Dicen que las historias de amor tienen de todo un poco, son como una comida bien preparada, algo así como la mezcla perfecta entre la buena sazón y los ingredientes perfectos... Pero ¿qué pasa cuando juntas dos historias imperfectas para contar una nueva?
Esta es la historia de la mayor de las hermanas Soré y como inicia su propio camino hacia su propia sanación y, a lo mejor, elaborar su propia historia de amor...
Valentina Soré es una chica dulce, amable, buena hija y hermana, su familia la conforman sus padres Agustín Soré, médico cirujano cardiólogo, su madre Blue Soré abogada especializada en casos de familia y su pequeña hermana Alma, una adolescente adorable.
"Val", como le gustaba que le digan, desde pequeña se ha interesado en la medicina, sobre todo desde que su abuelito Agustín le regaló a sus cinco años aquél juego de Operando que la dejaba loca
Posee la belleza de su madre es alta, delgada, con rasgos finos y unos ojos almendrados que enamoran a cualquiera... Es delicada y de gestos suaves, pero también tiene su carácter cuando la haces enojar.
Estudiante de medicina con un brillante futuro, decide especializarse en cardiología y seguir el legado de su abuelo Agustín.
Es el orgullo de todos, menos de su papá, sólo por ser mujer, como siempre lo recalca el esperaba que su primogénito fuese un varón, pero bueno, como la vida no es siempre lo que se espera y debe seguir adelante ella no es de las que se queda tranquila y dará cada día lo mejor de si.
Luego de la separación de sus padres ella decide seguir los pasos de su madre y su hermana pequeña y se prepara para emigrar a Estados Unidos, donde empezará su especialidad en la universidad de New York como estudiante de intercambio. Aunque antes de viajar debe realizar una serie de trámites para poder irse de su país quedándose con su abuelo Agustín por algunos meses y cerrar sus estudios en la universidad.
Como toda chica, ella sueña con ese príncipe azul de los cuentos que le contaba su madre antes de dormir, pero el idiota de su novio sólo quiere llevársela a la cama y hacer su voluntad típico ¿no?
Después de haber pasado un momento bochornoso con su novio y darse cuenta que su relación no da para más Val decide cerrar sus puertas al amor y sólo avocarse a estudiar, sacar su especialidad y cuidar de su hermosa familia.
A su vida llegará Ethan Scott, quién está destinado a ser el jefe de cardiología más joven que ha tenido el hospital general de Nueva York.
Ethan es hijo de uno de los mejores abogados penalistas de la ciudad y uno de los herederos de una de las fortunas más importantes del país. Es el típico chico guapo, que se sabe deseable y al cual NINGUNA se le ha negado.
Él sólo quiere disfrutar de la vida...Y sólo tiene una premisa "NUNCA ENAMORARSE".
En el camino se encontrarán con más de algún problema para definir qué es lo que sienten el uno por el otro, además de las constantes inseguridades de ambos y una serie de terceros que lograrán interponerse en lo que sea que vayan a formar, aunque su gran enemigo será ellos mismos.
Un avión...
Un asiento...
Dos almas perdidas...
Un encuentro fortuito...
¿Será que ambos pueden ayudar a sanar sus propios corazones?
Acompáñalos en esta aventura y nuevamente enamórate de las familias Scott y Soré.
-Valentina Soré-
Estaba preparando mis cosas para viajar a Estados Unidos, ya que mi madre y mi hermana se encuentran allá. Ellas se fueron luego de la separación de mi madre con mi padre. Todo estaba revuelto entre cajas y maletas, no sabía por dónde empezar, creo que el desorden que había aquí en mi habitación era tanto o peor que el que tengo en mi cabeza.
Este último tiempo había estado como loca de un lado para otro, reuniendo toda la información que me pidieron en la Universidad de Nueva York para facilitar mi ingreso como estudiante de intercambio y así terminar mi último año, incluyendo mis pasantías, ¿un caos nivel Dios? Pues sí, ¿Vale la pena? ¡Por supuesto! Terminar mi carrera y especializarme en cardiología en uno de los mejores y más equipados centros de salud del mundo lo valen, el único gran obstáculo a superar es mi novio.
Ricardo es mi novio desde el tercer año de universidad, aunque nos conocemos desde niños. Es el típico chico guapo, alto, ojos verdes, tez trigueña y cabello castaño, mi padre lo adora porque es hijo de médicos como él y con los cuales tiene una amistad desde que yo tengo memoria.
