El evento de la noche era el centro de todas las miradas. Empresarios, inversores y prensa se reunían en el lujoso salón del Hotel Beaumont, donde la élite financiera celebraba una nueva fusión corporativa. Mesas decoradas con flores blancas, copas de cristal fino repletas de champagne y un sinfín de sonrisas calculadas daban el ambiente perfecto para cerrar tratos y fortalecer alianzas.
Ethan Lancaster, CEO de Lancaster Holdings, se movía por la sala con la seguridad de un hombre que sabía que pertenecía a la cima del mundo. Su traje negro hecho a medida caía sobre su cuerpo con perfección, y su mirada afilada escaneaba a los presentes con un aire de indiferencia. Sabía que todos querían hablar con él, convencerlo de sus propuestas, y él, con su eterna paciencia limitada, fingía interés mientras su asistente le susurraba nombres y detalles al oído.
Sin embargo, lo que realmente mantenía su atención no estaba en las negociaciones que lo rodeaban.
A unos metros de distancia, rodeado de un pequeño grupo de empresarios, estaba Adrien Moreau, el CEO de Moreau Enterprises, su mayor rival. Cada vez que coincidían en un evento, la atmósfera se cargaba de tensión. Ethan no podía evitar que su mandíbula se tensara al verlo sonreír con esa arrogancia característica, con ese aire de superioridad que tanto lo irritaba. Adrien estaba vestido con un elegante traje azul marino, su postura relajada y segura, con una copa de vino en la mano mientras conversaba con naturalidad.
Se detestaban. O al menos, eso era lo que le mostraban al mundo.
-Parece que Moreau no pierde oportunidad de llamar la atención -murmuró su asistente, observando la escena con el mismo desdén que Ethan.
-Es lo único en lo que es bueno -respondió Ethan, con una media sonrisa sarcástica.
En el fondo, sabía que eso no era cierto. Adrien era brillante, tan astuto como despiadado en los negocios, y cada victoria que obtenía era bien merecida. Pero admitirlo en voz alta sería un error.
Antes de poder ignorarlo por completo, Adrien giró la cabeza y sus miradas se encontraron. Fue un instante fugaz, pero cargado de significado. Ethan vio la ligera elevación de la ceja de Adrien, ese gesto que solo usaba con él, acompañado de una sonrisa sutilmente provocadora. Era un desafío silencioso.
Ethan desvió la mirada, pero su corazón latió con un ritmo molesto.
⸻***
Horas después, el evento había terminado, pero ni Ethan ni Adrien se habían marchado con los demás invitados. En la planta más alta del hotel, en una suite que ninguno debería haber reservado, la atmósfera era completamente distinta.
Ethan estaba contra la pared, atrapado entre los brazos de Adrien, el calor entre ellos sofocante. Sus bocas se buscaban con desesperación, con rabia contenida, con el deseo acumulado de semanas de encuentros robados.
-Eres insoportable -murmuró Ethan contra sus labios, su voz ronca de deseo y frustración.
Adrien sonrió, deslizando sus dedos por el cuello de su rival antes de apretarlo ligeramente, como si estuviera tentado de hacerle perder el control.
-Y aun así, no puedes mantenerte alejado de mí -susurró, con esa confianza que lo volvía aún más insoportable.
No lo admitiría. Nunca.
Porque en cuanto salieran de esa habitación, en cuanto volvieran al mundo real, serían nuevamente Ethan Lancaster y Adrien Moreau, los dos CEOs que se odiaban públicamente.
Y nadie podía saber la verdad.
El aire en la suite estaba cargado de una electricidad que Ethan conocía demasiado bien. No era la primera vez que se encontraba en esta situación, con Adrien presionándolo contra una superficie, con la piel ardiendo bajo sus caricias. No era la primera vez que se juraba a sí mismo que sería la última.
Pero como siempre, estaba aquí otra vez.
Las manos de Adrien se deslizaron bajo su camisa, los dedos rozando su piel con una familiaridad peligrosa. Ethan cerró los ojos por un segundo, tratando de recordar por qué esto era una mala idea. Pero cuando sintió los labios de Adrien recorrer la línea de su mandíbula, la razón quedó en un segundo plano.
-Eres un maldito imbécil -susurró Ethan, su voz apenas un gruñido.
Adrien soltó una risa baja, su aliento cálido contra su piel.
-¿Y eso te detiene?
Ethan no respondió. No podía. Porque la respuesta era no.
⸻***
Horas después, la habitación estaba en penumbras. Ethan yacía en la cama, con la sábana apenas cubriendo su cintura, observando el techo mientras su mente procesaba lo que acababa de ocurrir... otra vez. A su lado, Adrien se incorporó con una tranquilidad irritante, como si no tuvieran una guerra no declarada cada vez que estaban en público.
