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SOY LA FAVORITA DEL CEO FRIO

SOY LA FAVORITA DEL CEO FRIO

Autor: Cristy*
Género: Romance
Alys Moore es la definición de una chica brillante, trabajadora, buena estudiante y de gran corazón. Pero su mundo se derrumba cuando, tras salir temprano de su empleo, encuentra a su novio Brandon en la cama con Sara, su compañera de piso y amiga. Con el corazón roto, Alys va a un club nocturno con su amiga de la infancia Maya, para ahogar su dolor. Allí, entre luces y música, sus ojos se cruzan con los de Abel Lenox. Él es un CEO multimillonario, un hombre frío, calculador, extremadamente guapo y con un poder absoluto que jamás se somete ante nadie... ¡hasta que la ve a ella!. Ese encuentro fortuito desencadenará una atracción incontrolable, arrastrándolos a un torbellino de emociones intensas. ¿Podrá la calidez de Alys derretir el muro de hielo que rodea el corazón de Abel, o terminará consumida por su temperamento implacable?
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Capítulo 1 Cuando la verdad te golpea en la cara

Alys es una joven amable, cariñosa, trabajadora y divertida. A sus 21 años, cursa el último semestre de la carrera de Finanzas -aunque posee muchas otras habilidades-, es una excelente estudiante y, por encima de todo, se mantiene fiel a sus principios y ama profundamente a su familia y amigos.

​La belleza de la chica es inigualable: su cabello es largo, brillante, de color negro azabache y cae en suaves ondas hasta su cintura. Su piel es clara y tersa, su rostro de rasgos delicados, nariz respingada, labios hermosos y unos ojos verdes, grandes y cautivadores. Su silueta es envidiable, una belleza total; sin embargo, ella prefiere la discreción. Nunca le ha gustado ser admirada únicamente por su físico, sino que busca ser valorada por su intelecto y sus cualidades humanas.

​Lleva dos años de relación con su novio, Brandon Foster, quien es un joven alto, de buen físico, cabello castaño, ojos color miel y una sonrisa encantadora. Es el heredero de una familia que posee estatus y poder en Ciudad Mar, aunque no pertenecen al círculo de los más ricos. A pesar de que Brandon es el suspiro de muchas chicas, él solo tiene ojos para su novia y eso es suficiente para hacerla feliz.

​Alys cuenta también con el amor y apoyo incondicional de sus padres, ellos son unos empresarios exitosos a los que les va muy bien en los negocios. A pesar de la buena posición económica de su familia, ella es independiente y prefiere costear sus gastos trabajando a medio tiempo; pues quiere salir adelante por sus propios medios.

​Para ella, todo era perfecto: padres amorosos, un novio entregado, buenos amigos, un empleo bien remunerado y un expediente académico excelente. ¿Qué más podía pedirle a la vida?

ALYS

Mi turno en el café estaba a punto de terminar. Era un lugar acogedor y muy popular, con una paga lo suficientemente buena como para cubrir el alquiler del piso que comparto con mi amiga Sara Miller, además de mis otros gastos.

Horas antes, cuando estábamos en universidad:

-Alys que vas a hacer, después del trabajo?

-Amiga, hoy voy a llegar tarde casa, quedé de reunirme con unos compañeros de clase para estudiar. ¿Porqué la pregunta?

-¡Oh! No es nada, sólo tenía curiosidad.

-Bien ya debo irme -anunció Alys y, mirando el reloj salió apresuradamente hacia la parada de autobús. Nos vemos esta noche, alcanzó a decir mientras se despedía agitando la mano.

Sara le devolvió el saludo con una sonrisa y caminó hacia el salón de clases.

Los planes de estudio se cancelaron a última hora y decidí volver a casa para darme un baño relajante, comer algo rico, adelantar mis pendientes y tomar una larga y reconfortante siesta en mi habitación, que siempre ha sido mi refugio favorito.

