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Secuestrada al nacer

Secuestrada al nacer

Autor: : Mechee
Género: Romance
Beatriz Domínico una hermosa joven y heredera de un gran imperio, se enamora de un hombre común de clase baja, es allí donde su familia la destierra, sufriendo el desprecio y el abandono de sus padres, luego de casarse y estar en el proceso de formar una familia, su hija fue secuestrada al nacer por una persona sin sangre en su corazón, la depresión y la tristeza la lleva a refugiarse más que nunca en los brazos de su esposo Roberto Montero, es ahí donde comienza la historia de Alicia, una joven sobresaliente por su belleza sin igual, será juzgada y señalada por su poco parentesco familiar, huyendo a lo desconocido por miedo al rechazo en el que vivía diariamente, ella solo buscaba la aceptación de unos cuantos.

Capítulo 1 Secuestrada al nacer

Los gritos intensos de Beatriz se escuchaban por toda la casa, el día tan esperado había llegado y de un momento a otro ella había roto fuente, el líquido amniótico caliente se le deslizaba por sus piernas, era una sensación de angustia y desespero porque aún estaba en casa y se había adelantado su trabajo de parto, siendo una joven de veinte años y primeriza, ella corrió a la sala en donde se encontraba su esposo, los nervios de la emocion y el miedo invaden su calida voz

-Roberto, Roberto amor llévame en este preciso instante al hospital, he roto fuente-

Roberto quien estaba sumergido entre los documentos de la empresa que seria heredada próximamente, solo pudo mirar a su esposa con angustia y desesperación, aun no era el momento.

-¿Dónde está la pañalera? Espera un momento ya regreso-

El hombre corrió en busca de las pertenencias de su mujer y su pequeña.

Beatriz tenía fecha de parto para dentro de dos semanas, y como toda primeriza se sentía nerviosa, la pequeña dentro de ella ya estaba anunciando su llegada, ellos corrieron al pequeño auto que habían comprado con sus pocos ahorros, ella provenía de una gran familia y un apellido respetable, pero al verse envuelta en un amorío con un chico de una clase baja, su familia al enterrarse que ella estaba embarazada, la hecha a la calle y cancelaron todas tus tarjetas bancarias, al igual que le cerraron las puertas de la universidad, ellos estaban luchando en contra de la marea y de todos los obstáculos que la familia Domínico les estaban colocando en su camino, la familia deseaba a toda costa que ella sufriera la penurias de la vida al lado del hombre que tanto amaba, al punto de regresar a casa y dejarlo abandonado, pero aunque ellos vivían medidos con sus gastos, la chica soporto sus nueve meses apoyando a su esposo.

Por suerte ellos compartían una amiga que trabajaba en un hospital público y le había conseguido un cupo para ella ser atendida, ahora con el parto adelantado, ellos debían esperar que su atención fuese al azar, nunca se podría saber en qué momento seria su turno, como en cualquier lugar, no faltaban las personas que tenían preferencias al pagar un soborno, este no era el caso de Beatriz, a ella le tocaria esperar como las demas mujeres que estaban en su situacion.

Al llegar al hospital los dolores de Beatriz cada vez eran mas intensos, pero ver que tenía diez mujeres en el mismo estado que ella por delante, le preocupo aún más y sus nervios eran notorios.

-Amor, tengo miedo de perder a mi hija, mira a esas mujeres sufriendo del dolor y aun así no son atendidas-

-No te preocupes mi vida, saldremos adelante, Dios esta de nuestro lado y serás atendida pronto-

-Deberíamos llamar a mis padres, ellos podrían apiadarse de nosotros y ayudarnos-

Roberto se sintió mal al escuchar las palabras de su esposa, ellos eran unos chiquillos y él no había podido darle una vida digna, vivían en una casa alquilada y toda su fe estaba puesta en esa empresa que estaba en banca rota, pero él aun así la queria sacar adelante para poder cubrir las necesidades y dar lo que ella se merece junto a su hija.

Se arrodillo frente a su esposa para poder conversar.

-Ellos podrían ayudarnos, pero sabes cual fue la condición, si debo sacrificar mi posición como padre para que mi hija sea atendida, pues lo hare- los ojos de Roberto desbordaban tristesa.

