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Señor Griego

Señor Griego

Autor: : Rossetica
Género: Moderno
En medio de dos caminos completamente diferentes, se conectan la vida de ambos. Cuando el guapo Ezio decide subirse a uno de sus cruceros de lujo con sus amigos para tomar unos días de descanso, no imagina que toda su vida se volverá un auténtico desafío al conocer a la guapa, Mell. Él no tiene idea de quien es la chica que ocupa sus noches tanto dormido como despierto mientras que ella...ella es una superviviente de la vida y trae detrás un mundo turbio que la persigue. Cuando el deseo pueda con ambos y los dos sucumban a las ganas de entregarse al otro, la verdad saldrá a la luz en pequeñas y peligrosas dosis. ¿Quién es verdaderamente Mell? ¿Por qué se ha refugiado en aquel crucero de forma tan imprevista? ¿Podrá el señor griego seguir protegiendo a una fugitiva de la mafia? Secretos... Pasiones... Peligros. Todo un mundo perverso se encuentra detrás de estos dos apasionados protagonistas que nos harán temblar con cada capítulo de sus emocionantes vidas. ¿Será que triunfará el amor después de tanto que está por venir...? Señor Griego: Una novela explosiva y excitante.

Capítulo 1 Prólogo

Había algo muy erótico en la manera en que él me veía bailar, en la forma en que saboreaba como yo, cada movimiento. Yo pasaba mis manos por mi cuerpo y creo que bajo su mirada, ambos sentíamos que eran las suyas las que me tocaban. Que era su piel la que transpiraba en la mía y su corazón el que marcaba el ritmo del mío.

Cada vuelta que daba lo hacía con la firme certeza de que mis ojos le volverían a encontrar allí donde los suyos ya me esperaban.

Mis piernas resbalaban por el suelo subidas en la mayor sensación de deseo que jamás había experimentado y eso que era mi costumbre sentirme deseada por los hombres...era parte de mi trabajo; pero había algo diferente en hacerlo para él.

Con Ezio siempre fue distinto. Con él era algo más...o bien algo más turbio. Con él era la promesa escondida detrás de todos los "no puedo", o "no debería " que se repetían en mi mente mientras aquel hombre fumaba su puro adorando mi piel semidesnuda con sus ojos hambrientos de mí. Era la certeza intrínseca de que los dos nos perderíamos más temprano que tarde porque había algo más fuerte que todo, que nos doblegaba: la pasión...nuestra pasión por sentir.

Y fue entonces que ese día todo cambió, ese día me dejé llevar por sus manos...las suyas que vinieron y tomaron todo de mí. Me dejé ir en sus ganas y ofrecí todo lo que podía dar sin imaginar que me estaba quedando sin nada, todo lo estaba entregando en ese encuentro con el objeto de mi mayor deseo.

El mismo día que me perdí en aquel señor griego, me escondí dentro de su mundo alejándome de todo lo que me perseguía en el mío. Intenté empezar de nuevo ilusa de que hay cosas que nunca acaban porque están diseñadas para destruirnos si lo hacen.

Pero esta historia no comienza aquí. Esta historia comienza cuando me obligan a casarme con un tipo que aborrezco y del que huyo, refugiándome dentro de un crucero de lujo, suplantando a una chica desaparecida y fingiendo ser alguien que no soy, dispuesta a asumir todo lo que eso conlleve con tal de no ser la presa de nadie.

Claro que en ese momento yo no podía imaginar que sería justamente eso: el anhelo más profundo de un extraño que acabó apretando mi vida en el puño de su mano, provocando que él y solo él pudiera darme el oxígeno que necesitaba para respirar y seguir estando viva.

El señor griego del que tanto huí, se convirtió en la alquimia de mi propia esencia. Fuí suya como no imaginé y hoy sé que pase lo que pase, lo seguiré siendo...aunque tenga que afrontar mi destino y él no pueda impedirlo. Aunque no esté para hacerlo y yo no pueda volver a huir de el.

Capítulo 2 La huida

Siento que el vestido de novia me aprieta el esternón. No sé si mi asfixia es a causa del pánico o del asco que siento hacia mi padre, y hacia el maldito miserable con el que voy a casarme o simplemente estoy sufriendo un ataque de ansiedad.

