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Saturno.

Saturno.

Autor: : giannaviterilibros
Género: Romance
"En Saturno vive aquello que nunca tuvimos". Winter Howland es correctora de textos y es sumamente entregada a su trabajo. Cuando la empresa en la que trabaja es contratada para escribir un libro biográfico sobre Devan Reed, un magnate egocéntrico y seductor, la vida de ambos se unirá de una forma que jamás imaginaron. Sin embargo, lo que no les dijeron los libros de amor es que para enamorarse de una persona no se necesita estar junto a ella, y que amar de verdad no significa estar juntos para toda la vida.

Capítulo 1 I

Winter

Rodé los ojos, recostada en mi cama, al escuchar cómo mi hermana menor empezaba a escuchar música alta en el equipo de sonido en su habitación. Odiaba cuando ella lo hacía, pues cantaba horrible y me causaba un tremendo dolor de oído además que siempre escuchaba música pop, y aunque yo también la amaba, a veces me hacía dudar al respecto.

-¡Quinn, maldición! ¿Podrías cerrar la boca? -Salí de mi dormitorio, en dirección hacia el suyo. Al abrir la puerta, la encontré bailando como una loca encima de la cama- ¿Qué haces? Por el amor de Dios...¡Estás loca mujer, completamente loca!

-Estoy bailando, hermanita -no dejaba de moverse al ritmo de aquella música ochentera que tanto le gustaba escuchar. Quinn era mi hermanita menor, pues ella tenía diecisiete y yo había cumplido veinticuatro hace unos meses. Además de ella, tenía otros dos hermanos: Amy de veinte y Edmond de veintiocho.

-Quinn, son más de las once. Necesito dormir, porque mañana vamos a asistir a una empresa muy importante para entrevistar a las personas que están en los cargos más altos, incluso, ni siquiera recuerdo si se trataba de un par de entrevistas o un libro biográfico, pero, era algo parecido. Necesito descansar si no quiero cometer errores que me cuesten demasiado, o todo.

-Oh, lo siento Winter. Lo habrías dicho mucho antes -de inmediato, corrió a apagar el equipo y me sonrió-Ya, ya, vete a dormir para que hagas un buen trabajo mañana y luego no me recrimines nada.

Asentí sonriente dejando un ligero beso en su frente. La pequeña Quinn era dulce, a pesar de ser bastante determinada y aparentemente dura la mayor parte del tiempo, digamos que ese era el caparazón que le presentaba al mundo entero.

-Vete a dormir Quinn, mañana tienes que ir al colegio -señalé-Me molestaré si no te despiertas a la hora correcta ¿Te queda claro, pequeña?

Al día siguiente, procuré levantarme muy temprano. Decidí vestir un traje bastante elegante color gris, acompañado por tacones negros muy altos y maquillaje muy sutil. Tomé mi bolso y todo lo que iba a necesitar para realizar la entrevista. Bajé hacia la cocina y saludé a mis padres:

-Buenos días -sonreí al ver que habían preparado huevos revueltos, pan con mantequilla y café caliente- ¿Dónde están Amy y Quinn?

-Ya se han ido a la escuela. Son más de la siete y media, así que se fueron hace mucho.

-Es cierto, por poco olvido que ellas tienen diferentes actividades -rodé los ojos mientras me daba un ligero golpe en la cabeza. Qué tonta.

El edificio era enorme, lujoso y tranquilo. Tenía más de veinte pisos, los cuales me di el lujo de contar uno por uno, ventanales limpios y personas entraban y salían de él. Mi jefe me dio un toquecito en el hombro para que lo volteara a ver.

-¿Sí, jefe? -Respondí-¿Puedo ayudarle con algo?

-He decidido que tú seas la encargada de realizar todo este trabajo que tenemos pendiente para poder escribir el libro biográfico. Esta es una empresa que comercializa vehículos, y el nombre del jefe es Devan Reed. Es un hombre de negocios, muy inteligente y rápido por lo que debes tener mucho cuidado con lo que vayas a preguntarle para que no haya un malentendido ¿Está bien, Winter?

-Pero, jefe, se supone que yo solo venía a acompañarlo como su asistente... -mi voz temblaba. Posiblemente, yo no estaba lista para eso. Jamás he tenido tanta responsabilidad sobre mis hombros y era muy obvio la razón por la que me sentía tan nerviosa y comenzaba a dudar de mis capacidades.

-Eres muchísimo más que una simple correctora, señorita Winter Howland. He trabajado contigo por poco más de un año y medio, me he dado el trabajo de observarte con mucha atención y he podido ver lo inteligente que eres. Ya es momento que tú tomes las riendas, y seas tú directamente quien realice las entrevistas para la Editorial Kellog. La señorita Ivy está de acuerdo con esto, así que no tienes razón por la cual preocuparte. Haz lo que te digo y punto. Aunque, en esta ocasión, el trabajo se reduce a escribir un libro biográfico sobre el dichoso empresario.

-Adrien, usted sabe que a veces tiendo a ser un poco tímida y mi voz puede empezar a temblar un poquito...-estaba nerviosa, tanto que mi cuerpo entero temblaba y mi estómago empezaba a darme molestias- ¿De verdad, usted cree en mí y en el trabajo que he realizado?