Si vieran lo retrógrado que es mi padre, nunca me olvidaré cuando se enteró que Ricardo me pidió que fuéramos novios, desde ese día no ha parado de decirme que Ricardo tiene la vida hecha, que me saqué la lotería al enamorarlo y pues claro que mejor partido no podría encontrar, más parecía él su novio que yo, ¡Ja!
Ahora que miraba todo en retrospectiva, no puedo creer cómo mi madre pudo estar ciegamente enamorada tanto tiempo de él y aguantar tanto, o bueno sí, la verdad es que mi padre supo guardar muy bien las apariencias.
Si no hubiera sido porque el doctor Mejía, recurrió a mi mamá, pues tenía dudas sobre la paternidad de sus mellizos y le pidió que demandará a su mujer, capaz y aún mi madre seguiría con la venda en los ojos, pero ese es harina de otro costal que no me interesaba recordar.
Volviendo a mi relación con Ricardo, cuando pensamos en las especialidades yo quise de inmediato seguir el legado de mi abuelo Agustín, él es un afamado cardiólogo que ahora por su edad sólo toma casos para estudio y dejó a mi padre a cargo de la fundación que creó para apoyar a personas con malformaciones cardíacas y enfermedades complejas al corazón. En cambio Ricardo se va a especializar en neurocirugía como su padre, que es director general del Hospital Universitari General de la Vall d'Hebrón así que ya su pasantía está asegurada, el tema es que hemos discutido en varias oportunidades por esto, pues él, al igual que mi padre, quiere que formalicemos y que deje mis estudios suspendidos para preparar la boda, pero la verdad es que yo no me siento preparada para casarme, quiero terminar mis estudios y tener unos años trabajando para luego establecerme con Ricardo, por eso creo que realizar la especialización fuera será una gran forma de reforzar esa confianza que tengo en que puedo dar más que con sólo ser una ama de casa o una incubadora de bebés.
Otro gran problema era que con Ricardo no llegamos a la intimidad y díganme mojigata, cartucha, monja, tonta o lo que quieran, pero creo que dar ese gran paso también requiere de mucho compromiso y amor entre ambos.
Todavía recuerdo cuando quiso intimar conmigo y yo no quise, ahora esos recuerdos vienen a mi memoria como si fueran un aviso, cierro los ojos unos minutos y las imágenes aparecen como si fueran una pésima película.
-Eres una estúpida, te crees una diosa por querer llegar virgen al matrimonio. ¡Madura! El matrimonio es una mierda, sino mira a tus padres "los perfectos" a la primera falda que se le movió delante a tu papá las dejó. No seas ilusa Val, no voy a seguir esperando.
-Perdóname amor -le digo con lágrimas en los ojos, me siento mal y él no me entiende.
-Pues decide, ¿lo hacemos o me voy? Si sabes bien lo que te conviene responde -tocándome la entrepierna, siento asco de lo que me está haciendo y apreté más mis piernas para que no me toque.
-¡Basta! -le digo en tono suplicante-. Por favor, vete...
Ricardo se dio la media vuelta, salió de la habitación y sólo me dijo tras golpear la puerta.
-Tú te lo pierdes... Eres una puritana, así jamás serás feliz.
Abrí mis ojos y me lamenté de mí misma porque claro se lo creí todito, por eso cuando al día siguiente él volvió como si nada, se lo perdoné sin ningún reclamo y volvimos a estar juntos. Debo ser una tonta por caer con el mismo, pero creía que en ese momento era lo único estable que tenía.
Mis padres acababan de separarse con un escándalo que no sólo fracturó un matrimonio, sino que a toda la familia y sí me sentía vulnerable. Aunque nada fue igual, lo que me quedaba claro era que estaba armando mis maletas sin siquiera haberle dicho nada de mi partida.
-¿Se puede? -escuché a mi abuelo entrar a la habitación que me había asignado en su casa desde que mis padres se separaron, pues no me quedaría viviendo con él y su nueva mujer, es que ash, el muy hijo de su madre y que me perdone mi santa abuela Valentina que está en el cielo, se la trajo a vivir el mismo día que mamá y Alma se fueron a Nueva York.
-Por supuesto abuelito lindo, disculpa el desorden. Ya me parezco a Alma de tanto que la extraño. -Le hago lugar junto a mí en mi cama entre medio de cajas y maletas que tengo a medio hacer, mientras les esbozo una sonrisa.
