¿Alguna vez has sentido que tu mundo gira tan vertiginosamente que piensas que no va a detenerse?
La sonrisa de Ahmed iluminaba su rostro mientras observaba a Aisha y a sus hijos sumidos en la diversión del parque temático, para ella, lograr convencerlo de viajar a Estados Unidos representaba una pequeña victoria sobre las arraigadas tradiciones que los rodeaban, era un deleite poder escapar, aunque fuera temporalmente, de las agobiantes responsabilidades.
-Gracias, amor, nuestros hijos aún son pequeños, pero disfrutan enormemente esta experiencia-Aisha le dio un tierno beso, Ahmed sonrió, los pequeños aplaudieron al verles.
Tres hermosos hijos eran el fruto del gran amor que se prodigaban, Fariye y Mohamed habían cumplido ya cuatro años, el pequeño Ahmed tenía solo uno, pero a paso lento ya caminaba detrás de sus hermanos.
La pareja era plenamente consciente de lo afortunados que eran por tenerse el uno al otro, Ahmed agradecía profundamente a Alá por la familia con la que había sido bendecido.
-Jamás terminaré de agradecerte la dicha y felicidad que me has regalado todos estos años -pronunció Ahmed con gratitud, mientras depositaba un tierno beso en las manos de la mujer que ocupaba su corazón.
En ese preciso instante, la nana se aproximó con discreción para llevar a los pequeños junto a Basima, la orgullosa abuela que, con una sonrisa amorosa, se dispuso a llevarlos a disfrutar de un delicioso helado.
Ahmed y Aisha los observaron alejarse, permaneciendo abrazados, sumergidos en la calidez de su amor, sin embargo, de pronto, un gesto
de asombro apareció en el rostro del árabe, Ahmed soltó a su esposa para avanzar unos cuantos pasos.
-¿Ocurre algo, Ahmed? Contesta, por favor. -Aisha se acercó rápidamente tras él, observándolo con preocupación mientras él parecía ignorar su presencia.
El semblante de Ahmed reflejaba una mezcla de sorpresa y dolor, como si estuviera contemplando algo que desafiaba toda lógica.
-No puede ser, esto debe ser una ilusión, un sueño del cual aún no he despertado -murmuró con incredulidad.
Aisha tomó la mano de Ahmed, intentando reconfortarlo.
-Amor, por favor, háblame, me estás asustando -imploró, sintiendo la inquietud crecer en su pecho.
Pero Ahmed parecía estar bajo el influjo de algún hechizo, soltó su mano, fue la primera vez que Aisha sintió de él rechazó, el árabe avanzó unos pasos más, hasta detenerse frente a una mujer que lo miraba fijamente con sus intensos ojos verdes.
-Estás aquí, ¿Cómo puede ser esto posible? -Preguntó con un hilo de voz apenas audible.
En ese momento, Aisha contempló a la hermosa mujer de cabello rojizo que estaba frente a su esposo, y al escuchar la vehemente pregunta de Ahmed, comprendió de repente lo que estaba pasando, un escalofrío recorrió su espina dorsal mientras sentía cómo su sangre se helaba en las venas.
Ahmed alzó su mano, con el deseo de asegurarse de que aquello no era más que un sueño, pero ante él estaba la figura real de la mujer de cabellos rojizos.
-Ahmed, soy yo, lo siento -dijo la mujer, con un matiz de pesar en sus palabras.
El corazón de Aisha latía desbocado en su pecho, y por un instante, pensó que su cuerpo no podría sostenerse más y desfallecería, sentía que el aire que respiraba no llenaba sus pulmones, era como si el piso a su alrededor se estuviera hundiendo.
-¿Por qué? -Ahmed balbuceó con angustia, mientras las palabras parecían arder en su garganta, buscando desesperadamente una explicación que le permitiera comprender lo que estaba sucediendo.
-Lo siento, en verdad lo siento -pronunció la mujer con lágrimas en sus ojos, mientras su mirada se encontraba fijamente con la de Ahmed.
En ese instante, Ahmed pareció olvidar por completo la presencia de Aisha y se acercó a la mujer tomando su mano, deseaba hablar con ella en un lugar más privado.
Aisha se quedó paralizada, incapaz de moverse o pronunciar palabra, no pudo decir nada cuando la mujer y su esposo pasaron a su lado.