-Claro que confío en tu pluma, Winter, ya deja de dudar. Recuerda que no es un trabajo para nada simple ni en lo más mínimo, sino que también deberás escribir un libro sobre la vida del señor Reed -me hizo acuerdo y le sonreí-Ahora, entra a esa oficina y hazme sentir orgulloso de ti una vez más.

No le respondí nada más y me encaminé hasta el edificio. Mientras tanto, revisé el interior del bolso; un par de cuadernillos, más de diez lápices, una grabadora de voz y otra normal, una cámara fotográfica profesional y mi teléfono. Al encontrarme en la recepción, mencioné:

-Buenos días, soy Winter Howland y vengo de parte de la Editorial Kellog. Tengo una cita con el señor Devan Reed -le dije amablemente a la recepcionista- Espero que pueda ayudarme con eso.

-Buenos días, sí, por supuesto. Suba hasta el piso número doce y golpee la puerta del señor Reed, en ella está su nombre escrito por lo que no se le va a presentar ningún problema.

-Gracias. Qué tenga un buen día.

Desde el mismo ascensor de edificio era sumamente elegante, tanto que lucía como si hubiesen gastado miles de dólares en él. Salí de él a paso apresurado escuchando el sonido que hacían mis tacones y sin más, golpeé dos veces la puerta que llevaba escrito "Devan Reed". Por cierto, creía que ese era un nombre bastante especial, pero, nunca seré capaz de admitirlo frente a la persona que lo tenía. Ya saben, nunca es bueno alimentar el ego de las personas porque se ponen odiosos.

-Adelante -El hombre contestó casi de inmediato y giré el pestillo. Al estar dentro, me encontré con un caballero de alta estatura, preciosos ojos verdes, cabello negro y una sonrisa llena de egocentrismo-Buenos días ¿Con quién tengo el gusto?

-Buenos días, Winter Howland -murmuré lo suficiente alto como para que lo escuchara y tomé asiento en una de las sillas de su escritorio-Vengo de parte de la Editorial Kellog, y seré la persona que se encargará de escribir su libro biográfico.

-Ah, sí, esa editorial...-arrastró las palabras y dejó de verme para continuar rellenando un par de papeles. Qué imbécil, este tarado se cree más importante que lo que yo le estoy diciendo ¿Acaso no oyó que soy la correctora y próximamente, periodista, que se la pasara siguiéndolo a todos lados a partir de hoy?

-Señor Reed, usted y yo tenemos muchas cosas que discutir sobre el trabajo que vamos a realizar juntos...-continué y crucé las piernas para no perder la paciencia puesto que ni siquiera se dignaba a mirarme. Apenas acabo de conocerlo y ya lo odio, aunque tampoco es como si tuviera la curiosidad de conocerlo más allá de todo lo que necesito para realizar mi trabajo de la forma correcta.

Había escuchado varios rumores sobre el señor Devan Reed. Las personas decían que era un magnate seductor, egocéntrico e inteligente, demasiado. Mencionaron que últimamente había tenido más de cinco secretarias en menos de un año debido a que con cada una de ellas mantuvo una relación llena de pasión que se fue al caño porque él jamás buscaba relaciones a largo plazo y todas las mujeres con las que salía o se acostaba, eran como una aventura de una noche.

-Señor Reed, si le parece que tiene el derecho de ignorar cada una de mis palabras como si yo no estuviese hablando con usted, le comento que está muy equivocado -señalé molesta. Maldito Devan, maldito seas- ¡Debe prestarme atención! No soy una pintura ni mucho menos, vine hasta aquí para hacer mi trabajo y yo también me merezco mucho respeto al igual que usted.

De repente, me vio como un bicho raro y se acomodó en su silla. Frunció el ceño para después soltar una risita.

-Está bien, señorita Howland, se ha ganado mi atención -me contuve para no bufar, sin embargo, sus profundos ojos me pusieron muy nerviosa. Quizá esa era la razón por la que conquistaba a todas las mujeres que se le cruzaban por al frente-Dígame todo lo que tenga que decirme, la escucho.

-Como le decía, seré la correctora que se encargará de redactar su libro biográfico y para ello, prácticamente voy a convertirme en su sombra todo el tiempo durante los siguientes cuatro meses, que es el plazo que se nos ha dado a ambos para culminar con el proyecto -solté y asintió-Ahora, me ayudaría mucho que mientras trabaja, no deje de contarme cosas importantes o que han tenido relevancia a lo largo de su vida. La gente desea conocer quién verdaderamente es el hombre que está detrás del magnate y empresario, Devan Reed. No queremos que nos hable solamente de negocios, sino que nos cuente qué le gusta hacer en su tiempo libre, cómo es su vida cuando no se encuentra en la oficina, qué lo motivó a ser la persona que es ahora mismo y también, a todo el mundo le interesa saber sobre su vida personal, en especial sobre su vida sentimental. Ahora, si usted está de acuerdo comenzaremos hoy mismo, en este momento, mientras usted me comenta los datos más importantes sobre su persona y yo los anoto en mi agenda ¿Le parece, señor Reed?

