Prólogo
Julio, 2009
- ¿Estás seguro muchacho?
Sabía exactamente lo que aquel soldado de oficina estaba pensando mientras me recorría con la mirada de pies a cabeza.
Durante tres meses estuve escuchando lo mismo una y otra vez. El gesto de inseguridad y desconfianza que cada uno de los superiores y compañeros reclutas me dedicaban era, de alguna manera una señal silenciosa de que no creían que podía lograrlo. Pero si hay algo por lo que me siento orgulloso es de mi inteligencia y mi determinación.
Con una estatura de 1.72, contextura delgada, cabello rubio, ojos tan claros como el cielo. Además de pesar poco más de 70 kg, lo que me daba toda la pinta de un play boy, inicié mi camino en la milicia.
De los que estaban designados para realizar la evaluación grupal a mí y a 150 reclutas más, ninguno podía explicar el cómo es que pude pasar cada una de las pruebas, y eso que, antes de empezar escuche a algunos apostar contra mis capacidades.
Desde nadar, hacer flexiones, abdominales, hasta hacer dominadas y correr. No era un atleta nato como la gran mayoría de los presentes, pero trabaje mucho en mi condición física y no podía quedarme atrás a estas alturas. Algunos de los obstáculos me hicieron apretar el culo y casi me dejaron a un lado en reiteradas ocasiones. Se suponía que la distancia en natación es de 500 yardas y 1.5 millas corriendo, sin embargo tuve que completar dos veces ambos ejercicios debido a mi torpeza y el hecho de que ciertos superiores no querían que aprobara el examen inicial.
-Eh, niño pijo lo has hecho mal-. Un claro indicativo de que debía volver a la zona de salida.
Hubo muchos comentarios groseros, e incluso subidos de tono emitidos hacia mi persona, pero nada importaba, sobretodo porque, durante casi dos años sufrí de parte de uno de mis instructores el mismo trato y ya estaba más que curado al respecto.
Mi plan nunca fue enlistarme en el ejército, y a pesar de haber culminado una carrera junto a una especialidad y faltando un semestre para terminar otra que nada tenía que ver con la primera; no tenía idea de que hacer luego del instituto. Pero fue en una tarde mientras estaba en la biblioteca en busca de un libro de programación avanzada en la que me distraje con uno de los monitores que inconscientemente otro de los estudiantes había dejado encendido. No era mi intención el husmear dentro de las cosas que no son mías, pero por alguna razón, el escudo del país estampado en el fondo de la página principal me hizo interesarme. Era inexplicable el cómo pequeños detalles nos atrapaban.
Tanto fue el interés que despertó en mí, que acabe sentado durante una hora frente al ordenador contiguo teniendo acceso a la misma página y rellenando una forma de ingreso para la milicia.
Para el final del día ya había tomado mi decisión, pero también tenía en claro una cosa.
Mis padres no tendrían el control sobre mí nunca más. Ellos eran los típicos "forrados" que de forrados no tenían nada, que presumían el dinero que no les pertenecía aquí y allá, y yo, fui el pobre desgraciado que cayó en sus garras. Lo único propio que tenían era ese maldito vicio.
¿Alguna vez han oído hablar de la ludopatía?
Con un IQ de 169 era el "orgullo" de los señores Hunter. Pero lo cierto era que ganaban dinero a costa de mi esfuerzo haciéndome viajar a diferentes estados, incluso países para participar de diversos concursos y así poder ganar dinero para alimentar su vicio. Pero ya me había hartado de todo el rollo de chico estudioso y friki. Me gradué a los 16 de la universidad y por alguna razón me permitieron comenzar mi entrenamiento aun sin tener la mayoría de edad al mismo tiempo que cursaba una segunda carrera.
-Totalmente seguro señor - digo firmemente.
Me da un último vistazo y procede a guardar el formulario.
Julio, 2015
Era increíble lo rápido que pasó el tiempo. Trece meses después de haberme inscrito obtuve mi SEAL TRIDENT e inmediatamente me asignaron a un equipo para hacer nuestro primer despliegue, fueron 55 semanas infernales, pero al desplegarnos supe que todo no estaba sino empezando. Tiempo después, teniendo buenas recomendaciones me enliste en operaciones antiterroristas, el resto es información confidencial. Cumplí con 7 de los 10 servicios correspondientes para poder participar en el proyecto Faith.
