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SECRETO

SECRETO

Autor: : Andreita Kou1523
Género: Romance
Melissa Sandoval, hija de una pareja apreciada en el país, terminó su carrera de Psicología en una de las universidades más importantes del país. Su novio Santiago que solo tenía a escondidas de sus padres le propuso viajar por un trabajo, pero todo era parte de un complot para dejarla cerca de la capital de Madrid, como una de las bailarinas de un burdel clandestino, donde los adinerados la tomaban a cambio de un pago por estar en privado. Cinco años han pasado desde que el hombre amaba se fue, ahora con un hijo del bastardo dueño del lugar que la había violado. Juro por su vida que jamás volvería a entregarse a alguien por amor, toda la alegría la perdió el día que le destrozaron el corazón. Pero. ¿Habrá algo de esperanza en su vida cuando conozca a Miguel, el chico que cambiará su forma de ver la vida? ¿Cómo actuará para evitar que la rechace si se entera de su actual vida?

Capítulo 1 No se tu nombre

Era de noche nuevamente en Salamanca, España, la gente de aquel lugar estaba preparada para atender a los hombres que llegaban a satisfacer los deseos carnales con las bailarinas que se ofrecían al mejor postor, Melissa Sandoval, una chica rubia de ojos azules, de 25 años de edad, estaba en aquel asqueroso sitio a causa de una trampa que le fue tendida por su ex novio, estaba lleno de millonarios que solo buscaban complacerse con ella, era la más solicitada por su exorbitante belleza.

La vida de esta joven era muy difícil desde hace ya años atrás, donde con engaños fue llevada a otra ciudad por quien creía era el amor que siempre deseo y por el cual daría su todo, pero estaba muy equivocada.

Sus lágrimas no paraban al recordar lo feliz que era cuando era una chica libre en su ciudad, con la mayor motivación de culminar sus estudios de Psicología.

Estaba nostálgica de solo recordar aquella conversación con el mejor de sus maestros.

―Nada de lo que dijo se cumplió Profesor, soy solo una vergüenza para mis padres.

Solo saber que confiar en un mal tipo la llevo a lo más bajo la deprimía demasiado, más el saber que allí la trataban de la peor manera.

Pero solo deseaba luchar por una sola persona y ese era su pequeño hijo.

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Flashback

Cinco años atrás en Madrid.

La alarma de su despertador sonó fuerte como siempre, su madre la esperaba abajo para el desayuno.

Pero la pereza no quería dejarla salir de su cama.

― Melissa por favor, se te hará muy tarde para ir a la universidad.

― ¡Ya voy mamá! ―Grito aun dentro de las cobijas.

― Recuerda que hoy es el último día y debes presentar esos exámenes para que encuentres trabajo rápidamente. ― Dijo su padre bajando al comedor.

De un brinco reacciono y se metió a bañar, no sin antes saludar a su madre y comer un delicioso bocado de su desayuno.

La rubia era hija única de Marcela y Eduardo Martínez, respetados por toda la sociedad de Madrid.

― Tengo que irme o se me hará muy tarde, los quiero Papá y Mamá. ― Dijo besándolos rápidamente a ambos.

Ya en la escuela de psicología de la universidad estaba muy nerviosa contestando todas las preguntas de su examen.

― Espero que todo esto esté correcto, lograre mi objetivo de ayudar a mis padres y ser su orgullo. ―Beso la hoja y se levantó llevándoselo a su maestro.

― Espero buenos resultados señorita. ―Profesor Hugo Ruiz.

―Desde luego que los vera profesor. ― Sonrió un poco llena de nerviosismo.

― Sabes que siempre te di mi confianza y quiero verte dando el discurso de graduación.

― Así será. ― sonrió y se marchó.

después de haber salido de sus exámenes estaba en la cafetería de su amigo Andrés esperando a su novio.

― Dime ¿Cómo crees que te fue Melissa? ―Andrés llego sirviendo una taza de chocolate con un plato de sus galletas predilectas.

― Siendo sincera Andrés, creo que muy bien, estudie cada día con dedicación desde el inicio y sé que es un resultado excelente. ―Melissa suspiro llena de felicidad.

― Me alegra mucho. ―Andrés sonrió y ella también.

― Iré a llevar los pedidos a otras mesas, si necesitas algo me dados.

― Claro―Melissa comenzó a comer esas ricas galletas con tanta emoción.

Un instante después la rubia estaba revisando algunos apuntes para saber si había acertado, al parecer por su risa así era.

Un apuesto joven castaño entro a la cafetería divisándola feliz, Andrés lo noto y se puso serio, jamás en su vida lo había visto.

Se sorprendió demasiado de ver que este se le acercaba a su amiga con un beso despampanante y sin vergüenza que lo vieran los demás.

― ¡Santiago amor mío! ―Melissa lo abrazo.

― ¡Mi amada Melissa! ―Santiago la abrazo besándola nuevamente.

―Creí que no vendrías―Dijo con mirada de amor y cariño.

― ¿Cómo no vendría? si es tu día importante. ― Santiago le beso sus manos.

El chico no podía creer que su amiga tuviera novio, siempre era una chica inteligente y dedicada al estudio.

― Andrés. ¿podrías llevar unos pastelillos a mi mesa? ― Melissa dijo acercándose a la estancia.

―No sabía que tuvieras novio. ―Andrés estaba serio.

―Perdón por no contártelo, ni siquiera papá y mamá lo saben. ― La chica estaba avergonzada.

― ¿Cuánto llevas con él? ―Se acercó susurrándole serio.

― Poco más de tres años. ―Melissa estaba sonrojada.

― ¿Que? ―Andrés se exalto.

― Lo sé, pero debería seguir una vida normal, no podía llegar a decirle a mis padres, él aun no quiere porque primero debe encontrar un gran trabajo como solista. ―Melissa miro de reojo a Santiago avergonzada.

― ¡Creo que mentirles a tus padres está muy mal! ―Andrés la miro con enojo tomándole la mano.

― ¡Lo sé, pero lo amo y no lo cambio por nada! ― Le sonrió tomando la orden llevándola a su mesa.

:::

:::

En esos mismos años, en un lugar de Salamanca un chico de cabello negro, ojos azules, excelente estado físico muy guapo, su nombre era Miguel Duarte, recién llegaba a su nueva casa en Salamanca, era una hermosa propiedad cercana a la playa.

El joven de 19 años de edad decidió independizarse de su familia al finalmente culminar su carrera de abogado y aunque su padre tenía un prestigiado bufete prefirió comenzar por su cuenta, ya que no quería ser reconocido por los logros de su padre.

Además su vida habia tenido un rechazo rechazo amoroso que lo hizo dejar susu verdadera vocación de cantante.

― ¿Bien amigo aquí comienza la loca aventura sin el apoyo de tus padres? ―Jake, un chico ingles de cabello platinado y ojos verde esmeralda, primo lejano de Miguel.

― ¡No empieces con eso! sabes que vine a Salamanca para que él no sea mi competencia y vea que soy bueno en esto.

― Miguel dijo algo cansado al llevar la última caja de sus cosas a la sala de estar.

― ¡Tampoco te enojes, te acompañare en esto amigo! ― Jake le dio la mano sonriente.

Los dos chicos terminaron de organizar su nueva casa para después ir a festejar con su nuevo amigo Erick. Los dos chicos que lo acompañaban eran sus primos lejanos, se llevaban demasiado bien.

:::

Días después a Melissa le llegó una carta en la que le decían qué había pasado sus notas, su carrera con un promedio excelente, esto la puso demasiado feliz ya que su sueño se había cumplido.

Era la más hermosa en su graduación más aun dando el discurso que su profesor con orgullo le había dicho, al finalizar todos aplaudieron con mucho orgullo de verla tan radiante y que ese sería su último día feliz después de que su Supuesto amor le propusiera algo.

― ¿Por qué no vienes conmigo a Salamanca? Hay alguien a quien podría interesarle tu excelente trabajo y promedio. ―Santiago.

―Pero. ¿Qué le diré a mis padres? No puedo llegar y decirles que tengo novio. ― Tenia nervios.

―Pero cariño no es necesario que le digas, podemos ir y probar si entras en su empresa, si no te prometo que yo iré a tu casa a pedir tu mano.

―Melissa estaba totalmente estupefacta cuando escucho aquella propuesta ni siquiera sabía qué decir.