-Sí, comprendo, debo comentarle todo sobre mi vida, laboral y personal. Digamos que lo que tiene que hacer es como un lienzo al desnudo...-bromeó y se dio un instante para observarme de pies a cabeza. Traté de ignorar eso y asentí para que supiera que estaba de acuerdo con todo lo que acababa de decirme.

-Muy bien, señor Reed, necesito que me diga su nombre completo, además de su fecha de nacimiento...Digamos que requiero de toda su información legal -antes que pudiese seguir, me miró incrédulo y me preguntó:

-¿Una periodista va a escribir el libro? ¿Es que acaso eso no lo hace otro tipo de profesional? -Bromeé.

Tiene razón. Tonta, tonta, tonta...Me presenté ante él como una simple periodista, cuando en realidad ese título aun no lo tengo. A los dieciocho comencé la universidad siguiendo la carrera de corrección de textos y la terminé a los veintidós, y apenas hace dos años estoy siguiendo de igual forma periodismo a distancia. Quería especializarme en ambas cosas con el objetivo de conseguir más oportunidades de trabajo en diferentes campos en el futuro, no obstante, he olvidado presentarme como correctora frente a este estúpido.

-Oh sí, discúlpeme. Me refería a que soy persona que escribirá su libro porque trabajo en el departamento de corrección de la editorial, y bueno, ahora mismo también me encuentro estudiando periodismo y estoy por culminar la carrera -suspiré intentando parecer dura, aunque, en el interior me moría de los nervios por la estupidez que acabo de cometer.

-¿Entonces, por qué dijo que era una periodista? -Enarcó una ceja. Ya, por favor, déjeme en paz señor Reed.

-Lo lamento, señor Reed, tuve una confusión. Tengo un título en corrección de textos, pero, de igual manera yo también me encuentro estudiando periodismo actualmente porque me considero a mí misma una persona ambiciosa.

-La ambición es importante en una persona que desea salir adelante, sin embargo, me parece que ha tenido una pésima confusión y que si se ha confundido con algo tan crucial como lo es el área en la que se desempeña como una profesional, es mucho más fácil que cometa cientos de errores mientras estemos trabajando en el libro.

Sí, lo admito. Me he dejado llevar por los nervios y por mirarlo mal por el egocentrismo que demostró tener en un principio. Lo admito, me he equivocado y eso ha dejado una muy mala impresión sobre mi trabajo desde el principio.

-Entiendo que usted piense aquello sobre mí y mi desempeño -me tomé un momento para respirar-Pero, honestamente señor Reed, le aseguro que puede confiar ciegamente en mi trabajo. Estudié en una de las mejores universidades del país porque gané una beca por mi excelente récord académico a lo largo de mi corta vida. Sí, soy joven y me equivoco de vez en cuando, sin embargo, eso no va a afectar mi trabajo. Yo le aseguro que el libro será el mejor que haya leído en los últimos tiempos y que las ventas serán extraordinarias. Soy firme y constante en mi trabajo y creo...Creo que soy la persona adecuada para estar frente a usted ayudándolo a escribir este libro que seguramente, significa mucho -le indiqué con la respiración entrecortada. Me esperaba que me mandar al carajo, pero, simplemente movió su cabeza y me contestó:

-Bueno, señorita, parece que usted tiene un buen carácter y que confía en sus habilidades. Me gustan mucho las personas así, es decir, que tengan confianza en sí mismo -sí, se nota por lo egocéntrico que es. No necesita repetírmelo-Pienso que será mejor que comencemos a trabajar desde el día de mañana para que comience a trabajar en el mismo horario que yo lo hago.

-¿Me permite conocer dicho horario? -Entrecerré los ojos buscando un esfero para escribir sobre una de mis agendas y verme ante él como una mujer intelectual. Luego del error tremendo que cometí al presentarme, quiero estar atenta a todos los detalles para no equivocarme de nuevo.

-Entró a la oficina a las siete de la mañana y me voy aproximadamente a las diez de la noche, aunque, hay días en lo que debo irme un poco más tarde -señaló viéndome a los ojos. Comencé a entender que a Reed le gustaba intimidar a las personas con tan solo verlas, y por lo mismo, yo no iba a caer ante sus "encantos".

-Está bien, supongo que mañana lo veré a esa hora -me puse de pie, dispuesta a despedirme y abandonar la oficina en los próximos dos minutos-Muchas gracias por su hospitalidad, lo veré mañana temprano para empezar a trabajar, señor Reed.

-Gracias a usted por venir hasta aquí y aceptar el trabajo -respondió y asentí dándole la espalda y caminando hasta la puerta-Señorita Howland, por favor, espere un segundo.

-¿Sí? -Di la vuelta.

-Qué gusto ha sido conocer a una mujer tan guapa como usted, señorita Winter Howland -soltó de repente mientras me guiñaba el ojo.

-Sí, como sea -rodé los ojos saliendo de la oficina antes que me hiciera perder la paciencia. Idiota señor Reed. Creo que los siguientes meses al lado de este casanova van a ser un verdadero desastre, y yo voy a perder la poca paciencia que me queda.

Capítulo 2 II

Winter

-Entonces, para mi punto de vista, el hombre de negocios con el que debo trabajar y estar pegada a él durante los próximos cuatro meses es un egocéntrico y un odioso -escupí mientras mi hermana Amy peinaba mi cabello en su habitación.

