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SACRIFICIO DE AMOR

SACRIFICIO DE AMOR

Autor: : Cata Páez
Género: Mafia
Irina es una chica rebelde desde que tiene memoria, no se queda callada ante las injusticias y tiene un corazón de oro. Siempre dispuesta a sacrificarse por las personas que ama, trabaja desde que tiene 15 años pues su padre sumido en el alcoholismo y una madre muerta la obligaron a sacar adelante a su hermano menor. Hermano que se ve envuelto en una situación peligrosa. Ella se sacrifica en su nombre para saldar una deuda que tendrá que pagar al hombre que es temido por muchos y conocido por muy pocos. Irina se enfrenta a Jasha Kuznetsov sin miedo y aunque por obligación debe entrar en su oscura vida, ella se vuelve un pilar para un hombre que no conoce de sentimientos. Irina se ve obligada a ser la niñera del hijo de un hombre poderoso y cruel que no dudaría en asesinarla si fuese necesario, para pagar la deuda de su hermano y salvarle la vida. Pero con el pasar de los días, el amor entre ellos va creciendo y poco a poco Jasha deja de verla como una transacción, para mirarla como una mujer. Sin embargo todo deja de ser un cuento de hadas, cuando Irina nuevamente debe sacrificar todo por salvar a los que ama, su gran amor, Jasha cree que fue traicionado por Irina, sintiéndose engañado por la mujer que creyó amar, le recuerda al mundo porque todos le temen al diablo ruso.

Capítulo 1 1. ADIÓS

-¡Tienes que irte de aquí! -La voz de Jasha era ronca, sus manos sostenían mi rostro con fuerza mientras el sonido de las balas y los explosivos me aturdían.

-No... No puedo dejarte, no puedo irme sin ti -le dije en un intento porque me escuchará y entrara en razón.

A nuestras espaldas estaban Hades y Poseidón, así les llamaba a sus hombres de confianza. Los dos más fuertes y fieles a Jasha. Poseidón estaba herido y sangraba de un costado.

-¡Jefe, es hora! -Gritó para nosotros.

El plan de Jasha era entregarse para que yo pudiera huir con ellos y así encontrarme con Alek su hijo pequeño y Olga su madre.

Pero yo, tan terca y enamorada como estaba, no fui capaz de dejarlo hacer aquello.

No fui capaz porque sabía que una vez ellos los capturaran, nunca más volvería a ver la luz del sol y yo no tendría oportunidad de volver a ver sus hermosos ojos grises. No podría vivir con aquello en mi consciencia.

No podría volver a vivir igual.

No sin Jasha.

Puse mi frente sobre la suya y le di un último beso, sintiendo como mi pecho dolía, las lágrimas me estaban superando y tomé sus manos para dejar un beso en cada una de ellas.

-Per... Per... -el llanto no me dejaba hablar-. Perdóname Jasha -estaba confundido por mis palabras y el dolor que claramente se veía en mis ojos-. Por favor nunca dudes de mi amor por ti.

-Irina, yo no...

Lo golpeé.

-Adiós, amor -me incliné sobre él en un último abrazo y mi alma se partió en mil pedazos, sentía un ardor que me estaba quemando viva por dentro.

Fue un golpe seco, doloroso, fulminante.

Un golpe tal como él mismo me había enseñado a darlos para defenderme en los casos de emergencia.

-¡Señorita Irina! ¡¿Qué hizo?! -la pregunta fue de Poseidón con su voz débil por la herida, pero aún a pesar de su debilidad, seguía siendo un reclamo.

-Llévenselo de aquí, asegúrense de que llegue con vida junto a Alek y Olga, y por favor no lo dejen creer que lo traicione -lo miré una última vez, parecía dormido, se veía tranquilo y hermoso-. ¡Ahora! ¡Salgan de aquí! -Yo no solía gritarle a las personas, pero si no los sacaba de allí, todo sería en vano. Los vi alejarse y perderse en medio del humo, la ruta de escape solamente lo sabían ellos.

Me quite el chaleco, aunque era peligroso en mi estado, pero necesario, lance lejos las dos armas a las que casi no les quedaban balas, llene mi rostro de tierra, porque sangre ya tenía de la que había dejado Jasha sobre mi y de un par de raspones en mis brazos.

Y entonces era el momento de actuar, era el momento de desviar la atención de todos allí, para centrar en mi los ojos de los que se hacían llamar justicieros.

Cada segundo la rafaga de disparos se iba apagando y cuando al fin sentí el espacio de silencio que me permitiría llevar a cabo mi plan.

Con un poderoso y grueso nudo en la garganta, comencé a gritar con todas mis fuerzas.

-¡AUXILIO! ¡AYU... AYUDA POR FAVOR! -Las lágrimas resbalaban libres, mi pecho se sentía tan apretado que yo creía que el aire me iba a abandonar-. ¡AYUDA POR FAVOR!

Escuché el correteo de personas tras el lugar que estaba escondida. Me puse de pie con mis manos a los lados de mi cuerpo y volví a gritar. En ningún momento paré de pedir ayuda, estaba suplicando, hasta que me crucé con 3 hombres, ninguno de ellos dejaba de apuntarme.

-¡Quieta! -ordenó uno de ellos.

-¡Ayu... ¡Ayúdame, por favor! -Una cosa era cierta, yo estaba actuando espléndidamente, pero la sensación física de dolor, de malestar era real. No estaba bien, comencé a sentirme mareada y débil.

-De rodillas -una nueva orden. El tipo no dejaba de apuntar directo a mi pecho.

-Por favor -le suplique. Pero este se acercó con cautela y me obligó a arrodillarme.

-¿Quién eres?

-Soy... yo soy...

Pero la pesadez en mi cuerpo ganó la batalla, sentí que todo me daba vueltas y estaba a punto de caerme. Sin embargo, saqué fuerzas de donde no sabía que tenía y hablé.