― ¿Tu? ―Lo miro fijamente feliz.

―Sí cariño, quiero estar contigo todos los días de mi vida, por eso quiero que aceptes ir conmigo. ―Le beso sus manos.

―Santiago yo... ¡claro que acepto! ―Melissa lo abrazo feliz

El chico estaba más que complacido con su respuesta, comenzó a besarla y a desabotonar la blusa de esta, por un momento pasión los sedujo, pero después Melissa se alejó muy asustada.

― Por favor perdóname no estoy preparada para algo así. ―Melissa estaba más que avergonzada.

―No te preocupes cariño Llegará el momento en que puedas estar conmigo.

Melissa lo abrazó agradeciendo, pero esta se sintió algo enfadado ante su actitud.

Unos días después le conto a sus padres que iría a Salamanca por una propuesta de trabajo y que no se preocuparan que todo saldría bien.

Al llegar a Salamanca el chico la llevó a un hermoso departamento en el que compartirían juntos, si se quedaban allí, Melissa no entendía como tenía ese lugar si se supone que apenas estaba iniciando, él le dijo que un amigo suyo lo había ayudado y que también la podría ayudar, aceptó ir a buscarlo, aunque sea mientras se buscaba un trabajo estable no quería regresar a casa sin nada.

Al entrar a aquel lugar se encontró con que no era lo que ella esperaba sino un bar de reputación.

Estaba totalmente asustada, fue cuando unos tipos la atraparon llevándola a la fuerza hasta donde se encontraba un hombre qué le desgracio la vida para siempre.

Atada en la cama aquel hombre la comenzó a acariciar en todo su cuerpo, quería gritar, pero tapo su boca.

― Ahora entiendo porque quería el dinero Santiago, si es que eres una verdadera diosa.

Melissa trataba de alejarse, pero este le rompió aquella ropa que no le dejaba apreciar la belleza de su mercancía nueva.

Gritaba, pero nadie le ayudaba, se fue encima de ella; sin esperarlo la penetro tan fuerte que no soporto el dolor y comenzó a llorar.

― Si me gustas preciosa, Santiago es un buen negociador.

Melissa escuchaba esto y no lo podía creer, su más grande amor era un ser perverso y desquiciado.

Desde aquel momento juro odiar para siempre a todo hombre que se le acercara con intenciones amorosas, ya no deseaba entregar su corazón a nadie.

El amor que profeso a Santiago desapareció, dejando a una mujer envuelta en hielo.

Meses después, la rubia no tuvo más remedio que aceptarle sus cochinadas a Iván y comenzar a trabajar en el bar.

Pero un día se sintió demasiado mal que tuvo que ir de urgencias.

―Señorita Sandoval lo que usted tiene no es más que tres meses de embarazo.

La chica estaba estupefacta con aquella noticia. Fue a contarle a Iván y este pidió a golpes que abortara.

― ¡De ninguna manera lo hare!, ¡ni, aunque estaba loca dejare que le hagas daño a un ser inocente que no tiene la culpa de haber sido engendrado por un maldito como tú!

― ¡Perderé dinero si te quedas así!

―No te preocupes, después de esto puedo, empezar a consentir a tus clientes más que bailando. ―Le susurró al oído algo asqueada.

― ¿Quieres eso? ―Iván la tomo contra el pegándola.

―Si eso te alegra y mi hijo puede venir al mundo lo hare. ―Melissa fingía seducirlo.

―De acuerdo, la verdad es que solo tú puedes ser la indicada para ellos, eres una belleza, me pagaran mucho más.

"Si supieras lo que hare maldito infeliz, vas a haber deseado no meterte nunca conmigo"

―Algo más, no quiero que mi hijo sepa que tú eres su padre, no te acerques a él jamás, si lo haces no sabes de lo que soy capaz, tampoco lo hagas conmigo. ―Logro soltarse alejándose.

―Bien, además no quiero saber nada de ese bastardo tuyo.

Fin de Flashback

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Actualmente Melissa ya estaba lista en su habitación con el traje de bailarina para presentar su show de rutina que todos los asistentes del bar esperaban su turno para presentarse y fue cuando ese mismo hombre llegó enfurecido a buscarla para reclamarle su comportamiento repulsivo hacia lo que debía hacer.

― ¿Nuevamente estás llorando como tonta? –Iván era el nombre del tipo que la tenía prisionera.

― ¡Te he dicho mil veces que me dejes sola que no te me acerques! ―Melissa se alejó gritándole. Solo recordar sus asquerosas manos sobre ella le daba asco.

― Sabes que soy el padre de tu hijo y eso nunca va a cambiar, eres de mi propiedad desde que tu maldito noviecito te entregó a mí. ―Iván la amenazo.

― ¡Aunque seas el padre de mi hijo, eres un asco! ― Melissa le grito cerca de su cara.

El hombre la tomo del pelo haciéndola llorar del dolor, la arrojo al suelo amenazándola apuntándole con su arma para que saliera de una vez o la mataría.

Lo maldecía cada instante de su vida y siempre esperaba que ningún hombre la tocara con su método que hasta el momento estaba haciendo efectivo, así que salió y comienzo su show como todos los días desde hace 5 años esperando poder salir de allí en alguna ocasión.

Un hombre pago una suma conveniente, así la llevó a una de las habitaciones del sitio. Como siempre le llevaba vino para dormirlo; espero unos instantes para salir de allí con algo diferente a lo usaba.

Logró ignorar a los guardias del lugar cruzando varias cuadras lejos, pero no vio por donde iba; cruzo la cera sin fijarse que un freno en seco.

Miguel que lo conducía bajo rápidamente asustado y se impresionó con la belleza que está enfrente suyo.

Melissa del shock quedó paralizada y de un momento a otro se desmayó, el chico la atrapo de inmediato y no tuvo más remedio que llevársela a su casa.

::

La mañana siguiente, Melissa se movía relajada y dormía en la cama, algo que nunca había hecho desde que llego a esa ciudad.

― ¿Por qué esta tan suave mi cama? ―Se preguntó aun dormida. ―Debe ser que extraño mi hogar. ―Hablo y siguió durmiendo moviéndose entre aquellas suaves sabanas.

Y momento después se percató que no estaba con su hijo, se levantó sorprendida de estar en un lugar extraño, pero era algo en lo que siempre había deseado hacer realidad.

― ¿Estaré soñando? ― Abrió los ojos, se levantó de la cama, observando la hermosa decoración de la habitación.

Se acercó a la ventana en la que vio aquel mar tan azul, había un hermoso amanecer frente a ella.

― Si esto es un sueño que nadie me despierte. ­―Decía ilusionada recibiendo cada rayo de sol; la brisa movía su cabello, se sentía libre de sus penas.

― Qué bueno que despertaste. ― Miguel entro interrumpiéndole aquella ilusión soñadora.

―Sí, me siento feliz― Sonrió suspirando con los ojos cerrados.

Hasta que se dio cuenta que el chico estaba en la puerta de su habitación con una bandeja del desayuno.

Melissa se asustó mucho de descubrir a aquel hombre y se acorralo:

― ¿Quién eres y que hago aquí contigo? ¿Acaso me drogaste y me trajiste para acostarte conmigo? ― Sus nervios la hicieron hablar como loca.

― ¡Oye cálmate!, yo sería incapaz de algo así, solo te quise ayudar después de que casi te arroyo con mi auto anoche. ―Miguel.

― Es cierto. ¿Pero porque estoy aquí? ―Melissa pensó.

― Te desmayaste al verme, seguro fue por la impresión del susto o de conocerme.

―No es así, ¡seguro me impacte que casi muero! ―Dijo algo enojada.

―Por favor discúlpame por mi imprudencia, en cuanto te vi que te desmayabas no dudé en auxiliarte.

―Bueno, pues te agradezco tu hospitalidad, pero ya debo irme a mi casa. ― Tomo sus cosas para cambiarse en el baño.

―Espera, primero come este delicioso desayuno que yo mismo te prepare, si quieres puedes darte un baño, aquí te dejo una toalla y algo de ropa que fui a comparte hace un rato, espero te quede.

―Gracias.

Miguel sonrió y se fue para no incomodarla más, mientras que la chica se quedó anonadada con aquel gesto gentil de ese desconocido.

Saco de la bolsa un hermoso vestido rosa parecidos a los que usaba en casa, muy formal y adecuado para ella, eso la hizo sonreír abrazándolo.

