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Salvada por el Alfa

Salvada por el Alfa

Autor: : sxtzambrana
Género: Hombre Lobo
Cuando Luna es atacada por fuerzas desconocidas, es salvada por Axel, un temido Alfa licántropo. Él descubre que ella no es una humana cualquiera, sino la clave para desatar un poder ancestral. Unidos por un vínculo imposible de romper, deberán enfrentar enemigos, secretos del pasado y una atracción que amenaza con consumirlos... porque protegerla podría salvar su manada, pero también destruirlo todo.

Capítulo 1 La Caza

El aire frío de la noche golpeaba el rostro de Luna, quien corría sin mirar atrás. Cada paso que daba parecía hundirla más en el bosque oscuro, donde las sombras parecían alargarse, retorcidas, como si intentaran alcanzarla. El sonido de sus respiraciones entrecortadas se mezclaba con los pasos apresurados que aún la perseguían. Algo más estaba detrás de ella, algo que no era humano, y sabía que no podía permitir que la alcanzaran.

Sus piernas temblaban por el agotamiento, pero no podía parar. Algo en sus entrañas le decía que si lo hacía, no habría una segunda oportunidad. Ya había escuchado las leyendas, esas historias que le parecían absurdas en su infancia. Pero ahora... ahora sabía que lo que se decía sobre los cazadores y las criaturas oscuras no era solo mito. Estaba viva para comprobarlo.

Un grito desgarrador la hizo girar en seco. No podía ver nada, solo la maraña de árboles y la oscuridad densa que rodeaba cada centímetro del bosque. El crujir de las hojas secas bajo los pies de sus perseguidores le helaba la sangre. ¿Por qué? ¿Por qué la perseguían? Todo esto comenzaba a desbordar la realidad que conocía. Estaba atrapada en algo que ni siquiera entendía.

De pronto, el aire cambió. El viento que la azotaba se detuvo. Las sombras que la rodeaban parecían haberse agazapado, como si todo el bosque hubiera contenido la respiración. Luna detuvo sus pasos, su pecho subiendo y bajando con rapidez. Algo estaba cerca, algo mucho peor que los hombres que la seguían.

Y entonces lo vio. En la distancia, entre las sombras, apareció una figura enorme, una sombra que se deslizaba con la elegancia de un depredador. Un lobo. Sus ojos brillaban con un destello dorado en medio de la oscuridad, dos soles que la observaban fijamente, desafiantes.

Luna no pudo moverse, paralizada por el miedo, mientras el lobo avanzaba hacia ella con paso firme. Su cuerpo parecía un espectro, como si no hubiera límites entre la bestia y la noche misma. En su mente, las palabras de su madre resonaban, las advertencias sobre las criaturas que habitaban la oscuridad... Pero ahora, estaba frente a una de ellas.

Antes de que pudiera reaccionar, el lobo dio un salto, una velocidad imposible de seguir. Luna sintió una presión contra su pecho, un resplandor dorado ante sus ojos. Pero no ocurrió lo que esperaba. No la atacó. En su lugar, el lobo se detuvo a unos centímetros de su rostro, sus ojos fijos en los de ella. La conexión fue instantánea, casi eléctrica, y Luna sintió una vibración que recorrió su columna.

No podía moverse, no podía gritar. Pero justo cuando pensó que todo había terminado, un sonido grave, como un rugido controlado, la sacó de su trance. El lobo dio un paso atrás y, con una velocidad vertiginosa, se transformó en un hombre.

Era alto, imponente, y su presencia era tan dominante que Luna se sintió pequeña, vulnerable. Su mirada era tan intensa que parecía atravesarla, desnudándola por completo. Axel.

"¡Corre!" La orden fue tan urgente que Luna no pensó, solo reaccionó. El miedo la empujó a moverse, a correr más rápido que nunca, aunque sus piernas parecían fallarle. Axel no la dejó atrás. En unos segundos, se adelantó a ella, corriendo con una agilidad sobrehumana, hasta llegar a un claro en el bosque. Sin previo aviso, la tomó de la muñeca, sus dedos envolviéndola con fuerza, y la arrastró tras él.

