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Secuestrada por un error 2

Secuestrada por un error 2

Autor: : Stef98
Género: Romance
Una joven y arrogante fiscal desea vengarse del narcotraficante que destruyó a su familia. Quiere hacerlo pagar y para ello debe convertirse en la mujer del Boss de la mafia Rusa y la mujer más poderosa de la Bratva

Capítulo 1 Mi misión

No podía dejar de llorar al recibir la noticia de que mi hermano había sido capturado. Él había dedicado su vida a la DEA, salvando a mujeres de la pesadilla del narcotráfico, y ahora estaba en manos de la mafia rusa, siendo torturado sin piedad. La desesperación se apoderó de mí.

Sin pensarlo dos veces, abordé un avión con destino a Rusia, acompañada por los agentes de la DEA. No le dije nada a mi novio, el capitán, sabiendo que nunca le perdonaría que arriesgara mi vida así. Pero mi hermano, mi hermano menor, era todo lo que tenía. Era mi vida entera.

Cuando llegué a la sala de operaciones de la DEA, mi corazón latía con fuerza mientras esperábamos. Los agentes discutían estrategias, y yo me mantenía apartada, con el rostro pálido y los ojos rojos por las lágrimas.

-¿Estás segura de que quieres hacer esto? -preguntó uno de los agentes, un hombre de mediana edad con una expresión preocupada.

-Sí, no hay duda -respondí, mi voz temblando-. Mi hermano necesita ayuda, y no puedo quedarme aquí sin hacer nada.

-Entiendo tu determinación, pero debes saber que es extremadamente peligroso. La mafia rusa no es fácil de enfrentar -dijo el agente, tratando de ser comprensivo.

Más tarde, mientras me movía entre las sombras en el bar de la mafia rusa, el corazón me golpeaba con fuerza. La sala estaba llena de humo y música alta, y mi objetivo era claro: el escenario. La mujer encargada de coordinar a las bailarinas, con una actitud dura, me miró con desdén.

-¿Qué haces tú aquí? -preguntó con una voz fría-. Aquí solo están mujeres exclusivas, y tú ya estás bastante grande como para hacer una virgen. Mis clientes prefieren la mercancía nueva.

-Solo permíteme bailar esta noche. Solo necesito unos pesos -respondí, intentando mantener la calma.

Ella se distrajo por un momento cuando un hombre le habló, y vi mi oportunidad. Subí al escenario y me deshice del vestido, quedándome en lencería negra. La música comenzó a sonar y empecé a bailar, moviéndome con una mezcla de elegancia y desesperación.

La mujer notó la intrusión y se dirigió a los hombres de seguridad para que me detuvieran. Pero antes de que pudieran moverse, una voz autoritaria y fría detuvo la acción.

-A quienes la toquen, los mato -advirtió el líder de la mafia rusa, su mirada fija en mí mientras disfrutaba del espectáculo.

Mientras bailaba, noté que el líder no podía apartar la mirada. Mi cabello pelirrojo y mis ojos azules parecían capturar toda su atención. Cada movimiento parecía hipnotizarlo aún más.

-La quiero a ella -dijo el líder con firmeza, sin apartar la vista de mí.

La mujer encargada de coordinar a las bailarinas, sorprendida, intentó protestar.

-Pero señor, ella no es una de nuestras...

-No hay discusiones -interrumpió el líder con una autoridad que no permitía objeciones-. Quiero que se quede. Asegúrate de que tenga lo que necesita.

La mujer asintió, sabiendo que no podía contradecir al líder. A regañadientes, hizo una señal a los hombres de seguridad para que se mantuvieran en su sitio y se dirigió hacia mí con una actitud más complaciente.

Sabía que mi plan estaba funcionando hasta cierto punto, así que continué bailando, tratando de mantener el enfoque en mi objetivo. La atención del líder era crucial para descubrir la ubicación de mi hermano. Mi mente seguía corriendo a mil por hora, buscando la oportunidad perfecta para obtener la información que tanto necesitaba.

Mientras continuaba bailando, empecé a coquetear con varios hombres en el bar, lanzándoles miradas sugestivas y sonrisas coquetas. Sin embargo, me aseguré de mantenerme distante del líder. Sabía que debía llamar su atención de una manera mucho más directa.