Se fue a bañar, después se arregló como en sus días de universidad, solo se puso la gorra que traía con la que se cubrió la noche anterior, encima el suéter.

Bajo a la sala donde estaba el chico revisando algunas de sus cosas para irse a trabajar.

―Hola.

―Hola de nuevo, que bueno que ya estás bien, si quieres puedes sentarte.

―Solo escucha, te agradezco todo lo que hiciste por mí, pero ya es hora de que regrese a casa, te devolveré este vestido en cuanto llegue.

No quería por nada del mundo seguir allí, pues corria el riesgo que se enterara que era una prostituta.

― ¡Oye no seas así! no lo aceptare, fue mi culpa que te sucediera eso y solo quise ayudarte.

― Sé que fue algo gentil de tu parte, pero no quiero nada que no provenga de mi propio esfuerzo.

― Te lo pido, no te pongas en ese plan, más bien si quieres te llevo a tu casa.

― ¡No es necesario! ―Dijo un poco nerviosa.

―Insisto y así aceptare que regreses ese vestido.

―Bien entonces acepto.

Era la primera vez en tanto tiempo en que un hombre se portaba así con ella, igual a como conoció a su primer amor.

Unos minutos después Miguel la convenció de llevarla a su casa para disculparse por causarle inconvenientes.

Se quedó observándolo todo el canino por el retrovisor del auto, le pareció muy guapo.

―Eso no puede pasar de nuevo, no puedo confiar en nadie ni mucho menos en hombres. ―Dijo muy enojada en sus pensamientos.

― Bueno, ya llegamos.

― Te agradezco esto.

―De nada, de ahora en adelante si necesitas ayuda con cualquier asunto, me dices. ― Miguel le tomo la mano, este sintió un sentimiento que no supo explicar, así que la alejo y bajo rápido del auto sin despedirse.

Miguel quedo algo indispuesto al percibir su reacción, pero se quedó un rato más en aquel lugar.

― Presiento que ella tiene algún problema grave, ojalá pueda volver a verte, porque en verdad quede encantado con tu belleza.

Melissa llego a casa, cerró la puerta y se recostó en ella tan pensativa en ese guapo hombre, tanto así que sus lágrimas corrieron nuevamente por sus mejillas.

― ¿Ahora que tienes?

Melissa abrió sus ojos sorprendida de verlo, se levantó del suelo asustada buscando a su pequeño.

― Iván ¿Qué haces aquí?

―Vine a visitar a mi hijo. ― Estaba bebiendo una cerveza.

― ¡Te he dicho muchas veces que no te dejare verlo!, además ¡tú no lo quisiste al enterarte que estaba embarazada! – Respiro aliviada cuando lo vio dormido en su habitación.

―Entonces si no quieres que le ocurra algo dime ¿A dónde diablos te fuiste sin mi consentimiento? ― nuevamente la sostuvo fuertemente arrinconándola en la pared.

― ¡Suéltame maldito!

― ¡No permitiré que te vayas de mi lado, pague demasiado por ti, me das mucho dinero en todo este negocio, además eres mía!

― ¡Me das asco! ― Melissa grito fuertemente y lo escupió.

Este no soporto aquella agresión y le dio una fuerte cachetada en la cara tumbándola.

―Espero que no olvides que, si no estás en ese lugar, ese bastardo puede morir.

Melissa comenzó a llorar más fuerte que antes, tenía rabia de recordar su maldito encuentro con ese tipo.

Ahora sabía que debía cuidarse de ese sujeto después de su intromisión a su casa, sobre todo cuidar a capa y espada a su pequeño, fue a la habitación en la que estaba su hijo dormido tranquilamente entre las sabanas.

Se acostó a su lado dándole un beso, acariciando su rostro y besando sus manitas.

―A pesar de todo lo que me ha sucedido, eres mi mayor tesoro mi amor, contigo puedo soportar esto que estoy pasando. ― nuevamente lo beso para después quedarse dormida llena de paz al lado de su hijo.

El pequeño despertó ya a media mañana cuando el sol estaba dándoles desde la ventana en la cara, comenzó a mover a su madre para que despertara, ya que siempre lo hacía de esa manera.

― ¿Qué quieres mi amor? ― Hablo soñolienta.

― ¿Podemos ir al parque? ―Dijo con emoción saltando en la cama.

― ¿Ahora mismo? ― Abrió los ojos viendo a su pequeño ilusionado.

―Si por favor mamita.

Su mirada siempre la convencía, además tenía un poco de tiempo antes de regresar a lo que era su vida nocturna.

―Ve a cambiarte y nos vamos entonces. ―Lo beso en la frente.

El pequeño salió corriendo alegre a vestirse, mientras ella se quedó allí pensando en aquel chico guapo que la había salvado la noche anterior, tomo el vestido y sonrió recordando su acercamiento.

―Seguro debes ser igual a él, primero te portas como un ángel y al final me apuñalaras por la espalda. ― Arrojó lejos de ella aquella prenda que tanto le había gustado y se acercó a la ventana.

― ¿Dónde estarás ahora Santiago? Seguro estas seduciendo mujeres para que te den más dinero, yo te amaba de verdad―Se echó nuevamente a su cama queriendo llorar.

―Jamás volveré a abrir mi corazón a nadie. ―Abrazó fuertemente su almohada intentando que las lágrimas no cayeran por sus mejillas.

Pero su hijo apareció ya muy bien vestido, le preparo un delicioso desayuno y un rato después decidió llevarlo al parque en donde jugarían los dos por un rato y así distraería su mente de tantos problemas que tenia su trágica vida amorosa.

―Al menos sé que estás conmigo mi amor, no dejare que nunca nadie te haga daño, por eso necesito salir de este bajo mundo en el que él me metió. ¿Cómo lo hago? Si no hubiera sido por ese hombre, ya estuviéramos lejos de aquí.

―Toma mamita, esta rosa es para ti. ― Su hijo llego sacándola de su pensamiento deprimente.

―Gracias mi cielo. ― Le dio un beso en la mejilla sonriéndole.

―Es para que no estés triste, porque eres como ella, hermosa.

Melissa sonrió y lo abrazo muy feliz sin saber de quién provenía esa rosa.

Miguel era el responsable de todo aquello, la había seguido desde que la dejó en casa y notó que tenía un pequeño, ante la aparente distracción de Melissa se acercó al pequeño para darle una rosa roja muy hermosa, deseaba que se la diera a la rubia sin decirle que era de su parte.

El pequeño no dudo en hacerlo agradeciendo a ese joven desconocido por el afecto que tenia con su madre.

:::

Erick estaba en casa de Miguel esperándolo hace horas para revisar algunos documentos. Miguel llegó como si nada muy sonriente recordando la sonrisa que tuvo la chica al oler el aroma de aquella rosa , se sentó a su lado y lo miro.

― ¿Qué sucede? ― Se sentó notando la seriedad de su amigo.

―Hace tres horas que te estoy esperando en este lugar, llegas como si nada. ―Suspiró al verlo tan tranquilo.

― ¿Había algo pendiente? ― Habló pensativo.

―Por supuesto que si Miguel, me pediste muy furioso que terminara de revisar los casos que llevaremos ante el juez el próximo viernes y te marchaste muy enojado. ―Cruzó sus brazos.

― ¿Entonces los tienes listos? ― Encendió la computadora.

―No alcance y por eso vine para informarte.

―Tranquilo hermano, ya habrá tiempo, es dentro de una semana después de todo. ― Sonrió recordando a la chica.

― ¿Qué? Estas raro hoy. ― Erick estaba realmente enojado ante la aparente distracción de su amigo.

― ¿Por qué? ― Miguel se sorprendió de su actitud.

―Algo ha hecho que te cambie ese humor del diablo de ayer, algo como...

― ¿Un ángel que se me atravesó en medio del camino?

― ¿Qué dices un ángel?

―Si una hermosa chica rubia que casi atropello con mi auto anoche, por suerte no le sucedió nada, solo se desmayó y la traje aquí. ―Miguel realmente sentía una alegría inigualable.

― ¿Qué?

― Tranquilo no le hice nada, sabes que no soy de esos hombres que se aprovechan. ― Grito al ver la cara de su amigo pensando lo peor.

― En eso tienes razón amigo, pero siempre creí que te quedarías soltero con tu trabajo.