-Winter, si tienes que trabajar a su lado tanto tiempo como dices será mucho mejor que dejes de hablar más de él y te concentres en todo lo que debes hacer mañana -asentí mientras rodaba los ojos. Ella planchaba mi cabello, aunque este ya fuese bastante lacio por naturaleza, pero, de igual manera, tenía un par de rizos en las puntas-Simplemente no le hagas caso, y concéntrate en hacer tu trabajo de la mejor manera, como siempre has acostumbrado a hacer. Eres muy buena en lo que haces y no le permitas a ese señor Reed que te haga dudar sobre eso. Y eres guapa, en eso sí tiene la razón ese hombre.

-No fue para nada profesional ese comentario que hizo acerca que era todo un gusto conocer a una señorita tan guapa como yo...Por Dios ¿Quién dice algo como aquello? -Enarqué una ceja molesta de tan solo recordar dicho momento.

-Winter, eso lo dice alguien que está coqueteando...Tan simple como eso, no entiendo por qué necesitas darle tantas vueltas al asunto.

-No se coquetea en el trabajo, además que él es todo un casanova ¿Crees que voy a permitirle a una persona como él que se salte todas las reglas y coquetee conmigo en medio de nuestras horas laborales? Ni estando loca, y es que eso iría en contra de todos mis ideales...Ay, no, no lo quiero ni imaginar siquiera.

-Winter, Winter, Winter...Espero que sigas pensando exactamente lo mismo conforme vayas conociendo mejor a ese Devan Reed. Ya sabes, dicen que las apariencias engañan y además que...Bueno, nunca sabemos lo que las personas van a significar en nuestra vida.

-¿A qué te refieres, Amy? -Prácticamente le grité, comenzando a perder la paciencia. No me gustaba en lo absoluto lo que estaba insinuando.

-Ya sabes, Winter, dicen que el odio termina en otras cosas en varias ocasiones...-hizo un ademán con sus manos.

-Ay Amy, no me molestes -esbocé una mueca- Como dije antes, ni estando loca me involucro con uno de esos hombres. Y si lo hago, es porque he llegado a perder los malditos estribos. Ay, es que no quiero ni imaginarlo así que no volveremos a hablas del tema ¿Queda claro?

-Me queda claro, aunque, en un principio fuiste tú quien comenzó a hablar de tu jefe.

-Ya lo sé, Amy, pero, ya no quiero hablar al respecto ni por un segundo más. Voy a limitarme a cumplir con mi trabajo y no pensar demasiado en si el hombre me agrada o no del todo. Simple.

Devan

Abrí la puerta de la oficina sin dejar de pensar en la señorita Winter. Si bien es cierto era una mujer muy obstinada, seria y, sobre todo, guapa. Sus prominentes ojos cafés oscuros, sus cejas definidas, bonitas pestañas, largo cabello rubio y esa facilidad de rodar los ojos y fruncir el ceño lograba cautivarme por completo. Además de bonita, era inteligente y eso le agrega un punto. Antes que fuese capaz de continuar pensado en la descripción de la muchacha, ella entró a mi oficina con el cabello recogido en una cola alta y luciendo un traje negro que se acomodaba muy bien a su cuerpo.

-Buenos días señor Reed, como puede ver he llegado a tiempo -susurró y me fijé en el maletín que llevaba. Supuse que allí traía los implementos necesarios para comenzar con el proyecto.

-Buenos días señorita Howland, sí, puede ver que lo he notado -respondí sin dejar de lado mi expresión seria-Puede acomodarse en el sillón o en mi escritorio mientras empezamos.

-Aquí estoy cómoda, muchas gracias -contestó sentándose en la misma silla que el día anterior-Como le mencioné ayer, me encantaría que usted me comentase acerca de esos datos básicos sobre su persona. Me ayudarán a crear un perfil sobre su persona y eso, ayudará también a iniciar con el libro.

-Sí, por supuesto, dígame que es lo que necesita saber y yo le responderé gustosamente -murmuré buscando una carpeta, en la que se encontraba información acerca de los estados financieros, en el pequeño librero que tenía en la oficina. Mi empresa era una de las mayores importadoras de vehículos y siempre necesitaba revisar el estado financiero para no tener problemas después.

-Información personal y educación, a esto me refiero con su nombre completo, fecha de nacimiento, nacionalidad, ocupación y religión.

-Devan Reed. Nacido el veintitrés de abril de 1992, lo que quiere decir que actualmente tengo veintisiete. No pertenezco a ninguna religión, soy un reconocido empresario y nací en Tampa, Estados Unidos.

-Está bien, me gustaría hablar sobre sus inicios, sus primeros años de vida -anunció sin verme en ningún momento y sin apartar la vista de la agenda-Ya sabe, todo lo que se considera importante en la vida de una persona para pasar a la siguiente pregunta, o en sí todo lo que le ha llevado la persona que es hoy en día.

-Bueno, crecí en mi ciudad natal al lado de mis padres y mis dos hermanas menores, Taylor y Laurie. Tuve una infancia muy tranquila y descubrí que amaba los autos debido a que mi padre siempre me llevaba a exposiciones y de tal manera, lo supe desde la primera vez. Estudié en una escuela privada de Tampa y tuve una vida tranquila. Y mi adolescencia se basó en escuchar música en mi habitación a todo volumen y estudiar más de la mitad del día.

