Todo tiene un origen, todo origen tiene una causa, todo en esta vida tiene un inicio, incluso los finales, son solo el comienzo de algo nuevo, este pensamiento es el que me han enseñado desde que tengo uso de razón, gracias a mis padres que trabajan para una empresa que tiene incluso una escuela para los hijos de los trabajadores, puedo darme un estilo de vida lleno de constantes beneficios, yo soy Scarlet, hija de los dueños de esta empresa: "Estilos ABC", estudio quinto grado junto a mis mejores amigas: Marta, Gina y Susana, esta última se ausentó porque ha sido atrapada en su casa por una congestión.
Estábamos en la hora del almuerzo, sin embargo no había visto aún a mis padres, quizá no los veré tampoco hasta las seis ya que usualmente trabajan hasta esa hora. Comenzamos a correr por todos lados entre risas y juegos hasta que llegamos al área de los adultos. El ambiente presente en este lugar era diferente al de la escuela, nadie sonreía, nadie se reía, todos tan serios, tan enojados, nada se salvaba de ser así de siniestro a mi parecer.
- ¡Mira, mira! Vamos al ascensor- Exclamó alegremente Marta, con una tendencia al nerviosismo que nunca vi en ella antes, negué con la cabeza en cuanto dijo eso porque no tenía muchos ánimos de montarme en un ascensor. Luego de negar con la cabeza, ambas chicas abuchearon por ello.
- ¡Vamos! Di que si- insistió Gina rogándome. También se veía nerviosa, ¿Qué se supone que les sucede?
- ¡No!- Exclamé- ¿Acaso no conocen las aterradoras leyendas de ese ascensor?- Les hice un ademán para susurrarles respecto al tema- ¡En ese ascensor, cuenta la leyenda que se mueren las personas, mis padres mandaron a quitarlo, pero, algo pasó con el sujeto que mis padres contrataron para quitar ese ascensor!
- Pues parece que al que iba a quitarlo, lo secuestraron-
¡¿Qué ha dicho Gina?!
- ¿Qué?- dije retrocediendo, no puede ser, ¿Por qué?
¿Por qué sucede eso?- ¿Pero quién? Con razón sigue ahí ese ascensor, ¿Por qué sucedió?
- No se sabe- dijo Gina preocupada- los pocos testigos afirman que...- la interrumpí de inmediato.
- Eso no importa, solo vámonos en el ascensor- no sé cuál es la insistencia de Marta en que nos montemos en ese ascensor, además la noto nerviosa, como si me escondiera algo. No puedo solo seguirle la corriente.
- ¡No! Yo no tengo razón para hacerles caso, he dicho que no iré y no lo haré- dije a la defensiva.
- ¡Cobarde, cobarde, cobarde!- Comenzó a exclamar Gina entre risas, de inmediato fruncí el ceño.
- Gina empújala, o ya sabes lo que va a pasar- dijo Marta, realmente amenazante, yo estaba tan asustada en ese momento, y Gina se quedó estática, lágrimas salieron de su rostro
¿Qué sucede con ellas? ¿Por qué han estado actuando tan extraño? Poco a poco me iba retirando de ese lugar, pero Marta me agarró con fuerza, empujándome en el ascensor, antes de poder reaccionar o salir corriendo el ascensor se cerró, el pánico me envolvió ¿Por qué no entraron conmigo? ¿Por qué de repente me están haciendo todo esto? Gritos enmarcados por el desespero salieron de mi garganta, pedí ayuda pero las chicas no respondían a esta- Marta sácame de aquí, ¡Ah!- Grité, cada vez mis gritos aumentaban de fuerza, de potencial, pero ellas no hacían nada.
- Amiga, no seas dramática, estamos jugando- dijo Marta, ¡Ese tono no es tan lúdico! Pensé enojada.
- A mí no me... -Marta gritó interrumpiéndome. Esto no puede ser bueno.
- ¡Bah!- Soltó Marta en un tono aburrido- hagamos elevar esto ¡De una vez!- Exclamó Marta, luego de decir eso el ascensor comenzó a elevarse, el movimiento del mismo me hizo sentir náuseas y mi cuerpo cayó al suelo, comencé a toser, sin embargo traté de calmarme convenciéndome de que esto es sólo un ascensor así que no moriré aquí, cuando salga haré que Marta pague, ¡Qué mala amiga! Encerrándome así en este lugar tan desagradable y subiéndome a otro piso. Antes de poder hacer algo, la pude escuchar, aún desde arriba, su voz se iba alejando poco a poco.