"¿Quién te persigue?" Axel gruñó mientras sus ojos brillaban con una intensidad peligrosa. Luna, aún sin poder hablar, respiraba con dificultad. Lo miraba sin comprender. No podía entender cómo un hombre podía moverse con tanta rapidez, cómo había pasado de ser un lobo a una figura humana.

"¡Responde!" Axel insistió, apretando su muñeca con más fuerza. Luna, incapaz de articular palabra, solo asintió levemente. La tensión era palpable. "Te he salvado la vida, no quiero que te haga falta otra oportunidad."

En ese momento, algo dentro de Luna despertó. Aunque el miedo aún corría por su cuerpo, había algo más: una sensación extraña que le decía que estaba destinada a cruzarse con él. Pero no sabía por qué. No sabía nada, más allá de que su corazón latía desbocado y que la noche, de alguna manera, se había convertido en su peor enemigo.

Axel la miró, sus ojos dorados aún brillando con intensidad, y por un instante, Luna sintió como si todo el universo estuviera pendiente de su próximo movimiento. El lobo dentro de él, el Alfa, algo dentro de su alma... todo estaba preparado para lo que viniera después.

Pero no sería fácil. Nadie había dicho que lo fuera.

Capítulo 2 El Lobo

La oscuridad era densa y opresiva. Luna, con el pulso acelerado, apenas podía respirar por la ansiedad que sentía. A su lado, Axel corría con una velocidad sobrenatural, arrastrándola tras él sin esfuerzo. El sonido de sus pasos era el único ruido que rompía el silencio mortal del bosque, y Luna, atrapada entre la confusión y el miedo, sentía que su vida estaba en manos de un completo extraño.

¿Quién era realmente Axel? ¿Cómo podía moverse así, tan rápido, tan seguro de sí mismo? Algo en su interior le decía que no estaba ante un simple hombre. Cada vez que lo miraba, sentía que el aire a su alrededor vibraba, como si fuera parte de algo mucho más grande. Un animal, sí, pero no un animal cualquiera.

De repente, Axel se detuvo. Luna chocó contra su espalda, pero él no se movió, manteniéndose inmóvil como una roca. Algo había cambiado en el aire. El sonido de la caza se había detenido, como si el bosque mismo estuviera conteniendo la respiración.

Luna miró hacia adelante, pero no vio nada. No había ningún rastro de sus perseguidores, solo la sombra de los árboles que parecían cerrarse a su alrededor. Sin embargo, algo en su instinto le decía que los hombres no estaban lejos. Algo más estaba por suceder.

"¡Detrás de ti!" gritó Luna, señalando frenéticamente con la mano. Pero Axel no hizo ningún movimiento. Su mirada estaba fija, distante, como si escuchara algo que ella no podía oír. Un parpadeo, y antes de que Luna pudiera decir algo más, Axel se giró bruscamente, ya transformado.

Su figura humana desapareció casi al instante, dando paso a una imponente bestia que la dejó sin aliento. El lobo, un animal enorme, cubierto de pelaje negro como la medianoche, se erguía ante ella con una presencia tan poderosa que Luna sintió que la tierra bajo sus pies temblaba. Los ojos dorados de Axel brillaban con una intensidad desbordante, y sus colmillos, afilados como cuchillas, reflejaban la luz de la luna.

Luna retrocedió instintivamente, pero no por miedo. Era un instinto profundo, primitivo, como si el lobo ante ella fuera una criatura tan poderosa que su mera presencia podía aplastarla. Sin embargo, había algo en esos ojos, algo familiar, que la hizo quedarse en su lugar. Axel, en forma de lobo, no era un enemigo, sino un protector. Un protector que había venido a salvarla.

Antes de que pudiera asimilar todo lo que estaba sucediendo, una sombra se movió a través del bosque, un movimiento rápido y furtivo. Luna no alcanzó a distinguir si era un animal o un ser humano, pero no necesitaba saberlo. El peligro aún estaba cerca, acechando en la oscuridad.