-Soy Irina, yo... llegué aquí para pagar la deuda de mi padre con trabajo. Por favor, ayudeme -busque los ojos del hombre que me había puesto de rodillas y cuando al fin conectó con los míos, sus verdes me sorprendieron.

-Tu nombre -había compasión en su mirada. Había caído, de alguna manera mi plan había funcionado.

-Irina, soy Irina Smirnova.

-Está lastimada y pálida, necesita un médico -parecía estar hablándome a mí, pero sabía que no era así-. Seguiremos el camino, lo voy a encontrar -cuando escuche esas palabras, sabía que ese hombre estaba hablando con alguien al otro lado. El temor me invadió, porque no sabía qué tan lejos iba Jasha con Hades y Poseidón-. Quédese aquí y no se mueva, esta área está libre de peligro, en unos minutos llegarán por usted.

Los dos hombres que lo acompañaban empezaron a caminar hacía el frente y el hombre estaba por seguirlos.

Yo solamente tenía claro que debía detenerlos.

-¡NO! ¡No me dejen sola! -No me importaba si tenía que usar la fuerza, pero no podía dejarlos ir-. Es peligroso, yo... Tengo miedo, por favor -di varios pasos hacia ellos, pero los 3 levantaron sus armas enseguida en mi contra.

-¡Quieta! ¡No se mueva! -obedecí.

-Lo siento, pero es que yo no quiero, no puedo estar sola. Tengo miedo, ustedes no tienen idea del horror que...

Entonces un estallido nos interrumpió.

¡Mier.da! ¿Qué pudo pasar?

El pánico aumentó en mi interior, eso pudo ser todo o nada al mismo tiempo. ¿Y si los habían atacado con éxito? ¿Y si Jasha no sobrevivió?

Mi Jasha, mi amor.

-¿Qué sucedió? -preguntó al fin el hombre al comunicador- ¡CARAJO! ¡PU.TA MADRE!- Estaba molesto y eso de alguna manera parecía bueno para mi- ¿Cómo es posible que se les escapara de las manos?

Al escuchar esas palabras, mi cuerpo reaccionó. El llanto se hizo más fuerte e incontrolable, más doloroso y asfixiante, mi cuerpo dolía, mi alma estaba rota y mi corazón hecho polvo.

Jasha era libre, sin mi, pero libre.

Había logrado que mi amado llegará junto a su hijo y su madre, las personas que más amaba en la tierra.

Probablemente nunca más volvería a ver a Jasha y eso era lo que me tenía destrozada y de rodillas llorando. Llorando dolorosamente y con un vacío que solamente él sabía llenar completamente.

Sabía que no era un hombre de prácticas éticas, que negociaba con gente mala y que le temían, sabía que Jasha era cruel y despiadado, en carne propia había probado su mano dura. Pero cuando lo conocí, cuando vi el verdadero Jasha fue imposible no caer en sus brazos profundamente enamorada y entregarle todo de mi, tanto como me pidiera, tanto como necesitara.

Intenté noche tras noche decirle a mi mente que no y a mi corazón que esos sentimientos por él eran corruptos e insanos.

¿Pero quién manda en el corazón?

No todos en la tierra son buenos y no todos son malos. Ese era el equilibrio de la vida.

Para siempre me iba a quedar ese último beso.

Jasha me llevó de 0 a mil en milésimas de segundo, me mostró un mundo que no conocía y me entregó su corazón. Por esa razón había tomado la decisión de mantenerlo vivo.

-¿Alguna baja? -La pregunta del hombre me sacó de mis tribulaciones-. Poseidón -susurró y nuevamente mi alma se quebró. ¿Qué tanto dolor tenía que soportar ese día?

Ese hombre me había rescatado un par de veces, había recibido regaños severos de Jasha por mi culpa y tenía las energías de un niño pequeño. Era tan bueno como malo, todo en igual proporción.

Mi llanto no cesaba y yo tenía mis manos casi hundidas en la tierra. ¿Por qué todo se había desmoronado de esa forma?

-Te prometo que lo vamos a capturar. No se que daño te hizo, pero lo vamos a hacer pagar -el hombre de ojos verdes que parecía ser el líder de los 3, el que hablaba todo el tiempo estaba de rodillas con mi rostro entre sus manos diciéndome eso.

Nuevamente trague grueso y deje caer mis lágrimas.

-¿No... No lo capturaron? -necesitaba saber qué había pasado con ellos 3, con los últimos 3.

-No -dijo cabizbajo-. Lo siento, pero prometo que...

-¿Qué pasó? -empecé a enderezarme.

-Poseidón, ¿conoces a Poseidón? -afirmó con mi cabeza. ¿Cómo explicarle que Poseidón había sido como mi padre? ese que nunca tuve, porque el verdadero era esclavo del alcohol-. Se... se abalanzó sobre nuestros hombres con dos granadas y los hizo volar a todos, incluido él. Hades salió gravemente herido y parece que el diablo... iba inconsciente.

Hades -pensé para mi y el dolor que estaba sintiendo fue inevitable no dar ese grito desgarrado de ira, Poseidón muerto, Hades herido y sin noticias de Jasha.

-Irina ¿verdad? -El hombre llamó mi atención de nuevo-. Te prometo que...

-No me prometa nada, no me interesan sus promesas -fui tajante-. Sáqueme de aquí.

Me puse de pie con las pocas fuerzas que aún me quedaban y con el llanto desbordado.

Yo ya no tenía una familia. Esos hombres que caminaban junto a mi la habían destrozado.

Y era consciente de la realidad, "el que a hierro mata, a hierro muere", pero eran mi familia. Y ya no estaban.

Mi labio temblaba por que yo intentaba contener el llanto, pero fue imposible.

Varios pasos más adelante, todo se volvió negro para mi y caí.

