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SI CEO, ACEPTO

SI CEO, ACEPTO

Autor: : genemua
Género: Romance
Elena necesita dinero para conservar la casa que su padre le dejó y Caleb necesita una esposa para heredar las empresas de sus padres. Asi que ambos se hacen pasar por la pareja del momento ante todos los demás. ¿El problema? Caleb es el jefe de Elena. Un negocio, un matrimonio por contrato, y una ex que no acepta a la nueva esposa. ¿Qué podría salir mal?

Capítulo 1 Cap 1 - Elena

Llegué a casa tan cansada que tiré mi bolso sin importarme dónde caía. Fui a la cocina y abrí una cerveza para darle un trago. Cuando la deliciosa bebida pasó por mi garganta, emití un gemido de satisfacción. Estaba deliciosa. Miré alrededor y no vi comida, así que, considerando que tal vez papá estaba trabajando hasta tarde, pedí una pizza.

-¿Papá? -lo llamé, pero no obtuve respuesta. Lo llamé al teléfono y, para mi sorpresa, sonó en su despacho. Así que sí está aquí. Fui sonriendo a su despacho para contarle que hoy logré el ascenso por el que tanto me había esforzado los últimos meses y que debíamos celebrarlo.

-Papi, no lo vas a creer... -la frase se quedó en el aire y yo me quedé estática. Lo que escuché fue el sonido de la botella haciéndose añicos en el suelo, lo que me hizo reaccionar.

-¡PAPÁ! -de mi garganta salió un grito desgarrador y corrí donde él se encontraba. No lo podía creer. No podía estar pasando esto.

-¡PAPÁ, NOOO! -Toqué sus pies y traté de bajarlo, pero no pude. Las lágrimas empañaron mis ojos y no podía ver bien. Tomé una tijera y, como mi cuerpo temblaba, inconscientemente tuve que tener cuidado al subirme en el banco que estaba caído en el suelo. Me sequé las lágrimas para poder ver y, con temblor, corté la soga que estaba amarrada de manera espeluznante y su cuerpo cayó. Me quedé viendo la escena sin creer lo que sucedía y lloré. Enseguida bajé y tomé su rostro para verlo bien. Su pulso no estaba y grité tan fuerte que mi garganta ardió.

Papá se suicidó.

El lugar se llenó solo de mis sollozos, gemidos y llanto lleno de dolor y desesperación.

DÍAS DESPUÉS

-Elena, ¿deseas ir a comer algo? -levanté la mirada y vi a mi amiga Rosa. Le di la espalda-.

-Por favor -escuché que me decía. Sentí la cama bajarse por su peso y mis lágrimas salieron-. No has comido nada en estos tres días. Te hará mal -me regañó. Pero la seguí ignorando.

-El -ahora se agachó y quedó frente a mí-. Debes alimentarte. No te hará nada bueno no comer -seguí llorando y la miré.

-No quiero nada. Siento que morí hace cuatro días -los ojos de Rosa también se llenaron de lágrimas y me abrazó.

Papá murió.

-Gracias por venir -dije llegando donde la familia de papá que estaba en el velorio.

-Lo siento mucho, Elena. Es una pena lo que pasó -me dijo mi tía Gertrudis. Sentí que mis ojos se llenaban de lágrimas mientras asentía y veía hacia el ataúd.

Ataúd donde está papá.

-Pero no te preocupes -escuché que mi otra tía Diana me susurraba. La vi-. Trajimos a alguien para que conozcas -su sonrisa era traviesa y mis cejas se fruncieron al no entender nada de lo que hablaba.

-Es alguien que te fascinará -concordó Gertrudis.

-Tiene tus mismos gustos y ahora que mi hermano se fue, sería bueno que te encargues de ti -seguía sin entender nada, pero algo me decía que no me gustaría la sorpresa que me trajeron.

-No entiendo -les dije de una vez para que se callaran.