Tomé un taxi hacia nuestro edificio. No es el complejo más lujoso de la zona, pero es muy bonito y está perfectamente ubicado. Subí por el ascensor, llegué al piso, marqué el código de seguridad en la cerradura electrónica y entré, cerrando la puerta tras de mí. Todo parecía normal: el apartamento estaba en silencio y tranquilo como de costumbre.

Caminaba directo a mi habitación con la mente puesta en la ducha, cuando, de repente, escuché voces apagadas que provenían del cuarto de Sara. Era evidente que estaba teniendo intimidad con alguien, lo cual me extrañó, ya que nunca me había mencionado que tuviera novio. Iba a pasar de largo para respetar su privacidad, pero me quedé congelada cuando un nombre escapó de sus labios entre gemidos:

​-¡Brandon...!

​El mundo se detuvo. Me quedé paralizada, con el corazón martilleando en mi pecho. "No puede ser mi novio", me repetí desesperadamente, intentando razonar. "Debe ser una casualidad, hay muchos hombres que se llaman así". Apenas procesaba las palabras de Sara cuando escuché la respuesta del hombre. Era esa voz. La inconfundible voz del hombre que amaba y lo peor de todo era que estaba pronunciando el nombre de mi amiga.

​Una ola de frío me recorrió por todo el cuerpo erizando mi piel. Fueron apenas unos segundos, pero para mí se sintió como una eternidad. Mi mente iba a mil por hora, atrapada entre la negación y la realidad del momento: "Esto es una pesadilla, no puede ser real" me dije internamente.

Impulsada por el dolor y la adrenalina, empujé la puerta de un tirón. La escena que encontré frente a mí terminó de destruir el último hilo de esperanza que aún permanecía en mi mente. Sobre la cama estaban mi amiga y mi novio. Ella encima de él, gimiendo sin pudor, mientras él la sostenía de las caderas pronunciando palabras sucias que me niego a repetir.

​En cuanto la puerta se abrió de par en par, todo se volvió caótico. Brandon saltó de la cama como si se hubiera quemado, intentando subirse torpemente los pantalones mientras balbuceaba la típica y patética frase:

-¡Alys, no... no es lo que piensas! ¡Bebé esto es un error!

​Sara, la que consideraba mi amiga, se cubrió con la sábana como pudo, rompiendo en un llanto falso e hipócrita.

​El dolor del engaño me atravesó el corazón como si fueran filosas navajas que desgarraban mi pecho, y rápidamente se transformó en un fuego ardiente. Una ira ciega se apoderó de mí. Caminé hacia ellos y, antes de que Brandon pudiera terminar de inventar una excusa, descargué en él toda mi frustración estrellando mi mano contra su rostro una y otra vez. Él desgraciado sujetó mi mano.

-Alys, amor, cálmate sí. Tenemos que hablar.

Me solté como pude y le propiné dos bofetadas a Sara, su cara se enrojeció al instante.

-Eres una traidora -grité.

Capítulo 2 Traición e infidelidad

ALYS

Estaba fuera de mí; no podía creer que ellos me hicieran esto. Me sentí engañada. No era solamente infidelidad; era traición -cruel y pura-. Los insulté de todas las maneras posibles y les tiré la ropa encima antes de echarlos del apartamento.

-Lárguense de aquí, ustedes fueron los que fallaron -bramé con ira.

Brandon trató de explicar lo inexplicable:

-Cariño, ahora estás muy alterada, hablemos con calma -suplicaba una oportunidad para justificarse, mientras terminaba de vestirse.

-No hay nada de qué hablar, Brandon, lo nuestro se acabó.

-Alys, amiga, lo entendiste todo mal... Esto fue un error. No tomes decisiones apresuradas -manifestó Sara entre sollozos fingidos.

Una risa seca y fría raspó mi garganta. «Qué hipócrita», pensé.

-¿Me estás diciendo que meter a mi novio en tu cama... en nuestra propia casa, fue solo un error? ¿Qué tan estúpida crees que soy? -la confronté señalando la salida-. Salgan ya, no quiero volver a verlos, son tal para cual.

Brandon trató de decir algo más, pero las palabras se le atascaron en la garganta.

