados. ¿Eso significa que voy a ser una araña cuando sea mayor?

-No, mi amor.-sonrío- Eso significa que tal vez estás un poco obsesionado con Spiderman.

-Es que es tan valiente.

-Lo es, pero tú eres más valiente.

Me mira confuso, frunciendo el ceño.

-A veces duermes conmigo, papi, cuando tengo mucho miedo.

-Bah -con un gesto de mano le resté importancia.-¿No te he dicho que siempre que duermo contigo es porque yo también tengo miedo?

Él se rió con suavidad y sus próximas palabras aceleraron mi corazón por segunda vez en el día. Fijé su sonrisa en mi recuerdo. No la veía muy a menudo.

-Te amo, papi.

-Yo te amo más.

Después de desayunar, nos lavamos los dientes juntos y nos vamos a comenzar nuestro día.

Otro día después de perder a la otra mitad de nuestra familia.

Otro día donde fingiré que estoy bien, que me siento a gusto con todo lo que hemos sacrificado.

Otro día donde pretenderé que el pasado ha quedado atrás.

Otro día donde pretenderé que me olvidé de la sangre , de los cadáveres, de la destrucción.

Pretender, pretender, pretender ... En eso se ha convertido mi vida, en un juego de mentiras para esquivar a la muerte.

En un baile de máscaras donde todos nos movemos al ritmo de una danza letal huyendo de él, intentando escapar del hombre que nos convirtió en fugitivos de su propia ley.

La ley del ojo por ojo.

Capítulo 2 Alicia del país de las maravillas

PIERSON

Aparco frente al colegio de Harry y nos bajamos de mi auto. Antes de despedirme de él delante del colegio, me agacho hasta su tamaño para acomodarle la bufanda.

-Asegúrate de ser un niño bueno hoy. ¿Está bien?

Encierra sus pequeños puños en las azas de la mochila que trae a la espalda y asiente; sus mofletes encendiéndose débilmente a causa del clima frío que trajo consigo el potente torrencial de la mañana.

Compruebo su bufanda otra vez para asegurarme que el clima no le afecte y llevo hasta su pequeña barbilla la cremallera de su abrigo favorito.

-Papi, ¿vendrá el tío Max por mí?

Maximiliano es mi mejor amigo. También es un imbécil engreído, claro, las cosas como son. Él cuida de mi hijo cuando que yo por motivos de trabajo no puedo hacerme cargo. Supongo que esas son las ventajas de que maneje su propia firma de abogados: que puede hacer lo que le plazca con su tiempo. Mi amigo es un cabrón inteligente.

Lo conocimos hace un año, cuando llegamos a Quebec desde Francia. Nos ayudó desinteresadamente, de una manera en la que nadie lo había hecho hasta el momento. Después de eso las cosas sólo fluyeron. Antes de darme cuenta ya tenía un lugar especial en nuestras vidas.

Pienso por un momento la respuesta que voy a darle a mi hijo. Max tenía que recoger hoy en el aeropuerto a alguien importante, «su peor pesadilla», había dicho. Sin embargo, él nunca falla cuando le pido ayuda con Harry y si no pudiera, ya habría llamado. Así que, esbozo una sonrisa para mi pequeño.

-Lo hará. -respondo. -Tengo un día complicado hoy en el hospital, campeón. Sabes que eso significa que debes comportarte con el tío Max. Ah, y no comas pizza en la noche, está prohibido. -le recuerdo y hace un mohín.

-Pero papiii...

-Es comida chatarra, Harry.

-El tío Max siempre compra para la cena y dice que puedo comer a escondidas porque dice que él es guay, no un aburrido como tú.-se cubre la boca con ambas manos y abre mucho los ojos cuando termina de hablar.

Jodido cabrón, Maximiliano.

Tomo un respiro.

-Papá dice que no, y hay que obedecer a papá. ¿Está bien?

Mi hijo me sonríe. Mi corazón se derrite como el hielo contra el calor.

-Vaaaleee.

Me pongo de pie y estiro el brazo para que choquemos puños como hacemos siempre a modo de despedida.

-Te amo, campeón. Estudia mucho.

Harry asiente y camina hacia las puertas del colegio.

Mi tesoro.

Lo único que me queda.

^^^

Estaciono en el aparcamiento del pequeño hospital en el que trabajo.

Me bajo del descapotable negro que manejo y después de encender las alarmas, voy hasta el ascensor que me llevará a la tercera planta que es donde está mi consultorio.