Ella entendió fácilmente las palabras de su esposo y no, ellos eran una pequeña familia y lucharían hasta el final, no dejaría de apoyarlo, ella lo amaba intensamente y era un hombre respetuoso y ejemplar, siempre se lo demostro.

-No debí ni pensarlo, ellos no me aman de verdad, quédate aquí conmigo y acompáñame, perdona mis palabras fuera de lugar-

Los dolores de la mujer iban y venían, no era mas que una jovencita aprendiendo a ser adulta, Beatriz había estado comprometida con un joven un poco mayor que ella, pero nunca estuvo de acuerdo con los tratos que hacían los mayores, ella desde un principio se negó, pero el poder de su prometido había sido tan grande, que él había conseguido poner a toda la familia Domínico en contra de ella, ahora no era más que una don nadie que absorbió el apellido de su esposo.

Ella aún seguía en la sala de emergencia, era tan fría como el invierno, entre sus intensos dolores y los escalofríos, sentía que no podía más, Roberto frotaba su cuerpo y le daba aliento.

Un guardia de seguridad estaba dando una ronda de rutina por las instalaciones, pero al ver al hombre junto a la mujer, no dudo en sacarlo de ahi.

-Joven buenas noches, debe desalojar el área, aquí solo pueden permanecer mujeres-

Roberto se levanto de la silla en donde estaba acompañando a su esposa, esperaba que el guardia se apiadara de él, y lo dejara ahí, por lo menos hasta que ella fuese atendida.

-Señor oficial, mi esposa tiene mucho dolor y está esperando ser atendida, además que tiene mucho frio, por favor déjeme estar aquí mientras la acompaño-

El guardia se enfocó en la paciente que temblaba del frio, la sala estaba full de mujeres en el mismo estado, las observo a todas y volvio a mirar a Beatriz.

-Señorita, ¿tiene mucho dolor?-

El hombre uniformado se acerco a Abigail y le toco su vientre, acción que hizo que ella sintiera un dolor más intenso, su hija se movio de manera repentina y dolorosa.

-Si, me duele mucho, creo que ya va a salir-

-Venga conmigo, la llevare para que la atiendan-

Roberto cogió la pañalera y se dispuso a caminar con el oficial que ayudaba a Beatriz, pero el guardia a ver que los seguía, no dudo en reprenderlo.

-Joven, por favor entrégueme la pañalera, usted debe esperar a fuera del hospital, cuando la niña nazca una enfermera lo llamara para que la conozca-

Roberto le entrego la pañalera y vio como la espalda de su esposa desaparece por el pasillo, Beatriz camino junto al hombre, quien la condujo hasta una habitación y la acostó en una camilla.

El seria quien asistiría el parto de la mujer.

- ¿Qué haces? No eres médico-

-El medico ya vienes, debes relajarte-

Pero al ella sentirse en peligro y ver la mirada tenebrosa del hombre, sus dolores se intensificaron cada vez más, ella gritaba por los fuertes cólicos, el hombre se subió las mangas y se dispuso a ayudarlas, ella pujo en repetidas ocasiones hasta sentir que la pequeña ya venia saliendo, un llanto anunciando la llegada de una criatura al mundo invadió toda la habitación, el hombre se la coloco a un lado para que la besara y luego desaparición para más nunca volver.

Beatriz estaba débil y de repente cayo en un sueño profundo, ella solo pudo ver a su pequeña de cabellos dorados una vez en su vida, fue solo un instante.

Los médicos de guardia se percataron que había una mujer desangrándose en una habitación sola, el hombre, aunque había asistido el parto, él no era médico y no había tenido los cuidados adecuados, sin embargo, él había cortado el cordón umbilical correctamente.

Nadie sabia quien era la mujer que estaba tirada en esa cama de hospital, los médicos la atendieron de emergencia y la llevaron a una sala de recuperación.

Mientas tanto Roberto estaba afuera de las instalaciones preocupado, ya había amanecido, él tenía seis horas ahí y todavía no tenia respuestas de su mujer, así que decidió acercarse hasta la recepción del lugar.

-Buenos días Señorita, por favor podría darme información de mi esposa que entro en trabajo de parto anoche y aun no me han llamado-

La mujer delante de la pantalla volteo al verlo, ella comia goma de mascar de una manera desagradable, su mirada era de molestia al atender a casa persona que llega hasta ahí.

