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Rubí - Miedo y Culpa

Rubí - Miedo y Culpa

Autor: : Sheny L.E
Género: Adulto Joven
Bardi es un peligroso mafioso. Renata es la mujer de su peor enemigo, la esposa del hombre que asesinó a la suya, hay una deuda de sangre que necesita cobrarse, pero ni la sed de venganza pudo contra el deseo y el amor que comenzó a crecer entre ellos por más que lo evitaron. El pasado los une, el presente los obliga a separarse... Ella carga un pasado lleno de miedos Él lleva años arrastrando culpa ¿El amor será lo suficientemente fuerte para combatir las sombras y heridas del alma?"

Capítulo 1 Vida vacía

Un sonido fuerte llega a mis oídos sacándome de mi sueño profundo, el sonido de las detonaciones de armas me obliga a abrir los ojos de golpe, despertando por completo, no es como que me interrumpieran teniendo un hermoso sueño, ya he olvidado cuando fue la última vez que soñé algo, por lo menos una pesadilla que perturbara mi mente, pero ni eso, no había nada, solo es cerrar los ojos dejándome caer en un vacío oscuro para después despertar de nuevo en la mañana por ese sonido desagradable que a pesar de que su origen se encuentra en la distancia logra llegar a mis oídos y colarse en mi habita

ción para ser el primer sonido que llega a mis oídos al despertar.

Ya me he acostumbrado a ese sonido que siempre me llega a primera hora del amanecer, para ser más exacta a las 7:00 am, es mi horrible despertador, y a pesar de que lo he escuchado todos los días durante años, no creo que nunca me acostumbre a ello, o me parezca por lo menos un poco familiar

Me giro hasta quedar boca arriba, extendiendo ambos brazos a los lados de la enorme cama que tengo solo para mí por ahora, acariciando el colchón lentamente, pasando las yemas de los dedos por las sabanas oscuras de seda extremadamente suaves de la habitación tan solo unos segundos, con la mirada perdida sin tener nada en la mente solo admirando el vacío, con la mente en blanco, perdiéndome en el color gris del techo.

Otro débil sonido de detonaciones me hace salir de mi trance, parpadeo varias veces, me siento algo incómoda (Como siempre) en vez de bajar a desayunar como de costumbre me voy directo al baño para darme una larga ducha de agua caliente.

˜˜˜˜˜˜˜˜˜˜˜

Salgo del baño dejando escapar una nube de vapor que escapa al abrir la puerta, me pongo de nuevo mi pijama y seco mi cabello un poco con la secadora, una vez lista para desayunar abro la puerta de la habitación y camino por el gran pasillo con alfombra roja ignorando el montón de ridículos adornos hasta llegar a las amplias escaleras.

Este lugar es como un castillo de la realeza, es enorme, un tamaño ridículo considerando las pocas personas que estamos aquí, todo está inmaculado, pero este lugar no podría ser menos de mi agrado, todo es... excéntrico, llamativo, exagerado. Lejos de verlo como un bello palacio, para mí es mi gran jaula de oro.

Al llegar a la cocina bañada de color blanco y dorado, me encuentro a una de las empleadas, estaba limpiando una repisa de la cocina, al verme entrar se exalta un poco y empieza a andar de una manera frenética por el espacio.

- Señora... buenos días, déjeme le preparo el desayuno de nuevo, tiene sus horarios un tanto inestables, me es difícil saber cuando bajara en las mañanas y tenerle el desayuno recién echo

Ella toma con rapidez un plato que estaba en la mesa central de la cocina que tiene unos omelette con tocino, se disponía a tirarlos a la basura, no era para tanto.

- Solo mételo al microondas no pasa nada. - le digo con total calma, haciendo un movimiento con mi mano restándole importancia al asunto. Pero ella abrió mucho los ojos, como si meter la comida a recalentar fuera pecado.

- Pero al patrón no le gustaría... - la preocupación y miedo a su empleador se filtra por sus ojos oscuros, me da algo de lástima.