El Stephen Memorial es un verdadero cucurucho. Es tan pequeño comparado al hospital en el que solía trabajar en Francia, que a veces me siento extraño caminando por estos pasillos, como si todo fuera un sueño y de un momento a otro pudiera despertarme en la mansión de mi familia escuchando los gritos de Johana o percibiendo los deliciosos olores de las tartas que mi madre solía hornear.

Las extraño tanto. Incluso extraño a mi padre con su carácter taciturno observándolo todo con detenimiento, analizando a cada persona a su alrededor.

Volviendo al tema de este hospital, incluso amando como amo mi trabajo, a veces mi humor se descompone porque esta caja de fósforos no me gusta para nada, puede darme un ataque de claustrofobia en cualquier momento.

Salgo del ascensor al llegar al piso correspondiente. Tampoco hay mucho personal , así que no coincido con muchos compañeros.

Cuando abro la puerta de mi consultorio, Vanessa, la mujer con la que llevo alrededor de seis meses saliendo, se lanza a mis brazos y me llena la cara de besos.

Ella es verdaderamente despampanante. Su cabello marrón cae en bucles perfectos hasta la mitad de su espalda, sus ojos verdes relucen bajo el maquillaje ahumado que escogió para lucir hoy y sus rasgos afilados y elegantes complementan esa sofisticación tan típica de ella. También es cardióloga infantil y es mi ayudante, por lo que compartimos consultorio.

Cualquier hombre caería rendido ante su encanto.

Yo no. Hace algún tiempo nada me impresiona lo suficiente. Ella me gusta, claro, pero no va más allá de eso. Es una relación superficial. Vanessa no es diferente a todas esas mujeres con la que salí en el pasado. Es como si estuvieran hechas a partir de algún tipo de molde.

Me quita la bata, la coloca en la pieza de madera que tenemos para ese fin en la entrada de la consulta y se cuelga de mi brazo.

-No es necesario que me escoltes, Van.

-Salut à toi aussi, mi amor. *

Hola a ti también, mi amor.

Ella es natural de Quebec, por lo que domina el francés y lo usa casi siempre. Según su propio criterio, le aporta una sensualidad irresistible. Por mi parte, lo domino a la perfección mas no es mi idioma natural. Nací en Boston, EEUU, pero la familia de mi madre es francesa, así que eso, acompañado al tiempo que producto de mis estudios de la especialidad tuve que vivir en Francia junto a Harry , me aportaron todo el conocimiento que poseo sobre la lengua.

-Salut, Vanessa.

-Un poco de educación con tu novia nunca está de más, Pierce.

Antes de sentarme detrás del escritorio, dejo un beso en su mejilla.

-Ahí está. ¿ Complacida?

-Mucho. -sonríe coqueta- ¿Cómo estuvo tu noche?

-Estupenda.

-¿Así nada más? ¿Sin más detalle?

-Sin más detalle. -su mirada descendió, desilusionada. La culpabilidad me tomó y, la siguiente pregunta brotó sin trabajo de mis labios -¿Cómo estuvo la tuya?

Entonces, lo vi. El placer escrito en el verde de sus ojos, la felicidad que le produce que me preocupe por ella, que me preocupe por su vida, por sus asuntos personales. Soy un completo idiota. Ella es demasiado buena y está enamorada de mi. Pero yo no me siento de la misma manera.

-No tan bien como me hubiera gustado, la verdad. Vino a casa el novio de mi compañera de piso y se pasaron toda la noche haciendo, ya sabes, cosas de adultos en su habitación.

-¿Cosas de adultos? ¿Qué eres tú, una niña? -Contengo la carcajada que baila en mi garganta.

-¡Tonto! Ya sabes de que hablo.

-Sí, de sexo. Todavía no entiendo por qué te da vergüenza decirlo explícitamente.

Se encogió de hombros.

-Bueno, se pasaron toda la noche en "eso" y yo en mi habitación viendo reposiciones de Friends y atiborrándome de palomitas. -baja la mirada- Me hubiera encantado que mi novio se hubiera dignado también a aparecer.

-Era domingo en la noche, estaba con mi hijo, Van.

Suspira y baja los hombros, volviendo otra vez a centrar su vista en la mía.

-¿Cómo está él?

Ahí está, rápido, fugaz: la sensación de miedo, la necesidad de protegerlo incluso de la mujer que tengo frente a mi.

-Sabes que no me gusta hablar de él.

-Oye, quiero formalizar, ya no se como voy a insinuarlo. -sus labios forman un mohín- Quiero conocer a tu pequeño fils*. ¿ Por qué nunca me has dejado hacerlo?