-Deberíamos dejar de hacer esto -dijo Ethan sin mirarlo.
Adrien, en lugar de responder, tomó un cigarro del bolsillo de su chaqueta y lo encendió, inhalando con calma antes de exhalar el humo lentamente.
-Siempre dices lo mismo -murmuró.
Ethan apretó la mandíbula.
-Porque es cierto.
Adrien lo miró con esa sonrisa que lo sacaba de quicio, ladeando la cabeza como si disfrutara de su dilema interno.
-Y aun así, siempre vuelves.
El silencio cayó entre ellos, solo interrumpido por el sonido del humo disipándose en el aire.
Ethan sabía que Adrien tenía razón. Pero admitirlo en voz alta significaría reconocer que lo necesitaba, y eso era algo que no estaba dispuesto a aceptar.
Con un suspiro pesado, se sentó al borde de la cama, pasando una mano por su cabello desordenado.
-Nos descubrirán algún día -dijo, más para sí mismo que para Adrien.
Adrien dejó el cigarro en el cenicero, apoyando un codo en la almohada mientras lo observaba con diversión.
-Si eso pasa... ya encontraremos la manera de solucionarlo.
Ethan soltó una risa seca, incrédulo.
-Siempre tan confiado.
-Y tú, siempre tan dramático.
Ethan se puso de pie, recogiendo su camisa del suelo con movimientos rápidos. No iba a quedarse más tiempo del necesario.
-Nos vemos en la próxima reunión -dijo, sin siquiera mirarlo.
Adrien no intentó detenerlo. Solo sonrió, apoyándose contra el cabecero de la cama mientras lo veía marcharse.
-Oh, lo sé. Y no puedo esperar.
⸻***
La mañana siguiente trajo consigo una nueva batalla.
Ethan estaba en la sala de conferencias de Lancaster Holdings, con su equipo de asesores alineados a su alrededor. Las pantallas proyectaban gráficos, reportes financieros y cifras que no dejaban espacio para errores.
Y al otro lado de la mesa, sentado con la misma arrogancia de siempre, estaba Adrien Moreau.
El acuerdo de hoy definiría el futuro de ambas empresas, y aunque la tensión en la sala era palpable, ninguno de los dos CEOs se inmutaba. Sus expresiones eran frías, calculadoras, como si lo ocurrido la noche anterior jamás hubiese sucedido.
-Espero que hayan traído algo más interesante que la última vez -dijo Ethan, con una sonrisa afilada.
Adrien entrelazó los dedos sobre la mesa, sus ojos fijos en los de Ethan con una chispa de diversión.
-Te va a encantar lo que tenemos preparado.
Y así comenzó otra batalla, una más entre ellos. Un juego peligroso que ambos estaban dispuestos a jugar... aunque, en el fondo, ambos sabían que perderían de la misma manera.
La reunión transcurrió como todas las anteriores: intensa, calculada y con un aire casi asfixiante de rivalidad entre Ethan y Adrien. Cada propuesta era respondida con una contrapropuesta, cada observación con una corrección mordaz, cada palabra con una sonrisa afilada.
Pero lo que nadie más en la sala podía notar-o al menos, lo que Ethan esperaba que nadie notara-era la forma en que Adrien lo miraba.
No era una mirada hostil, tampoco puramente profesional. Era desafiante, sí, pero había algo más en la forma en que sus ojos se mantenían fijos en él, en cómo una pequeña sonrisa se formaba en la comisura de sus labios cada vez que Ethan perdía la paciencia.
Era como si disfrutara viéndolo reaccionar.
Ethan apretó la mandíbula, volviendo su atención a los documentos frente a él. No iba a caer en ese juego.
-La oferta que estamos presentando es más que justa -dijo finalmente, con tono firme-. De hecho, considerando las cifras de sus últimos trimestres, diría que estamos siendo generosos.
Adrien soltó una pequeña risa, apoyándose contra el respaldo de su silla.
-Oh, Lancaster, no dudo que seas generoso cuando te conviene -dijo, con un tono que casi parecía insinuante.
Ethan sintió el peso de las miradas de sus propios asesores, pero no permitió que su expresión cambiara.
-Lo que me conviene -respondió sin pestañear- es un acuerdo que beneficie a ambas partes. Si no estás interesado, podemos retirar nuestra propuesta y buscar otra opción.
Adrien lo estudió por un momento, con la paciencia de un depredador.