Según tenía entendido la milicia era estricta respecto a las normas y participaciones en los proyectos, pero tal parecía que se estaban quedando sin personal de prueba y aquellos que éramos reclutados ignorábamos el porqué.
-Soldado de prueba 12847, ¿correcto?
-Si señora- ¿no les dije? Estoy en uno de los laboratorios del ejército, el cual por obvias razones no puedo revelar su ubicación, numero de base, ni función, bajo ninguna circunstancia; a punto de comenzar con mi participación en el proyecto. Era todo lo contrario a lo que he escuchado de los otros soldados, recibí un excelente trato de parte de la encargada de dirigir mi caso. Una mujer de unos 30 años muy dulce pero firme a la vez. Me agrada, incluso me habló de su pareja, una chica algunos años menor que ella.
-Edad, 24 años, ¿es correcto?
-Si señora-
-Tengo que preguntar antes de que concluyamos. Por voluntad propia ha autorizado el uso de su cuerpo por la G.O.G. (Government Organization of Genetics - Organización Gubernamental de Genética) en el proyecto Faith. Proyecto del cual se le ha explicado a fondo cada uno de los procedimientos y las acciones que se llevaran a cabo en dado caso el proyecto fracase, ¿eso es correcto?
-Sí, señora.
¿Qué puedo decir que no sea confidencial?
Aquel interrogatorio fue solo el inicio de muchas semanas que luego se volvieron meses de pruebas y alteraciones. Los cuales descubrí poco después de iniciar tenían el único fin de crear al soldado perfecto, pero no lo hicieron de la manera en la que lo pintaron en un inicio.
Julio, 2017
Fracaso.
Era lo que se encontraba estampado sobre el expediente médico en tinta roja que habían abierto desde el primer día que llegue a la base.
Un fracaso era todo lo que representaba para cada uno de ellos y la opción mas viable fue deshacerse de mí, pero era más que claro el hecho de que jamás se mancharían las manos, al menos no de manera directa.
En el diagnostico final, luego de dos años me dijeron de manera tan fría que, desde un principio se demostraba que no iba a ser apto para pasar siquiera la primera fase.
Quizás fue el hecho de que seguí llevando mi cuerpo al límite, incluso los días que creí desmayar lo que hizo que mis sistemas realmente no fallaran y se adaptaran a cada prueba y alteración.
Según supe, solo el 30% de los soldados reclutados llegaban al final de la primera fase del proyecto, pero luego de una semana las estadísticas bajaban en picado. Dejando así a 1 de cada 100 con vida los primeros 3 meses.
El solo hecho de que luego de un año estuviera vivo y con signos vitales más que estables y completamente adaptados a otra naturaleza dejaba mucho que decir. No quería saber qué era lo que harían conmigo después de que sepan que luego de miles de pruebas, soy yo el soldado inter especie perfecto. O al menos eso era lo que creían que era.
En 8 años había mejorado increíblemente, pesaba 90 kilos y medía 12cm más que al principio, aunque aquello no era signo de que mi cuerpo había dejado de sufrir a causa de los efectos secundarios, pero no era algo por lo cual podía quejarme, porque en sí, no todo era malo. Incluso mi capacidad intelectual mejoro 20 puntos.
Una semana después de haber recibido una evaluación negativa de parte de quien dirigía todo me embarque en el regreso a "casa" sabiendo que en el momento en el que alguien informara acerca de mí, mi acta de defunción seria estampada y enviada a oficinas.
Sabía que mis registros de ingreso y egreso habían sido cambiados y que de alguna manera el que me encontraran sin vida en el Gran Cañón a causa del ataque de una fiera salvaje, aunque no tenía mucho de falso, no sería algo nuevo ni relevante. En los últimos meses los ataques de coyotes se habían incrementado de una manera alarmante.
Dos días después de haber sido dejado aquí, solo e incapaz de moverme, ya había dominado la manera de como cazar sin siquiera moverme del lugar al que logre arrastrarme. Aunque no solo tenía mi atención puesta en el coyote que estaba a unos cuantos metros de mí.
Había deparado en la presencia de un pequeño grupo de personas a poco más de 40km de distancia. Al tercer día de su llegada por fin pude idear una estrategia para atraer a uno de ellos hacia mí.