Pronto, Basima y la nana regresaron con los pequeños, ajenas al drama que se había desplegado, Basima notó la ausencia de su hijo.
-Mamá, ¿Quieres probar mi helado? -Aisha volteó a ver a su pequeño hijo, sin contestar de inmediato, luchando por contener las lágrimas que amenazaban con escapar en cualquier momento.
-No, mi amor, se ve delicioso, pero yo comeré uno más tarde. -Dijo con la voz quebrada por aguantar el llanto.
Basima, era una mujer experimentada, notó enseguida que algo estaba sucediendo, con prudencia, llevó a los pequeños hasta una mesa y pidió a la nana que se quedara con ellos.
-Hija, ¿Qué ocurre? Por el semblante que presentas, parece como si hubieras visto un fantasma, ¡Habla, por Alá! ¿Dónde está mi hijo? No puedo verlo por ningún lado -exclamó Basima, preocupada.
Aisha hizo un esfuerzo para encontrar las palabras adecuadas, pero su voz parecía negarse a salir, la ansiedad se apoderaba de ella, y su corazón latía acelerado dentro de su pecho, sin embargo, trató de tranquilizar a su suegra.
-Estoy bien, madre, no se preocupe, Ahmed regresará en un momento -dijo con un tono forzado, intentando ocultar sus emociones.
Aisha decidió no contar lo que estaba sucediendo, no le correspondía hacerlo, se sentó junto a sus hijos intentando distraerse.
Basima la miró con inquietud, percibiendo que algo importante estaba ocurriendo, su instinto de madre le indicaba que algo estaba sucediendo.
En una mesa del interior del restaurante, Ahmed se encontraba sentado frente a la mujer pelirroja, quien aún no respondía a sus preguntas, solo lloraba.
-¿Dónde están mis hijos? Por Alá, Lyna, debes decirlo -rogó desesperado.
-Están con mis padres en un hotel cercano -respondió finalmente Lyna, conteniendo su llanto.
-Entonces, vamos, necesito verlos -insistió Ahmed, desesperado por reunirse con ellos.
Por un momento, Ahmed había olvidado todo lo que lo rodeaba, su único deseo era estar con sus hijos.
-Los verás, pero antes debemos hablar seriamente -declaró ella, logrando componerse.
-Habla, dime en dónde demonios has estado todos estos años, ¿Cómo fuiste capaz de hacerme creer que habían muerto? -exclamó Ahmed, sintiendo una mezcla de furia y dolor.
Con voz temblorosa, Lyna compartió lo sucedido, aquel día en que lo vio en su oficina con otra mujer, fue un golpe devastador para ella.
-Ese día sentí que mi corazón se desgarraba, Ahmed, no pude soportarlo, sabía que me engañabas, pero fue demasiado doloroso verlo con mis propios ojos, me sentí traicionada y destruida -confesó Lyna, luchando contra el dolor que le embargaba el alma.
-Lo siento, créeme que me he pagado con creces haberlo hecho. -Había un tono de amargura en la voz de Ahmed, en su mente y en su corazón se agolpaba un torbellino de sentimientos.
-Jamás abordamos ese avión, interceptaron nuestro auto antes de llegar al aeropuerto -susurró Lyna con voz temblorosa.
El semblante de Ahmed se tornó aún más pálido al escuchar aquellas palabras, pero Lyna continuó con su relato, incapaz de contener las emociones que inundaban su corazón.
-No supe qué estaba ocurriendo, tenía tanto miedo, sometieron a los guardaespaldas, bajaron al chofer y otro hombre tomó su lugar al volante, nos ordenaron bajar la mirada y no mirarlos directamente, debíamos guardar silencio, de lo contrario, amenazaron con atarnos, sentí a nuestro pequeño hijo temblar de miedo, y nuestra hija, siendo tan pequeña, no entendía lo que estaba sucediendo.
-¡Por Alá! No puedo ni siquiera imaginar lo que has tenido que soportar junto a nuestros hijos durante todos estos años -susurró Ahmed, abrumado por la angustia, Lyna asintió con tristeza.
-Nos llevaron a un lugar apartado, fuera de la ciudad, cuando finalmente bajamos, me sorprendí enormemente al ver allí a tu hermano.