Fils, traducido del francés, significa hijo.

-Porque sales conmigo, no con él. -respondo siendo tal vez demasiado brusco. Suavizo mi tono de voz.-Ya hemos hablado muchísimo sobre ese tema: no quiero formalizar, me gusta como estamos.

-A mi no. No es suficiente.

Me encojo de hombros.

-Es todo lo que puedo darte.

Se acerca a mí y se sienta a horcajadas sobre mis piernas. Mi cuerpo reacciona de inmediato y ella se frota sobre mí.

-Amour. -susurra y me muerde el lóbulo de la oreja.

Coloco mis manos sobre sus caderas y freno sus movimientos.

-Puedo empotrarte contra esta mesa y seguir pensando lo mismo, me conoces, Van.

Suspira y separa su cara de mi cuello clavando su mirada en la mía.

-¿Qué rayos te pasó, amour? ¿ Por qué te cuesta tanto dejarme verte en verdad?

Porque no confío en nadie y no puedo abrirle mi corazón a nadie.

Si tan solo lo supieras no te empeñarías tanto en salir con alguien como yo.

-Me estás viendo. -dije con cariño, intentando aligerar la situación.

Ella no responde a mi broma.

La quiero, sí, pero no es suficiente.

Una parte de mí se niega a ceder y yo no soy de los que se obliga a hacer las cosas con tal de complacer a terceras personas. Me gusta que las situaciones fluyan por su propia cuenta.

-Ni siquiera se como se llama. -resopló, poniéndose de pie quedando de espaldas a mi.

Hice lo propio y puse mis manos sobre sus hombros. Ella se relajó visiblemente.

-Nosotros acordamos que si comenzábamos a salir era solo para mitigar la soledad, Van. No para conocer sobre nuestras vidas, mucho menos para tocar algo tan personal como lo es mi hijo. -explico, intentando que entienda mi punto.

Se voltea y posa sus manos sobre mis mejillas, uniendo nuestros labios en un beso.

-Lo se, cariño, lo sé. Pero es difícil para mi estar contigo sin sentir más que una emoción simple. Tú eres más. Lo supe desde el primer día en que te vi. Yo... estoy enamorada, Pierson. Mi corazón duele tanto cuando después de reacciones como esta de tu parte me afirmas que no te sientes de la misma manera hacia mi. - confesó en un suspiro cuando nos separamos.

La culpabilidad no me azota. Ella siempre supo hasta que punto podía ofrecerle de mi mismo.

-Lo siento. -acaricio su mejilla. - No va a cambiar nunca, ¿entiendes?. Este idiota que tienes frente a ti no tiene cabida en su vida para relaciones serias. No puedo. Hay mucho peso en mis hombros, mucha responsabilidad. No es justo que tu te veas envuelta en ello esperando una recompensa que nunca llegará.

-No quiero que terminemos, Pierson.

-No es lo que estoy diciendo, pero estaba volviendo a ser claro. No puedo ofrecerte más que salidas de vez en cuando y ratos de buen sexo.

Ella colocó ambos brazos sobre mi nuca y me acercó a sus labios.

-Se que puedo cambiar eso. Sólo dame tiempo.

No la rebatí. Dejé que me besara otra vez . Luego levanté su falda y la empotré contra la mesa tantas veces que provoqué gemidos que probablemente resonaron en todo en el maldito hospital.

No pude evitarlo: el sexo y hacer ejercicio siempre han sido mis maneras preferidas de liberar estrés. No quise pensar en lo que ella sentía por mi. Aparté toda perturbación de mi cabeza y me concentré en lo que me provocaba entrar y salir de ella, tocar un cuerpo que no me había molestado en memorizar, besar un cuello en el que no había notado detalles: un placer vacío, hormonas liberadas que relajaban mis fibras, un cosquilleo propio del orgasmo que tomaba mi espina dorsal, pero nada más, sensaciones que eran química, instinto.

Me volví a sentir basura cuando terminamos, arrojé el condón al cesto y, sin besarla siquiera, comencé la consulta del día.

Así era yo.

Un hombre con el que no merecía la pena perder el tiempo.

Vanessa ya estaba advertida.

^^^^

ALICE

Las personas no cambian con el tiempo.

Mi hermano es un ejemplo claro de eso. Sigue siendo el mismo insoportable de siempre.

Aterricé en Quebec y después de ponernos al día, me informó que debíamos ir a recoger al hijo de no se quien al colegio.