- ¡Auxilio, auxilio, auxilio!- Sus gritos daban miedo, algo pasaba allá afuera y yo no sabía, ¿Tiene acaso algo que ver con que yo esté encerrada en este lugar?
-Gina ¿Qué le haces a Marta?- grité yo más asustada aún sabiendo que no me escucharían a este punto, la sangre corría cada vez con más fuerza por mis venas, deseaba gritar desesperada, pero no era como si tuviera la opción de escapar,
¡Ya es suficiente juego, salgamos de aquí y volvamos a la escuela! La maestra se preocupará si no llegamos, quería decir eso, pero, mi garganta estaba paralizada del pánico, el sudor comenzó a hacer parte de mi frente al mismo tiempo de que mi cuerpo ardía en calor, síntomas que presentaba por mi situación y que aumentaban paulatinamente, justo cuando pensaba que no podría ser peor, un sonido desgarrador para mis oídos comenzó a proyectarse a mis alrededores, no tardé mucho para dar por entendido que venía de uno de los circuitos dañados del ascensor, el sonido que se proyectaba a un volumen alto era similar al zumbido de una abeja, los circuitos comenzaron a estallar alrededor, luces blancas tan brillantes como los relámpagos estallaban y tan repentinamente como aparecían, desaparecían también.
- ¡Sáquenme de aquí, está sonando algo extraño!- y de repente se quedó congelado el ascensor, por consecuente, mis gritos aumentaron considerablemente, buscando ser escuchada por ellas, sabiendo que sería en vano, pero, no quería dejar de intentarlo, quizá me escucharían, quizá me sacarían, quizá podría salir de este ascensor, y acusaría a Marta con mis padres por hacerme esto.
- Marta, esta broma no es divertida, se quedó congelado el ascensor ¡Sácame de una vez!- Era en vano, todo era en vano. Vi los botones, comencé a presionarlos pero nada que reaccionaba, la puerta no abría ni cerraba, el ascensor no subía ni bajaba, estaba eternamente atrapada aquí, ¡Esto no puede ser peor! Pensé, segundos después toda la luz que había a mi alrededor desapareció, miré a todos los lugares posibles, estaba oscuro sin importar a dónde tendría que observar, se había ido la luz y esto empeoró las cosas de inmediato, le di golpes desesperada a alguna parte del ascensor, no sabía exactamente a cuál debido a que todo estaba oscuro.
- ¡Sáquenme!- gritaba rogando y llorando- ¡Auxilio, estoy atrapada en un ascensor que está dañado y sin luz! Soy una pequeña niña ¡Sólo tengo diez años, no quiero morir! Maestra, Marta, Gina, mamá, papá, ¡Les juro que no volveré a salir de la escuela, pero, por favor, rescáteme alguien! ¡Tengo mucho miedo!- Continuaba gritando, no había señal alguna de las chicas, no había señal alguna de ningún adulto, la desesperanza me rodeó, este era el fin, ¿No? A pesar de saberlo, no dejé de golpear, de hacer ruidos esperanzada en ser escuchada por alguien.
Llegó de nuevo la luz pero para mi desgracia explotó un circuito de los que anteriormente estaban haciendo ruido, estalló con mayor estruendo que antes, como producto de este violento estallido todo a mi alrededor tembló, algo leve pero doloroso pasó por mi cuerpo, supuse que era una parte del estallido muy tenue que me había impactado, el ascensor bajó rápidamente, salvajemente, violentamente, mi cuerpo fue sacudido con violencia hasta que choqué bruscamente contra el techo del ascensor, sentí algo doloroso prensarse en mi cabeza, mis pulsaciones se centraban específicamente ahí, fue tanto que hasta me golpeé con el techo, y empecé a sangrar en el cráneo, sentía la sangre salir de allí, sintiéndome peor que nunca grité, ya sentía que me iba a quedar sin garganta de tantos gritos y súplicas.