-¿Arkham? -Ahmed dejó escapar el nombre de su hermano con incredulidad.
-Quién más podría haber urdido algo así, sabes bien que jamás pudo perdonarnos el haber contraído matrimonio, tus hijos y yo pagamos caro el precio por el odio que tu hermano sentía por ti -susurró Lyna con pesar, recordando todo lo sucedido en el pasado.
-Pero él estuvo en Dubái, no entiendo cómo pudo llevar a cabo algo tan atroz.
-Regresó poco después, por suerte pude encontrar una manera de escapar junto a nuestros hijos, uno de sus guardias personales me ayudó.
-¿Por qué no regresaste a mi lado? -inquirió Ahmed, sintiendo urgencia por comprender las razones detrás de las decisiones de Lyna.
-Seré completamente sincera contigo, Ahmed, estaba profundamente herida por lo que me hiciste, además tenía un gran temor, Arkham amenazó con quitarle la vida a nuestros hijos si me atrevía a escapar, no estaba enterada de su muerte hasta hace poco menos de un mes, en cuanto lo supe, busqué refugio con mis padres.
-¿Ellos estaban al tanto de lo ocurrido? -preguntó con desconcieto.
Lyna asintió, dejando que las lágrimas brotaran por sus ojos mientras respondía con sinceridad.
-Sí, lo estaban, mis padres también sufrieron por el peligro que nos acechaba, han sido una gran fortaleza para mí, apoyándome en los momentos más oscuros, logré comunicarme con ellos poco después de escapar, pero les pedí guardar silencio, nuestras vidas estaban en peligro.
-Es sumamente difícil escuchar todo lo que me estás contando -susurró Ahmed, con el corazón apretado por las emociones encontradas.
-¿Quién es esa mujer que estaba junto a ti? -preguntó Lyna, mirándolo directamente a los ojos, aunque fingió no saber, había estado pendiente de todo lo que ocurría con él desde que se convirtió en Jeque.
Ahmed bajó la mirada, sin poder evitarlo, y comenzó a jugar nerviosamente con sus manos.
-Lyna, fueron demasiados años, creí que habías muerto, sufrí en silencio durante mucho tiempo -confesó él, tratando de explicar lo que había vivido en su ausencia.
-Ahmed, no es necesario que des tantas vueltas, solo dilo -le instó ella, mientras Ahmed sentía que su corazón se partía.
-Es mi esposa, lo siento, Lyna -respondió Ahmed, finalmente admitiendo la verdad, pudo ver que en el rostro de Lyna se reflejaba el sufrimiento.
-¿La amas? -preguntó, deseando escuchar la respuesta honesta de su aún esposo, deseaba con todo el corazón escuchar que su corazón aún le pertenecía por entero.
Incapaz de pronunciar palabra, Ahmed solo respondió moviendo ligeramente la cabeza de forma afirmativa, sus sentimientos estaban enredados en un mar de confusión y contradicciones, su mente se debatía entre el pasado y el presente.
Al alzar la mirada, pudo ver que Lyna otra vez lloraba, se sintió como el peor de los hombres, la estaba haciendo sufrir de nuevo.
-Debo irme, pero te dejaré mi número de teléfono, es mejor que no vayas ahora, tengo que preparar a nuestros hijos para esta situación, les he hablado de ti todo este tiempo -dijo Lyna, mientras que Ahmed al escucharla se levantó apresuradamente, no podía permitir que ella se alejara nuevamente, temía perderlos a todos una vez más.
-Respetaré tu voluntad y no iré en este momento, créeme, será difícil porque muero de ganas por verlos, Zafir te acompañará, él estará a su lado a partir de ahora -respondió intentando mantenerse sereno.
-No me iré de nuevo, Ahmed, no ahora que Arkham ha fallecido. -Lyna sabía perfectamente que sería inútil negarse a que Zafir fuera con ella.
Sin perder tiempo, Ahmed tomó su teléfono para llamar de inmediato a Zafir, minutos después, acompañó a Lyna hasta la salida, había tantas cosas inconclusas entre ellos.
Observó a la pelirroja mujer subir a la camioneta y se quedó estático mientras la veía alejarse, en ese instante, recordó a Aisha y se reprendió mentalmente. ¿Cómo pudo olvidarla? No podía creer que lo había hecho.