Ella estaba a punto de preguntarme algo, pero, Eliana, mi secretaria nos interrumpió. Era guapísima la mujer, pero, una odiosa empedernida y eso arruinaba todo lo demás.

-Señor Reed, para comentarle que tiene una reunión de negocios con el señor Gael Bennet -me coqueteó al mismo tiempo que se acomodaba el cabello.

-Buenos días para usted también, señorita -Winter mencionó con sarcasmo y tuve que contenerme para no reírme a carcajadas. Qué personalidad para más interesante que tenía esta mujer.

-Buenos días...-arrastró las palabras con odio.

-Winter Howland, correctora de la Editorial Kellog, un gusto conocerla, Eliana -le saludó con una sonrisa burlesca en el rostro. Qué divertida escena.

-Sí, sí, como sea...Señor Reed, le decía que...-sin dejarle continuar, Winter se aclaró la garganta lo suficiente alto como para que todos lo escucháramos.

-Siento interrumpir y de seguro, usted ya me está odiando lo suficiente, pero, considero que una secretaria eficiente también necesita tener buenos modales para ser buena en su trabajo -le dio un golpecito en el hombro a Eliana, quien parecía que iba a estallar de la ira en un instante-Sin decir más, me retiro a continuar con mi trabajo -sonrió y volvió a sentarse.

-Como le decía, señor Reed, tiene una reunión de negocios con Gael Bennet en cinco minutos en la sala de juntas número cinco -murmuró una vez más y salió de la oficina menando las caderas de un lado a otro.

-Qué carácter el suyo, señorita Howland, pero, me encanta -solté sin pensar y ella frunció el ceño-Sígame, por favor.

Asintió olvidando lo anterior y salimos de la oficina después que recogiera sus cosas.

-Voy a tener una reunión con un empresario, muy importante al cual me agradaría que usted conociera en persona -le comenté cuando estuvo a mi lado y me sorprendió ver que su estatura no era para nada baja. Yo medía cerca de un metro ochenta u seis y ella me llegaba un poco más arriba del hombro-Señorita Howland, una pregunta ¿Cuánto mide?

-Un metro setenta... ¿Por qué la pregunta?

-Bueno, porque yo mido un metro ochenta y seis y usted no es para nada pequeña a mi lado -respondí y ambos reímos-Esta clase de reuniones suelen ser muy largas, así que cuando terminemos será hora de almorzar. Me gustaría que me acompañase a almorzar si gusta.

-Como usted diga, señor Reed, yo no tengo problema alguno en al almorzar con usted -me dijo sin mirarme y reír bajo. Rápidamente entramos a la sala de juntas número cinco y me encontré a Gael concentrado en su teléfono celular.

Gael era un hombre mujeriego, incluso mucho más de lo que yo lo era, por lo que cada semana lo veías con una mujer distinta. Era atractivo para las señoritas y era bueno en los negocios, aunque a veces fuese un poco estúpido. A él lo conocí tres años atrás en medio de una conferencia que la empresa en la que él trabaja brindó y desde aquel momento, nos decidimos a comenzar a crear contratos entre ambas empresas.

-Buenos días Gael, qué bueno verte después de tanto tiempo -me acerqué hasta donde se encontraba para apretarle la mano-Te presento a la señorita Howland, quién está trabajando conmigo en un proyecto secreto.

-Un gusto, señor -Winter sonrió sonrojándose y de cierto modo, esa acción logró molestarme.

-Buenos días a ambos -volteó a vernos-¿La señorita estará presente en la conversación?

-Sí, ella es como mi sombra desde hoy ¿Entendido? -Solté-¿Te molesta?

-No, por supuesto, si es una persona de confianza yo no tengo ningún problema con ello. Al contrario, creo que nos hará muy bien contar con la presencia de una señorita tan linda como lo es usted...Si me permite, me encantaría conocer su nombre, guapa.

-Le agradezco por la cordialidad que ha tenido conmigo, sin embargo, considero que nuestra relación no tiene por qué ser algo más que profesional. Espero no molestarle -le sonrió luego de haberle dicho todo eso, pero, qué carácter el de esta mujer. Joder, me encanta la señorita Winter Howland.

-Oh, sí, entiendo señorita -se rascó la nuca nervioso. Creo que jamás ha sido rechazado de esta forma por una chica, no obstante, siempre hay una primera vez para todo ¿No?

-Entonces, creo que será adecuado que demos inicio a la reunión -anuncié.

Nos la pasamos más de tres horas en esa sala de juntas discutiendo sobre un par de contratos, autos y sus costos, además de tomar mucho en cuenta su influencia en el mercado internacional y nacional. Winter no dejó de escuchar con atención, supongo que lo que ella deseaba era conocer más sobre mi persona y sobre todos aquellos que me rodeaban. Me fijé con mayor atención, y a ratos, en sus bonitos rasgos y en su piel que en verdad era tan blanca como la nieve. Casi a las doce y media de la tarde salimos del lugar, y le dije:

-Señorita, por favor, acepte mi invitación para almorzar -lo hice sin dejar de verla a los ojos. Sus ojos cafés claros eran hermosos.