-Ay, mi princesa, no sabes cuánto te voy a extrañar, entre el vacío que dejó tu madre y tu hermana por lo menos te tenía a ti para llenarlo y ahora también te me vas.
-Don Agustín Soré, no se ponga dramático, usted sabe que puede ir a vernos cuando lo desee y que mamá lo recibirá con los brazos abiertos. Ella te ama, tú has sido como un padre para ella, la criaste desde pequeña y siempre estuviste con ella desde que mis abuelos murieron.
-¿Tú crees? Después de todo soy el padre del mal nacido ese que tuvo por esposo. -replicó con tristeza y molestia, mi pobre abuelito.
Cuando supo todo lo que le hizo mi padre a mi mamá le quitó hasta el saludo. No pudo hacer mucho con la fundación, pues mi madre prefirió irse y la verdad es que somos pocos los Soré que quedamos, pues el hermano de papá fue secuestrado cuando niño con mi mamá y sólo ella sobrevivió o algo así. Por lo que me han contado, eso no lo he entendido mucho, pues a mis papás no les gusta hablar de ese tema.
En mi caso aún me falta para terminar mi carrera, por lo tanto mi padre era quién debía quedarse a cargo de todo, muy a su pesar.
-Abuelito...
-Princesita...
-Tú sabes que eres más que bienvenido en nuestra casa, además ¿qué vas a hacer en este tremendo caserón tu solito?
-Mi niña, no creo poder hacerlo. Ya estoy viejo y estos huesos no dan para tanto, sería un lastre para ustedes y aquí está mi vida. El campo de rosas de su abuela y el imbécil de mi hijo. No, no es momento para ir a verlas, ya será el día cuando tú seas una excelente cardióloga y te decidas a tomar el legado familiar, ahí podré descansar y criar a mis bisnietos.
-Jajaja te amo abuelito.
-Y yo a ti mi princesa. Ay, qué tontería la mía, yo venía a preguntarte cuándo tendrás todo listo para tu viaje y nos fuimos por las ramas recordando lo viejo que estoy.
-Nada de viejo jajaja, vieja la ropa. Usted está como el vino señor Soré y para responder a su pregunta ya tengo casi todo lo que me pidieron en la Universidad de Nueva York, sólo me falta confirmar algunas notas que me entregaran a final de mes y con eso podré viajar para estar con mis chicas favoritas.
-Que bendición, mi princesa, eso es genial ahora sólo falta que hables con el bruto de Ricardo y luego me quedaré más tranquilo.
Y he ahí el punto suspensivo, si ya había discutido con Ricardo sobre la especialización y más aún con el tema de concretar nuestro compromiso, para rematar estaba este otro tema ¿Cómo le diría que me voy a Estados Unidos por tres años para terminar la carrera? Y lo peor aún ¿Me esperará?
-Ah, por hoy sólo quiero terminar de hacer orden abuelito, ya mañana hablaré con él y lo pondré al tanto de todo, él entenderá y si de verdad me ama me esperará.
Mi abuelo me miró alzando una ceja y yo me quedé de la misma forma y con las mismas dudas que debe pensar él.
-Valentina Soré -
Seguimos nuestra conversación con mi abuelito mientras ordeno o trato de hacerlo...
-Está bien, no lo discutiré contigo princesa, es tú decisión, pero debes hablar con ese muchacho, él, su familia y también tu padre creen que tienen todo listo para celebrar el compromiso, Tú sabes lo que supone una unión entre nuestras familias.
-Lo sé, lo sé, abuelito, pero podemos comprometernos igual, eso no quita que me vaya a terminar de estudiar y cumpla con mis metas al igual que él, si de verdad me ama y me respeta lo comprenderá, mejor porque no conversamos de algo más interesante o aún mejor, llamemos a mamá.
-Soldado que arranca sirve para otra guerra señorita Soré.
Una risita salió de mis labios, mi abuelo me conoce mejor que cualquiera y sabe que cuando quiero evadir algo lo hago hablando mucho, pero saltando de tema en tema. Él niega con su cabeza, pero me entiende y me invita a proseguir.
-Abuelito, te amo...
Tomo mi teléfono y marco el número de mi madre, espero a que conteste pues es cierto, me salvó de esta discusión con mi abuelo. Si no la quiero tener con él menos la quiero tener con Ricardo.
Mientras escucho el repicar al otro lado de la línea y espero tranquila a que conteste. A mi lado, veo como mi abuelo se coloca un tanto nervioso, de verdad que el pobre sufre más que todos nosotros por la separación de mis padres. A veces, creo que en definitiva se culpa de no haber cuidado a mamá y de que se haya embarazado de mí.