-Eso no será necesario -dijo finalmente, entrelazando los dedos sobre la mesa-. Revisaremos los términos y enviaremos una respuesta formal antes del final del día.
Con eso, la reunión terminó.
Los equipos comenzaron a recoger sus papeles, algunos saliendo de la sala para atender llamadas o discutir detalles. Pero Ethan sabía que no se iría sin que Adrien intentara algo más.
Y no se equivocó.
Cuando solo quedaron ellos dos, Adrien se puso de pie con calma, ajustando su reloj de manera casual antes de acercarse lentamente.
-Has estado muy a la defensiva hoy -murmuró, lo suficientemente bajo para que nadie más lo escuchara.
Ethan suspiró, mirando hacia la puerta como si eso fuera a evitar que Adrien continuara con su provocación.
-No estoy de humor para tus juegos.
-¿Juego? -Adrien alzó una ceja, fingiendo sorpresa-. Pensé que te gustaban.
Ethan le dedicó una mirada cortante.
-Déjate de estupideces. No aquí.
Adrien sonrió con satisfacción, como si hubiese conseguido exactamente lo que quería. Se inclinó apenas un poco más cerca, su voz lo suficientemente baja para que el aire entre ellos se sintiera más pesado.
-Entonces, ¿te veo esta noche?
Ethan apretó los labios, sin responder de inmediato.
Sabía que la respuesta debería ser no. Sabía que debería alejarse, que esto se estaba convirtiendo en una rutina peligrosa, que cada encuentro solo hacía que fuera más difícil volver atrás.
Pero cuando miró a Adrien y vio esa mirada desafiante, esa seguridad irritante que siempre lo sacaba de sus casillas, supo que la decisión ya estaba tomada.
-A las once -murmuró.
Adrien sonrió, satisfecho.
-No llegues tarde.
Y con eso, salió de la sala, dejándolo solo con sus pensamientos.
⸻***
La noche llegó más rápido de lo que Ethan esperaba.
Se dijo a sí mismo que podía cancelar. Que todo esto era un error. Que lo correcto era mantenerse lejos de Adrien.
Pero en lugar de eso, terminó en la puerta de la suite del hotel, la misma en la que habían estado la noche anterior.
Antes de que pudiera arrepentirse, la puerta se abrió, y Adrien lo miró con una sonrisa ladeada.
-Puntual, como siempre.
Ethan no dijo nada. Simplemente entró, y en cuanto la puerta se cerró detrás de él, todo lo demás dejó de importar.
Lo único que importaba era que, por unas horas, podía olvidarse de que eran enemigos.
Las luces tenues de la suite apenas iluminaban el espacio, lanzando sombras suaves sobre los muebles de lujo. El aire estaba impregnado con el inconfundible aroma del perfume de Adrien y un leve rastro de whisky. Ethan se apoyó contra la pared, mirándolo con una mezcla de cansancio e irritación.
-No entiendo por qué sigo viniendo aquí.
Adrien cerró la puerta con calma, desabrochándose lentamente los primeros botones de su camisa.
-Quizás porque no puedes resistirte a mí.
Ethan rodó los ojos, pero el leve escalofrío que recorrió su espalda lo traicionó. Había algo en la manera en que Adrien decía esas palabras, con esa seguridad inquebrantable, que siempre lograba sacarlo de su eje.
-O tal vez -continuó Adrien, acercándose poco a poco- es porque aquí puedes dejar de fingir que me odias.
Ethan lo fulminó con la mirada.
-Sigues siendo insoportable.
Adrien rió suavemente, inclinándose apenas lo suficiente para que sus labios casi rozaran los de Ethan.
-Y aun así, estás aquí.
No le dio tiempo de responder. En un solo movimiento, Adrien lo atrapó contra la pared, y sus bocas se encontraron con la misma intensidad de siempre: una mezcla de rabia contenida y deseo innegable. Ethan lo empujó ligeramente con ambas manos contra el pecho, pero en lugar de alejarlo, terminó agarrando con fuerza el cuello de su camisa, jalándolo aún más cerca.
La batalla entre ellos nunca terminaba. Solo cambiaba de escenario.
⸻***
Horas después, Ethan se encontraba de pie junto a la ventana, observando la vista nocturna de la ciudad. Desde allí, las luces parpadeaban como un océano de estrellas atrapado en un laberinto de concreto. Detrás de él, Adrien permanecía recostado en la cama, con una mano detrás de la cabeza y la otra sosteniendo un cigarro entre los dedos.
-¿Alguna vez te has preguntado qué pasaría si alguien nos descubriera? -preguntó Ethan, sin volverse.
Adrien exhaló el humo lentamente antes de responder.
