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Señor multimillonario, ¡tu locura me pertenece!

Señor multimillonario, ¡tu locura me pertenece!

Autor: wheat globe
Género: Moderno
Cuando Natalie recuperó la audición, la traición fue la devastadora verdad que la esperaba. Castigó al par de infieles con unas fuertes cachetadas y, acto seguido, tomó el lugar de su hermana en un matrimonio por conveniencia. Se decía que su prometido, Nathan, era frágil, cruel e incapaz de satisfacer a una mujer. Sin embargo, su noche de bodas le mostró que los chismes no tenían fundamento. Él la acorraló contra el cristal y se encargó de desmentir los rumores en persona. Tres días implacables demostraron lo absurdamente equivocados que estaban los rumores. Más tarde, su ex volvió arrastrándose, suplicándole que le diera otra oportunidad. Nathan pidió un cuchillo para acabar con la "plaga". Todos veían a un monstruo. Solo Natalie sabía que, tras su locura, se escondía un amor que ardía únicamente por ella.
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Capítulo 1 He cambiado de opinión

"¿De verdad trajiste a tu hermana adoptiva a casa, Ryan? ¿Qué crees que hará Natalie cuando se entere?".

Por primera vez en un año, Natalie Reyes por fin podía volver a oír con claridad. Estaba de pie afuera de la sala privada del club cuando esas palabras llegaron a sus oídos. La sonrisa desapareció de su rostro y, de repente, no pudo moverse.

¿Caylee Serrano había regresado?

"Si ninguno de ustedes dice nada, Natalie no se enterará", respondió Ryan Serrano sin preocupación. "Caylee ha estado fuera por más de un año y quería volver a casa".

"No extrañaba su casa. Te extrañaba a ti".

Risas cómplices estallaron entre las personas de adentro.

"Dejen de decir tonterías. Caylee es mi hermana".

"¿Tu hermana? Vamos, Ryan. La vi besarte hace un rato, y no hubo nada de hermandad en eso. ¡Actuó más como tu novia!".

Él frunció el ceño. "Me sorprendió, y terminó antes de que tuviera la oportunidad de detenerla. Caylee todavía es joven y a veces no sabe respetar los límites. No voy a convertir un beso tonto en un problema serio".

Entonces Ryan pareció recordar algo y adoptó un tono de advertencia. "Nadie vuelve a mencionar esto. Natalie llegará pronto, así que tengan cuidado con lo que dicen cerca de ella".

Alguien se aclaró la garganta antes de preguntar en un tono sobrio: "¿De verdad vas a ignorar lo que pasó, Ryan? Caylee le pagó a alguien para que atropellara a Natalie. Natalie casi pierde la vida y todavía no ha recuperado la audición".

"Caylee solo tenía diecinueve años en ese momento", respondió él con frialdad. "Actuó sin pensar y cometió un error sin mala intención. Estuvo en el extranjero durante todo un año y ya ha sufrido las consecuencias. No lo volverá a hacer, así que, ¿por qué seguimos hablando de eso?".

¿Un error sin mala intención?

La incredulidad invadió a Natalie mientras escuchaba desde el pasillo.

Nada en su excusa tenía sentido para ella.

Hacía un año, la obsesión de Caylee por Ryan había tomado un giro violento. Su rechazo la había llevado al límite, y contrató a alguien para que la atropellara con un auto. Ese choque le había quitado la audición.

En aquel entonces, Ryan se había enfurecido más allá de lo razonable. Su castigo dejó a Caylee tan malherida que casi se murió. Finalmente, sus padres intervinieron y la enviaron al extranjero.

Durante el año siguiente, Ryan gastó una enorme cantidad de dinero trayendo especialistas de todos los rincones del mundo para tratar la pérdida de audición de Natalie. Incluso se alejó de su carrera para poder quedarse con ella durante toda la recuperación.

Los meses de tratamiento le provocaron un dolor y un agotamiento insoportables. Cada vez que ella se sentía incapaz de seguir adelante, al hombre se le llenaban los ojos de lágrimas. Siempre la atraía hacia sus brazos y le susurraba que quería a Caylee muerta por haberle destruido la vida.

Durante mucho tiempo, Natalie no había sentido más que amargura por lo sucedido. Aun así, había visto a Ryan viajar a cualquier lugar necesario para encontrar a los médicos adecuados, y nunca se había apartado de su lado durante todos esos días y noches difíciles.