Y finalmente, la luz al final de mi túnel comenzó a brillar, la ayuda llegó, y lo hizo mejor de lo que alguna vez había rogado al cielo en un principio. No salvando solo mi vida en una ocasión.
Julio, 2017, Diez días antes
-Anda, di que sí morenaza, salgamos todos aunque sea por una vez.
Arquee una ceja mientras la observaba y sopesaba la idea. Ya no me quedaban más excusas como para rechazar ir con ellos. De hecho, no sonaba tan mal hacer un viaje hacia El Gran Cañón para acampar durante unos cuantos días.
-Déjame consultarlo con mi almohada- fue lo único que dije antes de tomar mi bolso y salir del aula de clases. Sabía que no habíamos zanjado el tema, solo quise buscar un lugar menos... Abierto a oídos curiosos.
-¡¿Con tu almohada?!- Denme paciencia y no fuerza.
Si hay algo que caracteriza a Lihuén es su capacidad de chillar las veinticuatro horas al día sin perder la voz. Incluso la he escuchado hacerlo dormida, muchas veces me he preguntado por qué razón la dejo respirar el mismo aire que yo tan de cerca pero luego recuerdo que es mi mejor amiga y las ganas de cometer un homicidio disminuyen. Ella es una de las pocas que son capaces de soportar mi mal genio por mas de media hora.
-Si- suspire pesadamente. El clima en agosto comenzaba a ser una molestia para la mayoría de nosotros y la mejor opción en ese instante era escapar a las lluvias repentinas y a los abrigos que muchas veces con la finalidad de resguardarnos contra el agua terminaban causando mucha mas calor que una tarde de verano.
Hacían unos minutos presenté mi examen final y dentro de unas dos semanas sabré si me gradúo y paso a ser una interna o no.
Finalmente después de casi siete años de dormir por lo mucho cuatro horas al día podría decirse que era libre. Solo una mentira era más grande y es que la primera vez que tienes sexo no puedes quedar embarazada.
Ya puestos, Lihuén estaba organizando dicha salida grupal junto a algunos otros compañeros. En total seriamos siete.
La idea no dejaba de ser menos encantadora por más que busque fallos, a decir verdad cada que pensaba en escaparme por unos días me convencía a mí misma de ir. Y ¿cómo decir que no? Después de todo, siempre he querido ir a acampar al Gran Cañón de Colorado. Incluso tenía pensado hacer un viaje una vez tuviera mis primeras vacaciones del trabajo, porque siendo recién graduada y todo tenía un puesto en el Hospital de Seattle como médico traumatólogo infantil. Gracias al trabajo duro pude terminar mi carrera, o eso quiero creer yo, y mi especialidad a mis 24 años en la Universidad de Seattle.
Luego de 20 minutos de cháchara inservible sobre las razones por las que debo ir, no sabiendo ella que había aceptado, la interrumpí.
-Razón número cuarenta y cinco...-
-Iré-
Durante un par de segundos lo único que se escucho fue el sonido de algunos casilleros siendo cerrados y el del repiqueteo frustrante de algunos zapatos de tacón antes de que pusieramos un pie fuera del refugio que representaba el edificio. Y como ocurría durante la última semana... La lluvia o daba tregua.
-¿Qué?- estaba segura de que le había tostado la mitad de las neuronas que le sobraban con mi respuesta.
Ni siquiera prestó atención del lugar hacia donde pisaba por lo que tuve que aferrarla del codo y guiarla hacia los estacionamientos.
-Creí que no te iba a convencer nunca y es cierto- pero es que no lo hizo, solo pensé en mi misma, porque si hay algo que a lo largo de esta vida he aprendido es que no debo tomar decisiones en base a lo que las otras personas digan al respecto.
-Iré pero con una condición-.
-Lo que tú quieras solo no nos canceles a última hora morenita-. Esa era otra mía, decir que si y luego, a última hora cancelar bajo la excusa de que estaba enferma o algo similar. Cosa que ocurrió en una sola ocasión.
-Aplaza el viaje. Quiero tomar al menos tres días para visitar a mi familia-.