Toda mi familia se fue extinguiendo poco a poco hasta que misteriosamente solo quedamos mi padre y yo.

Este, presa de las deudas de juego me entregó a un hombre que se dedica a traficar con drogas y que pese a tener una belleza notable y una juventud en su apogeo, solo me desea a mí y no se consuela con nadie...jura que nunca dejará de intentar hacerme su mujer hasta que consiga que lo sea.

Más de una vez me hizo suya en el plano sexual pero no le fue suficiente. Quiere más y lo que quiere es que sea su esposa, legalmente suya.

A veces me pregunto si lo que siente por mí es obsesión o un simple capricho. Creo que nunca lo sabré. Cuando salga del altar pretendo darle un veneno mortal y convertirme en su viuda y su asesina pero no seré la mujer de un tipo así.

Me miro al espejo intentando no pensar en lo que está a punto de suceder y entonces las cosas simplemente...acontecen movidas por un destino al que siempre le estaré agradecida.

Un mar de tiros se escuchan en el jardín de la casa y me asomo a través de las ventanas de cristales para ver todo el jaleo que se monta.

La seguridad de Mauro saca toda su artillería y bajo el corre corre de los invitados, se sumergen en un tiroteo estruendoso del que no tengo idea como saldrán.

Las flores blancas que decoran el jardín vuelan por los aires víctimas de las balas de todos los bárbaros que se mutilan ahí debajo y a pesar del horroroso panorama, no me asusto. Me he vuelto lo suficientemente fría como para no temer una pistola ni varios tiros. Creo que en el fondo me ubico en la ventana con la esperanza de que alguna bala me alcance y acabe la pesadilla esta, antes de que siquiera empiece. Cuando sea yo quien le mate a él, mi vida estará subastada entre la venganza y el poder.

-Vamos, Mell. Es el momento -una de mis damas de honor tira de mí. Me sorprendo al ver lo que hace.

No entiendo nada. Simplemente me dejo guiar por los pasillos de la mansión de mi futuro marido y pienso mientras corro, que es posible que me libre de ser una dama de la mafia. Y de todo lo que eso conlleva.

También asumo y noto mientras corremos, que nadie está vigilando mi puerta y quizás de haberlo sabido podía haberme largado yo solita y ponerme a kilómetros de distancia de este animal.

-¿Sabes que si Mauro se entera de que me has ayudado a escapar te matará?

Calibro sus intenciones y ver que no lo niega me confirma que de eso se trata. No sé por qué no asumí 1ye quizás me estaba llevando a un lugar seguro para él; pero su no-negativa me confirma que efectivamente me ayuda a irme más allá de quedarme.

No paramos de correr y entonces llegamos al final del pasillo. Nunca había estado en esta parte de la casa y delante tengo un auto negro desde el que me abren una puerta y cuando estoy a punto de negarme a subir, ella dice...

-Él no puede saber que yo te ayudé a salir de aquí -le da unos billetes al chófer -. Quiero ser su mujer y tú lo odias. Vete lejos y deja que sea yo quien cumpla un sueño que tú rechazas.

No sé que decir porque de todas las cosas que podía haber esperado, jamás creí que alguien se atreviera a desafiar a Mauro Capolli ni mucho menos ambicionar ser su mujer.

Me parece descabellado completamente pero supongo que todos sabemos a lo que aspiramos en la vida. Luego nos toca lidiar con esas aspiraciones.

Entonces pongo un pie dentro del coche sin perder más tiempo y una idea surca mi mente...

-¿Has sido tú quien ha provocado este caos? -me lanza una sonrisa extraña.

-Agradécemelo yéndote lejos de nosotros y nunca vuelvas. Escóndete bien.

Asiento y tomo una tarjeta que me da dejando atrás un mundo que aborrezco, me subo al coche y salimos pitando de aquel cruel destino que antes me esperaba y ahora me sabe a pasado.

Ahí es donde verdaderamente respiro el olor de la libertad y mientras el auto avanza no sé a dónde, lanzo la tarjeta por la ventanilla. No confío en Nubia y no puedo esconderme en ningún sitio que ella proponga.

Conociendo este mundo como lo conozco, es muy capaz de mandar luego a alguien a matarme para que no consiga entorpecer su vida al lado de la bestia Capolli.