―La verdad es que yo también creí lo mismo, pero el destino me tiene preparado algo muy hermoso y es ella, me dejo totalmente loco. ― Se recostó en su silla suspirando de la emoción que le provocaba aquella rubia.

Solo el recordarla lo volvía loco, aunque disimulara y tratara de concentrarse en su trabajo no podía alejarla de su mente.

―Creo que me estoy enamorando de ti, ni siquiera supe tu nombre.

:::

Esa noche Melissa fue al bar ya que no tenia de otra ante las amenazas de Iván, se miró al espejo mientras se pintaba la cara con el maquillaje, sorpresivamente le llegaron esas palabras del chico con el que se tropezó la noche anterior después de su intento de fuga.

Sus ojos azul profundo la tenían hipnotizada que su mente y corazón no querían dejar de imaginarlo estando allí.

― ¿Por qué no puedo dejar de pensar en ti? apenas te conozco, ni siquiera supe tu nombre, solo tengo ese vestido que me diste...―Cerró sus ojos renegando de su deseo de volver a verlo. ― No debo demostrarme débil ante cualquier hombre.

―Ya debes salir. ―Uno de los ayudantes llego sacándola de esos pensamientos.

Se limpió las lágrimas y fue a seguir con su rutina de seducir a los mal nacidos que llegaban a ese lugar solo para obtener su cuerpo.

Solo deseaba que ese chico jamás se enterara en lo que estaba metida por culpa de un amor falso, no se perdonaría si algo llegara a ocurrirle.

Capítulo 2 Miedo a enamorarme otra vez.

FLASH BACK

Hace cuatro años

Hospital de Salamanca

El embarazo de Melissa transcurrió normal y ya había dado a luz en el hospital, era un hermoso niño de tez blanca, rubio como ella y ojos azules, no tenia ningún parecido con el miserable que lo engendro.

―Mi pequeño bebe, al fin te conozco y te tengo en mis brazos, de ahora en adelante serás mi soporte en este lugar.

―Es un bebé precioso señorita Melissa.

―Es verdad. ―Sonrió.

―Su padre lo adorara en cuanto lo conozca.

―No tiene padre, murió y yo soy su única familia. ― Hablo algo enfadada.

―Lo siento, no lo sabía. ― La enfermera estaba avergonzada.

―No se preocupe, después de todo jamás quiso hacerse cargo. ―Beso al pequeño rogando que nunca fuera como el.

― Cambiando el tema. ¿Cómo le pondrás al bebé? ―Dijo la enfermera muy curiosa

―Aun no lo sé, estaba pensando en Santiago. ―Para recordar el maldito dolor que me causaste. ―Pensó, pero ese instante vino a su mente su querido padre.

―Pero pensándolo bien, se llamará Eduardo como mi padre el cual extraño demasiado. ―Le dio un pequeño beso en la frente.

Tiempo después fue dada de alta, cuando salía a la recepción vio que cerca estaba la farmaceuta y fue hasta ella con algo de temor de realizar una petición.

―Disculpe soy psicóloga y necesito saber si hay posibilidades de que me suministren un medicamento.

― Claro. ¿Tiene la orden?

―Por supuesto, es por parte de la universidad de Madrid, el profesor Ruiz.

―Si es por parte de Ruiz. no hay ningún problema, todos aquí lo conocen, nos encargamos de ayudar a sus pupilos en suministrar medicamentos para sus consultorios.

―Me agrada mucho, el profesor me recomendó, así que me gustaría comenzar con los tramites, por favor.

―Espere aquí un momento.

Recordó que en una clase el profesor les había enseñado un medicamento no reconocido para los psicólogos.

―Esto es capaz con tan solo una gota de enviar a dormir a cualquier individuo que desee. Es usado clandestinamente para los pacientes con enfermedades psiquiátricas. ―Profesor Archer.

― ¿Qué efectos deja profesor? – Melissa

―Solo que el paciente no tiene conciencia de lo que sucedió depuse del dopaje y siente como si hubiera estado teniendo relaciones.

― ¿Es eso cierto?

―Si Melissa, pero si se pasan de la dosis podrían causarle al paciente una terrible muerte.

Todos los alumnos estaban totalmente sorprendidos.

― ¿Cuánto tiempo dura su efecto? ―Melissa estaba realmente impactada.

―Más o menos entre una y dos horas, dependiendo del peso del paciente.

―Es totalmente increíble.

Jamás imagino que un medicamento de esa magnitud le serviría para algo como en lo que empezaría a trabajar, si funcionaba la salvaría de ser tocada por aquellos hombres que la codiciaban.

Mientras esperaba a que trajeran la orden médica ya su hijo recordó a cuyo profesor le había hablado de aquella sustancia y no supo cómo tuvo el valor para preguntar.

―Señorita Sandoval, aquí le traigo el encargo que me ha pedido, por favor firme con su número de profesional.

Por suerte sabía perfectamente aquello gracias a que se lo aprendió para cuando estuviera solicitando empleo no la trataran de inexperta, firmo sin tener miedo.

― ¿Cree que sea posible que me sigan suministrando este medicamento?

―Claro que sí, si es conocida del Doctor Ruiz no hay de qué preocuparse.

Meses después pasados su tiempo de dieta por el bebé, Melissa estaba en su casa relajada viendo a su pequeño bebe durmiendo y lista para ir a ese lugar.

―Ya es hora de que vaya a empezar mi venganza, nunca nadie volverá a jugar conmigo. ―Sostenía aquella pequeña botella con el contenido que consideraría su salvación.

― Démosle la bienvenida a nuestra mayor atracción, la sensual, hermosa divinidad bajada del cielo. La mujer que seguro despertara sus miradas, curiosidad, con ustedes:

" LA DIOSA SERENITY "

Melissa salió al escenario envuelta en un traje árabe, empezó a bailar muy sensual, pero sin dejar de mirar a Iván, quien hablaba con un hombre que estaba realmente interesado. Al final bajo despidiéndose de los presentes encontrándose con el rubio.

― ¿Lista? ya tengo el primer cliente. ― El miserable contaba los billetes que minutos atrás había pagado por tenerla.

― ¿Tan pronto? ― Hablo nerviosa, pero no lo demostró.

―Si querida, ve ahora mismo a la habitación del fondo. ―Saco un cigarrillo para fumarlo y arrojarle el humo.

Sin más opciones y esperando que todo saliera como lo había planeado, Melissa fue a la habitación, estaba totalmente muerta de nervios, aquel hombre la toco en cuanto la vio entrar, se sintió con miedo.

― ¿Qué sucede preciosa? ― Hablo deseoso.

―Es que primero debo tomar un poco de vino para calmarme y así poder complacerte más de lo que crees. ―Puso un dedo en su boca y la mano en su pecho con una mirada sensual.

―De acuerdo querida, tomare junto a ti si lo deseas. ―La alejo sin de dejar de verla codiciosamente.

Melissa fue al mini bar que había, saco una botella de vino con dos copas para servirlo, aprovecho que estaba quitándose la ropa y le introdujo una gota de aquel brebaje.

"Solo una gota de este en un vaso de vino hará que cualquiera se duerma en menos de cinco minutos" ― Pronuncio las palabras del profesor Ruiz.

―Y si te pasas de la cantidad podrías morir. ­―Susurro mirando al tipo desnudándose.

― ¿Estas listas, mi cielo? ― El hombre estaba desesperado por su demora.

―Claro cariño, toma bébelo todo. – Brindo con el fingiendo deseo.

Aquel hombre lo bebió sin pensarlo, le sonrió, este empezó a besarla por todo su cuerpo dejando caer aquella copa al suelo, la chica le dio asco de solo sentirlo, pero debía esperar unos minutos su efecto.

― ¡Por favor hazlo! ―Melissa suplico al notar que pasaba el tiempo muy lentamente.

El hombre creyó que eran palabras para que comenzara la acción, así que la acostó en la cama boca arriba, la fue despojando poco a poco.

―Espero te encante mi cielo, porque estas muy deliciosa.

Tenía sus ojos cerrados rogando a que hiciera efecto, nada ocurrió, sus lágrimas comenzaron a salir por montones, pero ya cuando el hombre estuvo a punto de poseerla se desmayó encima, la mujer respiro aliviada de que aquello fuera real, sin embargo, le tomo el pulso para saber si estaba vivo, lo escucho roncar.