-¿Cuál es el nombre de su mujer?-

-Mi esposa Beatriz Montero- molesto.

La mujer lo miro y bajo sus gafas para buscar en el sistema el nombre de la paciente, pero era imposible conseguir su nombre por ningún lado.

-No hay ninguna paciente con ese nombre-

Roberto se imagino lo peor, solo podía pensar en los Domínico sacando a su mujer del lugar, su desespero fue tan grande que el sintió morir y con agonia, intento entrar a las instalaciones a la fuerza, pero fue detenido por la policía que estaba presente por alguna razón que el desconocía.

Los médicos de guardia habían llamado a la policía, necesitaban reportar el caso que se estaba desarrollando arriba en las instalaciones del hospital.

Beatriz se había despertado y mientras miraba a su alrededor un poco desorientada, un medico se acerco a ella para revisar sus signos vitales.

-Señorita buenos días, ¿se siente bien?-

Ella asintió y siguió mirando a su alrededor, estaba en una sala común, en donde había muchas camas y al lado de cada una de ellas estaba una cuña pequeña, fue ahí donde ella reacciono y sus ojos se abrieron de par en par.

-¿Dónde esta mi hija? Ese hombre se la llevo-

Ella estaba colorada por los nervios y la angustia que sentía al recordar como ese hombre se llevaba a su hija.

-¿Cómo te llamas?-

El medico insiste en saber de ella y ella solo quería saber el paradero de su pequeña hija.

-Mi nombre es Beatriz, por favor, ¿podría decirme donde esta mi hija?

Pero el medico no tenia respuestas a su pregunta...

Capítulo 2 Saliendo con un gran vacío.

-Beatriz quiero que me mires a los ojos, no tengo la necesidad de mentirte, realmente te encontramos en un área alejada de la sala de parto, no sabemos qué hacías ahí, pero tienes razón en tus palabras y te creemos, te atendí al momento y tu desgarre fue grande, además que tu placenta seguía dentro de tu cuerpo, te cuidamos y ahora estás estable, pero no sabemos dónde está el bebé que diste a luz, además que no tienes ningún registro de haber sido ingresada-

Ella lo miraba fijamente a los ojos, realmente no veía mentira en ellos, pero por que su cerebro aún no podía reaccionar a lo sucedido, ella estaba en shock, vio al hombre uniformado que la atendió, además el dejo que ella sintiera a su hija, pero por que ella no estaba ahí, sus preguntas no la dejaban reaccionar, el médico al percatarse de que ella estaba en un estado de trauma, decidió hablar nuevamente.

-¿Entiendes lo que te digo? No sabemos dónde está el bebé- el termino de hablar y fue ahí donde ella se fue en llanto.

Un fuerte grito de la mujer asustó a todo el personal, era solo una niña aprendiendo a ser mujer, Beatriz sujeto con fuerza la bata del médico hasta romperla, ella estaba fuera de sí, era una mujer en un estado de desesperación, tiro todo lo que estaba a su alrededor, se arrancó las vías, su estado era miserable, el dolor de una madre al perder a su hijo no tenía explicación, pero más aún cuando no tenía un cuerpo a quien llorarle, la pequeña de cabellos dorados había desaparecido, el hombre no le dio la oportunidad de mirar sus ojos al menos.

El médico miró a la enfermera, y en un intercambio de miradas inmovilizaron a Beatriz, debieron sedarla y esperar que un familiar apareciera, sus manos y pies fueron atados a la baranda de la camilla con tiras de la misma sabana que habían rasgado entre la pelea que se vivió un momento atrás.

El médico molesto salió hasta la recepción en donde se encontró con otro escándalo, Roberto luego de ser neutralizado por los policías que fueron llamados anteriormente para resolver el caso de la beba perdida, el hombre se volvió a alterar al escuchar la voz de su mujer, él era un joven deportista, su fuerza era bruta y más en una situación por la que estaba pasando, era su esposa y su hija las que estaban en peligro al parecer.

-¿Que estás sucediendo aquí? - con el cabello despeinado y sudado por todo lo vivido con la mujer alocada.

Un policía se acercó para dar un informe de lo que estaba sucediendo, era dos escenarios y todos estaban cansados, neutralizar al joven no fue tan fácil como lo creían, ellos también habían sudado mucho.