En el siguiente semáforo tomo la bolsa que hay a mi lado y que reconozco como mía y sin ver qué hay dentro, salto del coche y echo a correr en dirección al muelle. Mi amiga se va de viaje en un crucero de lujo por su trabajo y quiero despedirme de la única persona que aprecio, además de hacerle saber que no tuve que casarme.

Tal vez esa decisión sea otra jugarreta del destino pero definitivamente me dejo guiar por mis instintos y aunque me arden los pies de tanto correr y todo el mundo me mira asombrado por mi atuendo, no paro ni siquiera cuando siento como se va rasgando el bajo del vestido de novia que aún llevo encima.

No sé cuanto tiempo pasa ni como consigo llegar al final de mi trayecto pero cuando finalmente identifico el crucero en el que ella se va y me informan por donde abordan los empleados, doy la vuelta aprovechando que todo el que me ve asume que acabo de huir de mi boda y mentalmente -cosa que agradezco-culpan al novio, trato de llegar hasta donde ella debe estar pero un cuerpo tremendo y muy bien plantado me detiene.

He chocado contra alguien que ha provocado que casi caiga al suelo y me sostiene por las manos...

En ese mismo momento oigo a Cindy gritar mi nombre y tras un básico:"lo siento", me libro de las manos de quien me ha impactado y sigo mi camino hasta ella.

Cuando siento su abrazo, sonrió feliz de entender que al menos hay una persona en mi vida que me quiere, sin segundas intenciones.

Aquí...aquí, es donde verdaderamente empieza la historia de mi vida.

Capítulo 3 El nuevo rumbo

Todavía le veo las amígdalas a mi amiga que no ha podido cerrar la boca desde que empezó a escuchar lo que le confesé acerca de la vida de Capolli.

Ella sabía que era peligroso, su apariencia y el control que siempre ha ejercido sobre mi lo confirman; pero saber de mi propio testimonio lo que sucede en su ilegal realidad, es digno de asombro. Lo sé. No me extraña que ella alucine. Todo parece sacado de una novela de la mafia.

-¿Por qué nunca lo has denunciado? -cuestiona finalmente -.¿ O a tu padre, Mell? No es la época de las cavernas. Hay leyes...

-No para esa gente, Cindy. La policía son ellos mismos. No entenderías. Y mi padre...-hago un gesto amargo -...eso no es un padre pero yo sí soy una hija. Prefiero irme donde no lo vea nunca más. Al menos ahora tengo esa posibilidad.

Observo cabizbaja mis pies dentro de los zapatos blancos de tacón y me doy cuenta por primera vez de lo demente que debe lucir mi aspecto.

Llevo años tratando de salirme de su radar. Incluso me fui de la ciudad en su día y siempre me encuentra. Es como si pudiera tenerme vigilada por un maldito satélite espacial. Es absurdo denunciar a alguien que trabaja directamente con la plana mayor del sistema judicial del país.

-Tengo una idea -espeta de repente. Y se mantiene pensativa un poco más.

-Tengo que salir del país, amiga -le confío mis planes improvisados -. Voy a buscar un grupo de migrantes y me perderé por el mundo. Si voy de ilegal, no dará conmigo y tengo dos joyas suyas encima que puedo vender en cualquier sitio. Un poco de dinero es más que nada.

-Eso mismo pensaba -explica y me toma de la mano. Desde ese momento pone sus propios planes en marcha.

Lo siguiente que sucede es muy convulso. Tenemos solo un par de horas antes de zarpar el crucero. Dos horas para hacer que sea yo quien tome el sitio de alguien ahí dentro. De cierta forma eso es similar a lo que había planeado.

Ella me lleva a su camarote y me pone una peluca, ropa suya y gafas de sol además de una gorra para camuflarme y bajamos del crucero nuevamente.

Los de seguridad me identifican como Martha, la amiga de Cindy que llamó a última hora para avisar que no podría abordar y dejó incluso su documentación en el barco.

Mi amiga me insistió para que suplante a Martha y teniendo sus documentos y siendo joven como ella, no me parece muy descabellado. A fin de cuentas su trabajo aquí, no puede ser complicado.

