Género Ranking
Instalar APP HOT
Inicio > Romance > Salvando Nuestro Amor
Salvando Nuestro Amor

Salvando Nuestro Amor

Autor: : Nicole D. H.
Género: Romance
Segunda parte de "Amor Intermedio" **Si no han leído la primera parte, probablemente no puedan entender el comienzo de esta historia** Lo que parecía ser un cuento de hadas para Serena después de haber conocido a Gael, se terminó convirtiendo en una auténtica pesadilla. Bastó solo una noche para que todo se arruinara, él cambiara y su matrimonio se convirtiera en una pesadilla. Sin embargo, ¿qué pasará cuando la verdad salga a la luz? ¿Podrá Gael salvar el amor que tenía con Serena? ¿O terminará todo entre los dos? Solo queda descubrirlo y comprobar qué será más fuerte, ¿el amor o el resentimiento?. LA REPRODUCCIÓN TOTAL O PARCIAL DE ESTE MATERIAL QUEDA PROHIBIDA. LA HISTORIA ESTÁ REGISTRADA EN SAFE CREATIVE . Copyright © 2006014207211

Capítulo 1 1. Nuestra Verdad

Un poco más de dos meses después: 24 de septiembre

Hoy hace exactamente 77 días que llevo esta alianza en mi dedo anular, pero su significado es nulo. Ante los ojos de nuestras familias, amigos, y la prensa; nuestra boda fue perfecta, y nuestro matrimonio es como un cuento de hadas. Lo que nadie sabe es el infierno que verdaderamente estoy viviendo desde aquel 8 de julio.

Es un día más de esos donde él llega a nuestra nueva casa y cierra dando un portazo para irse directamente a su habitación; es exactamente eso lo que lleva haciendo durante todas estas semanas cada vez que regresaba entre un viaje y otro de sus negocios. Sé que hoy comienza el verdadero infierno, hoy ha dado por concluido sus viajes hasta el mes de diciembre y las horas de convivencia que nos esperan son muy largas, si es que a esto se le puede llamar convivencia; claro está.

Observo a mi alrededor y tan solo puedo alentarme a seguir adelante por ellos dos. Los nombres de Cora y Valentín escritos en letras de madera sobre las paredes donde están cada una de sus cunas son lo único que me mantiene aquí soportando cada uno de los desprecios de su padre. Cada insulto, cada reclamo, cada vez que me ha pedido que me callase es una herida que no cicatrizará fácilmente. Lejos ha quedado aquel Gael que me dio el anillo de compromiso que está justamente detrás de la alianza que colocó el día de nuestra farsa.

Me levanto del sofá con la dificultad que causa mi embarazo de 21 semanas, y salgo de mi refugio para ir hacia la cocina y prepararme un té. Desde aquel amanecer donde me di cuenta que Pedro había abusado de mí, no he vuelto a ser la misma. Prácticamente no salgo de esta casa que se ha convertido en una especie de jaula dorada para mí. No quiero ver a nadie más que a Ana y tan solo por cuestiones laborales, ya que mis nervios son una trampa constante para mi embarazo. He perdido la cuenta de cuántas veces he terminado internado en estas semanas, pero a él solo le importa cómo están sus hijos. Nunca le ha preguntado al doctor porque estoy así, y mucho menos ha querido escucharme para que le explicara lo poco que recuerdo que sucedió aquella noche.

La cocina de esta casa de dos pisos es enorme, me siento perdida en ella y sobre todo sola, muy sola. Busco una taza dentro del mueble, y una fuerte patada de uno de mis hijos me hace detenerme en seco y acariciar mi ya enorme barriga.

-¿Te sientes mal?- Lo escucho preguntarme y al darme la vuelta lo veo con su jean desgastado y camiseta blanca ajustada. No lleva zapatos y sus ojeras le delatan las noches de mal dormir que ha tenido.

-No, estoy bien. Solo me han pateado. - Explico y vuelvo a darme la vuelta para seguir con mi tarea. Busco el saquito de té, pongo el agua a hervir; cuando repentinamente él está a mi lado y su intención es clara. –No te atrevas. - Le advierto cuando intenta acariciar mi barriga.

-Son mis hijos, tengo derecho. - Responde firme y a pesar de mi negativa; él me toca haciendo que de inmediato yo sienta rechazo por su roce.