-¡Oh, Elena! ¡Ya tienes 28 años! -adoptó un tono de burla-. Deberías haber estado casada hace años. ¿No te preocupa ser una solterona? -mis ojos se entrecerraron hacia ella y le sonreí, pero más bien lo hice para esconder la gran incomodidad que me producían.

¿Es en serio?

-Sí, y más ahora que tu padre no está aquí para cuidar de ti -habló esta vez mi tía Diana e incluso hizo un puchero-. Debes pensar en tu futuro, cariño -seguí manteniendo la misma sonrisa hipócrita en mi cara porque era lo mejor.

Era irrespetuoso que vinieran a decirme eso y a proponerme lo otro en la muerte de mi papá. Además, el hecho de que no esté casada no les incumbe para nada. Es mi vida.

Mi maldita vida.

-Tías -las llamé con calma y dejando a un lado la rabia que sentía en ese momento-. La edad no define mi felicidad. Además, papá siempre me enseñó a ser independiente -les expliqué.

-¿Segura, nena? -Gertrudis habló-. Porque si fuera así, serías feliz -la miré seria.

-Lo soy, querida tía. Soy feliz así como estoy -le respondí mordiéndome la parte interna de la boca.

-Deberías hacer como mi Susan -miré a Diana-. Hace dos meses que se casó y está de lo más feliz -sonreí con la boca cerrada.

-Me alegro por ella, pero no creo...

En ese momento, un hombre de unos 50 años llegó donde estaban ellas. Era alto, su cabello tenía unas cuantas canas pero lo hacían ver más maduro. Se conservaba muy bien para su edad, ya que lo noté por la forma en la que la camisa y el pantalón se le ajustaban al cuerpo. Cuando le vi el rostro, él me sonrió y me di cuenta que era muy guapo, pero lo ignoré.

-Bueno, Elena, aquí está George -vi al hombre una vez más y esta vez me guiñó un ojo. Lo ignoré de nuevo -. Es un hombre exitoso y está dispuesto a casarse contigo. Te cuidará -habló Gertrudis.

Ya me cansé.

-No entiendo por qué están haciendo esto -dije molesta-. No necesito que nadie me cuide -ellas se quedaron calladas por mi respuesta y miraron nerviosas a George.

-Hola, Elena. Me gustaría conocerte mejor -dijo con amabilidad-. La edad es solo un número -rió y tomó mi mano, la cual solté de inmediato-. Además, tus tías tenían razón... -mi ceja se levantó ya que no entendía qué quería decirme-. Eres mucho más hermosa en persona; tus fotos no te hacen justicia -eso llamó mi atención.

-¿Ah, sí? -miré a mis tías que miraban a todos lados menos a mí.

-Sí, también sé que estás haciendo un doctorado de tu segunda carrera ya y eso me parece impresionante. Veo que eres una mujer, además de hermosa, inteligente. También sé que trabajas en un comedor de voluntariado y eso me parece muy noble -volví a mirar a mis tías y ellas no me miraron-. Y es muy admirable que hayas logrado todo eso con tan solo 28 años -asentí lentamente.

-¿No te dijeron mis tías también cuántas veces voy al baño? -mi pregunta hizo que George hiciera una mueca y yo reí sin ganas-. Gracias, George, pero no estoy lista para casarme. Quiero enfocarme en mi carrera y construir mi vida -le dije-. No sé para qué te trajeron mis tías sin antes consultarme, pero lo siento. Perdiste tu tiempo, no estoy interesada en nada que tenga que ver contigo -George me miró asombrado-. Ten buen día y cuídate -me alejé de ellos. Sentí que tomaron mi brazo y, cuando giré, vi a mis tías.

-Pero, querida -habló Diana preocupada-. ¿Y tu futuro? Deberías considerar esta oportunidad -miró a George que estaba tomando un vaso de jugo.

-Piensa que ahora estás sola, debes tener a alguien a tu lado -dijo Gertrudis-. Él está dispuesto a cuidarte y gastar lo que deba en ti; está podrido en plata. No puedes dejar pasar esta oportunidad, Elena.