En algún lugar de su corazón, ella había empezado a creer que, a pesar de todo lo que había sufrido, al menos había encontrado a un hombre que de verdad la valoraba.

Antes de darse cuenta de lo que hacía, ya había llevado la mano hacia la pequeña caja de terciopelo que guardaba en el bolsillo.

Escondido en su interior había un anillo hecho a medida para Ryan que ella había encargado en secreto.

Su boda había enfrentado un retraso tras otro debido a esa tragedia sin sentido.

Con su audición restaurada, Natalie había creído que finalmente podría casarse con Ryan y comenzar la vida que había esperado durante tanto tiempo. En cambio, él le había dado la bienvenida a Caylee a casa y había desestimado todo lo que ella había hecho como si el perdón debiera llegar fácilmente.

Qué broma tan cruel.

Mientras el resentimiento crecía en el pecho de Natalie, el celular que llevaba en el bolsillo vibró de repente.

Pasaron varios minutos antes de que ella recuperara la compostura suficiente para revisar la pantalla. Catalina Reyes le había enviado otro largo mensaje. Su madre repetía la misma petición de antes y le rogaba que regresara a Klimery. Quería que reemplazara a su hermanastra Aimee Reyes en un matrimonio arreglado.

Solo había pasado una hora desde que Catalina envió el primer mensaje, pero este ya era su segundo intento de comunicarse con Natalie.

Se suponía que el matrimonio uniría a las familias Reyes y Guerrero, pero Aimee de alguna manera había escapado en lugar de honrar el acuerdo.

Dentro de Klimery, pocas familias podían rivalizar con los Guerrero en riqueza o influencia. Nathan Guerrero era el hombre elegido para casarse con Aimee, y los rumores lo pintaban como alguien lo bastante despiadado como para arruinar a cualquiera que se cruzara en su camino.

Una vez que él se enterara de que la familia Reyes planeaba abandonar el compromiso y humillarlo, nada podría impedirle destruirlos en una sola noche.

Sin opciones, Catalina finalmente llamó a Natalie y le suplicó: "Natalie, Roberto y yo no sabemos qué más hacer. Por favor, regresa y salva a nuestra familia. Te lo ruego".

Años atrás, Catalina se había casado con Roberto Reyes con Natalie a su lado. Ni una sola vez durante todo ese tiempo su madre le había rogado ayuda.

Aunque su padrastro las había tratado razonablemente bien, Natalie entendía cuánto esfuerzo había invertido su madre para ganarse una posición segura en esa casa. Durante años, Catalina se había dedicado casi por completo a cuidar de su esposo y de Aimee.

Por esa razón, Natalie siempre se había comportado exactamente como su madre esperaba y había hecho todo lo posible para evitar causar problemas.

Solo dos veces había ido en contra de ella, y Ryan había sido el motivo en ambas ocasiones.

La primera vez ocurrió hacía años, cuando Natalie dejó Klimery sola para estar con él.

La segunda ocurrió ese mismo día, cuando se negó a tomar el lugar de Aimee en la boda porque todavía planeaba casarse con él.

Recordar su respuesta a Catalina trajo una sonrisa débil y amarga al rostro de Natalie. Había anunciado con orgullo que su audición había regresado y que Ryan la amaba más que a nadie. También había prometido que se casarían pronto y había insistido en que él ayudaría a resolver la crisis de la familia Reyes.

Su fe en Ryan había sido absoluta.

Natalie cerró los ojos, con el corazón oprimido por el dolor. Apretó la cajita del anillo que llevaba en el bolsillo, mientras luchaba por contener el sollozo que amenazaba con escapársele.

La realidad finalmente se había mostrado. La devoción eterna en la que confiaba y el amor que se había convertido en el centro de su vida no eran más que mentiras. Un doloroso descubrimiento había destrozado toda la ilusión.

Mirando hacia atrás, Natalie ya no podía distinguir qué momentos tiernos habían sido genuinos. ¿Ryan se había preocupado por ella porque la amaba, porque la culpa lo impulsaba, o simplemente porque quería que los demás creyeran que era devoto?

Después de respirar hondo, ella escribió su respuesta: "Mamá, he cambiado de opinión. Tomaré el lugar de Aimee y me casaré con Nathan Guerrero".

Capítulo 2 No puede escuchar lo que decimos

Una vez enviado el mensaje, Natalie empujó la puerta de la sala privada.