- Él no está aquí no te preocupes, además el horno microondas no esta solo de adorno en la cocina, yo no soy tan quisquillosa, solo recaliéntalo en el microondas y llévame el almuerzo al jardín por favor, hoy voy a comer fuera.

- Como ordene señora.

Los rayos del sol contrastan con mi pijama de satén de color negro, es un conjunto de short y camisa de tirantes que mi esposo me compró una vez que fuimos a Londres, no me apetece recordar más sobre eso.

Me siento en una mesa que esta al lado de la gran alberca dejando mi celular a mi lado derecho, el agua cristalina que se encuentra en calma reflejaba la luz de los rayos del sol, el sonido del exterior me resulta relajante, me quedo mirando al frente, el paisaje lleno de árboles hermosos y arbustos recién podados, el plato con mi desayuno llega frente a mí, bajo la mirada, visualmente es hermoso, pero no logra despertar mi hambre, no tengo apetito, pero aun así debo alimentarme.

- Provecho, señora

- Gracias Luisa.

La mujer se marcha dejándome sola mientras como con lentitud y nada de entusiasmo, la comida es deliciosa y a pesar de estar sentada y rodeada de cosas hermosas a la vista que hacen parecer este lugar el paraíso mismo, me siento apagada; llevo esta vida llena de lujos y exageraciones innecesarias que sinceramente no son para nada de mi agrado, nada de todo lo que me rodea puede evitar que me sienta, bacía.

Cuando termino de comer dejo el plato a un lado y me pierdo mirando al frente, en cómo las hojas de los árboles a la distancia se mueven al compás del viento salvaje para después algunas ser arrancadas y arrastradas por este, deseo con todas mis fuerzas poder ser una de ellas, que alguna fuerza externa me lleve lejos de aquí.

El celular a mi lado comienza sonar avisándome de una llamada entrante, vibra contra el cristal de la mesa, la pantalla se ilumina, es mi esposo Armando, suspiro pesadamente, lo más seguro es que me habla para avisarme que dentro de poco estaría de vuelta en casa después de su viaje de negocios. Con no muchos ánimos tomo el celular contestando la llamada y llevándome el aparato a mi oído.

- ¿Si? - respondo con la voz apagada

- ¡Ohh si Armando!... ¡Más duro por favor!

Es la voz de una mujer, o más bien los gemidos, también se escuchan los jadeos provenientes de una voz masculina, que innegablemente le pertenece a mi esposo, de fondo se escucha el colchón de una cama rechinando sin control, las bases chocando con agresividad contra una pared.

Pongo los ojos en blanco y termino con la llamada negando con la cabeza, volviendo a poner mi celular en la mesa, regreso mi atención a los árboles a la distancia que ya observaba, no me importa en lo más mínimo lo que él hace ni con quien este, soy consiente que tiene otras mujeres, mi madre me advirtió que con él las cosas iban a ser así, siempre... yo no soy más que un simple capricho para él, el cual no entiendo por qué se esfuerza por tener a su lado, ¿por qué quiere tenerme manteniendo el título de su "esposa"? Cuando ni siquiera se molesta en darme lo que acompaña dicho título, Lealtad, respeto... amor.

No es como que quiera tener esas cosas de él de todas maneras o que me pesara no tenerlo, yo solo quiero ser libre.

Ya le había pedido el divorcio con anterioridad, no lo tomó muy bien, nada bien, pero yo no quiero estar con él, nunca lo quise... Armando es una persona peligrosa, si él no me deja ir por las buenas, no abría manera de que yo pudiera huir y aunque llegara a lograrlo, ¿a dónde iría? No hay lugar en donde pudiera esconderme del mismísimo diablo.

Capítulo 2 Despreciable

Me dispongo a marcharme a mi habitación, no tengo ganas de seguir pensando en mi miserable existencia cuando de repente una de las sillas de mi lado izquierdo es abierta y se sienta Rick, es la mano derecha de mi esposo, el único al que no le molesta ver cerca de mí por la confianza que le tiene es mucha, si tan siquiera supiera que intenta por todos los medios meterse entre mis piernas y ser él quién caliente mi cama cuando Armando esta ausente.