-Este hombre ha venido preguntando por su esposa y su hija, al parecer es el esposo de la mujer desconocida-

Solo basto que el policía dijeras dichas palabras, para que las pupilas de Roberto se dilaten y su fuerza descomunal saliera a flote, él se abalanzo encima de médico, lo sujetó con fuerza por la bata en busca de respuestas.

-¿Dónde está mi esposa y mi hija? - Roberto sudaba y su rostro estaba rojo por la molestia.

El médico no lo podía creer, la pareja había arremetido en su contra de la misma manera, no cabía duda que eran unos delincuentes sin educación.

-Le pido que me respete y me suelte, aparte de ser médico soy un hombre mayor, y usted no es más que un chiquillo sin educación- con molestia y de forma despectiva se refirió al Roberto.

El médico tenía toda la razón, él se había preparado por muchos años hasta obtener su título, era una humillación que lo trataran a los golpes.

Con rabia y odio en los ojos Roberto lo soltó, los policías lo debieron esposar.

-La mujer se encontró en una habitación alejada de la sala de parto, es cierto que dio a luz, ¿Dónde está el bebé? Es la misma pregunta que nos hacemos, les pido que investiguen a la pareja- el médico habló mirando al policía a cargo, luego volteo su rostro hacia Roberto -tienes dos opciones, calmarte y llevarte a tu esposa o ir preso por agresión hacia un profesional-

Roberto no tenía más opción, así que asintió para darle la razón al médico, él necesitaba resolver su situación.

-Doctor, ¿podría ayudarme a conseguir a mi hija?- dichas las palabras, el médico volteo a verlo.

-Eso es trabajo de la policía, te aconsejo conseguir las grabaciones de los establecimientos cercanos, por que el hospital no tiene cámaras de seguridad en ningún lugar, espero puedas resolver tu caso-

Dichas las palabras le dio la espalda y siguió su camino, aún tenía mucho trabajo de guardia, era triste y lamentable la historia que habían vivido, nunca en su guardia le había sucedió, ¿Quién podría separar a un bebé recién nacido de su madre?

Los policías llevaron a Roberto hasta la comisaría, él debía formular una denuncia por la desaparición de su bebé, él no se sentía bien con la situación que estaba viviendo, algo no cuadraba con los policías.

En una habitación estaba el detective a cargo de su denuncia, quien miraba con desprecio al joven.

-Y dígame, ¿Cómo sucedió la desaparición del bebé? - una mirada de superioridad trataba de intimidar a Roberto, pero le faltaba más que eso para intimidar a un joven con una gran madurez.

-¿Cómo cree que podría saberlo? No he podido ver a mi esposa, esas preguntas las debería hacer al personal del hospital- el estaba molesto, eran en el hospital donde tenían que investigar.

Pero las palabras sugeridas al detective no fueron recibidas con agrado, ese joven no era más que un mal educado, le gustaba entrometerse en el trabajo de los grandes.

-¿Me estás diciendo que hago mal mi trabajo? Tu comportamiento no ayudará en la búsqueda de tu hija-

Las palabras fueron un puñal en el corazón del joven que no tardó en alzar su puño y arremeter en contra del detective, basto solo una oración para el entender que su hija fue secuestrada por personas poderosa, el alboroto fue grande y los policías a cargo le cayeron encima hasta el punto de golpearlo y dejarlo tumbado en el piso.

El detective trono su mandíbula y se dio cuenta que su rostro fue destrozado por un chiquillo sin dinero ni educación, así que actúo con traición, pateando el cuerpo que yacía tirado en el piso, Roberto contrajo sus músculos y aguanto la golpiza, el detective sació su rabia y antes de salir escupió al hombre con saliva y palabras.

-Lo mejor para ambos será desaparecer y olvidar que un día tuvieron una hija-

El hombre salió de la habitación en donde estaban encerrados, Roberto no era tonto, todo esto se debía a la relación que él llevaba con su esposa, ellos hicieron enojar a muchas personas poderosas, sin embargo, ellos lucharon hasta el final ¿pero a qué precio? Perdieron a su hija en mano de un impostor que fingió ayudarlos y todo por el no tener como pagarle una atención digna a su esposa.