-¡No me toques!- Reitero gritando, y me hago para atrás para luego simplemente irme de la cocina a toda prisa hasta mi habitación.

No soporto su cercanía ni la de ningún hombre, pero claro, él no lo sabe porque nunca ha querido escucharme.

Me siento en el borde de mi cama e intento tranquilizarme, pero es verlo abrir la puerta y entrar a la habitación, y sentir todo ese miedo que me persigue desde aquel día. –Odio que te pongas en ese papel de víctima.- Habla con ira.

-¡No quiero que me toques! ¡¿Es tan difícil de comprender?!- Le reclamo.

-Llevas jugando esa carta desde que te vi con él, ¿acaso crees que soy imbécil o qué?- Me cuestiona.

-Tu sabrás si eres un imbécil o no, pero a mí no me tocas.- Advierto.

-¿Por qué no se lo has dicho a él? ¿eh? - Me pregunta ya frente a mí y sujetándome de los brazos.

-¡Que me sueltes!- Insisto y forcejeó con él hasta que finalmente lo hace y se me queda mirando.

-Jamás debí dejarte embarazada, eres el peor error que he cometido en mi vida.- Sentencia y se da la media vuelta para salir de mi habitación dejándome nuevamente una herida más.

¿Hasta cuándo esta pesadilla? ¿Cuánto tiempo más podré resistir así?

Capítulo 2 2. Entre El Amor y El Odio

[GAEL]

Esta mesa es igual de inmensa que el mar para nosotros dos, aunque su tamaño real parezca todo lo contrario. Hace 77 días que un océano nos divide y no importa que tan cerca estén nuestros cuerpos uno del otro; todo parecerá distante. Es verla ida de este mundo mientras mueve la comida de un lado al otro del plato y querer preguntarle qué le sucede, pero los recuerdos de él besándola y haciéndole el amor en la que era nuestra cama en aquel piso vuelve a mi mente una vez más, provocando que se me quite el apetito, que mi puño se cierre, y tenga ganas de salir corriendo de aquí.

-Mis hijos no se alimentarán del aire, come si es que no quieres que te obligue a comer. - Hablo con autoridad, y de inmediato esos ojos verdes que han sido capaces de provocar todo en mí, me miran firmes.

-No son tus hijos solamente. - Rebate con un tono desafiante -En todo caso serán nuestros hijos, y no te preocupes que ellos están bien. - Aclara.

-Mejor que no les suceda nada, es la única razón por la cual tú y yo estamos juntos. - Sentencio.

Quisiera poder ser lo suficientemente valiente para decirle que vivo en guerra conmigo mismo. La odio por lo que me ha hecho, pero soy demasiado egoísta como para dejarla ir con él. Prefiero tenerla así a no tenerla.

Nuestras miradas se cruzan desafiándose uno al otro hasta que de repente ella se pone de pie y prácticamente sale corriendo hacia el baño cubriendo su boca con su mano.

Nuevamente esta sensación extraña me recorre por dentro y no sé ni siquiera cómo actuar ¿Cómo puedo odiarla y al mismo tiempo morirme por estar cerca de ella? ¿Cómo me puede doler tanto lastimarla cuando ella me ha lastimado de una manera tal que no consigo cicatrizar? Resignado y odiándome por ser tan débil, me levanto de la silla y voy tras ella.

Es entrar al baño, verla de rodillas frente al váter y de inmediato sostener su cabello. Su mano intenta apartar la mía, pero se rinde ante la necesidad de volver a volver su estómago. -No soy tan cruel como tú. - Declaro, recordándole lo que me ha hecho.

Poco a poco ella se recompone y al ofrecerle mi mano para ayudarle a ponerse de pie, ella duda. -No quiero que te caigas.- Me excuso.

Jamás dejaré que vea que mis noches sin dormir son a causa de las pesadillas que tengo con ella junto a Pedro en aquella cama, y por esta puta necesidad que siento por estar a su lado a pesar de todo lo que me ha hecho.

Sus manos se aferran a las mías y cuidadosamente le ayudo a ponerse de pie. -Gracias. - Dice de manera borde y va hacia el lavado para enjuagarse la boca.

Su corto vestido le juega en contra cuando se inclina hacia el lavado dejando ver la perfección de sus piernas al límite con sus glúteos y aquí estoy yo siendo el hombre que siempre la deseo. No puedo controlar lo que sucede en mi al verla y me veo en la necesidad de salir del baño y huir como un imbécil hacia mi cuarto.