-Todo seguiría igual.
Ethan dejó escapar una risa seca.
-No seas ingenuo. Sería un escándalo. Ambos perderíamos credibilidad. La prensa no dejaría de acosarnos.
Adrien se encogió de hombros.
-No me preocupa la prensa.
-Claro que no -Ethan se cruzó de brazos, girándose para mirarlo-. Tú disfrutas de la atención.
Adrien sonrió con suficiencia.
-Y tú disfrutas de pelear conmigo.
Ethan apretó los labios, pero no lo negó. Porque en el fondo, era cierto. Desde el primer día, la tensión entre ellos había sido inevitable. Habían peleado en salas de juntas, en entrevistas, en eventos de gala... pero ninguna de esas batallas había sido tan peligrosa como esta.
Porque esto no era solo rivalidad.
Era algo más.
Algo que ninguno de los dos podía permitirse.
-Voy a irme antes de que empiece a arrepentirme -murmuró, girándose de nuevo para tomar su chaqueta.
Adrien no lo detuvo. Solo lo observó, con esa mirada tranquila que siempre lo sacaba de quicio.
-Nos vemos en la próxima pelea, Lancaster.
Ethan no respondió. Solo salió de la habitación, sintiendo que, una vez más, había perdido contra él.
⸻***
Los titulares de la mañana siguiente fueron un recordatorio de por qué Ethan tenía razón en preocuparse.
"Guerra de titanes: Lancaster y Moreau se enfrentan en una negociación sin tregua"
"La rivalidad empresarial que define el futuro del mercado"
"Ethan Lancaster y Adrien Moreau: ¿competencia o enemistad personal?"
Ethan dejó el periódico sobre la mesa con un suspiro pesado. No era la primera vez que los medios explotaban la narrativa de su enemistad, pero cada vez parecía más intensa.
Lo peor era que no podían saber cuán cerca estaban de la verdad.
-Vas a acabar rompiendo ese bolígrafo -comentó su asistente, señalando la pluma entre sus dedos que Ethan estaba apretando con demasiada fuerza.
Respiró hondo y la dejó sobre la mesa.
-¿Hay algo nuevo?
Su asistente hojeó su tableta antes de responder.
-Moreau Enterprises ha confirmado que enviarán su respuesta hoy. Pero también hay rumores de que Adrien está planeando algo grande.
Ethan frunció el ceño.
-¿Algo grande?
-Una adquisición. Nadie sabe de qué empresa se trata aún, pero podría cambiar muchas cosas en el mercado.
Ethan cerró los ojos por un momento, sintiendo una punzada de frustración. Por supuesto que Adrien haría algo así. Siempre buscando la manera de tomar ventaja, siempre un paso adelante.
Siempre una maldita provocación.
Se levantó de su silla con decisión.
-Dile a mi equipo que quiero un informe completo de todos los movimientos recientes de Moreau Enterprises. Quiero saber exactamente qué está planeando.
Su asistente asintió de inmediato y salió de la oficina.
Ethan exhaló lentamente, mirando por la ventana de su rascacielos.
Si Adrien pensaba que podía ganar esta vez, estaba equivocado.
Porque aunque en la intimidad Ethan pudiera perder contra él una y otra vez... en los negocios, no pensaba ceder ni un solo centímetro.
El murmullo en la sede de Lancaster Corp. era más fuerte de lo usual. Se respiraba tensión en el aire. Los empleados caminaban de un lado a otro con sus teléfonos pegados a la oreja, las pantallas de los monitores reflejaban gráficas en tiempo real y los ejecutivos de más alto rango mantenían reuniones improvisadas en los pasillos.
Ethan se paseaba por su oficina, el ceño fruncido, observando con detenimiento el informe que su equipo acababa de entregarle.
Adrien Moreau no estaba planeando solo una adquisición. Estaba comprando una de las empresas clave en la red de suministros de Lancaster Corp., una compañía que, aunque pequeña, jugaba un papel fundamental en la logística de su cadena de distribución.
Si Moreau cerraba el trato, podía obligarlo a renegociar términos. Podía dificultar las operaciones de su empresa.
Podía hacerle la vida imposible.
Ethan apretó los puños. Sabía que Adrien no hacía nada sin un propósito oculto. Y esto no era solo un movimiento estratégico. Era una declaración de guerra.
-Señor Lancaster -su asistente, Olivia, apareció en la puerta-. Adrien Moreau está en la línea. Quiere hablar con usted.
Ethan entrecerró los ojos. Por supuesto. Adrien nunca perdía la oportunidad de saborear su victoria.
-Pásamelo.
Se dejó caer en su silla y tomó el teléfono con calma.