Nuevamente todo se oscureció, el ascensor cayó finalmente y cuando finalmente aterrizó mi cuerpo regresó al suelo, más bruscamente todavía, pude ver la sangre allá arriba, de repente, una milésima de segundo después, la única luz que había era el fuego que se dirigía con furia al ascensor hacia donde estaba yo ¡Voy a morir!, di una vuelta esquivándolo, una vuelta abrupta cayendo en el otro lado del ascensor, y dándome un brusco golpe, el fuego estaba ya del otro lado, ¡Por dios! De ahí vi que tenía conmigo un litro de agua, lo agarré y le eché al fuego, se redujo un poco, pero cayó una chispa en mis ojos, grité peor todavía, el dolor era espantoso, mi cabeza, mis ojos, mi cuerpo entero, sentía que estaba acabada, de ahí pude escuchar la alarma de bomberos que lentamente se disminuía el sonido, se estaban alejando, ¡No! No se alejen, sálvenme, estoy aquí...
- ¡No se vayan!- dije muy débil, ese fue mi último aliento, mis sentidos se adormecieron de inmediato.
Todo lo que había logrado, lo que logré levantar parecía que se estaba desmoronando, parecía que me estaba perdiendo en un profundo abismo que torturaba y que a su vez lastimaba, todo por el dolor de ser traicionada. Confié mucho, y aquí estoy. Justo en ese momento todo se oscureció, antes de perder completamente la conciencia tuve un último pensamiento que lentamente se reprodujo en mi cabeza, mientras las llamas rodeaban el lugar, cada vez acercándose más a mi inútil, frágil, roto y tirado cuerpo, las sentía, a pesar de que no las veía porque mis ojos estaban cerrados. Este, no es el final, es sólo otro comienzo, tal como pensé al principio, todo tiene un inicio, incluso los finales representan el comienzo de algo, en este caso: El comienzo de mi oscuridad.
Scarlet. Se supone que es ese mi nombre, tenía un buen significado correspondiente a mí, a lo que es y será mi vida a partir de ahora, a partir de este nuevo comienzo tan desalentador y desmotivador, el comienzo de mi oscuridad, el comienzo de mi muerte, el comienzo de mi despedida a todas aquellas cosas que alguna vez me hacían feliz. Scarlet, parte de este nombre es Scar, cuyo significado en castellano es "herida", Scarlet, qué bien va conmigo ese nombre, letra por letra.
S de Silencio, el silencio que representaría a partir de ahora, el silencio de mi cuerpo, por más que mi alma quisiera gritar, el silencio de mi corazón que sin importar cuán fuerte intentara latir, sería en vano, el silencio de mi alma, por más que mediante mi cuerpo me quisiera expresar, ahora era presa, una lamentable presa del silencio.
C de Calumnia, porque eso es lo que represento ahora, porque, eso es lo que estuve viviendo, ellas, eran tan buenas, pero ahora, me hicieron esto, ahora, estoy en este estado por ellas, por Gina y por Marta, más que todo por Marta, calumnia, porque me trataban ante el resto como amiga, para hacerme daño, para traicionarme de esta manera, para destruirme hasta que no quedara nada de mí, hicieron de mí una calumnia.
A de Alas, las alas que merecía, las alas que tenía para volar, la maravillosa vida, mi cómodo estilo de vida, una niña de clase alta con un futuro brillante, hija de los dueños de una empresa, pero ellas, ellas se encargaron de arruinarlo, esas alas, ya no existen, es por eso, que la siguiente letra de mi nombre es:
R de Rotas, porque es así como han transformado mi vida, es en eso que consiste ser como yo, estar rota, tener un futuro brillante hecho trizas, haber presenciado segundo a segundo cómo se quebraban mis alas, ahora no soy más que un saco humanoide que está muerto en vida, así me siento yo en este ¿Final? No, en este inicio, en este nuevo comienzo.
L de Limbo, porque mi vida es eso ahora, ¿Mi vida? ¡No! Hace ya tiempo que perdí eso, ahora, tengo una vacía existencia, sin razón de ser, sin razón de estar, ahora mismo, estoy en un limbo, sin rumbo, sin destino, sin punto de partida ni punto de llegada, lo he perdido todo, y en cuestión de poco tiempo, lo habré terminado de perder todo.
E de Extraña, porque ahora no soy más que eso, una extraña, una desconocida, un ser sin luz, un cuerpo apagado cuya alma pereció en aquel momento, ¿Vida? No, ya no tengo eso, ya no pertenezco a esa clasificación, ya no me considero un ser vivo, ahora soy... Un pedazo de carne pensante, verdaderamente extraño es ser como yo.