-Hola -Saludó mamá, al parecer se encontraba ocupada, pues su voz suena ansiosa y hasta algo molesta, puede que no sea uno de sus días, por lo que la he escuchado su jefe es un poco molesto y demandante.
-Mamita bella, pensé que no contestarías.-Respondo en un tono infantil, sé que le encanta y le sube el ánimo, la pobrecita desde que se casó nunca fue una mujer con un empleador, de hecho los pocos casos que llevaba acá en España los hacía pro bono o a gente muy cercana, pues se dedicaba en cuerpo y alma a nosotras y papá, así que de pasar a ser una ama de casa con traje dos piezas algunas veces, ha pasado a ser una mujer toda empoderada y que discute con su jefe como un igual, aunque a veces debe bajar el nivel y es comprensible.
-No amor, perdón estaba viendo algo con mi jefe. - Lo dicho debe estar molesta con su jefe, pues el tono de voz que está usando es el de doña Soré y no el de mamita linda, pero sigámosle el juego a ver si me cuenta algo o se lo tendré que sacar a cuenta gotas.
-Mami, ¿te estoy interrumpiendo?
-No amor, por favor prosigue con lo que me ibas a decir. - Definitivo, no me dirá ni mierda...
-A qué... bueno -suelto un gran suspiro antes de contarle la buena nueva-. Por fin mami a fin de mes me entregan toda la documentación para mi traslado.
-¡¿De verdad?! Es la mejor noticia que me han dado.
-Es que soy tu tesorito -le respondo y mi abuelo suelta una sonora carcajada.
-Si mi vida, tú y Alma son lo más grande que tengo en la vida y ahora, por fin, estaremos juntas.
-Si, así que dile a la peque que se vaya preparando, porque desorden no le voy a aguantar.
- Mentirosa, - ese es mi abuelo, quién se ríe tomando unas medias que había en el suelo y me las lanza en la cara.
-Por supuesto, ella estará feliz de que estes con nosotras.
-Y yo también, no sabes como las extraño.
-Has sabido de... - La paro en seco, es que argh, ¿cómo es posible que siga pensando en ese hombre? muy mi progenitor será, pero que no ha sido ni siquiera capaz de llamar a Alma o darle lo que le corresponde por los años que fueron esposos a mi mamá, es que por dios, si le está peleando hasta el último centavo, si no fuera por el fideicomiso de mi abuelita Pame y que mi abuelo Agustín nos ha apoyado en forma incondicional habríamos quedado en la calle.
-No me hables de ese hombre, mamá. Ni de coña lo he visto y menos quiero verlo, por favor no te hagas daño.
-Perdón amor, es que...
-Lo sé mamá y te entiendo, pero déjalo. Él no vale la pena. - Sé que soy cruel con ella, pero es la única forma que lo saque de una vez de sus pensamientos y de su vida, cómo quisiera que no se preocupara por él, si están a un océano de distancia y aún pregunta por este infeliz.
-Te amo mi ternurita, nos vemos a fin de mes.
-Dile que las quiero mucho y las extraño- me habla al oído mi abuelito.
-Y yo te amo más mami, el abuelo te manda muchos cariños, dice que te extraña mucho.
-Dile que yo también lo extraño mucho. Los amo, cuídense.
Y así se corta la llamada con mi mamá, que me deja un sabor amargo de boca, mi abuelo me abraza y besa mi frente dándome ánimos.
- Voy a pedirle a Glorita que nos prepare algo para beber mientras sigues ordenando, ¿te parece?
-Una limonada me vendría bien, te lo agradezco. - vuelve a besar mi frente y sale caminando tranquilamente por la puerta, sigo tomando algunas prendas que llevaré para colocarlas en la maleta que está en mi cama cuando vuelve a sonar mi teléfono, lo veo y es Ricardo quien me llama, me preparo mentalmente para contestarle y dejo el altavoz -Hola cariño.
-¿Dónde estás? ¿por qué no me contrastabas Valentina?, llevo muchísimo tiempo marcando tu número y me mandaba al buzón.
¿Ya dije que me estaba preparando mentalmente no?
- Ricardo, si te salía el buzón de voz es porque estaba hablando con alguien y tanto tiempo no fue, pues-miro mi reloj - en Nueva York son las 10 am, que es una hora decente para hablar con mi madre y pues era con ella que estaba hablando.