-Entonces cásense ustedes con él -mi respuesta las dejó con la boca abierta-. No me interesa por ahora casarme, mi padre se suicidó. Lo único que deseo es poder pasar mi luto en paz -ellas se miraron y luego a mí-. Mi futuro será lo que yo decida, tía. No lo determina mi estado civil. Aprecio su preocupación, pero necesito tiempo para sanar la pérdida de papá -les aclaré-. Así que les pido de favor que esto no se vuelva a repetir. Fue muy grosero de su parte -giré y me fui a mi habitación.

Hola a todos, bienvenidos a mi mundo. Empezamos con esta nueva historia.

Estará llena de humor, sorpresas y muchos giros en ella.

Gracias por darme la oportunidad y leer esta historia, tambien tengo una llamada "TALLA XXL" esta completa, si desean se pueden pasar por ahí.

Gracias una vez más y recuerden que estoy en Instagram y Facebook como: Genemua.Libros

Chaito, nos leemos despues.

Capítulo 2 Cap 2 - Caleb

-Gracias por su firma, señor Cole -él ríe y apretamos nuestras manos-. No dude en avisarme cualquier inconveniente o duda -se despide de mí y sale del restaurante.

Miro el contrato, sintiendo euforia. Este contrato representa mis sueños cumplidos, mi realización profesional y el que le dará un giro fundamental a mi joven vida.

Leo todo una vez más y, tomando una foto con mi teléfono, se la envío a mi mejor amigo, Drew. Solo le toma unos segundos para que la cara de mi amigo aparezca en la pantalla. Él contesta.

-¡Lo conseguiste! -suena tan emocionado como yo.

No es para menos. Con Drew nos conocemos desde niños y él estuvo presente cuando mi padre me prometió sus empresas al lograr ciertos pasos. Mi amigo sabía que esto era lo que tanto había deseado.

-¡Lo sé! -exclamo feliz y extasiado-. Al fin lo logré -ambos ríen.

-¿Y qué harás? -pregunta mi amigo-. ¿Le dirás a tu padre de una vez o esperarás?

-Se lo diré enseguida -confieso-. Voy a su oficina ahorita y te quiero en la noche en la casa para la celebración. Ya llamaré a mamá y le daré la noticia.

-Listo, amigo. Sabes que estaré ahí celebrando tu gran logro -me despido de él y salgo del restaurante.

-Mamá -hablo cuando ella contesta.

-Lo conseguiste, ¿verdad? -escucho su hermosa voz.

-Sí, mamá, acabo de firmar el contrato -su grito de felicidad me hace reír.

-Felicidades, mi príncipe. Sabía que lo lograrías.

-Gracias, mami.

-Estoy tan orgullosa de ti. Sabía que llegarías a lograrlo y sé que llegarás mucho más lejos -mis ojos se llenan de lágrimas al saber su gran aprecio hacia mí-. Esta noche celebramos en la cena. Te espero, y también a Cristal y a Drew -río porque ya le dije a él que vaya.

-Ahí estaremos sin falta, mamá -le digo-. Te amo, mamita. Voy a la oficina de papá a darle la noticia -se despide de mí y subo a mi auto.

Es increíble lo que el buen humor te hace sentir. Todo a mi paso lo veo alegre, feliz, y hasta sonrío en el semáforo en alto con una chica del auto que está a mi lado. Puedo sentir el peso de la responsabilidad y las expectativas sobre mis hombros. Mi corazón late con fuerza mientras las emociones se mezclan en un torbellino. Siento una combinación de emoción, logro y, al mismo tiempo, una profunda sensación de respeto hacia mi papá y su legado.

Lo logré.

Por mi mente pasan todos los desafíos que he enfrentado y el trabajo duro que he dedicado para llegar a este punto. Una sensación de gratitud y satisfacción inunda mi ser y hasta mis ojos se llenan de lágrimas por todo lo que siento en este momento.

Finalmente, he demostrado mi valía y he alcanzado mi objetivo.