T de Tragedia, porque, haber acabado con una vida que tenía tanto futuro, tantas esperanzas, tantas expectativas y tanto camino por delante, una vida que ni siquiera había iniciado un rumbo excitante lleno de nuevas experiencias, una vida que fue arrebatada, por dos personas que se supone que eran importantes, mi vida fue arrebatada de mis propias manos por dos personas que pensaba que jamás me harían daño, todo lo perdí, por quien jamás pensé que me haría quedarme sin nada, sin nadie, sin tan siquiera la posibilidad de sentirme como un ser vivo, como un ser humano.
Desde la distancia fui capaz de sentir la presencia de alguien, pude sentir algo correr en el interior de mis brazos, mis venas, latidos, sentía mi pulso a lo largo de todo mi cuerpo, latidos verdaderamente lentos, apagados, pero, estaba latiendo mi corazón, estaba sintiéndome en un contexto ajetreado, pero en compañía, no estaba sola ni perdida como creí este entero tiempo, quizá... No había muerto, quizá, este es mi regreso, abriré los ojos y volveré a ver los colores de la vida, podré al menos saber por qué ha sucedido todo esto, por qué ellas hicieron que mi vida estuviera en un peligroso limbo entre la vida y la muerte.
A pesar de que podía sentir presencia, no veía nada de nada, tenía algo peculiar que me negaba el sentido de la vista, que me negaba siquiera poder abrir los ojos, ese algo era como una gasa en los ojos puesta, pude sentir entre mis brazos, apenas intenté moverlos, una enorme cantidad de cables, intenté mover mi cuerpo y de sentarme, pero además de que me faltaba fuerza estaba rodeada de incontables cables, luego de todo esto pensé que era el momento de hacerme una pregunta que tenía derecho de poder responder: ¿Cómo es que estoy viva? Realmente no lo sé, sin embargo si salí intacta de todo eso lo agradezco y lo agradeceré hasta que no quede nada de mí que pueda agradecerlo. Me detengo también a pensar que esas amigas que jamás me traicionarían de repente me intentan asesinar, y algo sucedió afuera. Algo de lo que no estoy enterada, algo que va más allá de que las personas en las que confiaba me traicionaron, algo que va mucho más allá de que mis mejores amigas, resultaron ser partícipes de mi estadía en ese limbo que se ubica entre la vida y la muerte.
La decepción corre por mis venas porque esas chicas inseparables que alguna vez fuimos ahora simplemente me traicionan ¿Por qué me traicionaron? ¿Acaso les hice algo? ¿Acaso nunca fueron mis amigas? ¿Nunca me quisieron? Odiaba tener que hacerme esas preguntas, pero lamentablemente no hay nada que pueda hacer, ni siquiera puedo saber qué pasó exactamente. Ni siquiera sé dónde estoy con exactitud, no veo así que no puedo saber si estoy en el cielo, infierno, o soy un alma en pena, o si simplemente estoy viva ¿Cómo podría hacer para saberlo?
- Marta, Gina, ¿Por qué me hicieron esto?- dije yo entre un mar de lamentos irremediables que crecían uno tras otro cada segundo que transcurría- ¿Dónde estoy? ¿Esto es el infierno por casualidad? ¿Por qué no me quemo? ¿Por qué estoy vendada?
- Pequeña, usted no está en el infierno, está en una clínica- dijo un hombre, debe ser el doctor.
Pienso en el infierno, porque nunca seguí a Dios, nunca fui su fiel sierva, mejor dicho: Nunca quise serlo, y ahora tengo menos razones para ser su fiel y obediente hija, nunca querré hacerlo, así que, sí, por eso pensé que estaría en el infierno.
- ¿Por qué tengo los ojos vendados?- dije confundida moviendo mis manos a todos lados, notando nuevamente acerca de esos cables.
- Porque usted está en riesgo de perder la vista, le hicimos una operación para aumentar la probabilidad de salvar su vida y su vista.