-Podrías haberme dicho eso y listo, no sé por qué tienes que ser tan molesta para responder a algo tan simple, Valentina.
Y yo no sé por qué tienes que ser tan estúpido para preguntar... inhala Val, exhala Val... Diez... Nueve-Bueno y ¿para qué me llamabas?
-Ah, sí, si... quería invitarte a cenar hoy, estuve conversando con el doctor Massiel respecto a las pasantías y te tengo buenas noticias, te paso a buscar a las ocho.
-Ricardo, estoy ordenando y no creo que hoy sea un bue...
-No acepto un no como respuesta señorita Soré, espero que se ponga bella para mí y esté afuera esperándome, ya sabe que no me gusta estar parado como gilipollas.
-Okey, a las ocho en la puerta nos vemos. - ni siquiera lo dejo terminar de hablar y ya le he cortado, de verdad no sé qué hago con él, será mejor que hoy ponga las cosas en claro y capaz hasta termine nuestra relación.
Unas horas después...
Ya estoy dando los últimos retoques de mi maquillarme para juntarme con Ricardo, me pongo unos jeans rotos, un peto blanco, mi leñadora favorita y mis Vans que siempre me acompañan, salgo de mi habitación y bajo las escaleras.
-¡Ya me voy abuelito!
-Disfruta tu noche princesa, vuelve temprano que si no me preocuparé por ti.
-Sí señor Soré - le saludo en forma militar y luego le guiño un ojo para salir disparada pues faltan dos para las ocho, abro la puerta y me encuentro a Ricardo de pie frente al portal de la casa vestido con ¿traje? Y un ramo de flores en su mano, él me mira de forma molesta y ya sé que empezará con su cantaleta.
-Te dije que me esperaras lista Valentina, ¿con esas fachas irás a cenar conmigo?
-Perdona Ricardo, pero en ningún momento me dijiste que era una cena formal.
-Si te dije ir a cenar es con todas las de la ley Valentina, de verdad no entiendo cómo puedes estudiar medicina si eres tan tonta.
Val cuenta, inhala... exhala...- Okey. Dame diez minutos y estaré lista. - Lo dejo con la palabra en la boca y vuelvo mis pasos a la casa, subiendo la escalera de dos en dos.
-¿Qué pasó princesa? ¿Tan poco duró tu cita con tu novio? - mi abuelo se ríe a carcajadas y yo resoplo.
-No abuelito, fue un error de cálculo, pero ya salgo. - En menos que canta un gallo ya estoy en mi habitación, tomo el primer vestido que encuentro y me visto, coloco unas sandalias bajas y tomo nuevamente mi leñadora, me vestiré de señorita, pero no perderé mi esencia.
Vuelvo a salir de casa y mi "novio" ahora está apoyado en el capó de su auto mientras ve su celular.
-Estoy lista. -Me mira de pies a cabeza y lanza un suspiro frustrado.
-Ahora pareces una...
-¿Una qué Ricardo?
-Nada Valentina, mejor vámonos.
Subimos a su auto, cierro la puerta, porque ni eso fue capaz de abrirme y después de soltar un bufido abrocho mi cinturón de seguridad.
Con todo listo iniciamos nuestro viaje a quién sabe dónde y cuándo me dispongo a cambiar de estación de radio me da un leve golpecito en la mano.
-¿Qué haces? ¡estoy escuchando el partido!
-Lo puedes ver en tu casa luego, qué más da Ricardo o ¿también estarás pendiente de él en la cena? Pues por lo que veo van en el primer tiempo, el Madrid no le meterá 10 goles al Barcelona en estos minutos que estemos juntos.
-Eres exasperante, mujer.
-Y tú insufrible, si sabías que había un partido ¿para qué me invitaste?
-Pues porque...-medita su respuesta, ya lo conozco -pues porque necesito que hablemos de algo importante el día de hoy ya que no estás nunca para mí tengo que pedirte cita para que hablemos.
-Sabes que estoy ocupada con los documentos de la universidad Ricardo. - digo frustrada.-En estos momentos eso es lo más importante para mí.
-Pues deberás dejarlo, ya tengo todo listo.
-¿Qué?
-De eso hablaremos amor- sujeta mi pierna y la aprieta fuerte lo miro desconcertada y siento que esta noche no será nada de buena, le doy una media sonrisa y quito su mano de tal forma que no se moleste.
-¿Dónde me llevas?
-A casa de mis padres, nos están esperando. -No me jodas y ¿para eso me hizo vestir así? Yo pensaba en un restaurante u otro lugar, pero su casa y...