Finalmente, me acerqué lentamente hacia su mesa. Él estaba sentado al lado de un anciano, con una expresión que reflejaba un aire autoritario y peligroso. Me acerqué con cautela, sabiendo que el momento debía ser perfecto. Con un aire de confianza, me senté en las piernas del anciano y comencé a acariciar su mano con suavidad. Sentí su mirada apreciativa, pero mi enfoque estaba en el líder.

El ruso de cabello oscuro y ojos verdes esmeralda observaba la escena con una mezcla de interés y desdén. No tardó en actuar. Se levantó con una agilidad inesperada y, con un gesto brusco pero decidido, me sacó de los brazos del anciano y me sentó sobre él.

Su presencia era dominante, y su abrazo intenso me hizo sentir la potencia de su deseo. Me besó con una fervorosa intensidad, un beso cargado de deseo y pasión. El contacto de sus labios me hizo sentir una oleada de emociones contradictorias: desde la desesperación hasta

-Muñeca, este bar es mío y todo lo que hay en él... -espetó mientras comenzaba a besar mi cuello.

De un momento a otro, me arrancó el sostén, exponiendo mis senos. Pude ver cómo metía uno de mis senos en su boca y comenzaba a lamerlo y chuparlo. Lo mordía.

Todos observaban; sin embargo, no parecía nuevo para ellos ver al líder de ese modo.

-Me encantan tus tetas, muñeca... -dijo mientras probaba el otro seno.

De un momento a otro, él me cargó en brazos y me llevó hasta una habitación lejana.

Allí, me lanzó a la cama y comenzó a quitarse la camisa y el pantalón. Debo reconocer que su polla era muy grande.

-¿Quieres que haga algo?

-Eres virgen, ¿verdad?

Yo asentí con la cabeza, sonrojada. Era la primera vez que tenía a un hombre desnudo frente a mí.

-¿Cómo te llamas?

-Ángela... -dije.

En un momento, me acerqué a la mesa y comencé a preparar los vinos. Mi idea era drogarlo para capturarlo. Si tenía al líder ruso, sus hombres tendrían que entregar a mi hermano.

Mientras preparaba el vino, él me agarró de la cintura.

-Muñeca, desnúdate o te pego un tiro.

-¿Qué?

-Debo asegurarme de que no traigas nada. Eres demasiado guapa para ser una puta. Desnúdate.

No tuve opción y me quité la falda y las bragas, quedando desnuda ante él. Él observaba mi cuerpo. Sin embargo, ya había puesto el químico en el vino.

-¿No quieres beber antes?

-Quiero follarte.

Él observaba mi cuerpo completamente desnudo y, de repente, me lanzó a la cama. Sentí el calor de sus labios sobre mi piel y su lengua explorando mi boca. Luego, me besó el cuello y lo mordió. En un instante, sentí cómo entraba en mí lentamente.

-Tranquila, cariño, sé que duele, pero te encantará -dijo con voz calmada.

Se detuvo un momento y luego profundizó más. Comenzó a moverse con lentitud dentro de mí, mientras su boca seguía la mía.

Luego, su ritmo se aceleró y me empezó a gustar.

-Ah, ah, no pares -suspiré.

-Tú ordenas...

Sentí cómo el ritmo de su cuerpo se aceleraba, y cada movimiento dentro de mí me provocaba una mezcla de sensaciones intensas. La presión y el calor se acumulaban, y mi mente se centraba en los contrastes entre el deseo y el dolor. Cada respiración era entrecortada, y mi piel parecía arder en contacto con la suya.

La intensidad de su presencia, el modo en que sus manos recorrían mi cuerpo, y su respiración en mi cuello creaban una experiencia abrumadora. El mundo exterior parecía desvanecerse, y sólo existía ese momento, cargado de emociones contradictorias.

A medida que él aumentaba la velocidad, el ritmo se volvía más frenético, y mis pensamientos se disolvían en una mezcla de confusión y claridad momentánea. La sensación de estar completamente envuelta en esa experiencia era tan poderosa que casi me hacía olvidar por qué estaba allí en primer lugar.

Mi mente, a pesar de la turbulencia, se mantenía enfocada en el objetivo final: obtener la información que necesitaba. La determinación de cumplir con mi misión era el único ancla en medio de la tormenta de sensaciones.

Capítulo 2 Rescate

Me desperté en medio de la noche, completamente adolorida. Cada parte de mi cuerpo parecía dolorida después de lo que había ocurrido con el mafioso. Él estaba completamente dormido a mi lado, su brazo envolviéndome por la cintura. Con cuidado, saqué su mano y me incorporé lentamente, tratando de no hacer ruido.