-Sí, claro, ya le dije que aceptaba -suspiró y bajó la vista hacia su maletín. Entramos al ascensor y ella no parecía sentirse incómoda en ningún momento-Solo le advierto que no soy una persona de muchas palabras, así que puede que se aburra un poco durante el almuerzo.

-No se preocupe, que también lo soy -le sonreí mientras salíamos de la empresa. De cualquier forma, creía que íbamos a tener un momento muy interesante juntos, que me permitiría conocer un poco más allá a la mujer con la que estoy tratando. Siendo sincero, me gustaría mucho conocer con mayor profundidad a Winter y descubrir si la atracción que siento hacia ella es más que por su físico. Ella es una persona especial, de pies a cabeza y quiero descubrir más sobre ella y todo lo que cree.

Capítulo 3 III

Winter

Crucé las piernas y me senté recta en cuanto el señor Reed consiguió una mesa para ambos. Había comenzado a fijarme en la clase de cosas que le gustaban lucir, a esto me refería con los carísimos trajes que vestía, relojes de las mejores marcas, corbatas de diferentes diseños que le ayudaban a lucir un poco más elegante, el cabello bien peinado y una sonrisa de lado. Por mi parte, siempre optaba por usar trajes de oficina, de distintos colores, tacones altos y bolsos de trabajo que me resultaran cómodos para llevar las cosas que solía usar y maquillaje ligero que no me hiciera parecer mucho mayor de lo que era naturalmente.

-Bueno, señorita Howland, en primer lugar, quisiera aprovechar para decirle que me parece que su nombre es muy especial -soltó sin previo aviso, logrando sonrojarme de inmediato, pero, me reincorporé y tragué saliva rápidamente.

-Gracias, señor Reed. Mis padres eligieron ese nombre para mí porque nací durante el invierno, exactamente el 17 de febrero -ni siquiera yo misma supe la razón por la que tuve que decirle algo tan personal como aquello. Me arrepentí al instante, puesto que acababa de darle inicio a una conversación sobre asuntos personales.

-En tal caso, tiene mucho sentido -Devan me sonrió-Winter, me gustaría que me llamaras Devan en lugar de señor Reed.

¿Así? ¿Por qué? He de admitir que a pesar que un principio me pareció que usted era un hombre bastante egocéntrico y demás, se ha comportado exquisitamente bien conmigo. Y lo aprecio, aunque, no se lo diga directamente.

-Siempre he preferido no saltarme las reglas, señor Reed. Usted es mi jefe, de una u otra forma, y yo estoy trabajando a su lado por un proyecto suyo, al fin y al cabo -respondí.

-Deja las reglas de lado una sola vez, Winter. Creo que nuestras edades no son muy distantes, en lo absoluto -quizá, ni sabía cual era la edad de mi nuevo "jefe"-Me presento, esta vez fuera de la oficina y como una persona común y corriente, mi nombre es Devan Reed, y tengo veintisiete años. Vivo solo y no salgo con nadie.

Me encogí de hombros y supe que no tenía otra opción que presentarme de la misma forma que él acababa de hacer.

-Winter Howland, veinticuatro. Todavía vivo con mis padres y mis dos hermanas pequeñas debido a que mi hermano mayor se casó meses atrás.

-¿No te gustaría comenzar a vivir sola?

-La verdad es que no sé. Le tengo mucha confianza y cariño a mi familia, y no me molesta vivir a su lado. Tal vez dentro de un tiempo, me vaya de casa, sin embargo, no creo que eso sea muy pronto -negué y me obligué a mí misma a darle una pausa a la conversación que estábamos teniendo-Discúlpeme, no obstante, no suelo hablar mucho de mi vida personal.

Era cierto. Durante toda mi vida, mis padres habían sido muy protectores conmigo y no podía entregarle mi confianza con tanta facilidad a personas que acababa de conocer. Mi círculo de amigos no era tan grande, pues, en él solo se encontraban; Hope, mi amiga de la escuela; Evangeline, una gran compañera y amiga cercana a la que conocí en mis tiempos de universidad y August; un muchacho al que había conocido en una situación muy graciosa en el parque de diversiones cinco años atrás.

-Lo que digamos o hablamos aquí, no va a ser de conocimiento de otras personas -señaló dejando de ver el menú.

-Disculpa ¿Debería confiar en ti? Es decir, no nos conocemos ni mucho menos...Se supone que nuestra relación no debería dejar de ser profesional en ningún momento -esbocé una mueca. No entendía la razón por la que le interesaba conocerme más a fondo.

-Winter, mira que no soy una mala persona para nada -se tomó un momento para respirar-Sé que existen muchos rumores de mí, en los cuales se habla de que salgo con muchas mujeres y que me la paso de fiesta en fiesta.

-¿Y acaso eso no es cierto? Todo el mundo habla de lo mismo -supe que iba a ser el momento indicado para averiguar mucho más acerca de quién en realidad era el hombre que tenía enfrente en este mismo instante.

-Eso ya está en mi pasado, Winter. Salí con muchas mujeres cuando acababa de entrar a trabajar en la empresa pues, me encantó el poder que tenía y como todo el mundo volteaba a verme cada vez que entraba a un lugar. Si bien es cierto no fui ni el mejor empresario ni el mejor hombre la primera vez que estuve a cargo del lugar que continúo manejando hasta el sol de hoy, pero, si puedo asegurarte que hoy soy un hombre muy distinto a aquel que recurría a fiestas todas las noches sin excepción alguna. Digamos, que no le hacía un muy buen uso al dinero que recibía por mis labores.