Caí en un espiral de oscuridad, en el que corría y buscaba Jasha, cuando al fin lo encontré lo vi levantar su arma en mi dirección y disparar justo en el centro de mi pecho.

-¡Maldita! -me gritó y yo no podía hablar, no podía decir nada. Solamente presionaba mi pecho lleno de sangre.

Capítulo 2 2. IRINA

-Yuri, lleva lo que está en la alacena.

-Irina, ¿qué vas a comer tú?

-Sabes que en la cafetería me dan comida -era la misma mentira de siempre, en la cafetería no le daban nada de comer, pero era mejor decirle aquello a su hermano menor para que se comiera lo poco que tenían sin remordimiento.

Yuri e Irina salían cada mañana a las 6, muchas veces con la nieve en su contra, pero tenían unas actividades muy específicas. La meta de la rubia era hacer que su hermano se graduará de la preparatoria, ella por su parte hacía lo mejor que podía con los 3 trabajos que tenía.

En las mañanas cuidaba de un pequeño niño, hasta las dos. Luego a las 3 debía estar en una cafetería que colindaba entre la entrada y la salida de ese pueblo y en las noches debía trabajar en las oficinas de una construcción nueva llenando hojas de cálculo para un ingeniero perezoso y vago.

Sus pasos eran rápidos pues perder el tiempo no era una opción para ella, ese día especialmente percibió una sensación realmente amarga, pero salió de su casa con el mismo optimismo de siempre, sin embargo en un punto del camino Irina sintió que alguien la seguía, aceleró su caminata sin mirar atrás, tenía algo de miedo, no vivía precisamente en un barrio seguro, así que la rubia había aprendido a defenderse, giró en una esquina y se escondió para asegurarse de que no la siguiera más.

Fue entonces cuando vio la figura alta y corpulenta de su padre.

-¿Qué quieres? ¿Matarme de un susto?

-Irina, hija.

-¿Hija? ¿Eres un padre? -Ella nunca dejaría de reclamarle por la ausencia y la violencia.

-Lo siento, yo...

-¿Qué? ¿Qué excusa me vas a dar esta vez? Llevas una semana desaparecido, bebiendo obviamente, mientras tu hijo y yo morimos de hambre, sabes que lo que gano es una miseria y es para pagar las cuotas del préstamo de la casa. Es invierno y no puedo dejar que nos saquen a Yuri y a mi a la calle.

-Es que yo...

-No quiero escucharte más.

-¿Puedo ir a casa?

-¿Te vas a quedar? -preguntó aún con la ilusión de que un día su padre volviera a ser el mismo buen hombre que estaba en los recuerdos de una pasado más prosperó. Pero él desvió sus hermosos ojos al cielo y tuvo su respuesta.

-En casa no tenemos comida, ayer tuve que pagar la cuota de esta semana, Yuri está en la escuela y se llevó el último pedazo de comida, alcohol sabes que tampoco tenemos, así que no se que esperas encontrar allí.

-Tienes razón.

-¡Se que la tengo! No te quiero en casa, la última vez te llevaste mi moto para apostarla y eso no te lo puedo perdonar, sabes lo mucho que me ha costado tenerla.

-Hija, lo siento, estaba ebrio.

-Siempre con la misma justificación, ¿no crees que es suficiente? No te engañes más, todo el tiempo estás ebrio. Debo irme o llegaré tarde a mi trabajo.

Le dio la espalda, una acción dolorosa y que la hacía batallar contra sí misma, pero necesaria, no podía seguir viviendo en torno al vicio de su padre, durante años lo estuvo sacando de bares, lo recogía de la calle, pagaba sus deudas y se metía en problemas por su culpa. Ella era solo una niña que tenía que actuar como adulta.

Pero todo cambió cuando su padre golpeó a Yuri, que apenas era un niño. Lo golpeo tan fuerte que lo sacó de casa.

Esa noche su padre llegó ebrio a casa, Yuri lloraba por culpa del hambre, tenía 6 años apenas. Ella le había preparado una sopa, pero el hambre era mordaz, una sopa durante todo el día, Irina se la había dado en la noche para que pudiera dormir profundamente, sin embargo el plan no funcionó porque Yuri era un niño, un niño con hambre. Y era normal que llorara y pidiera comida.

-¡Calla a ese mocoso! -el hombre gritó desde el sofá en el que estaba dormitando.

-Tiene hambre papá -tenía un nudo en la garganta, se sentía impotente y miserable, era una niña. Ella también tenía hambre, pero primero y como siempre pensaba en su pequeño hermano.

Siempre había sido así para ella desde la muerte de su madre.

"Primero todos, luego yo"

-Si no lo silencias, lo haré yo -Irina sabía que eso no era una amenaza, era una advertencia y tembló de miedo.

La pequeña intentó de mil maneras hacer que Yuri se durmiera, le dio agua caliente con azúcar, jugaron un rato, pero fue imposible distraerlo. Su padre se levantó furioso y lo golpeó tanto que el pobre niño estuvo dos días en el hospital, del que tuvieron que huir, porque no había modo alguno de pagar la cuenta.

Desde ese día, eran solamente Yuri y ella. Desde ese día, Irina trabajaba todos los días a todas horas, para poder sobrevivir.

-Ya me voy -se despidió de su jefe en la cafetería. A ese lugar llegaba a las 3 de la tarde para tomar el turno largo, la paga no era la mejor, pero era un trabajo estable.

Para llegar hasta allí, tenía que hacerlo en su motocicleta, porque era lejos y salía muy tarde en la noche, el peligro estaba en todas partes, de allí viajaba otros 30 minutos hasta la construcción en la que era recibida por un hombre canoso que le abría la oficina en la que le dejaban las hojas de cálculo que debía organizar todos los días.