¡No a su casa!

¡ Vamos hacia otro sitio!

Joder, como quisiera golpearlo ahora mismo. Muy fuerte. En el centro de su cara de prepotente.

Mataría por una ducha calentita y una cama.

Mataría.

Y Max no es mi persona favorita en este momento.

-Deja de fulminarme con esos ojos, rizos. Acabarás por agujerear mi atractivo rostro -me dice, sonriendo.

Vamos en su auto camino al mentado colegio.

Diablos, estoy tan cansada. Maldito, Max. ¡Quiero mi descanso!

No me malinterpreten, en verdad amo a mi hermano, pero en momentos como este es capaz de sacar mis instintos más oscuros.

Vuelvo la mirada a la carretera. No tengo deseos de discutir.

-Solo cállate. No quieres lidiar con el humor de una mujer completamente cansada-advierto.

Él sonríe otra vez y cierra sus labios como si lo hiciera con una cremallera.

No me quejé de su gesto infantil si eso haría que no me molestara en el resto del camino.

No lo hizo. Se mantuvo tarareando las canciones del reproductor.

De esa manera pude dormir al menos unos veinte minutos hasta que el auto se detuvo.

-Esto no me parece un colegio, Maximiliano.

Nos estacionamos frente a un elegante edificio. Mi hermano mira a la entrada y señaliza al portero para que lleve el auto a la zona de estacionar.

-Porque no lo es. -responde, dirigiéndose a mí.

El hombre se acerca y Max le lanza las llaves. Lo sigo dentro del edificio.

¡Gracias a todas las constelaciones! Creo que vamos hacia su apartamento.

Cuando él encuentra el número correcto, saca de su bolsillo un juego de llaves y abre la puerta.

El lugar es sencillo pero muy bonito y acogedor. Sin embargo, la decoración no es algo que elegiría mi hermano. Él se decantaría por combinaciones de pintura más serias y definitivamente no tendría un póster del hombre araña colgado en la sala. Fijo mi atención en un rincón donde, encima de una mesa de cristal hay un montón de papeles esparcidos en los que se alcanzan a ver esquemas del cuerpo humano.

¿Es que mi hermano estudia medicina y yo no lo sabía? O ...espera... ¿será que consiguió una novia doctora o enfermera y me trajo al lugar en el que vive con ella? Eso explicaría los papeles, pero no el enorme póster de spider colgado en la pared.

Un momento... ¿Un niño? ¡¿¿Maximiliano es papá??!

-Puedo ver tus engranajes trabajar a toda velocidad, rizos. Deberías aprender a aplacar esa curiosidad.

-¿Esta es tu casa, Max?.-Pregunto con un nudo de nervios en el estómago. No me preocupa el cansancio. Ahora sólo quiero saber si soy tía.

Adoro los niños.

Él se pierde en una de las habitaciones y sale otra vez con una pequeña mochila y un muñeco de Spiderman en las manos. Después lo coloca todo dentro de un bolso y me presta atención.

-No, es la del padre del niño que iremos a recoger. Era necesario venir antes porque el niño se desvive por este muñeco de aquí. -explica y levanta la bolsa en su mano.

Me siento un poco desilusionada. Amaría tener un sobrino. Alguien de quien cuidar y a quien enseñarle todo lo que quiera saber.

Max nota mi desconcierto y me dice, sonriente:

-Los niños están fuera de mi alcance por el momento, hermanita. Tengo suficiente con cuidar de Harry ocasionalmente; y eso que él no es la mitad de travieso que la mayoría. Es diferente a todos y es un puto genio.

Juro que acabo de ver sus pupilas convertirse en dos enormes corazones.

¿Mi hermano diciendo buenas cualidades de un niño? Creía que no viviría para ver esto.

Cuando me dijo que teníamos que recogerlo pensé que era un pequeño favor del momento. No algo que hacía con regularidad.

Antes de que pudiera responder , el celular de Max comienza a sonar. Lo saca de su bolsillo y se fija en el nombre que parpadea en la pantalla.

-Dame un momento. -me pide y asiento antes de que se aleje unos pasos de mí a contestar la llamada.

De igual manera escucho cada cosa que le dice a la persona al otro lado de la línea.

-Pierson Evans, eres un jodido dedo en el trasero. Contrólate un poco. Acabo de llegar a tu apartamento que por si no lo sabes está bastante lejos del aeropuerto. Iba a salir a recoger al niño en el momento en que llamaste.

Mi hermano volteó los ojos a lo que el tal Pierson dijo al otro de la línea y a continuación colgó la llamada.