A paso lento regresó hasta dónde su esposa se había quedado, al llegar, el árabe volteó a verla, ella desvió la mirada, él se sintió apenado por su comportamiento, sobre todo por haberla ignorado, después volteó a ver a su madre, ella jamás había aceptado a Lyna, y no creía que lo hiciera aunque hubieran pasado todos esos años, de pronto la voz de Basima lo sacó de sus pensamientos.
-Ahmed Khan Assad, ¿Qué es lo que está pasando? Debes decírlo de inmediato. -Más que una pregunta, era una orden de su madre, la obesa mujer lo miraba fijamente mientras mantenía sus manos sobre su cintura.
Basima lo notó extraño, aunque Aisha lo negara, algo grave estaba pasando, solo bastaba con ver la cara de su hijo para saberlo, a una mujer que había pasado por tanto como ella, no se le engañaba tan fácilmente.
Ahmed se sintió atrapado entre la lealtad a su esposa y la necesidad de explicar la situación a su madre, era consciente de que no podía ocultar la verdad por más tiempo, tampoco pensaba esconder a Lyna y a sus hijos.
-Madre, Aisha, necesitan tomar asiento. -Pronunció con pensar, se sentía feliz por el regresó de Lyna y sus hijos, pero sabía que el suceso tendría consecuencias en su relación con Aisha.
-Hijo, habla de una buena vez -Basima se sentó, mientras veía en el rostro de su hijo que estaba sufriendo, Aisha no pudo contener las lágrimas que lentamente comenzaron a resbalar por sus mejillas.
La nana se llevó de ahí nuevamente a los pequeños, el ambiente era muy tenso.
-Madre, Lyna ha regresado, ella ha vuelto.
Mientras lo decía volteó a ver fijamente a Aisha.
-Mi amor, lo siento, no sé cómo manejar todo esto el árabe cubrió con sus manos su rostro.
-¡Por Alá! Pero ella estaba muerta, kayf yumkin an yakun sahihan! (¡Cómo puede ser verdad! -La obesa mujer simplemente no podía creerlo.
-Es una larga historia que les contaré en otro momento, pronto podré ver a mis hijos.
Aisha pudo ver que el rostro de Ahmed se iluminó al mencionarlos, en ese sentido se sentía bien por él, había sufrido tanto.
Los tres guardaron silencio por un momento, sumidos en sus propios pensamientos, Basima fue la que rompió aquel silencio.
-¿Ahmed, sabes lo que significa esto? -él contestó moviendo la cabeza mientras bajaba la mirada.
Aisha no entendía a qué se refería Basima.
-Será mejor que regresemos al hotel, ordenaré que preparen el avión, por la mañana veré a mis hijos, después de eso regresaremos a Dubái de inmediato.
Aisha sentía la necesidad de hacer mil preguntas, pero decidió callar, no era el momento, ya tenía suficiente Ahmed con lo que estaba pasando como para importunarlo.
Regresaron al hotel en completo silencio, al llegar, la nana y Basima se llevaron a su habitación a los pequeños, sabían que ni Ahmed ni Aisha podrían concentrarse en cuidarlos, Basima se sentía disgustada, por su cabeza pasaban mil pensamientos.
Aisha se había ganado su cariño, cosa que Lyna jamás logró, tampoco fue como que le hubiera interesado acercarse a ella, más bien presionó a Ahmed para alejarlo, esa mujer había sido la culpable de que su hijo no estuviera junto a su padre durante sus últimos años.
En cuanto a sus hijos, ella sólo reconocería a los de Aisha, no dejaría que pasarán a segundo plano, el pequeño Mohamed sería el heredero del puesto de su padre en algún momento.
-Hubiera sido mejor que esa mujer en verdad hubiera muerto,
Después de decirlo recapacitó, Lyna había sido como una hija para la nana, la mujer moría de ganas por verla, al igual que a sus hijos, Abdel ya tendría trece años, y Antara nueve.
-Discúlpeme por lo que diré, pero no debería de decir eso, Antara y Abdel también son sus nietos.
-Lo siento, sé que les tiene un cariño especial, Lyna es como una hija para usted, pero su regresó provocará más problemas que alegrías a mi hijo, de eso estoy segura.
