"¿Su esposo todavía no ha llegado?".
Un joven médico residente estaba allí, con varios formularios de consentimiento quirúrgico en la mano, esperando que un familiar firmara por Allison Fulton.
La chica estaba acurrucada en la cama del hospital. Su rostro se había puesto pálido, y sostenía el celular con debilidad mientras el dolor en el abdomen le recorría el cuerpo en oleadas.
Le habían diagnosticado apendicitis aguda y necesitaba una cirugía de inmediato. Pero por más que llamaba, su esposo nunca contestaba.
Todo en el quirófano estaba listo, ¡y ella aún no lograba que alguien viniera a firmar!
"Está muy ocupado", respondió Allison.
Nolan Reid era su esposo. Como el actual Presidente, su agenda estaba llena desde la mañana hasta la noche. Su tiempo nunca le había pertenecido solo a ella.
"¿Demasiado ocupado para preocuparse por su bienestar?". El médico soltó un suspiro de frustración. "No importa cuán apretada esté su agenda, ¿puede estar más ocupado que el Presidente? Incluso el Presidente se dio tiempo para acompañar a su prometida a un control prenatal hoy".
Esas palabras la golpearon sin previo aviso.
"¿Q-qué dijo?", preguntó la chica, con voz temblorosa. "¿Quién acompaña a...?".
La mención del Presidente acompañando a su prometida a un control prenatal le oprimió el pecho y la dejó sin aliento.
En ese momento, un alboroto repentino surgió fuera de la habitación del hospital.
El médico señaló hacia el pasillo. "Mire. Ese es el mismísimo Presidente, uno de los hombres más ocupados del mundo. Incluso él se dio tiempo para acompañar a su prometida a un control prenatal hoy".
A pesar del dolor agudo que le retorcía el abdomen, Allison levantó la cabeza y miró. Un hombre alto, con un traje impecable, pasó por delante de la habitación. Filas de guardaespaldas lo seguían de cerca.
Sintió como si algo le estrujara el corazón.
Nolan era el hombre que había amado durante ocho años, el esposo al que había apoyado en silencio durante tres. En ese preciso instante, él empujaba la silla de ruedas de una mujer de aspecto delicado a un control prenatal.
La mujer era Hollie Pearson, miembro de la familia más rica del país y la misma persona que la había acosado durante sus años de escuela.
Allison observó lo que sucedía afuera y sintió como si algo le estrujara lentamente el corazón. El dolor le llenó el pecho mientras la suave voz de su esposo llegaba a sus oídos. "No te preocupes, Hollie. Estoy aquí contigo".
Allison parpadeó, atónita.
¿Y ella qué?
La ira la invadió. Hizo a un lado la manta e intentó levantarse, decidida a salir y exigir una explicación.
¡¿De quién era el hijo que esperaba Hollie, para que el propio presidente la acompañara a un control prenatal, ocultándoselo a su esposa?!
Pero el agudo dolor en el abdomen la golpeó de nuevo antes de que pudiera ponerse de pie. Su cuerpo se desplomó de nuevo en la cama, dejándola demasiado débil para levantarse.
El médico se acercó y la detuvo rápidamente. "No se mueva. ¿Por qué no intenta llamar a la oficina de su esposo?".
¿La oficina de su esposo?
¿Acaso alguien de la residencia presidencial la había tratado alguna vez como la Primera Dama?
Ese mismo día, cuando se desmayó, fue un extraño quien llamó a la ambulancia.
"Sería lo mismo que si ya fuera viuda", dijo con la voz llena de desesperación. Se revolvió en la cama mientras el dolor continuaba y arañaba las sábanas.
"¡Maldita sea!". Agarró la manga del médico con toda la fuerza que le quedaba. "¿Puedo firmar yo misma?".
La cirugía laparoscópica finalmente fue un éxito, y el hospital requirió que Allison se quedara allí por dos días.
Nadie vino a cuidarla. Yacía allí con el dolor recorriendo su cuerpo, y el sueño no llegaba.
A la una y media de la madrugada, estaba a punto de quedarse dormida cuando su celular sonó y la despertó.
Quien llamaba era Nolan.
"Allison, ¿desde cuándo te parece aceptable pasar la noche fuera?", cuestionó el hombre. "¿Solo porque no contesté tus llamadas durante el día, decidiste hacer un berrinche como este?".