-Vámonos, Allie. -ordena y nos encaminamos a la salida del edificio.

-¿Quién es Pierson?

-El padre del niño al que iremos a recoger.

-Parece un tipo insufrible.

-Lo es. No lo soporto en verdad.

-Pequeño mentiroso.

Mi hermano suelta una sonrisa ladeada, entramos al auto y nos vamos al colegio

^^^

Pensaba que los fantasmas del pasado quedaban justo ahí, en el pasado. Sin embargo, no sabía que no podía estar más equivocada.

Cuando llegamos al área de los pequeños y noté al niño de cabello marrón sentado en un banco apartado de todos, balanceando los pies suavemente y con la vista fija en ellos, no pude evitar ver a la niña de rizos cobrizos que solía ser.

Una sensación de reconocimiento me atrajo a él. Llámalo empatía, destino, o como prefieras; solo se que no pude evitar verme reflejada en sus ojos: los mismos miedos, las mismas pesadillas... absolutamente todo lo que me atormentaba en el pasado estaba escrito con tinta en su mirada.

Luego de saludar a mi hermano, se quedó muy quieto, inspeccionándome y a la vez expectante a la presentación que debía darse entre nosotros. Chico perspicaz. Me agrada.

-Ella es mi hermana, pequeño chico araña- me presentó Max con un gesto de manos infantil. El niño fijó su atención en mí y me observó por largo rato.

-El tío Maxi dice que tiene una hermana tonta y fea. Tú no eres fea -soltó el pequeño .

El idiota de mi hermano no pudo contener la risa y yo lo fulminé con la mirada. Sin embargo, me hizo gracia la forma en que el niño quiso decirme que no estaba seguro de que yo fuera en verdad la hermana de su tío Maxi.

-Soy una chica hermosa ¿a que si?. -me agaché hasta su tamaño y le extendí la mano a modo de saludo. -Me llamo Alice, pero puedes llamarme Allie. Así me dicen mis amigos y las personas que me agradan. Es como un permiso de exclusividad.

Él correspondió a mi saludo como todo un caballero.

-¿ Alice como "Alicia en el país de las maravillas"? -cuestionó.

-Puede ser, aunque soy mucho más grande que ella, ¿No crees?

Asintió.

-¿También persigues a un conejo blanco?

Una sonrisa se dibujó en mis labios.

-A veces lo hago, cuando estoy aburrida. Pero, ¿ te cuento un secreto?

Asiente, dudoso y le respondo en un tenue susurro.

-Todavía no lo encuentro.

Él se quedó callado un momento y pareció aceptar la respuesta. Luego dirigió su atención a mis ojos.

-¿Qué tienes en los ojos, Allie?

-¿Esto? -me señalé esa zona. Él se refería a la heterocromía- Es la marca de las chicas valientes. ¿Nunca antes lo has visto? -mostré incredulidad exagerada. Él se rió suavemente y negó. El gesto fue tan adorable que me provocó retorcijones en el estómago.

-Son lindos. Me gusta tu mirada colorida.

-Gracias, caballero.

-Me llamo Harry Evans.

-Supongo que puedo llamarte Harry.

-Puedes hacerlo. También me agradas.

Mi hermano presenció nuestro intercambio con una expresión de incredulidad estampada en su rostro.

Harry se bajó del banco, tomó mi mano y la de Max y nos apresuró hacia la puerta del colegio.

-Papá sabe que me das comida chatarra a escondidas, ya no es nuestro secreto.

Mi hermano convirtió su rostro en uno de falsa indignación demasiado notable.

Contuve una sonrisa.

-Que traidor, bro. -expresó hacia Harry, pero este al parecer lo conocía demasiado ya que esbozó una pequeña sonrisa y le dijo burlándose:

-Que pena, tío, la señorita Heather finge molestia mejor que tú.

Mi hermano soltó una carcajada.

Y, en menos de lo que tarda un pestañeo, caí rendida en los encantos de este niño de rizos marrones.

Capítulo 3 La hermana de Max

PIERSON

Camino a casa, recibí una llamada de Maximiliano.

Deslicé el ícono verde y encendí el manos libres.

-¿Sucedió algo con Harry?

Lo escuché reírse.

-A veces me asusta tu nivel de paranoia. Terminarás por volver loco a mi sobrino.

Respiré aliviado.

Tal vez me preocupaba demasiado.Tal vez Max tenía razón y yo no era más que un paranoico de mierda, pero prefería serlo a tener que lamentarme por no haber sido precavido.