En la habitación de Ahmed, Aisha salió al balcón, dentro sentía que se asfixiaba, Ahmed la observó con la mirada perdida en el horizonte, se acercó y se colocó detrás de ella para abrazarla.
-Mi amor, lo siento, en verdad lo siento, sé que para ti debe de ser difícil todo esto.
-Lo es, no voy a mentirte, no sé a dónde nos llevará está situación, pero debes saber que me alegra que tus hijos estén vivos, has sufrido mucho por ellos, es una gran bendición que puedas tenerlos a tu lado de nuevo.
-Pase lo que pase, no quiero que dudes jamás que te amo -dijo mientras colocaba su cabeza sobre la espalda de la chica, así se quedaron durante unos minutos.
En otro lugar, Lyna hablaba con sus padres, tendría que hablar con sus hijos y no encontraba las palabras para hacerlo.
-Hija, ya sabías que Ahmed se casó de nuevo, era lógico que lo hiciera si pensaba que habían muerto.
-Sí en verdad me amaba no debió hacerlo -en un gesto de frustración, aventó al suelo todo lo que estaba colocado sobre la mesa, sus padres no dijeron nada, estaban acostumbrados a verla comportarse de esa manera.
-Ahora debes hablar con tus hijos, deben hacerse a la idea de que verán a su padre de nuevo.
-Para ellos será difícil comprender que su padre tiene otra esposa, y que tienen tres hermanos, Ahmed no lo ha dicho, pero lo he visto en las noticias, estoy decidida a recuperar el lugar que me corresponde, seré la primera esposa, y esa mujer tendrá que conformarse con ser la segunda, lo primero que haré, será echarla del palacio principal, ese lugar me pertenece y a mis hijos, Abdel será el heredero, es el primogénito, y aunque no les guste, nada podrán hacer para cambiarlo.
La pareja de ancianos se le quedaron viendo, su hija sería capaz de todo con tal de recuperar a su esposo, y el poder que significaba estar a su lado.
-Hice todo lo posible por alejarlo de sus padres, no tenía porque soportarlos, sabía que Ahmed sería el heredero, solo tendríamos que regresar cuando muriera el viejo.
-Pero fuiste tú la que decidió cambiar los planes, sí no hubieras decidido hacer lo que hiciste.
-No me arrepiento, estaba cansada de sus infidelidades, disfruté todos estos años lejos de él, y ahora que todo ha cambiado, tendrá que aceptar que he vuelto, además él no se enterara de lo que en realidad ha pasado.
-¿Y si te pide el divorcio?
-No se lo daré, de ningún modo.
-Podría repudiarte.
-Podría, pero no lo hará, sé siente culpable, esa es la gran ventaja que tengo sobre esa mujer, la culpa que Ahmed siente no permitirá que me niegue nada de lo que pienso pedirle.
-Debes de tener cuidado, hija, sabes que tendrás que acostumbrarte a sus tradiciones, eso es algo de lo que huiste en el pasado.
-Ya buscaré la manera de manejar todo eso, mi principal objetivo es deshacerme de esa mujer y de sus hijos.
Lyna pensaba que le sería fácil conquistar el amor de Ahmed de nuevo, estaba segura de su belleza, reconocía que la otra mujer era bella, pero para nada se podría comparar con ella.
En la habitación de Ahmed y Aisha, la pareja no podía dormir, se habían preparado un baño de agua tibia, intentando relajarse, pero era inútil, el árabe sentía una ansiedad terrible por ver a sus hijos, en cambio Aisha por primera vez desde que se habían casado, temía perderlo.
Era una mujer comprensiva que lo apoyaba en todo, los celos en su relación no existían hasta ese momento.
Había estado tentada a preguntar, quería saber que iba a pasar con su relación, pero no quería martirizarlo con eso, el sueño por fin se apiadó de ellos, habían pasado horas acostados frente a frente, viendose fijamente en silencio.
Por la mañana, cuando ella despertó, él ya no estaba a su lado, encontró la acostumbrada nota sobre su almohada, Ahmed había continuado con ese detalle, dejaba la nota cada vez que tenía que salir temprano.
-Regresó más tarde, recuerda que te amo.
Aisha no necesitaba que él explicara a dónde estaría, lo sabía perfectamente.