Su voz transmitía una clara frustración y culpa, y carecía del cuidado y la preocupación que un esposo debería mostrar.
Incluso la comparó con Hollie, diciendo: "¿Cuánto tiempo piensas seguir actuando así? Si tan solo pudieras aprender a ser sensata como Hollie...".
La herida de Allison seguía palpitando, dejándola sin fuerzas para discutir con él.
Nolan no esperó su respuesta. "Vuelve ahora mismo", ordenó. "Necesito hablar contigo".
No había lugar para la negativa en su tono. "No me obligues a enviar a alguien para que te traiga".
Una hora después, la joven regresó a la residencia presidencial en un taxi.
Las luces del salón del segundo piso del edificio principal seguían encendidas. Adentro, un hombre estaba sentado en el sofá con las piernas cruzadas. Parecía frío y distante. Sin embargo, la iluminación a su alrededor hacía que su figura pareciera ligeramente cálida.
Por primera vez en sus tres años de matrimonio, Nolan era quien la esperaba. Eso conmovió el corazón de Allison por un breve instante.
"¿Por qué volviste tan tarde? ¿Dónde has estado exactamente?", preguntó él mientras se pellizcaba el puente de la nariz. No levantó la cabeza cuando ella se acercó.
Había repetido la misma expectativa muchas veces antes. ¡Lo que quería era una esposa obediente y comprensiva!
¿Por qué no podía simplemente actuar como él quería?
Una opresión creció en el pecho de Allison. Le respondió con un tono agudo: "¿Ah, sí? Fui a un club y disfruté de la compañía de ocho gigolós. ¿Te satisface esa respuesta, señor Presidente?".
Si Nolan la hubiera mirado bien, se habría dado cuenta de lo débil que parecía.
"¡Allison!". El otro finalmente dejó los documentos a un lado y levantó la vista, con clara irritación.
Sus ojos recorrieron el pálido rostro de ella y, por un breve momento, su expresión se suavizó ligeramente. La aspereza de su voz disminuyó. "¿Qué te pasa? ¿No te sientes bien?", inquirió.
La mujer no respondió a su pregunta.
Cuando realmente lo necesitó, su esposo no había estado allí para ella. Ahora que estaba de pie frente a él, ¿qué sentido tenía que fingiera preocuparse?
Solo preguntó: "¿Para qué me llamaste?".
Nolan la miró fijamente durante casi medio minuto. Después de esa pausa, deslizó un documento sobre la mesa hacia ella. "Divorciémonos. Hollie está embarazada y los resultados prenatales no son buenos. Está lidiando con depresión prenatal y tiene tendencias suicidas. El médico dijo que necesita el cuidado de su esposo".
Dejó de hablar por un momento, y un rastro de ternura apareció en sus ojos sin que se diera cuenta. "Allison, necesito que soportes esto por ahora. Nos separaremos temporalmente. Después de que Hollie dé a luz y el niño tenga un estatus adecuado, me divorciaré de ella y me casaré contigo de nuevo".
"¡¿Por qué debería aceptar eso?!".
Allison se soltó cuando Nolan intentó tomar su mano y continuó con la voz temblando de ira: "¿Solo porque Hollie está embarazada crees que tiene derecho a quitarme a mi esposo? ¿Acaso yo la obligué a embarazarse?".
Se llevó la mano al estómago mientras un dolor recorría su cuerpo. "Ella tomó esa decisión por sí misma. Y ahora, ¿pretendes que yo asuma las consecuencias por ella? ¿De verdad crees que voy a aceptarlo así como si nada?".
Por un momento, el hombre se quedó atónito. Luego, la furia se apoderó de él.
Su madre y su abuela tenían razón. Allison no era más que una huérfana. Era corta de miras e ingenua, y nunca podría comprender la gravedad de la situación actual.
Aun así, Nolan contuvo su ira e intentó hablar con calma. "Hay dos vidas en juego en este asunto. Los Reid y los Pearson han sido cercanos por generaciones. Para mis padres, Hollie siempre ha sido como de la familia. Ahora que está en esta situación, no podemos simplemente quedarnos de brazos cruzados mirando".
Volvió a tomar la mano de su esposa. En el instante en que sus dedos rozaron los de ella, notó lo fría que estaba.