Axel rugió, un sonido grave que hizo retumbar el suelo bajo sus pies, y en un parpadeo se lanzó hacia la sombra, disparándose hacia el bosque con una velocidad aterradora. Luna no pudo evitar quedarse paralizada, observando cómo el lobo desaparecía entre los árboles, su figura mezclándose con las sombras de la noche.

El tiempo parecía detenerse mientras ella se quedaba sola, con el eco del rugido de Axel aún resonando en sus oídos. La adrenalina, combinada con el miedo, le llenaba el cuerpo, y por un momento, pensó que el miedo la consumiría por completo.

Pero no pasó mucho tiempo antes de que escuchara un grito, seguido por un crujido seco. Luego, un rugido más fuerte, seguido de una serie de golpes, como si una lucha brutal se estuviera desatando en algún lugar no tan lejano. Luna, aterrada, comenzó a caminar en dirección al ruido, aunque cada fibra de su ser le pedía que no lo hiciera. No tenía idea de qué estaba sucediendo, pero algo en su interior le decía que no debía huir. No ahora.

Avanzó con cautela, sus pasos se volvían más pesados a medida que se acercaba al lugar de la pelea. La luna llena brillaba por encima de ella, iluminando el bosque de manera inquietante. Cuando llegó al borde de un claro, vio la escena.

Axel, transformado nuevamente en humano, estaba luchando contra una figura encapuchada. Luna no pudo ver mucho de la figura, solo una silueta borrosa y los movimientos rápidos de ambos, pero lo que sí pudo distinguir era la ferocidad de la lucha. Axel estaba herido, una mancha de sangre oscura manchaba su camiseta rota, pero no parecía rendirse. Luchaba con la rabia de un animal acorralado, sus ojos dorados brillando con una intensidad peligrosa.

En ese instante, Luna comprendió lo que él era. No solo un hombre, no solo un líder de manada, sino algo mucho más grande, más salvaje. Y ella, inexplicablemente, sentía que estaba conectada con esa bestia. Que estaba, de alguna manera, ligada a su destino.

En un movimiento repentino, Axel derribó a la figura encapuchada, su cuerpo golpeando el suelo con un sonido sordo. El hombre encapuchado soltó un gruñido de dolor, pero Axel no le dio tiempo a levantarse. Se posicionó encima de él, sujetándolo con una fuerza sobrehumana mientras sus colmillos se acercaban al cuello del intruso.

Luna, que observaba desde la distancia, sintió una oleada de emoción que la sorprendió: no era miedo, ni asombro, sino algo más profundo, algo visceral. Y en ese momento, un grito de agonía, no humano, rompió el silencio.

"¡No!" gritó Luna, corriendo hacia ellos, su corazón latiendo con fuerza. Axel, al escuchar su voz, levantó la vista un momento, congelando el tiempo con su mirada dorada.

"¡Luna!" Su voz era grave, casi gutural, como si algo dentro de él se hubiera alterado al ver que ella estaba allí. Pero no hubo tiempo para más palabras. En un suspiro, el hombre encapuchado, al darse cuenta de que Axel lo había capturado, comenzó a murmurar palabras incomprensibles.

"¡Déjalo, Axel!" Luna corrió hacia él, de alguna manera sintiendo la urgencia en su pecho, como si algo más grande estuviera en juego. Axel la miró fijamente y luego, con una rapidez aterradora, giró su cuerpo, y con un rugido ensordecedor, destrozó al hombre encapuchado. La figura cayó al suelo inerte, y el aire pareció calmarse inmediatamente.

Luna se quedó en silencio, observando cómo Axel se levantaba de encima de la figura muerta. La rabia y el peligro en sus ojos desaparecieron tan rápido como habían aparecido, pero Luna, por alguna razón, ya no sentía miedo de él. Ahora, solo había una sensación extraña de conexión, de pertenencia.