En el hotel dónde se encontraba Lyna, la mujer se había arreglado atractivamente, el árabe al verla no pudo evitar notar que los años parecían no haber pasado por ella, se veía tan hermosa como la recordaba, su largo cabello rojizo caía en ondas por su espalda, mientras sus enormes ojos verdes iluminaban su rostro.
-Hola -saludó mientras se aclaraba la garganta, ella se acercó para saludarlo con un rápido beso en la mejilla, estuvo tentada a besarlo en la boca, pero no se quería ver tan desesperada.
-Hola, pasa, ahora vendrán nuestros hijos.
Ahmed se sentía muy nervioso, por fin los vería después de tantos años.
Poco después entraron sus hijos acompañados de sus abuelos, Ahmed que se había sentado en la pequeña sala, se levantó de inmediato al verlos.
-Hijos, él es su padre, ya les he hablado de él todo este tiempo.
Ahmed los observó impresionado, habían crecido demasiado, Adbel a sus trece años era muy alto, muy parecido a Mohamed, los dos eran idénticos a su padre, su cabello castaño oscuro hacía resaltar el intenso color azul de sus ojos.
En cambio la pequeña Antara era idéntica a su madre, su cabello también era largo y rojizo, y sus ojos eran de un intenso color verde.
No pudo evitar que las lágrimas lo traicionaran, no era la imagen que quería dar, pero era imposible no hacerlo, enseguida dio un paso al frente para intentar abrazarlos, sus dos hijos dieron instintivamente un paso hacia atrás para evitarlo.
Ahmed sintió un profundo dolor en su corazón al observar el rechazo de sus hijos, suspiró profundamente, intentando comprender que para ellos, él era simplemente un extraño.
-Tienes que disculparlos, Ahmed, hijos, sé que es difícil para ustedes, pero saben que él es su padre.
-Lo siento mucho, padre -Abdel se disculpó inmediatamente, mientras que Antara guardó silencio mientras abrazaba un pequeño osito de peluche.
Ahmed decidió no presionarlos para no hacerlos sentir incómodos, permaneció en silencio, observándolos fijamente.
-Vayan un momento con sus abuelos, necesito hablar con su padre.
Sus hijos salieron detrás de sus abuelos, los padres de Lyna no fueron capaces de mirar a los ojos a Ahmed, por lo que se retiraron rápidamente, sin saludarlo ni siquiera de forma cortés.
-Parece que tus padres aún no han perdonado lo sucedido en el pasado.
Ahmed se sintió desolado mientras veía cómo sus hijos salían, una sensación de tristeza y nostalgia lo invadió, era un momento difícil para él, enfrentando su pasado y las consecuencias de sus acciones.
A pesar de todo, estaba decidido a recuperar el amor y la confianza de sus hijos, no importaba cuánto tiempo tomaría, sabía que necesitaría paciencia y comprensión, pero estaba dispuesto a hacer lo que fuera necesario para sanar las heridas del pasado.
-Debes darles tiempo, necesitan asimilar que estaremos juntos de nuevo.
Esas palabras resonaron en la mente del árabe, era lógico que Lyna quisiera estar a su lado, después de todo, para eso había regresado.
-Lyna, sabes que muero de deseos por tener a mis hijos a mi lado.
-¿Solo a nuestros hijos?
-Las cosas han cambiado. -Dijo con una débil voz, apenas audible.
-Lo que pasó no fue mi culpa, viví aterrorizada pensando que tu hermano podría encontrarnos, necesito estar a tu lado, aún estamos casados, quiero recuperar el lugar que me pertenece, soy tu primera esposa y deseo que se me dé ese trato.
Ahmed caminó de un lado a otro, intentando ordenar sus pensamientos que en ese momento se agolpaban en su mente por cientos.
Lyna, en un afán por presionarlo, se sentó frente a él y cubrió su rostro con sus manos, fingiendo llorar desconsoladamente.
-Lyna, lo siento.
-No necesito que te disculpes nuevamente, solo siéntate junto a mí y abrázame, abrázame fuertemente.
Ahmed lo hizo rápidamente, se sentó junto a ella y la abrazó, Lyna se regocijó internamente, él sintió la calidez de su cuerpo y aspiró su aroma que era el mismo que recordaba, pero se dio cuenta de que no despertaba en él un sentimiento que fuera más allá de culpa y remordimiento, se reprochó por eso.