También siento un temor saludable por el futuro, ya que ahora me enfrento a la responsabilidad de dirigir las empresas. El legado de mi padre descansa sobre mis hombros, y estoy decidido a honrarlo de la mejor manera posible. Además, estoy a poco tiempo de casarme y sé que con Cristal todo será maravilloso.

Bajo del auto emocionado y miro el edificio de la gran empresa que pronto estará a mi mando.

Al fin logré lo que tanto me costó lograr.

Entro al edificio y saludo a la recepcionista, que como siempre me responde tímida. Me parece tierna y sigo mi camino.

Saco mi teléfono y le escribo a mi novia, aunque ya desde hace unas horas es mi prometida. Eso también es algo que me alegra mucho.

Amo a Cristal con todo mi corazón.

Ya en el ascensor, la veo en línea y que mi mensaje, de hecho, lo leyó. Espero ansioso su respuesta, pero para mi sorpresa, se desconecta y mis cejas se fruncen en confusión.

¿Qué hace?

Al llegar al piso deseado, guardo mi teléfono para después hablar con ella. Salgo y saludo a los trabajadores, converso con ellos un par de minutos en los que me cuentan su vida y me felicitan por mi compromiso. Me disculpo con ellos y voy a la oficina de papá.

Muero por decirle que conseguí la gran firma con la empresa multinacional, la que nos dará millones de beneficios y también me hará al fin dueño de la empresa.

Llego a la puerta de su oficina y respiro hondo, imaginando cómo reaccionará y me felicitará. Abro la puerta y mi sonrisa se borra.

-¡¿Qué diablos están haciendo?! -es lo que sale de mi boca.

De inmediato, papá se separa y sube sus pantalones, mirándome asustado.

-Hijo... ¿Por qué no avisaste que venías? -se abrocha el cinturón.

Mi mirada va hacia su acompañante, ignorándolo. Ella se tapa los pechos mientras mira mis ojos con vergüenza.

Cristal.

-¿Por eso no respondiste el mensaje? -pregunto con voz apagada.

-Caleb, yo...

-Olvídenlo -le detengo sintiendo mi pecho doler.

Los miro por varios segundos en los cuales espero que digan algo, pero no lo hacen. Cristal se viste y se acerca a mí con lentitud, saca el anillo que hace horas le di y lo tiende hacia mí. Yo solo miro del anillo a ella esperando que hable, pero no lo hace. Eso me duele más, pero me ordeno no derramar ninguna lágrima.

-Lo siento, Caleb, pero tu papá es el dueño de todo esto.

-¿Qué quieres decir? -mi voz suena apagada.

-Caleb... Yo... No quería hacerte daño, pero lo más importante para mí es la seguridad financiera -mis cejas se fruncen y la miro.

-¿Qué? -susurro-. No entiendo -digo, tomando el anillo con las manos temblorosas.

-Fueron mis padres quienes me obligaron a estar contigo. Yo jamás... -se queda callada.

-Me amaste -mi pecho duele mucho.

Espero que niegue con la cabeza y me diga que esto no es lo que parece, que está mintiendo y fingiendo y que este anillo que está en mi mano que tiembla no significa que nuestro compromiso se canceló.

Pero no lo hace.

-Sí -la miro-. No te amé, siempre me gustó tu padre -ahora mi mirada va hacia él.

-¿Y mamá? -mi pregunta lo hace bajar la mirada.

-Entonces estás terminando conmigo -miro el anillo y a mi ex prometida.

-Lo siento -susurra-. Jamás debí haber aceptado ser tu novia si tu papá me interesaba -ahí me doy cuenta de que nunca me amó.

Lo único que le importaba era el dinero.

-Solo quiero saber desde cuándo ustedes dos me tenían como su maldito juguete -pido y ambos se miran-. Hablen -exijo.

-Fue desde nuestra segunda cita -entrecierro mis ojos dándome cuenta de que fue hace más de dos años.

Dos años siéndome infiel.

Miro una vez más el anillo de compromiso en su mano, que de repente se siente pesado y sin valor. La relación que creía tener con Cristal se desvanece ante mis ojos.