Sé que pueden acusarme de usurpación de identidad pero nada es peor que ser rastreado por Mauro. Además de que no tienen por qué saber de mi. ¿Quién va a delatar a una camarera de tres semanas en un crucero?

Así que así de fácil me decido a hacerlo y vamos a comprar un tinte negro como el tono de Martha para mi cabello dorado y vendemos las joyas por muchísimo menos de lo que valen pero hacemos algo de dinero para cuando me tenga que bajar del barco una vez llegue a las islas griegas, que es el destino final. No pienso volver a aquí a Italia nunca más.

La seguridad me entrega mi pase para la nave y dos horas después estamos navegando lejos de mi pasado. Porque eso es ahora ese sitio y ese hombre...pasado.

(...)

-Es que yo pensé que sería camarera o algo... -balbuceo en voz baja para Cindy.

-Por las mañanas sirves desayunos en el restaurante y te toca el área de la piscina durante la tarde pero las noches es esto, Mell. No hay de otra.

Tengo que asentir para mi amiga porque ella me ha ayudado como nadie haría y está poniendo su propio pellejo en riesgo por mi. Tengo que apechugar.

-Madre mía, cariño... -suspiro.

Ella se sonríe y me explica que sí, que el trabajo es duro y solo libramos los lunes en la noche pero la paga es buena y en mi caso no hay opción. Tengo que hacerlo.

Estoy de polizón en un barco donde no me han contratado a mí además de huir de la delincuencia organizada, la verdad es un mal necesario y al final haré un dinero para cuando toque tierra en donde pueda sobrevivir otra vez.

-Me siento una prostituta -susurro intentando taparme un pecho, bajito para que las otras dos chicas con las que bailaré durante estas tres semanas no me oigan y se ofendan.

No es que sea algo denigrante ni humillante pero nunca me ví en esta tesitura. Aunque supongo que la otra era mucho peor.

Tengo que hacer bailes eróticos a clientes del barco que pagan mucho dinero por estas cosas y además puede que tenga que ofrecer pases privados también. Solo que no pueden tocarme. Eso me relaja. Aunque yo sí tendré que tocarme a mi misma de forma sugerente si pretendo erotizar a alguien. El publico consiste tanto en hombres como mujeres. Solo para gente con dinero y estatus vip.

Somos cuatro chicas que bailamos. Hay otras nueve que son una especie de streepers y una encargada de los cambios de ambiente y de todas nosotras.

Me he acoplado muy bien a todo el lugar y como nadie conocía a Martha, no hemos tenido problemas más allá de mis inseguridades.

Soy bailarina por suerte; pero Mauro jamás dejó que bailara en ningún lugar. Solo el estudio. Y cada vez que conseguía un empleo me lo estropeaba.

Alejo su enfermizo rostro de mi mente y me dejo instruir por las más experimentadas en este trabajo, me visto con el tanga rojo, un top muy revelador y una especie de mini tutú para bailar, del que cuelga una cola de diabla. Vamos descalzas, algo que amo. El panorama me parece surrealista pero aparca mis quejas y agradezco poder saborear un poco de libertad a la par que acepto finalmente mi decisión.

-¡¿Lista?! -pregunta Cindy.

Asiento y soy entregada al salón donde me esperaba un tubo metálico del club donde me escondo de un maldito miserable que incluso desde lejos y desde la inconsciencia, me hace hacer cosas que jamas creí que haría.

Aquí tengo que esforzarme ahora por sostener los pedazos de mi vida, hasta que logre juntarlos y volver a empezar.

El nuevo rumbo de mi vida es turbulento pero al menos es mío, y nadie me somete...nadie más allá del destino.

Cuando mis manos se aferran a la barra vertical de metal, cruzo una pierna de forma sensual y unos ojos que parecen dorados entre las luces, me observan tan endemoniadamente fijos, que me recorre un escalofrío por todo el cuerpo y siento que el dueño de esos ojos ambarinos me desea desde la distancia.

Algo en ese instante me domina y empiezo a bailar al ritmo de la música, sin dejar de busca sus ojos entre la multitud que me ovaciona en cada movimiento sensual que improviso.

No sé por qué pero hay algo estimulante que me atraviesa, en cada segundo que paso bajo la mirada de ese desconocido.

Voy rumbo a lo incierto y puede ser que incluso lo disfrute.

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