Como sospeché, ni siquiera lo pensó dos veces cuando ya estaba asintiendo enérgicamente, por un momento llegué a creer que se rompería el cuello mientras lo hacía. Sencillamente ella era plena y estoy segurísima de que en estos momentos se encontraba sobre algodones y flores. Lo dicho. No la culpo. Estos últimos años no he tenido vida social y que hablar del sexo, no era virgen pero creo que allá abajo ya se ha pasado de polvoriento por falta de atenciones.
Tampoco tuve mucho tiempo para visitas, me refiero a la familia.
Mi familia.
Por mucho tiempo fui considerada la oveja negra. ¿La razón?
Nací en el seno de una familia militar. Mi padre, mi hermano y mi hermana, todos ellos son parte de una nueva generación de militares. Incluso mi madre lo fue.
Aun puedo recordar aquella mañana lluviosa en la que tocaron a nuestra puerta, y aunque no escuché nada de la conversación no era tonta. Sabía perfectamente el significado de aquello. Un soldado entregando una bandera pulcramente doblada a mi padre. Mi abuela me contó que había ocurrido lo mismo con mi abuelo un par de décadas antes de mi nacimiento. Desde entonces no supe nada más de mi madre.
Tenía ocho años cuando perdí lo más valioso que puede tener un niño. Nos entregaron su cuerpo, pero el velorio se hizo a féretro cerrado. La última imagen que tuve de mi madre era de la última vez que la vi en el aeropuerto y me prometí a mí misma que no dejaría que mis hijos ni mis hermanos pasaran por algo similar. Así que le di un giro completo a los planes que tenía en ese entonces, aunque no fue de inmediato que supe lo que quería, descarté la milicia para mí. En cambio para mis hermanos se intensificó el deseo por "servir a su país".
Amén a los militares, los seals, los marines y los miembros de la fuerza aérea de los Estados Unidos. Pero yo en lo personal siempre he considerado que servir a mi país no necesariamente tiene que ver con vestirse de un uniforme militar, tomar un arma y viajar a sabrá Dios donde. También se puede servir desde los hospitales, orfanatos y escuelas. En mi caso, a los 14 años acabé decidiendo por la medicina.
Estudié, me esforcé, me quemé las neuronas en incontables noches de desvelo y finalmente obtuve una beca para estudiar en la Universidad de Seattle.
Y aunque obtuve la beca, no dejé de esforzarme, di lo mejor de mí y ahora tengo el fruto de ello guardado en un sobre y encerrado en una de mis mesas de noche en forma de propuesta. No fue fácil pero lo logré y al fin podré restregarles a mi padre y mis hermanos que si pude hacerlo, decirles que no solo tengo todas las aptitudes para ser militar, sino que también puedo decidir por mí misma que es lo que quiero. También abrazaré a Molly, mi madrastra, ella ha sido lo contrario a lo que todos dicen de las madrastras malas. Ella de mala tiene lo que yo de buen genio por las mañanas. Es un pan de Dios que me apoyó desde que les expuse a todos mi decisión. Me defendió a capa y a espada cuando mi padre quiso enviarme a un colegio militar.
Agosto, 2017, 3 días antes
No voy a mentirles, la visita no fue un paseo por un jardín de flores y aves cantarinas. Fue horrible. Mi padre nos informó que tenía que cumplir con un último servicio de seis meses razón por la cual me alteré. La última vez me dijo que sería definitivo y se supone que la palabra de un miembro de la Air Force se cumple a como dé lugar. Y qué decir de mis hermanos, lo apoyaron en todo momento. Y a Molly solo le ha tocado aceptarlo.
Ahora, 7 días después estoy en mi departamento tratando de poner todo en orden porque hacían aproximadamente 15 minutos, Lihuén me había enviado un mensaje diciendo que el viaje es dentro de 3 días y que reservara mi vuelo. Le dije que lo haría pero no tenía intención alguna de volar, en cambio preferí tomar la ruta larga. 21 horas y 37 minutos de camino, desde Seattle a Colorado.
-No está nada mal- me dije a mi misma en voz alta mientras observaba el ordenador. Estaba en posición de indio sentada en el sillón mediano y sobre mis rodillas, mientras me imaginaba con el brazo colgando fuera del auto, conduciendo a 160 km/h, con el cabello revuelto y cantando a todo pulmón.