Ese último trabajo, era temporal, mientras que la mujer que se encargaba de eso en el día regresaba a su lugar, pues había tenido bebé recientemente. Estaba profundamente concentrada en mi tarea cuando escuchó un par de gritos afuera, lo que era extraño, pues era una zona en construcción, así que no era usual escuchar ruido en la noche. Menos con el invierno en las temperaturas que estaba, nadie trabajaba en ese frío.

-¡IRINA! -Su hermano, el pequeño Yuri era el que estaba gritando.

Salió corriendo de la oficina sin ponerse el abrigo pesado que la calentaba, solo llevaba el gorro. Se di cuenta que el hombre que le abría la puerta siempre estaba golpeado e inconsciente en el suelo.

¿Qué carajos estaba pasando?

-¡IRINA, AYUDAME! -podía escuchar el dolor en la voz de mi pequeño Yuri.

Lo busco con premura y entonces la imagen la horrorizó.

El pequeño Yuri traía la cara llena de golpes, sangre en la camisa y apenas si estaba abrigado.

-¡¿Qué carajos pasó contigo?! -Irina miraba por todas partes a su hermano y su corazón dolió, ella solo quería que el joven fuese feliz.

Ella solo quería que su hermano tuviese una vida diferente.

-Es... Pa-Papá. Llegó ebrio a la casa y como no le abrí intentó entrar por todos los medios, me golpeo y yo... solamente logré escapar.

-¿Qué dijo? -la pregunta era concreta porque sabía que su padre no iría a casa de no necesitar comida o dinero.

-Es-esta en problemas, dijo que necesitaba la camándula de mamá y...

-¡Carajo! -Irina sabía el costo de la camándula, eran perlas genuinas, esmeraldas y oro.

Ella sabía que su padre lo cambiaría por 3 centavos.

Pero también sabía que si iba a casa, perdería el trabajo que le estaba ayudando a llegar a fin de mes.

-Yuri, yo...

-Es la camándula de mamá, esta rompiendo toda la casa Ina -así era como el chico le decía a su hermana.

-¡Vamos!

Irina se puso el abrigo y encendió la moto, Yuri se sentó a sus espaldas y ambos aceleraron tan rápido como la moto y el frío se los permitía. Cuando se fueron acercando a casa se dieron cuenta del tumulto de gente que había allí, muchos solamente mirando, otros riéndose de las vieja casa de los Smirova.

La rubia dejó la moto medio puesta en la calle y entro corriendo a la casa. Sus ojos se llenaron de lágrimas y de ira, el lugar era un desastre, ella de por sí ya hacía un trabajo duro tratando de mantener todo en su lugar y las paredes de pie, pero su padre había destrozado cuadros, sillas y mesas, la cocina ya no era una cocina, algunas partes del viejo piso de madera estaban levantadas, las escaleras que conducían al segundo piso y las habitaciones estaban rotas, todo era un caos.

-¡¿Dónde está?! -Gritó con violencia el padre de Irina que estaba ebrio.

-Vete -ella apenas susurró mientras alzaba del suelo varias cosas que ya no tenían arreglo.

-¡Entrégamelo!

-Vete -seguía sin alzar la voz, ya estaba bastante avergonzada del espectáculo y de los vecinos mirando y cuchicheando.

-¡Es mío y lo quiero! ¡Dame la maldit@ camándula!

-No, quiero que te vayas -Irina tenía lágrimas en sus ojos, una de sus manos sostenía con fuerza un pesado jarrón que no había caído del todo al suelo y la otra era un puño de nudillos blancos.

No quería usar la fuerza, pero no se iba a contener mucho más.

-¡Eres una put@ igual que tu madre! ¡Necesito esa cosa o me van a matar!

-¡Y a mi me importa una mierd@ si te matan o te mueres! -Ya no pudo contenerse más-. ¡Quiero que te largues y nos dejes en paz, viejo maldit0! Solo vienes a jodernos y a destruirnos, mira lo que hiciste -Irina le señalo el lugar, pero eso solamente pareció enfierecerlo más.

Al punto de que el grande y gordo hombre con aliento a Vodka y pescado se abalanzó sobre ella. Yuri chilló y tiró de su hermana, pero ella lanzó el jarrón sobre la cabeza de su viejo padre, sin embargo eso no fue suficiente para detener la violenta actitud del hombre que terminó con el puño cerrado sobre el rostro de Irina, la chica golpeó el suelo con su trasero y Yuri se metió entre ella y el hombre para protegerla de la patada que estaba por lanzar al abdomen de su hermana.

Pero ella con la fuerza que solía caracterizarla logró empujar a Yuri y recibir la patada en la espalda, cayó de rodillas intentando buscar el aire, su hermano la tomó del rostro y ella se sintió decepcionada, por primera vez sintió que la vida era mucho más grande que ella y que ella había sido una inútil incapaz de mantener a su hermano a salvo, tal como se lo había prometido a su madre.

-Per-perdóname pequeño -su hermoso rostro estaba lleno de lágrimas y su hermano lloraba junto a ella.

Fueron separados por el nuevo ataque de su padre, que tiró de la melena y larga rubia de Irina hacía atrás, dejando su rostro al descubierto y arrastrándola por el suelo, le pegó un par de bofetadas que hicieron que sus oídos se ensordecieron y solamente permaneciera allí un pitido incómodo que no la dejaba conectar con la realidad.

-¿Dónde? ¡Dime dónde está! -Irina levantó la mirada y vio a su hermano tirado de nuevo en el piso tocándose la mejilla.

-N-no lo sé -estaba mintiendo.

-¡Mientes! -gritó el hombre aún más desesperado y volvió a golpear el rostro de Irina que para ese momento ya sangraba.

La lanzó como si fuera un saco de papas y luego la pateó un par de veces más, la rubia estaba muy lastimada, pero extrañamente seguía teniendo fuerzas para al menos intentar ponerse de pie.