-Pues aguantas a este paranoico. Lamento decirte que no tienes de otra, Maximiliano.

-Es una lástima.

Entonces recordé que aún no me decía por qué me había llamado.

-¿Y?

-Y... ¿qué?

-Que hables de una puta vez, estoy conduciendo.

-Yo también te amo, idiota.

-¡Habla, joder!

- Mi hermana está aquí. Fue a quien recogí hoy en el aeropuerto.

- ¿Y?

-¡Deja de ser un maldito insoportable!

- Te recuerdo que estoy conduciendo, Maximiliano.

-Está bien, voy al grano: estamos en tu casa los tres. Alice y Harry están jugando emocionados. Si vieras como él la mira. Hombre, parece que se conocieran de toda la vida.

Mis pensamientos corrieron a toda velocidad y sentí la ira bullir en mi fuero.

Aparqué en un lado fuera de la calle, si conducía así podría provocar un accidente.

-¡¿Qué?!-casi ladré

-Que estamos jugando y... un momento, Pierce, ¿por qué diablos me hablas en ese tono?

-¡Porque sabes que no me gusta que nadie se acerque a Harry, imbécil! ¡Puede ser peligroso!

-Es mi maldita hermana, hombre.

Resoplé.

-No la ves hace años, por dios. -le imprimí más enojo a mi voz. Mis emociones en ese momento eran veneno, y necesitaba expulsarlo en un montón de palabras o acabaría por joderme más de lo que ya lo estaba. -Aléjala de mi hijo o te juro por él que te parto la cara en cuanto llegue a la casa.

-No te preocupes, rizos. Sólo está teniendo un ataque de ansiedad.- le dijo en un susurro a alguien más.

¿Quién era rizos? Que apodo tan cursi. Solo espero que no esté con una novia ahí también porque...

Escuché una risa femenina, un «Está bien » y al idiota con el que hablaba reír también.

-Max, no me jodas. -apreté el volante-¿Quién demonios es rizos?

-Mi hermana, bestia. ¿Ya no estás enojado? ¿Se pasó tu ataque de ansiedad?

-¡No estoy teniendo un jodido ataque de ansiedad!

-Hombre, que me perforas el tímpano.

-¡Me importa una mierda tu tímpano!

-Está bien, ¿paz?.

-Jódete.

Le colgué y me puse en marcha.

Abrí la puerta de mi casa casi con una patada y los rostros de las tres personas que me esperaban dentro se giraron hacia mí, sobresaltados. El de Max pasó de inmediato a adquirir matices divertidos.

¿Qué mierda le hacía tanta gracia?

Iba a agarrarlo del cuello cuando sentí unos bracitos pequeños aferrarse a mis piernas.

Entonces, como siempre que mi hijo me abrazaba, fue como si al fuego que ardía dentro de mí le hubieran arrojado muchísima agua: se apagó.

Y mi corazón comenzó a latir más rápido.

Me agaché hasta su tamaño y lo cargué. Él me miró a los ojos y pude descubrir que se sentía muy feliz en ese momento, como sólo lo había visto pocas veces en este último año.

-Papi, llegaste.

Rocé nuestras narices y le pellizqué con suavidad una mejilla.

-Llegué, campeón.

-¡Ven! - comenzó a hacer fuerza en dirección a nuestro sofá- ¡Tienes que conocerla! ¡Es la chica más linda que he visto! Sus ojos, papi, sus ojos son lo más bonito. ¡Vamos, pa!

-¿A quién tengo que conocer?- fruncí el ceño. Entonces recordé la discusión con Max.

-Mira que eres exagerado, Harry.-escuché una voz femenina, la misma voz del teléfono hace un rato y cuando la busqué con la mirada todos los músculos de mi cuerpo se tensaron y las manos me comenzaron a sudar.

¿Desde cuando me sudaban a mi las manos?

Llegó hasta nosotros y la inspeccioné como un idiota: era una mujer hermosa, pero no como todas las que había visto hasta entonces, ella era hermosa de una manera diferente.

Su cabello cobrizo alborotado, fue, en un primer instante, el rasgo que más capturó mi atención: le llegaba hasta los hombros teniéndolo recogido como ahora en un moño alto en el centro de su cabeza. Hacía un contraste perfecto con su piel realmente blanca y aparentemente suave.

Diablos, quería tocar esa piel.