Sin pensarlo, la sujetó con más fuerza. "Sé que no te he prestado mucha atención desde que nos casamos por mi trabajo. Pero esa nunca fue mi intención. Allison, tienes que confiar en mí. Mi matrimonio con Hollie será solo de nombre. No la tocaré. Ni una sola vez. Simplemente no puedo permitir que...".
Una risa amarga se escapó de los labios de Allison, interrumpiéndolo. "Debería darte vergüenza, Nolan", dijo ella. "Desde el día en que nos casamos, tampoco me has tocado a mí. Así que dime una cosa: ¿eso significa que nuestro matrimonio también ha sido nada más que una formalidad?".
Él guardó silencio ante eso.
Durante su primer año de matrimonio, la campaña presidencial había consumido todo su tiempo. Estaba agotado y no tenía ningún interés en la intimidad.
Para el segundo año, ya había asumido el cargo. Un sinfín de responsabilidades llenaban sus días y nunca encontraba tiempo para eso.
Este año, las cosas por fin habían empezado a calmarse, pero entonces su abuelo falleció repentinamente y, poco después, su padre sufrió un derrame cerebral provocado por el estrés. Toda su familia se sumió en el duelo, y de repente cargó con aún más responsabilidades sobre sus hombros.
Allison soltó una burla silenciosa. Durante los últimos tres años, ella había visto cada una de las dificultades que él enfrentó y siempre había elegido ser comprensiva.
Sin embargo, ¡nunca imaginó que la distancia entre ellos existía por Hollie!
Su actitud hizo que Nolan se sintiera incómodo. Empezó: "Sé que has pasado por mucho durante estos tres años...".
"¡¿Así que sí sabes que te he estado esperando durante tres años?!", cortó Allison. "Tres años completos, Nolan. Me prometiste una boda, pero en lugar de eso, ¡todo lo que obtuve fueron papeles de divorcio!".
El dolor le oprimió el pecho. "¿Todavía recuerdas lo que me prometiste cuando nos casamos?".
Antes de casarse, él solo había sido un miembro ignorado dentro de la familia Reid.
Durante esos años difíciles, Allison había estado a su lado y lo había apoyado. Incluso le preocupaba que su orgullo resultara herido, así que lo ayudó en secreto bajo el nombre de "Sage X". Usando todo lo que tenía, lo impulsó hasta que alcanzó la presidencia y se convirtió en el orgullo de los Reid.
Y ahora que ocupaba ese cargo, ¿quería sacarla de la residencia presidencial y darle a Hollie el título de Primera Dama?
No podía entenderlo. ¡¿Acaso todo lo que le había dado no significaba nada?!
"Yo...". Nolan vaciló. Por supuesto que recordaba la promesa que le había hecho ese día. Había jurado protegerla por el resto de su vida, en la salud y en la enfermedad, y no apartarse nunca de su lado.
Pero la situación actual era especial.
Si se negaba a casarse con Hollie, tanto ella como el niño podrían no sobrevivir.
Tras tomar una lenta bocanada de aire, la acercó a sí e intentó consolarla, diciendo: "Allison, no he olvidado lo que te prometí. Eso no cambiará. Pero ahora mismo, tengo que proteger a Hollie y al niño. Esa es mi responsabilidad. Te lo compensaré en el futuro. Todavía tenemos el resto de nuestras vidas por delante".
Allison lo empujó con todas sus fuerzas, pero Nolan no se movió.
Sin otra opción, levantó el pie y le dio un fuerte pisotón en uno de sus zapatos de cuero.
Al hombre se le escapó un quejido de dolor y finalmente la soltó. "¡Allison!".
Cuando la miró, vio que sus ojos estaban llenos de decepción y las lágrimas comenzaban a acumularse.
"¿De verdad crees que volver conmigo en el futuro cuenta como una compensación, o que es una especie de favor?", preguntó ella. "¿Por qué querría yo a un hombre que ha estado casado dos veces?".
Nolan apretó la mandíbula mientras la irritación se notaba en su rostro. "Mírate ahora. ¿Tienes algo de la gracia y la dignidad de una Primera Dama?".
Las lágrimas que la joven había estado conteniendo finalmente rodaron por sus mejillas. "Me dices eso, pero, ¿acaso has declarado públicamente que yo soy la Primera Dama?".
No solo nunca la había reconocido públicamente como la Primera Dama, sino que incluso dentro de la residencia presidencial, la presentaba como nada más que su secretaria personal. Por eso, la gente de la residencia creía que podía tratarla como quisiera.