- Mi señora, usted siempre tan hermosa tan radiante como una bella flor.- su tono de voz claramente es coquetería en todos los sentidos.

Me encuentro cruzada de brazos, los ojos verdes de Rick se van rápidamente a mis pechos que se asoman ligeramente, no me importa, ni siquiera me incomoda, a lo largo de los años por estar en este ambiente me acostumbré a ser vista como un pedazo de carne, como un exquisito postrecito andante a la vista de unos hambrientos vagabundos.

- Buen día, Ricardo.– Le digo seria con voz molesta y fría, como siempre.

- Vamos, dime Rick, no tenemos por qué tener esas formalidades, tu esposo no está aquí...

Me parece un completo descarado, bueno no, no parece, es un descarado; por como me habla, me mira, como se pasa la lengua por los labios y sonríe como idiota cuando estamos solos.

- No es ninguna formalidad para mí, es tu nombre y no veo razón para tomarme confianzas contigo y llamarte por tu apodo, no solos cercanos, no somos amigos. - mi mirada es fuerte, mi lengua filosa, pero solo logro divertirlo con mi actitud siempre.

- Porque no me das la oportunidad, podríamos serlo, si tan solo tú quisieras... Te aseguro que dejarías de esta aburrida y nos divertiríamos mucho.

Como siempre toparse con él es una completa molestia, solo basta hablar con mi esposo y contarle que me estaba molestando su "amigo" para que él me deje en paz... pero, para siempre, a pesar de que el hombre es una molestia constante no quiero ser la razón por la que se derrame su sangre y se acabe su vida.

- No necesito amigos, me gusta mi soledad, compromiso Ricardo.