Continué mi inspección hasta sus ojos y cuando lo hice, quedé realmente idiotizado. Uno de ellos era carmelita brillante y el otro azul celeste. Sin embargo, no eran solamente esos dos colores. En el centro de los iris y alrededor de las pupilas, había pequeños estallidos de verde y amarillo, combinados de una forma que me dejó sin habla. Nunca había visto una heterocromía como aquella.

¿De dónde había salido esta mujer?

Parpadeé varias veces y vi que me tendía la mano y me observaba sonriente.

Era la sonrisa más hermosa que veía hasta ahora. Sobre todo porque no pretendía hacerlo de una manera perfecta. No hacía nada para impresionar. Todos sus gestos eran naturales, o eso me estaba haciendo creer.

-Soy Alice Sullivan, la hermana de este idiota de aquí. -señaló a su hermano con la cabeza.-Y tu debes ser...

-Pierson. Pierson Evans.

Recorrí su pequeño cuerpo con la mirada y me asustó la manera en la que deseé que fuera la mujer que me llevara a la cama cada noche y que me despertara, y la que me volviera a llevar...

-¿Ves como es linda, papi?

Volví a parpadear y solté mi mano de la suya, como si quemara.

Entonces, hice lo mejor que se me daba, comportarme como un idiota desconfiado. ¿Pero adivina que? Tenía motivos de sobra, así que me daba igual.

-¿Qué cojones eres?

-¿Una humana? Sí, creo que lo era la última vez que revisé.

La respuesta a su sarcasmo se quedó agolpada en mi garganta cuando mi hijo saltó en medio de la conversación.

-¡Pa, me gusta Allie!. ¿Puedo seguir jugando con ella?

-A tu cuarto. Ahora. -le ordené y me hizo caso, cabizbajo.

Cuando sentí la puerta cerrarse, volví al ataque.

Ella me miraba con el ceño fruncido.

-¿Por qué le acabas de hablar así?

Di un paso hacia ella para confrontarla.

-¿Por qué te importa?

-¡Porque te estás comportando como un imbécil con tu hermoso hijo!.

Me sobresalté con su respuesta. Pensé que iba a amilanarse, balbucear y pedir disculpas.

Un momento... ¿Por qué hablaba como si lo conociera de antes?

-¿Hermoso hijo? ¡ ¿Qué sabes tú de mi hijo?! - me acerqué más y la agarré de la muñeca. -¿Por qué hablas como si lo conocieras, como si ... como si te hubieran hecho un resumen sobre él?

Cuando pensé que iba a asustarse, soltó una carcajada sonora.

-¡Esto no es una película policial, loco!. ¿Quién te crees que soy? ¿La asesina que los persigue desde hace un año porque los quiere descuartizar? -resopló- Venga ya, deberías ir a un psiquiatra. ¡Sólo estábamos jugando y me ha parecido el niño más bonito y agradable que he visto!

Sus palabras me atravesaron más rápido de lo que hubiera deseado.

Entonces, provocó algo que nadie más que no fuera Harry había provocado: aceleró los latidos de mi corazón. No, más que eso. Los volvió frenéticos y desenfrenados.

Conecté mi mirada con la suya buscando qué tanto había de mentira en eso que acababa de decir. Para mi sorpresa la sostuvo sin titubeos y vi transparencia.

Carraspeó y miró hacia nuestras manos todavía unidas.

-¿Me devuelves mi mano, por favor?

Sentí la sangre acumularse en mis mejillas.

Genial, ahora también me sonrojaba.

¿Cuándo diablos había sido yo un hombre de sonrojarse?

-Ehm, sí, claro.

La solté de mi agarre y cuando escuché una sonrisa detrás de ella, clavé mis ojos en los del idiota de su hermano.

-Esto ha sido divertido, hermana - le habló a Alice-Tienes un diez en comportamiento ante estúpidos paranóicos.

-¿ ¡Te hace gracia?! ¡¿Te parece gracioso?!

Se encogió de hombros en un gesto de la más absoluta despreocupación.

-La verdad, sí.

En dos zancadas ya lo había agarrado del cuello de su camisa y llevado contra la pared que teníamos detrás.

-Vuelve a saltarte una de mis reglas y te juro que no vives para contarlo. No te atrevas a traer a más extraños a mi maldita casa, Maximiliano, no lo soporto. -advertí, entre dientes.

Sus ojos brillaron divertidos.

-¡Pero si es mi hermana! ¡Yo la conozco!

-¡Pero yo no! -tomé un profundo respiro- ¿Sabes qué? Largo de aquí. -lo solté.-Los dos.