"Allison, yo...". Nolan empezó a decir algo en respuesta, pero su celular sonó de repente.
El tono de llamada dejó claro quién llamaba. Había asignado ese sonido únicamente para la familia Reid. Allison supo de inmediato que era Diane Reid, la madre de Nolan, al otro lado de la línea.
"¿Qué dijiste? ¿Hollie intentó cortarse las venas otra vez?". El rostro del hombre se llenó de una preocupación genuina, mucho más sincera que cuando le había preguntado antes a su esposa si se sentía mal. "De acuerdo, entiendo. Iré para allá ahora mismo. Mantengan la calma".
En el momento en que colgó la llamada, Allison sintió que el corazón se le helaba.
Qué tonta había sido. Durante los últimos tres meses, cada vez que Nolan regresaba apresuradamente a la finca de la familia Reid, ella había creído que iba a cuidar a su padre después del derrame.
Ahora, la verdad era evidente. Todo ese tiempo, había estado al lado de Hollie.
"Allison, deja de hacer berrinche", dijo Nolan. "No estoy pidiendo tu consentimiento".
Solo le estaba informando del asunto. Estuviera de acuerdo o no, tenía que firmar los papeles del divorcio.
Ella se secó las lágrimas del rostro y lo miró directamente con los ojos hinchados. "Este divorcio significará que hemos terminado para siempre. Una vez que firme, ¡se acabó todo entre nosotros! ¿Aún quieres que firme los papeles del divorcio?".
Las firmes palabras de Allison tomaron a Nolan por sorpresa y lo estremecieron.
Pero poco después, un pensamiento cruzó por su mente. Ella lo había amado durante ocho años. Ya le había hablado con dureza antes, pero nunca se había alejado de él de verdad. No sería capaz de hacer algo así.
Además, el divorcio en sí significaba poco. Para él, no era más que una simple formalidad. Su relación seguiría siendo la misma.
"Sé razonable", dijo el hombre en un tono más suave. "Hoy estoy agotado. Solo intenta ser un poco más comprensiva".
Llevó la mano al cabello de ella y lo revolvió con suavidad. "Firma el acuerdo y duérmete. No volveré esta noche".
La ira que había estado ardiendo dentro de Allison desapareció de repente.
Apartó la mano de Nolan sin dudarlo y luego tomó el bolígrafo que le había preparado. En silencio, firmó los papeles del divorcio.
El otro prefería esta versión de ella. Cuando dejaba de llorar y discutir, todo parecía más fácil. Soltó un largo suspiro de alivio, aunque una ligera inquietud se instaló en su pecho.
Le disgustaba esa sensación. Para desecharla, le entregó a Allison una tarjeta bancaria. "Toma esto. La contraseña es tu fecha de cumpleaños".
"¿Una recompensa para mí?", cuestionó ella con una risa fría. Tomó la tarjeta y la arrojó directamente al bote de la basura. "Como no tiene dinero, no te molestes en usarla para insultarme".
Nolan la agarró por la muñeca, con una expresión que se tornó severa. "¿De qué estás hablando?".
Allison retiró su mano con fuerza. Un dolor agudo le recorrió la muñeca, pero lo ignoró.
"Ve y pregúntale a tu madre", dijo. "Cada vez que una tarjeta pasa por sus manos, el saldo de alguna manera se reduce a cero. ¿No es impresionante?".
Después de decir eso, se dio la vuelta y caminó hacia la habitación de invitados sin dudarlo.
Su cuerpo acababa de pasar por una cirugía. No podía soportar más esfuerzo. Lo que necesitaba ahora era descansar.
Nolan la observó mientras ella se alejaba. Tras un momento de silencio, le hizo un gesto al mayordomo. "Verifica el saldo de esta tarjeta".
Allison pensó que no podría conciliar el sueño esa noche. Pero después de que Nolan se fue, el agotamiento se apoderó de ella y pronto cayó en un sueño profundo.
Quizás las personas solo sufrían cuando temían perder algo. Una vez que esa cosa ya se había ido, solo quedaba la paz.
Aun así, sentía como si le hubieran arrancado algo del corazón, dejando un dolor sordo que no podía ignorar.
A las cinco y media de la mañana siguiente, sonaron unos golpes en la puerta.
"Allison, levántate y prepara el café para el Presidente".