-¿Qué quieres, Moreau?
Al otro lado de la línea, Adrien soltó una carcajada suave.
-Qué manera tan fría de saludarme, Ethan. Casi me haces pensar que no te alegró recibir mi llamada.
Ethan apoyó el codo en el escritorio, masajeando su sien.
-No tengo tiempo para tus juegos.
-Oh, pero este no es un juego -Adrien bajó el tono de su voz, haciendo que su tono sonara casi íntimo-. Es un negocio.
Ethan podía imaginárselo perfectamente: sentado en su lujosa oficina, con esa sonrisa arrogante y la confianza de alguien que sabía que tenía la ventaja.
-Vas a comprar Vanguard Logistics, ¿verdad? -Ethan fue directo al punto.
Hubo una pequeña pausa antes de que Adrien respondiera.
-Veo que tienes buenas fuentes -su tono sonaba divertido-. Sí, es cierto. Y si todo sale bien, para esta noche la adquisición estará cerrada.
Ethan apretó la mandíbula.
-Dime qué quieres.
-¿Así de rápido vas a rendirte? Me decepcionas, Lancaster.
-No me rendí. Solo quiero saber qué estás buscando realmente.
Adrien guardó silencio unos segundos, disfrutando el momento antes de hablar.
-Una cena.
Ethan parpadeó.
-¿Qué?
-Cenemos juntos esta noche -repitió Adrien, como si estuviera sugiriendo algo tan inofensivo como un café-. Si lo haces, tal vez podamos renegociar los términos de mi compra.
Ethan se frotó el puente de la nariz, exasperado.
-¿Quieres chantajearme con una cena?
-No lo llames chantaje -Adrien dejó escapar una risita-. Llámalo... una oferta de colaboración.
Ethan suspiró. Sabía que esto era una mala idea, pero también sabía que no podía dejar que Adrien se saliera con la suya tan fácilmente.
-Está bien. Pero no esperes que sea una velada agradable.
-Oh, Lancaster -la sonrisa en la voz de Adrien era evidente-, nuestras noches siempre son interesantes.
Ethan colgó sin responder.
Apoyó la cabeza contra el respaldo de su silla, exhalando lentamente.
¿Por qué sentía que estaba caminando directo a una trampa?
⸻***
El restaurante era un lugar exclusivo, con luces tenues y una atmósfera sofisticada que parecía hecha para negociaciones privadas y citas discretas.
Ethan llegó puntual, sabiendo que Adrien probablemente ya estaría esperándolo.
Y, por supuesto, tenía razón.
Adrien estaba sentado en una mesa al fondo del restaurante, con una copa de vino en la mano y una expresión de absoluta calma. Vestía un traje negro impecable, con la corbata ligeramente aflojada, lo que le daba un aire de descuido calculado.
-Lancaster -lo saludó con una sonrisa cuando Ethan se sentó-. Me alegra ver que no escapaste.
-No me des tanta importancia -respondió Ethan, llamando al mesero para pedir un whisky-. Ahora dime qué quieres.
Adrien apoyó el codo en la mesa y lo observó con atención.
-Tal vez solo quería verte.
Ethan rodó los ojos.
-Moreau.
Adrien sonrió.
-Está bien, está bien -se inclinó un poco hacia adelante-. Quiero un trato.
-No me sorprende.
-Voy a cerrar la compra de Vanguard Logistics, eso no va a cambiar. Pero... podríamos llegar a un acuerdo donde tú no salgas perjudicado.
Ethan entrecerró los ojos.
-¿Y qué quieres a cambio?
Adrien se tomó su tiempo antes de responder.
-Una fusión.
Ethan casi deja caer su vaso.
-¿Estás bromeando?
Adrien negó con la cabeza.
-Piensa en ello. Si unimos nuestras fuerzas en este sector, ningún otro competidor podrá igualarnos. Seríamos imbatibles.
Ethan se quedó en silencio por un momento.
Lo que Adrien proponía tenía sentido desde un punto de vista empresarial. Sería una jugada estratégica que garantizaría que sus empresas dominaran el mercado.
Pero eso también significaba que tendrían que trabajar juntos.
Constantemente.
Verse todos los días.
Pasar de ser rivales a... algo más.
Adrien debió notar su vacilación, porque sonrió con suficiencia.
-Te lo dejaré pensar -dijo, tomando su copa de vino-. Pero sé que la idea te intriga.
Ethan apretó la mandíbula.
-No juegues conmigo, Adrien.
-Nunca lo haría.
Y lo peor era que, por primera vez, Ethan no estaba seguro de si Adrien estaba mintiendo o no.