-Entiendo. Entonces, esto es el final, ¿verdad? -cuestiono, sabiendo la respuesta, pero una parte de mí tiene esperanza de que no lo sea.

Cristal asiente con lágrimas en los ojos y se aleja, dejándome con un corazón roto y con un anillo que ahora simboliza no solo una promesa rota, sino también una profunda traición.

Doy media vuelta y me voy.

La rabia empieza a crecer en mí y voy a donde están las cámaras. Saludo a Joan y le pido las cintas de las oficinas de papá. Él me dice que en dos horas me las envía al correo y, despidiéndome, salgo del edificio.

Llamo a Drew y pido un taxi porque dudo que pueda conducir con cómo me estoy sintiendo.

Dos años siendo utilizado

¿Qué hubieran hecho si fueran Caleb?

Ya sabremos más de Cristal.

Gracias por leer, los espero en redes sociales.

Capítulo 3 Cap 3 - Deudas

ELENA

Bajé la mirada al féretro que estaba frente a mí. A mi lado se encontraba Rosa, quien sostenía mi mano mientras de mis ojos solo salían lágrimas de tristeza.

Cuando todo terminó, me quedé un poco más y luego pedí un taxi para ir a casa. Tuve que echar a Rosa, rechazar su petición de ir a comer y decirle que necesitaba estar sola. Es por esa razón que, mientras iba en el taxi, mi estómago me dolía y pedí que se detuviera para bajar a comprar.

Al entrar en la tienda, agarré varias cosas para suplirme estos días y me formé en la fila, mientras por mi mente pasaba uno de los mejores momentos que pasé con papá.

HACE DIEZ AÑOS

-Papá, llegaremos tarde -dije al llegar a su habitación ya arreglada. Él se giró para después sonreírme.

-Sabía que estarías hermosa, pero esto es... Uff -me acerqué a él y vi que batallaba con la corbata-. Eres una reina, mi amor -besó mi frente.

-Lo sé, papi -comencé a anudar la corbata y, al terminar, le ayudé a ponerse el saco-. ¿Sabes? -me miró fijamente-. No te enojes, pero desearía que mamá estuviera aquí -vi cómo su expresión cambiaba y se tornaba sombría-. Lo siento, no debí decir eso, yo...

-No -me interrumpió-. También desearía que compartieras este momento tan especial con tu madre, pero ella decidió no estar -bajé la mirada-. Un día, cuando llegues a donde siempre has soñado y veas tu rostro en todas las redes sociales, comerciales y más, ella se dará cuenta del error que cometió al dejarte cuando tenías cinco años -sonrió-. Porque sé que llegarás mucho más lejos de lo que deseas, y sé con toda certeza que esos sueños que están en tu corazón se cumplirán, y espero estar ahí para verlo -abrazó a papá.

-Señorita -escuché que me hablaban. Parpadeé varias veces y enfoqué a la persona frente a mí. No me había dado cuenta de que la fila había avanzado y ahora era mi turno-. ¿Despacho su orden? -cuestionó y yo asentí mientras una lágrima caía por mi mejilla. La sequé de inmediato, aunque ella ya se había dado cuenta, pero lo disimuló muy bien. Al salir, me subí de nuevo al taxi y llegué a casa.

DOS DÍAS DESPUÉS

Decir que he dormido es mentir. Lo máximo que he hecho es llorar, gritar y maldecir mi vida. Al trabajo no he faltado, aunque me dieron dos semanas libres. Yo necesito mantenerme ocupada, necesito no pensar en el cuerpo inerte de mi padre colgando del techo de su estudio, o recordar las pesadillas que he tenido cada día, donde abro los ojos, estoy en mi cama y al girar lo que veo es a mi padre muerto en mi habitación.

Es por eso que Rosa me acompaña al baño en el trabajo y me tapa las ojeras con maquillaje. Una vez que ha terminado, creo que me veo presentable, aunque en realidad no hay maquillaje que me haga sentir mejor. Regreso a mi escritorio para terminar temprano e irme a casa.