―¡Maldito infeliz! nunca seré tuya ni de nadie. ―Lo quito de su cuerpo con el mayor asco.

Se alejó de la cama tratando de quitarse su asqueroso olor.

Después de dos horas de estar en la ducha, sabía que tenía que regresar a su lado pues ya sería el momento de seguir fingiendo. Así que se desnudó y se acostó nuevamente, el hombre se levantó sintiéndola dormir.

―Hola cariño ¿te gusto lo que hicimos? ― Fingió despertar mirándolo seductoramente.

― La verdad no recuerdo mucho. ―El hombre apenas y se rascaba la cabeza.

― Seguro fue que bebiste demasiado, pero te portaste como una fiera y eso me encanto. ―Dijo tapándose con la cobija, por nada permitiría que la viera desnuda.

―¿Lo dices enserio? ― Quiso tocarla.

―Sí, eres un encanto. ― Se le acerco fingiendo coquetearle con sensualidad.

El hombre quería besarla, pero ella lo alejo con su dedo saliendo de la cama.

―Nos veremos de nuevo si deseamos cariño, nuestro tiempo acabo. ―Melissa se encerró en el baño esperando a que este saliera pronto de la habitación.

― ¡Funciono! ―Estaba feliz.

Había valido la pena todo lo que le fue enseñado en su carrera como Psicóloga, estaría protegida por aquel brebaje mientras buscaba la forma de escapar con su hijo.

FÍN FLASHBACK

:::

Melissa había decidido volver a bailar, no tener tanto contacto con los visitantes del bar ya que debía ir por más de aquel producto al hospital.

Tenía de suerte ya que Iván se había ido de viaje y si él no estaba nadie podía emprender negocios con su cuerpo.

Al estar bailando noto que alguien estaba observándola, no supo cómo lo hizo, pero se acercó hasta él, se dio cuenta que era su amigo Andrés, esto la emociono al tiempo que la puso nerviosa.

Observó hacia todos lados para que nadie se diera cuenta ya que le entregaría una nota.

Ese hombre quedó impactado, después de leer la nota, la siguió hasta el pasillo en el que nadie entraba sin autorización se encontró con ella cubierta de una fina seda en su cara.

― ¿Eres tú Melissa Sandoval? – Hablo al tomarla de la mano.

―No sé de qué hablas no te conozco. ― Se sintió nerviosa que quería escapar.

―Sé que eres tú, conozco tu letra desde que íbamos en la secundaria. ―La retuvo fuertemente.

La chica se le acercó a este muy afligida llorando, Andrés la recibió en sus brazos con demasiada alegría de finalmente encontrarse con su amiga.

―Te he estado buscando por todo el país. ―Destapo su cara viéndola llorar.

― ¿De verdad? ― Hablo con demasiada emoción.

― Sí, tus padres reciben tus cartas diciendo que no los vas a buscar más, que estas bien con tu amor. – La abrazo.

―No fui yo, jamás les he escrito cartas, no me dejan. ― Comenzó a llorar.

― ¿Entonces? ―La miro seriamente.

―Santiago me engaño, me dejo aquí, no he podido salir de esto. ― Las lágrimas de la joven no paraban.

―Entonces te ayudare, soy policía e investigador. ―Andrés seco sus lágrimas con un pañuelo.

― ¡No lo hagas, por lo que más quieras, mi hijo puede salir lastimado!

― ¿Hijo? ―Andrés estaba sorprendido.

Al día siguiente, Andrés y Melissa estaban en el parque ya que por poco y los descubren en el bar, se sintió realmente aliviada de que él estuviera acompañándola.

―Así es, ese pequeño es mi hijo. ―Melissa

― ¿Es de Santiago y tuyo? ―Andrés

―No, de ese malnacido no, es del hombre a quien me entrego. ― Melissa hablo con enojo.

―No entiendo como no ha intentado huir de allí. ―Andrés

―Créeme que lo he intentado muchas veces, pero, él siempre sabe mis movimientos. ― Melissa

―Entonces déjame ayudarte, necesito que te protejan. –Andrés

―Ya te dije que no, ese hombre es muy poderoso, podría atentar contra cualquiera que se atraviese en el camino, además por poco logro escapar hace unos días, si no hubiera sido por aquel chico. ― Melissa callo llena de nervios.

― ¿Qué chico? ―Andrés la miro dudoso.

―No me hagas caso, iré por mi pequeño ya que pronto debo volver a ese sitio.

Melissa fue por su hijo encontrándolo muy feliz jugando con alguien, ese mismo individuo que estaba rondando su cabeza en esos días.

― ¡Mami! ―El pequeño corrió hacia ella y lo recibió con alegría sin dejar de observar a Miguel muy sorprendida.

―Hola―La saludo cordialmente.

―Hola. ―Dijo nerviosa. ― ¿Qué haces aquí?

―Vino a darme la rosa para dártela mamita. ―Eduardo

La chica se quedó sorprendida mirándolo mientras este sonreía.

―Hijo, debemos volver a casa. ― Le tomo la mano a su pequeño para irse.

― ¿Te acompaño? ―Miguel se acercó.

―No gracias, estoy con un viejo amigo, él me acompañara―Melissa.

― Melissa, discúlpame, pero debo irme a investigar algo. ―Andrés llego apresurado sin saludar al presente.

―Pero...―Melissa

― Discúlpame, vendré en cuanto termine. –Andrés.

―De acuerdo. ―Melissa se despidió este se fue sin notar a Miguel.

Melissa se sentó de nuevo junto a Miguel muy seria sin decir ni media palabra.

―Creo que te estoy incomodando. ¿Verdad? –Miguel.

―Es más que eso, no nos conocemos y vienes a jugar con mi hijo dejándole flores, ¿acaso no te educaron diciéndote que no hablaras con extraños? ―Melissa dijo muy seria.

― Pues me disculpo por haber hecho semejante atrocidad mi lady, pero el que no le haya dicho mi nombre es porque no nos presentamos como debía ser ―Le tomo la mano arrodillándose y besándola―Soy Miguel Duarte.

Esto a la chica le causo algo más que nervios a su contacto, vio que en su mirada había total sinceridad.

― Mi nombre es Melissa Sandoval. ―Dijo algo ruborizada.

―Es un hermoso nombre señorita Melissa. ― Miguel le sonrió.

El sonrojo que la rubia tenia estaba tan presente, su mente comenzó a imaginar cosas.

Pero de un instante a otro Santiago regreso a sus pensamientos, se alejó su mano de este, cargo a su hijo, el chico algo confuso se fue junto a ella.

―No es necesario que me acompañe Señor Duarte.

―No es problema para mí, además deje el auto en frente de tu casa.

La chica simplemente siguió caminando, esta vez con un poco de rubor en sus mejillas, la acompaño hasta la entrada.

― Gracias por tu compañía. ―Observo hacia la calle, se dio cuenta que estaba comenzando a nevar.

― Considero que es hora que me vaya y no te moleste más. – Miguel.

―Espera, lo mejor es que te quedes, quizá debas calentarte un poco con este clima.

No supo cómo ni porque le dijo aquello, pero presintió que estando cerca estaría más tranquila que quedándose sola.

―Te lo agradezco, pero no quiero incomodarte, como dijiste somos aún somos desconocidos. –Miguel hablo titiritando de frio.

Melissa abrió la puerta permitiéndole entrar al verlo así, no soportaba observar a alguien en ese estado.

― Quizá podamos tener una conversación apropiada ¿no lo crees?

―De acuerdo.

Al entrar fue a acostar a su pequeño en la cama, arropándolo, mientras Miguel estaba observando la hermosa casa que esta tenia, lo que más le llamo su atención era la bella foto que tenía en la repisa de la sala.

― Te veías muy hermosa embarazada. – Miguel dijo tomando aquel retrato.

― Gracias, nadie me había dicho eso. – Melissa dijo llegando cerca de él.

Miguel se dio vuelta viendo como estaba ruborizado.

― No creí te tuvieras un hermoso hijo. ¿Eres casada?

― No, por desgracia el padre de mi hijo murió. ―Se dirigió a la cocina para preparar un poco de chocolate.

― Lo lamento. ―Dejo el retrato en la repisa nuevamente.

Melissa simplemente ignoro su comentario, se sentó a su lado entregándole la bebida caliente que había preparado.