Cierro la puerta, me echó sobre la cama y miro el techo como intentando encontrar una lógica a esta guerra interna que llevo viviendo. -No puedes seguir así...- Me repito una y otra vez.

Es cerrar mis ojos y recordar las palabras de aquella mujer que conocí en una de esas noches donde ahogué mis penas en alcohol en aquel bar a pocos minutos de esta casa. "Llámame si te sientes solo." Me dijo y me entregó su tarjeta.

Como acto reflejo me levanto de la cama y voy por el pantalón donde guarde su tarjeta. Busco en el bolsillo trasero y allí está "Pamela" dice y su número está anotado a mano.

« Si ella ha sido capaz de serme infiel, ¿Por qué yo no? ¿No?»

Busco mi móvil y rápidamente marco su número.

-Hola.- Responde a los pocos segundos.

-Hola, ¿Pamela?-

-Si, ¿Quién habla?-

-Gael, ¿me recuerdas?- Pregunto con muchas dudas.

-Claro que te recuerdo. Sabía muy bien que me llamarías.-Responde segura.

-Quiero verte.- Me limito a decir y le escucho sonreír.

-Estoy en el bar, si quieres ven y nos vamos a algún sitio tranquilo a conversar... o a lo que quieras.- Comenta.

-No quiero conversar, tu sabes perfectamente lo que quiero.- Explico y es que no estoy para rodeos.

-Te veo en mi piso entonces, te enviare la dirección por mensaje.-

-Perfecto, te veo en un rato.- Le informo y termino la llamada.

Jamás creí que haría algo como esto, pero no puedo más... No puedo quitarme la imagen de Pedro y Serena de la cabeza. No importa lo mucho que trate; no puedo.

Capítulo 3 3. Heridas

[AMBOS]

Alguna vez en alguna entrevista había dicho que solo había sido infiel una vez y que la he pasado fatal; bueno en estos momentos estoy volviendo a serlo. La pelirroja de ojos azules que conocí en aquel bar se mueve sobre mí de una manera imposible de no ser admirada. Sus manos están apoyadas sobre mi torso para ayudarse y yo me estoy muriendo de placer. Mis manos van hacia sus pronunciados pechos y bajan hacia su cintura para ayudarle y hago que se mueva al ritmo que yo necesito que lo haga.

No hay una pizca de amor entre los dos, pero vaya manera de follar que tiene, tanta que me ha dejado sin aliento. Se deja caer a mi lado y ríe de no sé qué.

-¿Por qué ríes?- Cuestiono serio.

-Moría por comprobar si eras bueno o no en la cama...- Se justifica.

-¿Y?- Indago.

-Lo eres, y mucho.- Dice y antes de que pueda rebatir. Ella se sienta en la cama y comienza a recoger mi ropa del suelo para entregármela. -Ahora, debes irte. - Me dice de la nada y a pesar del mal genio que me cargo y de todo lo malo que me sucede; sus palabras me hacen reír.

-Menos mal que soy bueno en la cama, si llego a ser malo me echas en la mitad de todo.- Rebato mientras me siento en el borde de la cama y comienzo a vestirme.

-Tonto... no es por eso; es que no vivo sola y no quiero que mi hermano te vea aquí. Imagínate el escándalo que sería. Además, no creas que no sé qué estás casado ¿Por qué haces esto? ¿Acaso tu esposa no te da lo que necesitas? - Me cuestiona.

-No tengo ganas de hablar de eso, es mejor que mantengamos las cosas así y ni tú te metas en mi vida; ni yo en la tuya. - Sentencio mientras cierro el pantalón.

Ella me sonríe mientras se coloca un albornoz de seda y camina hacia mí –Me parece genial, ¿eso quiere decir que nos volveremos a ver? - Cuestiona sonriente.

Me pongo de pie, me coloco la camiseta y encojo mis hombros -Puede ser, pero no te hagas ilusiones, ¿vale?- Advierto.

-¿Por qué lo dices?- Me pregunta sin dejar de mirarme a los ojos.

-Aunque no lo creas, amo a mi esposa más de lo que debería... que esté aquí contigo no significa que no la ame. - Intento explicarme, pero si yo mismo no consigo entenderme; ¿Cómo lo hará alguien más?