Me levanto de la mesa sintiendo su mirada en todo momento sobre mi espalda o probablemente en mi trasero, mientras me alejo para entrar a casa, me voy directo a mi habitación en donde me quedo sentada en la cama observando al vacío, todo es tan rutinario, tan monótono y sin sentido, me siento fuera de lugar, yo no encajo aquí.

~~~~~~~~

No sé en qué momento me quedé profundamente dormida, cuando abro los ojos de nuevo la luz de la luna inunda por completo cada rincón de la habitación, me pongo de pie y me voy directo al balcón, abro con cuidado la puerta, salgo y me siento en el suelo dejando que la fresca brisa de la noche me acaricie en la cara y despeine mi cabello, escucho pasos en la parte de abajo.

- ¡Este lugar es hermoso! No puedo creer que Renata siempre esté de malas, yo no podría estarlo en este maravilloso lugar.– Es una de las sirvientas, habla con tanta emoción y alegría.

- ¡Shss! No la llames solo por su nombre, podemos decirle patrona Renata o señora Renata, pero no solo por su nombre de pila, sé que eres nueva, pero al patrón no le gusta eso, el respeto es todo para ese hombre, pronto lo conocerás, con respecto a la señora tengo mucho trabajando aquí y jamás la he visto sonreír, pero no es porque esté enojada más bien parece triste yo creo que...

La voz de la otra mujer se fue haciendo cada vez más baja hasta llegar al punto de ser inaudible para mí, abrazo mis piernas y observo la luna, no puedo evitar que un gran suspiro se me escape.

A los pocos minutos mi celular comienza a sonar en la habitación, como si no supiera quién es... Armando, solo él me habla no tengo a nadie más, me levanto con pesar y voy por el celular, esperando que no fuera otra de sus mujercitas con sus cosas, pero esta vez si es él.

- Mi reina ¿cómo estás? ¿Te desperté?.– su voz suena llena de alegría y energía, esta de muy buen humor después de estar toda la tarde teniendo sexo con su amante seguramente.

- Bien, no en realidad tomé una siesta antes de tiempo y me voy despertando, ¿Tú, cómo estás?- no es que me importe la verdad.

- Perfectamente querida, te quería dar la noticia de que mañana regreso a casa en la noche, estoy ansioso por verte.– Una sensación extraña me recorre el cuerpo, acompañada del asombro, no lo quiero aquí, ojalá su amante lo convenza de quedarse allá con ella más tiempo.

- ¿En... verdad? Este fue un viaje... muy corto.– Por lo regular se tarda hasta 3 meses en regresar de sus viajes de "negocios" pero esta vez no habían pasado ni 3 semanas, descanse muy poco de él.

- Trate de hacer las cosas lo más rápido posible para regresar a verte, te extraño.- Lo dudo... el estómago se me revuelve de solo imaginarlo cerca de mí.- Además, quería avisarte que como celebración a que todo salió bien en este negocio va a ver una gran fiesta en mi llegada, ya le avisé a Rick así que mañana te llevará al centro comercial quiero que te compres el vestido más exquisito para que te veas como una diosa, sabes lo que me gusta no escatimes en precio sabes que para ti no existen límites.

- Muy bien, hasta mañana en la noche entonces.- agradezco al cielo que no esté aquí para ver como le pongo los ojos en blanco y mi rostro se contrae en muecas de desprecio.

- Besos, preciosa.

No podría estar menos desanimada por su regreso, por lo menos cuando él no está aquí me siento tranquila, pero con Armando rondando la casa era otra cosa, me hace sentir incómoda además de que me molesta su presencia, su acercamiento, todo él me parece despreciable, es un hombre demasiado materialista, engreído y posesivo, un hombre 20 años más grande que yo, a pesar de eso esta muy bien conservado no los aparentaba físicamente, pero aun así no había persona que al vernos juntos no pensara que yo era una cazafortunas, si tan solo supieran que terminé casada con él por mero capricho suyo y porque yo no tenía una opción, no pude elegir, fue en contra de mi voluntad.