¿Qué podían decir para convencerme, si lo había visto todo con mis propios ojos? Les grité nuevamente que se marcharan y así lo hicieron.

Al sonar el clic de la puerta cerrándose, la realidad me golpeó con fuerza y en ese instante me derrumbé. Mi cuerpo se deslizó por la pared y caí sentada en el piso; las lágrimas rodaron por mis mejillas sin poder detenerlas y permití que el dolor fluyera.

Después de dejar salir todo ese sentimiento que me ahogaba, decidí darme una ducha y me fui a la cama; esa noche no probé bocado, pues no tenía apetito. Mi corazón estaba herido. «Ese par de traidores no se merecen mis lágrimas y mucho menos mi dolor», pensé.

Tenía que seguir adelante; le pedí a Dios fortaleza para superar este trago amargo. Brandon fue mi primer novio y, aunque no tuvimos relaciones, fue mi primer beso y mi primer amor. Estuve dando vueltas en el colchón hasta que el cansancio me venció y me quedé dormida.

Al día siguiente, me levanté con mejor ánimo y con una determinación: no lloraría más por esos dos hipócritas. Mis padres siempre me decían que yo era una chica fuerte y que, por muy grandes que fueran las adversidades, debía seguir adelante.

Me arreglé para ir a la universidad, como de costumbre, y afortunadamente no me topé con ese par de sinvergüenzas; al salir, me dirigí al trabajo. Mi mejor amiga de la infancia, Maya Harris, me invitó al club de moda. Íbamos a distraernos y pasar el rato. Ella acababa de llegar del extranjero, pues estaba estudiando allá. Mi mejor amiga era una rubia hermosa de ojos azules y cuerpo espectacular; ella y yo nos contábamos todo. Obviamente ya la había puesto al tanto por teléfono de todo lo ocurrido la noche anterior, pero ella quería saber más; con lujo de detalles.

Mi querida amiga Maya me apoyaba en todo y quería darle una lección a los traidores con sus propias manos -eso me dijo durante la llamada-. Me la imaginé dándoles una paliza a los infieles y nos reímos a carcajadas de sus locuras. Ella es como un vendaval.

Cuando salí del trabajo, Maya me esperaba afuera; subimos al auto y fuimos a su apartamento para arreglarnos. Por recomendación de ella me puse un vestido color rojo vino muy hermoso y sexy, zapatos de tacón alto del mismo tono y un maquillaje adecuado para la noche, con los labios bien definidos. El cabello lo dejé suelto con ondas en las puntas y, por supuesto, no podía faltar un perfume exquisito pero sutil.

Ella también se veía deslumbrante con su vestido negro brillante, que resaltaba cada parte de su esbelta figura. El maquillaje y el cabello complementaron su atuendo a la perfección. Su novio, Dilan Carter, nos recogió en su Mercedes Maybach; él es un heredero de la alta sociedad, ama mucho a Maya y la respeta. Su relación es muy estable, ya que están juntos desde la secundaria.

Dilan también es mi amigo, y cuando nos vio salir, los halagos no se hicieron esperar.

-Están muy hermosas, chicas -manifestó como todo un caballero.

Le agradecimos, subimos al auto y luego partimos al Club Cielo Azul, el más glamoroso de Ciudad Mar.

Llegamos y todo en ese lugar gritaba lujo; era el sitio al cual asistía toda la élite de la ciudad. Había mucha gente divirtiéndose en la pista de baile y otros tomaban sus bebidas en la barra, así que buscamos un reservado para sentarnos a conversar; el ambiente era genial. Le di un resumen detallado a mi amiga sobre lo que pasó con Sara y Brandon; ella estaba furiosa, despotricando insultos contra ellos, pero decidimos cambiar de tema y disfrutar de la noche.

Tomamos varios tragos -creo que me excedí un poco, ya que el alcohol y yo no somos muy buenos amigos-. Sonó una música rítmica que está de moda y Maya nos arrastró a la pista de baile.

-Vamos, chicos, esta música me fascina -dijo ella eufórica.