Nadie lo estaba reteniendo en el lugar, le dejaron muy claro cuál sería la única salida para ellos, pero como le dices a una mujer que llevó por nueve meses a su hijo dentro de su vientre, que ya no hay un bebé, que tu hijo está en manos de personas malas, que no sabes como la trataran solo por el simple hecho de ser tu hija, como olvidar cada movimiento y el crecimiento de tu cuerpo, él necesitaba volver por Beatriz antes que cayera en mano equivocadas también.

Roberto se levantó y salió con el dolor intenso en su cuerpo por los golpes, él llegó al hospital y el médico al verlo no evitó ayudarlo, Roberto cayó en los brazos del hombre al que había agredido unas horas atras.

No era un área para atenderlo a él, pero esa golpiza no fue hecha por un solo hombre, el mismo sufrió por la fuerza del joven anteriormente, sabía muy bien que, si hubiese sido una pelea justa, el habría ganado sin duda alguna.

Roberto fue trasladado a la otra ala del hospital, tenía cuatro costillas rotas y su cuerpo totalmente molido a golpes.

Era un caso de abuso de poder, no era el primero que el médico presenciaba, le dio mucha lastima ver a una pareja tan joven sufrir la pérdida de su primer hijo, pocas parejas salían juntas adelante después de un golpe tan fuerte, las mujeres presentaban depresión y los hombres normalmente escondían todo su dolor, ellos necesitan de terapia sin duda alguna.

Dos días después estaba una pareja saliendo del hospital con las manos vacías, ellos llegaron con su bebé en el vientre y salieron con la tristeza más grande en sus corazones, Beatriz estaba bien de salud, pero Roberto tenía todo su pecho vendado, necesitaban sanar física y mentalmente por el bien de ambos.

Capítulo 3 Un corazón a media máquina

Una pareja destruida psicológicamente, Beatriz con lágrimas en sus ojos ayudaba a su esposo que sufría por los intensos dolores, los analgésicos podrían aliviar el dolor de los golpes, pero no el dolor del corazón, un corazón que estaba roto y jamás volvería a ser el mismo, a ese corazón le faltaba una pieza que se había perdido o, mejor dicho, se la habían robado.

Ellos caminaron hasta la parada de bus más cercana del hospital, ella no sabía conducir y él no podría hacerlo, aunque lo quisiera hacer, su mente estaba bloqueada, dejaría el auto allí estacionado y luego volvería por él.

-Amor camina lento, no quiero que te lastimes- ella solo quería ser comprensiva con su esposo, pero el dolor era de ambos.

-Estoy bien, no te preocupes- con una mirada dulce el pudo aliviar la preocupación de su esposa por un momento.

Ellos viajaron hasta su pequeña casa, Beatriz estaba por abrir la puerta, cuando se sorprendió al escuchar un auto estacionarse detrás de ellos, era un auto negro de lujo y vidrios arriba, no debía de ser adivina para saber de quienes se trataba, su madre bajó desesperada buscando darle un abrazo de consuelo, sin embargo, lo que recibió fue una mirada de odio y desprecio, seguido de más de una palabra.

-Hija por favor perdóname, nunca debí dejarte sola, te necesito- con lágrimas de tristeza en sus ojos, lágrimas falsas y llenas de hipocresía.

Ella terminó de abrir la puerta para volver a sujetar la mano de su esposo, ellos seguían siendo uno solo, no dudo en responderle a su madre, no sabía quién estaba detrás del secuestro de su hija, pero no dudaba que fue su familia.

-Aléjate de mí, no te atrevas a tocarme más nunca en tu vida-

La firmeza y la determinación con que Beatriz le habló a su madre fue impactante, ella a pesar del rechazo de su familia y el destierro por un año entero, nunca fue grosera o desobediente, pero ellos habían llegado al límite con secuestrar a su hija, golpear a su esposo y darle la espalda en un momento que para ella era el más importante y terminó siendo el más difícil y trágico.

La mirada de Erika solo mostraba confusión, como cualquier mujer de dinero molesta por las palabras de su hija, ella miró fijamente al joven y no dudó en descargar su furia sobre él.

-No has hecho más que destruir la vida de mi hija, mira en lo que la has convertido, una mujer grosera y vulgar, no fuiste ni capaz de cuidar de ella y su bebé, además la tienes viviendo en este cochinero de mala muerte-

Punto menos para Erika, ella estaba insultando a la pareja de su hija, Beatriz era como una leona recién dada a luz, y no dejaría que nadie se atreviera a meterse con ningun integrante de su núcleo familiar, más allá del secuestro de su pequeña hija, Roberto era un joven maduro, ejemplar y respetuoso, de no haber sido por la maldad de las personas, él hubiese demostrado ser un padre ejemplar, no cabía duda alguna.