Esta era siempre la primera tarea asignada a la secretaria de Nolan cada día.
La voz llamó tres veces, pero no hubo respuesta desde el interior de la habitación. Impaciente, la supervisora de la residencia presidencial abrió la puerta y entró. Luego, caminó con determinación hacia la cama y le arrancó la manta de un tirón.
La mañana de principios de verano todavía era fría, y el termostato de esa habitación de invitados llevaba mucho tiempo roto.
En el momento en que le quitaron la manta, Allison se estremeció y se incorporó.
La fiebre le quemaba el cuerpo. La debilidad la abrumaba y no deseaba nada más que volver a acostarse para descansar.
Extendió la mano hacia la delgada manta que había caído al suelo. Pero antes de que pudiera agarrarla, una vara de madera golpeó el dorso de su mano.
La supervisora de la residencia siempre llevaba esa vara para disciplinar al personal bajo su autoridad.
Sin embargo, durante los dos años que Allison había vivido aquí con Nolan, solo la había usado con ella.
Como la supervisora era alguien que Hollie había puesto aquí, aunque conocía la identidad de Allison, la atacaba constantemente.
A lo largo de los años, las manos de la chica se habían hinchado más veces de las que podía contar. Y su esposo siempre lo había ignorado. Por él, ella lo había soportado una y otra vez.
"¿Qué estás mirando?", espetó la supervisora mientras levantaba la vara una vez más. "¡Trabajar aquí es un privilegio y aun así te atreves a ser perezosa!".
Antes de que la vara pudiera caer de nuevo, Allison sujetó la muñeca de la mujer. En un movimiento rápido, le arrebató la vara y la golpeó con fuerza en la espalda.
"¡Ah!", gritó la supervisora y tropezó hacia la puerta, intentando salir de la habitación.
Allison la agarró por el cabello, la jaló hacia atrás y volvió a descargar la vara.
Antes, esta mujer había disfrutado golpeándola. Ahora, ¡le haría sentir ese mismo dolor!
Allison tenía la intención de devolverle cada golpe que había soportado, pero la vara se partió en dos por la fuerza.
Solo entonces soltó a la supervisora. "¡Fuera!".
La otra se tambaleó hacia la puerta y salió corriendo. Varios sirvientes que estaban afuera habían presenciado toda la escena, y la humillación la consumió.
No dejaba de maldecir a la joven en su mente. Se recordó a sí misma que cuando llegara Hollie, ¡haría que Allison pagara por todo!
Después de ese arrebato, la fiebre de esta última pareció empeorar. Bebió un vaso lleno de agua, se envolvió en la manta y volvió a acostarse.
La siguiente vez que abrió los ojos, varias criadas la estaban arrastrando hacia la sala de estar.
La llevaron ante Nolan. Él estaba sentado en el sofá con una expresión fría.
Hollie, a su lado, lloraba en silencio. "Cuando estábamos en la escuela, nunca le caí bien a Allison. Siempre lo toleré. Nunca esperé que golpeara a Phyllis solo porque fui yo quien le consiguió el trabajo aquí. Incluso rompió la vara mientras la golpeaba. Phyllis debe de estar sufriendo mucho".
Phyllis Gilbert, la supervisora, estaba de pie cerca con lágrimas corriendo por su rostro. "Señor Presidente, señorita Pearson, todo esto es mi culpa", dijo. "No logré gestionar al personal de aquí correctamente".
Verlas llorando hizo que Nolan atrajera a Hollie hacia él. "No llores", dijo suavemente. "No es bueno para el bebé".
Al mencionar eso, el llanto de esta se hizo más fuerte.
"Ni siquiera puedo proteger a Phyllis", dijo entre lágrimas. "¿Cómo podría proteger a mi bebé? ¡Quizás debería acabar con todo de una vez!".
De repente se puso de pie y extendió la mano hacia el cuchillo de fruta que había sobre la mesa.
La alarma cruzó el rostro de Nolan de inmediato. Rápidamente le tomó la mano y la volvió a acercar a sus brazos. "No hagas ninguna locura. Cálmate".
"Nolan, suéltame", expresó Hollie mientras lo abrazaba con fuerza por la cintura. "Allison está mirando. Se molestará y volverá a causar problemas".
Mientras se aferraba a él, levantó sus ojos llorosos hacia la aludida. Un atisbo de triunfo brilló en ellos.