Trate de mentalizarme en que esto sería por mi familia, que aguantaría por ellos, de esa manera las cosas fueron un poco más llevaderas y tolerables hasta cierto punto, si ellos podrían beneficiarse por mi desdicha valía la pena aguantar a ese maldito hombre... quería ayudarlos, pero esta unión terminó llevándolos a la perdición.

Capítulo 3 Compañias desagradables

Al llegar al centro comercial las miradas se van en mi dirección, lo atribuyo principalmente a mi guardarropa; Armando tiene algún tipo de capricho-obsesión por verme siempre bien arreglada, impecable... el problema es que me visto a su gusto y su gusto de ropa no es para nada el mío.

Las prendas de mi closet tienen que tener alguna de estas características, grandes escotes, brillos, lentejuelas y entalladas ceñidas al cuerpo, tengo algunas prendas cómodas para usar cuando él no esta, pero por más que quisiera no vendría con mis pantalones de chándal al centro comercial.

Llevo un pantalón de tiro alto, con una camisa de manga larga fajada que tiene un escote no tan llamativo, llevo zapatillas altas de color negro y mi bolso; no traigo puesta ninguna pulsera, collar, reloj o aretes que son obligatorios usar en compañía de Armando, pero aún sin ellos las personas miran en mi dirección.

Tengo un cuerpo con curvas bien definidas sin llegar al punto de ser exagerado, es la principal razón por la que las miradas hambrientas de los hombres y las despectivas de las mujeres se posan sobre mí, mi cabello rojizo no es más que otro elemento para atraer miradas, pero podría jurar que más que nada me miran porque saben quién soy, de quien soy esposa... quien es por desgracia mi marido.

...

Al entrar en una de las tiendas me probé un vestido rojo después de estar viendo varios que no me convencían del todo; es corto, lleno de brillos, muy al gusto de Armando, salgo del probador y me paro frente a un gran espejo admirado como se me mira, el vestido va atado a mi cuello tengo toda la espalda descubierta y es extremadamente corto y ajustado, muy incómodo, pero Armando estaría encantado al verme en él, ni siquiera sé por qué me esfuerzo por complacer sus exigencias, hace tiempo una bala en la frente no me parecía buena idea, hoy en día me parece de lo mejor.

- Wow, tienes un cuerpo para detener el tráfico Renata, eres una mujer tan sensual... estoy seguro de que le encantará a Armando ese vestido.

Levanto la mirada cruzándome con unos ojos verdes hambrientos a través del espejo, Rick es un hombre joven, quizás de mi edad, no lo sé, me recorre completa de pies a cabeza admirando cada centímetro de mi piel descubierta, cuando sus ojos se cruzan con los míos sonríe divertido ante mi actitud serena y mi rostro típico de estar amargada con la vida.

- ¿Tú que haces aquí? Te dije que me esperaras fuera de la tienda.

- Pensé que podrías correr peligro aquí dentro tu sola, después de todo mi deber es cuidarte y protegerte.- me lo dice en ese tono seductor que solo usa cuando esta a solas conmigo, me guiña un ojo, me esfuerzo para no ponerle los míos en blanco.

- Tú lo has dicho, cuidar y proteger no acosarme, lárgate de mi vista Ricardo, ya voy a ir a pagar.

No solía tener buen humor y Rick molestando constantemente era la gota que siempre derramaba el vaso, no tengo ánimos de seguir en ese lugar ni probarme más vestidos menos si el mirón de Rick va a estar por aquí rondándome.