Todas las conversaciones cesaron al mismo tiempo, y las risas se desvanecieron con ellas.

Las luces tenues dejaban un resplandor brumoso en toda la habitación. El humo de cigarro, el licor y el perfume fuerte se habían mezclado en un olor viciado que llenaba el aire.

Varios hombres y mujeres elegantemente vestidos ocupaban la habitación. Algunos estaban sentados y otros de pie, pero todos dirigieron la mirada hacia la entrada.

Natalie se detuvo al borde de la luz. Su vestido largo se ceñía a las elegantes líneas de su cuerpo delgado, mientras que el suave resplandor hacía que su piel pareciera casi radiante.

Por lo general, sus hermosos ojos brillaban con calidez y energía. Esta noche, sin embargo, algo oscuro ocultaba cualquier emoción tras ellos.

Ryan estaba sentado en el centro del sofá con una vista despejada de la entrada. El humo se elevaba del cigarro entre sus dedos y flotaba alrededor de las facciones afiladas de su rostro.

Antes de que alguien más pudiera reaccionar, él la notó y entró en pánico por un instante. Cuando se dio cuenta de que no llevaba los audífonos, se relajó. Se levantó del sofá y caminó hacia ella mientras le hacía señas: "Bebé, ¿por qué tardaste tanto? Todos te hemos estado esperando".

Natalie sintió náuseas de puro asco.

Antes de que pudiera responder, alguien detrás de ella exclamó: "Vaya, esto parece toda una fiesta".

Su tono juguetón y empalagoso resultaba tan forzado que incomodaba a cualquiera.

Todos se volvieron instintivamente hacia la puerta para ver quién los había interrumpido.

Caylee esperaba bajo la cálida luz del pasillo con un vestido lencero rojo ajustado. La alta abertura del vestido revelaba casi toda la longitud de su muslo. Su cabello caía en ondas sueltas sobre sus hombros, mientras que un maquillaje impecable y un labial rojo brillante completaban su llamativa apariencia.

Se apoyó en el marco de la puerta y observó lentamente a todos en la habitación. Al ver a Ryan, esbozó una sonrisa cómplice.

La expresión del hombre cambió ligeramente. La falta de reacción de Natalie lo convenció de que ella no podía escuchar nada, y parte de su inquietud se desvaneció. Después de mirar a Caylee, habló en voz baja: "¿Por qué entraste aquí? Te dije que te quedaras en la habitación de al lado".

Cada rastro de tensión en su voz llegó a Natalie con claridad.

Caylee se rio. "No quería estar tan lejos de ti. Solo me quedaré cerca de la puerta por un ratito. Natalie no sabrá que estoy aquí a menos que se dé la vuelta, y no puede escuchar lo que decimos. Entonces, ¿por qué actúas tan nervioso?".

Sus palabras hicieron que todos en la habitación se relajaran.

Alguien murmuró asintiendo: "Mierda, olvidé por completo que no puede escucharnos. ¡Casi me mata del susto!".

"Exacto. Por un segundo, pensé que todo estaba a punto de venirse abajo".

Pronto, dejaron de preocuparse por hablar delante de Natalie, y sus comentarios se volvieron cada vez más crueles y burlones.

Natalie apretó los puños a los lados de su cuerpo. Se clavó las uñas en las palmas con tanta fuerza que el dolor se volvió insoportable.

Cada palabra la hería.

Ella podía escucharlos.

Cada una de las palabras.

La sonrisa de Caylee se volvió aún más complacida mientras alzaba la voz. "No puedes escucharme, ¿verdad, Natalie? Ese terrible choque no logró matarte, pero al menos te dejó sorda. Qué trágico".

"Basta", espetó Ryan con voz baja y severa. Miró nerviosamente a Natalie y parecía temer que ella pudiera entender de alguna manera lo que estaban diciendo.

Su enojo no inmutó a Caylee en lo más mínimo, y su sonrisa solo se ensanchó.

Se apartó de la puerta, caminó hacia el interior de la habitación y se detuvo directamente detrás de Natalie. Miró a Ryan con ternura y se aseguró de que todos la oyeran. "¿No estabas preocupado de que Natalie pudiera enterarse de que había vuelto, Ryan? Ya puedes relajarte. Ella no puede escuchar nada de lo que decimos. Podría llamarla perra justo en su cara, y ella todavía no...".