-¿Cómo es eso de que nos están esperando?
-Tu padre y los míos cariño, ya están esperándonos. -Esto ya está tomando un color gris oscuro, estoy a punto de reventar, pero me callo, no quiero provocar un accidente y menos ser la víctima.
Llegamos a la residencia Galarza, hogar de los padres de Ricardo, quienes nos reciben con mucho cariño como siempre, pero mi cara de amabilidad se cae al ver a mi progenitor con su pareja muy encantados de la vida, como si no nos la hubiera cagado todos los demás.
-Hola cariño-me abraza y da dos besos en las mejillas la señora Trinidad-. Disculpa si te incomoda, pero no tuvimos de otra, llegó con ella.
-No se preocupe señora Trinidad, la entiendo es su casa- respondo de forma amable, soy una dama, así me crió mi madre y no le daré el gusto a este hombre de que se ría de mí.
-Valentina - el susodicho, se acerca para ¿abrazarme? -¿cómo estás hija? Llevo días sin verte.
-Sabrías que no me ves desde que mi madre se fue a Estados Unidos cuando nos desechaste por esta... señora. -espeto molesta indicando a la mujer que lo acompaña.
-Ni se te ocurra dejarme en vergüenza...-masculla entre dientes, cerca de mi oído.
-Eso ya lo haces tu solito papá. - respondo para seguir de largo sin mirar a la mujercita esa y preocuparme por mis suegros y mi novio que me llamaron a la mesa para sentarnos a cenar.
La comida me supo insípida, entre los comentarios mordaces de todos para saber cuándo pondríamos fecha a nuestro compromiso y las ínfulas de superioridad de Ricardo y su padre. Cuando pensaba que todo el show estaba por terminar Ricardo sale con la última de sus pachotadas.
-Bueno familia, hoy los he reunido para informarles que el próximo semestre mi hermosa Valentina y yo comenzaremos nuestro internado en el departamento de neurocirugía del Hospital Universitari General de la Vall d'Hebrón, el doctor Massiel ya me confirmó las dos plazas, así que quería que todos supieran la gran noticia.
¿Qué? ¿Me están flipando? ¿Ricardo se pasó tres pueblos y no le avisó a nadie? Creo que mi cara de horror es palpable pues nadie dice nada, hasta que mi padre se pone de pie para felicitarnos.
-Excelente Ricardo, sé que lo harán bien donde estén y tendrás cerca a Valentina para que no se vaya a equivocar. - Perdóname abuelita, pero ¡hijo de la gran puta!
-¿Ricardo?
-Cariño, ¿dime que no estás contenta con esto? - me pregunta con cara de ilusionado, pero a la vez su voz lo delata, es él quien quiere ordenarlo todo a su antojo, incluso mi existencia.
-Pues podrías haberme consultado primero ¿no? -ya perdí la cuenta iba en ¿diez mil?
-Pero es lo único que nos falta para poder comprometernos y poder casarnos, con esto listo ya no hay nada que nos detenga preciosa. - Se acerca a mí intentando besarme y yo muevo mi cara, logrando que sólo bese mi mejilla.
-Pues te equivocas Ricardo, esto que acabas de decir es lo que tú querías, ni siquiera te has dado el tiempo de preguntarme que es lo que yo quiero y con todo el tiempo que llevamos juntos creo que ni siquiera te has tomado un minuto para saber qué es lo que me apasiona, señores Galarza agradezco la cena, pero creo que ya me tengo que retirar, buenas noches.
-Valentina. -Espeta molesto mi padre.
-Déjala ir Agustín, es lo mejor-Escucho al doctor Galarza, ¡por dios alguien con tacto en este lugar! Tomo mi bolso y salgo. Esto ya era el colmo, como venir a decidir por mí, no soy una niña, con la furia a mil saco mi celular y busco una app para pedir un vehículo y desde detrás Ricardo me quita el teléfono.
-¿Qué mierdas fue ese show que montaste ahí dentro Valentina?
-¿Show? Ricardo por favor, tú te montaste solito la película, ya te aguanté una vez y te acepté nuevamente, pero yo no soy tu muñeca, yo tengo mis ideales y creo que no tienen nada que ver con los tuyos.
-Valentina, si sales por esa puerta lo nuestro se acaba.
-Pues gracias, no lo habría dicho mejor que tú. -con eso le quito mi celular y salgo de ese lugar sin mirar atrás, definitivamente no estoy hecha para el amor.