-¿Quieres ir conmigo chica?- Le pregunto a mi pastor Alemán la cual se encuentra cómodamente acostada sobre el sillón grande con la cabeza sobre las patas pero con las orejas puestas como si fueran un par de antenas parabólicas, no dio ningún indicio de siquiera estar prestándome atención-. De todas maneras te llevaré conmigo, te guste o no.
Y allí reacciona. Levanta su cabeza un poco y arquea una ceja mientras me mira como si realmente me entendiera. A veces pienso que en realidad lo hace.
Media hora después ya tenía una ruta trazada para llegar a Colorado y según mis cálculos, llegaría antes que todos los demás.
Agosto, 2017, Dos días antes
-Linterna. Listo.
-Bolsa para acampar. Listo
-Loyalty- mire a mi alrededor en busca de mi perra y no la vi por ningún lado- ¡Loyal...!
-¡Guau!
-¡Ah!, carajo chica ¿acaso quieres matarme del susto y quedar sin nadie que te dé de comer? - al parecer ni cuenta se había dado de lo que hizo porque felizmente sacudía la cola y su lengua colgaba mientras jadeaba y daba pequeños ladridos y saltos, de alguna u otra forma sabía que nos ibamos de paseo.
Eran las siete de la tarde cuando finamente acabé de empacar todo lo necesario para el viaje. Se suponía que los demás estarían llegando pasado mañana, pero yo estoy partiendo desde ahora porque quiero hacer mi viaje de carretera.
Al final mi impaciencia pudo conmigo, aunque no solo es eso, mis ganas de aprender algo nuevo también me pueden. Llegaré, según lo anticipado, 10 horas antes, el viaje tomará 22 por lo máximo con un tráfico regular y en estos momentos tengo 60 horas disponibles.
Restando el tiempo que dormiré durante los próximos dos días y el tiempo que nos tomará comer y hacer nuestras necesidades básicas de allí es que salen nuestras horas de ventaja. Estaríamos llegando a más tardar para ver el amanecer desde el Río Colorado. Un punto muy alejado de Monument point, sitio que los turistas suelen visitar para poder ver de primera mano este acontecimiento.
Actualidad
Para mi sorpresa, una algo desagradable por cierto, cuando bajo del auto y tomo el primer respiro llega a mi inmediatamente el sonido de las voces y la ¿música?, sí, eso era música lo impactaba contra mis tímpanos. No era muy fuerte el sonido, de hecho era casi imperceptible. No había que pensar mucho para saber lo que ocurría. La pregunta es ¿desde cuándo?
-Hey Simón, llegaste antes- dice Jackson cuando estuve lo suficientemente cerca como para que se percaten de mi presencia.
-Si no me dices no me doy cuenta- entorné los ojos y me agaché para soltar la correa de Loyalty.
Eran las 6 de la mañana y estos ya estaban haciendo de las suyas. Al parecer el horario de la universidad y el de las prácticas realmente hizo estragos con nosotros porque todos y cada uno estábamos despiertos tal cual fuera mediodía. Me incluyo porque desperté a las 4 de la mañana y media hora más tarde estaba abriendo la puerta del copiloto para que mi perra se sentara en su lugar para así emprender la ultima hora y media hacia nuestro destino. Pero contrario a sus razones, las mías para estar tan espabiladas era gracias a que desde muy pequeños mama y papa despertaban para hacer series de ejercicios y después de un tiempo fuimos acostumbrandonos a ello. Ni siquiera después de saber lo que quería pude perder el habito.
Al final acabaron confesándome que llegaron un par de días antes porque por alguna razón no había vuelos disponibles sino hasta dentro de un día más. No pude recriminarles nada porque yo hubiera hecho lo mismo.
Las horas pasaban y nos divertíamos como nunca. Cocinamos al aire libre, escuchamos música y bailamos. Aunque no hicimos lo mismo que la mayoría. No. Nosotros buscamos la manera y la encontramos de bajar hasta el río y allí montamos nuestro pequeño campamento, que de pequeño solo tenía la jaula de Loyalty y hablando de Loyalty...
No la había visto desde hace unas dos horas. En un principio no me preocupé porque siempre regresaba a mi, pero jamás me ha dejado por tanto tiempo.