―Entonces te contare de mi emocionante vida, soy un chico nacido en Madrid, tuve la fortuna de crecer en una hermosa familia, la cual siempre me ha apoyado sin importar lo loco que sea.

―Espera un momento. ¿Eres de Madrid? ―Melissa se impresiono.

―Sí, pero por los trabajos de mi padre viaje a muchos lugares distintos en todo el mundo.

―Eso explica por qué nunca te vi en la escuela ni preparatoria. ―Bebió un poco de su taza

― ¿Entonces eres de esa ciudad también?

― Si. ―Dijo un poco triste.

― ¿Acaso te sientes mal? ―Miguel.

― No es eso, solo que extraño ese lugar. ―Dejo su bebida en la mesa.

― No pienso que sea solo eso, siento que en tu mirada hay más. ―Miguel se le acerco un poco mas.

―No considero que sea lo apropiado, además de que me estabas espiando todos estos días, me enviabas esas rosas con mi hijo. ¿Dime por qué? ―Sentir su aroma la tranquilizaba al estar tan cerca de él.

― Solo quise hacerlo porque siempre te vi llorar hace unos días, aunque lo ocultaras, quisiera que me tuvieras un poco de confianza, me dijeras que es lo que te sucede. ―Miguel le tomo sus manos muy cariñosamente mirándolo a los ojos.

―No me sucede nada, te lo aseguro y ya déjame en paz. ―Melissa se soltó de sus manos, pero el chico la tomo de nuevo, la beso desesperadamente abrazándola, la rubia no sabía actuar ante tal acto, no se sentía como aquellos hombres que la tocaban, así que se dejaron llevar por un momento más, hasta que sus malos recuerdos con Iván le llegaron a su mente.

Melissa lo alejo con una cachetada fuerte, se sintió acorralada y asustada nuevamente.

― ¡Quiero que te vayas por favor!

El chico se fue muy lastimado ante sus actos, mientras ella se quedó en el sofá muy asustada llorando.

―No puedo dejar que nada me haga daño, no deseo que nadie me lastime, no quiero, no dejare que pase de nuevo. – Melissa lloraba cada vez más al revivir aquellas heridas. ― ¡Te odio totalmente a ti y todos aquellos hombres!

Miguel salió de aquel lugar, Andrés llego en ese instante viendo salir a el chico de casa de su amiga, entro a la misma escuchando a la rubia estaba totalmente asustada.

―¿Qué te sucedió?

―No es nada. ―Hablo un poco tranquila sentada en el sofá suspirando sin saber como sentirse después de aquel beso.

―Como que nada si acabo de descubrir que un tipo salió de tu casa. ―Andrés estaba mas desesperado que ella.

―Él no me hizo nada malo, fue solo que me beso y reviví momentos obscuros de mi vida, recuerdos cuando ese maldito me forzó a ser suya, todo eso me lastima nuevamente, en mi opinión jamás podré olvidarme. ―Puso sus manos en la cara con un poco de miedo.

― Melissa por favor te lo suplico déjame ayudarte a salir de este mundo, tus vales mucho junto a ese pequeño que tienes.

―No puedo Andrés, aunque me escondiera en lo más profundo de la tierra el me encontraría.

El chico abrazo muy fuerte a su amiga pensando seriamente en ayudarla, aunque sea secretamente ya que conocía al joven que estaba minutos antes con ella.

Los días trascurrieron, Melissa era otra desde que cuyo amigo Andrés estaba allí acompañándola.

―Te agradezco mucho el que estés aquí, me siento con un poco más de ánimos.

― Solo estoy haciendo lo que cualquier amigo haría. ― Pero noto que se encontraba con lágrimas en sus ojos.

―Veo que lo extrañas.

― Sí, extraño demasiado a mis padres y a Madrid.

―No me refiero a tu padre, a ese hombre que te frecuenta de vez en cuando y no has querido verlo.

― ¿Miguel Duarte? ― Dijo con rubor en sus mejillas.

―Así que ese es su nombre, muy interesante. ― Trato de hacerse el sorprendido.

―¿Por qué? ― Hablo nerviosa.

―No es nada, debo ir con unos colegas para seguir investigando algunos asuntos. ― Sonrió al saber que ella misma le había confirmado que era su viejo amigo.

―De acuerdo, por favor cuídate ¿quieres? ― Lo abrazo.

El chico había decidido ir a buscar a Miguel en donde sabía perfectamente que estaba, ya que solía necesitar sus servicios como investigador de casos.

― Hola de nuevo amigo, ¿algún otro caso que quieras darme? ― Dijo mientras leía uno de los casos que diariamente llegaban a su oficina en Salamanca.

― Sí, uno en especial llamado Melissa Sandoval. ― Se sentó mirándolo.

― ¿Acaso la conoces? ― Dejo su lectura mirándolo sorprendido.

― Es una vieja amiga de la secundaria, sé que la conoces porque te vi salir de su casa días atrás.

―La verdad es que estoy realmente preocupado por ella desde ese día, siento que me está evadiendo y no quiero que siga así.

― Si eres mi amigo dime ¿Qué es lo que sientes por ella? ― Se recostó en el espaldar de su silla.

― La verdad es que desde aquel día en que la vi, por poco la lastimo, mi corazón no ha parado de suplicar querer estar a su lado, de sentir que debo protegerla, de amarla con todas mis fuerzas. ― Suspiro para después sonreírle.

―Creí que era solo por su atractivo. ― Noto le hablaba con sinceridad.

― No, ella me cautivo desde un principio, más ese aspecto de esquivarme siempre, cuando sé que siento que me quiere, por eso la bese, no sé qué le sucedió. ― Dijo preocupado.

― Si quieres ayudarla, te llevare a un sitio y sabrás por qué se siente así.

― Gracias amigo.

― Pero solo no te presentes ante ella ni le digas que te dije estas cosas.

Andrés debía actuar ante la negativa de su amiga, eso implicaba a su mejor amigo se enterara de toda aquella verdad que por miedo le estaba ocultando. Necesitaba un respaldo para lograr sacarla, si Miguel se notaba realmente enamorado como decía, entendería todo cuando se lo contara en aquel sitio.

Capítulo 3 El fin de mi pesadilla

Miguel llego al lugar con Andrés, algo un poco confundido al darse cuenta que era un sitio de mala reputación.

― ¿Estás seguro que este es el lugar?

― Sí, prométeme que no harás algo tonto por favor y no te arrepentirás de lo que me dijiste sobre ella. ― Andrés

― De acuerdo, lo prometo. ― Entraron en ese momento al bar, Miguel desde lejos pudo divisar a la chica bailando.

― ¿Es ella? ― Estaba estupefacto al verla casi desnuda en ese traje que tenia puesto.

― Así es. ―Andrés noto furia en el.

― ¿Pero. ¿Cómo está aquí en un lugar tan detestable? ― No podía creer que esa misma chica fuera quien días atrás estaba a su lado.

― Por favor no la juzgues tan duramente, no sabes lo que ha sido para ella. ―Andrés entendía el enojo que ahora tenia su amigo.

― ¿A qué te refieres? ―Miguel esperaba una respuesta de inmediato ante aquella frustración que ahora sentía.

Fueron a una de las mesas sin que el chico dejara de observar los candentes movimientos de la chica en el escenario para todos los clientes de ese lugar, de alguna manera sentía celos.

― Desde hace cinco años está atrapada aquí, tratando de escapar para volver a su casa y recuperar su dignidad. Estuvo a punto de irse lejos el día que tu la encontraste.

― ¡Por favor dime que fue lo que le sucedió! ― Se sentía con rabia.

― Su maldito exnovio la engaño trayéndola aquí.

― ¿Qué estás diciendo? ― Golpeo la mesa, estaba muy furioso.

― Como lo oyes, ella quedo embarazada de el hombre dueño de este lugar, un malnacido que la tiene amenazada con matar a su hijo.

― ¡Miserable! ― Se levantó de la mesa, Andrés lo siguió.

― ¿Qué pretendes? ― Lo detuvo.

―Voy a rescatarla, no quiero que siga en este maldito lugar. ― Lo hizo a un lado, realmente estaba muerto de celos.

― ¡No lo hagas! si se entera que tú sabes, puede que nunca más quiera vernos a los dos. ― Lo retuvo de nuevo.

― ¿Enserio? ― Miguel la diviso de nuevo llorando.