- ¡Miente! No puedo perder mi vista ¡Soy la hija de un par de empresarios! ¡Tengo una vida por delante que sin mi vista no será la misma! Suplico que me salve por favor- estaba desesperada ¡Mi vida no puede irse a la basura solo porque así lo quisieron las que se hacían llamar mis amigas! Esto me pasa por haberme confiado ¡Qué torpe soy! Jamás pasó por mi mente, que todo esto acabaría pasando- ¿Cuánto tiempo debo estar vendada, de esta manera?- digo preocupada. El no saber si sobreviví intacta o no me martiriza, era como una tortura que parecía perderse a lo largo de la eternidad, tener tantas preguntas y tan lejos de responder tan siquiera una de ellas. Me enloquece tanto la preocupación que me consume lentamente ¡Quiero una estúpida respuesta ahora! Necesito saberlo, necesito saber si podré ver los colores de la vida, si podré seguir viendo el mundo que hay frente a mis ojos, no puedo simplemente perderlo todo porque sí.
- Hasta que despertara, pasaron 7 días del incendio y la operación, es más que suficiente- dijo el doctor, ¿Siete días? Tanto tiempo inconsciente, estaba sorprendida de todo ese tiempo que pasé ¡Era demasiado! ¿Cómo estarán mis padres? ¿Cómo estará la escuela? ¿Cómo estará la empresa generalmente hablando? Recordando que se incendió esperaré que no se haya terminado de destrozar, espero que haya sido solamente el ascensor.
- Quiero verlo todo, la clínica en la que estoy, el doctor que me está atendiendo, absolutamente todo.
Segundos luego de haber dicho eso, el doctor retiró los cables de mi cuerpo, lo supe por la sensación de estos desaparecer de arriba abajo, al retirarlos me ayudó muy lentamente a quedar sentada en la camilla donde estuve postrada siete días, posterior a ello retiró muy lentamente las vendas de mis ojos, en cuanto recibí instrucciones de abrir los ojos lo hice, cuidadosamente los abrí, no es como si contara con mucha fuerza pero en cuanto los terminé de abrir pude verlo todo normalmente, o bien casi todo, veía con claridad los objetos que me rodeaban, el contexto, tamaño y distancia, pero lo anterior se veía en un extraño y peculiar color gris, ahora mi mundo, era por completo gris, pude sentir las lágrimas salir de mis ojos.
- ¿Por qué? ¿Por qué todo es gris? ¿Por qué no es rosado? ¡Pinte inmediatamente la clínica, usted, todo lo que esta gris píntelo de rosado!- Me desesperaba más y más, sólo de pensar que ahora tendría esta visión ¡Al menos no perdí la vista! Pero igual, era verdaderamente lamentable.
-Mire aquí- dijo el doctor y me puso a ver una luz, que era gris también, eso me asustó más aún.
- ¿Por qué la luz también es gris? - Pregunté verdaderamente atemorizada.
- Parece que usted sufre de Acromatopsia, a causa del fuego- dijo el doctor, mi corazón se apretó al escuchar todo eso, no puede ser cierto lo que acabo de escuchar- es una forma de ceguera que consiste en ver todo en escala de grises, pudimos salvar su visión, pero lamento decirle que no volverá a ver nada a color.
¡No! ¡No me merezco esto! ¡No es la vida que yo quería para mí! Esto es una cruel maldad, algo tuve que haber hecho para pagar este precio tan caro, perdí el control al empezar a llorar porque no tiene sentido alguno actuar como si no me importara ¡Una vida perdida porque a ellas quisieron que fuera así!, desesperada en llantos y sollozos llamé a Marta.
- ¿Diga?/ gracias/ ¿Por?/ gracias a tu bromita, quedé ciega, veo pero en gris/ ¡Oh! Lo siento amiga/ ¡Cállate! ¡No te hagas la hipócrita que te queda feo! Quiero que te pierdas, jamás quiero volver a verte, y si nos vemos, no nos conocemos, ¿Entendiste?/ pero alguien más- Un primer grito de su parte se escuchó, uno agonizante, pude escuchar en el mismo el miedo- ¡Auxilio! - Un segundo grito se escuchó luego de pedir ayuda, un grito mucho más alargado que el primero- Lo siento, el número que usted marco, no existe- eso fue extraño, no era normal que Marta gritara de ese modo Pero eso no importa ¡Ella me traicionó y no me manipulará con sus teatros! estaba tan furiosa que no le di importancia y colgué.
Llamé a Gina, ella lloraba preocupada, su tono era tan terrible, tristeza, susto, enojo, pude notar ello en su llanto.