Lyna rodeó con sus brazos el cuello del árabe, pero su intento de besarlo fue recibido con un rápido giro de rostro por parte de Ahmed, la pelirroja luchó por contener el estallido de furia ante su rechazo.
-Ahmed, te he extrañado tanto todos estos años, estoy dispuesta a olvidar todo lo pasado para poder estar a tu lado, te amo.
Un suspiro escapó de los labios de Ahmed, pero prefirió guardar silencio.
-Necesito saber que también me amas y que no me has olvidado, porque ahora que te he vuelto a ver, me he dado cuenta de que preferiría no vivir antes que alejarme de ti.
Ahmed retiró sus brazos, sintiendo un nudo en la garganta, si bien estaba acostumbrado a enfrentar situaciones adversas en su papel de Jeque, no sabía cómo lidiar con lo que estaba ocurriendo en ese momento.
-Viajarán conmigo a Dubái, eso es un hecho -dijo finalmente, buscando un camino intermedio.
El rostro de Lyna se iluminó con esperanza, consciente de que poco a poco Ahmed estaba cediendo a sus peticiones.
-Gracias, mi amor, te lo agradezco, pronto seremos la familia feliz que solíamos ser antes de que nos separaran.
Estuvo tentado a pedir que no lo llamara amor, que lo llamara por su nombre, pero no tuvo valor para hacerlo, Aisha se sentiría traicionada sí la escuchaba hacerlo.
-Deseo estar con nuestros hijos, pero es mejor no perturbarlos por ahora -continuó, sintiendo la necesidad de retirarse para aclarar sus pensamientos -Zafir se quedará con ustedes y los llevará al aeropuerto.
-Perfecto, arreglaré nuestras cosas de inmediato -respondió Lyna, abrazándolo con efusividad antes de dejarlo partir.
Una vez fuera, Zafir se acercó al jefe con cuidado, percibiendo la tormenta emocional en sus ojos.
-¿Todo bien, jefe? -preguntó con cautela.
-No, no puedo negar que mi mundo se ha puesto de cabeza-confesó Ahmed, suspirando -estoy atrapado en una maraña de emociones, amo a Aisha, ella es mi esposa, y siempre lo será, pero no puedo ignorar el afecto que siento por Lyna después de todo lo que ha pasado, se merece un lugar a mi lado.
Zafir optó por guardar silencio, consciente de la complejidad de la situación en la que su jefe se encontraba, sabía que al llegar a Dubai, se desataría un torbellino de acontecimientos, además de que tendrían que enfrentar los cuestionamientos de la prensa.
Lyna difícilmente podría ocupar el lugar que Aisha, con su amor y dedicación, se había ganado el amor de quien la conocía, estaba comprometida con numerosos eventos y lideraba asociaciones benéficas, siendo muy apreciada por la gente del pueblo.
En el hotel, Aisha había hecho una llamada urgente a su amiga Thara, ella y Campbell, tenían planes de viajar desde Nueva York para visitarlos, pero ahora tendrían que cancelar debido a la situación.
-Es difícil de creer, ¿Verdad? -le confesó Aisha a su amiga.
-Sí, es increíble respondió Thara, sintiendo la angustia de su amiga -pero sé que eres fuerte, y amas demasiado a Ahmed como para rendirte así, juntos, podrán superar esto.
-¿Cómo podría superarlo cuando ni siquiera sé qué implicaciones tendrá todo esto en nuestro matrimonio? - se lamentó Aisha, sintiéndose abrumada, quería gritar que temía perderlo, pero se obligaba a callar y ser fuerte.
-Debes tomar las cosas con calma -aconsejó Thara -hablaré con Campbell, lo convenceré de que viajemos a Dubai para estar a su lado, estoy segura de que querrá apoyar a Ahmed en este momento complicado.
-Gracias, amiga, te necesito aquí conmigo -agradeció Aisha.
-¿Has hablado con Caroline al respecto? -preguntó Thara con preocupación.
-Aún no lo he hecho -confesó Aisha.
-Debes hacerlo pronto -insistió Thara -será una noticia impactante para ella, y sabes que todo lo que te afecte, nos afecta a todas.
En ese momento, Ahmed ingresó a la habitación, y Aisha tuvo que despedirse apresuradamente de su amiga.