-Ve-vete, por favor -estaba suplicando por paz, una que nunca le habían dado.

Por que a Irina la vida no le había dado tregua.

-Entrégame

Pero la voz de su padre fue interrumpida por aplausos.

Sí, aplausos lentos, fuertes, medidos, uno a uno, era más bien como un conteo.

Un hombre alto, muy alto, entró a la casa y se puso de pie junto al umbral, miró despectivamente a Yuri y lo sacudió con el pie para saber si estaba vivo, dejo de hacerlo cuando el chico gimió.

Por un momento, Irina que había abierto los ojos pensó que había muerto y estaba viendo a un ángel, uno con tatuajes hasta en el alma, pero un ángel al fin y al cabo.

-Se-señor -su padre comenzó a titubear.

-Dmitri, Dmitri, Dmitri -dijo el hombre que caminaba por el destruido lugar con elegancia y altivez, mirando y despreciando al mismo tiempo-. Tenías hasta las 11 de la noche para entregarme lo que me debes y viniste a refugiarte a este moridero.

-No, no es lo que usted cree, tengo el dinero pero...

-Entrégamelo entonces -el hombre se arrodillo junto a Irina, la tomó del rostro sin un ápice de delicadeza, lo observó con atención, limpio la sangre que salía de su labio y ella que estaba petrificada no podía dejar de mirarlo.

hacía todo con una elegante pausa, tomándose su tiempo, paciente y meticuloso. Miró su dedo lleno de sangre y lo llevó a sus labios.

-Sangre fresca -dijo y ella solo pudo tragar el nudo en su garganta.

-Irina, entrégame

-Vete a la mierda -Irina dijo con los dientes apretados y abrazando sus costillas con dificultad para ponerse de pie.

-¡JA! -dijo el hombre rubio-. Tiene carácter, ¿quién es?

-Mi hija.

-¡Vaya, vaya! -Se acercó a Irina que retrocedió sobre su trasero porque aún no podía ponerse bien de pie y estaba asustada por la mirada fría de ese hombre-. Tu padre me debe dinero, mucho dinero, si el dice que tu lo tienes entonces debes pagarme.

-¿Qui-quién? -pregunto ella y el hombre pareció no entender.

-¿Que?

-¿Quién te debe el dinero? ¿Mi padre o yo? -Una sonrisa ladina, sensual, pero malévola se pintó en los labios del rubio.

-Entonces me cobraré la deuda con una vida.

Irina abrió los ojos asustada, sorprendida, perdida y vencida.

Por primera vez en sus 20 años de vida, Irina se sintió vencida por la vida. Dejó caer una lágrima por su mejilla y el hombre la tomó entre sus dedos, la bebió y se acercó al padre de Irina.

-Dos meses te di para reunir el dinero, pero en lugar de trabajar y pagar te fuiste de bar en bar, a meterte con cuánta put@ se te atravesó por delante. Me dijiste que era para tus hijos el dinero, para comida y pagar esta... casa -Irina que ya había logrado acercarse a su hermano quedó suspendida en el tiempo al escuchar la bajeza de su padre, por haberlos usado para obtener dinero que ahora no podía pagar o que pretendía pagar con lo único que les quedaba de su madre-. Sin embargo llegó aquí y tu casa es un desastre y tus hijos parece que llevan semanas sin probar bocado. ¿Qué hiciste Dmitri? ¿Por qué me mentiste? -En ese punto el hombre ya lo sostenía del cuello con una sola mano, lo estaba asfixiando y sus ojos se estaban apagando.

Irina estaba asustada, frente a sus ojos un hombre estaba acabando con la vida de su padre, de su verdugo, del hombre que debía protegerla y la había abandonado, su hermano la abrazó con fuerza y ambos lloraban.

-Sabes que no soporto a los mentirosos -el hombre soltó a su padre y lo dejó caer-. Así que vamos a jugar un juego.

Sacó un arma, levantó una mesa y una silla. Sobre la mesa colocó el arma y se sentó en la silla. Irina y Yuri estaban abrazados en una esquina y su padre en otra.

-Dmitri, tu o tus hijos.

-¿Qué? -el hombre pareció recobrar el sentido, dejó caer lágrimas y miraba a sus hijos que ya no lloraban, solamente parecían esperar el disparo en medio de sus cabezas.

-No me vas a dar el dinero, tu hija tiene más b0las que tu y no me va a entregar eso tan preciado con lo que puedes pagar, así que no pienso perder mi tiempo. Te mueres tu o se mueren ellos.

-Por favor, yo...

-Entonces serás tú.

El hombre tomó el arma y disparó.

Fue un sonido seco, no había eco, pero parecía que no salía de los oídos de Irina y Yuri que miraban el cuerpo de su padre muerto en el suelo, un hilo de sangre salía de en medio de su frente y parecía que había muerto mirándolos a ellos, sus ojos tenían una triste expresión como si les hubiese estado pidiendo perdón. Era un silencio desolador, no había vida más que muerte allí en ese lugar.

Era como si el tiempo se hubiese congelado.

-Arriba -fue una orden del hombre que tenía una voz gruesa y ronca. Esa orden los sacó de su estado de trance, parecía que les había dado tiempo para asimilar todo aquello, pero en realidad habían pasado menos de dos minutos.

Dos hombres entraron a la casa, uno tomó a Yuri separándolo de Irina y como en cámara lenta los jóvenes empezaron a pelear por intentar permanecer juntos, pero es que las fuerzas no les daban, ni las energías.

Ambos lloraban como si fueran pequeños cachorros abandonados, se necesitaban y era todo lo que tenían.

Irina vio como el rubio se acercó a su hermano y lo golpeó en la cabeza dejándolo inconsciente y luego a ella.