-¿Quieres que vayamos a comer antes de ir a casa? -escucho a Rosa a mi lado.

-No, gracias, solo quiero ir y dormir -miento.

-Por favor, Elen, solo comemos y ya. Temo que no lo estás haciendo, estos días te veo más delgada -bajo la mirada sabiendo que tiene razón. La ropa me está empezando a quedar floja.

-Está bien, acepto -ella aplaude con emoción y yo sonrío. Luego me abraza y, a la hora de la salida, me lleva a un lugar de filetes.

Por primera vez en una semana sonrío de verdad con sus ocurrencias y la paso realmente bien. Cuando entro al lugar, el aroma de los filetes me hace notar cuán hambrienta estoy y, cuando llega, lo devoro por completo. Y, peor aún, pido otro que Rosa me prohíbe pagar. Miro a mi mejor amiga y agradezco que no se dé por vencida conmigo. La invito a dormir a mi casa y acepta encantada.

Al llegar, me baño y siento tal cansancio en mi cuerpo que caigo rendida en la cama y Rosa enciende la televisión, mientras yo me voy con Morfeo.

-Elen, despierta -escucho a lo lejos, también golpes-. Elen, ya levántate -me giro para no escucharla-. ¡Por Dios, Elena, alguien está aquí! -eso llama mi atención y me despierto. Mi amiga me pasa una bata para cubrirme y camino a la puerta, ya que alguien sí está al otro lado golpeando fuerte.

¿Quién podrá ser?

-¿Elena Gillian? Abra, por favor -miro a Rosa, que está a mi lado y ha agarrado un cuchillo.

-¿Qué piensas hacer con eso? -cuestiono.

-Si es alguien que quiere hacernos daño, no durará para contarlo -pone cara de mala.

-No tienes entrenamiento en eso -susurro. Ella niega con la cabeza.

-No lo necesitas para matar a alguien -la miro confundida.

-Sí, lo necesitas.

-Cállate y abre. Cualquier cosa, soy abogada y no nos darán más de un año de cárcel.

-Wow, qué reconfortante -suelto el sarcasmo.

-Lo sé, soy la mejor -no veo mejoría con esta conversación, así que abro la puerta y un hombre de unos 40 entra a mi casa seguido de cinco más.

¿Qué mierd...?

Comienzan a recoger todo y no lo hacen de manera delicada. Se quiebran portarretratos, hacen un desorden y yo me enojo.

-¿Quién rayos es usted? -giro al hombre y lo empujo-. ¿Cómo se atreve a entrar a mi casa de esa manera y desordenar todo? ¡¿Acaso su madre no le enseñó modales o qué?! -el hombre me mira sin ningún cambio en su expresión.

-Elena, tal vez nos maten. No les grites -escucho el susurro de Rosa.

-¿No que nos darían un año no más? -ella me sonríe con temor y suspiro.

-Elena -el hombre habla y veo que los demás ya no están recogiendo las cosas.

-¿Qué? -indago cruzando mis brazos.

Nos pueden matar, pero no me veré débil.

Siempre fuerte, nunca débil.

-Su padre tenía una deuda con nosotros de más de un millón de dólares -me tiende un papel.

Ay, hijoemadre.

-Mentiroso -acusa Rosa y toma el papel, lo revisa-. Rayos, es verdad -me da el papel-. Está en lo correcto y todo es legal -miro con horror lo que tengo en las manos y creo que me moriré dentro de segundos.

-Pero ¿cómo? -es lo único que se me ocurre preguntar.

-Su papá llegó hacia nosotros hace diez años y pidió una gran cantidad, que pagó tiempo después. Por esa razón accedimos a otro préstamo y esta vez fue de 500,000 dólares -mi boca se abre tanto que creo que llega al suelo. Siento cómo Rosa pone su dedo en mi mentón y la cierra-. La pagó y luego vino y pidió un millón de dólares y accedimos. Estaba pagando las mensualidades con normalidad hasta hace un año, cuando nos comentó que se quedó sin trabajo y le dimos seis meses para que consiguiera, pero pasó el tiempo y pidió dos meses más. Se lo dimos porque siempre era fiel en sus pagos y esta era la primera vez que hacía esto, pero cambió de número, se mudó y ahora que lo encontramos, nos enteramos de que murió -asiento con pesar-. Por lo tanto, usted ahora es la deudora.

