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SOMBRAS DE UN MATRIMONIO OBLIGADO

SOMBRAS DE UN MATRIMONIO OBLIGADO

Autor: : Isaac H.
Género: Romance
Isabela Arriaga se ve atrapada en un matrimonio de conveniencia con Leonardo Arriaga, un hombre que la ve como una mera obligación, sin amor ni compasión. Casada por contrato, su vida se ve opacada por la presencia de Camila, la mejor amiga de su esposo, quien manipula y se burla de ella a cada paso. Mientras Isabela lucha por encontrar su lugar en una mansión que se siente más una prisión que un hogar, su marido sigue enamorado de la villana que la ha arrebatado no solo su afecto, sino también su dignidad. El tormento emocional de Isabela se ve acentuado cuando se da cuenta de que Leonardo la desprecia y prefiere a Camila. A pesar de su dulzura y sumisión, Isabela no es ajena a la frustración que crece en su corazón, mientras lucha por mantener la calma ante la manipulación constante. En una inesperada muestra de valentía, comienza a desafiar las reglas del juego, buscando ser más que la sombra que Leonardo ha creado a su alrededor. A medida que los celos y la posesividad de Leonardo salen a la luz, Isabela se enfrenta a la difícil decisión de vivir como una prisionera emocional o tomar las riendas de su vida. Pero, ¿es posible que el hombre que la desprecia también pueda amarla algún día? En un enredo de engaños, traiciones y manipulación, Isabela debe encontrar su propia voz antes de que su alma se pierda para siempre.

Capítulo 1 Matrimonio Vacio

La imponente iglesia estaba decorada con ramos de rosas blancas y candelabros que iluminaban el altar con un brillo dorado. Isabela Montiel, con un vestido de encaje perlado y un velo que parecía flotar a su alrededor, temblaba ligeramente mientras esperaba frente al sacerdote. Sus manos estaban heladas, aunque trataba de mantenerse firme. Ese día debía ser el inicio de un nuevo capítulo en su vida, uno lleno de amor, o al menos eso quería creer.

Leonardo Arriaga, por otro lado, estaba rígido y ausente. Vestía un impecable traje negro que resaltaba su porte elegante, pero su expresión era fría. Sus ojos no se fijaban en la mujer que estaba a punto de convertirse en su esposa, sino que buscaban a alguien más entre los invitados: Camila Beltrán.

Camila, sentada en una de las primeras filas, le sonrió con esa mezcla de ternura y complicidad que solo ella sabía usar. Era la única capaz de romper la fachada impenetrable de Leonardo. Él le devolvió la mirada por un segundo, como si estuviera prometiéndole en silencio que este matrimonio no significaba nada.

El sacerdote comenzó la ceremonia, pero las palabras resonaban vacías en los oídos de Leonardo. Para Isabela, sin embargo, cada frase era un anhelo, una promesa de un futuro que deseaba construir. Cuando llegó el momento de los votos, Leonardo los pronunció con una indiferencia que hizo que Camila su amada sonriera triunfante.

Después de la ceremonia, en la recepción, Isabela intentó acercarse a su nuevo esposo.

-Leonardo, ¿te gustaría bailar? -preguntó tímidamente, con una sonrisa cálida que apenas ocultaba su nerviosismo.

Leonardo, con una copa de champán en la mano, ni siquiera volteó a verla.

-No tengo tiempo para esto, Isabela. Haz lo que quieras, pero no esperes que juegue el papel de esposo enamorado y lo sabes perfectamente, esto es una maldita obligación y lo sabes.

El corazón de Isabela se encogió, pero asintió en silencio. Se repitió a sí misma que solo era el inicio y que, con paciencia, podría derribar los muros que Leonardo había construido a su alrededor.

Mientras tanto, Camila aprovechó la oportunidad para acercarse a Leonardo.

-Es un desperdicio verte al lado de ella, Leo -dijo, colocando una mano en su brazo con delicadeza. Su voz era un susurro que solo él podía escuchar-. Tú y yo sabemos que ella no pertenece a tu mundo - la mujer se volvió muy coqueta.

Leonardo la miró con intensidad.

-Este matrimonio es solo un acuerdo. Nada más, no importa como ella se vea si es o no para este mundo no tiene nada que ver conmigo.

Camila sonrió, satisfecha con su respuesta. En su mente, ya había ganado, Leonardo Arriaga era suyo y ahora solo tenía una misión y era acabar con el matrimonio y que ella se convierta en la Señora Arriaga y destruir a Isabela Montiel. Camila se mostraba arrogante y todos en la Ceremonia querían acercarse a ella ya que saben que es la mujer adorada en el corazón de Leonardo Arriaga.

Capítulo 2 Humillación

La recepción continuaba con la música de una orquesta en vivo y los invitados disfrutaban de un banquete exquisito. Sin embargo, Isabela, parada en una esquina con su vestido blanco perfectamente ajustado, era una silueta solitaria en medio de la multitud. Intentó disimular su incomodidad mientras buscaba a Leonardo, quien había desaparecido hacía más de media hora.

Leonardo no estaba perdido, sino exactamente donde quería estar: en uno de los pasillos del lugar, junto a Camila. La mujer, enfundada en un vestido rojo que dejaba poco a la imaginación, lo miraba con una sonrisa seductora.

-¿Qué haces aquí, Leo? Esto es tu boda. ¿O es que ya no puedes estar lejos de mí? -preguntó Camila con un tono que mezclaba burla y provocación.

Leonardo pasó una mano por su cabello, frustrado.

-¿De verdad crees que quiero estar ahí con ella? Esto es un teatro ridículo que no pedí.

Camila se acercó más, colocando una mano en su pecho.