El baile era uno de mis talentos naturales. Comenzamos a movernos al ritmo de la música, me dejé llevar moviendo mi cuerpo de forma sensual -quería sacar toda la frustración y dejar fluir la adrenalina del momento-. Muchas miradas se posaron en mí y me invitaron a bailar, pero me negué; en realidad quería disfrutar solo con mi grupo; me sentí en las nubes, el baile me desestresa.

***

En lo alto de la sala VIP, ajeno a la conversación de sus socios, un hombre de mirada penetrante observaba fijamente a Alys mientras ella disfrutaba abajo con sus amigos. Sostenía un vaso de whisky que ni siquiera llegó a probar. Tenía un porte exquisito, era alto, elegante de hombros anchos y cintura estrecha.

Vestía un costoso traje de diseñador, zapatos a medida y accesorios de edición limitada. Su cabello era negro como la noche y los rasgos de su mandíbula enmarcaban su rostro varonil. El tipo de hombre con el que todas sueñan, su sola presencia atraía e intimidaba a la vez.

Abel, así se llamaba, no era un hombre cualquiera. Su figura evocaba una escultura griega tallada a la perfección y estaba allí con sus ojos fijos en la deslumbrante pelinegra de ojos verdes que movía su cuerpo al compás de la música, mientras que con un movimiento calculado le daba un sorbo a su bebida. Ella, totalmente inocente, ni siquiera se dio cuenta de que había captado la atención del hombre más importante de la ciudad y, quizás, del país.

Capítulo 3 Un defensor impresionante

Alys miró a su alrededor como buscando algo entre la multitud; un leve escalofrío le recorrió la espalda.

-¿Amiga, qué te pasa? ¿Viste a algún conocido? -le preguntó Maya.

-No, sólo sentí que me observaban.

-Mira a todos esos chicos guapos, te comen con la mirada, quedaron prendados de tu belleza, debe ser eso.

-Tienes razón, amiga. Qué bueno que al final vine con ustedes. Este sitio es buenísimo, pero no tengo la intención de flirtear esta noche -le susurró Alys a Maya al oído.

-No seas aguafiestas, deberías buscarte a un bombón que esté buenísimo y restregárselo en la cara al cretino de tu ex para que vea de lo que se perdió -respondió Maya, rozándole el hombro entre risas.

En efecto, muchos jóvenes atractivos se acercaron a Alys para ligar, pero ella los rechazó a todos. La chica se veía realmente deslumbrante, tanto, que era difícil no admirar esa sensualidad cautivadora.

ABEL LENOX

Revisaba mi teléfono sentado en el lujoso sofá de cuero del reservado VIP del nuevo club de mi amigo Lucas. Disfrutaba de unas copas con él y Cooper. Ellos me invitaron a pasar el rato y acepté. Todo iba bien, un poco aburrido, tal vez. Nos encontrábamos en el salón más exclusivo del lugar, el cual estaba ubicado en la planta alta y tenía una magnífica vista, pues desde ahí se podía apreciar todo el establecimiento.

De repente, alguien captó mi atención y mis ojos se posaron en un fascinante ángel. Llevaba un vestido color rojo vino que se ceñía perfectamente a su esbelta figura; su cabello negro y brillante caía en su espalda hasta la cintura. ¡Ella era sencillamente preciosa! Tenía un cuerpo de infarto y se movía de tal manera que me dejó sin aliento.

En ese preciso momento se volteó y por un instante, nuestras miradas se cruzaron; un destello de algo -que no sé qué fue- se encendió en mí. Sus ojos verdes e intensos eran los más cautivadores que había visto jamás, su rostro se veía angelical y al mismo tiempo seductor; me quedé maravillado con esa hermosa visión en forma de mujer. Ella quitó la mirada inmediatamente; no sé si en verdad se fijó en mí o si me lo imaginé, pero de lo que sí estaba seguro, es que no podía apartar mis ojos de ella.