-Ve con tu veneno a otro lugar, estas equivocada Erika, me dieron la espalda pensando que volvería con ustedes por dinero, pero están equivocados, la vida no se trata de lujos, estoy más que segura que es él, mi lugar seguro y mi felicidad, encontrare a mi bebe, aunque sea lo último que haga en esta vida-

Ella terminó sus palabras y cerro la ceja de su casa, terminando de ayudar a su esposo que se mantuvo en total silencio durante toda la discusión, el era un joven bien educado por su madre, no le faltaría el respeto a una mujer, y menos a una persona mayor, Erika quedó detrás de la reja como una olla de presión a punto de explotar, esa muchachita se le había salidos de las manos, y nadie supo en qué momento fue, aunque la tenían bien vigilada desde pequeña, los encuentros con Roberto fueron inevitables, a tal punto de casarse el mismo día que cumplió la mayoría de edad.

Beatriz ayudó a Roberto, subir cada escalón era un martirio para ambos, aun así ella estaba más saludable físicamente que él, se subieron sobre la cama y ambos se quedaron dormidos, ellos estaban cansados y tristes, la depresión los estaba consumiendo.

Unas horas más tardes ella despertó por el dolor en sus pechos, no pudo evitar subir sus manos hasta su boca y ahogar un llanto, era doloroso saber que su hija tenía hambre en ese momento y ella no podría alimentarla, Roberto se despertó al escuchar el suave sonido que era perturbador, ella apretaba su estómago mientras lloraba suavemente a un lado de la cama.

-No vuelvas a llorar sola, somos un equipo y la carga podemos compartirla, ven acá mujer-

Ella con cuidado se metió a un lado de su pecho y el llanto se fue intensificando más y más, ambos lloraron por un largo rato, ella se levantó en busca de un envase en donde poder ordeñar sus pechos cómodamente, pero ver como la leche sería desechada le dolió aún más en el alma.

-Me duele demasiado, no encuentro consuelo alguno-

Ella habló suave y el no entendía sus palabras, ¿acaso le estaba doliendo mientras se ordeñaba los senos? -

-¿te duelen los senos? -

Ella lo miro y hizo una suave mueca con sus labios, en ella apareció una sonrisa forzada, ahí entendió que él estaba perdido en sus propios pensamientos.

-No mi vida, me duele el corazón, el secuestro de nuestra hija me ha dejado vacía por dentro- sus lágrimas caían como cascadas mientras vaciaba uno a uno sus senos.

-Me siento culpable, debí dejarte ir con tu familia, debí ser más hombre y capaz de darte una estabilidad- el negaba con la cabeza, era el dolor de una herida abierta, una herida que no iba a sanar jamás.

-Mírame Roberto Montero, eres todo lo que he deseado en esta vida, has sido el hombre más valiente que he conocido en la vida, un esposo respetuoso y un gran amante, lo que nos ha sucedido fue a causa de personas malas, personas que no son felices con sus vidas y andan arruinando la de los demás, vamos a encontrar a nuestra hija y de eso estoy segura- dichas las palabras deposito un tierno besos en sus labios.

-Aún después de todo, ¿quieres seguir conmigo? -

Ella lo miró con disgusto, ¿acaso su hombre se había vuelto bruto por la golpiza?

-Juré que sería tu esposa hasta que la muerte nos separe, y así lo será, descansa que iré en busca de comida a la cocina-

-Ve, ya te alcanzo-

Los jóvenes estaban demostrando ser fuertes y maduros, de nada valía derrumbarse en una cama, ellos necesitaban recuperar sus fuerzas y salir en busca de su hija, no perderían nunca las esperanzas de conseguirla.

Beatriz fue a cocinar algo rápido, y Roberto con mucho dolor en su cuerpo cargo el colchón de la cama hasta la planta de abajo, ellos en ese estado no podían subir y bajar las escaleras, era una casa pequeña y era mejor convivir en la planta de abajo, así fuese en mal estado, no era higiénico ni bonito a la vista tener que dormir en el piso de la sala, ella a verlo hacer tanta fuerza se preocupó, no quería perder a su esposo por un mal golpe.