Antes de que Caylee pudiera terminar, Natalie se dio la vuelta y le dio una fuerte bofetada.

Todos los sonidos dentro de la habitación desaparecieron a la vez.

Todos los presentes solo pudieron mirar a Natalie con incredulidad.

¿Qué acababa de pasar? ¿Había escuchado Natalie a Caylee? Eso era imposible. Ella había perdido la audición.

Capítulo 3 ¡Le sangra la cabeza!

A Caylee se le puso la mejilla roja al instante, con la marca de la mano de Natalie bien visible.

Abrió los ojos de par en par con incredulidad mientras se presionaba la palma de la mano contra la piel ardiente. Pasaron varios segundos antes de que lograra articular: "Tú... ¡De verdad tuviste el descaro de abofetearme!".

Cuando Caylee intentó devolver el golpe, Natalie reaccionó más rápido y le atrapó la muñeca antes de que pudiera golpearla. Antes de que lograra apartarse, le dio otra bofetada.

El golpe hizo que Caylee girara la cabeza hacia un lado y deshizo sus rizos cuidadosamente arreglados, que le cayeron sobre parte del rostro.

Incluso después de ser golpeada dos veces, se quedó paralizada por la conmoción y parecía incapaz de entender lo que había pasado.

Dentro de la sala privada, nadie se atrevió a emitir un sonido.

Todos miraban a las dos mujeres sin parpadear.

Ryan reaccionó antes que los demás, aunque no se movió de su lugar. Una expresión de alarma cruzó brevemente por su rostro.

¿Había recuperado Natalie la audición?

La inquietud le oprimió el pecho, y desvió la atención hacia el mueble de los licores casi inconscientemente.

La luz cálida de los apliques de la pared se reflejaba en las puertas espejadas del mueble. Sombras en movimiento pasaban sobre el cristal.

Por supuesto. Natalie debía haber visto el reflejo de Caylee en el espejo.

Ryan volvió a respirar con alivio. Todavía sentía que algo no estaba bien, pero antes de que pudiera descifrarlo, Caylee estalló y gritó: "¡Perra! ¡Te voy a hacer pedazos!".

Con las uñas por delante, apuntando a la cara de Natalie, Caylee arremetió contra ella.

Ambas mujeres forcejearon, intentando imponerse a la otra, y acabaron arañándose.

Los rápidos reflejos de Natalie le dieron la ventaja. Agarró a Caylee por el cabello y tiró con tanta fuerza que esta última gritó de dolor.

"¡Ya es suficiente!", rugió Ryan mientras se apresuraba a interponerse entre ellas. Las separó a la fuerza con un brazo y luego sujetó a Natalie por la muñeca. "Dejen de pelear, las dos".

Caylee aprovechó la oportunidad de inmediato y levantó la mano una vez más.

Natalie sintió un nudo en el estómago por el pánico y torció el brazo en un intento de escapar del agarre de Ryan.

Este la sujetó con una fuerza de hierro. Por mucho que luchara, no podía liberarse.

Natalie abrió la boca e intentó ordenarle que la soltara, pero solo un sonido débil y áspero salió de su garganta.

La fiebre alta del día anterior de alguna manera le había restaurado la audición, pero la había dejado sin voz.

Desesperada, siguió intentándolo, pero no logró pronunciar ni una sola palabra.

Al verla forcejear en silencio, Ryan vaciló y aflojó la mano por un instante.

En ese instante, Caylee ya le había lanzado una bofetada. Natalie instintivamente giró la cabeza hacia un lado. La bofetada no logró impactar, pero las uñas afiladas de Caylee aun así le rasparon la mejilla, dejándole un ardor doloroso.

La sangre brotó de los rasguños frescos en el rostro de Natalie, y Ryan se quedó paralizado al verla. Entonces, la rabia se apoderó de él. Soltó la muñeca de Natalie y empujó a la otra hacia atrás. "Caylee, ¡¿qué diablos te pasa?!".

El repentino empujón hizo que la aludida retrocediera tambaleándose hasta golpearse el hombro contra el mueble de los licores.

Se escuchó un fuerte estruendo.

La fuerza del impacto hizo que el mueble se tambaleara. Varias botellas importadas y costosas se volcaron y cayeron de los estantes. El licor salpicó por todas partes cuando las botellas se hicieron añicos contra el suelo.

En medio de la confusión y los gritos, Ryan corrió hacia Caylee y la protegió con su cuerpo.