-La verdad es que creo que todos fallamos, nos equivocamos y volvemos a levantarnos al menos una vez en la vida.

-Y es cierto, en realidad lo hacemos varias veces a lo largo de los años. En lo personal, me he equivocado dos veces en la vida de una manera terrible. La primera porque me di la vida que no debía llevar y la segunda, es algo que me seguiré reservando por un tiempo.

-Comprendo, todavía no he cometido un error que me duela enormemente o del cual me siga arrepintiendo hasta ahora. Quizá es por la falta de experiencia o, simplemente la vida misma lo ha querido así -tal vez mi vida jamás ha sido la más entretenida ni mucho menos porque como mencioné antes, inclusive mi círculo social se reducía a un pequeño grupo de personas. Y odiaba, con mi vida entera salir de fiesta y esas cosas. Lo odiaba, realmente lo hacía y aquello se debía a que siempre prefería quedarme en casa estudiando o viendo algún documental.

-Ahora que le he hablado un poco más sobre la persona que soy en realidad, me pregunto si de verdad sigue pensando que soy el tipo de persona que no le agrada.

Me tomé un momento para responder a su interrogante, sobre todo porque deseaba buscar la respuesta correcta.

-Devan Reed, he cambiado la perspectiva que tenía sobre usted. Entiendo que no es un hombre que le hace honor a todos esos rumores que circulan y que no es la persona que creí en el momento que lo conocí. Lamento haberlo criticado o haber tenido malos comportamientos.

-Winter, si hay algo que todavía tienes que aprender es que las personas no se juzgan por como se ven o por lo que dicen de ellas. Tienes que darte la oportunidad de conocerlos y crear tu propia opinión, sin que los demás tengan algo que ver. También, sé que en el instante que entraste a mi oficina no fui la persona más amable y que ni siquiera te presté atención.

-No necesita repartírmelo que sigo recordándolo bien -rodó los ojos. Parecía que era algo que acostumbraba a hacer casi todo el tiempo-También, debe imaginar que para cualquier persona es difícil entender o aceptar que uno cambia de la noche a la mañana. Debido a mi trabajo, sé bien que hasta hace poco tiempo salía con algunas mujeres, y que una de ellas en especial fue importante en su vida.

-Está bien, si tus intenciones no son confiar en mis palabras, te aseguro que voy a demostrarte que no soy un mentiroso, aunque sí tiendo a ser un egocéntrico -le di la razón.

-Devan, usted no tiene por qué demostrarme nada. Solo le di mi opinión, sin embargo, no...-me quedé callada sin saber que era lo que necesitaba decir. Creo que lo arruiné todo con mis últimas palabras-Usted y yo solo somos compañeros de trabajo y si este tema salió a relucir, se debe a que deseaba que nos conociéramos un poco más, supongo que para lograr un ambiente de trabajo mucho más ameno. No obstante, usted sabe que no tiene por qué demostrarme nada, porque yo no soy nada más que la chica que va a escribir su libro y con la cual pasará cuatro cortos e insignificantes meses, que van a irse volando como el viento.

-Winter, permíteme demostrarte que no soy el hombre que crees. Que, si te he dicho todo esto, no es por seducirte ni mucho menos...

-Eso es lo que debes decirles a todas las mujeres que se te pasan por enfrente -fruncí el ceño. No me gustaba el tono que esta conversación empezó a tener desde hace un par de momentos atrás. Yo no era más que una persona que acababa de comenzar a trabajar con él y no tendríamos que hablar de cosas que resulten ser personales-Mire, señor Reed, no tengo mayor interés en conocer ni una parte de su vida privada y, por lo tanto, a usted tampoco tendría por qué interesarle algo de la mía -me puse de pie y salí del restaurante, creyendo que no iba a seguirme, pero, lo hizo y me alcanzó casi de inmediato.

-Winter, es claro que tengo interés en su vida privada. Y no vaya a creer, se lo ruego, que es algo que hago todos los días -me agarró del brazo y me enojé muchísimo más de lo que ya lo estaba-Sé que debe pensar varias cosas sobre mí y lo comprendo, totalmente.

-No creo que deba importarle lo que yo piense sobre usted -le indiqué empezando a perder la paciencia. Me preguntaba cómo es que habíamos llegado a este punto, cómo es que de un almuerzo formal entre un jefe y su escritora había terminado en un enfrentamiento de este tipo en el que había emociones y opiniones distintas-Soy su empleada de cierta forma y no considero que esto sea profesional, al contrario, me parece que se está tomando atribuciones conmigo que no debe.

-Se nota que jamás has tenido una conversación de esta clase con un hombre...-Rió bajo y luego hizo que sus ojos y los míos se encontraran.

-¿A qué se refiere con eso, señor Reed? -Arrugué la nariz lista para perder la poca compostura que me quedaba.

-A qué no tendrías razón por la cual sentirte así y enojarte tanto solo por un hombre te haya confesado que despiertas cierto interés en él -sus ojos eran como un agujero profundo en el que no querías entrar. Me tomé un momento para suspirar y lo obligué a que me soltara.