-Basta deja eso ahí, no tienes necesidad de hacer todo ese esfuerzo- ella lo miró molesta.

Pero a él no le importo, siempre buscaría la comodidad de su esposa, y el subir y bajar las escaleras no era cómodo en este momento, el volvería a subir el colchón cuando fuese necesario, de lo contrario ella debería aguantar sus locuras.

-No hay necesidad de molestarse, ya tenemos más comodidad, no te enfades con este hombre enamorado que haría cualquier cosa por verte feliz y cómoda-

Ella forzó una sonrisa y lo invitó a comer, ellos empezarían una pequeña rutina hasta recuperarse.

Al otro lado de la ciudad se desarrollaba una discusión, un hombre con mucho poder y un delincuente discutían por la irresponsabilidad de un trato mal ejecutado.

-Este no fue el trato, quedamos en secuestrar a la pequeña y luego me pagarías mi parte completa, yo cumplí y quiero mi dinero-

-Y así será, ¿Qué te hace dudar de mi palabra? -

Una nube de humo se esparce por toda la habitación, el olor a tabaco era intenso, aún más que la discusión que se desarrollaba en esas cuatro paredes, el delincuente quería su parte del dinero para disfrutar de la buena vida.

-Señor no soy niñero, llevo varios días cuidando de la pequeña, vea que hace con ella y necesito mi dinero ya mismo-

El hombre se levantó molesto de la silla, nadie le hablaba de esa manera altanera y grosera, no cabía duda que lo haría pagar por su falta de respeto, nadie tenía el derecho de decirle que hacer, eran sus planes y él era quien decidía cuándo un trato se culmina.

-Llévate a la niña y la matas, dejas su cuerpo tirado en cualquier lugar, o mejor lanza su cuerpo al mar, ve que haces con esa bastarda, ahora toma y lárgate que no soporto tu presencia- el hombre le lanzó un morral lleno de dinero, era una cantidad razonable por su trabajo ejecutado.

El delincuente salió feliz por una parte y por otra nervioso, él era un delincuente de alta categoría, pero nunca atentaría en contra de un niño y menos uno recién nacido, era tan diferente al resto de los delincuentes, que odiaba el humo del tabaco, la orden era desaparecer a la niña, nadie la había visto, no tenían foto y dudaba que los medios de comunicación le dieran fuerza a la denuncia.

Decidió viajar lejos y dar en adopción a una familia que él conocía muy bien, se criaría lejos de la ciudad y como toda familia humilde, vivirían en un mundo distinto al de los ricos, jamás podrían reconocerla y sería imposible que la niña se encontrará con sus verdaderos padres.

Su viaje fue largo y tedioso, para su sorpresa la mujer a quien le entregaría en cuidado de la niña estaba recién dada a luz, era un punto a su favor, ella al recuperarse del parto que había sido en su casa, correría a presentar a la pequeña, les dejo una fuerte cantidad de dinero y luego partió a un mejor lugar, la niña no tendría lujos, pero estaba seguro que ella estaría llena de amor y cuidado.

La avaricia y el dinero jugo en su contra, pues estando en una playa de vacaciones juntos a dos mujeres hermosas, la muerte había llegado repentinanmente, la misma persona que le pagó por secuestrar a la niña, pagó para que lo asesinaran, él era el único que sabía dónde estaba el cuerpo de la pequeña, los tiempos cambiaban rápidamente y por el dinero baila el mono, podría hablar más adelante, además que el debía pagar por la ofensa de aquella noche en que le levantó la voz, los hombres de dinero no olvidan ni perdonan.

Y la orden del secuestro se dio con un simple propósito, hacer sufrir por el resto de la vida a Beatriz, ella nunca recuperará a su hija luego de muerta, un cargo de conciencia que tanto ella y su esposo llevarían hasta el final de sus días.

Los días fueron pasando y Beatriz la hermosa joven y heredera de la familia Domínico, desapareció de la faz de la tierra.

Un corazón herido y latiendo a media máquina se refugió en los brazos de su esposo, los Montero se marcharon de la gran ciudad en donde perdieron a su pequeña hija a manos de personas malvadas y sin corazón, ellos cada noche rezan una pequeña oración en donde le pedían a Dios que cuidara de su niña que ahora era una señorita.

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