Busqué mi bolso y encontré el dispositivo que necesitaba para enviar mi ubicación a mis amigos de la DEA. Era crucial que llegaran pronto, ya que estaba a punto de buscar el arma que había escondido, pero al sostenerla, me di cuenta de que no tenía balas.

En ese momento, él apareció detrás de mí. Me empujó contra la pared, su mano firme alrededor de mi cuello. El miedo me recorrió, pero también la determinación de no dejarme vencer.

-Desde que llegaste, sabía que eras una maldita infiltrada -dijo con voz amenazante-. Cariño, ¿quieres un arma? Pues aquí la tienes.

Me apuntó con la pistola, su mirada fría y calculadora.

-¿Qué es lo que quieres, encarcelarme? -logré preguntar con dificultad, mi voz apenas audible debido a la presión en mi cuello.

-Solamente quiero a mi hermano. Tus hombres lo tienen. Solamente dámelo y...

-¿Y qué, maldita? -interrumpió, su voz cargada de ira-. Eres quien está en mi poder. Podría matarte si lo quisiera...

El dolor en mi cuello aumentó mientras él aplicaba más presión. Mi mente giraba en torno a la desesperación y la estrategia para escapar. Pero antes de matarte, voy a disfrutar otra vez; estás buenísima, maldita.

Las palabras eran un golpe más en la agitación que sentía. La amenaza era clara y directa, pero también era un recordatorio de que debía mantener la calma y encontrar una manera de salir de esa situación.

Mi mente corría a toda velocidad, buscando una salida mientras él mantenía su amenaza latente. La esperanza se aferraba a la idea de que mis compañeros llegarían a tiempo para rescatarme.

Sentía la presión en mi cuello aumentar mientras el mafioso mantenía su amenaza. Mis ojos se llenaron de lágrimas, no solo por el dolor físico, sino también por el temor de no poder salvar a mi hermano.

-Por favor... -logré murmurar con dificultad-. Solo quiero a mi hermano.

Su expresión cambió por un momento, una sombra de duda cruzó su rostro, pero rápidamente la reemplazó con una sonrisa cruel.

-Eres valiente, eso te lo reconozco -dijo-, pero tu valentía no cambiará nada.

Con una mano, movió la pistola para que me apuntara más cerca. Mi mente trataba de pensar en una forma de aprovechar la distracción, pero el miedo era abrumador. Mientras su mano seguía apretando, traté de mantenerme consciente, esperando que los agentes de la DEA llegaran pronto.

De repente, escuché un ruido sordo y la puerta se abrió con un estrépito. La figura de un agente de la DEA apareció en el umbral, seguido de otros agentes armados que entraron rápidamente. El mafioso se giró hacia ellos, su expresión de sorpresa evidente.

-¡No te muevas! -gritó uno de los agentes, apuntando al mafioso con su arma.

El mafioso me soltó inmediatamente y se giró para enfrentar a los agentes. Aproveché la oportunidad para retroceder, masajeándome el cuello y respirando profundamente para recuperar el aliento. Mis piernas temblaban, pero me mantuve en pie mientras los agentes rodeaban al mafioso y lo sometían. Observé como lo detenían y le apuntaban contra la cabeza.

-Estás detenido por los delitos de narcotráfico..

-Te mataré - Me Advierte mientras mira mis ojos.

-, ¿estás bien? -preguntó uno de los agentes, su preocupación palpable mientras se acercaba a mí.

-Sí, sí... -respondí, mi voz aún temblorosa-. Solo necesito... solo necesito encontrar a mi hermano.

Los agentes comenzaron a registrar el lugar, buscando cualquier señal de mi hermano. Mi corazón latía con fuerza mientras esperaba, y cada segundo parecía una eternidad. Finalmente, uno de los agentes se acercó con una expresión de alivio.

-Lo encontramos. Está herido, pero vivo. Vamos a llevarlo al hospital ahora mismo.

Un peso enorme se levantó de mis hombros. Agradecida y exhausta, me dejé guiar hacia la salida, donde la esperanza de reunirme con mi hermano se convertía en una realidad.

Mientras nos alejábamos del lugar, sentí un alivio profundo, pero también sabía que aún quedaba mucho por hacer. La misión no había terminado, pero al menos esta noche, había dado un gran paso hacia la justicia y la recuperación.

Capítulo 3 Ruptura

El dolor me inundaba mientras me encontraba en el pasillo del hospital, rodeada por el caos de la situación. Mi hermano había sido sometido a torturas horribles y estaba en estado crítico. Mis lágrimas caían sin parar, y el peso de la angustia parecía abrumarme por completo.