La miró fijamente, buscando algo, intentando descifrar algo, limpio de nuevo las lágrimas que no la estaban dejando ver bien y del mismo modo que a su hermano, un golpe de esa tatuada mano fue lo que la puso a dormir.

Salieron de la casa y por una especie de acto de cortesía y burla el hombre cerró la puerta de esa vieja casa, todos los vecinos miraban y murmuraban muy bajito, de pronto el hombre levantó sus ojos a los curiosos y el lugar se llenó de miedo en un segundo y fue cuando esas personas sintieron verdadero terror.

EL hombre río y se despidió con un simple movimiento de cabeza.

-Súbanlos a mi auto.

-Señor, son deudores -dijo un hombre joven.

-Y me van a pagar, eso es cierto. Aunque aún no se como -levanto el rostro de Irina en dirección al suyo y parecía buscar algo más.

Chasqueo con su lengua y dio una sonrisa ladina y macabra.

-Llévenselos. Ya sabes que hacer Poseidón.

Capítulo 3 3. LA NIÑERA

Sus ojos estaban fijos en Irina, la miraba y se reía.

No dejaba de mirar a la chica que estaba sentada y cabeceando.

Estaba esperando a que ella dijera algo, pero Irina parecía que a duras penas estaba regresando a la realidad.

Cuando ella al fin abrió los ojos, el rubio le dio una sonrisa.

-Buenos días.

-Yo...

-¿El bruto de tu padre nunca te enseñó buenos modales? -se inclinó hacía adelante para enfrentarla.

-¿Dónde...

-Necesitas... educación -se mordió los labios cuando terminó de pronunciar aquello.

-Necesito salir de aquí -habló mirando a su alrededor, la luz de la mañana la estaba lastimando, sin embargo fue imposible no sentir el calor de aquel lugar, nada parecido al de su fría y vieja casa-. Mi hermano, ¿dónde tienes a mi hermano?

Estaba molesta, dolida, cansada, frustrada también.

¿Por qué cuando sentía que iba saliendo de un problema llegaba otro?

¿Qué necesidad tenía la vida de hacerla sufrir de esa manera?

¿Qué le había hecho ella a la vida?

-Está vivo si es lo que quieres saber.

-¿Pero está bien?

-Eso es una pregunta diferente.

-¿Qué le hiciste? -Irina intentó ponerse de pie, pero las costillas quemaron haciendo que cayera de rodillas por la intensidad del dolor. El hombre la vio caer y no se movió ni un segundo por compasión.

-Nada realmente -dijo sin importancia.

-Mi hermano -preguntó de nuevo, esta vez más demandante y poniéndose de pie, pero seguía manteniéndose encorvada por la intensidad del dolor.

-Está en la enfermería, su cuerpo no pudo manejar los golpes igual que tu, es débil -afirmó con un deje de burla en su voz.

-No come bien.

-Tu tampoco -le miró de pies a cabeza, haciendo que se sintiera intimidada.

-Tengo que ser fuerte por los dos, él es solo un niño.

-Tienes que ser fuerte por ti.

-Quiero irme -Irina no quería discutir nada más con aquel hombre.

-Cuando me pagues.

-Yo no te debo dinero, lo debía mi padre y anoche tu lo... -Irina se quedó en silencio porque estaba terminando de asimilar que su padre había sido asesinado ante sus ojos.

Pero lo que más estaba tratando de asimilar era que aquello parecía no afectar del todo. Era como si su padre simplemente no le importará.

La realidad era una muy diferente, lo que sucedía era que Dmitri nunca había estado para ella, pues había pasado buenos años en la cárcel, luego de salir había embarazado a su madre de yuri y cuando el niño nacido está enfermo, nunca fue un padre presente y mucho menos responsable, siempre bebía y peleaba, se metía en problemas y a veces golpeaba a su madre.

¿Por qué? Era algo que nunca supo y evidentemente con su padre muerto tampoco lo sabría.

Muerto o no, ella tendría que seguir trabajando por su hermano para que no tuviera un vida como la de ella, para que al menos saliera de ese lugar y se fuera a estudiar lejos de allí, lejos de la miseria.

-Señor, por favor.

-Jasha -dijo mientras encendía un cigarrillo.

-Señor...

-Me llamo Jasha, no me gusta que me llamen de otra manera.

-Ja-Jasha, quiero irme, quiero ir por mi hermano.

-Tu hermano tiene varios huesos rotos, está muy bajo de peso y...

-Ambos sabemos la clase de negocios que usted hace, no es bondadoso ni bueno porque sí y ambos sabemos también que yo no tengo nada que ofrecerle, no tengo dinero ni...

-Tu hermano es un genio para las computadoras.

-¡¿Qué?! -Irina parecía no saber de lo que estaba hablando.

-No le toma demasiado cambiar las notas, entrar a correos y hacer cosas que un chico de su edad no debería estar haciendo.

-No, Yuri no...

-Poco o nada me interesa si me crees o no, tu te puedes ir, pero con tu hermano me quedo yo.

-¡Usted...

-Le puedo dar todo aquello de lo que tu no has sido capaz en estos 16 años que tiene el chico. Acá va a tener comida, una cama caliente, estudios, dinero, mujeres si así lo quiere...

-Y una bala en la cabeza -afirmó fríamente Irina.

-La muerte es inevitable.

-La muerte es inevitable, pero para hombres como ustedes la muerte es como el desayuno cada mañana, nunca falta en la mesa.

-Sin embargo en tu mesa pocas veces podías poner un desayuno decente.

Irina apretó sus puños dejándolos blancos, miro al suelo y se sintió decepcionada de sí misma, de alguna manera el hombre tenía razón, ella no había podido ayudar realmente a su hermano, pero tampoco era tan tonta como para dejarlo en las redes de un criminal como ese.

-Te voy a dar dos opciones.

-No pienso obedecerlo.