-¿Qué? -miro a Rosa por ayuda y ella me mira con temor.

-Seamos razonables -habla y adopta su postura profesional-. Esta deuda está firmada por el señor, el padre de Elena, no por ella. Mi representada no tiene que pagar nada que ella no haya firmado -siempre diré que me sorprende el cambio que Rosa tiene cada vez que es abogada.

-El señor firmó un papel donde decía que, si algo le pasaba, su hija cancelaría la deuda.

Hijoemadre.

Rosa de inmediato le arrebata el papel y lo revisa minuciosamente. Yo he empezado a morderme las uñas de temor por lo que contendrá el papel.

Por favor, no.

Por favor, no.

Por favor, no.

Rosa suspira y me da el papel. Yo la miro detenidamente para descifrar en su rostro si es que tengo que pagar o no, pero ella solo mira al hombre.

-Un nuevo papel, con cuotas mensuales, le dará tres meses para reunir el cinco por ciento de la entrada y firmará un papel donde conste todo eso -miro al señor y a ella.

¿Entonces sí es real?

Sí, debo pagar.

-No le daremos más tiem...

-No me interesa. Ustedes llegan a la casa de mi representada, le exigen que pague algo que ella no conocía ni había firmado, también ponen su casa patas arriba sin una orden y tienen el descaro de no darle un plazo. Su padre murió hace semanas, tenga algo de compasión -el señor me mira y yo pongo mi rostro lo más triste que pueda-. Tres meses de prórroga, cuotas mensuales no más de doscientos dólares, y ella pagará el cinco por ciento de la deuda luego de esos tres meses. ¿Estamos o no? -Rosa lo mira desafiándolo y hasta cruza sus brazos. Yo sigo con mi cara de cachorro.

-Está bien -sonrío y Rosa me da un codazo cuando el hombre se gira donde están los otros.

-No quites tu cara de perro con hambre, mantenla -cambio mi expresión.

Lo siguiente es que Rosa redacta todo y, luego de media hora, su compañera de trabajo llega para notarizarlo y me da una copia a mí y otra al señor.

-Un gusto llegar a un acuerdo con usted -le tiende la mano Rosa-. Esperemos que esto no se repita.

-También lo espero -dice él y sale de mi casa con sus hombres. La amiga de Rosa también se va y yo la abrazo.

-Gracias, gracias, gracias -beso su mejilla-. Si no hubieras estado aquí, ya no tendría casa -ella ríe.

-Ahora debes abrirte un OnlyFans -me separo de ella y la miro confundida.

-Estás loca.

-No, no lo estoy. Aplazamos esto tres meses. ¿Cómo conseguirás cincuenta mil para esa fecha? -bajo la mirada sin saber qué hacer.

-Solo tengo guardados ocho mil -paso las manos por mi cabello.

-Ves, debes abrirte un OnlyFans ahora mismo -saca su teléfono-. Te pondremos de nombre "Belleza Exótica" -le quito el teléfono.

-No haré eso, ya pensaré qué hacer -Rosa dice no con la cabeza y la ignoro.

-Entonces salgamos a beber -la miro mal.

-Sabes que debo ahorrar cada centavo desde ahora, ¿no? -ríe.

-No seas idiota, yo pagaré. Además, vamos a festejar que te conseguí un buen trato con ese hombre.

-Suena a que me prostituyo.

-Te estoy diciendo que lo hagas y no haces caso -me toco el tabique de la nariz suspirando.

-Acepto lo de beber -ella ríe-. Vamos a vestirnos

En lo personal amo a Rosa, es genial.

Nos leemos en el otro capítulo.

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