-Entonces no lo hagas. Vete conmigo. Deja de fingir por los demás. Mereces ser feliz, y sabes que tu lugar es conmigo.

Leonardo dudó solo un instante antes de tomar la decisión que sellaría su destino. Sin mirar atrás, tomó a Camila de la mano y salieron discretamente del salón, dejando atrás a su esposa, sus invitados y las expectativas familiares.

Horas después, las redes sociales y los medios de comunicación explotaron con titulares:

"Leonardo Arriaga abandona a su esposa en pleno día de boda para irse con su amante, Camila Beltrán."

"Isabela Montiel: La esposa humillada."

"Escándalo en el matrimonio del año."

Isabela, sentada sola en la habitación que se suponía sería la suite nupcial, no sabía qué era más doloroso: las miradas de los empleados del hotel al llevarla allí sola o los mensajes de su familia pidiendo explicaciones sobre la vergonzosa escena.

Encendió su teléfono solo para ver las fotos que inundaban internet: Leonardo y Camila entrando a un lujoso hotel en el centro de la ciudad, riendo como si fueran la pareja perfecta. Camila, siempre impecable, se aseguraba de lucir cercana a Leonardo, mientras él la miraba con una calidez que jamás había mostrado hacia Isabela.

La prensa no tardó en acercarse a ella. Desde la recepción del hotel, escuchó el bullicio de los periodistas que exigían declaraciones.

-¡Señora Arriaga! ¿Qué tiene que decir sobre el comportamiento de su esposo?

-¿Es cierto que su matrimonio fue un arreglo por conveniencia?

-¿Cómo planea enfrentar esta humillación pública?

Isabela, al borde de las lágrimas, intentó mantener la compostura. Sabía que ceder al escándalo solo empeoraría las cosas, pero el dolor era casi insoportable. ¿Cómo podía alguien a quien apenas estaba conociendo causarle tanto daño?

Al mismo tiempo, en el hotel donde Leonardo y Camila disfrutaban de una cena privada, Camila no podía estar más satisfecha.

-¿Viste cómo todos nos miraban al salir? Esto es lo que merecemos, Leo, vivir sin que nadie nos diga qué hacer.

Leonardo, con una copa de vino en la mano, asintió. Pero en el fondo, algo en su pecho lo inquietaba. ¿Había ido demasiado lejos?

Capítulo 3 Esposa Silenciada

El amanecer trajo consigo una tormenta mediática que Isabela no estaba preparada para enfrentar. Mientras el sol apenas asomaba en el horizonte, su nombre ya estaba en boca de todos. En televisión, radio y redes sociales, las imágenes de Leonardo y Camila abandonando la ceremonia se repetían una y otra vez, cada titular más cruel que el anterior:

"La esposa abandonada: ¿Merecía Isabela Montiel este trato?"

"Camila Beltrán, la verdadera mujer de Leonardo Arriaga"

"La dulce pero débil Isabela: ¿una elección impuesta?"

Isabela permanecía encerrada en la suite nupcial, ahora vacía de toda alegría. Había pasado la noche en vela, leyendo los comentarios llenos de burlas en internet. Su teléfono no paraba de vibrar con mensajes y llamadas de conocidos, familiares, e incluso desconocidos que no dudaban en opinar sobre su vida privada.

-"Si ni su esposo la quiere, por algo será."

-"Debe de ser una mujer muy aburrida."

-"Pobre Leonardo, atrapado en un matrimonio obligado."

Incluso su propia familia, en lugar de ofrecerle consuelo, se mostraba preocupada por cómo este escándalo afectaría su reputación. Su madre, siempre preocupada por las apariencias, no ocultaba su disgusto.

-Esto es un desastre, Isabela. ¿Cómo permitiste que esto sucediera? Tienes que hablar con Leonardo y arreglar esto. No podemos ser el centro de una humillación pública.

Isabela sintió el peso de esas palabras como una losa sobre su pecho. Era como si nadie entendiera lo que ella estaba pasando, como si todo el dolor que sentía fuera irrelevante frente al daño a la imagen familiar.

Los medios de comunicación, mientras tanto, no cesaban. Cada programa de espectáculos tenía algo que decir sobre ella, y nadie salía en su defensa. Analistas de relaciones, periodistas y hasta figuras públicas opinaban con crueldad disfrazada de análisis.

-"La señorita Montiel parece no estar a la altura de un hombre como Leonardo De la Vega."

-"Es evidente que Camila Beltrán y Leonardo tienen una conexión que Isabela nunca podrá igualar."

No hubo una sola voz que cuestionara la actitud de Leonardo o la de Camila. La narrativa dominante la colocaba a ella como el problema, como la intrusa en una relación perfecta.

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Esa tarde, la desesperación de Isabela alcanzó un punto crítico cuando uno de los empleados del hotel le entregó un periódico con la fotografía de portada: Camila y Leonardo entrando a la suite presidencial de un lujoso hotel, sonriendo. El titular decía:

"Un amor que desafía los límites: Leonardo Arriaga y Camila Beltrán."

El nudo en su garganta fue imposible de contener. Las lágrimas comenzaron a brotar mientras se preguntaba cómo alguien podía ser tan cruel. ¿Qué había hecho ella para merecer tanto desprecio?

Pero lo que más dolía no era la indiferencia de Leonardo ni las palabras malintencionadas de los medios, sino el hecho de que nadie, absolutamente nadie, alzaba la voz por ella. Ni su familia, ni sus amigos, ni siquiera alguien que sintiera compasión por su situación.

En un acto de coraje silencioso, Isabela se miró al espejo. Sus ojos, hinchados de tanto llorar, reflejaban no solo tristeza, sino también una chispa de determinación. Sabía que si nadie estaba dispuesto a defenderla, tendría que aprender a hacerlo por sí misma.

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