― Melissa es muy caprichosa, si quieres ganarte su amistad y confianza debes tratarla calmadamente, sin sorpresas amigo, ella ha sufrido mucho.

― ¡Lo sé! ahora comprendo todo su miedo después que la bese. ―Miguel se sentía demasiado incapaz tras enterarse de su verdadera realidad. ― Deberíamos crear un plan para sacarla de aquí. Tú tienes tus contactos, yo la ayudare jurídicamente para que todos los malditos que la lastimaron paguen.

―Es buena idea, pero ahora debemos irnos. ―Andrés se sentía feliz al saber que estaba dispuesto a todo por ella.

― No, quiero verla de cerca, hablar con ella. ―Miguel insistió una vez mas.

― No es seguro, la conozco mejor que nadie Miguel, no querrás verla así.

― Te lo suplico.

―Ideare un plan para que ella no corra peligro. ―Andrés insistió por ultima vez.

―Bien, me convenciste.

Al día siguiente el chico llego a casa de Melissa con un lindo ramo de rosas impresionándola.

― ¿Miguel que haces aquí?

―Vine a disculparme por mi mal comportamiento del otro día. ― Le entrego el ramo.

― No importa, seguro debes ser así con todas las mujeres. ― Esta lo tomo dándose vuelta ocultando su sonrojo sintiendo el aroma de las rosas.

― No es cierto, nunca una mujer me había parecido tan hermosa como tú. ― Cerro sus ojos confesando todo aquello con emoción.

― No sigas con eso por favor. ― Melissa estaba ruborizada.

―Pero si lo digo en serio, tú eres tan especial que mi corazón está pidiéndome a gritos estar junto a ti. ― Trato de acercarse.

― No digas esos disparates por favor, prometí no abrir mi corazón a nadie después de que me lastimaron. ― No permitió que este la tocara, se alejó cruzándose de brazos nerviosa.

―Te entiendo, quiero que tú también entiendas que, sin importar las cosas, estaré a tu lado para cuidarte, solo deseo eso Melissa, que me tengas confianza.

― Miguel, lo que dices es muy lindo de tu parte, pero no me siento preparada para confiar en alguien como tú, sé que si rompes la confianza es muy difícil recuperarla.

―Te prometo que eso no nos sucederá. ― Puso sus manos en los hombros de la rubia haciendo que lo viera a los ojos.

― Bien entonces te diré que soy de Madrid, termine hace cinco años mi carrera de psicología, pero por desgracia no pude ejercer mi profesión, he tenido varios inconvenientes que me lo han impedido. ― Dijo tranquilamente ante su contacto.

― Es una carrera muy conveniente. ― Le sonrió.

― Sí, fui el mejor promedio de toda mi generación, el deseo de querer ayudar a los demás con sus problemas es algo que me apasiona, siempre he sentido que debo ser útil para la sociedad. ― Su mirada se tornó triste.

― ¿Pero y tus problemas no se han solucionado?

―Creo que nunca podre. ― Una lagrima broto separándose.

Miguel sintió tanto dolor de verla, quería decirle muchas cosas, pero al tiempo sabía que debía callar hasta encontrar una forma de eliminar esos malos momentos de su vida.

Se acercó a ella, la abrazo queriendo llorar, Melissa sentía una paz al contacto, era una tranquilidad que no tenía en años. Al rato lo acompaño hasta la entrada.

― ¿Quiere salir conmigo mañana?

― ¿A dónde?

― A un lugar con muy hermosa vista, sé que te encantara y a tu hijo también, tiene un lindo paisaje rodeado del mar.

― Si es tanta tu insistencia, iré. –Suspiro convencida.

― Gracias por eso, entonces vendré por ti a las 3 pm. – Le tomo la mano besándola.

― Claro.

El chico se fue, ella estaba más que sorprendida con la actitud de este, su corazón sentía que había algo distinto a todos.

― No sé qué puede ser, pero seré precavida. ― Puso su mano en su pecho donde su corazón latía demasiado, era algo agradable.

Miguel recibió una llamada de su amigo Andrés para reunirse con él para coordinar lo que harían.

― Fui a verla, me conto su sueño, su carrera, siento que está destruida por dentro.

― Te dije que ella es una chica frágil con todo lo que está pasando.

― Lo sé, no soporto verla así.

― Ten paciencia hermano, ya verás que podremos sacarla de ese sitio, por eso te llame, este sujeto es Santiago, es la mente maestra de una organización que se encarga de seducir a cualquier mujer y enamorarlas, se han registrado varias desapariciones en todo Madrid, muchas más en el resto de Europa. Además, tiene su expediente lleno de tráfico de drogas y demás.

― ¡Es un malnacido!

Andrés le había entregado todo lo relacionado con aquellos sujetos que tenían amenazada a Melissa y a su hijo, debían actuar con cautela.

Al dia siguiente Melissa ya se encontraba en su casa arreglándose para ir con Miguel y su hijo a ese lindo lugar al cual la había invitado, cuando aquel hombre llego sorprendiéndola, desesperado tocándola y seduciéndola.

― ¡Suéltame por favor! – Grito al sentir sus manos en su cuerpo.

― ¡He esperado tanto tiempo este momento, ya es justo que seas mía Melissa! –Santiago le susurro desesperado.

― ¿Santiago eres tú? ― Hablo atemorizada, no era el mismo chico de antes, su apariencia era muy diferente.

― Creí que me habías olvidado mi amor. ― Estaba deseoso por poseerla.

― ¡Nunca fui tu amor, jamás lo seré, ni de ti ni de nadie, vete o te lastimo! ― Grito tratando de alejarlo de su cuerpo.

El hombre la tomo del cuello lastimándola, lo lamio quitando aquella toalla que la dejo desnuda por completo.

― No me iré de aquí sin que me des aquello que le has dado a todos aquellos hombres que van con Iván. ―Realmente no era aquel chico.

― Tú me lastimaste Santiago, yo te amaba. ― Comenzó a llorar al contemplar como la trataba.

― Es una pena que yo no lo hiciera cariño, solo quería probarte aquella noche, pero me lo negaste por miedo. ―La lanzo a la cama aprisionándola con todo su cuerpo. ―Al fin serás mía.

Melissa no reconocía a este chico, ya no era el hombre que la enamoro años atrás, sentía rabia por haber sido tan idiota.

Miguel escucho gritos apenas llego a puerta y como pudo entro, la vio llorando con aquel hombre sobre ella.

― ¡Maldito infeliz déjala! ― Miguel lo tomo del cuello, lo apuñaleo con todas sus fuerzas hasta dejarlo inconsciente, Melissa corrió a sus brazos muy asustada.

― ¿Estás bien? ― Miguel le puso una toalla para tapar su desnudez.

― Sí, gracias, si no hubieras llegado no sé qué me hubiera hecho. ― Melissa se sintió intimida ante el por estar en paños menores.

― Tranquila todo estará bien. ―Respiro tomando aire después de golpear aquel hombre.

Fueron a la habitación de su hijo después de colocarse ropa, se marcharon de aquel lugar. Se detuvieron en una estación a comer algo, en eso Melissa aprovecho para llamar.

―Por fortuna estas bien. ― Andrés se sintió aliviado que nada le pasara a su amiga.

―Si Andrés, Miguel me ayudo. ― Melissa

― Considero que lo mejor es que vayas con él a su casa. ― Andrés

― No, debo regresar a ese sitio. ― Melissa dijo con nervios

― Pero corres peligro. ―Andrés hablo preocupado.

―Tú y él también lo corren si yo no regreso a ese lugar.

― Melissa no seas terca por favor.

― Solo estoy siendo realista, la vida de todos los que amo dependen de que yo siga en ese lugar.

Melissa colgó, Andrés quedo desconcertado ante la terquedad de su amiga y se comunicó de inmediato con el chico contándole la decisión de la chica.

― Miguel por nada del mundo dejes que Melissa se vaya de tu casa.

―De acuerdo lo intentare.

Al llegar a casa de Miguel, se sentía tranquila, el pequeño estaba jugando por todo el lugar como si nada.

― Esta será tu habitación.

― Gracias, perdón por todo esto que te estoy haciendo pasar, hoy saldríamos a ese lindo lugar y mira como estamos...