No sé qué me pasó. Nunca presto atención a las mujeres, porque todas se acercan a mí por dinero, estatus y poder. Son unas interesadas. Pero algo dentro de mí me decía que ella era especial; no sé cómo explicarlo o cómo llamarlo, si destino o presentimiento, de lo que sí estaba seguro era que esa belleza me hacía sentir diferente.

Mi mejor amigo lo notó y comenzó a bromear conmigo:

-¡Vaya! Parece que esa chica, la del vestido rojo allá en la pista, captó tu atención, hermano... -me dijo en tono de broma, palmeándome el hombro.

Lo ignoré y tomé un sorbo de mi whisky, encendí un cigarrillo y aparté la mirada de la belleza que me había hechizado. Una sonrisa ladina se formó en mis labios.

-Tal vez esta noche haya algo que valga la pena admirar en este lugar -respondí sin más.

Aunque mis ojos ya no la veían, en mi mente se reproducía su imagen una y otra vez; no podía sacarla de mis pensamientos.

En ese instante, llegó Demi Adams con sus amigas. Tuvimos una relación pasajera hace algunos años atrás, pero eso ya se terminó. Sus padres y los míos alguna vez hablaron de una alianza matrimonial antes, cuando éramos pequeños, pero eso es cosa del pasado; además yo no acepto que me impongan nada, y mucho menos un matrimonio arreglado.

Demi es la heredera del Grupo Adams y siempre está tratando de atarme a un compromiso matrimonial. Ella es caprichosa y superficial, una niña mimada que siempre obtiene lo que quiere, pero conmigo se equivoca.

Caminó hacia mí y se sentó, aferrándose a mi brazo.

-Abel, querido, qué bueno encontrarte aquí -me susurró con un tono meloso.

El olor penetrante de su perfume me revolvió el estómago y me zafé de su agarre.

-Voy al baño, no me sigas -espeté con fastidio.

Salí del reservado y me dirigí al área de los baños. Necesitaba un respiro; la presencia de Demi es asfixiante, siempre quiere estar pegada a mí, aunque le he repetido mil veces que no quiero nada con ella.

Iba por el pasillo cuando me topé con una escena que me sorprendió.

ALYS

Maya tenía razón; el ambiente en este lugar era increíble. Estando en la pista de baile, sentí una mirada sobre mí, volteé y eché un vistazo alrededor, pero no vi nada en particular. Me giré nuevamente y alcé mis ojos a la planta alta; allí logré percibir un destello fugaz de unos ojos azul intenso que me miraban. Maya tocó mi hombro y susurró algo a mi oído.

-Mira quiénes llegaron -señaló hacia la entrada con un gesto.

Observé al grupo que iba ingresando al club y ahí estaba él. ¡Brandon Foster!, mi ex, con sus amigos, y detrás de ellos, siguiéndolo, venía Sara Miller, mi supuesta amiga. «¡Traidora!», pensé y me tomé la bebida que tenía de un solo trago.

El DJ cambió a una melodía más romántica, de esas que se bailan en pareja, y mi amiga y su novio se sintieron incómodos.

-¿Quieres ir al reservado? Podemos descansar un poco -Sé que lo hacían por mí, como no tenía pareja; ellos no querían que me sintiera fuera de lugar.

Para no ser un estorbo, los rechacé.

-Descuiden, sigan bailando. Yo voy al baño a retocar mi maquillaje.

-¿Estás segura? -me preguntó Maya-. ¿Quieres que te acompañe?

-Sí, estoy segura. No necesito que me acompañes, puedo ir sola, amiga -respondí con una sonrisa y me fui.

Entré al baño, me miré al espejo, retoqué mi maquillaje y me dispuse a volver. Pensé que Brandon no me había visto, pero me equivoqué; apenas avancé un poco, él se interpuso en mi camino.

-Alys, espera, tenemos que hablar.

-No tenemos nada de qué hablar -lo fulminé con la mirada y seguí de largo como si hablara con la pared.

-Alys, detente -resopló con voz fría y amenazante.

Pero no le hice caso y seguí mi camino como si no hubiese escuchado nada. Tan solo di dos pasos cuando...

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