Varias botellas se estrellaron contra la espalda de Ryan con golpes sordos y pesados mientras los fragmentos de vidrio se esparcían por la habitación.

Cerca de ellos, Natalie apenas logró protegerse la cabeza y el rostro con ambos brazos antes de que una botella se estrellara contra su hombro. Un dolor agudo la atravesó de inmediato. Cayeron más botellas antes de que pudiera apartarse.

Solo pudo dejar escapar un débil gemido.

Uno de los golpes hizo que cayera al suelo. El licor helado empapó su ropa mientras pequeños fragmentos de vidrio llovían sobre ella. La sangre goteaba de la herida cerca de su sien y se mezclaba con el alcohol a su alrededor.

Natalie se acurrucó sobre sí misma mientras el entumecimiento se extendía por un lado de su cuerpo. Un dolor intenso palpitaba en su hombro, su espalda y la base de su cráneo. Le zumbaban los oídos tan fuerte que los gritos asustados a su alrededor se volvieron difíciles de distinguir.

"¡Ryan, ayúdame!", sollozó Caylee mientras las lágrimas corrían por sus mejillas. "Me duele mucho el pie...".

A pesar del dolor en su espalda, Ryan se apartó rápidamente de ella. "¿Dónde estás herida? ¡Muéstrame qué pasó!".

"Es mi tobillo... Me duele mucho...", gimoteó Caylee. Se le llenaron los ojos de lágrimas mientras señalaba la herida.

Varios fragmentos de vidrio le habían cortado el tobillo, dejándole unos cuantos finos hilos de sangre. Las heridas parecían leves, pero ella lloraba como si su vida estuviera en peligro.

No muy lejos, Natalie permanecía tirada en el suelo mientras la oscuridad nublaba repetidamente su visión.

Con los dedos temblorosos, hizo un esfuerzo por alzar el brazo izquierdo hacia Ryan. Movió los labios para pronunciar su nombre, pero no logró emitir ningún sonido.

Para entonces, él ya había tomado a Caylee en brazos y se había vuelto hacia la salida.

"Ryan, Natalie también parece herida", exclamó alguien mientras señalaba hacia el suelo.

Por un momento, Ryan se detuvo y miró hacia atrás por encima del hombro.

Aún acurrucada contra él, Caylee sorbió por la nariz y presionó su rostro contra su cuello. "Ryan, me duele mucho. ¿Y si tengo un hueso roto?".

Él frunció el ceño antes de apartar la mirada de Natalie. "Que uno de ustedes se quede con ella. Si no está muy herida, llévenla a casa. Caylee necesita ir al hospital ahora porque tiene poca tolerancia al dolor".

El hombre que le había advertido dudó y pareció dispuesto a objetar, pero finalmente respondió: "Está bien".

Sin ninguna duda, Ryan salió apresuradamente de la sala privada con Caylee en brazos.

Detrás de él, sus amigos intercambiaron miradas incómodas. Varios querían acercarse a Natalie, pero ninguno parecía dispuesto a dar el primer paso.

"Natalie, ¿puedes oírme? ¿Eres capaz de ponerte de pie?".

"Amigo, es sorda. Llamarla no ayudará. ¿Alguien aquí sabe lenguaje de señas?".

"Mierda, ¿por qué sabría cómo hacer eso?".

Para entonces, Natalie empezaba a ver todo borroso y las voces le llegaban cada vez más lejanas y apagadas.

A su alrededor, todos movían los labios, pero ella ya no lograba entender lo que decían.

La sangre seguía fluyendo de su frente y se derramaba en sus ojos hasta que una neblina roja y oscura lo cubrió todo.

Incluso el simple acto de negar con la cabeza requería más fuerza de la que le quedaba.

No podía sentir nada excepto frío.

El escalofrío parecía subir desde algún lugar profundo dentro de su cuerpo.

Pronto, todo empezó a darle vueltas y las personas a su alrededor se convirtieron en sombras borrosas.

Entonces alguien gritó: "¡Dios, le sangra la cabeza! ¡Hay sangre por todas partes!".

Su audición se desvanecía y regresaba brevemente una y otra vez.

La oscuridad envolvió a Natalie y se volvió más pesada con cada segundo que pasaba. Al poco tiempo, apenas podía mantener los párpados abiertos.

"¡Llamen a una ambulancia ahora mismo!".

"Maldita sea, ¿por qué Ryan no contesta su celular?".

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