Axel caminó hacia ella, sus pasos firmes, y al llegar a su lado, se detuvo. La miró en silencio, y por un momento, Luna pensó que iba a decir algo. Pero no lo hizo. En lugar de eso, la miró de nuevo con esos ojos dorados, profundamente fijos en ella.

"Estás a salvo," dijo finalmente, su voz suave, pero llena de una intensidad que no dejaba lugar a dudas. "Pero esto no ha hecho más que comenzar."

Capítulo 3 Despertar en la Cabaña del Alfa

Luna despertó lentamente, con la sensación de estar flotando entre los límites de la conciencia y el sueño. La luz de la luna entraba a través de una ventana pequeña, bañando la habitación con un brillo plateado que la hacía sentirse ajena al mundo exterior. Estaba acostada en una cama que no reconocía, cubierta con una manta gruesa y cálida. A su alrededor, todo estaba en silencio. Un silencio absoluto, como si el tiempo mismo hubiera decidido detenerse.

Al principio, no recordó cómo había llegado allí, ni qué había sucedido. La última imagen que tenía en su mente era la de Axel, su lobo, luchando ferozmente contra el extraño encapuchado en el bosque. Había sentido un miedo indescriptible, pero también algo más: una conexión, algo profundo e irrompible, que la había mantenido alerta. Pero después de eso... todo se había vuelto borroso.

Se incorporó con lentitud, el dolor recorriendo su cuerpo. No era un dolor físico, sino una especie de agotamiento, como si su energía vital hubiera sido drenada. Su cabeza daba vueltas, pero, a pesar de la confusión, algo le decía que debía moverse, que no podía quedarse allí.

El lugar en el que se encontraba era modesto pero acogedor. La cabaña tenía un aire rústico, con paredes de madera envejecida y muebles sencillos pero funcionales. Un fuego tenue crepitaba en una chimenea, iluminando el espacio con destellos naranjas. El aire estaba impregnado de un aroma a madera quemada, tierra húmeda y algo más, algo que no podía identificar.

Se levantó con cuidado, observando cada rincón de la habitación. Había una pequeña mesa de madera, algunas sillas dispersas, y un estante con libros que parecían antiguos, pero lo que más le llamó la atención fue la gran ventana que daba al bosque. El paisaje era sobrecogedor, con árboles altos que se perdían en la neblina nocturna. La luna llena brillaba con fuerza, como si fuera un faro en medio de la oscuridad.

Luna se acercó a la ventana y miró afuera, el viento susurrando entre las hojas de los árboles. No sabía cuánto tiempo había pasado desde que Axel la había rescatado, pero el pensamiento de él la hizo sentir un nudo en el estómago. ¿Dónde estaba él ahora? ¿Qué había pasado después de la pelea? ¿Y, más importante aún, qué era él? No podía sacudirse la sensación de que algo había cambiado dentro de ella desde esa noche, algo que no entendía, pero que la atraía con una fuerza inusitada.

De repente, escuchó unos pasos fuera de la habitación. Su cuerpo se tensó, el miedo regresó rápidamente a su pecho. No sabía qué esperar, si era Axel o alguien más. No estaba lista para enfrentarse a lo desconocido, no aún. Sin embargo, cuando la puerta se abrió, se encontró con la mirada de Axel, de pie en el umbral.

Sus ojos dorados brillaban suavemente bajo la luz de la luna, y su presencia llenaba el espacio con una intensidad palpable. Luna sintió una mezcla de alivio y ansiedad al verlo. Algo en su interior la hacía querer correr hacia él, abrazarlo, pero al mismo tiempo, había una barrera invisible que la mantenía distante. Era como si no pudiera acercarse sin romper algo dentro de ella.

"¿Cómo te sientes?" Su voz era grave, pero suave, cargada de una preocupación que Luna no había esperado.

"¿Dónde estoy?" La pregunta salió de sus labios antes de que pudiera pensar en cómo formularla. Su mente estaba un caos, pero la necesidad de respuestas era más fuerte que todo lo demás.