Pasó una hora más, luego media hora más. No pude con la preocupación y fui a por ella.
Llevaba al menos una hora caminando a la orilla del río pero ni rastros de ella y eso me preocupaba en demasía porque faltaba una hora para el anochecer y no me consta pero he oído se que han habido ataques de coyotes, la mayoría han sido a viajeros solitarios.
Estaba a punto de dar la vuelta e irme por donde vine cuando escuché un ruido extraño y como buena curiosa me dirigí hacia el lugar de origen del mismo.
-Dicen que la curiosidad mató al gato.
-Pero el gato que murió no fue cualquiera, murió un gato sabio-. Eso me decía Molly desde siempre.
Llegar no fue fácil pero lo logré de alguna manera. Estaba de pie, casi frente a lo que parecía una pequeña fisura en la roca. Traté de dar un paso más adelante para asomarme frente a ella, pero un movimiento demasiado rápido para mí hizo que mi cuerpo se congelara y antes de poder hacer algo grite.
-Oh por Dios!- estoy segura de que el eco de mi voz pudo escucharse a lo largo de todo el lugar.
En el instante preciso en que dejó la salvedad de su campamento lo supe. Durante la hora y media que caminó en dirección correcta estuve pendiente a cada uno de sus pasos.
No se había percatado aún, pero en cuanto la esencia del aire cambio de inmediato supe que algo andaba mal. Nunca desee tanto el poder ponerme de pie y ahuyentar a lo que la estaba acechando pero en cuanto llegó a escasos metros de distancia del lugar en el que estaba escondido soltó un bufido de resignación para luego dar la vuelta dispuesta a irse, para ese entonces ya estaba desesperado.
Lo sé, porque durante los últimos dos años me encargué de estudiar a detalle el comportamiento de uno. Desarrollé en silencio todos mis sentidos mas allá de lo imaginable, mi vista, mi oído y olfato mejoraron increiblemente y ni hablar de mi condición física. ¿Mi problema?
Soy lo que muchos denominan culo de mal asiento. Era algo similar a tener a una fiera enjaulada, sin embargo, no tenía absolutamente nada que ver con tener ADN multi especie.
Sigo sin entender el cómo nadie supo cual era mi condición. Y se que no tenian idea y que no lo estaban fingiendo porque estudié sus patrones de comportamiento, los de todos y cada uno de ellos. La única que estuvo pendiente a todo mi avance fue la doctora Greene pero por alguna razón los tachó, rellenó mi informe con información falsa. Ni siquiera guardó un indorme para ella misma. Gracias a ella pasé recluido y en cuarentena por poco menos de 6 meses, pero la verdadera razón de aquello fue para que nadie tuviera contacto conmigo mientras ocurrían los cambios mayores.
Fue meticulosa, puntillosa, quisquillosa y todo lo que terminara en -osa conmigo. Incluso me dio un par de jalones de oreja por mi impulsividad y cuando le pregunté la razón de ocultarselo a los de mas arriba me dijo que sabía lo que ocurriría conmigo si llegasen a descubrirlo, que no pudo evitar convertirme en lo que soy pero si podía evitar que apagaran mi vida.
-Te he tomado cariño, eres como un hijo para mi, ademas piensa en lo que ocurriría. Te mataran y estudiarán tu cuerpo y no me lo perdonaría.
-¿Como una rana disecada? - suelto una risilla aun a sabiendas que era un tema serio.
-Extraña referencia pero si, tal cual - se inclina un poco mas sobre la barandilla mirando hacia abajo para asegurarse de que no haya nadie por allí corriendo el riesgo de ser descubiertos. Muchas veces parecía tan despreocupada y eso causaba el efecto contrario en mi. Me ponía de los nervios.
Aquella noche fue una de las pocas en las que pude salir de la base sin ninguna restricción, aunque salir no es que fuese el termino correcto, y sin restricciones tampoco. Ella usó su tarjeta de autorización y nos saltamos varios operativos para poder salir y hablar un poco. Y fue mas el asunto de tener a un animal enjaulado. Si los humanos no soportamos muchas veces el encierro un animal se siente irascible ante el sentimiento y los entiendo perfectamente me estaba volviendo loco.