- ¿Se puede saber por qué lloras?/ Tú también estás llorando, amiga/ ¡Jamás me vuelvas a llamar así, Ginata!/ ¿Por qué? Si la del ascensor.../ ¡Cállate! Quedé ciega gracias a ustedes, veo pero en gris/ Déjame decirte que Marta no quiso/ ¡Cállate y piérdete! ¿De acuerdo?/- al decir eso lancé mi celular al suelo, este se estrelló quebrándose completamente, vi los pedazos esparcirse a lo largo del suelo en cámara lenta, posterior a ello empecé a llorar, ¿Con qué hipocresía me tratan esas dos? Fingiendo ser mis amigas, ¿Y me hacen esto? No se dieron cuenta que yo tenía sueños, una vida por delante, me veía en el espejo y decía: Cuando tenga 20 seré una exitosa empresaria, pero ahora me veo de otro modo: Cuando tenga 20 no seré nadie ¡No seré nada! Ya que tampoco puedo hacer mucha fuerza, porque perdí calcio en mis huesos, qué esperanza, no sé, pero si vivo, sería como un estorbo más en el mundo, encontré una navaja, con la que me habían operado, la agarré y la pegué junto a mis venas, pero en el cuello, en el brazo es inútil porque hay quienes sobreviven, pero no tenía el valor para cortar pues me temblaba la mano. Estaba asustada.
-Joven- dijo el doctor llegando- ¡Suelte eso inmediatamente! póngala en la mesita donde estaba- por el impacto que sus palabras me ocasionaron deje caer muy llena de miedo la navaja, al darme cuenta de que tan niña había intentado suicidarme empecé a llorar, la navaja estaba al lado de mi camilla, así que no me había levantado.
- ¿De qué vale mi vida? ¡Yo iba a ser una gran empresaria como mis padres, pero ahora no puedo, esto no vale la pena!- y me levanté furiosa, y cuando afinqué el pie izquierdo me caí ¿Por qué? ¿Acaso también quedé inválida? El doctor me recogió, ¡Ay no! Yo que creía que las cosas no podían ser peores. Qué ingenua soy.
- ¿Ahora qué? ¿Tampoco podré caminar con un pie?- dije sintiéndome atrapada en mi propia confusión.
- No, lo siento- y al verme a simple vista no tenía quemaduras, así que aún conservo mi belleza física, eso me alegra.
- Al menos no tuve quemaduras que quedarían el resto de mi vida en mi piel- dije yo algo relajado.
- Si tuvo, en la cadera- y cuando vi mi cadera, el lado de donde quedé coja, tenía una enorme, como roja, o amarilla, pero el centro de esa mancha era morada.
- ¡No!- grité desesperada, un largo y profundo pero vacío grito- Al menos no fue en mi cara- lo que falta es que tenga quemaduras en mi cara.
Revisé y después me di cuenta que tenía como una espinilla, y el doctor me dijo que no era una espinilla, que era una quemadura, pero que para que no se note, podía usar el pelo suelto, pero después de mi tratamiento. Por lo menos puedo esconderla, tuve algo de suerte, sí, con suerte, porque la suerte es para perdedores, y esa habilidad, se me da muy, pero muy bien.
Mi vida se ha arruinado ¿Qué fue lo que hice para que el precio de la condena sea tan caro? Sentía que me hundía, lentamente Marta y Gina me empujaban hacia un abismo que solo tenía una caída infinita, cada segundo pasó y fue atormentante, quería simplemente una máquina del tiempo y volver a esos tiempos tan hermosos, donde yo, Scarlet Andreina Gómez Sequera, era feliz, tan feliz con aquellas hipócritas, junto a las falsas amigas de las que estaba rodeada, de Ginata y Marta, me duele que esas amigas que tanto quería en un solo segundo me convirtieron en nada, sin la más mínima piedad.
He aprendido con esta experiencia tan dolorosa que jamás debo confiar en nadie, porque por confiar, lo he perdido todo, mi futuro, mi infancia, mi reputación, mi lucha, en parte mi físico, y a mis "amigas", ahora solo tengo a mi alma encerrada en este cuerpo dañado, con una visión defectuosa, que no puede caminar sin una muleta, una invalida, eso soy, al menos el destino se apiado de mí y no me dejó tirada en una horrenda y mugrosa silla de ruedas. Eso me reconfortaba, me relajaba, me hacía feliz entre tanto tormento, era una razón para sonreír en medio de tantas lágrimas. Silencio. Calumnia. Alas Rotas. Limbo. Extraña y Traición. Eso soy yo, Scarlet.