-Le he dicho que no considero que la actitud que está teniendo conmigo sea profesional. Y pienso que la conversación se nos ha salido de las manos y punto, eso es todo -sin querer, mi voz sonó entrecortada y temblorosa-Ahora, si usted está de acuerdo, podemos hacer como si esta conversación nunca hubiese pasado y continuaremos con nuestra relación netamente profesional.

-No.

-¿Perdón? -Pregunté.

-He dicho que no, que no quiero solo que mantengamos una relación que sea profesional, en la que solo hablaremos de temas que tengan que ver con el trabajo y nada más no veremos en nuestras horas laborales -acercó su rostro al mío, permitiéndome sentir su respiración. No supe por qué mi pulso aumentó de una manera inimaginable y mis piernas comenzaron a temblar.

-Señor Reed...

-¿Sí, Winter? -Su nariz tocó la mía, y sentí que estaba perdiendo el control de mi cuerpo. Si no le ponía un alto a esta situación, terminaría en algo que no deseaba. Sin embargo, antes de que yo fuese capaz de encontrar que decirle, sus labios rozaron los míos y cerré los ojos, esperando que continuara. Lo odiaba, aun más por todo lo que dijo recientemente, pero, el tenerlo tan cerca de mí había creado una especie de deseo en mi interior que ahora mismo ni era capaz de controlar por mi propia cuenta-Oh, bonita, creo que te has quedado sin palabras...

-Yo...-solté sin pensar y entrelazó nuestras manos. Aquella fue la mejor sensación que había tenido en la vida entera. No obstante, me cuestioné a mí misma la razón por la que me encontraba sumamente nerviosa y el por qué no me atrevía a tomar las riendas del asunto. Quería que el señor Reed posara sus labios sobre los míos y nos fundiera a ambos en un beso-¿Qué cree que está haciendo?

-Demostrándote que me atraes, Winter Howland, porque de lo contrario no estaríamos aquí ahora mismo...-se alejó un poco, aunque, aun podía sentir su respiración cerca de mi rostro-Winter, me gustas y no es una broma...

-Señor Reed...-le susurré en un intento de recuperar la cordura. Cómo se me había cruzado por la cabeza que quería que mi nuevo jefe me besara. Si le permitía que me diera un beso, las cosas se convertirían en el mismismo infierno dentro de la oficina y he de admitir que no estoy dispuesta a que eso suceda. Si le doy la oportunidad de usarme a su antojo, pensará que soy una mujer que ni siquiera sabe lo que quiere debido a que hace momentos atrás le dije que no me interesaba ciertos aspectos sobre su vida y si le dejaba besarme, creería que tendrá la oportunidad de molestarme cada vez que se le antojara y no iba a permitirle algo como eso. Las cosas, a este punto, acababan de salirse de control-Usted no tiene ningún derecho sobre mí.

Lo empujé con delicadeza y me alejé lentamente, aunque, una vez más, me alcanzó en un par de segundos.

-Winter, ya le he dicho que no estoy jugando con usted.

-¿Así? Pues no le creo en lo absoluto y de verdad, la actitud que acaba de tomar está siendo cero profesional -de acuerdo, tienes que dejar de hablar de lo que es profesional y de lo que no lo es, porque empiezas a sonar como una estúpida.

-Deje de actuar como si le importara seguir las reglas -volvió a acorralarme cuando estábamos a cuatro cuadras de llegar a la empresa. Por dios, qué insistente-Winter, por favor, escúcheme...

-Ya le he dicho que no tenemos de qué hablar -señalé entrecerrando los ojos. Se estaba convirtiendo en una maldita molestia, pero, yo no hacía nada para detenerlo e irme de una vez por todas.

-Winter Howland, permíteme solo un segundo -prácticamente me rogó y yo no hice más que rodar los ojos. Quería irme.

-Mire, también creo que usted es de esos hombres que necesita seducir a todas las mujeres que se le cruzan por enfrente. Y le aviso, desde ya, que no pienso unirme a tal lista tan desvergonzada -hice una cara de horror y lo miré molesta.

-Winter, me pregunto cuántas veces tendré que decirle que yo no soy esa clase de persona que piensa o que todos los otros dicen que soy -se justificó y no pude evitar soltar una risa.

-Entonces, dígale eso a todos los medios de comunicación que lo han captado en un par de momentos incómodos -señalé recordando lo que conversamos en la editorial. Había una sección de artículos y revistas de farándula en las que se encontraban todas las fotografías en las que él salía con un par de mujeres muy amorosamente. Eran más de quince, tal vez, o eso es lo que recuerdo.

-¿Seguirá creyendo todo lo que la farándula dice o me creerá a mí en el momento que le cuente cómo surgieron cada uno de esos rumores? -Enarcó una ceja-Usted me gusta y me encantaría que intentemos algo, pero, quisiera que nos conozcamos un poco más.

-Está claro que mi respuesta es no -lo dije a la ligera y la expresión de su rostro cambió por completo.

-Creemos una historia entre tú y yo que viva eternamente en Saturno -indicó.

-De ser así, en Saturno vivirá todo aquello que nunca tuvimos.

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