-Te quedas y esperas a que tu hermano se recupere y decida por si mismo que quiere o te vas y nunca más vuelves a ver a tu hermano -el rubio apagó el cigarrillo para encender otro enseguida-. Y mira que estoy siendo amable contigo mocosa, si se me diera la gana te habría enviado a pie y descalza hasta tu casa.

-¿Entonces porque no lo haces?

-Porque si quiero que tu hermano se quede, tengo que ganarme su gracia y tratarte mal no parece una buena opción, por lo que vi ustedes son...

-Familia.

-Eso.

-¿Puedo quedarme con él? -la pregunta lo tomó por sorpresa, no pensó que ella fuese a aceptar tan rápido.

Definitivamente Jasha no tenía idea de la seguridad de Irina, no tenía idea de que ella era tan inteligente como él y que si estaba dispuesta a esperar por su hermano, era porque sabía que su hermano iba a negarse a semejante propuesta.

-Pasen -Jasha llamo y tres hombres entraron-. Llevenla a la habitación del chico, que le traigan ropa y lo que pueda necesitar.

Irina estaba saliendo de la oficina escoltada por esos hombres cuando Jasha habló de nuevo.

-Estaba en la moto, ¿verdad?

-¿Qué?

-Lo que tu padre buscaba, eso tan valioso, estaba en la moto -Irina sintió que un frío perturbador y despiadado la recorría por completo.

-No -le dijo y le dio la espalda cortantemente, sin saber que él ya había obtenido la respuesta que sabía con certeza.

Aunque no le importaba que era lo que buscaba el padre de Irina, le gustaban los acertijos y acababa de resolver uno muy sencillo.

La llevaron por varios pasillos, uno de los hombres se fue y el otro abrió una puerta, la metieron a una habitación gris, que no tenía nada.

-En un momento vendrán las mujeres a organizar el lugar.

Le cerraron la puerta en la cara, lo que desesperó a Irina y la llevó a tomar una actitud no tan tranquila, golpeó la puerta varias veces y maldijo, pateó y gritó, arañó y gritó de nuevo. Pero nada, no había respuesta. Lo único que le quedó fue un dolor intenso en la garganta, las uñas y las costillas que estaban bastante golpeadas.

El frío aumentó, porque el tiempo transcurrió y con ello la noche pasó a la madrugada.

Se hizo un ovillo en una esquina, sus labios temblaban y sus dientes tenían un rítmico castañeo, podía escuchar el sonido que hacían afuera, sus manos estaban congeladas y no las podía mover. Poco a poco, sintió que sus ojos se cerraban, no por sueño, era cansancio.

-Llevenla con su hermano.

-Sí, Jasha

-Prometiste no volver a hacerlo, Jasha -la voz de la mujer pudo sorprenderlo, pero él sabía que su madre que era la matriarca de la casa no se le escapaba nada.

-Madre -saludó cortésmente.

-Es una niña.

-Solo era un prueba de resistencia.

-El trabajo se queda fuera de casa, fue nuestro acuerdo.

-Estoy buscando personal.

-Jasha...

-Es mi trabajo madre, necesito gente dura trabajando para mi, el hermano de esa chica es el cerebro y ella es la fuerza.

-Tu hijo está corriendo por los pasillos de esta casa.

-Y en unos años tendrá que hacerse cargo de todo, tal como lo hago yo y como lo hizo mi padre y el padre de mi padre.

Jasha dejó a su madre allí plantada sin decirle mucho más, fue tras Irina y observo detenidamente que ambos chicos quedarán correctamente acomodados en el lugar, pidió mantas extras para ella y que encendieran la calefacción de la habitación.

-Traigan la moto de la chica.

-Señor es chatarra.

-No te estoy preguntando si te gusta o no, trame la jodid@ moto -por alguna razón la curiosidad pico a Jasha, algo que no era común en él.

Se marchó de allí viendo como los chicos parecían dormir plácidamente.

Y durante varios días estaban solamente dormitando y existiendo, Yuri sobrevivía por el suero en sus venas mientras que Irina se levantaba comía poco y seguía durmiendo.

-¡Irina! -escuchar la voz de Yuri, aunque no lo podía ver, la tranquilizo.

Su cuerpo se calentó poco a poco y su mente pareció conectar de nuevo con la realidad, por ese par de días Irina se tomó el tiempo de dejar de pensar.

-Irina, hermana. Despierta -Yuri estaba sacudiendo su cuerpo y con un dolor de cabeza penetrante fue abriendo sus ojos poco a poco, volviendo a la realidad.

-Yuri -lo saludó y le dio una pequeña sonrisa.

-¡Hermana! -el chico la abrazo y aunque estaba molesta, le correspondió el abrazo. Su hermano seguía con vida y eso era algo para agradecer.

-Tenemos que irnos de aquí -le dijo mientras le acariciaba las mejillas que parecían más regordetas.

-Yo... Irina, creo que... -cuando Irina escuchó las palabras titubeantes de su hermano, se dio cuenta que se había despertado demasiado tarde o que tal vez Jasha había llegado muy rápido ante su hermano.

-No me importa que te dijo ese hombre, no lo vas a hacer, no vamos a quedarnos aquí, no pienso dejarte con estos criminales.

-Irina, la casa está destruida, el invierno ya viene y...

-Son criminales, Yuri, son asesinos, venden dr0gras, personas y...

-Irina, lo siento -el chico bajó sus mirada-. Soy tu hermano menor, pero no soy tonto, estás cada día más delgada y pálida -la voz del chico se quebró-, todo lo que compras en comida me lo das, pagas la deuda de la casa, semana a semana y...

-Y lo vamos a lograr, Yuri -ella le limpió las lágrimas a su hermano-. Un mes, falta un mes para saldar la deuda de intereses. Luego todo va a ser mejor, pero tu...

-Acepte -la interrumpió para no dejarla hablar más.