Han pasado ya diez años, ya tengo veinte por lo que he dejado de ser una niña para convertirme en una mujer y sinceramente agradezco no haberme quitado la vida, mis padres murieron en los atentados y fui parte de un internado hasta mis 16 años, con mis estudios y mi beca pude surgir y vivir bien, estudié, adelanté mis estudios de la secundaria por lo que me gradué de la primaria y cursé tres años de la secundaria, los cinco años restantes los dediqué a estudiar Educación Preescolar, con una beca que me permitiría desenvolverme perfectamente, gracias a ello pude ahorrar y comprarme mi casa, dej
é el internado a los 16 luego de haberme emancipado, por supuesto.
Mi vida en el internado la resumiré a continuación: Por ser la niña rica y huérfana se metieron conmigo considerablemente, era rechazada por doquier, sin embargo encontré un lugar: El grupo de los marginados, grupo con el que hicimos una revolución para ganarnos el respeto de los demás niños y adolescentes, luego se vino el cambio de director, un sujeto bastante tirano cuyos castigos eran un real sufrimiento, pero no castigaba a los que de verdad se portaban mal: Castigaba precisamente al grupo de los marginados, por ser rechazados, vino otro cambio porque al director se le acusaba de haber abusado de uno de los miembros de nuestro grupo, creo que su nombre era Kevin. Este tercer director fue mucho más considerado, no nos quería por ser los marginados, pero nos daba el mismo apoyo que al resto de los miembros del internado, ese sí era un buen profesional.
Estuve cierto tiempo buscando trabajo, y pude conseguir algo, un trabajo que consiste en cantar, me pagan por hora, pero, quería también ejercer mi profesión.
Por esa misma razón estoy en camino a una guardería, pienso trabajar haciendo actividades para los niños, y que alguien más se encargara de sus necesidades, hoy mientras iba en la buseta, venía cantando una canción japonesa mientras veía la carretera por la ventana.
-Aparté la vista de las chicas que acababan de pasar porque parecían deslumbrarme, tenían las alas libres como la inocencia infantil. Aunque busque un rayo de luz en un lugar oscuro desplegando la única ala que me queda no podré alcanzar la verdad yo sola - canté hasta llegar a la parada.
Llegué a esta antes de haberme dado cuenta, ¿Por qué el tiempo se pasa tan rápido cuando me adentro en mis pensamientos? Bajé y di unos pasos hasta llegar a la institución. Tiempo atrás, tuve numerosos problemas para ser aceptada por mi dependencia con la muleta y el problema de la visión, al entrar estaba la directora. Supe que era la directora por su carnet, este estaba en posición horizontal y decía su nombre también
-Buen día, ¿Qué desea?- dijo la directora muy amablemente. Al fin no era rechazada a la primera, fue inevitable esbozar una sonrisa como respuesta.
- Buen día, mi nombre es Scarlet Gomez. Estudié Educación Preescolar y deseo un trabajo, pero para hacer actividades para los niños, en este momento- en eso guardo silencio, no es fácil decirlo a pesar de tantos años diciéndolo, diré lo que me ha mantenido desempleada todos estos años- Yo tuve un accidente y no puedo hacer muchas cosas, pero la que le mencioné la hago a la perfección...
- Lo siento, pero no acepto trabajos a medias, a menos que trajera a alguien que hiciera su otra mitad.
Mientras la directora decía eso llegó un chico, era guapísimo, a pesar de que veo en gris, puedo distinguir formas y caras y tamaños, sus rostro era algo digno de admirar, sus labios gruesos, se veían con una tonalidad clara, sus cabellos estaban un poco largos y peinados hacia arriba, sus ojos eran redondos, sus cejas rectas, su piel se veía de una tonalidad clara, más clara que la mía, por lo que asumo que es más blanco que yo, ¡Sin mencionar que tengo la piel casi tan blanca como la de un albino!
-Buen día, me llamo Jean Javier, disculpe ¿No tendrá de casualidad algún trabajo de complemento? Es decir, para cuidar niños, que no sea crear actividades, sino más bien como para sus necesidades.
Justo lo que necesitaba para conseguir trabajo, una larga y alegre sonrisa se me formó al percatarme de que estaba viendo, observando, mejor dicho, ¡Contemplando! El milagro personificado que he necesitado todo este tiempo.