~~~~~~~

El camino de vuelta a casa es silencioso, me la paso observando por la ventana a las personas normales caminar sin ataduras disfrutando su vida, yo por otra parte no podía poner un pie fuera de la residencia porque tenía 3 autos con hombres custodiándome de cerca, me siento prisionera, será porque en realidad eso es lo que soy.

Empezamos a llegar a un área de la ciudad un tanto más tranquila, menos transcurrida entramos en un callejón de terracería entre dos casas, el terreno es baldío y solitario, lleno de rocas y tierra suelta, el dar una vuelta a la izquierda está una gran portón negro y alto que al vernos acercar empezó a abrirse.

En el interior todo es tan verde, lleno de árboles, arbustos, pasto y flores preciosas, los autos se detienen al frente de la gran puerta de la enorme mansión, una casa exageradamente grande para mi sola y las 4 sirvientas, al parecer ellas ya esperaban mi llegada, empezaron a tomar las bolsas de la cajuela para ayudarme con ellas, pero solo eran dos, me bajo del auto y me topo con una de ellas que lleva las bolsas, en realidad nada de esto es necesario, yo puedo hacerlo por mi cuenta, pero no quiero meterlas en problemas, si alguno de los guardias chismosos le dicen a mi marido que me miraron cargando las compras la chica desaparecería, y quiero pensar que era porque eran despedidas; así que solo sigo caminando al interior de la mansión.

~~~~~~~~

Puedo escuchar a la perfección las risas y voces que se cuelan por la puerta de mi balcón que se encuentra abierta, varias personas ya han llegado a la fiesta y yo apenas termino de arreglarme, lo hice con toda la lentitud del mundo... me puse unos aretes largos de oro, me hice un maquillaje elaborado y llamativo con sombras rojas y oscuras para combinar con mi vestido, deje mi cabello suelto acomodando de lado para despejar mi espalda y poder lucir ese escote en el vestido, me apliqué perfume y me puse mis tacones de plataforma negros antes de salir de la habitación.

Como lo esperaba en el jardín ya Estac los invitados amigos de Armando y como no podía faltar en estas fiestas mujerzuelas por doquier, pasando de brazos en brazos en busca del mejor postor para pasar la noche, quien parezca que dará la propina más jugosa al finalizar.

A través de los cristales de piso a techo me percato que una de ellas me observa con los ojos entrecerrados, no le doy importancia y me retiro a la sala de estar en espera a la llegada de mi esposo, sus amigos no son compañías agradables, había mejores maneras de desperdiciar el tiempo.

Me siento y suspiro mientras observo todo al rededor, lleno de adornos caros y cuadros extraños, es como estar en un set de telenovela... una telenovela de mal gusto.

- ¿Qué hace una dama tan bella como usted aquí sola?.– esa voz proviene desde mi espalda, unas manos se posan en mis hombros desnudos mientras acaricia mi piel con sus pulgares rugosos.

- Esperando por tu llegada.

Digo con seriedad, las manos se alejan de mí y me pongo de pie para quedar frente a Armando, mi esposo, es un hombre atractivo y bien conservado para su edad, aun así se mira mucho más mayor que yo, era una diferencia de edad de 20 años después de todo, una brecha así no se oculta fácilmente.

Sus ojos almendrados me observan de pies a cabeza sonriendo con malicia, trago saliva y siento que mi cuerpo se estremece ante esa mirada tan filosa y no lo digo en buen sentido, rodea el sillón que nos separaba a pasos lentos y seductores; al llegar frente a mí levanto el rostro para verlo a los ojos, su respiración es calmada y podía sentir la calidez de su aliento contra mi piel al igual que el aroma envuelto del tabaco y la menta.

Toma mi barbilla con cuidado con sus dedos haciéndome levantar más el rostro, para después inclinarse y unir sus labios con los míos, en un beso cargado de deseo y necesidad, se me revuelve el estómago completamente.

Al llegar al centro comercial las miradas se van en mi dirección, lo atribuyo principalmente a mi guardarropa; Armando tiene algún tipo de capricho-obsesión por verme siempre bien arreglada, impecable... el problema es que me visto a su gusto y su gusto de ropa no es para nada el mío.

Las prendas de mi closet tienen que tener alguna de estas características, grandes escotes, brillos, lentejuelas y entalladas ceñidas al cuerpo, tengo algunas prendas cómodas para usar cuando él no esta, pero por más que quisiera no vendría con mis pantalones de chándal al centro comercial.

Llevo un pantalón de tiro alto, con una camisa de manga larga fajada que tiene un escote no tan llamativo, llevo zapatillas altas de color negro y mi bolso; no traigo puesta ninguna pulsera, collar, reloj o aretes que son obligatorios usar en compañía de Armando, pero aún sin ellos las personas miran en mi dirección.

Tengo un cuerpo con curvas bien definidas sin llegar al punto de ser exagerado, es la principal razón por la que las miradas hambrientas de los hombres y las despectivas de las mujeres se posan sobre mí, mi cabello rojizo no es más que otro elemento para atraer miradas, pero podría jurar que más que nada me miran porque saben quién soy, de quien soy esposa... quien es por desgracia mi marido.