Varios meses despues, renunció, no sin antes haberme prevenido y enseñado a comportarme. Ya puestos solo me faltaba la correa para ser un perro, aunque quien sabe, tal vez tenga parte de ello también. Tendré que averiguarlo. El asunto es que me comporte lo mejor que pude, hasta hace 4 días. El tiempo exacto que había transcurrido desde que me habían metido a esa jaula de luchas.
Estaba a punto de irse y tuve que ingeniarmelas para hacer ruido. Aquellos gilipollas por una vez hicieron algo bien en su vida. Dejaron mi bulto con ropa conmigo. Supongo que pensaron que no sobreviviría mas que unas horas estando herido y hambriento ademas de querer aparentar que mi muerte fuera un accidente, que alguna fiera habia acabado conmigo mientras hacia una expedición. Pero sigo aqui, tres dias despues de que me abandonaran a mi suerte. Lo malo es que estoy físicamente incapacitado debido a la naturaleza de mi ultima prueba. Lo bueno. He podido sobrevivir gracias a pequeñas liebres curiosas y también gracias a una gotera ubicada en la pequeña cueva en la que me escondía.
Y hablando de curiosas parece que mi estrategia funcionó, pero aun así tengo un factor en mi contra. El depredador.
Es de aquellos que no se rinde y creo que esta sacando partido a la escalada que tiene que dar la chica para poder matarla y comer de sus restos sin que ningún otro animal se cruce en su camino.
Estaba a punto de saltar sobre ella, su grito aterrado llegó a mis oídos pero ya era tarde, al menos para el coyote. Me lancé sobre el y ataqué directamente a su garganta cercenando su yugular mas por instinto que por otra cosa. En menos de cinco segundos el ya estaba reducido y yo, retorciendome de dolor en el suelo. No supe que hicieron exactamente con el tipo al que metieron a la jaula conmigo pero su mordida se sentía peor que la de una serpiente venenosa y vaya que se lo que se siente que una de esas desgraciadas te muerdan.
De un momento a otro siento que la chica se sitúa a un lado de mi cuerpo y se agacha quedando de cuclillas. Puedo asegurar con los ojos cerrados que vio al otro tipo, a la bestia y me sorprende. Me sorprende que se haya quedado, cualquier persona hubiese salido corriendo. Yo en lo personal, con todo y lo entrenado y que haya visto mucho de lo que soy de donde me sacaron hubiera corrido. Pero ella no. Al contrario se quedó. Estaba sorprendida, anonadada y sin palabras pero tambien tenía miedo, su cuerpo me lo decía, el como sudaba y como mantenía una pequeña distancia de mi.
Pero de un momento a otro aquel sentimiento se esfumó. Sentí como el aire daba de lleno a mi torso y me estremecí ante su delicado toque. Despues de lo que parecieron los diez minutos mas largos de mi vida volvió a ponerlo todo en su lugar y supe que me miraba fijamente y abrí los mios, no para mirarla, sino para mirar hacia arriba. La primera noche que pasé aquí no llovió, la segunda tampoco pero hoy el cielo tenía una pinta sospechosa y no me arriesgaba a pillar un resfriado.
-¿Tienes idea de en donde esta Loyalty? - interrumpió mi inspeccio. su voz no vaciló en hacer la pregunta, es mas creo que tenia un tono acusatorio. Loyalty, ah, el pastor alemán que vino a mi hace algunas horas al que envíe por otro camino. Ahora entiendo, vino a por el perro, pero ese tono... oh Dios ella creia que...
De fijo que esta no tenía sentido de supervivencia ni nada por el estilo porque me preguntaba a mi, un tipo que ella sabía que la podía matar y del que no tenía idea de si mis intenciones era hacerlo, por su perro.
La miré a los ojos para enfrentarla pero todo rastro de emoción había desaparecido de ellos dejándome mudo por su propio autocontrol.
Cerré los mios otra vez pero por un momento dispuesto a decirle donde estaba y escuché todo a mi alrededor. Las hojas de los árboles y arbustos, el sonido del viento y el olor que arrastraba consigo, el sonido del río, todo a mi alrededor. Desde el mismo lugar desde donde vino podía escuchar los sonidos tal cual se estuvieran produciendo a mi lado.