"Estás en mi territorio", respondió Axel, sin moverse. "En la cabaña de la manada. Estabas inconsciente cuando te traje aquí. Has estado dormida varias horas."

Luna asintió, tomando asiento en la cama, tratando de procesar sus palabras. Su mirada se desvió hacia las manos de Axel, las cuales estaban entrelazadas en frente de él, como si estuviera luchando por mantener la calma.

"¿Qué pasó después de... después de la pelea?" Preguntó, con un hilo de voz. No sabía si quería saber la respuesta, pero su curiosidad era más fuerte que su miedo.

Axel suspiró, y por un momento, Luna vio cómo su expresión se endurecía. "La amenaza fue neutralizada. El hombre que atacó no era solo un enemigo cualquiera, era un cazador, uno de los más peligrosos. Estaba buscando algo... y me temo que ahora te has convertido en su objetivo."

"¿Por qué?" La pregunta salió de sus labios como un susurro, pero tenía el peso de todas las respuestas que aún no conocía. "¿Por qué me quieren a mí?"

Axel hizo una pausa, y Luna notó cómo su cuerpo parecía tensarse aún más, como si las palabras que estaba a punto de decir fueran difíciles de pronunciar.

"Tú no eres una simple humana, Luna", dijo finalmente, con una intensidad que hizo que su corazón latiera con fuerza. "Eres descendiente de una línea antigua, una línea de mujeres que poseen sangre lunar, una sangre que tiene el poder de fortalecer a los alfas. Eres... algo mucho más importante de lo que imaginas."

Luna lo miró, incapaz de procesar lo que acababa de escuchar. "¿Qué quieres decir con eso?" Preguntó, su voz temblando ligeramente. "No entiendo."

"Tu madre, Luna, no era una mujer común. Ella fue parte de un linaje muy antiguo, y tú... eres su heredera", explicó Axel, su mirada fija en ella, como si estuviera buscando una reacción. "Esa sangre que corre por tus venas tiene el poder de alterar el equilibrio entre los licántropos. No solo puedes potenciar a un alfa, sino que también puedes controlar la transformación misma. Y hay aquellos que quieren usar ese poder... para sus propios fines."

El peso de sus palabras cayó sobre Luna como una pesada losa. Todo lo que pensaba saber sobre sí misma, todo lo que creía conocer sobre su vida, estaba empezando a desmoronarse. Pero había algo más en la manera en que Axel la miraba, algo que la hacía sentir a la vez aterrada y atraída. Como si no pudiera escapar de lo que estaba pasando, ni de la conexión que comenzaba a formarse entre ellos.

"Pero tú estás bajo mi protección, Luna", dijo Axel de repente, interrumpiendo sus pensamientos. "Y eso no cambiará. Nadie te hará daño mientras yo esté aquí."

Luna lo miró a los ojos, viendo la firmeza de sus palabras. Había algo en su presencia, algo en su mirada que la hacía sentir segura, aunque no lo entendiera todo. Un instinto, algo primal, le decía que podía confiar en él, que no debía temerle. Pero la pregunta seguía en su mente, retumbando con fuerza: ¿por qué ella? ¿Por qué la habían elegido?

"Y ahora, Luna," continuó Axel, "tienes que entender que tu vida está a punto de cambiar para siempre. No serás solo una espectadora en este mundo. Tienes un papel que jugar, y las decisiones que tomes afectarán mucho más que solo tu destino."

Luna tragó saliva, sin saber cómo responder. El miedo, la confusión y la curiosidad la envolvían, pero había algo más en sus entrañas, una certeza de que, de alguna manera, estaba destinada a esto. Y sin embargo, no podía evitar preguntarse: ¿Estaba lista para todo lo que eso implicaba?

Axel dio un paso hacia ella, acercándose lentamente. "Tú y yo tenemos un vínculo, Luna. Algo que no podemos ignorar. Y aunque no lo comprendas ahora, te lo demostraré."

Luna sintió un escalofrío recorrer su espalda. Había algo en esas palabras, algo tan profundo que la hizo sentir que su vida jamás volvería a ser la misma.

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