― Pero si no hemos perdido la oportunidad de ir a ese lugar. Te dije que era cerca al mar y está aquí mismo. ― Miguel sonrió al notar que estaba triste por aquella frustrada cita.

― ¿Qué? ― Melissa

― Ven, te llevare al patio. ― Miguel le tomo la mano llevándola hasta la entrada de la sala, observo aquel lindo lugar que le había dicho. Estaba lleno de flores y el hermoso mar se veía al fondo.

― Es un lugar muy hermoso.

― Solo las más hermosas flores crecen en este lugar, también la única chica linda que conozco merece verlas.

Melissa estaba ruborizada con aquel halago.

― ¿Quieres ir? ― Miguel

―Si. ― Melissa estaba feliz

En cuanto salieron vieron que el pequeño estaba allí muy feliz atrapando mariposas, siendo un niño como siempre. El atardecer llego con un hermoso paisaje que dejo impresionada a la rubia. Miguel se sentó a su lado abrazándola, ella lo miro muy sonriente con eso se sintió tan alegre que le tomo su mano sin miedos.

Miguel, Melissa y su hijo compartían un agradable momento en la cocina de su casa, cuando noto que ya era un poco tarde.

― Creo que iré a descansar. ― Melissa dijo al observar a su hijo ya dormido.

― Que tengas una linda noche. ― Miguel.

Melissa llevo a la habitación a su hijo recostándolo en la cama.

― Si te quedas aquí, sé que él te protegerá mi cielo.

Descanso un poco y espero a que Miguel apagara las luces para irse, sin darse cuenta que este la había visto salir.

― Se marchó y no pude detenerla. ― Llamo a Andrés al verla alejarse.

― Entonces hagámoslo hoy― Andrés ya tenía todo listo para dar fin a la pesadilla de aquella mujer.

::

Santiago llego a la oficina del bar donde Iván tenía prisionera a Melissa, estaba mal herido por los golpes de Miguel

― ¿Qué te paso? ¿Otro pleito con algún cliente?

― ¡Querrás decir un golpe del nuevo enamorado de Melissa!

― ¿Qué estas queriendo decir?

― Después de cerrar nuestro trato, fui a verla y estuve por hacerla mía, pero alguien llego, me golpeo a tal punto que me dejo inconsciente. ―Se sobo la cabeza con hielo.

― ¿Eso quiere decir que se la llevaron? ¡maldita sea!

Iban estaba demasiado enfadado, era capaz de matar a quien se atreviera a tocar su mercancía.

Melissa llego como si nada hubiera ocurrido, fue a su camerino a vestirse, bailo por una hora, fue cuando Iván la mando a llamar a su lado para que le aclarará lo sucedido con Santiago.

― ¿Ahora que sucede? ― Dijo algo malhumorada.

― Tu exnovio vino a verme, dijo que lo recibiste a golpes de algún amigo tuyo que te frecuenta. ― Ivan

― ¿Amigo? ¿Acaso le creíste a ese miserable traidor? ― Se burló cruzando los brazos.

― No estés jugando conmigo, nadie más que yo soy el dueño de tu cuerpo, el único que puede usarte como lo que desee. ― Le tomo fuerte de la muñeca muy enojado.

― ¡Pues olvídate de eso! ― Melissa lo miro retándolo.

― Hoy no puedo hacerlo ya que viene un notable hombre de negocios y quiere verte. ― La soltó.

― ¡No me acostare con nadie si es lo que pretendes! ― Melissa se frustro.

Afuera del bar había un auto muy elegante vigilando ese lugar.

― ¿Estás listo para empezar? ― Andrés.

― Si, ¿tú crees que se creyeron todo? ― Miguel

― En cuanto les dije que era por parte del apellido Duarte no lo dudaron, parece que es muy prestigioso. ― Andrés.

― Espero que Melissa no me mate por esto. ― Miguel

Ambos llegaron y no la vieron bailando sino discutiendo con su supuesto dueño.

― No olvides que ya eres más que una cualquiera, todos te llaman "la devora hombres" has tenido a muchos es tu cama. ― Iván decía mientras jugaba con varios hombres en la mesa.

Miguel y Andrés se acercaron precisamente cuando la chica le lanzo una copa de vino en la cara.

Por suerte para la rubia estaba tapada con un antifaz, intento escapar, pero se tropezó con el chico y su amigo, esto la confundió más.

―Señores es un placer tenerlos aquí. ― Iván se levantó de la mesa.

― Gracias, esta debe ser la mujer de la que tanto me han hablado. ― Miguel miro a la chica que simplemente se quedó observándolo asustada.

― Así es, es nuestra mayor atracción. –Iván rio.

― ¿No estaría mal si me hace un privado? Le pagare muy bien. ― Dijo sin dejar de mirarla.

― Lo que guste Señor Duarte, están todas a su disposición. ― Iván se sentía satisfecho.

― Solo deseo a esta por favor, quiero saber que tan buena es como me lo han dicho. –Miguel.

― Anda hermano, yo hoy invito por ser tu cumpleaños. ― Andrés

¿Cómo era posible? No podía creer que Andrés, su mejor amigo estuviera chantajeándole la vida a un hombre que al parecer era un mujeriego pervertido.

Melissa entro con él a la habitación, se sentía muy asustada, más sabiendo que era aquel chico que la tenía loca de amor, la había decepcionando del todo con esta nueva faceta que recién conocía.

― Tranquila, no hace nada que no quieras que haga. ― Miguel permitió que se alejara.

― Pensé que eras distinto a todos los hombres asquerosos que vienen aquí. ― Melissa tenia nervios y frustración.

― ¿Por qué lo dices? ― Miguel sintió su enojo.

― No creí que fueras capaz de esto, después que me dijeras que me amabas. ― Melissa por dentro estaba muriendo con el corazón destrozado.

― No podría amar a nadie más que a ti Melissa Sandoval y eso lo tienes presente en tu corazón. ― Se acercó a sus hombros volteándola.

― Pero no sé qué es lo que estás diciendo. ― Nuevamente se dio la vuelta para no mirarlo.

― Claro que lo sé y tú también Melissa.

La chica se dio la vuelta, este comenzó a quitarle el velo de su cara.

― Sé que eres mi Melissa.

Miguel se acercó para besarla siendo correspondido por ella, solo que por muy poco tiempo.

― No hagas esto por favor, no soy nada para ti, al igual que no lo fui para Santiago ni Iván. ― Se alejó solo un poco porque el chico no se lo permitía.

― Solo déjame demostrarte que te amo, sé que has sufrido mucho estando aquí sin tu consentimiento. ― Miguel la abrazo.

― ¿Cómo lo sabes? ― Estaba sorprendida y lo miro.

― Andrés me dijo todo. ― Acaricio su mejilla limpiando una lagrima que caía.

― ¿Ustedes se conocen? –La chica aun sorprendida pregunto.

― Desde hace varios años atrás. De hecho, si todo sale bien podrás salir de aquí en un rato. ― Miguel nuevamente la llevo a su pecho.

― No, ¿Qué están haciendo? ― Melissa comenzó a desesperarse.

Santiago entro a la habitación, se dio cuenta que allí se encontraba el hombre que lo había golpeado, de inmediato tomo la mano de la chica arrastrándola hasta el lugar donde estaba Iván , Miguel los siguió.

― ¡Te lo dije! ella está revolcándose con alguien y es el tipo con el que estaba en la habitación. ― Santiago arrojándola frente a él.

― ¿Qué? ¿Es cierto? ― Iban la tomo del cabello halándola muy fuerte, lastimándola.

― Si, ¿algún problema en que este conmigo? ― Miguel lo enfrento sin miedo.

Aquel sujeto no dudo en disparar, fue cuando Andrés dio la orden a sus agentes. Melissa se soltó de Ivan, ya que la policía lo retuvo, fue a revisar al chico tirado en el piso muy mal herido, Santiago también fue atrapado al intentar escapar.

― ¡Miguel, por favor no te vayas! ¡no te mueras! ― Melissa estaba hecha un mar de lagrimas.

―Tranquila Melissa. ― Andrés la protegía de cualquier acto que cometieran.

― Como voy a estar tranquila si lo han matado por mi culpa. ― Tomo la mano de Miguel muerta de nervios.

― Por favor cálmate, lo llevaremos a un hospital en este momento. ― Andrés la abrazo.

Su pesadilla había terminado, pero su miedo de perderlo le causaba más angustia ahora.

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