-Joven Scarlet ahí está su mitad, la mitad que a usted le faltaba- había tomado verdaderamente en serio esas palabras, como si él fuera algo que faltara en mi vida personal aparte de alguien que llenara la mitad de mi vida laboral- yo soy la directora de esta institución preescolar, la directora Marlene Páez, lo digo por si no han leído mi carnet- señaló el carnet que llevaba en su pecho izquierdo.
- Si justo eso era lo que nos faltaba- afirmó este chico con un tono jovial y lleno de vida, se escuchaba verdaderamente radiante, haciéndome exteriorizar aquello que había perdido por las experiencias que he vivido: Juventud.
-Has llegado, como un regalo caído del cielo. Muchas gracias, Jean Javier- él también ha llegado como un retoño que faltaba en mi vida, en ese preciso segundo sus ojos se encuentran con los míos rápidamente, una tierna mirada se torna en él, era inocente y dulce, incapaz de hacerle daño a alguien, o así lo veía mis ojos con mi grisácea visión.
-Scarlet será la chica que entretendrá a los niños y Jean Josué las necesidades...
-Jean Javier, señora directora- corrigió, su voz tenía algo que llenaba cualquier vacío de cualquier individuo, además de no ser ni tan gruesa ni tan aguda.
-Lo siento joven Jean Javier, prosiguiendo, ambos traerán los requisitos que dice esta hoja- entregó una hoja para cada uno de nosotros.
-Gracias, señora- le agradecí, hora de irme.
Una vez que le agradecí crucé, dando una media vuelta para comenzar a alejarme del lugar, fue cuando me di cuenta de que mis reflejos me habían traicionado, ya era tarde cuando supe que no había sujetado el bastón, ya había afincado mi pie izquierdo, que era como si no estuviera ahí en realidad, así que mi cuerpo se tambaleó de inmediato, ¡Tenía que haber olvidado eso! Un grito escapó de mi garganta y mis ojos se cerraron para esperar que mi cuerpo aterrizara en el suelo.
Algo suave pero firme y fuerte sujetó mi espalda amortiguando rápidamente mi caída, abrí los ojos y lo supe de inmediato, se trataba de Jean... ¡Él! Mis ojos se encontraron con los suyos de inmediato, nuestras miradas quedaron fijas, como atrapadas una con la otra, se trataba de la mirada que quería que se posara sobre la mía el resto de mi vida, el momento en el que nuestros rostros estuvieron frente al otro, deseé que se congelara el tiempo para siempre.
Era gracioso ver que a pesar de que no conocernos mucho, me hacía sentir de una manera fabulosa, tantas emociones al mismo tiempo, todas a la vez, todas tan poderosas e intensas, era único, inigualable, era la primera situación agradable que me sucedía luego de todos estos años. Al reaccionar, al momento en el que regresamos a la realidad por un parpadeo de mi parte, él terminó de recogerme con cuidado, me acercó a mi bastón y lo pude sujetar, una vez con este comencé a moverme despacio.
-Esto nos demuestra que usted tiene problemas de salud, bueno si traen todo hoy ¡Empiezan mañana mismo!
-Está bien, señora- Asintió Jean con su tono de esperanza.
- ¡Está bien! Hasta luego- digo despidiéndome.
- Hasta Luego, jóvenes- una vez que nos despedimos Jean y yo salimos.
Nos miramos una vez que estuvimos fuera de la institución, sonreí un poco tímida antes de preguntarle lo que le iba a preguntar, pero él se me adelantó.
- ¿No tiene más nada que hacer? - Me preguntó.
- Voy a casa a arreglar mis trámites.
- Scarlet- mi corazón se aceleró al momento en que oí mi nombre ser pronunciado por él- ¿qué le parece si la acompaño? Digo, vamos a trabajar juntos, sería idóneo conocernos ¿no lo cree de esa manera? - Sonreí al contemplar su propuesta.
- Sí, lo creo- respondí. He estado mucho tiempo sola, así que por más peligroso que sea voy a aceptar que me acompañe a casa, ya no quiero seguir estando sola, mucho menos si alguien me ofrece su compañía.
Por ende, lo primero que hicimos tras salir de la institución fue ir juntos hacia mi casa, decidimos hacer los movimientos juntos para así irnos conociendo, fue un trayecto que a decir verdad se nos hizo largo, pero entre conversaciones ni siquiera me di cuenta de cuándo habíamos llegado a la parada.