-Hola, amor, ya está todo listo para nuestro regreso -anunció Ahmed.
Perfecto, he arreglado nuestro equipaje, podemos partir cuando tú lo decidas -respondió Aisha, tratando de ocultar su tormento emocional detrás de una apariencia serena.
-Lo haremos después de desayunar, vamos a buscar a nuestros hijos -anunció Ahmed.
Juntos, se dirigieron hacia donde descansaban sus pequeños, Ahmed sintió cómo una oleada de culpabilidad lo invadía al ver a Mohamed, Fariye y el pequeño Ahmed, era un sentimiento poderoso y distinto al que experimentó cuando vio a Antara y Abdel, ahora comprendía que necesitaba recuperar todo el tiempo perdido con ellos.
-Papá, has regresado -exclamó la dulce voz de la pequeña Fariye, quien corrió hacia él. Ahmed la acogió con ternura entre sus brazos.
-Así es, preciosa, solo me fui por un momento -susurró, mientras notaba la mirada escrutadora de su madre sobre él.
Desayunaron juntos, como solían hacerlo, rodeados de la compañía de Basima, la atenta nana, y los pequeños, sin embargo, para Aisha, cada bocado se volvía más amargo, ya que no podía evitar pensar en cómo todo cambiaría a partir de ese momento.
El simple acto de compartir un desayuno en familia, tal como lo habían hecho innumerables veces antes, tal vez ya sería completamente diferente.
Ahmed notó la tristeza en el rostro de su esposa, y aunque conocía el motivo de su dolor, sabía que no era el momento adecuado para abordar el tema.
Después de todo, Lyna era un amor del pasado, y Aisha representaba el presente y el futuro que él deseaba, temía perderla, no sabía cómo explicarle que su matrimonio no era válido, y que para estar juntos nuevamente, tendrían que enfrentar complicaciones legales, Lyna tendría que aceptarla como segunda esposa.
En el acuerdo prenupcial, Aisha había dejado en claro que no aceptaría que Ahmed tuviera otra esposa, y ahora esa situación se presentaba ante ellos, Lyna sería la primera esposa,y ella, la "otra", Ahmed no sabía si ella estaría dispuesta a aceptar tal rol.
La mirada de Basima y la nana se posaba en ambos, conscientes de la tensión en el ambiente, la madre de Ahmed, por otro lado, parecía no tener prisa alguna por conocer a sus nietos, mucho menos en ver a Lyna, aun recordaba como cambiaba cuando no estaba en presencia de su hijo, era otra por completo.
-¿No preguntara cómo están sus nietos, madre? -Ahmed sabía que su madre representaría el mayor problema.
-No creo que sea necesario preguntar por los nietos en este momento, hijo -respondió con una mirada seria, -sé que pronto podré conocerlos, sin embargo, quiero que sepas que el lugar de Mohamed se respeta, y lucharé por ello, aunque se me vaya la vida en hacerlo.
Ahmed sabía que el lugar le correspondía a Abdel por derecho, pero no discutiría con su madre por eso frente a Aisha.
Más tarde salieron rumbo al aeropuerto, Aisha sentía que no podía respirar por momentos, bajó un poco la ventanilla del vehículo, Ahmed que viajaba junto a ella, tomó su mano apretando fuertemente para darle ánimo.
Cuando llegaron a su destino, la camioneta se dirigió hacia el hangar privado, en ese momento, otra camioneta idéntica, se estacionó a su lado, Ahmed bajó, para después ayudar a Aisha a bajar mientras depositaba un tierno beso en su mano.
-Suban al avión, ya los alcanzo.
Basima pasó a un lado de su hijo con un gran gesto de disgusto, la nana estuvo tentada a pedir que la dejará verlos, pero decidió no hacerlo, tomó entre sus brazos al pequeño Ahmed para dirigirse hacia el avión, Aisha tomó de las manos a los gemelos para también abordar.
Ahmed se dirigió hacia la otra camioneta, abrió la puerta para que Lyna bajara, ella le ofreció su mano enseguida para que la tomara, la pelirroja se dio cuenta de que Aisha los observaba, la chica se había detenido antes de abordar el avión.
En cuanto bajó, Lyna atrajo a Ahmed hacia ella para darle un beso, Basima se dio cuenta de que su nuera estaba al borde del llanto, la tomó por la mano.