-Yuri -Irina se recostó nuevamente, sintiendo como la cabeza le daba vueltas.

-Tendremos comida, un techo caliente sobre nuestras cabezas, protección y...

-No, tu no lo entiendes, vas a trabajar para un criminal.

-Irina, me has cuidado por 16 años, déjame hacer mi parte.

-No puedo... Yo...

-Trajeron la moto esta mañana, nos van a dar una pequeña cabaña con dos habitaciones, debo trabajar en el momento que se me pida y hacer lo que se me pida sin protestar, tu debes quedarte en casa hasta que yo acabe.

-¿Cuándo vas a acabar?

-Cuando Jasha así lo decida.

-Quiero... Necesito pensar Yuri.

La rubia se recogió sobre sus piernas, se puso de medio lado y cerró los ojos, no estaba durmiendo estaba pensando que tenía que buscar la mejor manera de sacar a su hermano de allí y huir de Rusia.

Un par de horas más tardes los llamaron y les ordenaron que se pusieran la ropa que había en los armarios de cada uno, debían bajar y presentarse ante Jasha.

La elegancia del lugar los sorprendió a ambos, nunca sus ojos habían visto tanta belleza, un comedor para 12 personas en el que solamente habían sentadas 3. Jasha, una señora muy elegante y un niño pequeño. El pequeño parecía haber estado llorando y aquello conmovió un poco a Irina.

Su gran sueño siempre fue ser profesora, pero eso no era más que una ilusión en ese momento.

A pesar de que el lugar estaba caliente, ella parecía seguir sintiendo un frío brusco, quería un abrigo.

-Sobrevivieron -el comentario sarcástico del hombre la exaspero.

-¿Qué le dijiste a mi hermano?

-Lo mismo que te dije a ti.

-Jasha -advirtió la mujer mayor.

-No se habla de trabajo en esta mesa, los mande llamar para que cenarán junto a nosotros y para que Yuri vea que no miento, siempre cumplo lo que prometo.

-No tenemos hambre -advirtió Irina tomando a Yuri de la mano que ya estaba moviendo la silla para sentarse, pues los platillos sobre la mesa lo estaban tentando.

-Es obvio que tienes hambre, niña -dijo la mujer que servía un poco de sopa en el plato del pequeño.

-Gracias, pero...

-Tu hermano ya acepto, te sientes o te vas... junto a tu padre -Irina abrió los ojos de par en par, aquello era una clara amenaza a su vida.

Yuri tomó asiento en el lugar que una de las mucamas le indico, mientras que a Irina la sentaron junto al pequeño que solamente jugaba con la cuchara entre la sopa.

-Coman -dijo Jasha molesto y exasperado.

Todos en el lugar comieron, lentamente, en silencio, los olores de la comida llenaban el salón, Irina había llevado pocas cucharadas a su boca mientras que su hermano iba por la tercera taza de sopa.

-¿Hace cuanto no comes? -el niño preguntó como si fuera la cosa más natural.

-¡ALEK! -El gritó de Jasha acompañado de un par de golpes a la mesa asustó a todos los presentes, Irina llevó sus manos y brazos al niño y lo rodeo.

-Es una pregunta obvia -dijo la rubia-, mi hermano está comiendo como un cerdo y él es un niño curioso.

Jasha río y se puso de pie, el silencio se podría cortar con el filo de una hoja de papel, todos estaban quietos en su lugar. EL hombre se puso de pie y rodeó la mesa hasta llegar junto a Irina, sin tocarla pego sus labios al oído de ella y habló.

-Nunca más, en tu put@ vida vuelvas a desautorizarme enfrente de mi hijo. Te juro que no me importa si estamos en la maldit@ iglesia, allí mismo te meto una bala en la cabeza.

Sentío como el pequeño niño tiraba con cuidado de su brazo.

-Pudrete -Irina le contestó en igual tono, molesta y sin miedo.

Jasha no dijo nada, llevo su ágil mano al arma que reposaba en su espalda, cargada y lista esperando para ser activada y liberada de su seguro.

-¡No! -Dijo Olga, la madre de Jasha, tomando la mano del hombre y clavándole las uñas rojas perfectas-. Es perfecta.

-Madre, no...

-¿Acaso no te diste cuenta de lo rápido que cubrió a Alek? -Jasha era observador y sí, por supuesto que había notado la agilidad con la que Irina protegió al niño ante su grito de rabia.

-No la quiero junto a mi hijo, ese brazo tatuado y esa actitud...

-No te estoy preguntando -la mujer lanzó la servilleta sobre la mesa-, ya no puedo cuidar más de Alek.

-Seguiré buscando -dijo Jasha casi retando a su madre.

-Y yo voy a envenenar a todas y cada una de las mujeres que traigas a casa -Irina trago grueso-, ella es idónea, después de todo ya metiste a su hermano en esto, ella puede trabajar también en lugar de esperar en esa cabaña por su hermano como si fuera un reo.

Con la elegancia que había mostrado, se retiró del comedor, dejando a los cuatro comensales en silencio y fríos.

Al parecer si había alguien que pudiese doblegar al malvado hombre.

-A partir de mañana serás la niña de Alek, solo debes cuidarlo, de su crianza me encargo yo.

-No.

-¡CARAJO! -El grito de Jasha los hizo brincar a todos de nuevo por el miedo de la furia en su voz-. Deja de creer que te estoy preguntando si quieres algo o no. Es una m@ldita decisión, empiezas mañana, el niño despierta a las 6:30 y su primera lección es a las 7:30. Tienes una hora para darle el desayuno y tenerlo listo.

Irina trago grueso, pues aunque estaba por pelear, por decir de nuevo que no, siento esas pequeñas uñas y esos deditos pequeños clavarse en su piel, el niño estaba llorando en silencio, estaba contendiéndose por completo.

Y entonces ella no tuvo corazón para decir que no.

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