-Esta con tus amigos- suspiré y traté de levantarme. Pero ella me empujó por los hombros aprovechando mi distracción o mi debilidad, cualquiera de las dos es valida, no tengo excusas. Al parecer el saber que el animal estaba bien la alivio en sobremanera porque su rostro se encontraba mas relajado.
No dijo nada mas. Ni siquiera preguntó, solo vi que tomó la mochila que hace unos instantes había descolgado sobre su hombro hace unos momentos y comenzó a rebuscar en ella.
-¿Puedes caminar?
¿Pero y a esta que le ha dado ahora? Está bien que hice lo de hace un momento pero lo que pretendía no me hacia ni una poca de gracia.
La miré con mi mejor cara de "¿en serio me preguntas eso?" Pero no se amilanó, sino que sacó de su mochila un par de guantes de latex y una jeringuilla que contenía un anestésico local, lo se porque me lo mencionó cuando se percató de que observaba lo que traía entre manos con cierto retitin. No pregunté y ella tampoco dijo nada después de eso. Solo volvió a levantar la sudadera a la altura de mis costillas. No se que diablos hice de bueno para que justo lo que necesitaba en ese momento llegase a mi porque era mas que evidente que sabia lo que estaba haciendo. Estuve esperando durante unos segundos a que el piquete llegara pero en cambio un fuerte dolor me atravesó justo en donde estaba la herida. Por instinto llevé mi mano hacia la zona atrapando así su muñeca.
Seguía callada. Me dio una mirada dura y entendí que era necesario. He visto esa mirada muchas veces y todas provenientes de la misma persona.
-Muerde esto- me tendió lo que parecía una camiseta. Iba a decirle que no necesitaba aquella mariconada y que he soportado peores cosas, pero el movimiento de su mano impidió que palabra alguna saliese de mi boca. Y aunque fue rápido eso no quita que duela.
»¿Tienes domicilio? - preguntó de repente.
Negué con la cabeza en un intento de no emitir sonido alguno. Luego de haber sido aceptado en la academia moví todas mis influencias y me apegué a todas las leyes habidas y por haber. No voy a decir que estoy orgulloso de mis acciones pero tenía que asegurarme de que los señores Hunter no volvieran a hacerme daño a mi ni a nadie. No me considero mal hijo por haber desviado todos los fondos del ultimo concurso que gané hacia otra cuenta para usarlo en un futuro y dejarlos sin nada. Al fin y al cabo a ellos no les pesó la consciencia para hacerme pasar por aquel suplicio desde que puse un pie fuera del orfanato.
Y esa es otra de mis realidades. Conocí a mis padres pero no tuve el suficiente tiempo a su lado como cualquier hijo querría. Pero eso es algo de lo que no me gusta hablar.
Lo único que tengo de ellos son sus anillos de boda. Aquellas bandas de oro blanco fue lo único que me esforcé en guardar de ellos.
Luego de que aquel dolor mitigara un poco finalmente sentí el esperado pinchazo. Poco a poco comenzó a hacer efecto en el área en la que fue aplicada. Veinte minutos después de aquello la chica comenzó a guardar todos los utensilios que se encontraban desperdigados en el suelo.
No tenía ni la mas remota idea de lo que podía estar pasando por su mente. Su rostro no daba indicio de nada y su lenguaje temporal no era muy diferente. Sus movimientos eran medidos, no lo hacía mas de lo necesario. Parecía preparada para huir y también lista para atacar, nada que ver con la chica a la que hace poco menos de media hora había sorprendido un coyote. Y fue en ese pequeño momento de lucidez en el cual me permití a mi mismo observarla bien. Su piel era morena y tenía las facciones bien marcadas, labios gruesos y sus ojos. Eran como dos pozos de alquitrán, negros como la noche y brillantes como si estuviesen recubiertos de barniz que una vez te atrapan mirándolos no puedes dejar de...
Su carraspeo me hizo dejar de rebuscar en ella, porque precisamente eso hacía. Necesitaba algo, para tratar de tener un indicio de ella misma, de sus acciones. Pero no obtuve nada, parecía mas cerrada que una ostra y es la primera vez que vi aquello desde la doctora Greene.
-Trata de levantarte, te llevaré.
La miré como si realmente hubiese dicho una tontería, ya puestos una locura, pero es que ¡lo había hecho! ¿Cuanto pesaría? ¿60?¿63 kilos?