-Tranquilo, animalito de feria. Ya nos vamos. -aseguró levantando las manos en señal de paz.

Por alguna razón, ignoré al idiota que ya caminaba hacia la puerta y clavé mi vista otra vez en la pelirroja que se agachaba para halar hacia arriba el aza de su maleta.

Estaba de espaldas.

Y tenía un culo bastante voluminoso para las dimensiones de su pequeño cuerpo.

Un culo perfecto.

De repente me encontré queriendo tocar ese culo. Queriendo tocarlo y...

¡Basta!

-Nos vamos.-avisó Maximiliano

-Como quieras.

Antes de que salir de casa, la pelirroja se enganchó a su brazo y me sonrió.

Me sonrió.

Y a pesar de todo, me quedé sonriendo yo también.

💫💫💫

Me metí al baño casi al instante en que se habían ido. Realmente deseaba una ducha larga y fría.

Apoyé una mano en la pared dejando mi mirada en el suelo mientras el agua me caía por la espalda relajando cada músculo a su paso.

Quizás debería cambiar. Dejar de lado esa obsesión enfermiza y esos delirios de persecución antes de volverme realmente loco como una cabra. Sentí un pinchazo de culpabilidad hacia la hermana de Max, la chica pelirroja, Alice. No la traté de una manera correcta, pero no pude evitarlo en ese momento. El miedo a que pudiera tener algo que ver con aquello que nos había hecho venir desde Francia apresurados y sin nada más que la ropa que traíamos puesta me paralizó.

Pero no tenía ninguna relación, y yo me comporté como un desequilibrado mental.

Ya ha pasado un año. No debe acordarse de que existimos. Hemos venido al otro lado del mundo, lejos de cada cosa que podría relacionarme con esa catástrofe. Mi hijo está a salvo.

Pero... ¿y si no? ¿Y si estaba lo suficientemente sediento de venganza como para no perdernos el paso ni aunque consiguiera venir a Quebec?

Maldición.

Golpeé frustrado la pared frente a mi. No tengo cómo saberlo y, la verdad, prefiero no confiarme, no cuando se trata de lo único que me queda, de mi niño precioso. Lo único que si tengo claro es que le debo una disculpa a la chica por mi comportamiento.

Envolví una toalla en mi cintura y frente al lavabo, me cepillé los dientes. Al terminar, fui hasta la habitación de Harry a comprobar si ya se había dormido.

Esperaba que no.

No eran ni siquiera las nueve de la noche y todavía podíamos ver una película de esas de superhéroes que tanto le gustaban. Incluso le dejaría ver otra vez el hombre araña.

Sólo quería abrazarlo un rato.

Di dos toques en su puerta y abrí. Estaba enroscado entre sus mantas viendo algo atento en su tablet.

Me acerqué a él.

-¿Puedo, campeón? - le pregunté refiriéndome a si podía acostarme junto a él.

Pareció notarme porque levantó la mirada y me sonrió. Me sonrió de verdad. No los intentos de sonrisa que había visto durante todo este año.

-Claro, papi.

Me acosté a su lado en su pequeña cama. Los pies me quedaron colgando, como siempre.

-Pa, eres un poco grande para mi cama ya. - señaló Harry.

-¿Eso es una queja?- fruncí el ceño.

-No, papi. -me dijo sonriente.

Estuvimos atentos a la película por un rato hasta que no pude más y tuve que preguntarle. Quería saber cada detalle de su tarde con esa pelirroja y por que se veían tan a gusto juntos.

-¡Es Alicia del país de las maravillas! Y es muy divertida. Jugamos toda la tarde desde que regresamos del colegio.

-¿Regresaron? ¿Ella también fue?

-Si, y cuando llegamos a casa, me preparó una merienda súper rica y coloreamos muchos dibujitos de Spider, y me dijo que me compraría un traje, papá, ¡un traje!.

La sorpresa me pincha por todas partes. Es la primera vez en un tiempo que escucho a mi hijo hablar tan bien sobre alguien.

-Ya lo pillo. Que chica, ¿ no?.

-Sii, me gusta mucho. ¿Y viste sus ojos?

-Claro que los vi, Harry.

-Son lindos, ¿a que si?

-Son preciosos, campeón.

Nos quedamos en silencio por un momento, yo acariciando sus rizitos marrones mientras veíamos la película de su tableta.

-¿Por qué te gusta tanto esa chica?- le pregunté antes de que se quedara dormido.

Entonces , con los ojos entrecerrados, me respondió:

-Allie no me da miedo, papi. Allie es especial.

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