Está parada frente a mí sin dejar de mirarme a los ojos, acaricia mi mejilla y se sonríe -No te preguntare nada. A decir verdad, lo único que me interesa de ti es tenerte en mi cama, si me dices que lo volveremos a repetir por mi todo está muy claro.- Me dice con su voz asesina.

-Ten por seguro que volveremos a repetir. - Sentencio y me despido de ella con un corto beso para luego salir de su habitación y acto seguido de su piso.

***

Al día siguiente: 25 de septiembre, 2018

[SERENA]

El portazo de anoche fue mucho más tarde de lo usual; cuatro de la madrugada. No quiero ni imaginarme dónde ha estado, y mucho menos con quien. No quiero pensar en que no solo me trata como lo hace, sino que también me es infiel, aunque ¿se puede ser infiel en un matrimonio que solo es un pedazo de papel?

Termino de prepararme el desayuno y coloco todo en una bandeja para salir a desayunar al jardín. Afuera es un día precioso, el verano está llegando a su fin y debo aprovechar estos últimos días de sol para por lo menos sonreír a causa de algo bonito ya que el invierno se acerca y con ello también los días grises y lluviosos al igual que como me siento por dentro.

Me siento en la mesa que está frente a la piscina e intento relajarme mientras tomo mi té y saboreo los croissants de chocolate que me he comprado ayer en la panadería de la esquina. Al parecer mi momento de paz no durará mucho ya que Joel vuelve a insistir por teléfono. Ya resignada por su insistencia contesto.

-Hola Joel. - Digo sin ánimo alguno.

-¡Hasta que por fin me contestas Serena!- Exclama del otro lado de la línea.

-Le he dicho a Ana que no estaría a cargo de la oficina, que solo haría lo justo y necesario para que ustedes pudieran seguir trabajando. - Explico.

-Vale, te entiendo que estés recién casada y que quieras estar con Gael todos los días, pero ¿recuerdas la licitación para la campaña publicitaria de la marca de maquillaje que has enviado antes de tu boda?-Comenta.

-Si, ¿qué hay con eso? - Pregunto confundida.

-¡Que la has ganado!- expresa feliz-,mañana debes firmar el contrato, necesitamos que vengas aquí para poder preparar todo.- Me explica y debo admitir que esto no me lo esperaba.

-Joel, es que...-hablo en voz tenue.

-Es que nada flaquita, ven a la oficina ya mismo. Esta es una oportunidad que no puedes desperdiciar por nada del mundo, ¿te trae tu marido o voy por ti?- Cuestiona.

-Conduciré yo, estaré allí en una hora.- Accedo finalmente y es que en realidad no quiero que la gente que tanto ha confiado se vea defraudada por mi culpa.

-Te espero.- Dice y termina la llamada.

[...]

Termino de vestirme para ir a la oficina, y recojo mi bolso para irme. Al salir de mi habitación me encuentro con él caminando en pantalón corto de pijama y sin camiseta por el pasillo. -Hola.- Me dice frío.

-Hola. - Me limito a responder y sigo mi camino pasando por su lado y al notar el chupón que lleva en su cuello; cierro mis ojos intentando que no me afecte.

-¿Dónde vas?- Me pregunta firme.

-A trabajar- respondo en el mismo tono frío.

-Creí que no ibas más a tu oficina.- Intercede.

-Debo ir, ganamos una licitación y no puedo dejar a mis empleados en la nada.- Explico y sigo caminando.

-Vale, ¿y la cita con el obstetra? - Me pregunta.

-Vaya, pero si te acuerdas de eso.- Comento de manera sarcástica.

-Sabes perfectamente que mis hijos son lo único que me importa.-

-Está bien, es mejor que sea así, de esa manera la mujer que ha dejado esa marca en tu cuello no sufrirá. Dile que cuando nuestros hijos nazcan tú y yo nos divorciaremos; de esa manera ella podrá tener esperanzas de que tú te cases con ella.- Me limito a responder y sin más sigo caminando por el pasillo hasta llegar a la escalera a pesar de que por dentro siento que me están cortando en dos.

«No llores Serena... No le dejes verte así.» Me repito una y otra vez, pero es salir de la casa y subirme al auto para que mis lágrimas se transformen en un mar. «¿Por qué lo sigues queriendo después de todo lo que te ha hecho? ¿Por qué?»

Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022