Fue en ese momento de desesperación que mi novio apareció. Su rostro mostraba una mezcla de enojo y preocupación mientras se acercaba, pero sus palabras no me ofrecieron consuelo, solo más dolor.

-¿Qué hiciste, Isabella? -dijo con un tono mordaz-. ¿Te acostaste con el ruso? Revisé las cámaras y te vi muy cariñosa con él.

Me sentí traicionada por sus acusaciones, mi mente no podía procesar la realidad de lo que estaba pasando. Mis manos temblaban mientras trataba de controlar mis emociones.

-¡Era solamente una misión! -le grité-. ¿De verdad me estás reclamando eso cuando mi hermano está muriendo? ¿No ves que no puedo encontrar a mis padres?

Su mirada era dura, incapaz de entender la magnitud del sufrimiento que estaba atravesando.

-Tú no tenías por qué acercarte a ese lugar. Ahora estás en los ojos de la mafia rusa.

-No me importa -respondí con voz temblorosa-. No me importa nada. Solo quiero que Gabriel esté vivo. Pero parece que no te importa cuando es tu amigo y tu elemento, porque tú eres el líder. Jamás debieron secuestrar ni torturar a Gabriel. Todo es tu culpa.

Su expresión se endureció aún más, y la ironía en su voz era palpable.

-Ahora mi novia me es infiel y la culpa es mía.

-Deja de distorsionar la realidad -le dije, mi voz rota-. No todo se trata sobre ti. Ahora la vida de mi hermano está en peligro. Lárgate si no puedes hacer nada útil.

La tensión entre nosotros era palpable. Sentía que estaba en un lugar de completo vacío, donde la angustia por mi hermano y el conflicto con mi novio se mezclaban, sin ofrecerme un respiro. Mientras me alejaba, la sensación de desesperación era abrumadora, y mi única esperanza era que mi hermano pudiera salir de esta situación.

Me alejé de mi novio, las lágrimas aún en mis ojos, sintiendo el peso de la situación que nos rodeaba. El dolor de saber que mi hermano estaba en estado crítico se mezclaba con la rabia y la desesperación por la falta de apoyo y comprensión de la persona que más amaba.

Mientras caminaba por los fríos pasillos del hospital, el sonido de las máquinas y las voces apagadas se convirtieron en un telón de fondo a mi angustia. Cada paso parecía ser un recordatorio de la gravedad de la situación y de mi propia impotencia.

Finalmente, llegué a la sala de espera donde se encontraban los pocos miembros de mi familia que aún estaban allí. Sus rostros reflejaban el mismo dolor y preocupación que sentía yo. Mi corazón se hundió al ver a mi hermano, Gabriel, a través de la ventana del quirófano. La imagen de él en una camilla, conectado a múltiples equipos médicos, era un golpe devastador.

Una enfermera se acercó a mí con una expresión que intentaba ser reconfortante, pero que solo intensificó mi ansiedad.

-¿Cómo está mi hermano? -pregunté, mi voz apenas un susurro.

-Estamos haciendo todo lo posible -respondió la enfermera-. Ha sufrido una contusión severa y ha estado bajo tortura. Necesitamos tiempo para estabilizarlo y evaluar el daño. Le pedimos paciencia.

La impotencia me envolvió mientras asentía, sin poder evitar el pensamiento de que podría haber hecho más. Sabía que no había sido solo mi misión la que lo había llevado a esta situación, pero me sentía responsable por no haber podido protegerlo.

En ese momento, me di cuenta de que la prioridad ahora era encontrar a mis padres y asegurarme de que Gabriel recibiera el mejor cuidado posible. No podía permitir que las disputas personales o la frustración me distrajeran más de lo esencial.

Me dirigí a la recepción para obtener más información sobre mis padres, rogando que estuvieran bien y que pudieran llegar pronto para apoyar a Gabriel. Cada segundo contaba, y mi esperanza se aferraba a que el equipo médico pudiera salvar a mi hermano.

Mientras esperaba, me senté en una de las sillas de la sala de espera, el corazón encogido de angustia. Las luces del hospital parecían más frías que nunca, y la incertidumbre del futuro se cernía sobre mí. La única cosa que me mantenía en pie era la promesa que me había hecho: hacer todo lo que estuviera en mi mano para asegurarme de que Gabriel saliera de esto.

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