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Al entrar en una de las tiendas me probé un vestido rojo después de estar viendo varios que no me convencían del todo; es corto, lleno de brillos, muy al gusto de Armando, salgo del probador y me paro frente a un gran espejo admirado como se me mira, el vestido va atado a mi cuello tengo toda la espalda descubierta y es extremadamente corto y ajustado, muy incómodo, pero Armando estaría encantado al verme en él, ni siquiera sé por qué me esfuerzo por complacer sus exigencias, hace tiempo una bala en la frente no me parecía buena idea, hoy en día me parece de lo mejor.

- Wow, tienes un cuerpo para detener el tráfico Renata, eres una mujer tan sensual... estoy seguro de que le encantará a Armando ese vestido.

Levanto la mirada cruzándome con unos ojos verdes hambrientos a través del espejo, Rick es un hombre joven, quizás de mi edad, no lo sé, me recorre completa de pies a cabeza admirando cada centímetro de mi piel descubierta, cuando sus ojos se cruzan con los míos sonríe divertido ante mi actitud serena y mi rostro típico de estar amargada con la vida.

- ¿Tú que haces aquí? Te dije que me esperaras fuera de la tienda.

- Pensé que podrías correr peligro aquí dentro tu sola, después de todo mi deber es cuidarte y protegerte.- me lo dice en ese tono seductor que solo usa cuando esta a solas conmigo, me guiña un ojo, me esfuerzo para no ponerle los míos en blanco.

- Tú lo has dicho, cuidar y proteger no acosarme, lárgate de mi vista Ricardo, ya voy a ir a pagar.

No solía tener buen humor y Rick molestando constantemente era la gota que siempre derramaba el vaso, no tengo ánimos de seguir en ese lugar ni probarme más vestidos menos si el mirón de Rick va a estar por aquí rondándome.

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El camino de vuelta a casa es silencioso, me la paso observando por la ventana a las personas normales caminar sin ataduras disfrutando su vida, yo por otra parte no podía poner un pie fuera de la residencia porque tenía 3 autos con hombres custodiándome de cerca, me siento prisionera, será porque en realidad eso es lo que soy.

Empezamos a llegar a un área de la ciudad un tanto más tranquila, menos transcurrida entramos en un callejón de terracería entre dos casas, el terreno es baldío y solitario, lleno de rocas y tierra suelta, el dar una vuelta a la izquierda está una gran portón negro y alto que al vernos acercar empezó a abrirse.

En el interior todo es tan verde, lleno de árboles, arbustos, pasto y flores preciosas, los autos se detienen al frente de la gran puerta de la enorme mansión, una casa exageradamente grande para mi sola y las 4 sirvientas, al parecer ellas ya esperaban mi llegada, empezaron a tomar las bolsas de la cajuela para ayudarme con ellas, pero solo eran dos, me bajo del auto y me topo con una de ellas que lleva las bolsas, en realidad nada de esto es necesario, yo puedo hacerlo por mi cuenta, pero no quiero meterlas en problemas, si alguno de los guardias chismosos le dicen a mi marido que me miraron cargando las compras la chica desaparecería, y quiero pensar que era porque eran despedidas; así que solo sigo caminando al interior de la mansión.

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Puedo escuchar a la perfección las risas y voces que se cuelan por la puerta de mi balcón que se encuentra abierta, varias personas ya han llegado a la fiesta y yo apenas termino de arreglarme, lo hice con toda la lentitud del mundo... me puse unos aretes largos de oro, me hice un maquillaje elaborado y llamativo con sombras rojas y oscuras para combinar con mi vestido, deje mi cabello suelto acomodando de lado para despejar mi espalda y poder lucir ese escote en el vestido, me apliqué perfume y me puse mis tacones de plataforma negros antes de salir de la habitación.

Como lo esperaba en el jardín ya Estac los invitados amigos de Armando y como no podía faltar en estas fiestas mujerzuelas por doquier, pasando de brazos en brazos en busca del mejor postor para pasar la noche, quien parezca que dará la propina más jugosa al finalizar.

A través de los cristales de piso a techo me percato que una de ellas me observa con los ojos entrecerrados, no le doy importancia y me retiro a la sala de estar en espera a la llegada de mi esposo, sus amigos no son compañías agradables, había mejores maneras de desperdiciar el tiempo.

Me siento y suspiro mientras observo todo al rededor, lleno de adornos caros y cuadros extraños, es como estar en un set de telenovela... una telenovela de mal gusto.

- ¿Qué hace una dama tan bella como usted aquí sola?.– esa voz proviene desde mi espalda, unas manos se posan en mis hombros desnudos mientras acaricia mi piel con sus pulgares rugosos.

- Esperando por tu llegada.

Digo con seriedad, las manos se alejan de mí y me pongo de pie para quedar frente a Armando, mi esposo, es un hombre atractivo y bien conservado para su edad, aun así se mira mucho más mayor que yo, era una diferencia de edad de 20 años después de todo, una brecha así no se oculta fácilmente.

Sus ojos almendrados me observan de pies a cabeza sonriendo con malicia, trago saliva y siento que mi cuerpo se estremece ante esa mirada tan filosa y no lo digo en buen sentido, rodea el sillón que nos separaba a pasos lentos y seductores; al llegar frente a mí levanto el rostro para verlo a los ojos, su respiración es calmada y podía sentir la calidez de su aliento contra mi piel al igual que el aroma envuelto del tabaco y la menta.

Toma mi barbilla con cuidado con sus dedos haciéndome levantar más el rostro, para después inclinarse y unir sus labios con los míos, en un beso cargado de deseo y necesidad, se me revuelve el estómago completamente.

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